El primer día de clases del nuevo curso se presenta cálido y bochornoso. El reencuentro con los amigos y compañeros se produce rebosante de la puesta en común de experiencias veraniegas compartidas y anécdotas vacacionales ocurridas en família.
Muchos de ellos se han visto durante los dos meses de descanso estudiantil, y los acontecimientos vividos durante las fiestas estivales de la ciudad aún sufren las consecuencias que ocasionaron algunos actos sumamente electrificantes y otros dignos de olvidar. Pandora apenas se ha acercado a Kanon, y la fiel custodia y protección que le brinda su novio Rhadamanthys pretende dejar claro al menor de los gemelos que él, ahí, no tiene ninguna opción.
Saga y Kanon siguen en la misma clase. Aspros se ocupó que así fuera después de amenazar muy seriamente a la directora con un cambio de instituto si llegaba a separarles con la burda excusa de propiciar una "notable mejora en su rendimiento".
Afrodita también sigue en el mismo grupo, y la pícara sonrisa que ha dedicado a Saga en el mismo instante de posar su vista sobre el gemelo mayor, a Kanon le ha resultado simplemente repugnante. Durante los cursos pasados, "la nena" de la clase no le había generado ningún tipo de sentimiento más a parte de las ganas de burlarse, siempre apoyado por la inestimable complicidad de otros alumnos, de su aspecto físico descaradamente afeminado. Pero este curso algo sucede con el despreocupado chico. A Kanon le molesta su presencia, y más aún las miradas que comparte con Saga, quién se las corresponde con un rubor que arrastra con él las reminiscencias de una escena protagonizada en la playa y disfrutada por ambos.
Los asientos en clase se han asignado siguiendo un orden alfabético que ya se alterará durante el curso, hecho que de momento dispone a Saga en el asiento posterior al que le ha tocado a Kanon. Afrodita queda lejos de ellos, pero alguna intención juguetona le ha llevado a acercarse al pupitre de Saga y dejarle un pequeño papel doblado entre el estuche y la libreta que su hermano ha abierto en la primera página en blanco. Kanon lo ha espiado todo de reojo, volteándose fingiendo buscar algo en la nueva mochila colgada del respaldo de su silla. A Saga le ha faltado tiempo para agarrar la enigmática nota, leerla, encenderse sin remedio y guardarla con extrema rapidez y torpeza dentro del bolsillo trasero de sus jeans recién estrenados. Afrodita ha seguido el camino hacia su lugar en la clase, sin dejar de observar al sonrojado y atribulado Saga, guiñándole el ojo cuando éste ha conseguido meter la nota a buen recaudo y le ha buscado con la mirada, tan sólo un precipitado instante para corroborar su proposición.
Durante las dos primeras horas de clase, dedicadas básicamente a la presentación y planteamiento de las materias, Afrodita no ha vuelto a buscar a Saga con su azul y bella mirada. Kanon ignora qué ha hecho su hermano, pero cuando el timbre que anuncia la pausa para el recreo suena, Saga se apresura a medio ordenar sus bolígrafos y papeles, y el nerviosismo y celeridad con la que se alza extraña a Kanon.
- Saga...¿vienes conmigo a comprar un par de refrescos a la máquina?
Nunca antes Kanon ha necesitado compañía para irse a comprar el refresco que acompaña el bocadillo de su desayuno, y que justamente hoy le proponga a Saga ésto desconcierta al mayor.
- Ve pasando...yo tengo que ir al wc...- contesta Saga, que se ha visto detenido abruptamente por la presencia de Kanon entorpeciéndole el paso con una dedicación fuera de norma.
- ¿Por qué? - insiste el menor, que ya se ha fijado que Afrodita no está en la clase.
- ¡Me estoy meando, Kanon! - exclama Saga sin mirarle a los ojos al tiempo que apoya una mano sobre el hombro de su gemelo y lo aparta del camino con la ayuda de un firme empujón.
Saga desaparece como alma que lleva el diablo, y Kanon casi se cree la excusa servida para ocultar un realidad mayor.
Casi se la cree.
