Capitulo 49:
Ron llegó a su habitación y se sentó pesadamente en su cama. Todavía podían escucharse las voces emocionadas de sus compañeros de casa mientras volvían a sus habitaciones. Afortunadamente, ninguno de sus compañeros de habitación había vuelto; por lo que podía disfrutar de unos momentos de soledad. El puñal que sentía clavado en el corazón desde que Hermione lo había rechazado parecía retorcerse en su pecho como si tuviera vida propia.
El pelirrojo sentía una mezcla de decepción y desesperanza. El blanco de esos sentimientos, aunque no quisiera, era Hermione. Estaba sumamente decepcionado con la chica del cabello castaño por que lo hubiera rechazado; y por todo su comportamiento durante el baile. Una parte de él deseaba que la reacción de la chica, tan impropia de ella, fuera una forma de demostrarle que se había equivocado con su decisión. Sin embargo no estaba seguro. Podía ser que en muchos aspectos siguiera siendo la misma; pero Hermione era diferente, y no sabía que tanto lo era.
Estaba muy enojado con ella, quería gritarle que era una tonta, que la amaba. Pero se sentía herido. Había estado planeando ese momento desde que había llegado a este mundo, había hecho todo lo posible para que cuando llegara el momento Hermione aceptara ir con el al baile y pudiera finalmente declararle sus sentimientos por ella. Pero eso no sucedió, en cambio termino con el corazón roto. No creía tener fuerzas para correr tras ella y decirle lo que sentía, no tenía fuerzas para soportar otra decepción.
Por un momento deseó de alguna manera poder dejar de sentir. Lo peor era que se estaba empezando a acostumbrar a ese dolor y a esa sensación de insensibilidad persistente.
Lo peor es que sabía que no había cura para ese dolor, no era nada físico que pudiera solucionarse yendo a la enfermería.
Permaneció un tiempo mirando el suelo. Finalmente se levantó, fue a su baúl, retiró el fondo falso que había construido durante su primer año. Dentro podía ver el colmillo de basilisco envuelto en un pedazo de sucio trapo, el libro de oclumancia que había encontrado años atrás que había estado usando para practicar de tanto en tanto, y una botella pequeña de Whisky de Fuego. Ron tomó esta última y guardo el resto de las cosas. Se sentó nuevamente en la cama y le dio un trago.
Era la primera vez que bebía desde aquella vez durante el cumpleaños de Rose, tres años atrás. Sabía que no necesitaba demasiado para embriagarse. Pero no buscaba ese resultado, solo calmar un poco las penas y el frío que sentía dentro. El Whiskey bajó por su garganta quemando a su paso, pero no hizo nada para llenar el vacío que sentía. Sabía que no lo haría, pero al menos lo ayudaría a dormir.
En ese momento la puerta de su habitación se abrió y entró John Potter, pareciendo un poco desorientado.
-Hola Ron.- dijo el hermano de Harry sentándose frente al pelirrojo y agregó señalando la botella. -Creo que no me vendría mal un poco más de eso.-
Ron lo observó tratando de decidir que es lo que haría. No le parecía una buena idea darle de beber a un chico. Evidentemente ya había estado bebiendo un poco, no mucho pero se notaba. Finalmente; decidió hacer la vista gorda y le pasó la botella, tomando nota mental de no dejarlo beber más de un trago. John dio un sorbo de Whisky, tosió un poco y le devolvió la botella a su compañero.
-Has estado bebiendo.- dijo Ron mientras le colocaba la tapa a la botella.
-Los gemelos tenían un poco de Whisky.- dijo John. -La verdad es que es un poco difícil de pasar. Pero el efecto no es desagradable.-
-Lo será mañana.- dijo Ron.
Los dos permanecieron en silencio unos instantes. Afuera la oscuridad era profunda y en los corredores podían escucharse los pasos de los demás alumnos que volvían a sus habitaciones.
-Entonces…- dijo John. -Como te fue el la cita.-
-Bien.- respondió Ron.
-Bien…- repitió John y agregó después de unos segundos. -Te vi con Katie parece que la pasaron bien… Hermione fue a buscarte después.-
-No fue el mejor momento de la noche.- respondió Ron. -¿Y a ti como te fue?-
-Tuve que resistirme toda la noche el impulso de reducir a pulpa a Finch-Fletchley.- dijo John amargamente. -Susie… Susie no me hubiera vuelto a hablar si enviaba a su cita a la enfermería. Mira que hay un montón de chicas que les gustaría ver a un par de tipos peleando por ellas. Pero Susie no es así… Me mandaría a la enfermería y no me volvería hablar.-
John lanzó un suspiro.
-Me imagino que debe haberse besado con ese idiota.- continuó John consiguiendo que su voz sonara vacía. -Los vi irse de la fiesta a los jardines…-
Ron tomó nota mental de investigar si el chico de Hufflepuff se había propasado con Susie.
-Yo había dejado a Lavender con Parvati y Pansy mientras hablaba con los gemelos.- continuó el niño que vivió. -Los gemelos tenían un poco de Whisky y le di un par de tragos, tomé un poco de ponche para sacarme el mal gusto de la boca, fui a buscar a Lavender conversamos y la besé ahí mismo.-
Ron permaneció en silencio. No creía que fuera una buena idea besarla, especialmente teniendo en cuenta sus recuerdos de su mundo de origen.
-Parecía un poco sorprendida… como si no lo esperara.- dijo John. -Pero me parece que después no le desagradó la idea.-
-Ten cuidado.- le advirtió Ron.
-Lo tendré.- dijo John de una forma que no convenció mucho al pelirrojo. -Es solo que en ese momento no me pareció una mala idea. Además solo la bese…- y agregó después de una pausa -Y antes de eso dije unas cuantas cosas sobre ella que le gustaron. No recuerdo exactamente que…- el niño que vivió se detuvo un par de segundos haciendo memoria. -Ya lo recuerdo. Le dije: "Mira, sé que esto no es la mejor forma de decirlo; pero la verdad es que no estaba muy convencido de invitarte." En ese momento no parecía muy contenta, pero continúe "Fuimos compañeros durante tanto tiempo y no quería arruinar nada, pero cree que no venir contigo hubiera sido un gran error." ahí cambio su actitud. Y agregue algunas cosas más para ablandarla… no fue fácil pero al final, Lavender estaba sonriendo feliz… No entiendo porque no pude decirle eso a Susie… bueno… no le hubiera dicho las mismas estupideces y habría estado temblando de pies a cabeza.- en ese momento John observo a Ron seriamente y no se percató de la mirada de desaprobación del pelirrojo. -¡Merlín! Soy un idiota… y creo que estoy borracho.-
Y sin decir nada más se tiró en la cama, segundos después comenzó a roncar. Ron sabía que no era nadie para decirle que debía o que no debía hacer con Lavender, pero su experiencia le decía que no estaba bien. Finalmente, guardó la botella de Whisky de fuego, arrojó su túnica de gala en su baúl, se metió en la cama y se sumergió en un sueño intranquilo.
Si bien algunas parejas se demoraron un poco en volver a sus salas comunes, nada extraordinario ocurrió y la noche transcurrió sin novedades.
A la mañana siguiente, Hermione Granger despertó en su habitación. Sintió el frío aire sobre sus brazos descubiertos y abrió los ojos. Se había quedado dormida usando su vestido, llorado; hasta que sus ojos, finalmente, se cerraron.
Pasaron pocos segundos y sus ojos se llenaron nuevamente de lagrimas. No podía evitarlo, los recuerdos de la noche anterior dolían aun más que antes.
Después de un par de minutos se pudo recomponer; limpió sus lagrimas en las sabanas, que quedaron manchadas con maquillaje, y se levanto. Afortunadamente sus compañeras de habitación estaban durmiendo todavía y pudo tener unos momentos de privacidad. Se quitó el vestido, se vistió con algo más apropiado, se lavó la cara y acomodó un poco su enmarañado cabello castaño.
Finalmente, se sentó nuevamente en su cama y observó, a través de la ventana, el gris cielo de diciembre. No podía creer como se había comportado la noche anterior. Había dejado de lado a su cita y había llamado mujerzuela a una chica que no se lo merecía, solo por estar junto a Ron. Pero la verdad era que en ese momento se sentía tan celosa que no podía controlarse. Y después estaba esa buscona de Pansy Parkinson que había conseguido, con sus descaradas insinuaciones, sacarla de quicio para que terminara diciéndole cosas horribles a Ron.
La verdad era que lo había arruinado todo.
La razón de su comportamiento era muy clara para ella. Por más que había intentado mantener distancia de Ron, por más que se hubiera metido en la cabeza que solo debía ser amigos, era imposible negar que ella sentía algo más.
Y lo había arruinado completamente. Había perdido su oportunidad. Ron la había invitado al baile y ella lo rechazó. Cualquier sentimiento que tuviera el chico, seguramente había desaparecido para ese momento. Darse cuenta de eso le dolió horriblemente y sintió nuevamente que sus ojos se llenaban de lagrimas. Era perfectamente lógico después de lo que había hecho que Ron no quisiera hablar con ella nunca más.
Necesitaba hablar con alguien.
Antes de que se diera cuenta había tomado su espejo.
-Susie…- susurró Hermione.
Pasaron un par de interminables segundos y finalmente el rostro algo somnoliento de su amiga apareció.
-¿Hermione?- dijo su amiga mientras retiraba un mechón de cabello pelirrojo que tenía pegado al rostro.
-Susie…- dijo la chica de Ravenclaw. -Necesito hablar contigo.-
La pelirroja la observó y entrecerró los ojos.
-Acaso esto tiene algo que ver con Ron.- dijo Susan observando seriamente a su amiga.
Hermione asintió vigorosamente.
-Hermione…- dijo Susan. -Los dos son mis amigos y no me gusta tomar lados; pero tu te has portado muy mal con él.-
-Lo sé…- dijo Hermione sintiendo como unas lagrimas se agolpaban nuevamente en sus ojos.
La chica de Hufflepuff observó algo apenada a su amiga.
-Parece que realmente me necesitas.- dijo Susan. -Pasa por la puerta de mi sala común, te estaré esperando y buscaremos un lugar tranquilo para hablar.-
Hermione se dirigió lo más rápido que pudo a las habitaciones de Susan. Justo cuando estaba llegando a su destino, vio que la puerta de la sala común de Hufflepuff se abría y su amiga salía. Inmediatamente y sin mediar palabra Hermione la abrazó con todas sus fuerzas.
Susan por su parte estaba muy molesta con la chica de Ravenclaw. Ella quería mucho a Ron, por lo cual no le gustaba nada como se habían desarrollado los hechos entre los dos. Si hubiera sido otra chica la hubiera mandado al demonio y le habría dicho que la próxima vez que la viera cerca de su amigo desearía no haber nacido. Pero Hermione era su mejor amiga y se había equivocado.
-Te lo tienes bien merecido.- dijo Susan finalmente.
Hermione sintió como si la hubieran golpeado en pleno rostro.
-¿Susie?- susurró Hermione sorprendida.
-Te lo tienes bien merecido.- repitió Susan cruzándose de brazos. -Rechazaste a Ronnie y ahora andas llorando porque no está contigo. Yo te lo había advertido. Además no pudiste dejar las cosas tranquilas, le estuviste echando miraditas toda la noche como una buscona. Déjame decirte algo, eso está mal.-
Las palabras de su amiga no estaban ayudando en lo más mínimo a su estado de animo.
-Tenías a ese chico rendido a tus pies y desechaste de la peor manera. Le rompiste el corazón- sentenció la pelirroja. -Ahora continuó su camino, se consiguió una cita, y te arrepientes. Lamentablemente no estamos hablando de objetos que puedes arreglar con un simple reparo.- y agregó suavemente -Los corazones de las personas no se arreglan, no hay magia en el mundo que sirva para esto.-
Hermione no dijo nada, sabía que su amiga tenía razón.
-Estoy tan enojada contigo.- dijo Susan señalándola con su dedo y observándola molesta con sus ojos azules. -Yo te lo dije, te dije que estabas completamente loca por él. Pero no, tuviste que cerrarte y negarte a lo que sentías. Además no es un chico desconocido, es Ron ¡Por Dios!-
-No pensé… no creí que…- comenzó a decir Hermione pero no sabía que más agregar. -Creo que fue una mala idea venir aquí.-
-A donde crees que vas.- dijo Susan tomándola del brazo. -Ya termine de reprenderte y, a pesar de que estoy muy enojada por lo que le hiciste a Ronnie, voy a ayudarte. Eres mi mejor amiga, y a pesar de que hiciste un desastre, necesitas que alguien te de una mano y para eso son las amigas.-
La pelirroja tomó a su amiga de su mano y la llevó a un corredor desierto. Por el cual, seguramente, nadie pasaría a esa hora. Las dos se sentaron en un banco que estaba iluminado por un amplio ventanal, a través del cual podía verse el manto de blanca nieve que cubría los terrenos.
-Muy bien…- dijo Susan mientras se cruzaba de piernas y se inclinaba ligeramente hacia adelante para prestarle toda su atención a su amiga. -Cuéntame.-
-Tenías razón.- dijo Hermione mientras sentía que una lagrimas caían de sus ojos. -Lo arruine, fui a la cita con Viktor Krum para tener una excusa para rechazar a Ron. Quizás no me di cuenta en ese momento pero fue así. Y cuando vi esa perra de Parkinson insinuándosele a Ron, me volví loca.-
-¿Insinuándosele?- preguntó la pelirroja que ya estaba enterada de lo que había hecho Pansy para matar de celos a Hermione. -¿Cuándo sucedió esto?-
-Justo después que le dije que no iría con él.- dijo Hermione sintiendo como una rabia segadora la inundaba. -La muy descarada se apareció de la mana poniéndole sus sucias manos encima justo delante de mi. ¡Parecía hacerlo a propósito!-
-Que extraño… Pansy es una chica tan correcta.- dijo Susan sin poder resistirse las ganas de bromear un poco.
Hermione lanzó una carcajada indignada.
-¡Correcta!- dijo Hermione enrojeciendo. -No voy a seguir hablando de esa.-
-Está bien.- dijo Susan tranquilamente tratando de no sonreír.
-Y después cuando lo vi en el baile…- continuó Hermione. -¡No me miraba! Y estaba pasándolo tan bien con Katie.-
Susan levantó una ceja y lo observó como diciendo "¿Qué esperabas?". Pero Hermione no se percató ya que, en ese momento, su mirada ensombreció.
-¿Qué ocurre?- preguntó Susan.
Hermione esperó unos segundos antes de responder.
-Le dije una cosas horribles a Katie.- respondió Hermione.
-Horribles… ¿Qué tan horribles? Cómo que estaba gorda o que el vestido le quedaba mal.- dijo Susan tentativamente.
-Le dije que no tenía problema en montarse a cualquier escoba que se cruzara.- dijo Hermione llevándose una mano a la boca.
-¡Hermione!- dijo Susan abriendo sus ojos azules muy sorprendida. -¡Prácticamente le dijiste que era una mujerzuela de la peor calaña!-
-Si.- dijo Hermione sintiéndose terriblemente mal. -Katie me dijo que era una perra y tenía sus buenos motivos, me comporte como tal ¡No puedo creer lo que le dije!-
Susan observó a su amiga y estrujó sus manos entre las de ella en señal de apoyo.
-Y al final del baile crucé a Ron, estaba solo. Parecía estar buscando a alguien, seguramente a Katie y…- dijo Hermione sonando desesperada -Y le dije que andaba buscando alguna otra chica fácil de Gryffindor para terminar la noche.-
Susan, viendo que su amiga necesitaba algo de consuelo, abrió sus brazos y estrecho a la castaña entre ellos mientras su amiga lloraba sobre su hombro.
-Tranquila…- dijo Susan acariciando el cabello enmarañado de su amiga.
-Y eso no fue todo…- dijo Hermione entre lagrimas. -Ron se dio la vuelta y se fue sin decirme nada… ni siquiera discutió… Pero Ginny lo vio todo y estaba muy molesta, incluso sacó su varita. Me dijo… me dijo que dejara en paz a su hermano. Lo decía de verdad no quiere verme ni a cien metros de él.-
La pelirroja de Hufflepuff lanzó un suspiro.
-Es comprensible.- dijo Susan. -Es su hermano y se llevan muy bien. No le gustó lo que hiciste con él. Además, creo que Ginny también tiene la misma fibra protectora que tienen sus hermanos con ella. Y no te olvides que, puede ser todo sonrisas con Harry, pero tiene su carácter.-
Las dos permanecieron un largo rato abrazadas. Finalmente Hermione fue la primera en romper el silencio.
-No sé que hacer…- dijo sonando resignada. -Amo a Ron… pero sé que él no quiere verme. Tiene toda la razón del mundo, pero duele tanto… Desearía, que las cosas vuelvan a ser como antes.-
La pelirroja lanzó un suspiro.
-No volverán a ser como antes. Solo puedes hacer lo mejor para enmendarte.- dijo Susan suavemente. -Y eso debes hacerlo tu misma.-
-No sé por donde empezar, Susie.- dijo Hermione y agregó. -Si fuera un ensayo, un resumen o algo para estudiar lo tendría resuelto, pero esto supera mis mejores esfuerzos.-
-Eso es fácil.- dijo Susan. -Primero ve a ver a ese búlgaro y diles que fue un error ir con él, pídele disculpas a Katie, habla con Ginny para evitar que te asesine cuando te vea aproximándote a Ron… y finalmente habla con él.-
Hermione no pudo evitar pensar en lo increíblemente fácil que era arruinar todo y lo increíblemente difícil que era arreglarlo. Pero, la verdad es que Susie tenía razón, debía hablar con todos ellos y ser honesta.
-Hare eso hoy mismo.- dijo Hermione sonando decidida y agregó después de unos segundos. -Nunca estuve tan asustada en toda mi vida.-
Inmediatamente, se levantó del banco. Estaba decidida a solucionar todo este desastre hoy mismo. Sabía que cuanto más tiempo pasara más difícil sería.
-¿Sigues enojada conmigo, Susie?- preguntó Hermione tentativamente.
-Muy enojada.- dijo Susan cruzándose de brazos. -Todavía no puedo creer lo que hiciste. Eres mi amiga, pero quiero mucho a Ronnie.-
Hermione sabía que su amiga quería mucho a Ron.
-Pero arreglaras no todo ¿no es así?- continuó la pelirroja de Hufflepuff
-Lo haré.- dijo Hermione. -No sé si me perdonaran; pero lo intentare.-
Susan asintió satisfecha. En ese momento Hermione recordó que su amiga había tenido una cita esa misma noche con el chico que le gustaba.
-Pero antes de que vaya a disculparme debes contarme como te fue anoche, Susie.- dijo la chica de Ravenclaw sentándose nuevamente. -¿Cómo salió todo con Justin?-
Susan no pudo evitar sonreír ampliamente.
-Todo fue maravillo.- dijo feliz. -Justin se veía tan guapo en su traje… y fue tan considerado. Un verdadero caballero.-
Hermione se sentía muy feliz por su amiga. Susan se merecía tener un chico considerado con ella.
-Fuimos a caminar por los jardines tomados de la mano.- continuó Susan con mirada soñadora. -Estaba frío pero me ofreció su chaqueta que era muy abrigada. ¡Y había preparado un lugar para que pudiéramos sentarnos a observar el lago! Además había escondido un termo con té y tazas para los dos.-
-Eso suena tan romántico.- dijo Hermione sonriendo imaginando toda la situación.
-Lo es…- dijo Susan suspirando y sonriendo. -Y nos besamos.-
-¡Oh Susie!- dijo Hermione abrazando a su amiga.
-Fue mi primer beso.- dijo la chica de Hufflepuff.
-Me alegra mucho que haya sido con quien querías y como querías.- dijo Hermione. -Estoy muy feliz por ti.-
Hermione se sentía realmente contenta por su amiga, pero no pudo evitar sentirse un poco triste por si misma al pensar en lo que podría haber sucedido si no hubiera sido tan terca.
Las dos chicas continuaron conversando unos instantes más. Finalmente, la castaña se despidió de Susan y comenzó a caminar hacia el Hall de entrada del gran comedor. Pero cuando llegó, torció su rumbo y se dirigió a la salida. Cuando llegó a la puerta de entrada vio que desde el lago un grupo de muchachos y chicas de Durmstrag se acercaban para disfrutar del desayuno. Entre ellos pudo distinguir la figura de su primer objetivo: Viktor Krum.
El buscador de Bulgaria venia conversando con algunos otros alumnos de su colegio. Cuando estaba a punto de entrar al castillo notó la presencia de la chica de Ravenclaw. Rápidamente, se despidió de sus compañeros y acercó a donde estaba Hermione.
-Hola Viktor.- dijo Hermione algo nerviosa.
-Hola Hermione.- dijo el muchacho con su marcado acento esbozando una sonrisa que parecía algo triste.
Los quedaron observándose durante unos largos segundos.
-Desapareciste anoche, poco antes de que termine la fiesta.- dijo Viktor finalmente.
-De eso quería hablarte Viktor.- dijo Hermione con clama. -Me siento muy mal por la forma que me comporté ayer, y creo que mereces una explicación sobre todo lo que ocurrió.-
Hermione lanzó un suspiro.
-Creo que no fue una buena idea ir contigo.- dijo Hermione finalmente.
-Me imaginaba que te habías arrepentido.- dijo Viktor sonando decepcionado. -No te conozco demasiado pero pareces ser una chica tranquila y equilibrada, me sorprendió mucho verte molesta anoche.-
-No estaba molesta contigo Viktor.- dijo Hermione. -Estaba molesta con muchas personas y más que nada, conmigo misma.-
El muchacho la observó intrigada.
-La verdad es que no creo haber sido una buena persona.- dijo Hermione. -Hay otro chico al que quiero, no me había dado cuenta hasta anoche. Es mi amigo… o al menos lo era. Me negaba a aceptarlo para no terminar nuestra amistad. Y por eso lastime a muchas personas. Incluido a ti Viktor.-
El búlgaro lanzó un suspiro.
-No me has lastimado Hermione.- dijo finalmente Viktor. -Es verdad que quería que fueras conmigo al baile, por que me parecías la chica más encantadora de Hogwarts.-
-Estoy segura que hay muchas más.- dijo Hermione tratando de animarlo.
-¿Cómo las que me siguen a todos lados?- dijo Viktor riendo. -Creo que lo que más me gusto de ti es que no me seguías a ninguna parte.-
-Lamento que todo haya tenido que terminar así.- dijo Hermione algo apenada.
