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Liberando estrés
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Lincoln terminó de escribir el mensaje sobre la puerta de Lisa. Había utilizado marcadores de colores y una letra bastante grande para que resaltara y fuera fácil de ver. Pegó la nota con la contraseña sobre el panel numérico y se alejó de la puerta. Podría sacarla ahora si quisiera, pero realmente no le importaba. Aquella Lisa no era la niña que conoció, por lo que bien podía quedarse ahí. Quizás de esta forma aprendiera algo más de humildad, y si no, al menos podía decir que había pagado por lo que le dijo a Lana.
Lincoln dio una mirada a la puerta del ático y suspiró mientras bajaba las escaleras. Tenía que irse. Ya había pasado más horas de las necesarias ahí dentro, y sus hermanas regresarían en cualquier minuto. De todas formas no le quedaba nada más por hacer. Todo lo que haría sería perder el tiempo mientras revive memorias que ahora son dolorosas para él.
Tocó el bolsillo donde guardó aquella foto familiar. Siempre creyó que la atesoraría con toda su alma, y quizás lo haga algún día, pero ahora le parecía muy pesada mientras caminaba. ¿La foto sería la misma si él no estuviera en ella? ¿Cómo sería el mundo si él nunca hubiera nacido? Posiblemente lo mismo, pero él no existiría. ¿Cómo podía notarse algo que no existía en primer lugar? No creyó que fuera el mejor momento para tratar de calcular su valor existencial o el propósito de su vida, todavía tenía mucho que hacer antes de entregarse a la policía.
Eso si no había ya una patrulla esperando afuera con un grupo de oficiales apuntándole a la cabeza, o quizás a la entrepierna. Había escuchado del trato de le dan a los abusadores infantiles, ¿Eso era válido si el abusador era legalmente un niño? Tampoco sintió que se merecía menos. Se preguntó como se estaría sintiendo Cristina sobre todo aquella. Ya habían pasado dos días desde aquel episodio y todavía no había contestado ninguno de sus mensajes, ni los de Clyde, y mucho menos los de Ronnie Anne.
Quedaba el asunto sobre sus sentimientos por la latina, pero sintiera lo que sintiera, ella había sido un gran apoyo y merecía saber la verdad.
Caminó hacia la puerta. Cerró los ojos mientras sujetaba la perilla y dio una última mirada a lo que había sido su casa. Podía verse a si mismo caminando por esos escalones, o participando en peleas de comida con los pequeños, ¿Lo que acababa de escuchar fue una pelota de futbol rompiendo un vidrio? Esa fue la primera vez que evitó uno de los goles de Lynn. Tantos buenos recuerdos en aquellas paredes, y ahora cada uno es como una puñalada a traición. ¿No fue eso lo que le hicieron a él? Lo traicionaron, y ahora va a sacrificarse por ellos.
-El mundo realmente no es justo. –Murmuró mientras salía por la puerta.
Ahora, había una infinidad de situaciones en las que Lincoln Loud pudiera verse inmiscuido en este momento, desde las más sensatas hasta las más locas. Quizás se encontrara cara a cara con algunas de sus hermanas, tal vez con Lynn, lo que resultaría en una buena dosis de golpes y gritos, tal vez de llantos y disculpas, incluso besos y caricias demasiado inapropiadas para hermanos. Lo mismo podía pasar con cualquiera de sus hermanas.
Tal vez realmente se cruzara con la policía y terminara siendo detenido por allanamiento de morada, robo y destrucción de propiedad privada. Eso no haría ver sus cargos de intento de violación como algo pequeño.
Podría decidir que fue cruel con Lisa e ingresar el código que la sacara de ahí.
También podría no encontrar nada. Sería simplemente salir de su casa como lo hizo todos los días en el pasado y regresar al Love donde decidiría su siguiente movimiento. Quien sabe, quizás ese portal interdimensional que estuvo deseando antes se abriera y se encontrara con una versión de si mismo que está saltando entre mundos y dimensiones tratando de encontrar un camino a casa para evitar que todos los universos existentes colapsen y todo se vuelva nada.
De todas esas infinitas posibilidades que rodean a Lincoln Loud en una acción tan simple como abrir una puerta, se topó con la que realmente no esperaba.
