10 DE FEBRERO DE 1997- Los Ángeles- 20:54h- Punto de vista de Kyle
Estoy de los nervios, aunque intento aparentar que estoy tranquilo. Todavía no ha despertado. Kylie aún no ha despertado. Lleva 2 días sin dar señales de vida, pero respira, cada vez más normalizadamente.
Rachel también está atacada, y al igual Kya. La visión de ver a su mejor amiga en tal estado por culpa de sus peores enemigos no es lo que se diga precisamente agradable. Kya, por su parte, no está tan risueña como de costumbre, está apagada, sin ganas de hacer nada y sin salir del cuarto de Kylie, donde está tumbada.
-Kya, deberías descansar un rato. Llevas todo el día aquí.-le aconsejo.
-No quiero separarme de ella, no hasta que no despierte sana y salva. Me da igual que me tenga que quedar toda la noche despierta.-me responde Kya, toda seria.
De verdad que me recuerda muchísimo a Bradley.
-Te entiendo. El hecho de verla así… Tampoco es agradable para mí, ¿Sabes? Y menos sabiendo que estábamos peleados antes de que se quedase así…
-Mi padre siempre me decía que nunca hay que perder la esperanza, y que contra más pensemos las cosas menos pasarán. Supongo que tenía razón, pero no puedo evitar pensar en mi amiga…-me susurra Kya.
-Sí, tenía razón. Bradley casi siempre tenía razón. Y ahora mismo me siento exactamente igual que tú.
Oigo que llaman suavemente a la puerta de la habitación de Kylie. Me giro, y es Rachel, cosa que me esperaba.
-¿Hay…? ¿Hay algún cambio?-me pregunta, en tono bajito.
-No. De momento no.
Se acerca a nosotros, y se agacha a la altura de la cama, con cara triste.
-Le tomaré la temperatura. La última vez tenía 37,8º C de fiebre, espero que ya esté mejor.
Rachel le coloca el termómetro en la boca a Kylie mientras lo sujeta, ya que estando inconsciente no es capaz de mantenerlo firme. Al cabo de unos instantes, pita.
-36,4ºC. Está bastante bien, su temperatura se normaliza.-Al decir esto, Rachel sonríe ligeramente.
De repente, tengo el impulso de coger el dibujo que me hizo Kylie de mi bolsillo y lo hago.
-Y pensar que ha tenido que pasar esto para darme cuenta de lo que significaba el dibujo para Kylie…
-Kyle, no ha sido culpa tuya.-me consuela Rachel.
-¡Sí, sí que ha sido mi culpa! Si no la hubiese tratado así, no se habría enfadado tanto, ni se lo habría tomado tan a pecho. Sé que está viva, pero es por mi culpa que está así.
-Estoy segura de que Kylie está convencida de que ella es la culpable de lo que pasó. Al menos, eso fue lo que me dijo en la cámara frigorífica.
-¿Qué te dijo, Kya?
Escucho lo que Kya tiene que decirme. Cada palabra que oigo hace que me sienta peor.
-Ojalá pudiese decirle que lo siento, y que no quería decir eso. Me quejo de que se cree muy mayor, pero soy yo el que se porta como un crío con ella. En vez de discutir con ella, debería apoyarla más.
Le cojo la mano. Noto mucha diferencia de temperatura en relación a cuando le cogí la mano al acomodarla en mi coche. Ahora ya está más estable.
-Kylie, me gustaría que ahora mismo me escuchases a pesar de estar inconsciente. Que escuchases decir que estoy arrepentido. Sabes que disculparme me resulta difícil porque soy muy terco y orgulloso, pero ya lo he dicho. Lo siento, pelirrojilla, no me he portado bien.
En este preciso momento, me acuerdo del día en que Kylie nació. Le sujeté la mano con el dedo, como ahora, y ella se aferraba a él, y por mucho que me moviera, ella me seguía sin soltarme. No puedo evitar recordar esa escena.