-Lo superare. No eres la primera chica que me rechaza.- dijo Viktor. -Antes de ser estrella internacional de Quidditch era un sujeto común. Igualmente eso es una ventaja a veces.-
-Puede ser. Pero lo que sé, con solo pasar una velada contigo, es que tienes toneladas de personas junto a ti por ser jugador de Quidditch. - dijo Hermione y agregó después de unos segundos. -Como ese director tuyo. Solo recuerda rodearte de personas a las que realmente les intereses por quien realmente eres. Nunca te olvides de que aun eres un sujeto común.-
Viktor sabía de sobra de lo que le hablaba Hermione. Muchas veces había tratado de no darle importancia pero la verdad es que la fama no le gustaba demasiado.
-Lo tendré en mente.- dijo Viktor sonriendo. -Y sé que al menos tengo una amiga que no esta junto a mi por la fama y el dinero.-
Hermione sonrió y se sintió aliviada de ver que Viktor se estaba tomando las cosas mejor de lo que esperaba.
-Prometo no pavonearme de que tengo un amigo que es una estrella internacional de Quidditch.- dijo la chica de Ravenclaw. -Y recuerda ir a buscar chicas a las bibliotecas. Sé que tendrás mejor suerte la próxima vez.-
-Lo tendré en cuenta.- dijo Viktor.
Los dos se despidieron. Y Hermione volvió a entrar al castillo sintiéndose muy aliviada de haber podido hablar con Viktor. Ahora debía buscar a Katie.
Mientras tanto, en el ala en la cual se encontraban las habitaciones de los profesores, Sirius Black se encontraba frente a la puerta del dormitorio de la profesora Alexandra Rydberg. La verdad es que estaba algo nervioso. Todo había salido de maravillas la noche anterior, quizás por eso mismo estaba nervioso. Nunca había tenido una relación sería con ninguna mujer.
Sin embargo, Alex era diferente. No quería lanzarse sobre ella a la primera ocasión que se presentara; quería respetarla. Por eso mismo se encontraba esa mañana frente a su puerta.
La noche anterior la había acompañado hasta sus habitaciones y se resistió de hacer cualquier tipo de insinuación sobre cómo podría terminar la noche. Y, después de besarse nuevamente, se despidieron con la promesa de encontrarse esa mañana para ir a desayunar.
Necesitaban hablar. No era que Sirius lo considerara necesario, estaba más que comprometido a tener algo serió con la mujer (aunque debía reconocer que estaba un poco asustado).
Finalmente, Sirius tomo coraje y golpeó la puerta de roble con sus nudillos. Casi inmediatamente, la puerta se abrió para revelar la figura de Alexandra Rydberg.
La mujer vestía mucho menos formal que la noche anterior con una de sus típicas túnicas color esmeralda, y su cabello peinado de manera mucho más sencilla. Sin embargo, Sirius no notó ninguna diferencia. Para él se la veía igual de hermosa que siempre.
Antes de que se dieran cuenta estaban besándose nuevamente. Tardaron un par de minutos en darse cuenta que estaban en un corredor y era muy probable que alguien pudiera verlos. Lo cual, seguramente, sería el chisme más interesante de Hogwarts por mucho tiempo.
-Bueno… creo que necesitamos hablar.- dijo Alex recuperando el aliento.
-Creo que si.- dijo Sirius a continuación agregó decidido tomando las manos de Alex entre las suyas y observando los ojos azules de la mujer. -Estar contigo anoche fue lo mejor que me pasó en la vida. Nunca me había sentido así por nadie y no quiero terminar lo que empezamos, por nada del mundo.-
Alex sonrió feliz al escuchar las palabras del auror. Se sentía como una adolescente que encuentra a su primer amor, pero todo se sentía mucho más genuino. Sabía que Sirius no estaba jugando con ella, sabía que su corazón palpitaba por ella, al igual que el suyo por él.
-Yo tampoco me había sentido así antes.- dijo Alex sonriendo sin poder quitar la vista de los ojos grises del hombre. -Y siento lo mismo por ti Sirius… por momentos me da un poco de miedo de que solo sea un sueño del cual despierte. Pero, me he pellizcado un par de veces y sé que es real.-
La sonrisa del último de los Black había ido creciendo a medida que la profesora hablaba. Finalmente, los dos se besaron nuevamente.
-Entonces, es oficial…- dijo Sirius cuando se separaron después de unos largos instantes.
-Es oficial.- dijo Alex sonriendo.
Volvieron a besarse y, finalmente, los dos se dirigieron al gran comedor.
-¿Cuánto crees que tarden en darse cuenta?- preguntó Alex mientras caminaban tomados por el brazo.
-Cinco minutos… como mucho…- dijo Sirius. -Creo que unos cuantos deben estarse preguntando que ocurrió con nosotros después de que nos fuimos. Pero no es asunto suyo; los dejaremos con la intriga. No lo anunciaremos, pero tampoco lo negaremos.-
Mientras tanto, Hermione avanzó por los corredores y vio como una masa de alumnos se dirigían rumbo al comedor. La mayoría parecían estar bastante cansados por el trajín de la noche anterior. La verdad era que esperaba no cruzarse con Ron. No aún. Quería hablar con Katie y con Ginny antes de tener que disculparse con él. El plan de batalla improvisado que le había dado Susie era bueno, dejaba lo peor para el final.
Cuando llegó a las escaleras, vio una masa de alumnos de Gryffindor que descendían para dirigirse al gran comedor. Entre ellos vio a un grupo de quinto año y reconoció la cabellera rubia de la chica que buscaba. Afortunadamente, ni Ginny ni Ron estaban a la vista.
-Katie.- dijo Hermione cuando estuvo frente a ella. -¿Podría hablar un momento contigo?-
La chica de Gryffindor parecía algo sorprendida de ver a Hermione. Entornó sus ojos azules con algo de desconfianza.
-Solo es un segundo.- dijo Hermione con una tranquilidad que no sentía. -No he venido a discutir.-
-Está bien…- dijo Katie después de unos segundos.
Las dos chicas se dirigieron a un sitió un poco más apartado de la corriente de alumnos que se dirigía al gran comedor.
-Entonces…- dijo Katie cruzándose de brazos. -¿De que querías hablarme?-
-Quería pedirte disculpas por lo que te dije ayer.- dijo Hermione. -Fui muy grosera contigo. Tienes todo el derecho a sentirte molesta conmigo.-
Katie parecía algo sorprendida por las disculpas de la chica de Ravenclaw.
-La verdad es que me parecía muy extraño que te comportaras de esa manera.- dijo Katie.
-No era yo misma. Estaba muy molesta, pero no contigo.- dijo Hermione. -Fueron mi culpa lo que sucedió y no tenía derecho a tomármela contigo.-
Katie se imaginaba lo que había ocurrido. Podía decirle que había ido con Ron solo como amigos, pero no le correspondía a ella meterse donde no la llamaran.
-Acepto tus disculpas, me alegra saber que no tenías intención de decirme esas cosas.- dijo Katie. -Pero también deberías hablar con Ron.-
-Lo sé…- dijo Hermione sintiéndose algo insegura por el resultado que tendría esa conversación.
A pesar de los resultados favorables Hermione decidió dejar el resto de las disculpas para después del desayuno. Estaba agotada mentalmente y sabía que todavía le faltaba lo peor. Cuando entró al gran comedor vio a Ron sentado junto a John, que parecía haber dormido poco o mal. La mayoría de los alumnos estaban comentando los eventos de la noche anterior bastante emocionados, otros no tanto.
Mientras tanto afuera Harry aguardaba en la puerta del gran comedor. Había visto a la mayoría de los alumnos de Gryffindor sentados en la mesa pero, aun no había llegado Ginny.
Harry había acompañado a la chica a su sala común después de besarse y se habían despedido con la promesa de encontrarse a la mañana siguiente.
Volvió a mirar hacía el corredor y no vio aparecer a la chica que esperaba. Camino nerviosamente un par de pasos, aflojó su corbata verde y plata; y se secó las palmas de sus manos sobre el uniforme. La verdad era que estaba nervioso.
Cuando estaba a punto de perder las esperanzas vio que una chica bajita y pelirroja que se acercaba al gran comedor. Era Ginny, que caminaba conversando animadamente con Demelza Robbins. Cuando se percato de la presencia de Harry esbozó una gran sonrisa, se despidió de su amiga y se acercó al chico de Slytherin.
-¡Harry!- dijo Ginny cuando estuvo junto a él.
-Ginny- dijo Harry suavemente sonriendo ampliamente y sin agregar nada más la beso suavemente en los labios.
Finalmente, se separaron y permanecieron unos largos instantes tomados del las manos observándose a los ojos.
-Lo pase muy bien anoche contigo, Ginny.- dijo Harry rompiendo el silencio.
-Yo también, Harry.- dijo Ginny sonriendo.
El chico de Slytherin dejó escapar un suspiro.
-Quería hablar contigo…- dijo Harry y agregó rápidamente. -¡No te asustes! No me arrepiento ni nada de eso… no hay razones creo que nadie se arrepentiría de ir a una cita contigo. -
El chico estaba muy nervioso y no podía encontrar las palabras justas. Ginny, por su parte, se encontraba expectante sin perderse ningún detalle.
-La verdad es que lo pase muy bien anoche… siempre lo he pasado bien contigo.- continuó Harry -Y me gustas mucho. Y quería preguntarte si quieres salir conmigo- ya agregó sintiendo necesidad de aclarar. -Como novios.-
-¿Novios?- dijo Ginny sonriendo feliz por las palabras del chico.
-Si claro.- dijo Harry nerviosamente. -Siempre y cuando tu quieras.-
-¡Por supuesto que quiero!- dijo Ginny pasando sus brazos por detrás del cuello de Harry y besándolo.
Harry sonrió aliviado. La verdad es que temía lo que pudiera responderle la pequeña pelirroja.
-Tu también me gustas mucho Potter.- dijo Ginny feliz. -Y me encantaría ser tu novia.-
Nuevamente, se besaron y entraron al gran comedor tomados de la mano. Dentro se separaron, con algo de pesar, para ir a sus respectivas mesas. Prometiendo ir a buscar sus escobas para volar un poco.
Cuando Ginny se sentó junto a Demelza se encontró, rápidamente, rodeada por sus dos hermanos gemelos. Los dos estaban cruzados de brazos y ninguno parecía estar muy contento.
-¿Acaso te vimos entrar tomada de la mano de Harry?- preguntó Fred.
-Sí. Y no es asunto suyo.- dijo Ginny molesta.
Los gemelos levantaron la vista y miraron seriamente a Harry. El chico estaba conversando con Will Flint y no se percato de la mirada siniestra de los dos hermanos gemelos de su flamante novia.
-Y no se les ocurra amenazarlo.- dijo Ginny sabiendo exactamente que era lo que sus hermanos estaban pensando.
Fred y George se retiraron sin prestarle mucha atención a las palabras de su hermana. Ya tendrían una buena y larga charla con Potter.
Cuando termino el desayuno Ginny se dirigió a la torre de Gryffindor en busca de su escoba. La verdad era que estaba un poco preocupada, por su novio. Sabía que Fred y George seguramente le dirían algo.
Pero antes de que pudiera hacer unos pocos metros escucho que alguien la llamaba.
-¡Ginny!-
Podía reconocer perfectamente esa voz. Era nada más y nada menos que Hemione Granger.
La pelirroja se cruzo de brazos y dio media vuelta para encarar a la chica de Ravenclaw.
-¿Qué es lo que quieres Granger?- dijo Ginny de mal modo.
Hermione no se acobardo ante la furia que emanaban de los ojos castaños de la hermana de Ron.
-Quiero hablar contigo Ginny.- dijo Hermione.
Ginny estaba muy molesta con Hermione. Podía entender un rechazo pero lo que no podía entender ni perdonar era la forma en que la chica había arruinado a su hermano, para después retorcer la daga que le había clavado en el pecho. No había forma de que Hermione pudiera despertarle la más mínima simpatía.
-Habla.- dijo Ginny.
-Quería decirte que lamentó lo que sucedió anoche.- dijo Hermione. -Voy a hablar con Ron para pedirle disculpas por mi comportamiento.-
-¡Disculpas!- dijo Ginny sin poder creer lo que creía. -¡Arruinaste a mi hermano, Hermione!-
-Lo sé.- dijo Hermione sintiendo un enorme dolor en el pecho. -No sé si él podrá perdonarme pero debo intentarlo. Acabo de hablar con Viktor, le dije que no lo seguiría viendo. No puedo estar con él cuando me acabo de dar cuenta que es a Ron a quien amo. Sé que suena tonto y no es excusa para todo lo que hice. Pero estaba tan confundida, no quería perder la amistad de Ron. Por eso me negué a seguir mis sentimientos. Pero durante el baile fue demasiado, no pude controlarme y dije cosas horrible. Herí a Ron, lo sé. También sé que es tu hermano, lo quieres mucho y no me quieres ver ni a cien metros de distancia después de lo que sucedió.- Hermione sintió como unas lagrimas pugnaban por salir de sus ojos. -Pero lo amo y no puedo permitir que todo termine así. Por eso quería hablar contigo, para que supieras que lo lamento y que le pediré disculpas. Si no me quiere perdonar.- Hermione sintió sus palabras algo inestables. -Prometo que me alejare de él… para siempre.-
Hermione observó a la hermana de Ron. La pelirroja permanecía imperturbable.
-No sé si el podrá perdonarte.- dijo Ginny -Pero yo no puedo, no después de lo que le hiciste. Jugaste con él. Lo rechazaste y te arrepentiste. Me suena demasiado a una niña malcriada que, una vez que pierde la atención de alguien vuelve a buscarla. No porque le importe si no porque extraña ser el centro de atención.-
Hermione sintió como si la hubieran golpeado.
-¡No sé quien demonios te crees que eres para jugar con los sentimientos de las personas de esa manera!- continuó Ginny y agregó imitando la voz de Hermione -"Oh Ron ahora si me doy cuenta que te amo" -
Ginny estaba enojada, muy enojada.
-Si querías mantener la amistad con Ron te informo que hiciste un trabajo terriblemente malo.- continuó Ginny. -Heriste a Ron con tu rechazo, sí. Pero más con tus planteos inútiles cuando viste que su vida no terminaba y empezaba contigo.-
Ginny se detuvo unos instantes. No quería seguir discutiendo.
-Sé que actué mal pero debes darme una oportunidad, es todo lo que pido.- dijo Hermione negándose a llorar.
-Tu tienes un hermano ¿Qué harías en mi lugar?.- respondió la pelirroja. -Que harías si una chica. No solo lo rechazara, sino que después lo buscara y al no conseguir su atención lo tratara como basura.-
A pesar de que muchas veces discutía con Bobby, Hermione podía imaginar la situación perfectamente. No sabía como reaccionaría, pero si supiera que una chica había estado jugando con Bobby de esa manera horrible, le habría hecho saber que era una completa zorra y que si no dejaba a su hermano en paz la reduciría a pulpa. Ella no había actuado por malicia, pero el resultado había terminado siendo el mismo que si lo hubiera hecho.
-Haría lo mismo que tu.- dijo Hermione y agregó. -Gracias por no maldecirme.-
-Todavía lo estoy pensando…- dijo Ginny seriamente.
La pelirroja lanzó un suspiro.
-Sé que diga lo que diga igual hablaras con él.- dijo Ginny sonando resignada y agregó después de unos momentos. -Pero si después de que hablas con él no te comportas, si siquiera llegó a suponer que estás jugando con él… te arrepentirás hasta el fin de tus días.-
Sabía que era lo más cercano que podía obtener a una bendición por parte de la hermana de Ron. De cualquier manera sabía que Ginny no confiaría en ella por un tiempo, y con buenas razones.
Sin decir nada más la pelirroja dio media vuelta y continuó su camino.
Ahora solo quedaba la parte más difícil: Hablar con Ron.
Mientras tanto cerca de las mazmorras Harry caminaba rumbo a su sala común. Cualquiera que se cruzara con podía darse cuenta que estaba completamente feliz. Tenía muy buenos motivos para estarlo. Le había dicho a Ginny Weasley, sin duda la chica más linda de Hogwarts, si quería ser su novia y había aceptado.
Cuando llegó a la entrada a las mazmorras lo sorprendió ver que Fred y George estaban apoyados contra el arco que enmarcaba las escaleras.
-Harry Potter.- dijo Fred.
-Justo el sujeto que queríamos ver.- continuó George.
Los dos parecían amables y sonrientes pero, Harry los conocía, y no les creía una sola palabra de esa amabilidad.
-Fred… George.- dijo Harry a modo de saludo levantando la mirada.
Los dos se pusieron directamente delante de él bloqueándole el paso. Los gemelos y Harry permanecieron unos largos instantes.
-Entonces… ¿ahora andas caminando tomado de la mano de Ginny?- dijo Fred.
-Tomarse esas atribuciones con muestra hermanita…- dijo George negando con la cabeza. -Muy mal…-
-Así es.- dijo Harry y agregó firmemente. -Y no está mal. Somos novios.-
Harry sabía por donde venia el asunto. La verdad es que debía reconocer que estaba un poco asustado. ¿Quién no lo estaría ? Ginny tenía, no dos… ni tres; si no seis hermanos mayores para asegurarse que estuviera bien protegida de los jóvenes aprovechadores del mundo. En realidad no podía culparlos, el y John haría lo mismo con Violet, aunque faltaban un par de décadas para que pudiera salir con alguien.
-¿Novios?- dijo George alzando una ceja.
-No lo escuche mal.- dijo Fred. -Dijo Novios.-
-No tuvimos ningún problema con que fueras al baile con ella.- dijo George.
-Pero que estés saliendo con nuestra hermana…- dijo Fred.
-No nos gusta demasiado.- completó George. -Creímos que Ron te había advertido.-
Harry lanzó un suspiro. se paso una mano por su cabello color azabache y se acomodó los anteojos.
-Me advirtió.- dijo el chico. -Me dijo que recordara que era su hermana y me dio una mirada que decía que si me pasaba de la raya me molía a golpes.-
-Ronnie hizo su trabajo.- dijo Fred.
-Miren chicos…- dijo Harry. -La verdad es que me gusta, me gusta mucho. Yo tengo una hermana… sé que es lo que piensan. Pero les aseguro que no voy a hacer nada de lo que piensan.-
Los gemelos se observaron por un par de largos segundos.
-Parece que de verdad le interesa nuestra hermana.- dijo Fred pareciendo sorprendido.
-Si eso parece.- dijo George. -Le gusta incluso con el horrible carácter que tiene.-
Los dos volvieron a mirar a Harry.
-Sigue con tus asuntos Harry.- dijo Fred.
-Solo recuerda…- continuó George.
-Que si la lastimas…- agregó Fred.
-Lo pagaras caro.- dijeron al unísono.
Y sin agregar nada más se retiraron. Harry permaneció unos instantes en el lugar sin moverse. La verdad es que la amenaza de los gemelos lo asustaba. Pero él, realmente quería a Ginny y no pensaba darle motivos para que tuvieran que tomar represalias con él. Finalmente, dio media vuelta y se dirigió a su sala común para buscar su escoba.
En ese momento, Ron Weasley empacaba unas pocas cosas en su mochila. Estaría ocupado esa tarde, haría algo que debería haber hecho hace tiempo. Se cambio rápidamente por unas ropas muggles que tenía y sin nada más comenzó a bajar la escalera. Cuando estaba a punto de llegar a la sala común escucho unas voces.
Eran John y Lavender.
-La verdad es que la pase muy bien contigo John.- dijo Lavender.
-Yo también la pase muy bien contigo Lavender.- respondió John.
Ron salio lo más sigilosamente que pudo de la escalera. No había demasiadas personas en la sala común solo algunos de sus compañeros estaban en sentados en uno de los sofás junto al fuego que ardía. Ron se acercó a ellos: eran Neville y Dean. Los dos parecían bastante interesados en la conversación que sucedía entre el niño que vivió y su compañera de año. Ya que si bien estaban mirando una revista de Quidditch no estaban prestándole demasiada atención. Aunque a Ron le costara reconocerlo, estaba bastante intrigado por la situación.
-La verdad es que no esperaba que nos besáramos.- dijo Lavender sonriendo. -Me sorprendiste mucho, John.-
-Algunas veces se me da por usar la cabeza.- dijo John riendo.
Lavender río suavemente y acomodó un mechón de su cabello rubio detrás de su oreja.
-Entonces.- dijo Lavender algo nerviosa -¿Que sucederá con nosotros a partir de ahora?-
John parpadeo un par de veces antes de responder. Ron observó
-¿Sucederá…? ¿Nosotros? ¿A partir de ahora?- dijo John aflojándose el cuello de su camisa y agregó rápidamente. -Es una muy buena pregunta.- y agregó con seguridad -Creo que a los dos nos tomó un poco por sorpresa, Lavender y… La verdad es que eres muy bonita… pero estoy seguro que debes serlo incluso más por dentro. Y me encantaría tener la oportunidad de conocerte mejor. ¿Sabes qué? me encantaría salir contigo a Hogsmeade la próxima vez. ¿Qué me dices?-
Al principio de la frase parecía algo inseguro pero al final de podía verse que tenía la situación dominada. Ron había escuchado que James Potter tenía cierto don para las chicas, era evidente quien de los hijos lo había heredado.
-Me encantaría.- dijo Lavender sonriendo.
-Estoy seguro que habrá una salida dentro de poco, después de la segunda prueba.- dijo John. -La pasaremos bien.-
Lavender parecía muy emocionada por la perspectiva de ir a Hogsmeade con una cita. Era una de las cosas que toda bruja adolescente deseaba poder llevar a cabo durante los años que duraba su instrucción en Hogwarts.
-Debo ir a ver a los chicos.- dijo John y a continuación beso a la chica. -Hablamos después.-
-Nos vemos…- dijo Lavender sonriendo bobamente mientras se dirigía a las habitaciones de las chicas.
A continuación John se sentó con sus amigos.
-Sé lo que me vas a decir Ron.- dijo John antes de que el pelirrojo pudiera abrir la boca. -Pero Lavender no está nada mal y no tengo nada mejor para hacer.-
Ron no sentía que tuviera la autoridad moral para reprocharle a John lo que estaba haciendo, no después de cómo se había comportado el en el pasado.
-Con nada mejor que hacer… ¿Te refieres a salir con Susie?- dijo Neville.
El niño que vivió parecía algo adolorido al escuchar el nombre la chica.
-La vida continúa, Neville.- dijo John poniéndose de pie nuevamente. -Lavender no está tan mal y creo que puedo darle una oportunidad.-
Y, sin decir una sola palabra más, se dirigió a la escalera que conducía a sus habitaciones. Ron lo observó retirarse. Pocos segundos después, se despidió de sus compañeros y salio de la sala común.
Lentamente fue descendiendo las escaleras hasta llegar a la planta baja. Continuó caminando por fríos y desiertos corredores, acompañado solo por el sonido de sus propios pasos. Cuando llegó al atrio vio la puerta principal del castillo abierta de par en par. Más allá de ella se extendía una fría cubierta de nieve que cubría los terrenos hasta donde se alcanzaba a ver.
