¿Tengo el permiso?
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Edward POV
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-¡Lo mejor fue cuando el auto explotó! – exclamó Anthony con su voz llena de excitación. Una pareja adulta que pasaba a nuestro lado le sonrió con simpatía y Anthony les saludó con bastante entusiasmo.
-¿Esa fue la mejor parte? – lo miré con una sonrisa y comenzó a saltar en mis brazos.
-La mejor, sí – asintió varias veces y volvió a beber del jugo que Bella le había comprado para acompañarlo con sus golosinas.
-¡No!, Lo mejod fue cuando se besadon – exclamó Elizabeth desde el suelo, tomada de la mano de Mark que iba con una leve sonrisa en el rostro y con toda su atención en sus hermanos.
Ahora nos dirigíamos de nuevo al auto, después de comer y de mirar una película. A ellos les venía bien un poco de distracción. Sin embargo yo no me concentré nada en aquella película de dibujos animados de la cual los mellizos estaban hablando muy animadamente. Yo solo estaba pensando que mierda iba a hacer en un espacio muy reducido escuchando lo que más quería saber de Mark y en el mismo lugar que el idiota de Jasper. ¿Por qué él? ¿Por qué precisamente él? Mark podía escoger a cualquier otro psicólogo pero no, él quería al muñeco rubio con rizos.
Bella me había dicho que debía comportarme a la hora de estar en una misma habitación con Jasper, y no solamente para proteger mi reputación, sino porque eso sería una falta de respeto a Mark.
No me había detenido a pensar en que era lo que mi hijo diría. ¿Qué podía ser? Bella estaba realmente interesada en eso pero yo no sabía si debía contárselo cuando Mark saliera de allí. No es como si él no pudiera tener secretos pero se trataba de algo en lo que nosotros, sus padres, podíamos ayudarle. Así que Bella también me había obligado a que, después de la sesión, le contara todo. Le dije que eso tenía que pensarlo y probablemente también tenía que preguntárselo al doctor, medico, psicólogo, mira locos o lo que sea que sea Jasper Whitlock.
Un punto para odiarlo era por el hecho de acosar a Bella e intentar hablar con ella sobre nuestra relación aun cuando ella y yo no nos llevábamos bastante bien. Después, estaba el hecho de que Alice se había sentido mal por no tener una relación estable con él. También había seguido a Bella hasta Los Angeles aun cuando ella no lo quería allí. Él hacía casi un año o menos que no trabajaba con los Vulturi pero ese no era un punto para odiarlo menos. Y, además, también le odiaba porque él conoció primero a mis hijos que yo y los había tratado. Elizabeth lo trataba bastante bien, y Anthony hacía lo mismo, excepto Mark. Mark era mi favorito en ese aspecto, sin duda.
Así que ahora estaba conduciendo hacía el lugar donde me indicó Bella. Ella era llevada por Bronson a la academia de natación, donde solo tomaría la clase Elizabeth porque Anthony estaba bastante chillón por la vacuna que le puso el pediatra. Hizo un gran desastre cuando supo que me iría con Mark y él no vendría con nosotros. Tan solo bastó unas palabras de mi parte y él se resignó, no sin antes enviarme una mala mirada. Bella estaba molesta consigo misma por no poder tener el control que yo tenía con ellos.
-¿Papá? – voltee de inmediato al escuchar la voz de Mark a mi lado, sentado en el lugar del copiloto.
-¿Qué sucede? – le miré de reojo una vez que volví a conducir. Solo quedaban unas pocas calles y ya. Si seguía conduciendo de esa manera llegaríamos alrededor de diez minutos tarde y eso no podía ser mejor. Nosotros no seríamos quien esperara a ese hombre.
-Estoy nervioso – dijo con voz baja y dejó caer su cabeza entre sus manos. Eso lo hacía cada vez que no encontraba alguna solución para un problema que tuviera.
Suspiré lentamente y me debatí en decirle o no si yo también estaba nervioso. Si decía que estaba nervioso entonces él se pondría aún más nervioso. Y decía que no estaba nervioso, él también se sentiría aún más nervioso porque yo no me sintiera nervioso.
Opté por la primera opción.
-Yo también estoy nervioso. Nunca fui a uno de esos lugares, es la primera vez.
-Yo lo hice en el orfanato, en Los Angeles – confesó – Pero eran cosas que casi no recuerdo muy bien, teníamos un "consejero" – alzó las manos e hizo una señal de comillas – Decía que nos ayudaba con eso pero no lo creía. Por eso estoy nervioso, ¿Qué pasa si Jasper no puede ayudarme?
-Sí puede ayudarte, tu madre dice que es bueno en lo que hace – si fuera bueno en lo que hace entonces no tendría que trabajar de arquitecto también – Así que solo debemos confiar en lo que ella dice.
Mark agitó la cabeza y miró con pánico el edificio de color blanco que teníamos a nuestro costado. Habíamos llegado.
-Jasper no me agrada.
-¿Por qué lo escogiste? – enserio quería saberlo, y quería saberlo pero con sus palabras. Bella me hacía sentir extraño cuando hablaba de esa manera al explicarme porque él escogió a su amigo.
-Porque conoce a mamá. No me gustaría contarle los problemas a un extraño, solo a alguien que conozco, pero ninguno de ustedes tenía un título de psicólogo así que le dije que podía ser Jasper.
-Entonces compraré un título de psicólogo la próxima vez – mencioné con sarcasmo, lo que ocasionó la risa de Mark – A mí tampoco me agrada Jasper – le confesé.
-Eso lo sé, mamá me lo dijo también pero no me dijo el motivo de por qué lo odias o no te agrada. Solo me dijo que eran problemas de adultos – rodó los ojos – Ya no soy un niño.
-Eres un niño, pero en pocos años dejarás de serlo, no te puedes apresurar. Además, no creo que te guste el hecho de lavar tu ropa, preparar tu comida y trabajar para mantenerte. Un niño no hace eso, un adulto sí.
-Pero… - se volteó a mirarme y me frunció el ceño – No estábamos hablando de eso. ¿Por qué no te agrada Jasper?
-¿Has escuchado la típica historia donde dos hombres se pelean por el amor de una mujer?
-Sí…
-Pues es no es el motivo – Mark me miró mal - Creí que al escuchar eso de "es cosa de adultos" pensaría es eso.
-Lo pensé, debo admitirlo – asintió un par de veces.
-Jasper fue un buen compañero de cuarto en la universidad – me encogí de hombros – No lo volví a ver hasta que a Alice comenzó a gustarle casi varios años después. Lo encontramos también en un viaje de negocios y allí intentaba hablar cosas personales con tu madre – fruncí el ceño – No era algo que a ella y le agradara y a mí tampoco así que desde entonces no creo que me agrade.
-¿Alice con Jasper? - alzó las cejas, sorprendido de lo que descubrió – No lo imaginaría, ahora que Alice tiene una bebé en su estómago. ¿Crees que nuestra familia se haga una guardería? ¿Qué pasaría si tía Rosalie quiere tener otro bebé? ¿Y Alice otro?
