BODA ARRUINADA…
Lucrecia fue la que corto el beso, miro a Skipper una vez más a los ojos y dio media vuelta para dirigirse hacia su destino, sin decir una palabra más al macho. Ya que la hembra estaba lista, comenzó a caminar por un camino de pétalos de rosas rojas, que tenia por entendido que era como la alfombra de una iglesia. Al llegar hasta su futuro marido, tomo su brazo doblado hacia ella y comenzó a hablar el castor para iniciar la ceremonia.
-estamos aquí reunidos, para unir a Lucrecia y a Emmanuel en matrimonio, como todos los presentes sabemos…
Skipper dio un suspiro pesado mientras agachaba su cabeza y vista hacia abajo en señal de su derrota, mientras continuaba escuchando la ceremonia.
-baya horrible decisión hee.- le habla una voz femenina.
-ha, eres tu Marlene.- reconoce a la hembra seguido de abrazarla.
-sé cómo te sientes Skipper, a si mismo yo me sentía cuando te estaba mirando unir tu vida a la de Lucrecia.
-yo jamás me hubiera imaginado ese sentimiento que tenias hacia mi.- comenta el macho apartándose de ella.
-bueno, eso ya quedo en el pasado, ahora tienes que luchar más que nunca para recuperar a Lucrecia.
-es que soy un tonto al tratarla como lo hice cuando descubrí que era espía de espiráculo.
-lo sé, pero ya deja eso al olvido y estate en el presente.- le pide mientras el macho volteaba a mirar a su ex mujer en el altar.
-sabes una cosa Marlene… la invitación que Emmanuel me hiso sobre su boda no será en vano.- aclara abrazando por última vez al mamífero mientras caminaba hacia la boda con una idea malévola y vengativa.
-… y con todo este discurso cerramos la ceremonia, pero no sin antes hacer las correspondientes aceptaciones… Emmanuel, ¿aceptas a Lucrecia como tú legítima esposa, para amarla, respetarla, serle fiel, hasta que la muerte los separe?
-sí, acepto.- contesta sonrientemente hacia la hembra.
-firma aquí por favor.- pide el casto mostrándole una línea que había en el acta de matrimonio. El pingüino firmo encantando y volvió su mirada hacia su futura esposa.
-y tu Lucrecia, ¿aceptas a Emmanuel como tu legitimo esposo para amarlo, respetarlo, serle fiel, hasta que la muerte los separe?.- apenas y terminó su pregunta, la hembra estaba preparada para dar su respuesta, hasta que cayó al interferir una voz masculina.
-anda Lucrecia, contéstale.- comienza a hablar Skipper logrando ser el centro de atención de todos.- responde para que se acabe esta farsa de una vez por todas y no piérdamos el tiempo en esto.
-¿qué demonios crees que estás haciendo Skipper?.- pregunta el novio molesto.
-aconsejar a Lucrecia, si que te esforzaste mucho en esta boda Emmanuel, pero no te servirá de nada, ya que sabes y tienes muy en claro que Lucrecia no te ama y que todo esto es solo un teatrito.
-¡ya cállate!, estas arruinando mi boda.- reclama nuevamente mientras que la novia se tapaba los ojos con pesadez ante aquella escena.
-¿por qué callar?, si todos los presentes saben que digo la verdad y que la digo muy enserio, o a caso no es cierto que Lucrecia solo se está casando contigo por que le mentiste diciéndole que si se unía a ti, tu le regresarías a su hija sana y salva, que por cierto también es mía, es producto de un amor grande y sincero que Lucrecia y yo nos tenemos.
-¡ya basta!, ¡lárgate de mi boda!.-pide de mala gana.
-¿irme?, pero porque habría de irse el invitado de honor, ¿o ya se te olvido que me dijiste que soy el invitado de honor de tu boda?.- Emmanuel comenzaba a desesperarse ante sus palabras, sentía el impulso de perder el control en cualquier momento y lanzarse sobre de él para golpearlo hasta matarlo.- tú bien sabes que Lucrecia no te ama, todo esto es una farsa, una mentira… Lucrecia nunca te va a amar aun después de casados… a mi es al que en verdad ama, hasta me dio una hija, muestra de amor verdadero… ¿qué esperas de este matrimonio Emmanuel?.- pregunta seguido de escucharse murmullos entre los invitados, se lograba notar la gran humillación que Skipper le hacía al novio ante sus palabras y hechos.