En ese momento vio que, por uno de los corredores que llegaban al atrio, aparecía una chica de cabello castaño y abrigo azul. Era Hermione Granger.
Ron se quedó donde estaba sin atreverse a moverse. La chica se acercó a él mientras guardaba un pedazo de papel en el bolsillo, si no se equivocaba el mapa del merodeador que habían construido el año pasado y del cual todos tenía una copia. La chica parecía algo pálida e insegura a medida que se acercaba, pero estaba haciendo un gran esfuerzo por ocultarlo.
Ron escucho los pasos de los zapatos de la chica a medida que se acercaban a él. La verdad es que no sabía que era lo que quería. No creía poder aguantarse nuevos planteos, no justamente en ese momento.
-Hola Ron.- dijo Hermione cuando estuvo junto a él.
-Hola Hermione.- dijo Ron después de unos largos segundos durante los cuales la chica de Ravenclaw pensó que no le respondería.
La castaña se sintió aliviada, al menos Ron no rehuiría de ella. Sin embargo le parecía que su tono de voz era frío, neutro e invitaba poco al dialogo. No debería sorprenderle teniendo en cuenta como habían terminado sus últimas conversaciones.
Hermione había estado pensando durante toda la mañana que era lo que debía decirle a Ron. No era fácil pensar en las palabras para recomponer toda la situación.
-Esperaba poder hablar contigo.- dijo Hermione. -Para poder arreglar lo sucedido.-
-Podemos hablar…- dijo Ron cruzándose de brazos.
-Quería pedirte disculpas.- dijo Hermione. -Sé que mi actuación de los últimos días deja mucho que desear. Me he comportado muy mal contigo y con otras personas.-
Ron permaneció en silencio.
-Sé que no tienes porque perdonarme.- dijo Hermione tratando de llenar el silencio que se había formado. -Pero, por favor. Entiende que no he sido yo misma… no es una justificación pero…-
Hermione no quería decirle que lo amaba. Como podía decirle eso después de todo lo que había hecho. Pensaría que estaba loca. O que, como había dicho Ginny, solo buscaba su atención después de haberla perdido. Susie seguramente le diría que no se arrastrara y que tratara de conseguir pequeñas victorias. Primero mantener la relación con Ron, más adelante podría ver de que forma llegar a su corazón, sin juegos que pudieran lastimarlo. Ya había desechado como una tonta su oportunidad y ahora se manejaría con todo el cuidado del mundo.
-Me gustaría que volvamos a ser amigos.- dijo finalmente Hermione.
Ron se demoró unos instantes en responder. Realmente ahora admiraba más a Hermione. Como podía haberlo perdonado después de todo lo que él le había hecho en su mundo de origen. Era difícil perdonarla después de todas las ilusiones que se había hecho. Era mucho más difícil cuando recordaba a sus hijos y la posibilidad de que no existiera ensombrecía su corazón.
-Está bien.- dijo finalmente el pelirrojo.
El dolor que sentía en el pecho no disminuía. No había avanzando ni un poco en su relación con Hermione, pero podía aceptar eso por ahora.
-¿Podemos volver a ser amigos?- dijo Hermione.
Ron no había respondido con el entusiasmo que esperaba, pero algo era.
-Sí.- dijo Ron. -Podemos volver a ser amigos.-
Ron observó por un momento los ojos de Hermione y notó el anhelo que había en ellos. Él la amaba, no podía dejar de hacerlo. Pero de alguna extraña manera no podía dejar de sentir desentumecimiento que lo acompañaba desde que lo había rechazado.
-Pero ahora debo irme…- dijo Ron -Adiós Hermione-
La chica de Ravenclaw lo observó alejarse hacia el exterior.
-¿Vas a los jardines?- dijo Hermione deseando poder extender el tiempo con Ron. -Puedo acompañarte.-
El pelirrojo se detuvo, dio media vuelta y la observó durante unos largos segundos.
-No. No puedes.- dijo Ron.
Hermione permaneció en silencio, viendo como Ron se alejaba por la superficie cubierta de nieve, sintiendo como sus ojos castaños se llenaban de lagrimas sin que pudiera hacer nada para evitarlo. Necesitaba darle tiempo, lo entendía. Pero dolía tanto.
La castaña dio media vuelta y comenzó a alejarse retirando las lagrimas de sus ojos.
Mientras tanto, afuera Ron se alejaba del castillo a paso veloz. No podía permitirle a Hermione que estuviera cerca, no hoy. Generaría demasiadas preguntas que sabía que no podría responder. Y si pudiera hacerlo, quizás la alejaría de él para siempre. Después de caminar unos cuantos minutos llegó al sauce boxeador. Las ramas se agitaron suavemente al percibir su presencia, esperando que el pelirrojo se alejara o se acercara y pudiera golpearlo. Ron permaneció unos largos instantes parado sobre la nieve compactada asegurándose que nadie estuviera observando. Finalmente, tomo una larga vara y golpeo el nudo que dejaba al sauce inmóvil.
El pelirrojo caminó durante largos minutos por el oscuro túnel, para llegar, finalmente, a la casa de los gritos. El lugar estaba tal y como lo recordaba en su última visita. Numerosos muebles rotos, puertas destrozadas, manchas oscuras en el suelo que seguramente eran su sangre y la de Violet.
Con un poco de trabajo consiguió abrir una de las puertas y salio de la casa, para ser asaltado por una helada brisa de invierno. Colina abajo podía verse recortado contra el nublado cielo al pueblo de Hogsmeade con sus techos de pizarra cubiertos de nieve y sus chimeneas lanzado bocanadas de humo gris, rodeado por árboles de ramos desnudas y pinos, siempre verdes, a pesar del invierno.
Pero el objetivo de Ron no era el pueblo mágico. El pelirrojo acomodó su capa, tomo su varita y se desapareció.
Cuando se apareció, se encontraba en un pequeño bosque. El suelo estaba cubierto de hojas marrones y, al levantar la vista, pudo ver a través de las ramas, un cielo de un color gris muy similar al que había en Escocia. Sin embargo no había nieve aun y el frío no era tan penetrante, no debía serlo. Después de todo se encontraba en el extremo sur de la isla de Gran Bretaña, en East Sussex, cerca del pueblo de Little Hangleton.
Ron comenzó a caminar lentamente. Al salir del bosque pudo distinguir su primer objetivo, el cementerio.
Las lapidas de diversos tamaños se alineaban. Algunas estaban más cuidadas que otras, pero el aspecto general era de la más absoluta soledad.
-No es una muy linda imagen… ¿No es así?- dijo una voz femenina a su costado.
Ron no necesitaba voltearse para saber quien le estaba hablando.
-Para nada.- respondió Ron.
Una chica en ropas muggles con jeans y una chaqueta perfectamente a la moda, de unos diecisiete años, rubia de ojos azules se acercó a él. Era la ente, como ya era costumbre, utilizando la imagen de la hija de Neville, Alice Longbottom.
-Tu sabías que Hermione no iría conmigo.- dijo Ron.
La chica demoró unos segundos antes de responder.
-Sí.- dijo la ente y agregó con culpa en la voz. -Pero te juro tenía esperanzas de que cambiara de parecer.-
-No lo hizo.- dijo Ron con amargura.
-No debes perder las esperanzas Ron.- dijo la ente.
-No lo hago.- dijo el pelirrojo con tono neutral.
A pesar de todo todavía sentía un dolor en pecho que sabía que no se iría por un largo tiempo. Había puesto demasiadas esperanzas en ese baile y en poder acercarse a Hermione en esa ocasión para decirle como se sentía. De alguna manera todo se había convertido en una especie de burla del destino que le daba la oportunidad de hacer todo bien con su futura esposa y esta simplemente lo ignorara.
-¿Qué hubieras hecho si te decía que te amaba?- dijo el ente.
-No lo sé.- dijo Ron. -Estuve tan seguro durante tanto tiempo de que me amaría… No sabría si realmente me ama, o simplemente cree que me ama… Seguramente le hubiera dicho algo terriblemente hiriente de lo cual me hubiera arrepentido. Puede ser que hayan pasado muchos años pero, ahí adentro, aun soy el mismo Ron de siempre…-
-Entonces…- dijo Alice viendo que era mejor cambiar de tema. -Veo que has decidido, continuar con tu misión.-
-Sí. Venía posponiéndolo desde hacia un tiempo.- respondió Ron y agregó después de unos segundos. -¿Y para que has venido?-
-Limpieza…- dijo enigmáticamente.
Ron sabía que no obtendría nada del ser que personificaba a la hija de Neville.
-Y para ver que no cometas ningún error.- dijo la ente. -Sé que no puedo ayudarte dándote información del futuro, ya sabes que mis superiores me han sacado todos los datos que tenía. Pero no hay ninguna regla que me impida estar por aquí mientras tu estás intentado salvar el mundo.-
Ron no respondió, se lanzo un hechizo para desilusionarse y comenzó a caminar. Cruzó una pesada puerta enrejada de hierro y comenzó a recorrer lentamente el sendero que separaba las tumbas con su varita en alto. Después de unos minutos detectó un hechizo de protección. Era una simple barrera repelente de muggles. Con precaución continuó avanzando y encontró otra barrera, esa informaba si alguien la cruzaba, por lo cual no lo hizo. No quería alertar a nadie de su presencia.
-Parece que te manejas con precaución.- dijo la ente que no tenía ninguna dificultad para verlo. -¡Bien por ti!-
-No quiero cambiar nada por ahora.- dijo Ron. -Sabes que si Voldemort no regresa no podrá deshacerse del Horcrux de John. Si las cosas fueran diferentes; ya estaría cambiando los huesos de Tom Riddle padre por los de un perro. Al menos ahora he confirmado que Voldemort y Pettigrew están por aquí cerca.-
Ron dio media vuelta y se alejó. La ente lo siguió de cerca. Los pasos de Ron lo llevaron a la mansión Riddle. La vieja casona se erguía fría y abandonada, recortada contra el cielo gris de invierno. El césped estaba seco por las heladas y seguramente, durante la primavera, regresaría a su antiguo esplendor.
No había ninguna señal que indicara que alguien habitaba el lugar: pero Ron sabía, que dentro de esa casa, se encontraban Voldemort y Peter Pettigrew. No quería encontrar a ninguno de los dos, ni a la serpiente Nagini; por lo cual bordeo la propiedad y se dirigió a su verdadero objetivo. La casucha de los Gaunt.
Después de recorrer varios cientos de metros por un descuidado camino llego al lugar donde los ancestros magos de Voldemort había residido hasta que finalmente murieron, décadas atrás. La casa se encontraba entre unos sauces que proyectaban sus ramas desnudas sobre la misma. Lucia poco acogedora, sin dudas. Las paredes estaban oscurecidas por la humedad, sin ningún rastro de pintura. La madera de las ventanas se veía gris por años de estar a la intemperie.
Ron se acercó con cuidado con su varita preparada para cualquier sorpresa.
Lo primero que encontró fue un encantamiento repelente de muggles. A continuación encontró otros encantamientos, sin duda, mucho más peligrosos.
Sin duda su hermano Bill hubiera podido desarmar esas barreras en pocos minutos; pero a él le tomaría más tiempo. Afortunadamente, todos los encantamientos le resultaban conocidos pero su falta de experiencia en el tema lo hizo demorar bastante. Pero después de una hora pudo suspender todos los hechizos protectores que le impedían ingresar.
Cuando ingreso a la casa la imagen no era muy hogareña, el descuido visible por fuera crecía en el interior y el olor a humedad parecía imposible de eliminar.
-Espero que no haya ratas.- dijo la ente.
La chica estaba parada en el centro de la habitación con los brazos a los costados con cara de no estar muy cómoda mientras miraba a su alrededor.
-Entonces…- continuó la ente. -¿Cual es el plan?-
Un ratón paso junto a ella y, la ente, se levanto rápidamente uno de sus pies.
-Encontrar el anillo…- dijo Ron mientras sacaba el colmillo de basilisco. -Clavarle esto y volver a Hogwarts.-
-Parece simple.- dijo la ente. -Me imagino que tomaste en cuenta que pudiera intentar destruirte.-
-Estuve practicando oclumancia.- dijo Ron. -Con el libro que encontré en la biblioteca años atrás.-
-Que robaste de la biblioteca años atrás.- aclaró el ser. -Igualmente no has practicado demasiado, puedo darme cuenta. Tienes tus "magníficos" escudos mentales bien en alto.- la chica hizo unas comillas con los dedos y agregó dando un suspiro -Solo recuerda no permitirle entrar en tu mente como la otra vez.-
Ron observó al ente intrigado. La verdad era que no estaba interesado en sus consejos.
-¿Qué haces aquí?- dijo el pelirrojo. -Realmente.-
-Tengo que seguir una serie de reglas muy estrictas.- respondió la chica. -Pero es un momento importante y nada me impide estar aquí si no delato mi presencia. Si todo sale como espero tendremos un horcrux menos y nos quedaran solo…-
-El relicario, La copa, Nagini y John.- completo Ron.
-Esos tres últimos parecen ser los más complicados.- dijo la ente.
-Me preocupa más la copa.- dijo Ron. -No quiero tener que volver a entrar a Gringotts. ¿Sigue ahí no es así?-
Hasta ahora ningún Horcrux había faltado del lugar donde se suponía que debía estar. Pero siempre era una posibilidad que la situación fuera diferente.
-Sigue ahí. Y tienes razón. Sin duda es uno de los más inaccesibles.- dijo la ente y agregó después de unos segundos. -Entonces como piensas localizar el anillo.-
Ron observó a su alrededor. No había muchos lugares para esconder algo. En ese momento recordó que la tiara despedía un leve brillo rojizo cuando se acercó a ella. Lentamente, bajo un poco los escudos mentales. Continuó observando y percibió un leve brillo rojizo que provenía de una junta del piso.
El pelirrojo levanto sus escudos otra vez se acercó al lugar donde vio la luz, se arrodillo, arrancó un panel de linóleo con capas acumuladas de suciedad, desprendió la tabla y yaciendo debajo de esta encontró el anillo. Yacía inofensivo sobre la tierra húmeda; aunque, si uno recordaba la mano de Dumbledore, era evidente que no era nada inofensivo.
-Ten cuidado Ron.- le recordó el ente a sus espaladas.
Ron no respondió. Levanto el colmillo de basilisco. El anillo comenzó a brillar intensamente.
-¡No dejes que entre a tu mente!-
La ente tenía razón podía sentir algo que intentaba entrar a su mente. Pero sabía que no era bueno esperar y descargo su golpe mientras un brillo segador lo deslumbraba. Y todo se oscureció.
Ron escuchaba voces apagadas que llegaban a él. Pero todo a su alrededor era de la más absoluta oscuridad.
Ron Weasley abrió lentamente sus ojos. El cielo estaba nublado pero, a pesar de las nubes la luz del mediodía era intensa. Las suelas de sus botas resbalaron ligeramente sobre el empedrado mojado. Estaba sentado en el escalón de entrada de una casa y, calle abajo, a unos cientos de metros podía ver los muelles de Portsmouth, con algunos barcos grises con enormes cañones anclados; y más allá, el Solent, el canal que lo separaba de la isla de Wight. Frente a él, del otro lado de la calle, podía verse una casa con el techo destruido y con enormes manchas negras saliendo de las ventanas indicando que el fuego la había consumido en un tiempo reciente.
Pero la casa no era la única podían muchos edificios más en las mismas condiciones.
Ron se puso de pie lentamente y observó a una mujer que discutía con el verdulero un hombre bastante mayor. Que, resignado, le comunicaba que no podría conseguir calabaza hasta dentro de unos cuantos días.
Junto a la verdulería podía verse una un cartel con el dibujo de un hombre en casco y uniforme, de aspecto noble pero aguerrido. Debajo del dibujo una leyenda rezaba "La madre Inglaterra te necesita. Enlístate ahora."
El pelirrojo se sacó su gorro y se paso una mano por su cabello. En ese momento sintió que alguien tiraba de manga y lo obligaba a darse la vuelta.
Frente a él tenía a una joven de unos diecisiete años, de cabello rubio y ojos azules. Usaba un sobretodo azul y lo observaba como si lo conociera.
-¿Disculpa? ¿Puedo ayudarte?- dijo Ron esbozando una sonrisa.
-No te hagas el galán conmigo Ron.- dijo la chica.
Ron se sorprendió de que conociera su nombre. Era la primera vez que estaba en Portmouth, de echo era la primera vez que pisaba el condado de Hampshire.
-Lo lamente.- dijo Ron apenado -¿La conozco?-
-Me conoces Ron, soy Alice.- dijo la chica y agrego muy molesta. -¡Protegiste muy bien tu mente! Trajiste tu conciencia a esta fantasía y dejaste tus recuerdos atrás ¡Te dije que debías practicar más!-
-Disculpe señorita.- dijo Ron. -¿Se siente bien?-
La chica camino un par de pasos en circulo. El suave taconeó des zapatos resonó sobre la vereda, y su falda ondeo cuando volvió a encarar al pelirrojo.
-Perfectamente.- dijo la chica. -Gracias por preguntar. Déjame hacerte unas preguntas. ¿Cuál es tu nombre?-
-Ron Weasley.- dijo el muchacho entretenido.
-¿De dónde eres?- preguntó la chica nuevamente.
-Devon.- respondió Ron.
-¿Cuantos años tienes? ¿Dónde has estado últimamente?- pregunto la chica del cabello rubio abriendo desmesuradamente sus ojos.
-Tengo veintiún años y acabo de llegar de África con el resto de mi división.- dijo Ron y agregó bromeando. -¿Acaso no se nota el bronceado de Libia?-
La chica permaneció observándolo unos largos segundos.
-¿Nunca estuviste en Escocia?- preguntó sonando desesperada.
-Creo que me confunde con alguien.- dijo Ron.
La verdad es que pensaba que a la chica le faltaba un tornillo.
-¿Qué año es?- preguntó Alice en un susurro.
-1943.- dijo Ron completamente convencido que la chica no estaba en sus cabales.
-Mira esto es diferente a la otra vez.- dijo finalmente Alice. -Si algo es diferente de esto es que Riddle no tiene un mínimo control, pero esta ilusión es inmensa. Debes buscarlo y terminar con él. Tendrás aliados y pistas sobre la misión…-
En ese momento escucho que un par de muchachos salían de la verdulería hablando animadamente. Ron se volteó y vio a un par de muchachos en uniforme color oliva. Eran sus amigos desde que había entrado al ejercito los hermanos Potter, John y Harry; y Robert Granger.
-Recuerda que no debes desviarte de la misión.- dijo la chica tomando firmemente la manga de su uniforme.
Y sin decir nada más dio media vuelta y se alejó por la calle.
-¡Ey! ¡Quien es la nueva conquista Donjuán!- dijo Bobby observando a la chica con sus ojos azules. -No está nada mal.-
Ron dio observó la chica alejándose. La verdad es que no tenía ni idea.
-Creo que le falta un tornillo.- respondió Ron.
-Nunca te metas con una chica que le falta un tornillo a menos que no sepa donde buscarte.- dijo John sacado una manzana de una bolsa de arpillera y arrojándosela al pelirrojo.
-Jamás.- dijo Ron atrapando la manzana en el aire.
-Así que son todos unos avezados con las damas.- dijo Harry riendo y acomodando sus anteojos. -Recuerda John que crecimos juntos.-
John frunció el ceño y le lanzó a su hermano una pera.
-Y no me he podido librar de ti.- mascullo John y agregó. -No es que me quejé.-
En ese momento escucharon el rugido de unos motores. Levantaron la vista y vieron pasar a un par de cazas. Debajo de las alas podía verse la escarapela británica.
-Spitfires.- dijo Bobby mientras observaba como se elevaban los aviones. -Seguramente van a patrullar el canal.-
-Espero…- dijo Harry sombríamente. -Si los Nazis estuvieran lanzando un ataque seguramente serían más.-
-Espero que no.- dijo Ron de igual humor que su amigo. -No quiero volver a ver algo como el Blitz otra vez… fíjate como quedó esta ciudad.-
Los cuatro muchachos comenzaron a caminar calle arriba.
-Igualmente no hay nada que podamos hacer.- dijo Harry acomodando su morral y agregó. -Tenemos que alcanzar un tren o no llegaremos a tiempo a Winchester. No se ustedes pero no quiero tener que pasar el resto de la guerra en el calabozo.-
-Especialmente cuando no se sabe cuanto va a durar.- dijo Bobby. -¿Cuanto creen? ¿Cuatro años más? ¿Diez? ¿Quién sabe?-
Lentamente fueron avanzando por las calles, esquivando personas y autos, para, finalmente, llegar a la estación de trenes de Portmouth. El tren esperaba en el anden, la negra locomotora largaba bocanadas de negro humo. Ni bien se sentaron en sus butacas el silbato anunció la partida.
-Entonces…- dijo Ron mientras intentaba tragar un gran pedazo de manzana -¿Para que creen que nos hayan llamado?-
Afuera podían verse campos cultivados y algunos aviones surcando el cielo de la campiña de Hampshire.
-No tengo idea.- dijo Bobby pasando una mano por su cabello castaño.
-Fue algo precipitado.- dijo Harry. -El capitán no tenía la más mínima idea…-
En ese momento pasaron unas adolescentes que los observaron y lanzaron una risitas tontas antes de continuar.
-"Aquí esta solo para cumplir ordenes Potter, no para cuestionarlas"- dijo John imitando un acento de Lancastershire. -"Lo único que quiero escuchar es: Sí capitán Longbottom"-
Los otros tres chicos lanzaron una carcajada. El capitán Frank Longbottom era conocido por ser bastante inflexible en su puesto. Sin embargo era un buen sujeto que se preocupaba por los hombres bajo su mando.
-Quizás es porque nos las arreglamos para llegar hasta aquí…- dijo Bobby y agregó sombríamente. -Sobrevivimos a ese condenado desierto mientras intentaban matarnos los Alemanes y los Italianos. Y los mandamos de vuelta al otro lado del mediterráneo…-
-Quizás porque somos unos completos lunáticos.- dijo Harry.
-Nunca te olvides de eso.- dijo John
-Es verdad.- dijo Ron sin poner en duda la palabra de su amigo. Más de una vez habían escapado por lo pelos de una muerte segura.
Los cuatro se quedaron en silencio. Bobby se arremangó el brazo derecho y acomodó unas vendas. No era el único que tenía alguna herida. Todos tenían unas cuantas en su haber, afortunadamente la suerte había estado de su lado y ninguna había resultado mortal.
Veinte minutos después el tren se detuvo el guarda paso por el vagón en el cual se encontraban anunciando la estación.
-¡Winchester!- dijo el hombre mientras salía por la portezuela al extremo del vagón.
Los cuatro muchachos se pusieron de pie y bajaron del tren.
La estación era más pequeña de lo que esperaban y estaba rodeada de un par de colinas cubiertas de espesa vegetación.