Hice una mueca al imaginar varios niños con ojos de color azul brillantes corriendo alrededor de Mark, Elizabeth y Anthony. Todo se veía demasiado colorido. Y ruidoso, muy ruidoso.
-Rosalie no puede tener bebés. Creo que sabes acerca de los métodos para embarazar, ¿no? – él asintió con total atención – Tiene que someterse a tratamientos de esos para poder tener un bebé. Y Alice… no creo que pueda con un niño, no hay que sumarle más – agité la cabeza.
Mark miró hacia el reloj que estaba en el tablero e hizo una mueca. Los diez minutos ya se habían cumplido y yo no quería salir del auto.
-Supongo que no se puede retrasar más, ¿no?
-Enfrentémoslo. No será fácil pero aquí estoy, como lo pediste – asentí. Alzó de nuevo la mirada a mí y sonrió levemente.
-Gracias.
El caminó al consultorio de Whitlock se llevó a cabo en silencio. Sin ninguna palabra por parte de los dos. Solo nos dedicábamos a caminar, mi mano estaba colocada alrededor de sus hombros y podía sentir lo tenso que se encontraba. Si seguía de esa manera probablemente se quedaría mudo al escuchar las preguntas y comentarios que le haría Whitlock.
-¡Señor Cullen! – exclamó la secretaria y se puso de pie en cuanto nos vio – El doctor Jasper lleva esperándolos más de quince minutos. Pase, pase, por favor – se apresuró a llegar hasta nosotros y nos tomó de los hombros, empujándonos levemente hacia la puerta blanca que ya se encontraba abierta.
Eso era todo menos profesional.
Nos las arreglamos para poder estar de pie una vez dentro de la oficina y escuchamos como se cerró la puerta detrás de nosotros. Sentí la mano de Mark apuñar mi camiseta en mi espalda con bastante fuerza.
Al correr mi vista por aquella habitación pude ver que todo era bastante normal. Las paredes estaban pintadas de color verde oliva. Con una pequeña planta artificial en cada una de las esquinas. Un escritorio. El famoso sillón negro de cuero y una silla al frente. Al otro lado de la habitación estaban tres sillones, dos individuales y uno de dos piezas. De la puerta que estaba en el rincón salió Jasper, luciendo como un ser viviente más. Sin importancia para mí.
-Vaya, así que al final decidieron acudir – dijo con tono casual y lo suficientemente alto para que pudiéramos escucharle.
¿Iba a comportarse de esa manera toda la noche? ¿Tan patético? Si era así podía convencer a Mark ahora mismo de ir con otro psicólogo y decirle que era mi amigo, que no era ningún extraño y que no le diría a nadie de lo que habíamos hablado. Sin embargo recordé que Bella podía sospechar de eso y tendría problemas con ella.
Solo una hora…
-Buenas tardes – volvió a saludar y se acercó a nosotros con cierta cautela esta vez. Tan solo se dedicó a estrechar la mano de Mark. Le dediqué un asentimiento.
-Buenas tardes – contestamos mi hijo y yo en un unísono.
-Ya que estamos un poco recortados de tiempo, ¿Por qué no comenzamos? – se alejó y se colocó en uno de los sillones individuales. Agradecí internamente el hecho de que no usara el estúpido sillón negro – Edward, puedes sentarte en el sillón individual y dejar a Mark en el doble.
Sintiéndome completamente estúpido, hice lo que dijo sin tener nada que decir. Mark me envió una breve mirada de inseguridad y se dejó caer en el sillón, soltando un largo suspiro.
-Pareces nervioso – apuntó Jasper – Tranquilo, no te voy a obligar a decir algo que no quieras decirme, ¿de acuerdo? – el niño asintió brevemente – Es la primera vez que tengo una sesión de esta manera. Ninguno de los padres está presente cuando se trata de éste tema.
-Papá no se va a ir hasta que yo lo haga – contestó Mark sin apartar la mirada de Jasper. Éste lo miró con cierta sorpresa y siguió con su papel de buen médico.
-De acuerdo, no esperaba que lo hiciera – colocó un pequeño cuaderno sobre sus piernas junto con un lapicero - ¿Por qué estás aquí, Mark?
-Mojo la cama, de nuevo – su rostro se calentó fuertemente – Cuando estaba en el orfanato lo hacía todo el tiempo pero cuando vine aquí con mamá, a Rusia, dejó de suceder. No se lo dije porque no quería que creyera que era un niño con problemas. Pero entonces volvió a suceder y no sé porque.
-¿Tienes alguna idea de cuando fue el día en que volviste a mojar la cama?
-No, pero creo que fue antes de ir a Chicago.
-¿Era importante para ti el viaje a Chicago?
-Era importante para todos. Mamá estaba muy nerviosa y era la primera vez que vería a la familia… no sabía cómo ellos me tomarían, si me aceptarían o no, por ser adoptado, quiero decir. En familias como esas no se da el caso de que puedan adoptar niños. Ellos buscan un primogénito, o eso es lo que me investigado.
Le miré con el ceño fruncido. Él había apartado la mirada de mí y tenía los ojos clavados en los de Jasper, con el rostro colorado. Ni siquiera tenía el título de psicólogo y ya sabía cuál era el motivo por el que Mark se comportaba de esa manera.
-¿Siempre has creído que te tratan diferente por ser adoptado?
-Bueno, comprendo que Elizabeth y Anthony estén muy pequeños, y yo debo acoplarme a sus necesidades pero no puedo – frunció el ceño levemente – A veces me doy cuenta cuando le dan más atención a ellos. Soy grande, y soy más independiente y no quiero molestar a mi mamá con todas las tareas que tiene pero… es extraño.
-¿Ha habido un día en el que no recibas atención de alguno de tus padres?
-No, – se apresuró a contestar – me gusta cuando es la hora de dormir, allí pasamos un buen rato juntos.
-¿Pensaste mucho en su viaje a Chicago antes de realizarlo o cuando tu madre te lo dijo? ¿Ella te dio toda la información y te dijo como eran las cosas?
-Ella me dijo que viajaríamos para conocer a la familia porque nunca lo había hecho y en un principio me gustó la idea pero después de pensarlo varias veces no sabía si se podía seguir con eso o no. Querían… deshacerse de Elizabeth solo por no ser un niño, ¿Qué querrían hacerme a mí cuando ni siquiera pertenecía a la familia?
De acuerdo, en ese momento me sentí la peor persona de todo el mundo.
-¿Solo has pensado eso de los familiares que conociste en Chicago? – Jasper no dejaba de anotar en el cuaderno que estaba sobre sus piernas, pero tenía la atención en Mark. Cuando alzaba la mirada se centraba en él y le hacía apartar la mirada porque se sentía intimidado o tal vez avergonzado.