Si no llega a ser por la nota que Afrodita ha dejado sobre el pupitre de Saga se lo hubiera creído del todo, y sin saber por qué, o sin querer ser consciente de su por qué, Kanon decide emprender el mismo camino hacia los servicios. A fin de cuentas no tiene porqué resultar extraña dicha decisión, pero cuando llega Saga no está. Otros chicos entran, llevan a cabo la satisfacción de sus necesidades más primarias y desaparecen, y él opta por hacer lo mismo. Tras los urinarios apostados en la pared se despiezan cuatro puertas que esconden los wc, y cuando Kanon ha terminado con lo suyo y se lava las manos, aún pensando en el paradero de Saga y enfurismándose él solo al saberse engañado en algo tan banal, unas risillas se perciben ahogadas tras la única puerta que se presenta cerrada. Kanon corta el fluir del agua del grifo y agudiza el oído, pero ningún ruido más sale de allí. Quizás es alguien que mientras hace aguas mayores pispea el móvil...Sí, debe ser éso. Kanon desea creer éso, pero algo le empuja a convertirse en espia. Simplemente la actitud y la mentira de Saga no le cuadran. Su ceño se frunce y su cerebro enlaza ideas con una velocidad que le asusta, y que ahora empieza a percibir más que plausibles. Aguantándose la respiración y avanzando con la delicadeza propia de los felinos se acerca a la puerta cerrada. Ahí evidentemente hay alguien...otra ahogada sonrisa traspasa el muro de conglomerado repleto de graffities permanentes año tras año, y el chasquido típico de besos compartidos con urgencia acaba de atizarle la velocidad del corazón y arrancar a hervir un inconmensurable ardor en su estómago.
No se lo piensa más. Se cerciora que nadie entra, ajustando todo lo que puede la puerta de acceso y regresa de puntillas sobre sus pasos. El siguiente impulso le convida a agacharse hasta poder ver a través del espacio inferior del cerramiento, y entonces su ardor estomacal alcanza niveles indeseables: las deportivas Nike de Saga no están solas.
El entrecortado gemido que se escapa por las costuras de las bisagras así lo corrobora.
Las clases no demoran en reanudarse pasada la media hora de recreo, y cuando Saga llega a su asiento Kanon ya mantiene la mirada enterrada entre las páginas de una libreta que ya empieza a lucir repleta de garabatos rubricados con rabia.
No se hablan. En lo que resta del día Kanon se ocupa que así sea, pese a los intentos de su gemelo de fingir una naturalidad absurda, y que al menor le molesta y le sobra. El camino de regreso a casa a lomos del ruidoso y apestoso bus urbano no se presenta muy distinto. Saga intuye que algo vuelve a transcurrir con baches en los inescrutables caminos del hermético interior de Kanon, y por mucho que trate de obtener alguna palabra que permita entablar una conversación, aunque sea para valorar el inicio de un curso que ninguno de los dos se esperaba estrenar, Kanon únicamente le ofrece monosílabos en clave de gruñido.
- ¡Pero bueno! ¡¿Se puede saber que narices te pasa hoy?! - Saga no se puede contener más. Lleva rato luchando para que Kanon interactúe con él, y el hecho de lanzar la mochila sobre el sofá y correr hacia su cuarto le ha colmado la paciencia.- ¡Kanon! ¡Te estoy hablando! ¡Llevo todo el día intentándolo! - grita desde el salón, aún con la mochila colgada de su hombro y la sospecha de haber sido descubierto durante el recreo siseando en su cerebro.
No hay sonido alguno que emerja de los dominios más privados de Kanon. El silencio que reina en el salón a Saga comienza a resultarle insoportable, y la ausencia de sus hermanos mayores, cada uno en su trabajo, ahora se le presenta extraña. Saga resopla con impaciencia y frustración. Con la sensación de cada día saber menos cómo tratar a Kanon para que consiga deshacerse de una contracción permanente de cejas y alma que amenaza con convertirse en eterna, y sólo se le ocurre ir tras él, pese lo que le pese.
La mochila cae al suelo, los peldaños son subidos de dos en dos y la puerta de la habitación de Kanon es abierta de golpe.
- Te estoy hablando, Kanon...- repite Saga masticando una creciente impotencia que ya no sabe cómo digerir.
- ¡Pues yo no quiero hablar contigo! - exclama el menor, alzándose de la cama donde se había tumbado con visible dejadez.- ¡Largo! ¡Vete!
Un brusco empujón sobre el pecho de Saga le convida de muy malas maneras a abandonar un espacio donde no parece ser bienvenido, pero el mayor resiste el envite que le ofrece Kanon, quién espera una réplica para dar rienda suelta a la rabia sorda que le consume sin todavía querer saber por qué.- ¡Que te vayas, imbécil!
- ¡No! ¡No me pienso ir hasta que no me digas por qué cojones me tratas así desde hoy!
- ¡Yo no tengo nada que decirte! ¡Y si tú quieres hablar, habla con Afrodita! ¡Si es que hablas! ¡¿O sólo le tocas?!
Kanon lo escupe propinando otro fuerte empujón que logra apartar a Saga un par de pasos, pero lo que en realidad duele al mayor es la mirada de furia que le dedica al nombrar al foco de su nueva rebelión. Ahora lo sabe del cierto...Kanon de alguna manera ha descubierto su secreta escapada de la mano de alguien que no hace nada más que aclararle dudas...y en cierta manera, reconfortarle. Y asume otra irrefutable verdad: haberlo descubierto le hiere, y lo hace con intensidad.