Lincoln se vio cara a cara con un rostro arrugado, sin cabello y un bigote blanco bajo la nariz. El hombre mayor con algo de sobrepeso se quedó mirando la puerta de la entrada de una familia de la que vivía quejándose todas las mañanas desde hace más de diez años. Al principio sus ojos vieron a Lincoln con desconcierto, casi un poco de preocupación, pero Lincoln notó como estos comenzaban a brillar con el reconocimiento, y nuevamente deseó que ese portal apareciera y se lo tragara.
-¿Lincoln?
-Hey, Sr. Grouse. –Lincoln dejó escapar una sonrisa llena de resignación. Hoy no era su día. –A pasado tiempo desde que nos vimos. ¿Las cosas siguen ruidosas por aquí? ¿Entiende? Ruidosas. Ah ha ha. –El humor a lo Luan no aligeró la carga, en realidad, la hizo peor.
-¿Un poco de té? Oh, ¿Prefieres leche?
-Leche está bien. –Lincoln descansó su cabeza sobre su mano mientras apoyaba el hombro sobre la mesa. En estos momentos la buena educación significaba nada para él, ¿Cómo pudo olvidar a su vecino? El hombre estaba jubilado y siempre parecía atento a todo lo que pasara en su casa. A veces lo había visto con una cámara de video, listo para filmar cada evento que él y su familia provocaban. –¿No tiene un poco de vodka? Me vendría bien algo fuerte en estos momentos. No he tenido unos meses sencillos, y las cosas se han estado complicado mucho estos días. Y no lo digo sólo porque mis padres están a menos de tres semanas de ser condenados a una mínima de tres años de prisión por abuso infantil. Usted me entiende.
-Lo hago… –Aquellas palabras ofendieron a Lincoln. Por supuesto que lo sabía, ¿Por qué no saberlo? Ocurrió justo frente a su casa, y salió en las noticias, puede que la policía lo hubiera interrogado sobre el asunto muchas veces. ¿Alguna vez podría hablar con alguien de algo que no tuviera que ver con los idiotas supersticiosos de su familia? Hasta ahora la lista era corta: Ronnie Anne, Cristina y Clyde. Todos los demás estaban obsesionados con recordarle que era un niño abusado. –Yo vi todo lo que pasó… Creí que era otra de sus excentricidades hasta que…
-¿La policía se metió? Sí, generalmente hace falta que la ley se entrometa antes de que nadie pueda ver realmente lo que pasa. –A Lincoln comenzaba a darle gracia pensar en eso. –¿Sabía que gran parte de los abusos a menores pueden seguir durante meses antes de que alguien se dé cuenta de que algo pasa? Generalmente son los maestros quienes comienzan a notar que el niño siempre lleva la ropa del día anterior, o que es más retraído de lo normal. Lo gracioso del asunto, es que yo estuve una semana en un traje de ardilla sin que los maestros vieran nada malo en eso, ¿Puede creerlo? –Lincoln aún no podía. Pero el humano es egoísta por naturaleza, y tiende a evitar los problemas de otros. –Al final, hizo falta de una llamada anónima que a cualquiera le parecería un chiste para que alguien notara nada. Ahora parece que el mundo no puede dejar ir éste caso… –Suspiró con molestia mientras recostaba su cabeza entre sus brazos. –¿El mundo siempre fue tan retorcidamente injusto? A veces me pregunto porque no me di cuenta antes de que mi familia estuviera mayormente conformada por…
-¿Fanáticos?
-Iba a decir idiotas, pero eso suena mejor. –Lincoln extendió la mano y recibió el vaso de leche. –¿Podemos hablar de algo que no sea mi fanática familia? Bien, yo no los llamaría a todos así, otros no sabían lo que hacia. Hace poco hablé con mí hermana Lana, ella no sabía que estaba mal, y no le interesaba nada de eso de la suerte desde un inicio. –Se sintió triste al recordar aquella promesa aún por cumplir. –Ella quiere que todo vuelva a ser como antes, pero el antes era una mierda… Sólo que no lo sabía. ¿No se supone que soy el único hijo varón? Solían entrar a mi habitación con vendas y besitos cada vez que me cortaba con papel, ¿Cómo la suerte puede cambiar todo eso de un día para otro? Últimamente me pregunto si no habrá algún papel oculto muy dentro del armario que me diga que soy adoptado. ¿Se ha sentido así? Parte de mí lo desea, porque en parte explicaría un poco ese trato tan voluble que tienen conmigo cada semana. –Tomó un gran trago de leche y se relamió los labios antes de continuar. –Pero no creo que me haría sentir mejor enterarme de algo así, especialmente porque no me gustaría dejar de ser hermano de Lana. ¿Puedo hacerle una pregunta, Sr. Grouse?
