Tatsuha observó a Ryuichi. Los acontecimientos de las últimas horas no dejaban de arremolinarse en su mente y sobre todo un evento. Un suceso que había durado sólo unos segundos pero que había obrado un cambio completo en él. Los labios de Ryuichi unidos a los suyos.
Aquel toque tan efímero, tan breve pero tan apasionante. Descargas eléctricas habían recorrido su cuerpo por completo con durante ese momentáneo toque. Sus dedos recorrieron sus labios. Aún podía sentir un hormigueo donde Ryuichi lo había tocado.
Ya se había decidido. Iría a hablar con Winchester y le exigiría que le explicara absolutamente todo lo que sabía acerca de esa supuesta arma gemela. Ya le había ordenado a Noriko que le preparar un auto para partir cuanto antes.
Tres sonidos huecos se escucharon. Alguien estaba tocando la puerta.
—Adelante.
El zumbido de la puerta moviéndose invadió la habitación y por el resquicio se asomó el ama de llaves.
—Amo, su vehículo está listo.
—Bien.
Noriko sólo alcanzaba a ver la espalda de su amo, pero sabía que algo diferente había pasado entre ellos dos. En todos los años que llevaba sirviendo en esa casa, nunca había visto a su amo actuar de esa manera. ¿Sería que al fin se daba cuenta de que guardaba algún tipo de sentimientos hacia Ryuichi? Esperaba que no fuera demasiado tarde.
Salió de la habitación, dispuesta a darle a su amo un momento a solas.
Tatsuha sentía reticencia a irse y dejar a Ryuichi solo, aunque sabía que no lo estaría completamente pues Noriko y el doctor seguirían ahí para cualquier eventualidad, pero aún así...
Observó a Ryuichi una vez más. Se acercó a él lentamente y, siguiendo lo que su pensamiento le dictó, posó sus labios sobre la fría piel. Su corazón se aceleró con aquel simple toque. Sus labios le hormigueaban.
Debía irse pronto o cada vez tendría menos voluntad para irse.
Abandonó la habitación y se dirigió al vestíbulo cuando fue interceptado por Noriko. Se veía contrariada.
—Amo...
—¿Qué sucede Noriko?
—Amo... Hay un hombre que desea hablar con usted —dijo con la respiración acelerada.
—¿Quién es? —preguntó sin detenerse, siendo seguido de cerca por Noriko.
—El amo del último esclavo que estuvo con Takako.
Tatsuha detuvo su andar cuando se encontró en la amplia escalera que terminaba en su vestíbulo y ahí lo vio. Un kaizoku alto y moreno de ojos verdes. Su porte y arrogancia eran visibles a simple vista.
El kaizoku observaba atentamente un retrato de la familia Uesugi que descansaba encima de una repisa sobre una chimenea extinguida. Volteó hacia las escaleras cuando escuchó un par de pasos acercándose a él y ahí vio al dueño de la mansión de algo que ansiaba en esos momentos.
—Buenas tardes Tatsuha.
—Ahora o tengo tiempo para visitas diplomáticas Takeshi, voy de salida —replicó mientras Noriko le ayudaba a colocare un saco encima de su camisa. Conocía a ese kaizoku perfectamente. Uno de los caídos que siempre había tenido el ojo encima de sus esclavos, sobre todo de Ryuichi. Al pensarlo un calor incómodo se alojó en su pecho. ¿Qué era eso? ¿Acaso su visita tendría algo que ver con Ryuichi?
—Oh, pero no voy a quitarte mucho tiempo Tatsuha, sólo he venido a pedirte prestado a ese esclavo tuyo que llevaste a la última exposición a la que fuiste.
Para Tatsuha no pasó desapercibida la mirada lujuriosa y hambrienta de Takeshi pero no le prestó atención. Ahora tenía asuntos mucho más importantes que arreglar.
—Noriko, prepara a Takako —Entonces volteó a ver al kaizoku—. Lo quiero de vuelta en tres días Takeshi, no más. Ahora me voy —terminó, caminando hacia la puerta.
Sin siquiera voltear a ver a su invitado, Tatsuha se introdujo en su vehículo el cual salió rápidamente de los terrenos de la mansión con rumbo a la residencia Uesugi.
—Bien... —La voz sedosa de Takeshi llamó la atención de Noriko—. Estoy esperando lo que vine a buscar.
—En un momento señor.
La chica hizo una leve venia y caminó hacia las escaleras con rumbo a la habitación donde Takako había estado confinado desde que Tatsuha lo había castigado.