_oOo_
-jajajaja.- ríe Adolfo con la pequeña al jugar con ella con una cuchara de plástico.
-Adolfo.- interrumpe Jill acercándose a él, pero no le hablaba de manera molesta como solía hacerlo siempre.
-¿qué quieres Jill?.- pregunta el macho sin cambiar su modo de molestia.
-necesitamos hablar.
-¿de qué?.- pregunta esta vez volteando a verla.
-de nosotros.
-Jill, ya te dije que lo nuestro ya es pasado, ya tuviste lo que querías y de una vez te digo que no habrá una segunda vez.
-no, no es por eso….
-¿entonces que es?
-es que…- deja de hablar al mirarlo darle la espalda nuevamente para mirar de frente a la pequeña.-… estoy embaraza.- le confiesa haciéndolo impactarse ante su noticia, la miro de nuevo sin ocultar su impresión.
_oOo_
-por favor Skipper, ya basta.- pide al macho seguido de mirar al castor de frente.- si acepto.- responde tomando los papeles.- ¿dónde firmo?.- pregunto antes de que el macho le señalara la rayita donde debía firmar.
-con esto, los declaro marido y mujer… bueno, un aplauso a los novios por favor.-pide el castor para despistar aquella escena que ya se había armado antes, los presentes lo obedecen poniéndose de pie y aplaudiendo ante la pareja. Emmanuel aparto la vista de su enemigo y jalo a su mujer hacia el tomándola por la cintura, seguido de besarla muy apasionadamente sin cerrar los ojos, ya que tenia a Skipper en la mira, restregándole en la cara el beso, haciendo desaparecer al pingüino la sonrisa que comenzaba a creer al pensar que había arruinado la boda por completo. Al separarse, caminaron tomados de la aleta y se fueron directo hacia donde se suponía que sería la fiesta.
_oOo_
-¿qué?, ¿cómo que estas embarazada?.- pregunta el macho alejándose un poco de la pequeña para platicar con la hembra en voz baja.
-es que tengo todos los síntomas, nauseas, mareos, me he desmayado como tres o cuatro veces… ¿qué te da a entender eso mi amor?.- pregunta acariciando ligeramente su pecho.
-pero… no, esto no puede ser Jill.
-¿pero por qué no?, ¿acaso no te interesaba tener hijos algún día?
-por supuesto que sí, siempre ha sido mi ilusión ser padre, pero…
-pero no conmigo, ¿verdad?.- Adolfo guardo silencio ante su pregunta, mientras Jill ponía una cara tristona, Adolfo al verla así, sintió lastima y la abrazo.
-no quiero decir eso, es solo que… esto me tomo por sorpresa… jamás imagine engendrar un hijo contigo.
-pues ya ves que si… ¿nos vamos a casar verdad?.- la pregunta tomo nuevamente a Adolfo por sorpresa, trago en seco y pensó en una respuesta para su pregunta.
-no, no creo que el bebé sea un motivo para casarnos Jill.
-por supuesto que lo es Adolfo, yo me quiero casar contigo, tenerte como mi marido para que podamos cuidar a nuestro hijo, los dos, juntos.
-no Jill, una boda no es lo que yo tengo planeado.
-¡pero yo si Adolfo!...-baja la cabeza y finge comenzar a sollozar tapándose casi por completo la cara.- pero claro… no te importan mis sentimientos, solo te importa el hijo que voy a darte… y ni siquiera le vas a proporcionar el gusto de ver a su padre y madre unidos por el matrimonio, para que se sienta completamente feliz… solo te importa tu bienestar y lo que te conviene, ¿no es así?
-no Jill… perdóname, perdóname por favor, pero es que entiéndeme, yo lo que menos quiero es casarme… no ahora.
