CAPÍTULO XLIV

Snape sintió las manos de Celine enredarse en su pelo y acariciar su nuca haciendo que miles de mariposillas revolotearan nerviosas en su estómago. La estrechó más hacia él sintiendo su suave cuerpo estremecerse con el contacto. Separaron sus cabezas hasta poderse mirar a los ojos y sentir como sus miradas bajaban lentamente hasta sus labios que comenzaron a acercarse poco a poco sintiendo como sus alientos se mezclaban, obligados a respirar por la boca como si el oxígeno les faltase… cuando un sonido procedente de la puerta del pasillo les hizo reaccionar levantándose y mirando hacia la entrada donde pudieron ver llegar a Ron, Harry, Hermione y Draco.

El semblante de Celine se había transformado por completo. Estaba realmente enfadada no sólo por haber logrado sacar a Draco de allí sino por haber interrumpido ese momento tan especial.

— ¡Venid aquí los cuatro ahora mismo!

No tuvieron posibilidad de evitar la que se les venía encima y tal como se la veía ni quién le contestara…

— ¿Se puede saber que demonios pasa por vuestras cabezas? Cómo se os ocurre dejar a Draco salir de aquí¡Sólo nos faltaría que alguien lo viese y fuese a contárselo a Voldemort!

Ninguno de los cuatro se atrevía a levantar la vista del suelo. De haberse imaginado que esto podía ocurrir habrían pensado algo pero los habían pillado en fuera de juego.

— Sin olvidar el susto que nos hemos llevado y la preocupación… - Celine se dejó caer agotada en un sillón.

— Es un poco tarde, creo que lo mejor será que nos vayamos a nuestra Torre – propuso Ron inocentemente.

— ¡A no, de eso nada! Estáis castigados y ya hablaremos del trabajo extra que os va a caer. Cuando se lo cuente a Minerva y Remus ya decidiremos que hacer con vosotros.

— ¿No te llama la atención que hayamos podido salir con Draco a pesar de los hechizos que ha puesto McGonagall? – preguntó Harry con una voz tranquila que sorprendió a todos.

— ¿A qué te refieres? – preguntó Snape asombrado por su seguridad y aplomo.

— Que tenemos permiso de McGonagall para que Draco pudiera salir con nosotros – explicó escuetamente.

— ¿Quieres decir que él puede salir de aquí y yo no? – se quejó Snape.

— Somos un poco insistentes y cuando nos proponemos una cosa… - explicó Harry.

— De vosotros ya me puedo esperar cualquier cosa – expuso Snape sentándose en otro sillón.

— Lo tomaremos como un cumplido – dijo Ron con una sonrisa de autosuficiencia.

— Estáis un poco equivocados porqué hasta que no hable con Minerva de aquí no os vais a mover – dijo Celine testaruda.

Harry tomó a Hermione de la mano y la llevó hacia el sofá donde se sentaron juntos. Le pasó el brazo por la espalda acurrucándose los dos juntos.

— Será cuestión de intentar dormir – dijo besando a su novia.

Draco y Ron se buscaron un sitio para dormir como sus compañeros, Ron al otro lado de Hermione y Draco en un sillón.

— El colmo, como si no hubiese camas aquí – murmuró Snape – mientras no me despierte con tortícolis…

Durmieron bastante bien a pesar de las incomodidades. Harry fue el primero en despertarse y se entretenía observando a Hermione dormir plácidamente. No pudo evitar el delinear su rostro con besitos cortos hasta que ella despertó y le correspondió besándolo en los labios.

— Esto son buenos días – comentó en un susurro la chica sonriendo.

— Quién lo hubiera dicho, hemos vuelto a dormir juntos…

— ¿Podéis explicarme qué es lo que he oído? – preguntó Ron somnoliento sin querer abrir los ojos.

Esta pregunta que se quedó sin respuesta provocó una sonrisa en Draco que también permanecía con los ojos cerrados.

Volvieron a dormirse hasta que un plop les despertó. Dobby había aparecido y les miraba sorprendido por el hallazgo.

— ¿Harry Potter ya no va a vivir en la Torre Gryffindor? – preguntó extrañado el elfo.