-No, también lo creí cuando mamá me dijo que papá iría a vernos. Era extraño pero yo ya lo conocía, solo quería que me aceptara… al igual que toda la familia. Soy diferente a los demás, pero mamá dice que pertenezco a la familia.
Quería intervenir ahora mismo y Jasper se dio cuenta de eso pero se dedicó a detenerme con un gesto sutil.
Recordé que yo no iba a aportar nada en esa sesión. Y no esperaba tener otra. Me quedé en silencio, aun observando a Mark muy detenidamente. Yo odiaba que pensara de esa manera. Nunca había estado en contra de la adopción, pero dependía de la crianza y de las condiciones que tenía cada persona.
-Mojé la cama en Chicago, muchas veces, pero cuando volví aquí dejó de suceder.
-Tienes miedo al rechazo – habló Jasper de nuevo – Sin embargo eso no es cierto. Si fuera de esa manera no tendrías todo lo que tus padres te dan. ¿Nunca te has detenido a hablar de esto con alguno de los dos?
Mark agitó la cabeza.
-No, no lo había pensado. Yo solo quiero dejar de mojar la cama – lo miró de manera nerviosa y comenzó a retorcer sus manos.
-Pero ya has dejado de mojarla, desde que llegaste de Chicago, tú lo has dicho. Podemos hacer unos ejercicios ahora, si así lo quieres. No es nada relacionado con el hecho de que hagas pipi involuntariamente. Son ejercicios de confianza contigo mismo. ¿Te animas a hacerlo?
El niño alzó la mirada hacia a mí por un momento. ¿Qué podía hacer ahora? Yo solo estaba sentado allí, escuchando todo con atención y ahora quería ir con él y decirle que tanto su madre como yo lo apoyaríamos en todo y que lo queríamos bastante. No tenía por qué sentirse de esa manera. Las demás personas no importaban y tampoco importaba lo que dijeran de él.
-Pero quiero hacerlo solo – murmuró en forma de contestación.
Jasper lo miró por unos segundo y luego dirigió su mirada hasta a mí. Antes de que él me pudiera decir algo yo extendí mis manos y me puse de pie ante la atenta mirada de los dos. Me dirigí hacia la puerta en silencio, y antes de salir de allí Mark me llamó.
-¿Papá?
-¿Sí? – lo miré con curiosidad. Esperaba que mi rostro no le dijera nada malo o que pudiera sensibilizarlo ahora porque no me perdonaría eso de nuevo.
-No te enojes.
-Él no está enojado, Mark – contestó Jasper. Lo fulminé con la mirada cuando no me estaba mirando – Él te está dando el espacio que tú pediste, ¿quieres que vuelva aquí? – el niño agitó la cabeza – De acuerdo, entonces pronto terminaremos.
Sin esperar nada más salí de allí, sintiéndome inservible, algo que raramente sucedía en mí. Nunca me gustó eso de no poder participar en algo que estaba en mis posibilidades pero esa charla ahora no era asunto mío, sino de Mark, que estaba luchando con todos los pensamientos que tenía ahora.
Inseguridad.
¿Por qué no se me ocurrió antes? Ese comportamiento probablemente era normal en un niño que era adoptado y más cuando él estaba muy consciente de eso. Había una gran diferencia cuando se adoptaban bebés y niños con uso de razón. Era bastante difícil, eso lo había hablado con la señora Welch cuando decidí ayudar a su casa hogar.
Todo lo que nosotros necesitábamos hacer era darle esa seguridad que él necesitaba. No iba a ser fácil, por supuesto. La idea que él tuvo sobre ir al orfanato se me hizo aún más atractiva. Él podría ir allí y ver a uno de sus compañeros o a las maestras que lo estuvieron apoyando durante un tiempo. Sin duda sería interesante ese viaje por todas las emociones que probablemente se estuviera guardando al igual que todas las anécdotas que había vivido.
Apoyo moral y afectivo. Unas palabras que probablemente se escuchaban mucho en la televisión pero difíciles de poner a prueba en la vida real.
Cuando Mark salió de la habitación me puse de pie. Habían sido alrededor de veinte minutos los que pasé excluido de allí. Cuando me miró parecía un poco más sonriente y no tan afligido como le había visto antes de salir del lugar. Él se contradijo a sí mismo al decir que no saldría de allí sin mi o viceversa. Pero eso era lo que él necesitaba.
Lo primero que hizo al verme fue abrazarme sin decir nada. Me estaba acostumbrando poco a poco a tener ese tipo de abrazos afectivos, aunque sin duda prefería que fueran solo privados y no en público, frente a la secretaria o una mujer mayor que estaba sentada allí.
-Gracias por apoyarme – murmuró contra mi pecho. Froté su espalda levemente.
-Eres mi hijo, es mi deber hacerlo, y me gusta hacerlo – le contesté - ¿Cómo te sientes?
-Mejor. Tengo que aclarar muchas cosas que hay en mi cabeza pero sin duda eso será algo que me llevará tiempo.
-¿Ha valido la pena venir aquí a enfrentarnos con alguien que no nos agrada? – él arrugó la nariz.
-Sí, ha valido la pena. Aunque haya sido con una persona que no me agrada – se separó por completo de mi – Dijo que me llamará varios días después para ver cómo voy con las actividades que me asignó.
-¿Y te sientes cómodo con eso?
-Sí, es algo que puedo soportar, además, no es tan difícil – se encogió de hombros – Ahora tengo que pedirte una cosa.
-Lo que quieras – me apresuré a contestar.
-¿Me dejas entrar a la selección de futbol que se está organizando? Mamá dijo que tenía que ver mis calificaciones primero pero apenas serán los exámenes y nos darán el resultado después. Tenemos que dar respuesta el próximo fin de semana.
Comenzamos a caminar fuera de allí con pasos lentos, sin ninguna prisa. Ahora era como si nada hubiera pasado y eso era muy extraño porque en mi cabeza había un montón de pensamientos que se basaba en eso.
-¿Planeas estar en la selección cuando tenemos que ir a Chicago?
-Pero los partidos comienzan en Enero. Mamá recibirá las calificaciones en su correo electrónico. Por favor, necesito autorización de al menos uno de mis padres.
Sí, pero resulta que no tengo el control sobre las actividades que llevas.
-Convenceré a Bella, le diré que quieres hacerlo. Seguro que no nos arrepentiremos de ir a uno de esos partidos. ¿No sucederá nada porque faltaste hoy al entrenamiento?
Él sacudió la cabeza y se colocó el cinturón de seguridad una vez que estuvimos dentro del auto. Afuera comenzaban a caer pequeños copos de nieve, avisando que sería una noche bastante fría.
-No lo creo. Es viernes, el lunes estaré de vuelta. Los entrenadores no enseñan nada nuevo cuando no estoy presente en alguna clase – se encogió de hombros.
-¿Eres el jugador estrella? – pregunte con cierta diversión y conduje a la casa. Se suponía que Bella ya había regresado de llevar a los niños a natación y seguro que ella estaría impaciente por lo que habíamos pasado nosotros esta tarde aunque solo habían sido alrededor de dos horas.