-Por supuesto. –Se sentó en una silla frente a él. –Escucharé lo que tengas que decir, Lincoln. Aunque no lo creas, me siento feliz de volver a verte. Las cosas no han sido… tan fáciles como creí que serían cuando la mayoría de ustedes se largara. Especialmente si tomamos en cuenta el modo en que todo ocurrió. –Suspiró y Lincoln le pareció más viejo de lo que había visto nunca. –Tienes razón, yo lo vi todo: desde que te sacaron de casa, hasta que te obligaron a usar ese traje de ardilla… Y no hice nada. Me siento responsable por eso… Quizás si hubiera ido directamente a tú casa a preguntar que era esa tontería que escuchaba sobre la buena suerte, o porque tu traje tenía un candado. Quizás podría haber evitado todo esto.
-Tal vez. ¿Pero la siguiente vez? –Lincoln extendió los brazos. Ahora que podía hablar con alguien, sentía que tenía que dejarlo salir todo. –Si mis padres demostraron estar dispuestos a tirarme a la basura a la primera oportunidad y mis hermanas a olvidar todo lo que he hecho por ellas por algo tan absurdo e ilógico como la suerte, ¿Qué sigue? –Quizás si Lincoln no hubiera mentido, las palabras de Lynn hubieran sido sólo palabras y tarde o temprano se hubiera calmado. ¿Pero y luego qué? ¿Qué hubiera sido de él? ¿Qué le deparaba el mañana con una familia dispuesta a hacer algo como eso? –Es como si mi trabajo fuera ayudar a mis hermanas con sus problemas, pero cuando yo tengo un problema que pueda afectar a los demás… Que te diviertas con Charles, Lincoln. Por cierto, sólo por precaución venderemos tus cosas y clausuraremos tu cuarto. Sabemos que lo entenderás, te amamos hijo. –Lo más doloroso de esas palabras era el final.
El Sr. Grouse se quedó callado por un momento. Parecía estar meditando un poco sus palabras. Lincoln sintió que no debió hablar tanto, pero no pudo evitar hacerlo. Sólo quería dejar que todo lo que hubiera dentro de su pecho saliera, al menos hasta que el Sr. Grouse encontrara el momento para llamar a la policía y decirle donde estaba.
-…Supongo que es verdad. –Finalmente suspiró. –Lincoln, no te mentiré: tú familia me parecía un montón de locos. –Lo sabía, lo decía cada vez que algo le molestaba de ellos, lo que era todos los días en general. –…Pero también los veía como una muestra de lo que es el amor familiar. Cuando me enteré de esto… Yo lo sospechaba, pero me negué a creerlo. No podía creer que personas a las que conocí durante años pudieran hacer algo así… En cierta forma sentí como si todo este tiempo me hubieran mentido… Es por eso que le dije todo lo que vi a la policía la primera vez que estuvieron aquí. Quizás volví a exagerar en ese momento, pero me sentí tan furioso con ellos.
-¿Puedo hacerle esa pregunta, Sr. Grouse?
-¿La pregunta?
-La que le mencioné que quería hacerle. –Lincoln terminó de beber su leche. –Es una pregunta un poco personal, pero me vendría bien la opinión de alguien que no fuera yo mismo.
-¿Y cual sería esa pregunta, Lincoln? –Grouse le habló con seriedad.