-¡Estación Waterloo!- gritó el guarda anunciando el destino de la formación. -¡Parando en todas las estaciones!-
A continuación sopló su silbato agito un pañuelo, entro nuevamente a uno de los vagones y el tren continuó su marcha.
El tren se alejó despidiendo una negra columna de humo que era cortada solamente por algunos puentes que cruzaban sobre las vías.
Ron y sus amigos tomaron sus escasas pertenecías y buscaron la salida de la estación. Debían reconocer que el pueblo era bastante pintoresco.
-Y ahora… ¿a donde?- preguntó John.
Ninguno de los cuatro sabía como llegar a su destino, la base del ejercito situada a pocos kilómetros del pueblo.
-Miren ahí…- dijo Harry.
Justo a la salida de la estación se encontraba estacionado un jeep pintado de verde. Al volante se encontraba sentado un soldado leyendo un diario y fumando un cigarrillo. Los cuatro se acercaron al hombre que no se percato de su presencia hasta que estuvieron a pocos pasos de él
-Buenos días soldado- saludó Ron y a continuación preguntó. -¿Tienes idea de cómo llegar a la base?-
El muchacho debía tener unos cuantos años menos que ellos, se notaba perfectamente que no debía hacer más de seis meses que usaba el uniforme. Levantó la vista de su diario y observó las insignias del pelirrojo.
-Buenos días sargento.- dijo el muchacho nerviosamente haciendo la veña.
A continuación se volvió a los demás.
-Sargento… Sargento… y ¿Sargento?- dijo Dennis pareciendo divertido que todos tuvieran el mismo rango.
-¿Gracioso verdad?- dijo Bobbie sin causarle ninguna gracia.
-Lo lamento, sargento.- dijo el muchacho enrojeciendo ligeramente. -Mi nombre es Dennis Creevey, soy su conductor. Los he estado esperando para llevarlos a la base ni bien llegaran.-
Los cuatro se miraron entre si algo sorprendidos. Ese tipo de recibimiento no era usual, al menos no para personas de su rango.
-¿Esperando?- dijo Harry intrigado.
-El capitán Longbottom llamó diciendo que llegarían en el tren de las once.- dijo el soldado y agregó después de unos segundos. -¿Ustedes son los cuatro hombres de la 50a de Northumberland que envió desde Portsmouth?-
Los cuatro se observaron nuevamente intrigados. Ellos pertenecían precisamente a esa división de infantería.
-Somos nosotros.- dijo Ron después de un par de segundos. -A menos que haya enviado a alguien más.-
Pero eran los únicos militares presentes en la estación además de Dennis.
-Muy bien.- dijo el muchacho mientras encendía su vehiculo. -Tengo ordenes de llevarlos a la base ni bien lleguen.-
Los cuatro se arrojaron sus bolsos dentro del vehiculo y se subieron a la parte de atrás.
El viaje fue bastante tranquilo al principio, pero después de quince minutos era evidente que estaban cada vez más cerca de su destino. Camiones pintados de verde transitaban el camino en un sentido y otro, algunos cargados de cajas, otros, con hombres en la parte de atrás.
Ron no pudo evitar que su mente rememorara tiempos mejores, antes de la guerra. Podía recordar perfectamente la casa de sus padres en la campiña de Devon, justo afuera del pueblo de Ottery Saint Cachpole. Recordaba la cocina de su madre, donde siempre había alguna olla burbujeando, desprendiendo aromas irresistibles; el campo de futbol, en el cual jugaba con sus hermanos; incluso el cobertizo de su padre donde intentaba arreglar toda clase de cosas con resultados ciertamente cuestionables.
Debía reconocer que había tenido una buena infancia, el dinero siempre escaseaba pero el cariño sobraba. Nada le había faltado nunca ni a él, ni sus hermanos. Pero, para ese, solo sus padres quedaban en la casa en la cual se había criado.
Los seis hermanos habían sido desperdigados por todos los rincones del mundo. Solo Ginny, su hermana menor y la más mimada de todos, había permanecido más tiempo bajo el ala materna. Pero su madre le había dicho, en su última carta, que ahora estaba trabajando en un periódico de Londres.
A Ron le costaba creer que en tres años apenas había a su familia una vez. La última vez había sido después de Dunkerque, a comienzos de la guerra. Solo fue por una semana, después lo habían enviado a África.
Pero si algo tenía que agradecer de esa maldita guerra era que había encontrado buenos amigos. En Bélgica había conocido a los hermanos Potter. Eran dos de los sujetos en los que más confiaba en la vida; además de Robert Granger el cual se había unido a ellos en Egipto un año después. Los cuatro habían ganado sus rangos y el respeto de muchos a cometer puras locuras con suerte.
Sin embargo la guerra no era algo glorioso como la describían en los libros y los panfletos. Habían perdido la cuenta de los compañeros que habían caído en batalla junto a él. Y más de una vez habían sido los únicos sobrevivientes de toda una partida de decenas. Puede ser que tuvieran suerte de sobrevivir, pero no la suerte de poder evitar ver el resultado de las batallas y sus consecuencias. Tampoco ninguno hablaba, ni hablaría, de los hombres que habían muerto en sus manos.
Ahora estaban nuevamente en Inglaterra y, a pesar de haber ganado en África, la guerra no daba señales de terminar.
En ese momento Ron volvió a la realidad estaban llegando a las barracas de Winchester.
-Síganme por favor.- dijo Dennis descendiendo del vehiculo, evidentemente con todas las intenciones de terminar con las ordenes asignadas lo antes posible.
Los cuatro siguieron a Dennis a lo largo de varios corredores hasta llegar a un patio interno. Dentro, el edificio ardía de actividad. Habían hombres y mujeres caminado de un lado para el otro.
Entraron a otro corredor y, finalmente, Dennis se detuvo. En uno de los costados, delante de la ventana había un escritorio con una chica bastante bonita vistiendo uniforme revisando unos papeles.
-Aguarden aquí un momento.- dijo el muchacho.
Pero, antes de que Dennis pudiera ir a informar a su superior que había llevado a cabo la tarea asignada, se abrió una puerta y vieron salir de ella a un hombre en uniforme con insignias de coronel. Debería tener más de cuarenta años; cabello castaño encanecido alrededor de las orejas; una presencia imponente, a pesar de que no era demasiado alto; y una mirada severa.
La verdad es que a Ron, por alguna razón, le daba un poco de miedo. Sin embargo los ojos azules del hombre observaron a hacia ellos sorprendidos.
-¿Papá?- dijo Bobby como si no pudiera creerlo. -Quiero decir… coronel Granger.-
John, Harry y Ron se observaron entre ellos muy sorprendidos.
-¿Bobby?- dijo el hombre sonriendo ampliamente.
El padre del muchacho se acercó a su hijo y lo atrapó en un fuerte abrazo.
-No puedo creer que estés aquí.- dijo el coronel Granger pareciendo muy feliz. -¿Le has escrito a tu madre diciendo que regresabas Robert?-
-Le he escrito, señor.- respondió Bobby y agregó volviéndose a sus amigos. -Estos son muy Harry y John Potter; y Ron Weasley son mis amigos desde que me enviaron a África… Les presento a mi padre, el coronel Patrick Granger.-
El hombre se volvió a los amigos de su hijo. Los tres se pusieron firmes e hicieron la veña.
-Descansen muchachos.- dijo el hombre después de responder al saludo. -¿Entonces que es lo que hacen aquí?-
-Son los hombres que me envío a buscar coronel.- respondió Dennis antes de que los demás pudieran hacerlo.
El rostro de Patrick se ensombreció.
-Puede retirarse Creevey.- dijo el padre de Bobby seriamente. -Ustedes vengan conmigo.-
Los cuatro los siguieron a preguntándose por el extraño cambio de humor del hombre.
El despacho del coronel Granger era bastante amplio e iluminado, todo lo que se veía dentro de él parecía tener una función. No había cuadros, ni espadas colgadas, ni nada de lo que Ron hubiera esperado encontrar solo un pequeño espejo en una de las paredes, un perchero de madera, un cómodo sofá y, en el escritorio, un portarretratos que estaba volteado hacía la posición donde se sentaría el hombre, por lo que Ron no pudo ver quienes se encontraban en la foto.
El hombre se sentó detrás de su escritorio y permaneció unos muy largos segundos en silencio.
-Me encuentro en una situación un tanto delicada.- dijo finalmente el coronel. -Tengo una misión para cumplir, aquí en casa. El problema es que Inteligencia no se está haciendo cargo y mis superiores no quisieron darme comandos para llevarla a cabo. La respuesta oficial es que todos están operando tras las líneas enemigas recolectando información para una operación importante que llevaremos a cabo el año próximo. Eso es basura, la verdad es que no quieren poner sus cuellos en juego por esto…-
El padre de Bobby se levantó y se dirigió a la ventana que tenía a su derecha.
-Por eso me vi obligado a llamar a algunas personas.- continuó el coronel. -Un viejo conocido mío, el general De Boer, me prometió conseguirme un par de hombres. Ayer me dijo que había conseguido un par de… ¿Cómo fue que dijo? "Locos temerarios con tendencias suicidas en el 50a…" que me los enviaría esta mañana y aquí están.-
Bobby parecía bastante pálido. Mientras tanto su padre volvió a sentarse. Y lanzó un suspiro.
-¿Quién de ustedes fue el que se infiltro en una formación alemana, trepó a un panzer abrió la escotilla y tiro granadas dentro?- preguntó el hombre.
-Ese soy yo señor.- dijo Ron muy nervioso.
-¿Quiénes derribaron a un caza desde la cima de una duna mientras los estaba ametrallando?-
-Nosotros señor.- dijeron los hermanos Potter al unísono.
-Y me imagino que fue usted Granger el que detuvo a cincuenta hombres con un fusil, desde un minarete en Trípoli a pesar de que lo ordenaron abandonar la posición.- dijo el hombre enrojeciendo de ira.
-Ese… ese fui yo, señor.- dijo cuya piel se veía algo verde ahora.
El hombre observó severamente a su hijo, y agregó volviéndose a los otros tres. No podía creer que de los dieciocho mil hombres del 50 de Northumberland tenia que enviarle justamente a su hijo y a sus amigos.
-Al final del corredor están las cocinas.- dijo el hombre. -Vayan a buscar algo para comer… Usted se queda Granger.-
Los tres saludaron se retiraron y cerraron la puerta. Ni bien se alejaron un paso escucharon la voz del padre de Bobby.
-¡Se puede saber que demonios estabas pensando!- grito el hombre. -¡Tu madre y tu hermana están muertas de preocupación y a ti se te ocurre jugar al héroe! ¡Los únicos héroes que conozco están todos muertos por su propia estupidez!-
Los tres comenzaron a alejarse en dirección al lugar que les había indicado el padre de su amigo.
-Creo que Bobby tardara un poco.- dijo Harry conteniendo una sonrisa.
La mujer que estaba a cargo de las cocinas era bastante amable y a Ron le recordó un poco a su madre, al decirles que estaban muy flacos. En pocos minutos les preparo unos gigantescos sándwiches de pollo que devoraron en un abrir y cerrar de ojos.
-Extraño la comida de mi madre.- dijo Ron sintiéndose satisfecho.
-Yo, más que nada, la tarta de melaza de mi madre.- dijo Harry. -Creo que no hay ninguna que se compare en todo Somerset, que estoy diciendo, en toda Inglaterra.-
-El pastel de chocolate.- dijo John. -En realidad creo que comería cualquier cosa que no viniera en una lata…-
Pero la charla sobre comida fue interrumpida cuando las puertas de la cocina se abrieron era el coronel Granger y su hijo.
-Síganme los tres.- dijo el hombre simplemente.
Los tres se pusieron de pie inmediatamente y caminaron detrás del hombre.
-Lo que van a escuchar no debe salir de aquí.- dijo el coronel. -Tenemos indicios de que los Nazis están preparando una operación aquí mismo en Inglaterra. Suponemos que es un equipo pequeño, intentando hacer algo de gran daño, como asesinar a alguna figura importante del gobierno. Hasta ayer solo eran rumores que provenían del continente. Y algunos así lo consideran, yo tengo el presentimiento que es verdad.-
Sus pasos los estaban llevando nuevamente al despacho del coronel.
-Deben haber unos cuantos espías operando en Inglaterra desde el comienzo de la guerra, señor.- dijo John. -¿Por qué este es tan importante?-
-Buena pregunta Potter.- dijo el coronel esbozando una sonrisa enigmática. -Pero creo que no soy el más indicado para responder.-
El hombre abrió la puerta de su despacho. Sin embargo no estaba desocupado. En el sofá cruzada de piernas se encontraba una chica muy hermosa, de cabello oscuro, ojos azules y que vestía muy elegante con falda, blusa, chaqueta, zapatos y sombrero perfectamente combinados que se veían muy costosos pero realzaban la ya de por si interesante figura de la chica. Además tenía un collar y aros de perlas que se veían genuinos.
-Les presento a Pansy Parkinson.- dijo el padre de Bobby. -Estos son los sargentos Weasley, Granger, Potter y Potter.-
John, Harry y Bobby tenían una expresión que era digna de una foto. Ron estaba muy sorprendido, el conocía muy bien a la mujer que tenía delante.
-Encantada de conocerlo sargento Weasley.- dijo Pansy estrechando su mano.
Algo en la mirada y la sonrisa de la chica le decía que se callara la boca.
Pansy saludó al resto de los hombres.
Ron por su parte no podía creer a quien estaba viendo. Pansy Parkinson era más que una simple conocida: Era de su familia.
De echo era su prima segunda por el lado de su madre. Había ido al colegio con el desde que tenían seis años. Sin embargo sus familias no se llevaban muy bien, su padre era un estirado que consideraba que cualquier persona que tuviera aunque sea dos chelines menos que él era basura de los zapatos. Con sus amigos, Malfoy y Nott creían que podían hacer cualquier cosa. Una vez cuando eran jóvenes había intentado propasarse con una chica del pueblo y su padre, el siempre tranquilo Arthur Weasley, lo envió al hospital. El viejo oficial de policía del pueblo Alastor Moody había tomado el lado de su padre, y Parkinson estaba furioso.
Sin embargo Pansy era diferente al resto de su familia; era muy amable con todo el mundo. Un día su padre la encontró jugando con Ron y Ginny afuera de la escuela cuando tenían siete años, le dio una buena tunda. Más tarde, cuando le contaron a su padre, supieron la razón de la furia del señor Parkinson. Sin embargo Pansy tenía un carácter un rebelde, no dejó de ser su amiga y de hecho se llevaba muy bien con su hermana.
Ahora, después de tres años, la veía en este lugar luciendo impecable.
-La señorita Parkinson acaba de regresar de Alemania.- dijo el padre de Bobby.
.¿Alemania?- dijo Ron todavía algo aturdido.
-La señorita Parkinson es una espía Weasley.- explico el coronel Granger. -Ha vuelto, después de unos cuantos problemas con nosotros trayendo información.-
Ron no podía creer lo que estaba escuchando: Pansy Parkinson una espía.
-Lamentablemente no me han tomado muy enserio… a excepción del coronel Granger por supuesto.- dijo Pansy.
El padre de Bobby le hizo una señal para que continúe.
-Permítanles que les explique la situación.- dijo la chica. -Como deben saber los Nazis han estado desarrollando toda clase de tecnologías desde antes de la guerra para obtener una ventaja que les permita resolver el conflicto a su favor. Hitler no descarta ninguna idea por más descabellada que sea.-
La chica hizo una pausa.
-Mi misión era infiltrarme, y estar cerca de algún alto miembro del gobierno.- continuó Pansy. -En mi caso fui la niñera de los hijos un general alemán.-
-Por que no tuve una niñera así.- le susurró John a Ron.
-Te aseguro, galán, que no es divertido intentar sacarte de encima las manos de un gordo sudoroso, que piensa que, porque cuidas a sus hijos, tu trasero dominio publico.- dijo Pansy. -De cualquier manera funciono bien, cuando buscaba espías era entre las amantes de mi empleador y no en la niñera que quería cortarle los testículos si se propasaba. En esos tres años no saque nada, hasta una fiesta oficial, con toda la pompa en una casa de fin de semana en Bavaria, a la cual tuve que ir para cuidar a los niños. Conseguí escabullirme y escuchar una conversación secreta entre uno de los acólitos de Hitler y un sujeto bastante extraño. Su nombre era Grindelwald…-
Por alguna razón el nombre le resultaba familiar a Ron y le daba un mal presentimiento.
-Era muy extraño. El Nazi parecía bastante sorprendido de verlo y asustado. Lo trataba con un gran respeto y lo llamaba Lord. También le dijo que no era un lugar para hablar que las paredes escuchaban. El hombre primero río, después dijo que no le importaba que sabía que era el único mago en la propiedad y que los de su clase no podía hacer nada para interferir en sus planes.-
Los cuatro muchachos se miraron intrigados.
-Ahora les explicó…- dijo Pansy. -Continué investigando… pensé que el mago era una especie de código para alguna unidad secreta; pero no es así. Me costó bastante, tuve que arrastrarme por una alcantarilla de Berlín, y casi termino muerta en una docena de veces, pero pude llegar al fondo del asunto y obtener los copias documentos que necesitaba.-
Los cuatro muchachos no perdían palabra de lo que decía la chica.
-Les dije que buscaban tecnologías para obtener ventaja en la guerra.- dijo Pansy. -Pero no es solo eso… han estado intentando obtener control de poderes sobrenaturales… hay muchos sujetos lo suficientemente chiflados como para intentar contactar demonios, buscar el arca de la alianza, el santo grial y quien sabe cuantas cosas más. Entre todo ese cúmulo de cosas han estado intentado obtener magia. Y si bien no pudieron producirla contactaron a alguien que sí… O al menos eso creen. Leí cosas que no podía creerlo siquiera.-
-Déjame adivinar.- dijo Bobby. -Este sujeto lunático del apellido raro.-
-Grindelwald.- dijo Pansy y agregó. -Por lo que leí en ese archivo es porque estoy aquí. Parece que este mago cree que no puede entrar en Inglaterra por una especie de campo que no le permite aparecerse con su magia. Por eso le pidió a Hitler que le prestara uno de sus submarinos para que un equipo de los suyos pudiera entrar a Inglaterra y contactar a un grupo de Ingleses, magos también, que trabajan para él. De hecho por las fechas que vi llegaron ayer.-
-Perdóneme señorita.- dijo Harry. -Pero lo que nos está contando es difícil de creer.-
Pansy enrojeció ligeramente.
-Mis superiores no me creyeron una sola palabra cuando les envíe la información.- dijo Pansy molesta. -Pero este sujeto Grindelwald me helo la sangre, miren que he visto a sujetos que no merecen llamarse hombres. Pero este me preocupo. Por eso arme mis valijas, le dije entre lagrimas a la esposa del general que estaba cansada de que su marido intentara abusar de mi decencia y que me volvía a mi hogar a las afueras de Breslau. Después de eso volví aquí… nadie me creyó y estuve golpeando puertas hasta que encontré al coronel Granger.-
-Opino lo mismo que mi hermano.- dijo John. -Es un poco difícil de creer…- y agregó con una sonrisa -Aunque si tu lo dices encanto no tengo problema.-
Pansy observó a John molesta.
-Que esos sujetos crean que son magos no significa que lo sean.- dijo Pansy seriamente. -Lo importante es que están aquí y que van a tratar de golpear a Inglaterra de alguna manera. Lamentablemente no tengo idea de donde puedan estar exactamente.-
Con esa última frase Pansy terminó su explicación. Los seis quedaron en silencio. Durante unos largos momentos. Afuera podía verse a través de los cristales el ir y venir de los soldados.
-Creo que en eso puedo ayudar yo.- dijo el coronel Granger rompiendo el silencio.
Los cinco observaron al padre de Bobby.
-Unos de mis hombres capturaron a un alemán mientras patrullaban.- lo están trayendo aquí mientras hablamos. -Me acaban de informar, síganme.-
Los cinco siguieron al coronel por una serie de corredores, no paso más de un minuto cuando vieron que un par de soldados arrastraban a un sujeto esposado que vociferaba en alemán. Pansy, inmediatamente, se detuvo.
-Esperen.- dijo la chica. -Ese sujeto no puede verme.-
-Le aseguro que no lo vamos a dejar ir a ninguna parte.- dijo el coronel Granger. -Y no parece hablar inglés así que la necesitamos.-
Ron mientras tanto observaba al hombre que era arrastrado. La verdad era que vestía extraño. Tenía una tunica negra de amplias mangas que lo cubría del cuello a la cabeza.
-Consíganse a alguien más.- respondió la chica firmemente. -Llámenme paranoica si quieren pero no me importa. Puede ser que tenga que volver a Alemania y no quiero tomar riesgos de que ese sujeto escape e informe quien soy realmente.-
Los dos soldados entraron a una habitación y salieron pocos segundos después.
Uno se acercó a ellos.
-Ya tenemos al prisionero maniatado y bajo vigilancia señor.- dijo el soldado a Patrick Granger.
-Muy bien.- dijo el hombre. -¿Usted lo capturo Macmillan?-
-Si, señor.- respondió el muchacho. -Fue algo extrañamente estúpido, este sujeto estaba mirando un espejo y hablando en alemán solo al costado de un camino. Estaba tan concentrado que no notó que me acerque. Cuando terminó de hablar bajo el espejo, aparecí por atrás y le di un culatazo…- y agregó. -Solo le encontramos esto.- y a continuación le entrego una vara de madera de unos treinta centímetros. -El espejo se rompió y lo dejamos donde estaba.-
El padre de Bobby tomo la vara y la observó durante unos segundos.
-Puede retirarse.- dijo finalmente y agregó volviéndose al resto. -Síganme.-
Mientras caminaban Ron aprovechó para cruzar unas palabras con Pansy.
-Así que ahora no me conoces.- susurró Ron.
-Claro que te conozco, Ronnie. Y estoy muy contenta de verte.- respondió con una sonrisa y agregó seriamente. -Pero en este negocio es mejor mantener tu vida personal y amistades en secreto… por el bien de la gente que quieres.-
Patrick se detuvo y dio media vuelta.
-Necesitamos alguien que hable alemán… Que pueda dar la cara.- dijo el hombre y sin más continuó caminando.
Como no les había ordenado que se quedaran ahí los muchachos y Pansy lo siguieron. Salieron del edificio y entraron a uno que estaba justo enfrente. Era de ladrillos al igual que el resto, pero tenía unas cuantas antenas elevándose desde el techo y cables que llegaban a él.
Ni bien entraron vieron un amplia sala donde decenas de hombres y mujeres, todos uniformados, sentados en escritorios trabajando con radios captando comunicaciones y emitiendo mensajes. Las voces reales se mezclaban con otras etéreas y distorsionadas que hablaban en más acentos de los que
Se acercó a ellos una mujer rubia, de anteojos, que debería tener poco menos de treinta años, muy bonita que vestía de uniforme.