-sí, creo que te entiendo, solo espero que el embarazo no se me complique.- comenta haciéndolo preocuparse.- ya sabes lo que dicen, cuando se baja la autoestima de la madre, el bebé tiene complicaciones durante su desarrollo.- miente obteniendo ser apapachada por el pingüino.
-ya tranquila mi amor, encontraremos una solución.- la besa en el pico.- te lo prometo.- Jill sonríe ante su victoria y abraza al macho también.
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La boda había acabado más pronto de lo que los invitados y la novia se imaginaban, pues de haber presenciado aquella escena, Emmanuel decidió dar por terminada la celebración, llevo a Lucrecia al lugar donde se refugiaba, que era una pequeña casa de madera que estaba escondida entre los arbustos, que al parecer, los humanos se escondían en ella.
El pingüino tiraba desesperadamente algunas copas que estaban acomodadas encima de una mesa, todas llenas de champagne, que al parecer, ya estaban preparadas para brindar junto con algunos invitados.
-¡maldito!, ¡desgraciado lo arruino todo!.- reclama sin dejar de tirar sus copas ante su coraje.
-por favor Emmanuel, trata de controlarte, estas muy alterado.- pide al macho tratando de controlarlo.
-¡maldita la hora en que se me ocurrió invitarlo!, ¡arruino la boda!- se queja por última vez tirando la última copa que aun había existente-... pero está muy equivocado si piensa que arruinara mi matrimonio.
-sus palabras sí que te hirieron, hee…
-sí, pero tuvo razón en algo muy cierto…
-*FlashBack*-
-¡ya cállate!, estas arruinando mi boda.- reclama nuevamente mientras que la novia se tapaba los ojos con pesadez ante aquella escena.
-¿por qué callar?, si todos los presentes saben que digo la verdad y que la digo muy enserio, o a caso no es cierto que Lucrecia solo se está casando contigo por que le mentiste diciéndole que si se unía a ti, tu le regresarías a su hija sana y salva, que por cierto también es mía, es producto de un amor grande y sincero que Lucrecia y yo nos tenemos.
-¡ya basta!, ¡lárgate de mi boda!.-pide de mala gana.
-¿irme?, pero porque habría de irse el invitado de honor, ¿o ya se te olvido que me dijiste que soy el invitado de honor de tu boda?.- Emmanuel comenzaba a desesperarse ante sus palabras, sentía el impulso de perder el control en cualquier momento y lanzarse sobre de él para golpearlo hasta matarlo.- tú bien sabes que Lucrecia no te ama, todo esto es una farsa, una mentira… Lucrecia nunca te va a amar aun después de casados… a mi es al que en verdad ama, hasta me dio una hija, muestra de amor verdadero… ¿qué esperas de este matrimonio Emmanuel?
-*Fin del FlashBack*-
-digo algo que es muy cierto… si Lucrecia me diera un hijo, haría hipócrita esas mentiras que dijo Skipper y seria yo el que lo haría ver ridículo.
-pero… ¿y si tu esposa no quiere cumplir con sus obligaciones maritales?
-por supuesto que lo hará.- asegura caminando hacia su cuarto.
-lo dudo mucho Emmanuel, ya no puedo seguir con esto.- Emmanuel se detiene ante sus palabras y se dirige hacia él.
-¿cómo dices?
-que ya no puedo con esto, es mi deber decirles toda esta farsa del divorcio y del nuevo matrimonio que…- el castor deja de hablar al sentir como el ave comienza a ahorcarlo un poco fuerte.
-que ni se te ocurra traicionarme Jorge, por que los traidores como tú, tienen un final muy feo.
-Emmanuel… no es mi intención traicionarte… solo quiero que pienses… sobre lo que estás haciendo.- comienza a hablar con dificultad.
-sé muy bien lo que ago.- aclara soltándolo.- ahora, si me disculpas debo ir con mi esposa a cumplir nuestra noche de bodas.- termina de hablar continuando con su camino de antes. Mientras Jorge negaba con la cabeza y se dirigía hacia la salida con un poco de temor, ya que conocía bastante a Emmanuel como para asegurarse así mismo que si podía cumplir con su advertencia.