-¿Debería sacrificarme por ellos? –Lincoln quería una confirmación de lo que planeaba hacer. –Antes de que conteste, tome esto en cuenta: Mí sacrificio le devolvería la felicidad a una niña, quizás la única niña de toda aquella familia que realmente pudo verme como algo más que un simple salvoconducto para escapar de sus problemas. ¿Debería sacrificarme por la felicidad de alguien que quizás termine odiándome? –Miró el celular en su bolsillo. –Comienzo a creer que con una simple llamada a… una niña que fue muy amable conmigo desde que todo inició, podría evitar tener que hacerlo. Podría hablar con ella, incluso podría terminar llorando… y entonces no tendría que preocuparme por nada. –Se tiró sobre la silla. –Todo lo que tendría que hacer es esperar a que todo esto termine mientras disfruto lo que podrían ser mis últimas semanas antes de ser enviado a un orfanato. ¿Sería egoísta romper una promesa para tener felicidad donde antes hubo lágrimas? No quiero verla herida. Ella… Ella me ama. Quizás no sea la única… Quizás alguna de las menores tampoco se diera cuenta de que me hacia daño. –No pudo evitar reírse de eso. –O, a quien engaño. Por supuesto que sabían que estaba mal, pero preferían concentrarse en su propia "suerte", que en la felicidad de un accesorio. –Pasó el dedo por el vaso de leche vacío. –Lo siento, estoy hablando de más. Pero tengo que sacar esto, o no sabré que hacer.
-Está bien, Lincoln. Lo entiendo. –Grouse asintió con la cabeza mientras le servía más leche. –Un niño de tú edad no debería pasar por todo esto. Siempre me pareciste un buen chico, y no merecías lo que tú familia hizo contigo… Especialmente tus hermanas. Todavía puedo verlos jugando y abrazándose en el patio. –Suspiró mientras él mismo se servía un poco de leche. –Mira, Lincoln. No sé de que tipo de solución hablas, pero creo que deberías olvidarla. Tus padres merecen pagar por lo que hicieron, ¿Qué garantiza que no harán lo mismo con cualquiera de tus hermanas? No creo que personas así sean aptas para ser padres. Antes lo creí… pero esto. El mundo está lleno de sorpresas desagradables.
-El mundo está lleno de personas desagradables, algunas más cerca que otras. –Lincoln nunca creyó que podría hablar así de su familia, pero su forma de verlos ya había estado cambiando desde que se separaron, y aquella llamada con Lana… ¿Eso era verdadero amor? Amor familiar, aquello que siempre creyó tener. El amor de una niña a la que no le importa si tienes mala suerte y no te fuerza a hacer cosas que te hacen miserable. No era como el amor condicional que pudo tener con sus hermanas. Ellas siempre querían algo. –Quizás es culpa mía, yo siempre permití que esto pasara… Sentí que las grandes familias tenían que ser así.
-¡No es culpa tuya! –Grouse golpeó la mesa, lo que causó que su vaso cayera y se derramara leche por toda la mesa. –No te atrevas a pensar que es culpa tuya, Lincoln. Te he conocido toda tú vida, y puedo decirte que cualquier padre estaría orgulloso de llamarte hijo. Siempre estuviste dispuesto a sacrificarte por tú familia, incluso cuando usabas ese traje te mantenías callado por su bien. No quiero que pienses que es tú culpa. Eres un bue niño.
¿Pensaría lo mismo si supiera lo que le hizo a Cristina? También estaba el asunto de Lisa, su familia aún no había regresado por lo que aun debe de estarse congelando en su laboratorio. Lastima, pero ya no era su asunto.
-No sabía que me tenía tanta estima. ¿Es la lastima hacia un niño abusado? Si es eso, por favor olvídela. No cambié mi imagen sólo para pasar desapercibido. –Lincoln odiaba que lo vieran con lástima.
-Lo único que me da lastima es ver lo mucho que has crecido. –Comenzó a limpiar la mesa. Lincoln ladeó su cabeza sin entender muy bien esas palabras. Ya estaba listo para odiar al Sr. Grouse cuando mencionó la lastima, pero ¿A que se refería con crecido? –Los niños como tú no tendrían que crecer tanto. Tendrían que reír, jugar, e ir a la escuela, comer comida chatarra y ser castigados cada vez que rompen un jarrón o se portan mal. No tendrían que quitarles su infancia, u obligarlos a pasar por todo esto. Muchos quedan totalmente traumatizados… En tú caso, puedo ver que te ha vuelto más maduro, lo que me llena de tristeza. Es como si toda tú infancia hubiera sido arrebatada.