-Soy el mejor jugador que pueden tener por ahora – sonrió amplio – Tal vez tenga que darte algunos entrenamientos a ti también.
-Si me muestras como se hace entonces podremos organizar una serie de partidos cuando pasemos la navidad en Los Angeles – sugerí en tono casual. De reojo pude ver como sonreía en grande al escuchar esa sugerencia.
-¡Es una gran idea! Tal vez el tío Emmett pueda ayudar en eso. ¿Es bueno jugando?
-Fue bueno en su juventud – asentí – pero ahora es lo suficiente viejo, no soportará mucho.
Sonreí levemente al imaginar a Emmett haciendo eso. Él era bastante brusco en ese aspecto y la probabilidad de que aplastara a todos los niños que jugaban se hacía más grande cada vez que lo pensaba. Simplemente sacudí la cabeza alejando ese pensamiento.
-De acuerdo, si resultas un buen jugador, que no creo que lo seas porque estás un poco anciano, puede que te escoja en mi equipo.
Bufé.
-Al menos estoy en las probabilidades.
Él soltó una gran carcajada y sonrió muy amplio ante mi comentario. Después de un rato que estuve conduciendo en silencio pero con mis pensamientos trabajando muy rápido, Mark decidió volver a hablar. Al parecer no quería tocar el tema del psicólogo y yo no tenía problemas con eso. Aunque me daba curiosidad si le diría a su madre acerca de eso.
-¿Tenemos más familia? – preguntó, con su espalda recargada en la puerta y con la mirada sobre mí.
-¿Además de Emmett y Rosalie?
-Sí… ¿Alice también es nuestra tía?
-No, es solo que ella decidió llamarles sobrinos porque nos conocemos desde que íbamos en la preparatoria y no nos separamos, ninguno – me encogí de hombros.
-¿Entonces? ¿Emmett es tu único hermano? ¿Mamá no tiene hermanos?
-No, tu madre no tiene hermanos – al menos que yo sepa – tu abuela Renée solo pudo tener a Bella, no logró tener otro bebé y… yo tengo tres primas, pero no las veo muy seguido, no mantenemos la comunicación.
Era cierto. La última vez que había visto a Tanya probablemente fue en… hacía mucho tiempo. Probablemente en el último viaje que habíamos hecho con todos los demás empresarios que Aro había invitado. No es como si me importara la vida de ellas, recibieron mi ayuda cuando la pidieron y yo se las di, después de eso no hubo más contacto. Me preguntaba si Carlisle y Eleazar o Carmen tenían contacto.
-¿Cómo se llaman?
-Tanya, Kate e Irina Denali – fruncí el ceño – su padre es primo de mi padre.
-¿Cómo se llama tu papá? – esta vez me miró más intrigado que antes - ¿Y por qué no lo conocimos con la abuela Esme?
Suspiré. Él tenía todo el derecho a saber los nombres de cada integrante de la familia tanto como Anthony, Elizabeth e Ethan. Recordar a mi padre ahora mismo me causaba un extraño malestar y prefería que Mark nunca supiera de su existencia al igual que los demás.
-Se llama Carlisle y hace unos meses él y tu abuela Esme se separaron.
-Woa. ¿No se querían lo suficiente?
-No lo sé. Son asuntos de ellos, hay cosas que ellos no me pueden decir aun cuando yo soy lo suficiente grande y también soy padre – fruncí el ceño – Y no sé dónde está Carlisle así que no tengo tanta información.
-¿Así que hay cosas que probablemente nunca sabré sobre ti y mamá? ¿Crees que se separarán como lo hicieron tus padres?
Ya he estado separado de Bella durante mucho tiempo y la he tratado tan mal que nunca me lo perdonaré, ni siquiera sabía cómo ella había logrado hacerlo pero por algún extraño milagro era así. Así que… no, no planeaba separarme de ella.
-No, no planeo hacerlo. Ellos se querían bastante pero hay cosas que en el matrimonio a veces cambian – estacioné el auto frente a la casa y miré el reloj en el tablero, 7:37 pm.
-Mamá te quiere mucho – mencionó.
-¿Por qué lo dices? – lo miré con cierta curiosidad.
-Bueno, ustedes estaban juntos con anterioridad, pero se separaron, y después volviste para estar con ella y con nosotros. Ella, a pesar de que se sintió revolucionada cuando te vio, decidió aceptarte. Le costaba mucho compartirnos con cualquier otra persona pero lo hizo contigo. También he visto cómo se comporta cuando está a tu lado y cuando habla de ti. No sé mucho del tema pero parece enamorada – sonrió amplio.
-Yo también la quiero mucho – dije de manera distraída. Era verdad lo que le dije, y lo que él me dijo me había dejado también muchas cosas en que pensar. El día de hoy había sido bastante agotador. Muchas cosas en la cabeza.
-Lo sé. Soportas todo lo que ella te dice y te hace hacer aunque no lo quieras.
-Eres un niño bastante observador.
-Soy un niño inteligente, ya te lo he demostrado – sonrió en grande – Ahora… ¿me dejas jugar en la selección?
Bufé y bajé del auto para dirigirme a la casa con Mark a mi lado.
-¿Eso es un sí?
-Sí, Mark, es un sí, pero recuerda que yo no soy toda la voz de la autoridad aquí – abrí la puerta esperando a que entrara.
-¡Anthony no corras en las escaleras! – escuché el gritó de Bella en el piso superior.
Mark me miró con diversión.
-Intentaré convencer a mamá también.
Bella POV
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-No, Mark, hasta que tenga tus calificaciones en mis manos – repetí mientras le entregaba su ropa limpia para que la colocara en su closet.
-Pero mamá… puedes hablar con la profesora si así lo prefieres – miré como caminaba arrastrando los pies por toda la habitación – Nunca he descuidado la escuela, aun cuando me fui una semana entera a Chicago. Puedo realizar los exámenes ahora mismo y te aseguró que los aprobaré.
-No has presentado tu exposición con Emma para la clase de Geografía. ¿Ya revisaste los datos que ella te mandó?
Me miró por un momento intentando encontrar alguna respuesta para eso pero yo sabía la verdad. Él no había tocado nada de la escuela desde ayer en la tarde hasta ahora. No me gustaba negarle nada pero él sabía las obligaciones que tenía con el estudio.
-No, pero puedo hacerlo ahora si así lo quieres – caminó rápidamente hacia la computadora que estaba en una esquina de la habitación y la encendió rápidamente – Dame el permiso, mamá. Papá dijo que por él no había problema pero sé que eres tú quien da las órdenes.
-Es bueno que lo sepas – terminé de colocar todo en su lugar en la habitación y volví a tomar el cesto de ropa – Me avisas cuando termines de realizar la exposición y todos los deberes que tienes del fin de semana, vendré a revisarlos y tal vez te de la respuesta.
-¿Por qué tal vez? – me miró con el ceño fruncido.