—Maldito enano, me las va a pagar —masculló un moreno dándose la vuelta en su cama. No sabía cuántas horas llevaba en aquella posición pero empezaba a cansarse. Él no era una persona exactamente tranquila y cuando no estaba teniendo sexo con su amo se la pasaba el tiempo en la piscina, los campos de recreación, ejercitándose o haciendo cualquier otra cosa, pero ahora no podía salir de su habitación hasta nuevo aviso—. Y todo por culpa de ese maldito esclavo.
Esa era su verdad. Si ese esclavo no hubiera venido a la mansión, todo seguiría como antes, él sería el favorito y tendría sus grandes privilegios de vuelta. Pero... ¿Qué podría hacer sin ser culpado directamente?
Sus pensamientos fueron interrumpidos por unos leves toques en su puerta. Fue obvio para él que su amo no lo visitaría cuando vio una melena violácea asomarse y abrir la puerta completamente.
—Takako, arréglate.
—¿Para qué? ¿El amo ha solicitado mi presencia? —preguntó con la leve esperanza de que su amo se hubiera enojado con el enano y solicitara su presencia para desahogarse. Era lo que necesitaba. Una buena sesión de sexo para quitarse la tensión.
—Me temo que no. Has sido solicitado por un kaizoku y el amo lo ha aprobado. Te irás tres días con el amo del último esclavo con el que estuviste.
La mirada del moreno se entornó. ¿Acababa de escuchar lo que creyó escuchar? ¿Su amo lo... Lo había prestado? ¡¿Pero cómo era eso posible? ¡Él era su mejor esclavo! ¡Su amo no podía hacerle eso!
—Debes de estar bromeando. ¡El amo no pudo haberme prestado!
Noriko entendía la desesperación de Takako. Siendo el esclavo predilecto por cerca de dos años, había sido prácticamente malcriado al punto de creerse mejor que los demás esclavos y sirvientes. Ahora le tocaría probar siendo el esclavo de otro kaizoku que, por lo que había escuchado, no era lo que se podría decir clemente con sus esclavos.
—El amo ha salido sin decir a donde. Tu nuevo amo por los próximos días te espera en el vestíbulo —dijo Noriko antes de salir de la habitación.
—Te prometo que nos divertiremos mucho...
Hacía mucho tiempo que Takako no se sentía tan nervioso como en ese momento. Sólo cuando se había convertido en esclavo se había sentido así. Iban en el vehículo con rumbo a la mansión de ese kaizoku cuyo rostro no recordaba. En las exposiciones había tanta gente, tantos kaizokus, tantos esclavos, y había tenido sexo con tantos que le era imposible ubicar su rostro. Además, la mirada hambrienta y lujuriosa que le dirigía ese hombre no le auguraba nada bueno.
Se sentía vulnerable. Utilizando su ropa de esclavo y con tanta piel al descubierto se sentía prácticamente desnudado por aquella mirada verdosa.
Tres días. Iba a estar tres días a la merced de ese kaizoku. Si era como su amo, eso equivaldría a una posibilidad de tener sexo cada cuatro horas. Suponiendo que no lo forzara a tomar o ser tomado por otros esclavos. Un escalofrío lo recorrió. ¿Cómo podría sobrevivir a un amo diferente?
Sus pensamientos se rompieron cuando una mano presionó sobre su intimidad.
Crawd se sorprendió cuando Hiro le dijo que el joven Tatsuha había ido a buscarlo de nuevo. ¿Para qué lo querría esta vez?
Hiro había pasado al adolescente al estudio, que fue donde Crawd lo había encontrado. Por primera vez en su vida, vio a Tatsuha decaído, triste, en sufrimiento. La postura desgarbada del menor lo hizo pensar lo peor.
—Tatsuha... Qué sorpresa.
—K... Tengo que hablar contigo... —El semblante del moreno era deprimente—. No tengo a quien más recurrir y... No quiero ir con Tohma...
El rubio se acercó al pequeño bar que había en el salón y sirvió dos bebidas. Tomó asiento a un lado del moreno y le pasó uno de los vasos.
—Cuéntame...
Durante las siguientes dos horas, Tatsuha le narró todo lo que había pasado. Desde el momento en que había visto a Ryuichi por primera vez y su obsesión con él. Desde cuando había ordenado las semillas del lazo del diablo, como las había utilizado y lo que había sentido. Ver el resultado de su uso, un Ryuichi gravemente lastimado. El beso y el "Te amo" aunque no supiera qué significaba. Le contó de su desmayo y de cómo se había sentido mal al escuchar el diagnóstico del doctor.