Pero mi sorpresa es mayor al ver que pasa exactamente como aquel día. Noto presión en mi dedo. Al darme cuenta, miro la mano de Kylie. Se mueve, está cogiendo mi dedo. Es un movimiento suave, apenas se nota, pero no me cabe la menor duda.
-¡Se ha movido! ¡La mano…! ¡Se ha movido!
-¡¿Se ha movido?!-exclaman Rachel y Kya al mismo tiempo.
Todos miramos a Kylie. Me fallan las palabras para expresar lo que siento ahora mismo, pero lo que veo es que Kylie poco a poco ha empezado a mover los brazos. Entonces, puedo ver también al mirarla a la cara que mueve los párpados. A continuación, abre lentamente los ojos. Puedo ver sus ojos heterocrómicos con el mismo brillo de siempre. Ella me mira a mí.
No puedo creerlo. Se ha despertado. Por fin.
Punto de vista de Kylie
Despacio voy abriendo los ojos. Me cuesta horrores, pues parece que estén pegados con cola. Me noto extraña, con la piel tirante, pero con un calor de lo más agradable.
Hago el sumo esfuerzo de abrir los ojos. Al hacerlo, con lo primero que me topo es con otros ojos: son castaños y brillantes. Papá…
Al abrirlos más, puedo confirmar que, en efecto, mi padre me está mirando, sorprendido. No sé muy bien de qué va esto, porque lo último que recuerdo es quedarme colocada en la cámara frigorífica de Nile. ¿Cuánto tiempo habré estado en trance?
-Ky…Kylie…-me susurra mi padre.
-Pa… ¿Papá?-musito confusa.- ¿Do…? ¿Dónde…?
No puedo continuar, porque mi padre se ha lanzado a mí para abrazarme. Con pesada tirantez en los brazos, los extiendo alrededor de su cuello. Creía que nunca más tendría ocasión de hacerlo.
-¡Kylie, cariño!-oigo que me grita mi madre.
-¡Por fin despiertas!-me dice Kya.
Al cabo de un largo rato, mi padre se despega de mí y me cruzo con los ojos verdes de mi madre. Están húmedos de lágrimas de felicidad. Ella también me abraza. Luego le toca el turno a Kya, también con ojos llorosos, aunque azules. La abrazo al igual que a los demás.
-¡Estás bien, Kylie!-me dice mi madre.
-¿Qué…? ¿Qué ha pasado con el templo? ¿Dónde estoy?-pregunto, confusa.
-Tu padre nos sacó de la cámara, Kylie. Estuvo investigando sobre la clave de la puerta y consiguió abrir la puerta. Ahora estás en casa.-me informa Kya.
Mi mejor amiga también me ofrece un relato simplificado de lo que apsó después de que me sacaran de la cámara de Nile. Aunque mi mente no está lo suficientemente lúcida como para retener detalles, le agradezco la información.
-¡Nos tenías tan preocupada, tesoro! ¡Vaya semanita que nos ha tocado vivir!-lamenta mi madre, con una tierna sonrisa.
-Pero ya pasó, mamá. Me pondré bien.
Entonces, puedo notar que tengo una chaqueta de mi padre puesta. Es la de su empresa, Red Crown. Me va enorme, pero es lo que me mantenía tan calentita. Me ha ido de perlas. Gracias, papá.
-Creo… Que necesito un baño caliente. Estoy hecha polvo.
-¡Sí, claro! Enseguida te lo prepararé, mi vida. Y te prepararé algo de comer también, ¿Vale? Pobrecita mi niña.-me ofrece amablemente mi madre.
-Espera, Kylie, te ayudaré.-me dice Kya.
Mi amiga me ayuda a levantarme, así como a llegar al baño. También me interrumpe un momento para traerme un pijama limpio.
Durante el relajante baño, no puedo evitar pensar en mi padre. No me ha dicho nada desde que me he despertado, pero no ha sido con mala intención, ha sido porque se ha quedado sorprendido de que una mocosa como yo tenga tanto aguante. Creo que ya se le ha pasado el enfado.