-Porque yo doy las ordenes, hijo, por eso.
-¿Tengo límite de tiempo?
-Procura que sea antes de este día. Si veo que utilizas algún videojuego y no has terminado tus deberes entonces no tendrás el permiso, es sencillo.
-Pero mamá…
-Son las reglas – dije por última vez y salí de su habitación.
Las cosas con Mark habían resultado normales y bastante tranquilas. Él había hablado conmigo en privado sobre lo que habló con Jasper aunque en realidad me dijo que habían sido él y Jasper solo los que participaron en aquella reunión. Jasper no dejó que Edward opinara algo y no sabía cómo lo tenía eso. Suponía que por el humor que cargaba no lo tomó tan mal, sin embargo, él me dijo que estaba dispuesto a ayudar en lo que sea a su hijo.
Mark tenía más confianza a la hora de hablar y tomar decisiones. Antes no tenía problema con eso, siempre lo supe, él era un niño que había desarrollado ciertas habilidades en el lugar. Él sabía también que por ser el hermano mayor tenía influencias y podía hacer lo que él quisiera con cualquier cosa que estuviera en la casa. Yo no tenía ningún problema con eso. Yo solo quería que él se sintiera cómodo. Tampoco le daría tanta libertad al momento de los estudios, él debía aprovecharlo. Su curso era bastante avanzado y él iba al corriente con eso. Los permisos se ganaban y lo sabía.
Me dirigí de inmediato a la habitación de los mellizos para poder colocar sus prendas en su lugar y me encontré con Edward tirado en el suelo, con Elizabeth encima, usando su disfraz de princesa color azul y con Anthony usando su traje de armadura, él tenía la espada de juguete en el cuello de su padre.
En cuando Edward me vio me dedicó una fugaz sonrisa, eso hizo que Anthony se distrajera para voltear a verme y lo tomó de los hombros para poder arrastrarlo donde él estaba y así comenzar a hacerle cosquillas con una de sus manos y con la otra hacía lo mismo con Elizabeth. La habitación se inundó de carcajadas.
-¡Mamá! – me llamó Elizabeth entre risas – Ayuda, mamá.
Me moví por la habitación colocando cada cosa en su lugar con una sonrisa al ver a los tres allí en el suelo.
-Oh no, tú te metiste en ese lío y tú misma sales de allí – le dije con diversión y salí de allí escuchando todavía las fuertes carcajadas de los niños.
Cuando finalmente dieron las cuatro de la tarde la casa estaba en silencio. Solo estábamos, Elizabeth, Mark y yo. Edward decidió llevarse a Anthony consigo cuando tuvo una complicación en el trabajo. Así que no vería a Anthony hasta el día de mañana porque tomaron un vuelo y lo tomarían de vuelta en la madrugada. Mark decidió no acompañarlo porque tenía tarea, la cual había logrado terminar con mi ayuda en las últimas dos horas, también le había ayudado a estudiar y ahora, oficialmente, tenía el permiso de estar en la selección, algo que le hacía sentirse muy emocionado, tanto que no soportaba estar entre las paredes de la casa.
Elizabeth, por otro lado, decidió que sería uno de esos días de pasarla con mamá. Logramos hacerle tres conjuntos de ropa para sus muñecas y ahora estaba de pie frente a mí vistiendo adecuadamente para poder ir a la juguetería.
-¿Qué quieres comparar cuando estemos allí?
-¡Muchas cosas! – exclamó con una sonrisa.
-¿Muchas cosas? ¿Quieres dejar a mamá en la quiebra? – le miré con una leve sonrisa y la tomé en mis brazos, dirigiéndome hacia la habitación de Mark, donde estaba a punto de salir de allí - ¿Estás listo?
-Sí, tengo una lista de ideas y cosas que podemos comprar para los niños – comentó al momento de bajar las escaleras. Tomé me bolso de manera inmediata y salimos de la casa, directo al auto debido a que seguía la nieve cayendo. Esperaba que no empeorara cuando estuviéramos fuera de la juguetería.
-¿Conoces a todos los niños que están allí?
-Casi – ayudó a sujetar el cinturón de su hermana – Aunque no sé muy bien quienes sigan allí. Solo tenemos un número de niños – se encogió de hombros y se sentó en el lado del copiloto para después mirarme – Espero que algunos hayan encontrado un hogar.
Le miré por unos momentos y le devolví la débil sonrisa que me dedicó. Sabía lo difícil que era para él hablar sobre eso. Le había fallado al momento de no llevarlo cuando desde un principio se lo prometí. Ahora él no sabía nada acerca de los amigos que hizo todo el tiempo que estuvo allí.
-Esperemos que sea así, y si no, podrás verlos de nuevo. ¿Qué crees que digan cuando te vean? – comencé a conducir hacia la juguetería más grande que existía en la ciudad. Me llevaría allí toda la tarde. Por suerte, detrás de nosotros estaba Bronson. Nunca agradecí más el hecho de que ese hombre nos acompañara, así podría ayudarme a trasladar los juguetes al auto.
-No lo sé. A mí me encantaría verlos de nuevo, enserio, sería grandioso – su sonrisa no podía ser más grande – Ya quiero que sea ese día.
Al llegar a la juguetería tuve que tomar a Elizabeth de la mano antes de que saliera corriendo. Esa sí era una enorme juguetería. Todos los pasillos eran amplios y los estantes anchos y largos, repletos de juguetes. Mark también aguantó las ganas de ir allí y tomar todo lo que quería.
Me lamentaba demasiado el hecho de que Anthony no estuviera acompañándonos a nosotros ahora mismo. Esperaba que pasara un buen día con su padre. Últimamente se le daba por estar con él, sin embargo, era lo suficientemente astuto para pasar la noche pegado a mi pecho y reclamando mi atención.
Intentaría buscar unos buenos juguetes para él cuando terminara de completar la lista que Mark había preparado. Edward me facilitó los datos de los niños, sus edades, el número de niños que había y el número de niñas. No planeaba llevar exactamente una cantidad de juguetes. Esperaba llevar más juguetes, me pasó por la cabeza que probablemente podríamos doblar el número de niños. Después, tal vez podríamos comprarles algo a las cuidadoras.
Solicité a dos empleados del lugar para poder facilitarme las cosas. A cada uno le asigné una actividad. Buscar juguetes realmente atractivos para niños entre cinco años a nueve. Mark se encargaría de los niños que estaban a partir de la edad de los diez años y yo de los más pequeños junto con Elizabeth.
-Mami, yo quiedo ese – sentí como tiraba de mi camiseta para poder llamar mi atención - ¡Y ése también! – su voz iba alzándose más conforme miraba los juguetes.
-Sí, princesa, yo sé que quieres muchos juguetes, pero primero ayúdame a escoger para las otras niñas y después tú puedes escoger el mejor juguete para ti, ¿Qué te parece la idea?