Crawd sólo se dedicó a escuchar. Dejó que Tatsuha se desahogara. Desde que había visto a Tatsuha dudar sobre si había tenido alguna vez sentimientos por alguien, se esperó que algo como esto pasara. Qué ironía que ambos hermanos Uesugi se encontraban en la misma situación. Ambos sufriendo por un sentimiento que no comprendían y que para él no fue difícil de entender.
Dada la situación actual, sólo le quedaba algo por hacer.
—No entiendo qué es lo que me sucede K. Cada vez que veo a Ryuichi sobre aquella cama con todos esos tubos y máquinas... Me duele el pecho... Quiero... Quiero volver a ver sus ojos abiertos... Quiero que vuelva a hablarme, a tocarme... Quiero... Quiero que volvamos a unir nuestro labios... ¡Demonios K! ¿¡Qué es esto? ¡¿Por qué me siento así?
Crawd le dio un sorbo a su bebida antes de responder.
—Tatsuha... Antes de poder aclarar tus dudas, necesito que me prometas algo...
—¿Qué cosa? —Crawd suspiró.
—Dada la situación actual, Tohma no puede enterarse de esto. No puede saber que te preocupas por ese esclavo. Si él llega a enterarse, no dudes que nunca volverás a verlo con vida.
La mirada que recibió de Tatsuha le sorprendió. Miedo. Terror. Nunca creyó verlo en la mirada de un kaizoku.
—Lo... Lo prometo...
Esa confesión le pareció sincera y era lo único en lo que podría sostener su confianza hacia el menor. Aunque, viendo las circunstancias, en esos momentos, los hermanos Uesugi se encontraban en la misma situación, por lo que lo mejor sería que hablara con ambos al mismo tiempo, aunque eso implicara... Que Tatsuha se enterara del embarazo de Shuichi...
—Tatsuha... ¿Qué tanto aprecias a tu hermano?
Bien, aquella pregunta era extraña. Siendo lo que eran, los kaizokus no tenían lo que se le podrían llamara lazos fraternales pues no habían sido inculcados para ellos, pero Crawd sabía que si desde pequeños se les hubiera enseñado los valores familiares de los que los humanos tanto hablaban, toda su sociedad sería diferente.
Su mundo había cambiado desde que había conocido a Hiro y que Mitsu le enseñara sus investigaciones. Había sido un cambio completo de panorama y esperaba poder ejercer la misma influencia en los hermanos Uesugi.
—Es mi hermano, ¿qué podría sentir por él, más que respeto?
Crawd le dio un nuevo trago a su bebida.
—Tatsuha, necesito saber si de alguna manera podrías hacer algo que perjudicara a tu hermano... En cualquier ámbito —El moreno se quedó callado unos momentos. ¿Perjudicar a su hermano? ¿De qué manera podría hacerlo? No que en realidad pudiera plantearse la idea—. Me refiero a que si su felicidad dependiera de que guardaras un secreto, ¿podrías hacerlo?
—Mi hermano... ¿Feliz?
El rubio refrenó un poco sus palabras.
—Sé que el concepto felicidad no está muy difundido en nuestra sociedad por causas que en este momento no te diré, pero se trata de un estado de confort, de saciedad física y mental. ¿Serías capaz de guardar un secreto aún cuando el mismo Tohma Seguchi te pidiera que lo revelaras?
La mirada del moreno se entornó. ¿Guardarle un secreto al rey kaizoku? ¿Qué podría ser tan increíble como para que se tuviera que resguardar de Seguchi?
—Sí... Puedo guardar un secreto.
—En ese caso, sígueme.
Crawd se levantó de su asiento e instó al moreno a seguirlo. Tatsuha se preguntó hacia dónde lo estaría llevando. Hacía mucho tiempo que no hacía un recorrido por la que hubiera ido su casa. Caminaron por un pasillo que él reconoció como el ala de habitaciones para huéspedes.
»Desde hace unas semanas me he estado hospedando aquí —respondió a la muda pregunta del moreno cuando llegaron a la que estaba designada como su habitación. Abrió la puerta y con un ademán, invitó al menor de los Uesugi a seguirlo.
Aquella, más que una habitación, era el lugar donde Crawd continuaba con parte de sus investigaciones con material que podía traerse de la mansión de Mitsu. Se acercó a un ordenador que tenía y empezó a buscar algunos documentos que el mismo había buscado para informarse sobre los embarazos luego que se enterara de la condición de Shuichi. Algo sencillo.