-Coronel Granger.- dijo respetuosamente mientas hacia la veña. -Un gusto verlo por aquí. ¿Necesita hacer alguna transmisión?.-
-No en esta ocasión Comandante Rydberg.- respondió el padre de Bobby respondiendo al saludo. -Tengo que interrogar a un prisionero. Esperaba que pudiera conseguirme alguien que sepa hablar alemán perfectamente. Por esas casualidades, ¿usted habla?-
-Lamentablemente solo danés.- respondió la mujer. -Tengo alguien que habla alemán perfectamente, entiende todos los localismos y dobles sentidos… pero… no estoy segura- por alguna razón la mujer parecía algo indecisa -Aguarde un momento por favor.-
La mujer dio media vuelta y comenzó a buscar con la mirada a alguien entre las personas que estaban trabajando. Finalmente, se alejo en busca del traductor.
-No se que demonios ocurre con este lugar.- susurro John. -Todas las mujeres que hay son unas muñecas… tenemos una de cabello oscuro…- el muchacho hizo un gesto hacia Pansy que en ese momento se encontraba junto al padre de Bobby -Aquí tenemos una rubia solo falta una pelirroja.-
-Y una castaña.- agregó Ron riendo.
En ese momento escucharon unos pasos que se acercaban y volvieron su mirada al frente. Vieron venir a la mujer del cabello rubio seguida por una chica pelirroja, muy bonita, que vestía uniforme, llevaba el cabello atado en un rodete y lucía el rango de cabo en sus hombros.
-Ese primor es lo que llamo una Pelirroja.- dijo John observando de arriba a bajo a la chica. -Acabo de conocer a la próxima señora Potter.-
John inconcientemente lo había dicho lo suficientemente fuerte como para que la todos lo escucharan; incluida la chica, que esbozó una sonrisa que no llegó a sus ojos y levantó su mano izquierda para mostrar un anillo de compromiso que descansaba en su anular.
Sus amigos rápidamente lanzaron una carcajada. Pansy, parecía tener problemas para no reírse.
-Parece que alguien te ganó de mano campeón.- dijo Bobby riendo. -Esa chica está reservada.-
John entrecerró sus ojos y observó a su amigo pareciendo algo molesto.
-No te preocupes por ellos.- dijo Pansy a la pelirroja -Están un poco desesperados después de pasar dos años en el desierto solo acompañados por camellos. Pero son pura cháchara.-
La pelirroja esbozó una sonrisa. Y saludo al coronel llevando su mano a la frente.
-Para los que no la conocen; les presentó a Susan Bones.- dijo Rydberg. -Es mi mejor traductora.-
Ron tenía la extraña sensación de que la conocía de alguna parte. No podía recordar donde o cuando la había visto; pero no pudo evitar sentir un instantáneo cariño por la pelirroja.
Patrick Granger observó a la chica que tenía frente a él.
-¿Realmente eres tan buena Susan?- dijo el padre de Hermione.
-Creo que lo soy, señor.- dijo la chica sonrojándose.
Parecía que los dos ya se conocían. No era tan descabellado, después de todo trabajan en el mismo lugar.
-Tenemos que interrogar a un prisionero.- dijo el padre de Bobby seriamente. -No digo que vaya a ser algo agradable, nunca se sabe que puede terminar ocurriendo.- y agregó volviéndose a Rydberg -Preferiría que fuera un hombre o alguien de más edad.-
Pero la chica no quería dejar pasar su oportunidad.
-Puedo hacerlo señor. Mi padre trabajó en la embajada Británica en Alemania hasta antes de la guerra.- dijo Susan firmemente. -Fui a la escuela en Alemania y viví casi toda mi vida en Berlín, excepto las vacaciones. Sé hablar Alemán tan bien como Inglés. Y le aseguro que puedo hacer este trabajo hasta el final; no me gusta alardear pero soy la más indicada.-
Patrick parecía dudarlo y demoró un par de segundos en tomar su decisión.
-Muy bien Bones…- dijo el padre de Bobby lanzando un suspiro. -Estás dentro.-
La chica parecía bastante contenta con le dieran la oportunidad.
-Y si me permite señor.- dijo Rydberg. -Quizás sería bueno que se llevara a alguien para descifrar códigos… puede resultarle útil.-
Patrick observó a la mujer como si no le agradara lo que quisiera decir. El silencio fue llenado por el murmullo incesante y las voces distorsionadas por las ondas de radio.
-Sabe que es la mejor, señor.- agregó la mujer.
El hombre demoró unos segundos en responder.
-Muy bien llámela- dijo a regañadientes.
La mujer dio media vuelta, salio de la habitación y regresó un par de minutos después. Pero no venía sola, estaba seguida por una chica que debería tener la misma edad que Ron. De cabello castaño algo enmarañado, ojos del mismo color e impecable uniforme. Todo enmudeció para Ron no escuchaba las voces de sus amigos, ni las que provenían de los operadores de radios. No podía creerlo, era la chica más hermosa que había visto en todo su vida. Y la sensación de que la conocía era mucho más fuerte de lo que había sido con Susan. Prácticamente podía escuchar los latidos de su corazón mientras la veía avanzar lentamente hacía ellos.
Los pocos segundos que les tomaron llegar hasta ellos se hicieron interminables para el pelirrojo. Cuando estaba a mitad de distancia del amplio salón, la vio sonreír hacia ellos. Y no pudo evitar responder a la sonrisa. La chica comenzó a correr hacía ellos pero, paso junto a él sin siquiera mirarlo y se lanzó a los brazos de su amigo del cabello castaño.
-¡Bobby!- dijo la chica muy emocionada.
Ron frunció el ceño y se cruzo de brazos molesto. Su amigo no le había dicho que tuviera ninguna chica esperando por él en casa.
-¡Estás de vuelta!- dijo la chica entre lagrimas mientras apoyaba su cabeza sobre el pecho del mucho del muchacho.
-Tranquila Hermie.- dijo Bobby estrujando a la chica. -A mi me alegra mucho volver a verte hermana.-
Ron suspiró de alivió al escuchar las palabras de su amigo. El desgraciado se tenía bien guardado que tenía una hermana bonita.
-¡Me tenías muy preocupada Robert Granger!- dijo la chica separándose de su hermano. -¿Te piensas que esas miserables cartas que envías servían para mantenernos tranquilos? ¡Estuviste dos años fuera de casa! Mamá estaba enferma de la preocupación.-
-Lo lamento…- dijo Bobby lamentado haber preocupado a su familia. -A veces… no había nada bueno para escribir…-
Ron sabía que era mejor no recordar muchas de las cosas que habían pasado.
Bobby se volvió hacia sus amigos.
-Chicos les presento a mi hermana… Hermione.- dijo el muchacho. -Estos son Ron, Harry y John son mis amigos.-
La chica se quedó observando a Ron un par de segundos antes de reaccionar.
-Encantada de conocerte…- dijo Hermione estrechando la mano de Ron.
Los dos sintieron una descarga eléctrica cuando sus manos entraron en contacto. Hermione estaba algo aturdida y muy confundida, no podía quitarse esa sensación del pecho.
-Y está es Pansy Parkinson estará con nosotros un tiempo.- dijo el padre de Hermione.
-Encantada.- dijo Hermione fríamente cruzándose de brazos observándola de arriba abajo. No le gustaba esa chica, que aparecía con sus perlas, sus manos de manicura, y su ropa tan elegante como costosa; pareciendo una modelo de catalogo. No pudo evitar observar a la chica y a Ron después preguntándose si no estaría interesada en él. Por alguna razón eso le molestaba y mucho.
La chica del cabello oscuro la observo entretenida. Parecía que la castaña se sentía amenazada por ella.
Susan por su parte estaba bastante sorprendida. Hermione era su amiga desde que había llegado, y siempre había sido muy amable con todo el mundo. Y no sabía bien por que, pero no le parecía que Pansy fuera una mala chica. De echo tenía la extraña sensación de que la conocía de antes a ella y más aun a esos muchachos. No creía que eso fuera posible; pero no podía quitarse de encima esa idea.
-Dejen las presentaciones para después.- dijo el coronel Granger seriamente, y agregó dirigiéndose a su hija. -Estamos en tarea oficial aquí.-
Hermione parecía algo sorprendida. Desde que había sido asignada a Winchester su padre iba a visitarla seguido y se comportaba con ella como siempre lo había hecho.
-Entiendo, señor.- dijo finalmente.
El grupo se desplazó nuevamente hacia el lugar donde estaba aguardando el prisionero para ser interrogado. Rydberg le pidió al coronel Granger poder acompañar a las chicas bajo su mando y el hombre aceptó.
Conocía a Rydberg y sabía que era de confiar y su presencia sin duda resultaría de más ayuda que una molestia. Además estaba trabajando con los recursos que disponía, si sus superiores se hubieran preocupado por ayudarlo. No tendría que involucrar a ninguna de estas personas.
-Hermione, Parkinson y Rydberg ustedes aguarden en la habitación de observación.- dijo el padre de los hermanos. -El resto conmigo… Bones, esto no será una charla amistosa. Te sentaras junto a mi y traducirás exactamente lo que digo y lo que dice, no te acercaras al sujeto ni pasaras las manos sobre la mesa, no tomaras notas de ningún tipo, no puedes llevar ningún objeto punzante, no puedes dejar nada en esa habitación.-
A pesar de su determinación anterior la chica parecía algo nerviosa. Los gritos del hombre se escuchaban a pesar de la puerta cerrada. La mujer del cabello rubio se acercó a ella y la tomó por los hombros maternalmente.
-Recuerda mantenerte firme, Susie.- dijo la mujer. -Puede ser que el coronel haga las preguntas pero será tu voz la que este hombre escuche y entienda. Tu eres la que manda en esa conversación y recuerda que no estarás sola ahí dentro y yo estaré observando todo desde el otro lado del cristal.-
-Si, comandante.- dijo Susan.
-¿Qué es lo que está diciendo?- preguntó la mujer.
-Que va a matarnos a todos.- dijo Susan sin poder evitar sonar algo nerviosa.
-Ya le gustaría- dijo la mujer. -¿Reconoces el dialecto?-
-Alemán del norte.- respondió la pelirroja con seguridad y agregó después de unos segundos. -Prusiano… si no me equivoco. Pero puede estar fingiendo el acento.-
-Bien.- dijo Rydberg. -Así debes pensar, algunas cosas te las dirá y otras debes intuirlas. Todo eso debes comunicárselo al coronel Granger ¿Estás lista?-
-Lo estoy.- dijo la chica.
Alexandra Rydberg se veía como una especie de madre sustituta para las chicas bajo su mando. A pesar de que a veces debía ser firme, le recordaba mucho a su trabajo como profesora de Matemáticas.
La chica pelirroja lanzó un suspiro, se acomodó el uniforme y controló su rodete. Finalmente siguió a los cuatro muchachos y al padre de su amiga.
Cuando entró a la habitación notó que no tenía ventanas, las paredes estaban cubiertas de azulejos rectangulares verdes, que le recordaban mucho a los de los subterráneos de Londres. Una lámpara de metal con un gran bombillo iluminaba la estancia y un espejo falso separaba la sala de interrogatorios de la sala de observación. En el centro había una mesa cuadrada de madera desgastada, de un lado había dos sillas y del otro se encontraba sentado un hombre bastante alto de cabello castaño claro, de rostro transfigurado por el odio y unos ojos azules que desprendían una tremenda furia.
Además del hombre habían dos soldados, uno en cada esquina, que permanecían inmutables. El coronel Granger les indicó que esperaran en la puerta. A continuación Ron, Harry, John y el hermano de su amiga se ubicaron estratégicamente en la habitación preparados para detener al hombre si era necesario.
Susan recordó lo que le había dicho su comandante e intento comportarse de la manera más profesional que le era posible. Se sentó junto al padre de su amiga con la espalda derecha y juntó sus manos sobre la mesa.
El prisionero levantó la mirada, observó al hombre y a la chica que tenía delante de él; y lanzó una carcajada.
Los dos permanecieron imperturbables.
-¿Lista Susan?- preguntó el padre de su amiga.
-Lista.- respondió la chica.
El coronel Granger permaneció unos segundos en silencio observando al hombre con una mirada de hielo.
-Soy el coronel Granger.- dijo el hombre. -Estaré a cargo de su interrogatorio. Dígame su nombre, rango y unidad.-
-Este hombre es el coronel Granger y estará a cargo del interrogatorio- dijo Susan en Alemán. -Debe decirle su nombre, rango y unidad.-
El prisionero observó a la chica durante unos largos segundos.
-No tomo ordenes de basuras como ustedes.- dijo el hombre. -Estaré fuera de este agujero y todos ustedes estarán muertos por la osadía de atraparme.-
La pelirroja tradujo la respuesta del hombre. El padre de su amiga parecía esperar esa respuesta.
-Vas a hablar de una manera u otra.- dijo Susan transmitiendo la respuesta del coronel. -La verdad es que me importa un condenado demonio como te llamas queremos saber cual es su misión y donde se está quedando el resto de tu unidad.-
Su madre le lavaría la boca con agua y jabón si la escuchaba en ese momento. Susan nunca utilizaba palabras fuertes; pero estaba en su obligación como traductora de transmitir todo de la manera más clara posible.
-Creo que voy a disfrutar matándolos a todos.- dijo el hombre. -Me tomare mi tiempo con unos muggles como ustedes.-
Susan tradujo la respuesta.
-No tengo idea que es muggle.- dijo Susan de forma sutil al coronel. -Nunca escuché ese termino, señor. Puede ser una especie de código para referirse a nosotros.-
-Tienes trabajo Hermione.- dijo el coronel sabiendo que su hija escuchaba. -Aunque no creo que muggle sea un código… dile que queremos saber que es lo que estaba haciendo con un vestido de mujer en el medio de un campo.-
La chica tradujo lo que le indicó el coronel. El hombre enrojeció de furia..
-Acaso creen que me rebajaría a vestir con sus sucias ropas.- dijo el hombre. -Puede que algunos de sangrepura lo hagan; pero yo no.- y agregó con calma -Ese idiota me tomó por sorpresa, sino lo hubiera matado como un animal. Quizás me hubiera divertido un rato.-
El interrogatorio no estaba marchando como el coronel planeaba. Sabía que en algún punto tendría que recurrir a la violencia pero esperaba que ese no fuera el caso. Si llegaba a eso mandaría a las chicas a tomar té un rato.
-Sabemos que llegaron en un submarino este martes desde Francia, Cherburgo, para ser más precisos.- dijo el padre de Hermione. -¿Cuál es su objetivo? ¿Quiénes son sus contactos ingleses? ¿Dónde se están escondiendo?-
El hombre observó al coronel y pareció percibir que la paciencia del hombre se estaba agotando. Y lo que más lo preocupó era ver que tenía información sobre ellos. Sabía de donde había salido y que tenía contactos en el país.
-Sabemos que siguen las ordenes de Grindelwald.- tradujo Susan, pero el hombre había palidecido ni bien escucho el nombre del mago oscuro salir de los labios del padre de Hermione
-¿Qué demonios es esto?- dijo el prisionero intentando ponerse de pie. -¿Acaso son magos? ¿Por qué todo este teatro? ¿Por qué se hacen pasar por muggles?-
Harry y Ron, lo tomaron de los hombros y lo obligaron a sentarse.
-Nosotros hacemos las preguntas aquí. Siéntate y quédate tranquilo o terminaras con las piernas rotas.- dijo Susan después de traducir la iracunda respuesta del coronel.
Todos estaban perplejos con las preguntas del prisionero. Susan por su parte estaba confundida, no conocía toda la historia.
-Los magos no existen.- tradujo Susan. -Ahora responde las preguntas.-
El hombre permaneció en silencio unos segundos. Parecía algo aliviado.
-No sé como fue que consiguieron saber el nombre del mago más grande que ha existido pero eso no importa.- dijo el hombre. -Puedo decirles que es verdad. Vinimos en un submarino muggle, tenemos un objetivo que es asesinar al altas figuras del gobierno británico… Pero del gobierno mágico británico.- el hombre lanzo un suspiro -Después le haremos el favor a los Nazis de liquidar algunos de los lideres muggles de aquí, será pan comido. Pero no hay nada que puedan hacer para evitarlo. Y no les diré donde nos escondemos.-
Susan tradujo lo que dijo el prisionero lo más rápido que pudo.
-Pensándolo mejor puede que se los diga.- dijo el prisionero siniestramente. -Será entretenido para mis colegas un poco de caza muggle. Podemos llegar a un… arreglo.-
El hombre hizo una pausa, mientras la chica traducía.
-Si quieres saberlo pelirroja… no estás para nada mal. Podemos hacer un intercambio.- dijo el hombre observando a la chica de arriba abajo como si estuviera abusando de ella con la mirada -Puedes arrastrarte debajo de la mesa y destaparme la cañería, perra… Sé que te gustaría.-
La chica se retrajo con repulsión.
-No necesito traducción para eso.- dijo el Coronel Granger tranquilamente poniéndose de pie. -Muchachos, enséñenle modales a este idiota.-
Un tremendo golpe en la mandíbula de llegó desde atrás cortesía de Ron Weasley. A continuación llegó otro proveniente de Harry que terminó el trabajo iniciado por su amigo y lo envío al suelo. Rápidamente Bobby y John se sumaron, poniéndolo de pie y golpeándolo en los riñones y el estomago. Finalmente el sujeto terminó en el suelo escupiendo sangre mientras recibía una lluvia de golpes y patadas.
-Suficiente.- dijo el padre de Hermione mientras se ponía de pie, se sacaba el reloj de su muñeca y lo dejaba sobre la mesa.
A continuación golpeó el espejo y les hizo una seña a las mujeres que están del otro lado para que salieran.
-Tomate un descanso, Susan.- dijo el coronel mientras rodeaba sus hombros con un brazo y la acompaña afuera.
En el corredor esperan las demás mujeres que, evidentemente, sabían lo que le había dicho el prisionero a la pelirroja.
-Acompañen a Susan a tomar un té.- dijo Patrick. -Después mandare alguien a buscarlas.-
-Vamos cariño…- dijo Alex maternalmente.
Y las cuatro mujeres se pusieron en marcha.
-Parkinson aguarda un segundo.- dijo el hombre y agregó una vez que se hubieran alejado un poco su hija y su amiga. -¿Qué fue exactamente lo que le dijo?-
Pansy se inclinó sobre el oído del coronel y susurró la traducción.
-Me imaginaba que sería algo por el estilo. Gracias Parkinson. Eso sería todo por ahora.- dijo el hombre seriamente mientras se sacaba su chaqueta y arremangaba las mangas de su camisa.
Sin más dio media vuelta entró a la habitación y cerró firmemente la puerta. La chica no lamentaba lo que iba a sucederle a ese cerdo, tenía suerte de que tenía información aun. A continuación apuró sus pasos para alcanzar a las dos chicas y a la mujer.
Las cuatro caminaron en silencio hasta llegar a las cocinas donde la cocinera le preparo una tetera bastante grande, tostadas y dulce de ciruelas. Y las dejó que comieran tranquilas.
-Todo esto es tan extraño…- dijo Hermione intrigada mientras le preparaba un té con mucha azúcar a Susan. -Ese sujeto no es lo que esperaría de un espía alemán.-
-Tampoco es lo que esperaría… Debieron ver su cara cuando escuchó el nombre de Grindelwald.- dijo Susan. -No lo esperaba. Y después volvió a sentirse seguro de que no le pasaría nada.-
-Estoy muy orgullosa de ti Susan.- dijo Alex. -Te comportaste de una manera muy profesional.-
Susan esbozó una sonrisa.
-Ese sujeto dijo que era un mago.- dijo Hermione muy intrigada -Y que hay un gobierno mágico en Gran Bretaña… paralelo al nuestro.-
-Eso es exactamente lo que dijo.- dijo Pansy tomando un sorbo de su té.
Todas permanecieron calladas durante unos largos segundos. Los ruidos de la cocina y una radio en la cual podían escucharse unas melodías de Jazz, llenaron el vacío.
-Tu sabes exactamente que es lo que ocurre, Parkinson.- dijo Hermione en tono de acusación.
Por alguna razón Parkinson no le agradaba. Estaba segura de que era el tipo de mujer que le gustaba robarle los novios a otras chicas. Incluso seducir a hombres casados. En suma, una destructora de hogares.
La chica del cabello oscuro apoyó su taza sobre el plato correspondiente antes de responder.
-Por supuesto.- dijo Pansy y comenzó a untar una tostada con mermelada. -Ya lo escucharon: el hombre cree que es un mago, esta convencido de eso.-
Alex, Susan y Hermione estaban muy intrigadas.
-Pero no puedo decirles nada más.- continuó la chica. -Tengo ordenes de no hacerlo. Solo el coronel Granger puede autorizarme.-
Hermione sabía que su padre no le soltaría nada a menos que fuera extremadamente necesario.
-¿Qué se supone que eres?- preguntó Hermione observándola fríamente con sus ojos castaños. -No usas uniforme; sin embargo sabes muchas cosas. ¿Eres una espía? ¿no es así?-
Lejos de molestarla, la hostilidad de la chica divertía a Pansy. Y estaba segura que no tenía nada que ver con su misión.
-Tampoco puedo decirlo.- respondió la chica cruzándose de piernas y dando por terminada la conversación.
Sin embargo las otras tres mujeres tomaron esa respuesta como una afirmación. Nuevamente las melodías de Jazz ocuparon el silencio.
-Lo que me resulta más intrigante.- dijo Alex. -Es que no haya venido nadie de inteligencia a llevarse al prisionero.-
-No vinieron porque ya sabían lo que iba a decir.- dijo Pansy aumentando la intriga de las mujeres. -Es un mago que trabaja para otro más importante que se lleva bien con el Führer. El nuevo jefe de inteligencia… Dursley… es un idiota. No entiendo a quien se le ocurrió la brillante idea de nombrarlo. No quiso ni siquiera aceptar la posibilidad de que fueran una secta de locos delirantes alemanes con tendencias a homicidios rituales. Que eso es lo que personalmente creo.-
La chica dio un sorbo de su té.
-Probablemente Vernon este vaciando su oficina para fin de mes como siga así y lo enviaran a una estación meteorológica perdida en el medio del océano.- continuó Pansy -El coronel Granger, como saben es el encargado de este sector, que es donde supuestamente desembarcarían, y fue el único que quiso tomar este asunto medianamente en serio. Está corriendo un riesgo muy grande con esto.- y agregó dirigiéndose a Hermione. -Tu padre es un hombre muy valiente.-
-Lo es.- dijo Hermione.
-Pero dejemos de lado el trabajo. La idea de todo esto es relajarnos.- dijo Pansy sirviéndose otra taza de té. -No pude evitar notar ese espectacular anillo que tienes, Susan.-
El rostro de la chica se iluminó.