Me miró por unos momentos, casi con gesto pensativo y después de pensarlo bastante bien se dedicó a sonreírme, marcando sus preciosos hoyuelos y asintió un par de veces. Cuando estiró los brazos hacia a mí y yo la cargué sentí un fuerte dolor en el vientre que me hizo cerrar los ojos. Cuando el dolor finalmente se desvaneció, abrí los ojos de vuelta y me encontré con la mirada curiosa de mi hija.
-¿Estás bien, mami? – suspiré.
-Estoy bien, cariño, mami solo tiene problemas que tienen todas las mujeres.
Nunca había odiado tanto el hecho de tener cólicos. Era algo completamente normal y lo sabía. Con anterioridad agradecía el hecho de ni siquiera padecerlos, por lo que me contaba Molly, ella odiaba que le llegara la regla porque se ponía insoportable y llegaba a faltar varias veces por el dolor de vientre o cadera. Yo comencé el día de ayer, y me sorprendí a mí misma porque se había retrasado un poco y ni siquiera me daba cuenta. Era la primera vez que sentía un dolor como esos. Culpé el hecho de estar con bastante estrés.
-¿Yo tengo ese plobema?
-No – me apresuré a contestarle al momento que volvía a caminar y colocaba los juguetes en el enorme carrito de compras que estaba frente a nosotras – Eso no te pasará hasta que estés como yo.
-¿Hasta que sea glande y mamá como tú?
-¿Quieres ser mamá? – le miré con una sonrisa y ella asintió rápidamente - ¿Y cuantos bebés quieres tener?
-Veinticatorce – me mostró con su mano el número cuatro y yo reí por eso. Mi pequeña no podía contar todavía exactamente bien pero hacía lo que podía.
-Uff, esos son muchos bebés.
-Sí, me gustan los bebés – comenzó a saltar en mis brazos y me ayudó a colocar más juguetes en el carrito conforme avanzábamos en los pasillos – Como tú.
Besé su mejilla suavemente y la coloqué de nuevo en el suelo, sintiendo de nuevo el dolor en la cadera. Ella decidió ayudarme a empujar el carrito y colocar allí los juguetes que le entregaba cuando estábamos en la sección para niños. Se entretuvo bastante cuando llegamos a la sección de niños de tres años y todo lo que estaba allí lo quería para ella. Si fuera completamente justo le compraría todo lo que pidiera, pero por ahora solo debía llevar lo que tenía que ser.
A las siete y media de la noche me encontraba pagando cinco cochecitos de juguetes, sin contar los que llevaban los empleados en los brazos y los que Mark llevaba también.
No me preocupaba la cifra que debía pagar, lo que más me preocupaba era que cupieran en las dos camionetas que llevaba conmigo. Bronson manejaría una y yo otra, cargada de juguetes y niños.
La gente que estaba allí me miraba ciertamente un poco asombrada por la cantidad de juguetes que llevaba conmigo y con tan solo dos niños acompañándome. No creía que ellos pensaran que eran para esos dos niños. Después de pensarlo bastante bien decidí que no importaba lo que ellos pensaran.
Mark y Elizabeth se vieron obligados a esperar la siguiente visita a la juguetería para poder escoger sus regalos. Eran bastantes juguetes que tenía que frenarlos un poco. Además, no me veía realmente justa dejar que ellos dos escogieran los juguetes que querían cuando mi pequeño Anthony estaba muy lejos de aquí sin las posibilidades de hacerlo mismo.
Para poder recompensar el hecho de que ellos dos me acompañaron a hacer las compras en aquel enorme lugar llenos de tentaciones les di autorización de tomar uno solo. Ese juguete podrían abrirlo en cuanto ellos quisieran. Después de todo, a los dos días lo miraría en cualquier parte de la casa sin que alguno de ellos le prestara importancia.
-Bronson, ¿puede ayudarme con las bolsas? – me atreví a preguntarle cuando me aseguré de que Mark y Elizabeth estaban en la casa sin probabilidades de salir de allí. El helado de chocolate era eficaz muchas veces.
-Por supuesto, señora – se apresuró a decir y de manera inmediata abrió la cajuela y las puertas para comenzar a sacar todo lo que estaba allí.
-Muchas gracias, si lo hacía sola probablemente no terminaría hoy – comenté con cansancio y me dedicó una breve sonrisa. Él era de pocas palabras.
Miré el montón de bolsas con cajas dentro y suspiré. Las ganas de hacer ese trabajo eran bastantes bajas.
Cuando me agaché a cargar una de las bolsas entre mis brazos volví a sentir aquel dolor en el vientre. ¡¿Ni siquiera podía hacer un poquito de fuerza?! Mierda, eso dolía horrible. Estaba segura de que necesitaría una ducha cuando terminara todo esto.
Ignorando aquel estúpido y agudo dolor me dediqué a tomar de nuevo la bolsa de juguetes y me dirigí a la casa. Todos esos juguetes serian guardados en la habitación donde estaba el piano. Anthony había decidido abandonarlo cuando se dio cuenta de que las travesuras eran más divertidas que eso.
Finalmente terminé con todo eso con ayuda de Bronson y tuve que agradecerle completamente por eso. Aquellas bolsas no eran para nada livianas y estaba segura de que mis brazos estarían doloridos el día de mañana al igual que mi espalda. Sentía que mi vientre iba a explotar ahora mismo de lo inflamado que estaba, pero había aprendido a ignorar el dolor que estaba sintiendo.
Cerré la puerta al despedirme del agente de seguridad y me volví hacía los niños. Elizabeth estaba tendida en el piso, completamente dormida a pesar de haber ingerido grandes porciones de helado de chocolate. La tarde en la juguetería le cansó bastante y no tenía más fuerzas para seguir. Mark estaba intentando no cerrar los ojos mientras miraba la televisión que estaba frente a él con unos dibujos animados puestos.
-De acuerdo, cariño, vamos a dormir – lo sacudí levemente y él alzó la vista para poder mirarme.
-No tengo sueño, mamá – murmuró muy, muy bajo.
-Estás a punto de caer dormido, te aseguro que si cierras los ojos no los podrás abrir de nuevo. Andando – volví a sacudirle del hombre hasta que finalmente se incorporó.
¿El día de hoy se trataba de recoger cosas y niños del suelo o algo así? Se me hacía difícil agacharme y tomar a Elizabeth en mis brazos. El dolor de los malditos cólicos se estaba haciendo más frecuente. Recordé que tenía algunos antibióticos para poder calmar el dolor. En cuanto terminara mi ducha los tomaría.
Cambie a Elizabeth por su pijama mientras ella estaba profundamente dormida y la coloqué en su cama, completamente abrigada. Ella ni siquiera se inmutó por todos los movimientos que le estaba haciendo y siguió durmiendo con unos suaves ronquidos. Fui a la habitación de Mark y le ayudé a dormir; cuando se quedó dormido salí de allí para poder ir a tomar mi necesaria ducha.