Había decidido comprarle a Eiri libros pues suponían material completo, concreto y sin divagaciones, además de mostrarlo desde la perspectiva humana pues desde que los kaizokus había obtenido el control de las grandes tecnologías, sus recursos electrónicos se había visto terriblemente disminuidos, pero no tenía tiempo para comprar más material. Sabía que Tatsuha era un kaizoku muy inteligente y no le sería problema asimilar la cuestión de los embarazos en las féminas.
Primero ubicó un libro electrónico llamado "Relaciones humanas: Hacia una pareja ideal". Consideró que era una buena manera de comenzar. Tatsuha, al igual que su hermano, tenía un coeficiente intelectual elevado y no tardaría mucho tiempo en terminar una lectura.
Después abrió otro libro, en esta ocasión, sobre la maternidad y dejó ambos desplegados sobre la pantalla.
»Quiero que leas estos dos libros Tatsuha, pues en estos momentos, yo tengo algo que hacer. Volveré en un par de horas y después hablaremos.
—Pero...
—Tatsuha, te prometo esclarecer todas tus dudas a mi regreso. Hiro se quedará aquí.
—Aaahh... Sakano... Tengo que... Terminar esto... Aahh...
—Pero hace tiempo que no...
—El amo dijo que hoy vendría... Quiero tener esto listo...
Suguru se encontraba en una de las tantas mesas de trabajo terminando de hacer uno de los cientos de ensayos que habían preparado junto a su amo, aunque por el momento, tener a un Sakano jadeante, detrás de su espalda, besando su cuello, no era una buena manera para concentrarse.
»Sólo dame cinco minutos Sakano.
El moreno se alejó de su pareja para darle espacio y que pudiera terminar el ensayo, después de todo, el amo Crawd llegaría en unos minutos y cuando se fuera, podría disfrutar a sus anchas con su amado Suguru.
—Estos resultados están listos K-sama.
—Gracias Sakano, ponlos en aquella pila de papeles.
Desde que Crawd había llegado, con ayuda de Sakano y Suguru, se habían puesto manos a la obra para terminar la parte experimental de las investigaciones que Mitsu había dejado inconclusas.
Todos los resultados los estaban sacando por duplicado. Unos se quedarían en la mansión de Mitsu como resultado y los otros se los llevaría Crawd a la mansión Uesugi para estudiarlos. Todos aquellos ensayos estaban destinados a esclarecer la relación que había entre kaizokus y humanos. Si sus suposiciones estaban correctas, si esa información salía a la luz, sería el acabose del dominio de Tohma sobre la población kaizoku y la esclavitud de los humanos.
Un par de horas después, la primera etapa de los ensayos estuvo terminada.
—Bien hecho, chicos, será todo por hoy. Pueden ir a descansar. Yo me llevaré esa información a la mansión Uesugi para analizarla tranquilamente.
Revisó su reloj. Faltaban pocos minutos para la medianoche. Su cuerpo le molestaba. Lo que más deseaba en esos momentos era volver a su cama con su ardiente pelirrojo como su acompañante.
—Aaaaahhhh... ¡Mate kudasai!... ¡Onegai!... ¡Itae!
Takako se retorcía del dolor. Volvió a gritar cuando la punta del látigo biónico hizo contacto con su espalda y abrió la carne. El sufrimiento se proyectó en su rostro cuando el ramalazo de dolor recorrió su espalda.
Sintió como la cama se hundía bajo un peso y unas manos se encontraban sobre su cadera.
—Es interesante las formas que encuentran los humanos para divertirse... Aunque he de confesar que algunas de sus técnicas son excitantes...
Takako temblaba. En el mismo instante en que habían entrado a aquella habitación, había sido atado a aquella cama. Sus brazos se extendían hacia la cabecera mientras sus pies eran sostenidos por unas cadenas a los costados de la cama. Ese tal Takeshi lo había latigueado para después verter cera en sus heridas y volver a latiguearlo.
»Antes de continuar llamaré a alguien más para que pueda ocuparse de tu insolente boca...
Lágrimas recorrían sus pómulos. No quería ni imaginarse como debería verse su espalda en esos momentos. El dolor era agonizante y lo peor era que aún faltaba más por venir.
Tatsuha sabía que era tarde. La luna se levantaba en todo su esplendor, tratando de iluminar la oscura bóveda celeste con sus rayos robados del sol.