-Oh. No lo es tanto.- dijo la chica observándolo con orgullo mal disimulado.
-Claro que lo es.- dijo Pansy. -Entonces ¿Quién te lo dio?-
-Mi novio, Justin.- dijo Susan con mirada soñadora. -Me lo dio antes de embarcarse… Fue todo tan rápido… Pero me dijo que cuando volviera a Inglaterra, hubiera terminado la guerra o no, tendríamos una bonita boda. Y me ha enviado tantas cartas que a veces puedo prácticamente sentir que estoy con él.-
Las tres mujeres sonrieron e hicieron las exclamaciones enternecidas correspondientes.
-¿Dónde consigo uno así que no este ocupado?- dijo Pansy.
Hermione alzó una ceja e hizo nota mental de decirle a Susan que nunca le presentara a su prometido, a esa.
-¿Cómo lo conociste?- pregunto la espía interesada.
-Fue en una fiesta.- dijo Susan disfrutando de poder contar como había conocido a su prometido. -Mi tía la había organizado, cuando volvimos. Era muy elegante, todos eran tan educados pero tan distantes al mismo tiempo… Yo había llegado hacía poco de Alemania y estaba de muy mal humor. Había dejado a mis amigas allá, son buenas chicas, pero todas habían caído en las redes de esos malditos fanáticos. Tenía que terminar la escuela, y todos me veían raro porque sabía hablar alemán… Pero me estoy desviando del tema. Salí al balcón a tomar un poco de aire y estaba ahí. Al principio no le di mucha importancia pero después de cinco minutos estaba riendo como una tonta con sus comentarios. Después, no se como, empezamos a encontrarnos y el resto… se lo imaginan.-
-Pareces una chica recatada; así que me imagino que solo se besaron.- dijo Pansy consiguiendo que Susan se sonrojara y las demás rieran, incluso Hermione, que si bien no le agradaba la chica debía reconocer que era un buen comentario.
-¡Por supuesto!- dijo Susan muy sonrojada. -No hice nada…-
-Ya lo sabemos cariño.- dijo Alex riendo.
Las cuatro mujeres estuvieron cuarenta minutos en la cocina antes de que alguien fuera por ellas. Cuando llegaron a la habitación de interrogatorios. Harry las esperaba fuera.
-No te preocupes Susan.- dijo el muchacho. -Está más calmado… no creo que se quiera pasar de listo ahora.-
Hermione, Alexandra y Pansy entraron nuevamente a la habitación de observación. Susan siguió a Harry a la sala de interrogatorios. Susan observó al prisionero. Era evidente que lo habían golpeado bastante. Tenía la nariz rota, el labio cortado, una ceja partida, un ojo cerrado por la inflamación y apenas podía mantenerse sentado en la silla.
Susan se sentó nuevamente en la silla.
-¿Dónde están escondidos?- preguntó el coronel Granger.
-Mansión Riddle, a las afueras de Little Hangleton en Sussex.- respondió el hombre una vez que Susan tradujo la pregunta. -Ahí se encuentra nuestro contacto, Británico. Pueden intentar ir pero solo encontraran su muerte, no son nada comparados con nosotros.-
Por alguna razón el nombre del lugar llamó mucho la atención de Ron. Como si ya lo hubiera escuchado antes. Era un sentimiento algo perturbador, y no podía identificar de donde venía.
-Eso es todo serás trasladado a un centro de detención para prisioneros de su majestad.- dijo Susan.
-Espere señorita…- dijo el hombre. -Dígale a su jefe que tengo más información, pero quiero un trato. No me pueden enviarme a un lugar así. Si se enteran que hablé me matarían. Se supone que en caso de que me capturen debe quitarme la vida para prevenir estas situaciones.-
La pelirroja tradujo la respuesta.
-Dime que sabes y veremos si vale la pena.- respondió el coronel Granger. -Y nada de trucos, basura.-
-Prometo que es increíble.- dijo el prisionero. -Son unos documentos… los tengo escondidos en la vara que me retiraron cuando me capturaron.-
El padre de Hermione levanto la vara de madera que le habían requisado al prisionero al de su captura.
-¿Te refieres a esa vara?- preguntó Susan transmitiendo las palabras del coronel. -Ya la hemos revisado no contiene nada, es sólida.-
Los ojos del hombre volvieron a la vida al ver el pedazo de madera. A Susan no le gustó. Su instinto le decía que todo era una mala idea.
-Se equivocan.- dijo el prisionero. -Si me la permiten… podré abrirla, yo se como. Si intentan hacerlo ustedes el contenido se destruirá.-
-Potter…- dijo Patrick Granger dirigiéndose a Harry. -Deja su mano derecha libre, esposa la izquierda a la mesa.-
-Tengo el presentimiento que intentara algo , señor.- dijo Harry.
Harry estaba seguro que intentaría algo. Sin embargo el coronel tenía en su mano una inofensiva vara de madera común, que no estaba afilada. Era imposible que pudiera hacer algo con ella. Si intentaba romperla para crear una punta con cual atacarlos, lo detendrían. Pero, por alguna razón, consideraba que darle esa vara al prisionero, era sinónimo de problemas.
-Estoy seguro que intentara algo, Potter.- dijo Patrick mientras se ponía de pie. -Y si lo hace le dispararé yo mismo.-
Harry terminó de esposar la mano izquierda del prisionero a una de las patas de la pesada mesa.
Patrick dejo la varita al alcance del prisionero. El hombre alargó su mano y la tomó lentamente.
-Deberías haber visto como se puso tu jefe después de lo que te dije. Parece que se preocupa por ti.- dijo el hombre. -Por lo que serás la primera en morir.-
Susan abrió los ojos desmesuradamente. Inexplicablemente el prisionero no está esposado, de un rápido movimiento una fuerza inexplicable salio de la varita y envío al coronel contra la pared. Parecía que toda la vitalidad había regresado a sus miembros. Harry y Ron se lanzaron sobre el sujeto pero, antes de que pudieran tomarlo se esfumó en el aire, para aparecer a pocos metros de ellos y lanzarlos contra la pared con la misma fuerza inexplicable, tanto a ellos como a John y Bobby.
Susan retrocedió un par de pasos sin poder creer lo que veía, pero el hombre se apareció justo frente a ella.
-Podría largarme de aquí ahora mismo.- dijo el hombre mientras pasaba su vara por su rostro y la nariz antes rota se acomodó inexplicablemente, el ojo se desinflamó y su rostro tomo proporciones normales. -Pero no puedo regresar así, después de lo que me hicieron. No te preocupes por tus amigos, solo están aturdidos. Me tomaré mi tiempo con ellos.- a continuación agitó su varita y escuchó como el cerrojo de la puerta se corría. -Pero antes creo que pasaré un tiempo de calidad contigo pelirroja… no mentía cuando decía que estás bonita…- el hombre paso su varita sobre el rostro de la temblorosa chica -Podría utilizar la maldición Imperus para que estés un poco más dispuesta. Pero le quita la diversión. No te preocupes no tengo demasiado tiempo, por lo cual no te alargaré la vida más de lo necesario.-
Susan escuchó golpes en el cristal y que alguien intentaba romper la puerta para entrar. Por alguna razón no estaban teniendo ningún resultado.
-Parece que tenemos una luchadora aquí.- dijo el hombre -¿No lloras? ¿No gritas? No te preocupes ya lo harás. Me encargue de torturar a muchos de los miembros de la resistencia Alemana… idiotas… pensaron que podían detener a al Gran Gindelwald… todos terminan gritando y no tengo mucho trabajo ahora. ¿Nada para decir?-
Susan lo observó fríamente con sus ojos azules.
-Hablas mucho idiota.- dijo la pelirroja.
Antes de que se diera cuenta de lo que ocurría la chica le pegó un rodillazo en la entrepierna. Una décima de segundo después había sacado uno de los destornilladores que utilizaba para ajustar la radio con la que trabaja lo clavo en el hombro derecho. Y corrió lo más rápido que pudo al otro extremó de la habitación esperando conseguir un arma de los muchachos.
El hombre rugió enfurecido algo parecido a "Abra Cadabra". Instintivamente Susan se lanzó sobre la mesa volteándola para protegerse de una luz verde de apariencia siniestra que se dirigía a ella. La luz impacto contra la mesa arrancando astillas de madera. En ese momento Bobby despertó e inmediatamente se lanzó contra el sujeto. Antes de que pudiera apuntar su varita recibió un puñetazo en la mandíbula que lo hizo trastabillar. Pero, lejos de caer consiguió levantar su varita y lanzar otra inexplicable fuerza. El muchacho se corrió justo a tiempo pero no antes de recibir un corte en el brazo izquierdo.
Los muchachos tanto como el coronel ya habían recuperado el conocimiento; y se estaban lanzando sobre el prisionero. Ron fue el primero en llegar. Se lanzó con toda su fuerza y consiguió lanzarlo contra la pared. A continuación saco su cuchillo
-¡Weasley quítate del medio!- escuchó decir al padre de su amigo.
Ni bien escuchó las palabras Ron abrió desmesuradamente sus ojos sabiendo que una bala venía en camino. El pelirrojo apenas tuvo tiempo de moverse. Un instante después resonó un disparo y el prisionero yacía inmóvil con un agujero en la cabeza.
Inmediatamente la puerta se rompió y el cristal de observación también. Del otro ladro pudieron ver a Alex, Hermione y Pansy sosteniendo objetos, que seguramente utilizaron para romper el espejo. En la puerta un sorprendido, Ernie Macmillan, entraba a la habitación.
-No se rompía señor.- dijo un soldado de piel negra sonando desesperado. -Ni siquiera el cristal… le disparé… vacié un cargador.-
-Esto queda clasificado bajo el más alto secreto. La versión oficial es que el prisionero tenía un arma escondida y tuve que dispararle.- dijo el coronel Granger. -Ni una palabra Thomas, lo mismo para usted Macmillan… No quiero tener que fusilar a nadie.-
-Entendido, señor.- dijeron los dos muchachos.
-Traigan algo para cargar el cuerpo y llévenlo a la morgue.- les ordenó.
Inmediatamente los dos muchachos se retiraron.
-Comandante Rydberg. Retiré las cintas de la grabación.- dijo el padre de Hermione sonando algo cansado. -Las quiero en conmigo cuando vaya a Londres. Debo ver al Alto Mando, inmediatamente.-
Patrick Granger había visto cosas extrañas en la vida pero nunca nada como eso.
-Entendido, señor.- respondió la mujer haciendo lo que le ordenaba.
Patrick observó el cuerpo inmóvil del hombre, en su mano todavía tenía firmemente sujeta la varita. Levantó la vista y se encontró rodeado por los muchachos y las chicas. Su hijo sostenía su mano sobre la herida.
-Estoy bien, señor.- dijo Bobby sabiendo lo que su padre pensaba. -Solo fue superficial. He sufrido peor jugando al rugby.-
-Ve a que te atiendan esa herida.- dijo Patrick.
El hombre observó a los muchachos y las chicas. No quería ver a ninguno de ellos metidos en este asunto. Eran demasiado jóvenes. Dos de ellos eran sus hijos. Originalmente había pensado realizar una operación para contener esta amenaza pero la verdad es que, ahora, no podía meterlos en esto, no importaba que tan buenos fueran. No pensaba enviar a su hijo en una misión casi suicida. Al menos con la evidencia que tenía podría conseguir los refuerzos que necesitaba. Solo esperaba llegar a tiempo.
-Lo hicieron bien…- dijo Patrick. -Todos ustedes… Bones, te dije que no trajeras ningún objeto peligroso… pero me alegra que lo hayas hecho. ¿Por qué un destornillador?-
-Por la radio… a veces se descompone y necesita que la calibre… o cambie la válvula.- dijo Susan. -Olvide que lo tenía conmigo.-
-Bien…- dijo después de un par de segundos. -Aprovechen para descansar… debo ir a Londres.-
-Sabemos donde están señor.- dijo Bobby.
-No pienso envíalos ahí.- dijo Patrick seriamente. -Es un suicidio… y tenemos gente que puede hacer esos trabajos. Permanecerán aquí es una orden.-
-Sí, señor.- dijo el muchacho a regañadientes.
Una hora después los siete se encontraban sentados en una larga mesa en el comedor. Patrick Granger había partido hacia Londres. Todos estaban bastante impresionados por lo que acababan de ver.
-Esto es basura.- dijo John golpeando la mesa con el puño. -Nosotros podemos hacernos cargo de esto.-
-Ya viste lo que podía hacer ese sujeto.- dijo Pansy. -Lo único que nos serviría es un bombardero que destruya esa mansión hasta los cimientos.-
-Si me lo cuentan jamás lo creería posible.- dijo Ron. -¿Magia?
-"Una vez descartado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser la verdad."- dijo Hermione.
-Pensé que solo leías libros aburridos hermana.- dijo Robert Granger.
-Cállate Bobby.- dijo Hermione. -Yo también estoy frustrada, me gustaría poder ayudar pero no hay mucho que podamos hacer. Papá… quiero decir el coronel… nos metería en el calabozo hasta el final de la guerra si intentamos algo. Igualmente odio estar sentada sin poder hacer nada.-
-Quizás tenga algo para ti.- dijo Pansy. -Estás son copias de los documentos que traje desde Berlín. Ya pasaron por Inteligencia pero es posible que puedas sacar algo…-
La chica sacó de su bolso un pequeño tubo que contenía papeles y se lo pasó a Hermione. Contenía las copias de los documentos en alemán y las traducciones.
-Algunas cosas están sin codificar…- dijo Hermione. -No soy tan buena con Susie hablando pero no tengo problemas leyendo… parece que no todos confiaban demasiado en este Grindelwald. Temían que intentara hacer algo contra el gobierno del Tercer Reich una vez que la guerra terminara.- la chica continuó leyendo. -Aquí hay cosas codificadas referentes a la misión.- Hermione entrecerró los ojos. -Todo está bien… excepto… "Radio"… contenedores… son magos, aparentemente no necesitan radios para comunicarse.-
Hermione levanto la vista.
-Radio.- dijo Bobby palideciendo. -¡Dios mío!-
Hermione entendió a lo que se refería su hermano.
-No tiene suficiente poder. - dijo Hermione -Necesitan otro tipo de mineral más inestable.-
-Pero es tóxico.- dijo Bobby. -No es necesario que haga fisión solo necesitan dispersarlo y sería una catástrofe.-
-¿Podrían explicarnos para los que no somos unos cerebritos?- dijo John.
-Radio es un elemento radiactivo.- dijo Bobby. -Lo utilizan para irradiar otras cosas y producir rayos X es tóxico. Si lo hacen estallar, podría matar a cientos o quizás miles por envenenamiento.-
-¡No puedo creer esto!- dijo Pansy poniéndose de pie roja de furia. -¡Esos incompetentes!-
-Muy bien.- dijo Harry poniéndose de pie. -Parece que vamos a desobedecer ordenes muchachos. ¿Listos?-
John, Ron y Bobby se pusieron de pie inmediatamente.
-No sería la primera vez.- dijo Ron. -Necesitamos pasar por la armería.-
Las tres chicas se pusieron de pie.
-Y ni se te ocurra querer seguirnos Hermione.- dijo Bobby. -Esto es muy peligroso.-
-Puedo ayudarte Bobby.- dijo Hermione. -La Comandante Rydberg, se aseguró de que todas supiéramos disparar y nos da entrenamiento físico todas las mañana.-
-Esto es diferente Hermione.- dijo Bobby firmemente. -No tienes idea de cómo es…-
Hermione enrojeció visiblemente. Y se volvió a su amiga que no había abierto la boca desde que comenzó la discusión. Era extraño, sabía que la pelirroja también estaría dispuesta a ayudar.
-¡¿Susan di algo?- dijo la castaña
-No me preguntes.- dijo Susan. -Solo soy una chica.-
Hermione abrió desmesuradamente los ojos pero una mirada de su amiga le decía que no hablara.
-No creo que sea lo mejor Hermione.- dijo Ron tomándola suavemente del brazo. -Sabemos que son capaces pero no las queremos en peligro.-
La verdad era que Ron no quería que le pasara nada a la hermana de su amigo.
Hermione enrojeció visiblemente, en parte porque no le gustaba que porque fuera mujer se pensaran que no podía hacer nada, pero más que nada porque Ron estaba tomándola del brazo. Y parecía realmente preocupada por ella. Por más que quiso decir algo las palabras no podían salir de su boca.
-Yo voy con ustedes, les guste o no.- dijo Pansy. -Me necesitaran.-
-Está bien.- dijo Harry a regañadientes. Sabía que sus habilidades como espía podían serles muy útiles.
Todos se dirigieron a la armería de la base. Después de hablar con el hombre a cargo entraron a la habitación donde se encontraban las armas que podían necesitar.
-Viajaremos livianos.- dijo Harry. -Solo lo que necesiten… armas de mano, granadas, rifles, cargadores.-
-Subfusiles…- dijo John. -Son pequeños, podemos llevarlos sin problemas.-
Cuatro metralletas fueron a parar a un bolso junto con municiones extra. Bobby mientras tanto tomaba un rifle de francotirador.
-Necesito asegurarme que esté calibrado…- dijo el hermano de Hermione y agregó volviéndose al hombre que custodiaba la armería. -¿Tienes algún lugar donde pueda disparar?-
El hombre le indicó donde podía calibrar su arma y el chico se alejó lo más rápido que pudo. Pansy mientras tanto tomo un arma y una pistolera para los hombros. John dejo a su hermano encargado de las armas y fue a buscar transporte.
Ron se volvió a Hermione sabía que debía decirle algo y ese era el momento.
-Mira lamento que no puedas venir.- dijo Ron, pero eso no era lo que quería decirle. -Sé que resultara extraño pero me parece que te conozco de algún otro lado, sé que es imposible y que parece una excusa barata…-
Hermione había sentido exactamente lo mismo.
-Y la verdad es que me gustaría saber…- Continuó Ron. Hermione lo observaba seriamente lo cual no ayudaba a sus nervios. -Si quieres ir algún día al cine o alguna fiesta cuando todo esto termine.-
-La verdad es que no creo que sea una buena idea.- dijo Hermione sabiendo dentro de si, que sí lo era.
Hermione le iba a decir que aceptaba, algo le decía que no deje pasar la oportunidad. Pero antes de que pudiera decir que sí. En ese momento notaron que alguien estaba junto a ellos. Era Bobby con expresión sería cargando un rifle de francotirador.
-¿Acaso estás invitando a mi hermana en un cita Weasley?- dijo el muchacho muy molesto.
-Sí. Pero me acaba de mandar al demonio.- dijo Ron dando media vuelta y alejándose.
-¡Eres un idota Bobby!- dijo Hermione molesta.
-¿Le ibas a decir que sí?- dijo Bobby molesto.
-¡Sí!- dijo Hermione y a continuación susurró. -Por si quieres saberlo. Me gusta, sé que es un buen muchacho. Y ahora no sé lo podré decir y se buscara otra cita… alguna deportista o esa espía que está con ellos.-
-¿Por qué una deportista?- preguntó Bobby.
-No se…- dijo Hermione intrigada, la verdad es que no sabía de donde había venido esa idea.
En ese momento apareció John, que minutos antes había salido.
-Conseguí a Creevey para que nos llevé a la estación.- dijo el muchacho. -Si nos apuramos podremos tomar un tren a Little Hagleton en treinta minutos. Tomen todo.-
Los cuatro muchachos y Pansy se alejaron lo más rápido que pudieron. Hermione se quedó parada viendo como se alejaban sintiendo un nudo en la garganta y una enorme frustración.
-Entonces.- dijo Susan atrás de ella. -Cual prefieres…-
Hermione estaba muy enojada con su amiga por no haberla apoyado antes.
-¿De que hablas?- dijo la castaña dándose la vuelta.
Su amiga tenía en sus manos dos pistolas semiautomáticas. Las conocía perfectamente porque la comandante Rydberg les había enseñado a dispararlas.
-Hannah sabe manejar y puede llevarnos.- dijo la pelirroja. -Llegaremos a tiempo, una vez que estemos en el tren no podrán hacer nada. Aquí se pondrían en héroes protectores y perderíamos tiempo valioso.- y agregó mientras llevaba el dorso de su mano a su frente en pose de damisela en apuros. -No me pregunten, solo soy una chica.-
-Funcionó a la perfección.- concluyó Susan con una sonrisa.
La pelirroja se sacó su chaqueta y la dejó sobre un estante. Tomo una pistolera que se colgaba en los hombros, dejando el arma justo debajo del brazo izquierdo. La ajustó sobre su camisa, colocó su arma en la funda, volvió a colocarse su chaqueta y guardó un par de cargadores en cada bolsillo.
-¡Rápido antes de que vuelva el encargado!- susurró Susan mientras abotonaba su chaqueta ya con el arma bien oculta debajo.
Hermione repitió el procedimiento hecho por su amiga. Las dos salieron de la armería justo a tiempo. Inmediatamente fueron a su estación donde tomaron los gorros que completaban su uniforme, sus sobretodos y le pidieron a Hannah que las llevara a la estación de Winchester.
Las chicas llegaron a la estación justo cuando el tren estaba llegando. Se despidieron de su amiga lo más rápido que pudieron y se dirigieron tranquilamente al tren. Observaron a los muchachos y a Pansy desde una distancia segura.
Mientras esperaban que los cuatro militares y la espía subieran desde una distancia segura, Susan se percató que no era la única que los observaba. A pocos metros de ellas una pelirroja bajita vestida de civil se ocultaba detrás de una columna. La chica debería tener veinte años, utilizaba un abrigo color rojo oscuro y un conjunto color crema que se veía muy bonito.
-Hermione mira…- susurró Susan a su amiga.
Un Guarda bajo del tren anunciando los destinos.
-¡Southampton! ¡Brighton! ¡Eastbourne!- el hombre sonó el silbato y caminó unos pasos por el andén la locomotora que aguardaba en reposo lanzando humo y vapor por los costados.
Los muchachos y la espía subieron al tren y la chica los siguió desde un par de metros. Hermione y Susan inmediatamente comenzaron a seguirla. Finalmente la pelirroja entró en el mismo vagón pero por otra puerta, a una distancia segura como para no ser detectada.
-¿Crees que sea una espía?- susurró Susan a su amiga.
-Me preocupa más que sea una de ellos.- respondió la chica sombríamente. -No sabemos que medios puedan tener para obtener información, es posible que ya sepan de la muerte de su compañero.-
Las dos chicas subieron al tren justo cuando estaba a punto de arrancar. Siguieron a la pelirroja y la vieron cambiar de vagón para ubicarse en el siguiente, que estaba completamente vacío. Buscó un asiento cerca de la puerta y se sentó. Sin duda un lugar ideal para poder ver los movimientos del grupo.