Una vez en el baño comencé a preparar todo para poder irme a dormir. Tenía la manía de cepillar mi cabello antes de meterme a la ducha y no recordaba por qué. También tenía la manía de colocar mi pijama sobre la pequeña barra que estaba justo fuera de la ducha, allí podía tomarla y vestirme bastante rápido. A pesar de tener la nieve cayendo en el exterior de la casa yo me sentía bastante acalorada y culpaba el hecho de estar con la regla. Cada vez que me encontraba de esa manera me ponía bastante complicada, tanto, que lograba desesperar a los niños también. Sin tener más pensamientos en la cabeza comencé a desprenderme de todo lo que llevaba puesto.
¿Cómo era que podía estar sangrando demasiado? ¿Era porque se había retrasado más de lo normal? ¿O por el estrés? Nunca, desde que comencé con esta tortura de la regla, había sangrado bastante. No era abundante, lo cual realmente agradecía pero… esta vez me sorprendía a mí misma. Me estremecí levemente y sin más preámbulos me coloqué debajo de la regadera, con el chorro de agua fría porque yo tenía bastante calor.
Comencé a lavar mi pelo con más calma de la necesaria. Ahora no era necesitada por algún niño ni a ninguna otra persona. Tampoco me estaban esperando así que probablemente podía tomar una larga ducha de dos horas.
El fuerte dolor en el vientre hizo que me diera prisa, recordando que debía bajar a la cocina por unas pastillas y esperar a que el dolor se desvaneciera. Una vez que logré quitarme el shampoo de la cabeza comencé con el cuerpo. Al bajar la mirada al piso mi corazón se aceleró.
Sangre. Mucha sangre mezclándose con el agua.
Esa era una gran cantidad de sangre y se podía sincronizar con el dolor que estaba sintiendo en el vientre otra vez. Intenté tranquilizarme y tomar varias respiraciones a la vez que el dolor se acentuaba cada segundo más. Era insoportable y el hecho de mirar la sangre saliendo de mi cuerpo era peor. Joder, ¿Cómo podía parar eso?
Las lágrimas que salían de mis ojos se perdían con el agua que caía sobre mi cabeza, esta vez un poco más fría. La temperatura del agua estaba ayudándome a reaccionar un poco. Al sentir otra punzada de dolor justo en mi vientre bajo me senté en una pequeña barra con azulejo. Me sostuve fuertemente de la pared y cerré con fuerza los ojos, esperando a que el dolor pasara.
Esto no era normal. El dolor que estaba sintiendo no eran para nada cólicos. Y lo que estaba sucediéndome ahora mismo no era la regla.
Me recordé a mí misma volver a respirar. Miré mi entrepierna de nuevo. Joder, no paraba de sangrar ni siquiera un poco y coágulos de sangre se mezclaban con el fuerte chorro de agua que salía de la regadera. Mis ojos estaban nublados por las lágrimas. ¿Por qué era tan doloroso?
Pegué un saltó al escuchar sonar el teléfono de la habitación. Era incapaz de moverme de ese lugar, mis piernas no me respondían y yo no paraba de sangrar. El teléfono volvió a sonar una vez más sin obtener respuesta alguna. Al escuchar mi teléfono celular sonar supe que se trataba de Edward. Me puse de pie de nuevo con esfuerzo. No me preocupé por cerrar la llave de la regadera, tomé una pequeña toalla y la coloqué entre mis piernas. ¿Podía tener una hemorragia? ¿Por qué? ¿Y si la tenía como podía pararla?
Sostuve la toalla entre mis piernas y alcancé el teléfono que estaba justo al lado del lavabo. Lo tomé con manos temblorosas y pulse la pantalla para contestar.
-¿Edward? – mi voz sonaba temblorosa y no esperaba que sonara de otra forma. Estaba aterrada, no sabía qué hacer y yo estaba sola en esta casa con dos menores de edad durmiendo.
-¿Bella? ¿Qué está sucediendo? – un sollozo se escapó antes de que pudiera contestarle algo - ¿Qué sucede? ¿Qué estás haciendo en el baño? – él estaba comenzando a preocuparse ahora mismo - ¡Bella! ¡Maldita sea, respóndeme!
-Yo… estoy sangrando – sorbí mi nariz – Y me duele mucho, Edward, no sé qué hacer.
-¿Sangrando? ¿Cómo que sangrando?
-Creía que tenía la regla… - tanto mi mano como mi voz comenzaron a temblar de nuevo cuando sentí el agudo dolor de nuevo – Edward – dije entre dientes – Dios, pero esto no es normal. Es un fuerte dolor en el vientre, no puedo soportarlo.
-De acuerdo, llama a la ambulancia, voy para allá – su voz sonaba histérica - ¿Bella? ¿Escuchaste lo que acabo de decirte?
-Sí… - murmuré y mordí mi labio. Ahora todo se estaba volviendo borroso – Me estoy mareando - ¿Por qué no llamaba a la ambulancia ahora?
-¡Bella, llama a la ambulancia!
Toqué la pantalla rápidamente en cuanto escuché su orden y marqué a la ambulancia como él lo había pedido. Mis dedos se movían bastantes frágiles alrededor del teléfono y solo conseguía mancharlo de sangre.
Odiaba el olor de la sangre.
-Hospital American Center – contestó la voz de una mujer. ¿Qué debía decirle ahora? - ¿Hola?
Tomé una gran respiración e intenté despejar mi mente. El olor a sangre estaba penetrando mis fosas nasales y la toalla estaba manchándose de sangre cada vez más.
-Necesito una ambulancia – murmuré aun con voz temblorosa – Ra-rápido por favor – cerré los ojos al mirar de nuevo la toalla de color rojo y blanco.
-Necesito su dirección, señorita – esta vez había escuchado un poco de movimiento mientras ella hablaba.
Di todos los datos posibles acerca de la dirección de la casa. El número de casa, calle y todo tipo de características que podían venirme a la mente ahora mismo acerca del lugar donde vivía. Ella me contestó que vendrían pronto y después colgó la llamada.
Me las arreglé para poder ir a la regadera de nuevo y cerrarla por completo, el sonido del agua caer me estaba poniendo nerviosa. Cualquier cosa ahora mismo me estaba poniendo nerviosa y tenía mucho frio, bastante.
Al alzarla mirada hacia la puerta miré a Mark. Estaba de pie allí, completamente petrificado al verme encorvada y sangrando. Él estaba asustado, podía verlo en sus ojos. ¿Qué podía decirle ahora? ¿Cómo quien se quedaría mis hijos cuando la ambulancia llegara y me dijeran que pasaba conmigo?
Me sentía tan mareada…
-¿Mamá? ¿Qué está sucediendo? – preguntó con voz temblorosa. Seguí caminando y él se apresuró a llegar a mi lado y me sostuvo tanto como pudo. Yo no podía soportarme, estaba perdiendo mucha sangre - ¿Mamá?
-Estoy bien, cariño, los médicos llegaran pronto – apreté los ojos al sentir de nuevo la punzada de dolor – Dame una toalla, ¿sí?