Crawd había regresado hacía unos minutos. Lo sabía pues había visto llegar su vehículo por la ventana de su habitación que quedaba hacia el frente de la mansión.
Dudaba.
Después de terminar de leer aquellos libros, le habían quedado muchas dudas, sobre todo el primero. Sobre la maternidad, se le hacía un procedimiento meramente fisiológico por el que los humanos se reproducían. Muy anticuado a su punto de vista por lo que no tuvo mayores problemas en entender, sin embargo el primero... ¿Dónde lo había conseguido?
Sin duda el autor era un humano. La manera en que el autor había plasmado la manera en que los humanos podían encontrar a su pareja perfecta lo había confundido. ¿Una pareja perfecta? ¿Aquella con la que podrías pasar el resto de tu vida? ¿Eso porqué? ¿Cómo sucedía el proceso? ¿Cuáles eran los fundamentos físicos y psicológicos de aquella "elección" de una pareja de por vida?
Lo único que le quedaba claro en esos momentos era que la unión de sus labios con los de Ryuichi se llamaba beso.
Tenía dudas y quería clarificarlas.
Salió de la habitación. Caminando un poco por el corredor, se dio cuenta de que en realidad no sabía dónde podría estar Crawd en esos momentos. ¿Qué hacer?
Volvió a su habitación y llamó a uno de los sirvientes por comunicación. En esa mansión siempre había alguien en servicio. A los pocos minutos apareció una joven doncella.
—¿Puedo ayudarle en algo?
—¿Dónde está la habitación del señor Winchester?
La doncella pensó un poco antes de contestar.
—Su habitación se encuentra en el ala de invitados. Segundo piso tercera puerta a la derecha... Aunque muchas veces pasa el tiempo en la habitación de Hiroshi... El mayordomo de la mansión... —agregó la muchacha en susurro. Honestamente, ella estaba fascinada con la idea de que Hiro y el kaizoku tuvieran algo, aunque no fuera confesado. Era un secreto que todos en la mansión guardaban por lealtad a su amo.
—¿Dónde está la habitación del mayordomo? —preguntó con seriedad, intimidando un poco a la doncella.
—En... En el ala de servicio. Primer piso, primera puerta de la izquierda.
Sin perder tiempo, Tatsuha caminó velozmente a través de los pasillos. Una corazonada le dictó que encontraría al rubio en la habitación el mayordomo, así que fue su primera elección y en pocos minutos se encontró frente a la puerta que misteriosamente estaba ligeramente abierta.
Cuando Crawd llegó a la habitación de su amado pelirrojo, se sintió feliz al ser recibido por unos sensuales labios y un cálido cuerpo que se amoldaba al suyo. La boca del pelirrojo se adueñó de la suya en un beso suave y dulce, dándole la bienvenida después de una ardua noche de trabajo, y aquello lo agradecía en demasía.
Envolvió al pelirrojo en un necesitado abrazo mientras devoraba sus dulces labios. Levantó sus piernas para que rodeara su cintura y así ambos se dirigieron a la cama.
Con toda la faena, el rubio no se había dado cuenta que había dejado la puerta abierta.
Entre besos y caricias, la pareja llegó hasta la cama y con cuidado, posó su preciada carga sobre las negras sábanas de seda y lo observó con detenimiento. Siempre había pensado que la ropa negra de mayordomo le quedaba de maravilla.
Pero en esos momentos sólo representaba un exceso de ropa. Atrapó los rojos labios del pelirrojo en un beso hambriento mientras sus manos volaban para quitarle el saco arrojarlo hacia el piso de la habitación.
Abandonó la boca de su amado y empezó a besar el cuello níveo del pelirrojo. A través de sus labios era capaz de sentir el acelerado pulso de su arteria carótida. Lentamente fue desabrochando cada uno de los botones de la camisa, dejando al descubierto pequeñas porciones de piel que fue besando con pasión.
—Te amo tanto Hiro...
—K...
Hiro se incorporó un poco para poder sacarse la camisa y arrojarla a algún punto de su habitación donde minutos antes había caído su saco. Sus manos se apresuraron a desabotonar la camisa de su amado. Le alegraba el hecho de que el rubio se hubiera desecho de su saco antes. La tarea le era un poco difícil pues tenía que lidiar con el placer que las manos del rubio prodigaban en sus pezones en esos momentos pero finalmente pudo quitarle a su amado esa prenda.
El contacto de sus torsos desnudos les envió corrientazos de placer. Crawd recorrió el pecho lampiño succionando y marcando aquella piel como suya. Atrapó uno de los pezones del pelirrojo, lamiendo y succionando a intervalos, obteniendo pequeños gemidos en gustosa recompensa.