La chica, disimuladamente, se asomaba por el corredor para no perder ningún detalle. Cuando habían pasado cinco minutos Harry se levanto y entró al baño que estaba al final del vagón. La chica desvío la mirada hacia la ventana como si estuviera observando el paisaje de Hampshire. Cuando volvió la cabeza se encontró observando el cañón de dos armas. La chica alzó sus ojos castaños para encontrarse los rostros muy decididos de una pelirroja y una castaña que la observaban con cara de pocos amigos.
-¿Pensé que en el Servicio Auxiliar Territorial no usaban armas?- dijo la pelirroja.
La chica jamás había visto a una mujer con un arma. Tenían otras tareas en el ejercito.
-Sorpresa, querida.- dijo Hermione seriamente. -Ahora déjate de chistes. De pie, manos arriba y deja tu bolso en el suelo.-
Lentamente la chica obedeció.
-¿Por qué los estás espiando?- preguntó la Susan en alemán.
-No… no habló alemán- La pelirroja palideció ligeramente
-Si no contestas no me sirves, puedes empezar a rezar. Estas muerta.- continuó Susan fríamente en el mismo idioma.
La chica no parecía entender lo que decía pero eso no significaba que fuera cierto. En ese momento la puerta del baño se abrió. Y Harry Potter salio de adentro.
-¿Hermione? ¿Susan?- dijo Harry sorprendido. No entendían que hacían ellas dos en el tren cuando las habían dejado en la base, donde estarían seguras. En ese momento se percato de los rostros serios de las dos chicas y el echo de que estaban armadas y apuntando a alguien.
Rápidamente sacó su arma, caminó por el corredor los pasos que lo separaban y se unió a las dos chicas apuntando a esa pelirroja.
Debía reconocer que estaba un poco sorprendido de ver a quien estaban apuntando. Realmente esperaba que no fuera una espía. La chica era muy bonita, de hecho esos ojos color chocolate lo observaban y era prácticamente imposible no perderse en ellos.
Hermione y Susan observaron como los dos se miraban parecían estar perdidos el uno en el otro.
-Los estaba siguiendo.- dijo Susan devolviendo el chico a la realidad. -Creemos que puede ser una espía… o quizás peor… uno de ellos.-
-¿Ellos?- dijo la pelirroja de los ojos castaños intrigada. -¿Quiénes son ellos?-
-Las preguntas hacemos nosotros.- dijo duramente Susan en alemán. -Empecemos por quien eres tu cariño.-
La pelirroja tenía la esperanza de que quizás, la pudiera tomar desprevenida.
-¡No entiendo nada de lo que me dices, maldita Nazi!- dijo la chica enrojeciendo de ira.
Susan también enrojeció molesta, muchas de las chicas más desagradables de su colegio cuando volvió de Alemania, decían eso cada vez que pasaban junto a ella.
-Pregunté quién eres.- dijo nuevamente Susan, está vez en Inglés sin perder la calma. -¿Qué es lo que haces aquí?-
-Soy periodista.- respondió la chica. -Mi nombre es Ginevra Weasley, trabajo para el Times.-
Harry la observó seriamente. Weasley no era un apellido común, podía ser un truco.
-Me suena a patrañas.- dijo el muchacho. -Muéstrame una identificación.-
-No pueden retenerme, no estoy haciendo nada malo.- dijo la chica molesta.
-¿Sabes lo que es habeas corpus?- preguntó Harry duramente. La chica permaneció en Silencio -No existe más desde que empezó esta maldita guerra y tu lo sabes. Eso significa que puedo detenerte todo el tiempo que quiera. Ahora muéstrame una identificación antes de que perdamos la paciencia.-
-Está en mi bolso.- dijo la chica.
-Yo la busco.- dijo Hermione rápidamente.
La castaña encontró la tarjeta de identificación, y afortunadamente ninguna vara de madera apareció dentro.
-Ginevra Molly Weasley.- leyó Hermione y agregó. -Ninguna vara-
-¿Tu eres la Ginny M. Weasley que escribe la columna de moda?- preguntó Susan levantando una ceja.
-Por ahora…- dijo enrojeciendo pareciendo algo avergonzada. -Hasta que me consiga una noticia mejor y me den la oportunidad.-
En ese momento, por sobre el traqueteo del tren, escucharon pasos que se acercaban por el corredor que unía los dos vagones. Harry volteo, para ver a Ron Weasley a unos pasos de distancia acercándose. El rostro del pelirrojo se ensombreció al notar que su amigo había sacado el arma y estaba apuntando a alguien.
-Harry que demonios ocurre.- dijo el chico mientras entraba al vagón sacando su arma y agregó sorprendido -¿Hermione? ¿Susan?-
Pero en ese momento vio a quien apuntaban. Y abrió desmesuradamente sus ojos.
-¿Ginny?- dijo muy sorprendido y agregó con algo de desesperación. -¡Bajen las armas! ¡Es mi hermana!-
-¿Tu hermana?- dijeron las dos chicas al unísono sin poder creerlo.
Mientras tanto la periodista observaba a su hermano como si fuera algo completamente increíble.
-¿Ron? ¿Eres tu?-
No podía creer que no lo hubiera reconocido. Habían pasado dos años desde que lo había visto por última vez. Pero su hermano había cambiado, quizás no tanto físicamente, pero su actitud era diferente. No quedaba mucho de su malhumorado hermano mayor, la guerra se había encargado de eso, pero al menos estaba vivo. La chica sintió como sus ojos se llenaban de lagrimas y antes de que se diera cuenta estaba abrazando a su hermano.
-Oh Ron…- dijo la chica. -Te extrañe tanto.-
-Creo… que mejor los dejamos.- dijo Harry con todo el tacto que le era posible mientras guardaba su arma. -Vengan a sentarse con nosotros después.- y agregó volviéndose a las dos chicas. -Ustedes tienen bastante que explicar.-
Los dos hermanos permanecieron abrazados un largo rato, sin decir una sola palabra.
-Eres la segunda persona de casa que me cruzó en el día.- dijo Ron después de un par de minutos.
-¿Segunda? ¿Has visto a alguno de los chicos?- preguntó Ginny con la esperanza de que trajera noticias de sus otros hermanos.
-Pansy…- respondió Ron. -Está conmigo, pero no podrá ser muy amistosa, está de incógnito ahora… es espía ahora ¿puedes creerlo?-
-Increíble…- dijo Ginny realmente sorprendida. -Desapareció hace años y nadie sabía nada de ella. Las malas lenguas dicen que su padre la mató y la arrojó al mar, porque quería escaparse de un matrimonio arreglado.-
El pelirrojo no pudo evitar reír. Ginny mientras tanto acomodo un poco las solapas de la camisa y el sobretodo de su hermano.
-Ya podrás hablar con ella.- dijo Ron sonriendo y agregó mientras pasaba el brazo sobre los hombros de su hermana y la estrujaba con cariño. -Ahora te tengo solo para mi. Mientras vamos con el resto de los muchachos y las chicas me vas a contar como está todo por casa.-
La chica sonrío feliz. Por más que a veces se comportaran sobreprotectores al punto que daban ganas de darle un buen golpe, extrañaba mucho a sus hermanos.
-Debo reconocer que esas dos me asustaron.- dijo Ginny algo preocupada pero, en ese momento, recordó al chico que apareció después y agregó interesada. -Y ese chico está contigo también ¿Cómo se llama?-
-Es Harry, un amigo mío.- dijo Ron entrecerrando su ojos. -Ya lo conocerás.-
Los dos se tomaron su tiempo para regresar a los asientos que tenían en el otro vagón. Cuando llegaron Ginny vio a tres muchachos, de uniforme, en plena discusión con las dos chicas. Pansy Parkinson, su prima segunda y amiga de la infancia estaba casi tan irreconocible como su hermano. Con ese aspecto distinguido y misterioso.
-¿Tu ya lo sabías Parkinson?- dijo un chico que era muy parecido a Harry pero con ojos color castaño y sin anteojos.
La chica estaba parada en el medio del pasillo y parecía estar entretenida con la situación.
-Por supuesto que lo sabía.- respondió la chica. -No me trague por un segundo que se quedarían en la base. ¡Vamos! Denles la oportunidad, parecen poder manejarse bastante bien.-
-No me gusta nada.- dijo Harry a regañadientes. -Pero no veo otra opción…-
-Si no les gusta mejor que empiece a gustarles.- dijo la castaña muy molesta. -No vamos a dejarlos solos en esto. Es final.-
-Papá va a matarme.- murmuró resignado un chico de cabello castaño agarrando su cabeza entre sus manos.
En ese momento el resto se percataron de la presencia de los dos hermanos.
-Chicos… chicas, está es mi hermana Ginny.- dijo Ron para inmediatamente dirigirse a John -Y no te hagas el listo Potter se lo que estás pensando.-
Ron sabía que su amigo perseguiría prácticamente a cualquier falda que se cruzara, así que lo mejor era advertirle que podría sufrir una horrible muerte si no se comportaba como correspondía.
-No te preocupes Ron.- dijo John levantado las manos.
-Ellos son Robert, John, Harry, que ya lo conoces…- dijo Ron.
Ginny no pudo evitar sonreír ante esos ojos verdes que la observaban detrás de esos anteojos redondeados. Debía reconocer que el muchacho le resultaba bastante apuesto ese cabello ensortijado, los lentes y ese bronceado no lo hacían verse nada mal. Harry por su parte no pudo evitar responder con otra sonrisa a la hermana de su amigo. Era imposible negar que era muy bonita, y algo de ella lo atraía mucho.
-Y las chicas son Susan, Hermione y Pansy.- concluyó Ron
-Lamento que nos hayamos comportado así.- dijo Susan apenada. -Son tiempos difíciles.-
-Yo también lo lamento mucho.- dijo Hermione igual de apenada que su amiga.
La actitud de las chicas era mucho más amistosa que antes.
-No hay problema.- dijo Ginny. -Y lamento haberte llamado Nazi.-
-Parece que soy la única que puede empezar con el pie derecho. Un gusto conocerte, Ginny.- dijo Pansy observando a la chica con sus ojos azules y agradeciéndole con la mirada que no la delatara. -Entonces, ¿estabas siguiendo a Ron?-
Ginny estaba a punto de decir que era justo lo que estaba haciendo cuando fue interrumpida por Susan.
-No lo estaba siguiendo.- dijo la pelirroja intrigada mientras se cruzaba de brazos y la observaba seriamente con sus ojos azules. -Recién se dio cuenta de quien era cuando lo vio.-
Ginny enrojeció visiblemente. La habían descubierto. La chica permaneció en silencio unos segundos, sintiendo como ocho pares de ojos la observaban.
-Siéntate.- dijo Ron usando un tono que le recordó mucho a su padre cuando descubría una de sus travesuras. -Creo que será mejor que empieces a hablar, enana.-
La hermana de Ron se sentó resignada y cruzó sus manos sobre su falda. Permaneció unos segundos en silencio observando el paisaje rural de Hampshire, mientras el traqueteo de las ruedas del tren llenó el vacío.
-He estado trabajando en el Times desde hace dos años.- dijo Ginny. -Siempre he querido ser periodista… pero ninguno de mis jefes quiere darme la oportunidad para poder publicar una noticia de verdad, por que soy joven y porque soy una chica, malditos machistas. He estado haciendo una columna sobre moda desde hace un año. Pero he estado esperando poder conseguir una exclusiva sobre la guerra… Por eso fui a Portsmouth, esperaba poder entrevistar a algún soldado que se hubiera destacado en combate. Y poder aparecer con algo que fuera diferente a como combinar zoquetes.-
La pelirroja lanzó un suspiro resignada.
-Cuando llegue a Portsmouth me había llegado el rumor de que había un par que podrían contar alguna historia bastante interesante.- dijo Ginny. -Un par de sujetos temerarios que eran los mejores allá en el desierto.- y agregó observando a su hermano. -Si mamá se entera que arriesgaste la vida de esa manera, te mata Ron. Yo estoy pensando seriamente en hacerlo.-
-Lo siento.- dijo Ron pareciendo algo atemorizado de la chica. Todos observaron a Ron algo sorprendidos y contuvieron una sonrisa.
-No tenía ni idea que eras tu. Estás cambiado ¿Te lo he dicho?- dijo Ginny sin poder evitar sonar algo apenada, pero recordó la suerte que tenía de tenerlo de vuelta y se sintió bastante mejor. -Lamentablemente, no pude encontrarlos. Una enfermera bastante emotiva que se llama…- la chica saco su anotador. -Lavender Brown ¿alguno la conoce?-
Bobby, Ron y Harry dirigieron inmediatamente su mirada a John que levantó la mano algo sonrojado y pareció hundirse en su butaca.
-Bueno Lavender estaba algo devastada porque te fuiste en una "Misión Secreta"- le informó Ginny.
-Le dije que no habían dicho porque me habían llamado pero que no volvería a Portsmouth y que era mejor dejarlo ahí.- se defendió John. -No dije nada de misión secreta… quizás dije que iba en una misión y que no podía decirle cual era porque siempre se mantiene en secreto… pero nada más.-
Harry y los muchachos observaban a John aguantando una sonrisa. Susan, Hermione y Pansy; no parecían encontrarle la gracia a romperle el corazón a una chica de esa manera.
-De cualquier modo, cuando escuche misión secreta me di cuenta que era mi oportunidad.- continuó Ginny emocionada. -La señorita Brown te describió bastante bien, John. Además dijo que ibas con tu hermano mellizo, un pelirrojo y un castaño. Entonces tomé el primer tren a Winchester. Imaginen mi sorpresa cuando los vi en la estación, con todas esas bolsas, sin duda llenas de equipos. Me escondí y espere a que subieran al tren.- y agregó dirigiéndose a Susan y Hermione -Después me encontraron "las furias". Me imagino que deben estar en una misión o si no llevarían armas. Así que…- agregó sacando nuevamente su anotador y un lápiz. -¿Qué pueden decirme?-
-Sin comentarios.- dijo el resto del grupo al unísono.
Inmediatamente todos comenzaron a reír.
-Vamos chicos esto es de lo mejor.- dijo Ginny muy intrigada. -¡Cuatro soldados, una espía y dos chicas armadas operando en suelo Británico! ¡Quiero saberlo todo!-
-No quieres saberlo créeme.- dijo Ron recordando cual era su misión.
Ginny levantó una ceja.
-Soy una periodista Ron.- dijo la hermana del chico. -Siempre quiero saberlo. Están en una misión. Lo sé. Si no estarían tan enojados porque las chicas aparecieron. ¿O acaso me equivoco?-
-No te equivocas.- respondió Hermione.
-Es típico.- continuó Ginny -Mis hermanos siempre se comportaban sobreprotectores, incluido Ron.- y agregó indignada -No me dejaba jugar futbol.-
El grupo lanzó una carcajada.
-Siempre pensaban que las chicas tenían que estar entre algodones.- continuó Ginny -Parece que mantuvieron la costumbre.-
-Así parece.- respondió Susan sonriendo. Le agradaba la hermana de Ron.
-Entonces…- dijo Ginny. -¿Pueden decirme si están buscando alemanes infiltrados? ¿Saboteadores? Cuando me encontraron se pensaron que era uno de "ellos"- la chica estaba muy emocionada de finalmente tener una historia -¿Quiénes son?-
-Suficiente. No podemos decirte nada.- dijo Ron que no quería de ninguna manera ver a Ginny metida en todo eso. -Te bajas en Brighton y te vuelves a Londres. En un par de días iremos a casa para visitar a Mamá y Papá…-
Ginny parecía muy molesta, pero Ron no pensaba ceder.
El tren comenzó a bajar la velocidad. Cuando se volvieron para mirar por la ventanilla vieron que estaban entrando a Southampton.
-Sí quieres puedo contarte un par de cosas antes de que lleguemos a Brighton.- dijo Pansy. -Quizás no sea tan emocionante, pero tengo un par de anécdotas de Alemania.- y agregó con tono sugerente -Y tu puedes contarme sobre cuando Ronnie era pequeño.-
Pansy había notado al pelirrojo un poco decaído cuando iban a la estación de tren. Sabía que Hermione lo había rechazado y estaba segura que la chica necesitaba un poco de competencia para apurarse. La castaña por su parte enrojeció hasta la raíz del cabello y sintió unas tremendas ganas de estrangular a esa espía.
-Está… ¿bien…?- dijo Ginny sin que ocurría pero con la esperanza de poder sonsacarles algo más antes de que la dejaran en Brighton.
-Pero podríamos ir al carro comedor.- agregó la espía. -Creo que a todos nos vendría bien una taza de té.-
-O algo más fuerte…- agregó Robert poniéndose de pie. -Hace meses que no tomo una buena copa.-
Hermione frunció el ceño. Todavía le costaba un poco ver a su hermano menor como un adulto pero no dijo nada.
El grupo se puso de pie, los muchachos tomaron su equipo y comenzaron a dirigirse al vagón comedor avanzando en una columna. Se notaba que algunos pasajeros habían subido al tren en la estación anterior, pero no eran demasiados.
El hermano de Hermione avanzó a lo largo de unos cuantos vagones y justo antes de llegar al vagón comedor vio justo delante de él una de las chicas más hermosas que había visto en su vida. Debía tener diecinueve años. Tenía el cabello color azabache. Que caía enmarcando un rostro porcelaneceo, sin ningún tipo de angulosidades. La combinación de los rasgos del rostro eran, a criterio del muchacho, perfectas. Utilizaba anteojos redondeados que de alguna manera la hacía verse más bonita aun. Vestía uniforme de enfermera, con una capelina blanca, y una capa corta de color rojo, que no podía ocultar que tenía un cuerpo muy bonito.
La chica ajena a las miradas del muchacho estaba intentando colocar un bolso que parecía algo pesado sobre el portaequipaje.
Pero no era el único que observaba a la chica detrás de él los dos hermanos Potter la observaban pero con sentimientos muy diferentes.
-Violet…- susurraron los dos sorprendidos.
En ese momento el hermano de Hermione se percato de la presencia de sus dos amigos.
-Eso es lo que llamó una belleza…- dijo Bobby sonriendo. -Esa chica es un primor. No me molestaría que me disparen otra vez si ella me termina atendiendo. ¿No creen muchachos?…-
El hermano de Hermione se volvió hacia sus amigos y los encontró observándolos siniestramente
-¿Muchachos?- dijo Bobby sin entender el por qué de esos rostros enfurecidos.
Antes de que se diera cuenta cada de uno de los hermanos Potter lo tenía tomado con una mano por la solapa de su sobretodo.
-Escucha sanguijuela.- dijo John. -Esa es nuestra hermanita Violet.-
-Ni se te ocurra pasarte de listo, parasito.- dijo Harry igual de molesto que su hermano.
-¿Su hermanita?- dijo Bobby sin entender absolutamente. -Pero ustedes hablaban de ella como si fuera una pequeña.-
Cuando hablaban de sus familia los hermanos Potter siempre mencionaban a su hermana pequeña Violet. Bobby había asumido que aun estaba en el primario y jamás hubiera imaginado que era esa hermosa chica que tenía frente a él.
-Es una pequeña.- dijo Harry.
-Una niña.- dijo John.
-Una bebé.- agregó Harry -Y ni se te ocurra acercar tus garras a ella ¿Entendido?.-
Bobby no sabía que decir. Su mente se negaba a aceptar las condiciones que los Potter pretendían. Era la hermana de sus amigos, era verdad que no podía comportarse como un idiota con ella. Pero tampoco pensaba hacerlo, tenía el presentimiento de que era una raras ocasiones en uno encontraba una chica que era igual de hermosa por fuera que por dentro.
En ese momento una voz se escuchó a pocos pasos de ellos.
-¿Harry? ¿John?-
Los dos chicos se voltearon y encontraron a la chica observándolos con sus ojos verde esmeralda como si no pudiera creerlo.
Antes de que se dieran cuenta la chica corrió los escasos metros que los separaban y salto atrapando sus cuellos entre sus brazos. Los dos muchachos rápidamente abrazaron a su hermana que quedo con los pies colgando.
-¿Son realmente ustedes?- dijo la chica muy emocionada.
-Somos nosotros hermanita.- dijo Harry.
Los tres hermanos finalmente soltaron su abrazo.
-No puedo creer que hayan vuelto.- dijo la chica. -Cuando se fueron estaba todavía en el colegio. ¡Dios, están tan bronceados!-
-Un recuerdo de África.- respondió Harry sonriendo y agregó observando a su hermana. -Y tu estás tan grande.-
-¿Y eres enfermera?- agregó John.
-Así es: Cuerpo de Enfermería Reina Alexandra del Ejercito Real.- dijo la chica esbozando una sonrisa. -Enfermera Violet Lily Potter a su servicio. Con ustedes y con papá ahí afuera tenía que hacer algo.-
-¿Pero a donde te diriges?- preguntó Harry.
-Eastbourne…- respondió Violet. -El lugar es un completo desastre… Vicky y Virginia, dos de mis amigas, ya están ahí y necesitan mucha ayuda. Tengo que presentarme pasado mañana pero conseguí salir un poco más temprano. Esperaba poder visitar algunos sitios Romanos completamente fascinantes que hay en la zona… ya saben… antes de que los bombardeen…-
A ninguno de los dos le gustaba mucho pensar que su hermana estaría en un lugar peligroso. En ese momento la chica se percató del grupo que se encontraba detrás de ellos. Observó detenidamente al chico de cabello castaño y ojos azules que estaba más cerca. Por alguna razón le resultaba conocido y debía reconocer que era bastante guapo, pero no de una manera demasiado obvia, más bien como si pudiera saber exactamente que clase de persona era. Valiente, considerado… Extrañamente, se descubrió sonriendo.
Harry y John fruncieron el ceño al observar la actitud de su hermana menor.
-Estos son nuestros amigos.- dijo Harry. -El pelirrojo es Ron y el castaño es Robert.- el muchacho le lanzó una mirada a su amigo que decía "cuidado con lo que haces" -Las chicas son Pansy; Ginny, la hermana de Ron; Susan y Hermione, la hermana de Robert..-
-Encantada de conocerlos.- dijo la chica con una amplia sonrisa.
-Estábamos yendo al carro comedor hermanita.- dijo John estrujando a la chica cariñosamente. -Debes venir con nosotros.-
-Por supuesto que iré, tengo que aprovechar todo el tiempo que puedo con mis hermanos.- respondió la chica.
El grupo ahora con una hermana más comenzó a caminar hacía el vagón comedor. Cuando llegaron vieron que afortunadamente había unos pocos comensales tomando un té de media tarde.
-Pero no me han dicho a donde están yendo.- dijo Violet mientras se acercaban a la barra. -¿Que es lo que están haciendo?-
-¿Nosotros…? Little Hangleton.- dijo Harry y agregó con algo pesar -Ginny tiene que ir a Londres y toma otro tren en Brighton.-
Por alguna razón no pudo evitar lamentar la idea de separarse de la chica. Una parte de él deseaba que fuera un viaje común y corriente para poder conversar con ella sin pensar en esa maldita misión.