Miré como se alejaba solo un poco de mí y después me colocó una toalla más grande sobre los hombros, intentando tapar mi desnudez. A pesar de tener esa toalla sobre mí los castaños de mis dientes no pararon y el frio que sentía era peor.
-Mamá… dime que te está pasando – él logró depositarme en el banquillo que estaba allí y yo me froté el vientre tanto como podía, pensando que de esa manera el dolor se alivianaría un poco.
-Cuando lleguen los médicos vas con tu hermana, ¿de acuerdo? Intenta que no se despierte para nada. Papá viene en camino con tu hermano – hablé con la voz contenida.
Joder, ¿Quién podía ver a mis hijos ahora? Yo me estaba sintiendo demasiado débil ahora mismo.
¡Aidan! ¡Aidan estaba aquí!
-Toma el teléfono y llama a Aidan, rápido, explícale que necesitas que venga aquí – ordené pero apenas podía escuchar mi propia voz. ¿Por qué tardaba tanto la maldita ambulancia? No podía echarme a llorar ahora, mi hijo estaba frente a mí – Dile que es urgente.
Débilmente escuché como la voz de mi hijo se comunicaba con mi amigo por el teléfono. Su figura comenzó a ponerse borrosa, un zumbido se escuchó muy fuerte y milagrosamente la ambulancia se hizo escuchar. Eso fue lo único que necesité para dejarme caer en la cama. Después, todo se volvió negro.
.
Algo me estorbaba en la nariz. Odiaba esa cosa que me estorbaba en la nariz y también el sonido que se escuchaba. Una máquina. Una máquina de hospital. Una máquina de hospital que te avisaba que seguías vivo. Sí, de allí provenía el sonido. Sentía mi cuerpo entumecido y tenía frio, sentía las manos completamente frías.
Al abrir los ojos me encontré con una enorme habitación de color beige. Era la misma habitación en la que había estado cuando salí del quirófano después de tener a mis bebés. Eso lo recordaba perfectamente. Estiré mi mano para poder quitarme la cosa que me ayudaba a respirar y suspiré aliviada. Mucho mejor.
Recorrí la habitación con la mirada pero no encontré a nadie, hasta que miré a mi costado, del lado izquierdo. Allí, sentado incómodamente en una silla, estaba Edward, con la cabeza recargada en mi pierna. Al parecer estaba durmiendo. Vestía con unos pantalones de mezclilla y una sudadera. ¿Qué hora era? ¿Cuánto tiempo llevaba de esta manera?
Los recuerdos del motivo por el que estaba en ese lugar ocuparon mi mente. Sangre, mareos, llamadas, y sangre, mucha sangre.
Me examiné el cuerpo y todo estaba muy bien. No sentía ningún dolor, solo estaba entumecida y quería ponerme a caminar o por lo menos sentarme. Alcé levemente la sabana que me cubría con cuidado y miré mis piernas. Ya no estaban manchadas de sangre. Eso era un alivio.
Miré a Edward alzar la cabeza rápidamente al sentir mi movimiento. Su frente estaba marcada por la presión que tenía al estar sobre mi pierna. Sus ojos estaba realmente preocupados y atemorizados, algo que no me dio un buen sabor de boca.
-Bella – pronunció mi nombre casi con adoración - ¿Cómo te sientes?
-¿Qué me paso? – aclaré mi garganta un poco - ¿Por qué estaba sangrando mucho? ¿Cuánto tiempo llevo dormida?
-Un día, más o menos – contestó y tomó mi mano entre las suyas. Ese pequeño gesto me dijo que algo definitivamente no iba bien.
-¿Qué fue lo que pasó, Edward?
Él tomó una gran respiración pero no se movió de su lugar, ni tampoco apartó la vista de mí. Él estaba buscando la manera de decírmelo pero no sabía cómo y a mí no me importaba como me lo dijera, simplemente quería saberlo y ya.
-Tú no lo sabias… ninguno de los dos lo sabía – comenzó con voz temblorosa también – No fue tu culpa, Bella. Esas cosas pasan, el doctor dijo que muchas veces sucedía…
Eso me estaba cansando.
-Solo dime que es lo que pasó, por favor.
-Sufriste un aborto espontáneo – soltó de golpe. Sus labios se apretaron de manera breve y sentí como mi cara se helaba – Tenias un mes de gestación o quizás un poco más. Los síntomas que tenías eran por eso, en ti sucede bastante rápido, eso fue lo que dijeron los doctores. Sucedió bastante rápido. El bebé apenas estaba formándose, se calcula que medía alrededor de cinco milímetros.
Pero yo había dejado de escucharle cuando pronunció lo más feo que podía haber escuchado en toda mi vida.
Un aborto espontáneo.
Una pequeña persona que apenas estaba a punto de formarse dentro de mí, de nuevo. Y ya no estaba. Desapareció por completo, sin siquiera tener la oportunidad de algo, frente a mis ojos.
Un aborto.
Un bebé.
Mi bebé.
Bueeeno, ya era hora de que algo verdaderamente interesante pasara con Bella, además claro de ver a sus padres de nuevo, presentarle los hijos a la familia, aceptar a Edward, lo berrinches de Anthony, las escuelas de los niños... Ella nunca descansa.
Muchas acertaron con el adelanto que subí así que debo tener mas cuidado con lo que subo, mmm...ese bebé ni Edward ni Bella se lo esperaban.
Antes de escribir cualquier capítulo siempre me informo del contenido cuando se trata de hospitales, calles, números empresas, enfermedades, síntomas, el comportamiento de un niño, su manera de hablar , los horarios y eso. Esta vez tuve que informarme sobre un aborto espontáneo, investigué todo lo posible, ustedes pueden buscarlo en google, para el siguiente capítulo se le dará una breve información a Bella sobre eso.
¡Se acerca navidad y Bella está en el hospital! ¿Qué estará pensando Mark? Tal vez tenga que recurrir de nuevo a Jasper ahora que vio a su mamá así. ¿Cuál será verdaderamente la reacción de Edward? ¿Y Anthony y Elizabeth? ¿Cómo tomará Bella todo esto?
Gracias a: Manligrez, Lulu, Lucero Mendozaa, Mafe D. Rojas, whit culle, albi-yo, any0239, aea7, joselinamadera, fabiola, Saha Denali, Vicky B. Jonas, PattyMirandaGarcia1983, Karenava, AnglaaeCullen810, LicetSalvatore, Maya Masen Cullen, Melania, tamipanxi, cintygise, yolabertay, beakis, Ale Marie Cullen, Nessie Joan Pattinson Stewart, soles, Laura Katherine, vero Hernandez, flexer, iam Nikkiswan, Anahi-littrell,
A todos los que me agregaron a favoritos, alertas y los que leen mi historia cuando no leen una incompleta también, gracias, a los que publican en sus páginas y a todos los anónimos :)
Para los que se quieran unir al grupo de facebook aquí está: groups/ 489007794454955/
Intentaré no tardar tanto la próxima vez, no es nada seguro.
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