En pocos minutos se encontraron completamente desnudos. El toque de piel contra piel los envolvía en un estupor de sensaciones que sabían a la perfección, sólo podía obtener en los brazos del otro. En los brazos de la persona amada.
Crawd se encargó de besar hasta el último resquicio de piel a su alcance. Nunca se cansaría de probar aquella piel a la que se había vuelto adicto desde hacía varios años. La panacea que representaba para sus sentidos era inigualable. La nube de pasión que le nublaba el raciocinio lo hacía hacerle el amor al pelirrojo como si fuera la última vez. Entregándose completamente y sin reservas, dejando su corazón por completo al descubierto.
Llegó hasta la hombría del pelirrojo y atrapó el glande entre sus labios, succionando un poco.
»Aaahh... K...
Los gemidos de Hiro iban en aumento. Era incapaz de contenerlos cuando el rubio se empeñaba en proporcionarle tales cantidades de placer. Sentía la lengua de Crawd rodear su miembro y casi tragarlo con hambre y deseo. Su respiración se aceleró y una fina capa de sudor perló su cuerpo.
»K... Te deseo ya...
Ante aquella petición tan desesperada, el kaizoku no esperó más tiempo abandonó unos momentos el miembro del pelirrojo para bajar un poco más y empezar a preparar la tan conocida cavidad que iba a tomar.
Lamió sus dedos y empezó a prepararlo mientras regresaba su boca al sexo de su amado para que Hiro se olvidara del dolor que pudiera ocasionarle con la preparación.
»Te quiero ya...
La ahogada súplica del pelirrojo hizo que su propio miembro diera un respingo. Si no se apresuraba iba a terminar ahí mismo con sólo ver a su amado suspirar su nombre entre gemidos. Era una vista inigualable.
Se incorporó para colocarse sobre Hiro y dirigió su miembro hacia el preparado pasaje para empezar a empujar. El pelirrojo, al sentir la invasión arqueó su espalda, juntando su torso al del rubio e inclinando su cabeza hacia atrás al sentir el complejo cúmulo de dolor y placer invadirlo por completo.
Crawd aprovechó esto para besar su cuello, lamiendo y mordiendo, marcando aquella candente piel como única y exclusivamente suya. Como debía siempre. Como siempre fue, y como siempre sería.
Sus miradas se conectaron. Cada vez que Hiro lo veía era capaz de hundirse en aquellos profundos ojos cafés que le prometían amor eterno cada que se dirigían a él y Hiro sentía lo mismo. Hundirse en esos ojos azules era una sensación maravillosa. Podía sentir su amor envolviéndolo por completo.
El dolor inicial había pasado y se lo hizo saber. En pocos minutos, sus cuerpos se encontraban moviéndose al compás de una danza ancestral. Ambos gemían del placer que se auto prodigaban entre ellos con sus caricias.
Con cada embate, Hiro era capaz de sentir como el miembro de Crawd rozaba su próstata, enviándole oleadas de placer que recorrían su cuerpo entero. Sus manos estaban fuertemente sujetadas por la espalda del rubio. Estaba seguro de que cuando eso terminara, sus uñas dejarían marcas en su espalda.
Sus labios se encontraban a cada minuto, dándose beso tras beso sin saber exactamente cuando terminaba uno y empezaba otro. El beber de los labios del ser amado era un elíxir.
Conforme pasaron los minutos, Hiro sintió que el placer se arremolinaba en sus vientres. El final estaba cerca.
»K...
Aquello fue suficiente. El rubio aceleró el movimiento de sus caderas, ocasionando que los gemidos de Hiro se convirtieron en verdaderos gritos de placer.
—Hiro... Te amo...
—Aah… Yo también... Aaaahhh...
Con un gran grito de placer, Hiro liberó su simiente sobre ambos vientres a la vez que sentía su interior ser bañado por la caliente esencia de su amado.
Crawd se recostó suavemente sobre el cuerpo del pelirrojo sin presionarlo por completo y fue bien recibido por los brazos abiertos de Hiro. Levantó su vista, encontrándose con un Hiro con los ojos brillosos que le miraban con tanto amor, y sin decir nada, los atrapó, en esta ocasión en un beso dulce, lento y tierno.
Detrás de la puerta principal de la habitación, Tatsuha aún no podía creerlo que había visto y ocurrió algo que nunca antes había sucedido.
Tatsuha Uesugi se sonrojó.