— No es eso, Dobby. Estamos cumpliendo un castigo hasta que la directora McGonagall nos venga a rescatar – explicó el moreno poniéndose sus gafas.

— Si el señor Harry Potter quiere, Dobby puede ir a avisar a la señora directora.

Harry se giró y se dio cuenta que no había señal de Celine ni Snape. Celine habría ido seguramente a buscar a la directora y Snape habría ido a dormir más cómodamente en su cama.

— ¿Sabes que es lo que sí podrías hacer…¡Traernos un buen desayuno!

— Yo me apunto, mi estomago ruge de hambre – se quejó Ron.

— Podemos desayunar como si hiciésemos un picnic – propuso Hermione divertida. – Será la parte positiva de nuestro castigo.

— Otro aspecto positivo querrás decir – corrigió Draco pícaramente.

Dobby había hecho un muy buen trabajo. No tardó mucho en regresar con el desayuno. Por arte de magia vació la mesita de centro que estaba frente a la chimenea y colocó un mantel de cuadritos granate y dorados. Con un chasquido de dedos hizo aparecer platos, vasos, tazas, cubiertos y servilletas. En el centro había unas fuentes con huevos fritos, salchichas, bacon, tomate en rodajas, pan tostado y unos cruasanes. Una jarra con zumo de naranja, una tetera con té recién hecho, café y una jarra con leche.

— A sus puestos – dijo Ron sentándose en el suelo y comenzando a servirse.

— Este desayuno es genial – comentó Draco imitando a Ron. – Hacía tiempo que no desayunaba así.

Los cuatro disfrutaron enormemente del desayuno y aún no habían terminado cuando la directora McGonagall y Celine llegaron.

— Veo que os cuidáis bien – comentó la directora. – Celine me ha comentado que ayer se preocupó mucho por la desaparición del señor Malfoy y creo que deberíamos haberle informado del permiso especial que me pedisteis para que pudiese salir de vez en cuando para cambiar de aires.

— Habría sido un detalle que pensarais que era algo que yo debería de saber.

— ¿Alguien me podría explicar que es lo que decís? – interrumpió Snape incorporándose a la conversación. – Y quiero daros mi más sincero agradecimiento por avisarme del desayuno que estabais celebrando.

Snape se sentó a desayunar lo poco que le habían dejado.

— Ahora que empiezo a saciar mi apetito, - comentó Snape rebañando los restos de yema de su huevo frito con un trozo de pan - ¿podríais explicarme que tiene Draco de especial para poder salir de aquí que yo no tenga?

— Severus, tú pediste un laboratorio y lo disfrutas todos los días – explicó la directora – y él apenas es la primera vez que goza de su salida.

Nadie le discutió a McGonagall su explicación y lo agradecieron pues ya se imaginaban que no les quedaría más remedio que confesar las reuniones del ED y sufrir las consecuencias del contrato mágico.

Cuando finalmente llegaron a la Sala Común de Gryffindor encontraron a Ginny, Madison y Gabrielle que les esperaban nerviosas por su desaparición.

— Se puede saber en dónde habéis estado – les preguntó Madison – si teníais pensado iros a algún sitio lo mínimo que podíais haber hecho es decírnoslo para no estar preocupadas por vosotros.

— Ya estamos aquí – la tranquilizó Harry abrazándola fraternalmente – esto ha sido cosa de tu madre.

— ¿De mi madre?

— Sí – afirmó Hermione – nos pilló cuando acompañamos a Draco y nos ha tenido castigados toda la noche.

— Y hemos estado esperando que McGonagall viniese a echarnos un cable – completó Ron.

— Y ¿qué castigo es el que tendréis que cumplir? – preguntó Ginny curiosa.

— Ninguno, McGonagall les explicó a Celine y Snape que ella le había dado permiso a Draco para poder salir de vez en cuando para compensar que el que Snape tenía el hobby del laboratorio.

— ¿Y se lo tragaron? – se extrañó Ginny sonriendo - ¡Sois las personas más afortunadas que he conocido en mi vida!