-No me siento diferente. –Lincoln se sentía como él mismo. Aunque viendo al pasado, su idea sobre lo que es una familia a cambiado… También su forma de ver su trato anterior, al igual que su estima por ciertas hermanas. –Ahora que lo pienso… Creo que si han cambiado algunas cosas aquí arriba. –Se tocó la cabeza. –Y muchas más aquí. –Se tocó el corazón. –Siempre creí que tenía una conexión especial con alguna de mis hermanas… especialmente con Lynn; ella y yo siempre fuimos muy unidos, pero un asunto en la comisaría… Supongo que usted ya vio el video, ¿Verdad? Apostaría lo que fuera a que pasó por las noticias.
-…Lo hizo. Fue brutal. –¿Nega se había asegurado de que todos lo vieran? Lincoln tendría que comenzar a investigar estilos de peinado, tintes permanentes y algo para las pecas.
-Eso es un ejemplo. –Él vio mucho de sus hermanas hace poco. Y su forma de verlas se había doblado bastante. –Pero ya decidí que es lo que voy a hacer… Por lo que todo esto no es más que mi forma de desquitarme, ya sabe, liberar un poco lo que tengo dentro. Justo ahora no me siento como yo mismo, y me gustaría librarme de esa sensación.
-Ten. –Le tendió una servilleta. –Te sangra un poco la nariz, deberías relajarte, Lincoln. No tenemos que hablar de esto si no quieres.
-Gracias… –Comenzó a limpiarse. Apostaría lo que fuera que dejó unos buenos rastros de sangre dentro de la casa. –Cuando llame a la policía, ¿Podría pedir que lo contactaran con un oficial llamado Simón Gallieri? Él se preocupa, no de la misma forma que los demás, a él realmente le interesa. Es difícil de explicar, pero me gustaría volver a verlo.
-¿Llamar a la policía? No haré eso si no quieres, Lincoln. –No quería, pero tenía que hacer esto antes de que se arrepintiera y rompiera el corazón de una niña. –Si quieres descansar un poco aquí… Hace poco vino un oficial a decirme que me mantuviera atento por si aparecías. ¿Te escapaste? No me sorprende con todo lo que has pasado, pero creo que mereces un lugar donde olvidarte de todo esto. ¿Tienes un lugar así, Lincoln?
-…Lo tengo. –Una pequeña habitación que está enfrente de un asqueroso club que toca buena música. –Me dirigía allí cuando me crucé con usted.
-¿Quieres que te lleve? Podrías cruzarte con alguien de tu familia si vas a pie.
-¿No me preguntará donde es? ¿O que hacia dentro de la casa que me traumatizó?
-No es necesario hablar de eso si no quieres. –Y Lincoln se lo agradeció, no quería tener que mentirle a alguien que había sido tan amable hasta ahora.
Se rio un poco. –Se lo agradezco. Realmente me gustaría liberarme de todo esto aunque sea por un segundo. ¿Conoce un café llamado "La Fresa"? –Lincoln no sabía que pasaba con todos esos nombres raros en esa parte de la ciudad. –Me vendría bien un aventón.
NA: Lincoln se dirige nuevamente al hotel para relajarse después de todo lo que ha pasado en un día. No hay nada como aquel lugar especial donde puedes despegarte del mundo y concentrarte en tus propios pensamientos. Y Lincoln tiene muchos.
Adiós Lisa, espero que te rescaten.
¿Cuál será su siguiente movimiento ahora? ¿Qué pasará? ¿El Sr. Grouse le dirá todo a la policía? Al menos pudo desquitarse un poco hablando con él. ¿Podrá volver a ver a Cristina a la cara? ¿Le dirá todo a Ronnie Anne? ¿Se entregará a la policía como mini-violador en potencia? ¿Qué había en ese baúl que no parece poder recordar? ¿Lo mismo que le pasó con Cristina le pasaría con Lana al querer sentir ese amor más de cerca? Todo esto y más en los próximos capítulos de Llamadas, aún falta mucho para el final.
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