DISCLAIMER: InuYasha y Co. son propiedad de Rumiko Takahashi. La siguiente narración es creación propia y está hecha sin fines de lucro, con el propósito de entretener a los lectores.

SUMMARY: [Serie de Viñetas] Tras la derrota de Naraku, todo es diferente. Las cosas cambiaron, pero la vida que tenemos es muy distinta a la que imaginé. Sin embargo, debemos seguir apoyándonos, porque eso es lo que nos hace estar tan unidos. Porque eso es lo que querría la señorita Kagome.


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La cacería ha sido un éxito, aunque creo que sí había perdido un poco la práctica pues regreso con una lesión no muy seria en mi hombro derecho, algo superficial que sé que para Sango será grave. InuYasha también recibió un par de heridas, pero éstas ya cerraron por completo y ni siquiera dejaron cicatriz.

Pese al resultado de nuestro viaje y a que ya nos acercamos a casa, mi amigo está de mal humor. No deja de refunfuñar mientras caminamos, no habla mucho y apenas responde a algunos de mis comentarios. Me aclaro la garganta para llamar su atención, mueve sus orejas en señal de que me escucha pero no me mira.

— ¿Por qué estás molesto ahora? Todo salió bien y ya vamos de regreso…

— Keh, de seguro Sango la cargará conmigo por tu rasguño — espeta, pero sigue con esa actitud hermética.

— Deja de ocultarme cosas, InuYasha — me mira de reojo al escuchar mis palabras —. Ha pasado tiempo suficiente como para que aprendiera a conocerte y sé que hay algo que no me estás diciendo. De nuevo.

XLVIII —

"Speechless"

— Maldito monje — murmura molesto, suelta un gruñido y luego sonríe con algo de resignación —. Creo que eres al único al que no le puedo ocultar cosas. Menos algo así.

Ahora, además de preocupación, nace mi curiosidad ante sus palabras. No son pocas las razones por las que InuYasha termina molesto o de mal humor, pero lo único que sólo comparte conmigo es…

— ¿La señorita Kagome…?

Como siempre que se le menciona, sus ojos expresan melancolía, sus orejas se mueven inquietas y se pone en alerta por un instante, como si el simple hecho de nombrarla pudiese provocar que ella apareciera frente a nosotros. Luego niega con un gesto, como regañándose por su reacción. Mira el cielo, su semblante serio, nostálgico, no deja de alertarme. Incluso siento un peso en mi pecho, un tipo de angustia que no me agrada en lo absoluto.

— Es sólo que hace días que no puedo… sentirla bien. Como si estuviera demasiado lejos — murmura, ahora sus ojos vuelven a posarse en los míos —. No sé, es extraño. Antes hasta podía sentirla a mi lado. Ahora ya no… Quizá ella…

Su mirada refleja dolor, corta la frase antes de declarar con palabras lo que sus ojos me dicen a gritos: por primera vez en mucho tiempo, InuYasha tiene miedo. Sé que no hay palabras en este mundo que puedan dejarlo tranquilo, pero por lo menos puedo tratar que sienta mi apoyo.

— Sé que debes sentirte terrible, porque puedo intentar ponerme en tu lugar y con sólo imaginarlo, mi corazón se encoge. La señorita Kagome está lejos, y ninguno de nosotros tiene la certeza de que volverá. Ninguno excepto tú — agrego al ver la pesadez que causa en él esa declaración, sé que está seguro de que ella regresará algún día —. Pese a todo, tú mismo lo dijiste una vez: ella sólo está lejos físicamente. Estoy seguro que su corazón siempre está contigo, aunque haya momentos en los que puedas sentirla más lejana. Como todo en esta vida, amigo mío, de seguro su conexión tiene altos y bajos, y mientras puedas seguir sintiéndola, debieses agradecer que aún exista esa unión tan especial entre ustedes. No te preocupes, ella debe estar bien, después de todo estamos hablando de la señorita Kagome.

Asiente con un gesto, puedo ver en sus ojos algo de alivio, ya no el temor mortificante que se había apoderado de ellos antes. Le palmoteo la espalda y seguimos caminando, ya podemos divisar el límite del bosque a lo lejos.

— Oye Miroku… gracias.

— No agradezcas, tontín — le doy un suave golpe con mi shakujō en la cabeza —. Para eso están los amigos. Además, la señorita Kagome jamás me perdonaría si te dejara perder las esperanzas.

— Seguro, pero el golpe estaba de más, monje abusador.

Sonríe, mucho más animado, mucho más InuYasha, y luego me da un suave golpe en el hombro derecho, su expresión ahora denota malicia.

— ¡Oye, mi herida! ¡Ten más cuidado, salvaje!

— Keh, deja de quejarte, niñita, es apenas un rasguño…

— Esperemos que Sango piense lo mismo…

— Con lo exagerada que es, de seguro no te deja cargar a esas mocosas suyas por un buen tiempo.

Se ríe, ya más relajado y luego me quita una de las cestas que llevo, con una actitud socarrona e infantil que siempre me resulta graciosa, pero que en estos momentos usa para fastidiarme.

— ¡Oye, dame eso! ¡Soy perfectamente capaz de cargar a mis hijas y estas cest-! ¡Ay!

Bajo el brazo que acabo de levantar para tratar de coger la cesta, al sentir un dolor punzante en el hombro que se extiende hasta mi mano. Lo miro molesto, el simplemente suelta una sonora carcajada, tan soberbio como siempre.

— ¿Ves? Te lo dije, eres una niñita. Hasta Sango lloriquea menos que tú.

— Si te escucha decir eso, ya veremos quién lloriquea después. Sabes que jamás se ha quejado por sus heridas…

— No, se queja más por las tuyas. Incluso, por las mías.

Guardamos silencio con una sonrisa, intuyo que InuYasha piensa que no sólo mi mujer se queja por sus heridas. Lo abrazo por los hombros, palmoteándole con cariño la espalda y sin necesidad de decirle nada, él comprende lo que significa mi gesto, ya que ambos pudimos llegar hasta este momento por ellas, y no quiero ni pensar en lo que sería de nosotros si no las hubiéramos encontrado en nuestras vidas. Probablemente, hoy no estaríamos aquí, no tendríamos lo que tenemos ahora…

— Un hogar al que volver.

Me observa con una sonrisa como si hubiese leído mis pensamientos, sin palabras de por medio, no son necesarias.


Palabras sin incluir disclaimer ni notas: 944


¡Chan-chan! ¡No contaban con mi astucia! ¿No? Pues sí, he dicho: tengo un ataque de inspiración y me ha resultado bastante productivo, especialmente hoy. ¿Qué tal, les gusta? Yo amo como interactúan estos dos, porque son capaces de compartir cosas que difícilmente compartirían con nadie más. Y si se trata de sus chicas, pues nadie los podría comprender mejor.

Gracias por sus sexyr reviews, mis adoradas Nuez y Mor. Al rato de los respondo. Gracias también a todos los que leen, ¿no se animan con un review?

Nos leemos por ahí~

Yumi~