— ¿No habréis tomado la poción que nos explicó Slughorn que da suerte? – preguntó Gabrielle intentando entrar en la conversación.

— El Félix Felicis sólo debe usarse para casos en los que es estrictamente necesario – explicó Ron seriamente. – Voy a arreglarme para bajar a comer¿subes Harry?

Harry, Ron y Hermione desaparecieron rumbo a sus habitaciones y Gabrielle se dejó caer abatida en un sillón.

— Ya no me hace caso – se lamentó la rubia francesita.

— Te advertí que mi hermano no entraría en tu juego de los celos – le recordó Ginny. – Este curso ha cambiado mucho y ya no es el chico tímido y alocado que era.

— ¿Qué puedo hacer para que se vuelva a fijar en mí? – preguntó a sus amigas.

— Sé simplemente tú misma – le aconsejó Ginny.

La conversación estrella de las tardes de esa semana fue el castigo. Cada vez que lo rememoraban cada uno añadía un nuevo detalle a la regañina que tuvieron que aguantar.

— Cómo me hubiese gustado poder verlo en directo – comentó Madison soñadora. – ver a mi madre regañando a alguien que no soy yo debe ser lo más.

— Y a ti ¿por qué te regaña? – le preguntó Ron extrañado. –Nunca he visto que te metieras en líos, ni que saques malas notas y no te he visto jamás en ninguna de las listas de castigados que hay en la sala de prefectos.

— Generalmente me regaña para que no se me vaya a ocurrir hacer "nada de lo que luego me pueda arrepentir" – explicó imitando a su madre y haciendo reír a los demás.

— En serio que ¿eso se puede hacer? – comentó Ron horrorizado – Mejor que no hable mucho con mi madre que seguro que la idea le gusta…

— Pues no sé de que os quejáis – intervino Draco – lo hacen porque se preocupan por vosotros. A mí mis padres no me han castigado nunca.

— Este sábado hay partido de Quidditch, - informó Hermione para cambiar de tema – Hufflepuff contra Slytherin.

— Draco¿tú irás a verlo al despacho de McGonagall como la otra vez? – preguntó Harry.

— No sé si le parezca bien. Snape no se divirtió mucho y para ir yo solo y no tener con quién comentar las jugadas…

— No tienes porque ir solo – dijo Hermione sonriendo – para nosotros será como nuestro primer partido.

— El primero en el que no tendremos que estar apuntando jugadas – comentó Ron recordando los partidos anteriores.

— Mucho quejarte pero bien que te gusta comprobar que las jugadas que preparo dan buenos resultados ¿eh? Y si no queríais hacerlo no teníais más que decirlo y lo habría hecho yo solo – terminó Harry mosqueado y saliendo al balcón a tomar el aire.

— ¿Por qué se pone en ese plan? – se extrañó Ron. – Me parece que ya no sabe ni aceptar una bromita.

— Creo que se toma las cosas demasiado en serio – comentó Draco. – No me parece mal que sea responsable pero los partidos de Quidditch no le servirán para ganar nada fuera de lo normal.

— Eso lo dices porque tú este año no juegas con Slytherin – observó Ginny. – Es más fácil ver y hablar de los defectos de los demás pero no percatarse de los de uno mismo.

— Creo que tienes razón, voy a hablar con mi amigo. No podemos enfadarnos por una tontería así.

Ron salió en busca de Harry pero no tardó mucho en volver.

— No sé que le pasa a tu novio – le dijo a Hermione. – Parece que el dormir juntos por la noche no le sienta bien.

Ron recogió sus cosas y se marchó. Gabrielle salió detrás de él.

— Parece que Gabrielle no se va a dar por vencida – comentó Ginny. – Pero no creo que haya elegido un buen momento para ir tras él, mi hermano cuando está enfadado no tiene tema de conversación.

— Sólo está haciendo lo que tú le sugeriste, ser ella misma – dijo Madison.

— Debe ser la maldición Weasley – comentó la pelirroja y les explicó. – Nos cuesta aceptar las parejas de los otros Weasley.

— Voy a hablar con Harry – anunció Hermione saliendo al balcón seguida por tres miradas que la observaban curiosas.