Kanon sigue plantado de pie en medio de su cuarto, con los puños cerrados en tensión a ambos lados de su cuerpo y la respiración agitándose ppr momentos.
- Lo que haga con Afrodita no te importa...- se defiende Saga, sintiéndose profundamente dolido por los mudos juicios que emite la fruncida mirada de Kanon.
- Me das asco Saga...- masculla Kanon con una rabia que ni él mismo se soporta.
- No es mi problema...
- Todos en esta casa dais asco...
- ¡Y tú das pena!
- ¡No como tú, que dejas tocarte por esa cosa que nadie sabe lo que es! - le afrenta Kanon cada vez más descontrolado.
- ¡Afrodita es un chico!
- ¡Y qué más! - replica Kanon riéndose consumido por el desdén.
- ¡Ya vale Kanon! - se exaspera Saga, tomándose el turno de avanzar hacia su gemelo y empujarle sin medir la fuerza - ¡Haré lo que me de la gana con él! ¡Y cuando me de la gana! - Saga parece que ha conseguido ganarle la posición y acorralarle entre la cama y su propia presencia, agotada de tanto desprecio gratuito e injustificable. Ambos callan y se acuchillan con sus idénticas miradas, y ahora es Saga el que por primera vez en su vida tiene ganas de herir, y hacerlo de verdad - Me gusta lo que hago con él, mucho más de lo que hice contigo. ¡Afrodita al menos sabe besar!
Ya lo ha dicho. Lo ha soltado a discreción, y ha herido, sí. Usar la mentira más atroz ha sido su elección, porqué si es cierto que Afrodita besa mejor, mucho más excitante fue probarlo con Kanon, pero ahora Saga sabe que éso fue sólo una insana y pasajera ilusión.
Kanon ha enmudecido, pero sigue mirándole con desafío y dureza, y cuando Saga decide rendirse y dejarle corroerse en su propia rabia, la mano de Kanon afianza su muñeca.
Sentir su boca asaltada e invadida toma por sorpresa al mayor, y hallarse tumbado sobre la cama con Kanon apresándole a horcajadas se convierte en algo que ni en sueños se había permitido extender más allá de la inocencia de las cosquillas y la excitación de sus consecuencias. Kanon sigue violando sus labios rabioso e inexperto, y repentinamente el apresamiento de las piernas desaparece para permitir que Kanon se recueste sobre el cuerpo de su gemelo, que rindiéndose a sus impulsos más internos y secretos comienza a responder unos besos bruscos y divinos.
Las entrepiernas de ambos se han endurecido sin remedio. Los dos lo sienten, y se notan. Y se devoran los labios y se restriegan las caderas. Las respiraciones les controlan unos jadeos intermitentes y Kanon se sirve de su posición de dominio para separar las piernas de Saga con la ayuda de su rodilla y apretarse aún más contra la cubierta erección de su gemelo. Sus apresadas excitaciones duelen, pero más duele detener el movimiento de sus caderas, que parecen más que expertas en la instintiva y erótica danza que las une a través de las telas. Kanon se olvida de los hinchados labios de Saga para poder tomar el aire que le falta y apoyarse con ambas manos sobre la almohada que recoge la cabeza de su mitad, intensificando el ritmo y la intensidad de unas fricciones que siguen encendiéndole hasta que su excitación explota. La mancha de humedad que rápidamente aparece en sus jeans subraya la realidad que ya ha avanzado su irregular respiración, pero Saga no piensa permitir quedarse a medio camino. Su endurecido pene palpita bajo la tensa tela que lo esconde, y no duda en deslizar sus manos por el trasero de su agotado gemelo, colar los pulgares dentro de los bolsillos posteriores y agarrarse a la tela para procurarse las definitivas fricciones.
- Duele...- ruge Kanon contra su oído, dejándose caer sobre el agitado pecho de Saga, pero cediendo a los deseos que las manos de Saga demandan a su cuerpo.
- Sigue Kanon...por favor...- ruega Saga alzando sus propias caderas, pegándose a Kanon, friccionándose contra la humedad que entre los dos han desatado.
Kanon gime, y se entrega. Escuchar la voz de su gemelo tomada por el deseo rogándole satisfacción le atribula los sentidos y la razón, y el jadeo que exhala Saga al eyacular, le colma su enfermiza desazón.
Es la segunda vez que se enfrentan al deseo que hasta ahora ninguno de los dos comprendía en su cruda magnitud.
Y es la primera vez que a Kanon, juzgar a sus hermanos mayores, ya no se le presenta como una viable opción.