Hermione se acercó sigilosa a Harry hasta abrazarse a él por la espalda.

— ¿Me perdonas?... te has enfadado por culpa mía… - Harry permanecía callado – Si yo no hubiese cambiado de conversación esto no habría pasado. Debe ser culpa de mi parte siniestra…

— ¡Tú no tienes una parte siniestra, Hermione! – la regañó Harry girándose a mirarla.

— Debo tenerla porque algo en mi interior me decía que Ron continuaría y tú te enfadarías… y aún así lo hice.

— A lo mejor lo que querías era que me enfadara para después reconciliarnos…

— No me parece una idea descabellada ¿sabes? – le susurró Hermione. – Ron parece algo atontado pero muchas veces acierta.

— ¿Qué ha dicho esta vez?

— Que hemos pasado la noche juntos pero te ha sentado mal… porque no me has besado como corresponde…

— ¿Qué que…?

— Estamos perdiendo el tiempo – le apremió Hermione sensualmente haciéndole reaccionar y olvidarse del mal humor. – Besarse es una buena terapia tranquilizante…

— Tú crees que yo os obligo a… - Hermione lo calló con un beso en sus labios.

— Harry, si no quisiéramos hacer algo usaríamos la palabra mágica.

— ¿Qué palabra mágica?

— No.

— ¿No?

— Cuando quieres dejar claro que algo no te apetece o no quieres hacerlo basta con decirla firmemente¡No!

— ¿Sabes que nos están mirando?

— Lo imaginaba. A ver si así se deciden…

— ¿A que se tienen que decidir?

— Harry¿no te has dado cuenta que intento dejar a Ginny y Draco juntos?

— ¿Quieres decir…¿Por qué no le enseñamos a Madison la constelación de Sirius?

Harry se apresuró a buscar a Madison para hablarle de su padre y dejar que Draco y Ginny pudieran hablar a solas.

— Ginny, si le pido permiso a McGonagall para ver el partido ¿vendrías conmigo?

— Si te da permiso… podemos verlo y sino vendré aquí para que no estés solo.

— De verdad ¿no te importa? No sé, a lo mejor te apetece más ir con otros compañeros con los que puedas ir a pasear por el lago o a Hogsmeade a tomar algo…

— Si eso fuera lo que me apeteciese no estaría aquí. Además yo sí puedo elegir qué quiero hacer, el único que no puede elegir eres tú… ¿Vamos a ver que hacen fuera?

— Si tú quieres… - dijo Draco levantándose y alargando la mano para ayudarla a levantarse, gesto que Ginny aceptó y Draco aprovechó para acariciar su mano.

El partido de Hufflepuff y Slytherin se acercaba a pasos agigantados y Draco no había conseguido hablar con McGonagall. Debía encontrar la forma de hablar con ella para pedirle permiso y poder ir con Ginny.

De pronto se le ocurrió una idea¿si abría la puerta la profesora McGonagall aparecería por allí? Sólo le quedaba intentarlo y no perdería nada. En menos de cinco minutos después de abrir la puerta la directora se presentaba en el lugar.

— ¿Ha pasado algo, señor Malfoy?

— Quería pedirle algo y no se me ocurrió ninguna forma mejor para poder verla.

— Pues me dejas intrigada¿qué es eso tan importante que me quieres pedir? – preguntó la directora sentándose para recobrar el aliento.

— El sábado hay partido de Quidditch y me gustaría poder salir de aquí aunque sea sólo un rato…

— Eres consciente que nadie puede verte aquí…

— Sí, señora.

— Y que debes ir acompañado por alguien de los que tienen la entrada permitida aquí…

— Sí, señora. Ya lo he hecho en dos ocasiones.

— Entonces, si vas a seguir las reglas y no vuelves más tarde del final del partido y se lo adviertes a Snape y Celine para que no vuelvan a preocuparse, puedes hacerlo.

— Gracias, no la defraudaré – agradeció Draco sin poder evitar el demostrar la felicidad que sentía.

Ahora sólo tendría que esperar para contárselo a Ginny.


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