-Oh…- dijo Violet detectando el pesar de su hermano. -¿Entonces la conoces de antes?-
Violet estaba muy interesada.
-No. La encontramos ni bien salimos de Winchester.- respondió Harry agregó dándose cuenta de la mirada que le echaba su hermana. -Y no es lo que piensas…-
La hermana de Harry sonrió.
-Quizás deba hablar con ella de chica a chica para ver cuales son sus intenciones y se aleje de mi hermano mayor.- dijo Violet observando seriamente a su hermano.
-¡Vi! ¡Ni se te ocurra!- susurró Harry preocupado. -Ya tuvimos suficiente con mamá como para que ahora empieces tu.-
La chica sonrió ampliamente. Recordaba perfectamente a su madre indagando sobre las citas de sus hermanos, durante la cena, con una habilidad para ponerlos incómodos que era increíble.
-Estaba bromeando. Además recuerda que, tu y John, amenazaron a cualquier chico de Godric Hollow que se me acercara. Tengo todo el derecho a cuestionar las intenciones de las chicas que andan echándole miradas a mi hermano- dijo Violet y agregó. -Mamá era genial con una mirada las tenía temblando.-
-¿La viste echándome miradas?-preguntó Harry interesado.
Por supuesto que la había visto echarle mirada pero no se lo diría a su hermano.
-¡Hombres…!- dijo Violet sonando indignada.
En ese momento el encargado del bar terminó de atender a un cliente.
-¿Qué les sirvo muchachos?- preguntó el hombre.
Debería tener unos sesenta años, algo calvo y con un gran bigote.
-Cuatro Whiskys para nosotros…- dijo Bobby. -Y té para las damas.-
-Cuatro Whiskys y cinco tazas de té.- dijo el hombre -Serían dos libras, cuatro chelines y seis pequinés. Tomen asiento y pónganse cómodos en unos minutos les llevare la orden.-
Los muchachos juntaron el dinero y Bobby pagó al hombre. Violet observó toda la operación y en ese momento notó una pequeño mancha en la camisa del muchacho.
-¿Acaso eso es sangre?- preguntó Violet observando seriamente el brazo del muchacho.
-Si lo es…- dijo sin poder evitar sonrojarse un poco. La verdad es que estaba algo avergonzado por haber resultado herido cuando estaban interrogando al prisionero esa mañana.
La chica frunció el ceño.
-Siéntate en esa mesa, Robert.- dijo Violet firmemente mientras se quitaba su capa. -No puedo creer que pensaras andar todo el día con esa herida. Podría infectarse y es que ya no lo ha hecho.-
El hermano de Hermione no pudo más que obedecer.
La chica sacó de su bolso un amplio delantal blanco de cuerpo entero. Rápidamente, lo ató a su cintura y se sentó frente al chico. Harry y John observaron seriamente a su amigo antes de que el encargado del bar les entregara sus copas.
Todo el grupo se repartió por las mesas que había dentro del vagón, Ron, su hermana, la espía, Hermione y Susan tomaron una de las mesas más grandes. Violet y Bobby se encontraba a escasa distancia de ellos; mientras Harry y John permanecieron en la barra echándole un ojo a su hermana desde una distancia segura.
-Déjame ver eso.- dijo Violet después de colocar unas telas sobre la mesa de madera.
El hermano de Hermione alargó el brazo sobre la mesa después de arremangarlo. La chica retiro las vendas y observó la herida seriamente.
-Muy bien no vas a perder el brazo.- dijo Violet. -Así que podrás seguir tocando el violín.-
Bobby esbozó una sonrisa.
-Viste las yemas de los dedos…- dijo entendiendo de donde había sacado la conclusión.
-Así es.- dijo Violet respondiendo a la sonrisa del muchacho -Y también veo que quien sea que hizo estos puntos es un carnicero.-
El muchacho enrojeció ligeramente.
-¡Los hiciste tu!- dijo la chica pareciendo molesta. -Evidentemente no sabes nada, esto nunca va a cicatrizar bien. Afortunadamente para ti todavía puedo corregir esto, solo son dos puntos y que tengo todo lo necesario para curarte.-
La chica comenzó a sacar hilo, aguja, un par de tijeras raras que había visto usar a los médicos anteriormente.
-Creo que, igualmente, se hubieran salido…- dijo Violet mientras cortaba el hilo. -Esto no está bien atado, Robert.-
-Lo lamento Violet.- dijo el muchacho. -Y puedes llamarme Bobby, si quieres.-
La chica sonrío y se sonrojo ligeramente. Muchos de los hombres y muchachos que había atendido desde que era enfermera le habían dicho toneladas de cosas, desde propuestas de matrimonio a algunas otras propuestas no tan decentes. Si su padre o sus hermanos las escuchaban, la expectativa de vida de esos sujetos se reduciría drásticamente.
La verdad es que siempre lo había manejado con la mayor profesionalizad. El cuidado de un paciente era muy importante y sabía que de acuerdo a que tan bien desempeñara su trabajo una persona podía vivir o morir. Y sabía que si ella estaba de buen humor sus pacientes se contagiarían un poco y podrían curarse mejor, a veces funcionaba y otra no.
Sin embargo si la matrona encargada de su entrenamiento la viera ahora la reprendería gravemente. Que era eso de andar haciéndole sonrisitas a un paciente y sonrojándose. Pero por alguna razón no podía evitarlo.
-Entonces…- dijo Bobby después de que la chica hubiera desinfectado la herida y los elementos. -Decidiste volverte enfermera…-
-La verdad es que no podía quedarme en casa haciendo nada como algunas de las demás chicas de Godric Hollow que solo se lamentaban.- dijo Violet -Papá esta en la India peleando contra los japoneses, los chicos estaban en África…- la chica hizo una pausa -Entonces hablé con mamá, le dije lo que pensaba hacer. Y me dio su bendición. Ella se quedo en casa, en Somerset, esperando que volvamos y manteniendo la casa en orden… pero también está intentado ayudar en el pueblo.-
La chica ya casi había terminado y el hermano de Hermione estaba tan abstraído que ni siquiera se percató de los puntos.
-Creo que eso es lo que queremos todos.- dijo Bobby observando los ojos verdes de la chica. -Que cuando regresemos todo este igual y alguien este esperándonos con los brazos abiertos.-
En ese momento un par de aviones pasaron volando bajo junto al tren. Todos se relajaron al ver las insignias británicas en las alas.
Bobby volvió su vista a la hermana de Harry y notó una línea blanca en su cuello justo donde comenzaba su uniforme de enfermera. Era una cicatriz. El hermano de Hermione levanto la vista y se encontró con unos ojos color esmeralda que lo observaban.
-Lo lamento.- dijo Bobby algo apenado. -No quería quedarme observando.-
-No hay problema.- dijo Violet. -Me ha acompañado por tanto tiempo que la tengo asumida.-
-Yo tengo unas cuantas.- dijo Bobby. -Si quieres me quito la camisa y te las muestro.-
Violet se sonrojó hasta la raíz del cabello y no pudo evitar sonreír. Y se descubrió preguntándose como se vería sin camisa lo que aumentó su sonrojo visiblemente.
-Normalmente la gente me pregunta como me la hice y no se ofrece a mostrarme las suyas.- dijo Violet.
-No te preguntaré, no te preocupes.- dijo Bobby.
Violet permaneció en silencio unos segundos, como si estuviera meditando algo.
-Un hombre intento matarme cuando tenía once años.- dijo finalmente la hermana de Harry. -Escapó de la cárcel… era un asesino… y huyo hasta el pueblo creo que no tenía ninguna razón más que producir daño. Pero mi padre y la gente del pueblo lo detuvieron.-
Bobby no podía creer lo que escuchaba, sintió un odio viseral hacia ese sujeto.
-Lo ejecutaron poco después.- continuó la chica. -Al principió utilice un pañuelo… no me gustaba mostrar la cicatriz… pero después la acepté.- y agregó sonrojándose nuevamente -Y no sé porque te cuento esto-
Por alguna razón el muchacho le inspiraba confianza.
-Bien por ti.- dijo el muchacho a tiempo que sonrió levemente. -Eres valiente.-
Violet sonrió nuevamente. Le agradaba el amigo de sus hermanos.
-Entonces…- dijo Violet. -¿De donde eres tu?-
-Brighton…- dijo Bobby. -Hace dos años que no vuelvo… al menos se que mi casa todavía está en pie.-
La chica estaba vendando la herida con una gasa limpia.
-Pasaremos por Brighton.- dijo Violet. -Pero no pueden detenerse… ¿no es así?-
La chica suponía que se encontraban en un asunto oficial.
-No…- respondió el muchacho algo apenado.
-Quizás una vez que terminen con lo que sea que estén haciendo puedas ir.- dijo Violet esperanzada.
El muchacho sonrió pero la verdad es que no sabía si volvería de esa misión.
-Eso espero…- dijo Bobby. -Y ahora que lo recuerdo Eastbourne no está lejos de Brighton. Si quieres puedo ir a visitarte. Conozco este condado casi como la palma de mi mano, mi padre nos llevo a mi y a mi hermana a todos los sitios de interés.-
-¿Acaso me está invitando a salir Sargento Granger?- dijo Violet sonrojándose.
-A riesgo de mi propia vida, Enfermera Potter.- dijo el chico consiguiendo que la chica riera alegremente.
-Ya veremos.- dijo la chica recordándose que debería mantenerse profesional mientras realizaba su trabajo. -Ahora… creo que puedo arreglar esas vendas que tienes en tu otro brazo.-
En ese momento Bobby notó que la herida estaba bien cubierta. Y movió su mano sintiendo apenas una leve molestia. Definitivamente la chica había hecho bien su trabajo.
Mientras tanto en la otra mesa. Ron y las demás chicas conversaban alegremente. El pelirrojo y su hermana recordaron varias anécdotas de su hogar. Ginny le contó todo lo que pudo sobre lo sucedido desde que Ron se había ido.
-Y eso es todo lo que ha pasado en casa…- dijo Ginny finalmente. -Y ahora Pansy creo que debes contarme algo de tu tiempo como espía.- dijo Ginny. -Estoy segura que debe ser muy emocionante.-
La pelirroja estaba segura que Pansy tenía mucho que ver con esa misión y quizás, de alguna manera, pudiera sacarle información.
-En realidad es más que nada actuar y tratar de permanecer invisible a plena vista.- dijo Pansy. -Y por momentos es terriblemente aburrido. Pase los primeros meses sin intentar nada de nada, hasta convertirme en parte del paisaje.-
-Pensé que en realidad trataban de encamarse con algún Nazi.- dijo Hermione sin poder resistirse.
Susan se atraganto con su té.
-Algunas chicas hacen eso…- dijo Pansy sin perder la calma mientras jugueteaba con su collar de perlas y agregó observando a Ron sugerentemente. -Pero otras preferimos a los chicos de casa que ponen valientemente sus vidas en riesgo para luchar contra los fascistas.-
A continuación tomo el brazo de Ron, que la observó extrañado. Ginny por su parte ya sabía a que estaba jugando su prima segunda. Ron observó a Ginny y en ese momento Hermione cruzó su mano sobre la mesa sacándole la mano a la chica del brazo del pelirrojo. Pansy observó a la castaña sonrió y volvió a tomar el brazo del chico. Ron, por su parte, se había perdido toda la maniobra.
-Pero puedes decirme algo más.- dijo Ginny. -Que fue lo más extraño que viste allá.-
-Estuve a diez pasos del mismísimo Hitler.- dijo Pansy.
Ahora todos estaban interesadas.
-Fue en Bavaria.- dijo la espía. -Estaba rodeado de guarda espaldas.-
-No podías envenenarle el vino o algo así…- dijo Susan.
-No bebe alcohol, no come carne, no fuma y no engaña a su mujer…- dijo la chica. -Tengo entendido que siempre fue así… Es raro… me ponía la piel de gallina.-
-¿Y porque volviste a Inglaterra?- preguntó Ginny.
La espía esbozó una sonrisa. Sabía a donde quería llegar la chica.
-Eso es clasificado.- respondió con una sonrisa y agregó después de unos segundos -Parece que los hermanos Potter están algo preocupados por su hermana.-
-Es su hermana…- dijo Ron mientras estrujaba a suya con un brazo. -Uno debe protegerla de los jóvenes aprovechadores del mundo.-
-Bobby parece un buen muchacho.- dijo Susan.
-Lo es.- dijo Hermione saliendo en defensa de su sangre. -Y yo me preocuparía por ver cuales son las intenciones de esa chica. Mi hermano es un buen partido. Excelentes calificaciones, toca el violín, juega Rugby y si no fuera por está guerra estaría en la Universidad. Me gustaría asegurarme que es una chica decente antes de dar mi bendición.-
-Soy espía y se leer a las personas.- dijo Pansy. -Puedo decirte que es una chica recatada, inteligente, con excelentes notas en la escuela, su madre le enseño a cocinar para cuando formara su propia familia, la instruyó con firmes valores, va a la iglesia todos los domingos, reza todas las noches antes de irse a dormir pidiendo por la seguridad de sus seres queridos y se volvió enfermera para, de alguna manera, poder ayudar a sus hermanos. Es amable y considerada, seguramente conseguía darle esperanzas a más de uno de sus pacientes. Como malo puede ser un poco fría, sin quererlo, es un poco arrogante con sus conocimientos y no está acostumbrada a equivocarse. No creo que encuentres una chica más indicada para tu hermano.-
-¿O sea que puedes decirnos lo que sea de cualquier persona?- preguntó Susan.
-Solo conjeturas.- dijo la chica. -Esa mujer que está sentada tomando té, engaña a su marido… el encargado del bar tiene una escopeta debajo de la barra… El hombre de la bufanda y el bastón probablemente miente sobre dificultad para caminar para no tener que ir al frente.-
-Me sueña a puras patrañas ¿que puedes decirme mi?- dijo Hermione.
La espía apoyo sus brazos sobre la mesa, se inclino ligeramente hacia adelante observando firmemente a la chica con sus ojos azules. El grupo se sumergió en un silencio que solo era roto por el traqueteo del tren en las vías.
-Una historia similar a Violet, pero mala cocinera, hace años que no vas a la iglesia. De hecho tienes tus dudas sobre si existe Díos.- dijo Pansy. -Y seguramente te interesaría estudiar leyes para abogar por los derechos de los súbditos del Rey en las colonias para obtener un trato igualitario. Admiras a Mahatma Gandhi. Y aunque no te guste reconocerlo eres territorial con los hombres de tu vida.-
Hermione enrojeció había dado justo en el clavo. Susan contuvo una sonrisa.
-¿Y que me puedes decir de Susan?- dijo Hermione mientras observaba molesta a su amiga.
-Susie…- dijo Pansy observando a la chica. -Prefieres que te digan así. Y ya me has contado muchas cosas de ti… pero sé que eres buena con los niños. Te hubiera gustado ser doctora, pediatra más precisamente; pero ahora que vas a casarte piensas dedicarte a tu familia de tiempo completo. La única razón porque no eres enfermera es porque hablas perfectamente alemán. Y eres de origen irlandés, católica, vas a misa todos los domingos. No solo sabes rezar en Latín sino que lo hablas también. También eres algo insegura. Eres bonita, y eres consiente de eso, pero no lo usas como un arma. Probablemente hayas roto sin querer el corazón de alguien que se enamoro de ti y te da miedo de que vuelva a pasar.-
La pelirroja enrojeció y levantó un rosario que tenía en su bolsillo.
-Eres buena…- dijo Ginny entretenida.
-Lo sé.- dijo Pansy. -Por eso sé que debemos darle una oportunidad a esos dos tortolitos de que se conozcan, sé que ninguno de los dos tiene malas intenciones. ¿Quién quiere ir a distraer a esos dos ogros? Necesito encantos femeninos pelirrojos.-
-Yo voy…- dijo Ginny rápidamente viendo una nueva oportunidad de hablar con Harry.
Ron observó a su hermana y entrecerró los ojos. Pero por alguna razón no le molestaba demasiado… era extraño.
-Yo soy una mujer comprometida.- dijo Susan seriamente. -Y creo que tu puedes… distraer mejor a un hombre que yo en este uniforme.-
-Cuando vuelva tu prometido aparécete en el muelle vestida exactamente así y te arrastrara ante el Juez de Paz más cercano.- respondió Pansy. -Vamos solo debes hablar.-
-Está bien…- dijo Susan sin parecer muy convencida.
Las tres chicas se levantaron y se dirigieron a donde estaban los dos muchachos que inmediatamente olvidaron a su hermana.
-Eso fue rápido…- dijo Hermione sorprendida mientras observaba a los dos muchachos y a las tres chicas.
Ron no pudo contener una sonrisa.
-Creo que te dí la impresión equivocada en la base.- dijo Hermione aprovechando que estaban solos -Me encantaría ir contigo al cine Ron o a alguna fiesta. Cuando regresemos de esta misión, lo haremos.-
El pelirrojo se quedó sin habla durante un par de segundos.
-Genial.- dijo finalmente.
-Sé que Parkinson es mucho más interesante que una traductora de códigos.- dijo Hermione y agregó enrojeciendo. -Pero no soy mala cocinera… solo me falta práctica.-
-No me interesa Pansy.- dijo Ron.
-¿Por qué no te interesaría?- dijo Hermione observando sorprendida al muchacho con sus ojos castaños.
Ron la observó durante unos segundos.
-Eso no puedo decírtelo.- respondió el muchacho finalmente. -Pero cuando termine todo esto seguro te enteraras. E iremos a una fiesta.-
La respuesta del pelirrojo no hizo más que aumentar la intriga de la castaña, pero se descubrió sonriendo aliviada. Tenía una cita.
Mientras tanto en la barra los hermanos Potter habían olvidado completamente que a un par de metros de ellos su hermana corría serio riesgo de caer en las garras de su amigo Robert Granger. La razón es que estaban prestando toda su atención a las dos bellezas pelirrojas que tenían frente a ellos.
-¿Entonces no tengo ninguna oportunidad?- dijo John que aun no se resignaba con Susan.
-Ninguna.- dijo Susan firmemente.
-Donde voy a conseguir otra pelirroja bonita en Inglaterra.- dijo John y agregó. -¿No tienes una hermana o prima igual de bonita que tu?-
Susan levantó una ceja y lo observó incrédula.
-Creo que será mejor que le tires un "hueso" a John, Susan.- dijo Pansy riendo.
Susan lanzó un suspiro, se cruzo de brazos y se apoyó en la barra.
-Tengo una hermana es casi dos años menor que yo.- dijo la chica. -Es bonita y se llama Sarah. Pero no sé si presentártela, John.-
La pelirroja había visto a su hermana hacerse ilusiones más de una vez para terminar con el corazón roto. Y después de lo que Ginny había dicho de sobre esa chica de Portsmouth no pensaba arriesgarse.
-Hazte fama y échate a dormir.- se lamento John por lo bajo.
Mientras tanto Ginny y Harry estaban conversando tranquilamente. La hermana de Ron se había olvidado de que debía intentar sonsacarle información sobre esa "Misión Secreta". Y aunque se hubiera acordado, seguramente se hubiera sentido terriblemente mal por hacerlo.
-Entonces, eres de Somerset.- dijo Ginny. -Me imagino que planeas ir a casa a visitar a tu familia.-
-Eso espero.- dijo Harry
Ginny observó los ojos color verde del muchacho y pudo notar cierta pena.
-¿Es realmente tan peligroso?- dijo la chica sintiendo un vacío dentro.
Harry lanzó un suspiro.
-¿Sabes que?- dijo Harry. -Eres muy bonita, simpática y divertida… Creo que lo mejor que pudo haber pasado es encontrarnos. Y si quieres podemos ir a una fiesta cuando todo esto termine, puedo ir a verte a Londres y me mostraras la gran ciudad.-
Harry no entendía de donde había sacado las agallas para decirle eso a la chica. Seguramente saber que podía no llegar vivo para el día siguiente. Extrañamente esa declaración le hizo sentir una especie de Déjà Vu.
-Sí es peligroso.- dijo Harry. -Por eso no queríamos que vinieran las chicas y no quiero que tu estés ahí. Sabemos como es allá afuera, no hay gloria, ni frases celebres, lo único que hay es sangre, miedo y sujetos llamando a su madre rogando volver a casa mientras mueren. No queremos que ustedes vean eso.-
Ginny permaneció en silencio. No era la descripción usual de la guerra.
-Por eso te dejaremos en Brighton.- dijo Harry. -Y por eso le daré un gran abrazo a mi hermana cuando siga hacia Eastbourne.-
-Entonces asegúrate de volver vivo Potter- dijo Ginny firmemente. -Y ven a visitarte. Te mostrare la gran ciudad.-
En ese momento el tren desacelero. Cuando observaron por la ventanilla vieron que estaban entrando a una ciudad. Era Brighton. Inmediatamente Bobby se puso de pie y observó por la ventanilla. La ciudad no había cambiado tanto… pero había algo extraño. No se veía casi gente en las calles.
-¿Hermione?- dijo Bobby observando a su hermana.
La chica se acercó a su hermano lentamente.
-Brighton fue declarada área no segura…- dijo con la chica con pesar. -Evacuaron a treinta mil personas. Pusieron alambre de púas en la playa, minas, desarmaron un par de muelles. Pero mamá está bien… nuestro sector no fue evacuado, estamos lo suficientemente lejos.-
-¿Cuándo pensaban decirme esto?- dijo el hermano de la chica sonando indignado y ciertamente devastado.
Violet instintivamente tomo su mano entre las suyas y permaneció en silencio sabiendo que era mejor no hablar.
-Han sucedido tantas cosas…- dijo Hermione con pesar.
Todo el grupo se encamino al anden. El chico observó su desierta ciudad en completo silencio. Mientras tanto Ron se despedía de Ginny.
-Regresa a Londres.- dijo Ron. -Después iremos a ver a mamá y papá.-
La chica no dijo nada, sentía que quedarse ahí estaba completamente mal. Algo le decía que debía seguir a su hermano y a Harry.
En ese momento sonó el silbato. Harry y Ron fueron los últimos en subir. Cuando el tren empezaba a ponerse en movimiento.
-Está hecho.- dijo Ron, con algo de pesar cuando volvieron al carro comedor.
Lamentaba haber tenido que dejar a su hermana así. Algo le decía que podía arreglárselas perfectamente, por más loco que sonara.
-La próxima parada es Little Hangleton.- dijo John.
En ese momento vieron que la puerta delantera del vagón se abría y unos soldados entraban. Llevaban armas, cosa que no era demasiado fuera de lo común. Algunos se sentaron, en las mesas que estaban vacías y dejaron sus gorros sobre la mesa, pareciendo algo cansados.
Ahora el vagón comedor estaba bastante lleno, entre ellos, los pasajeros y los soldados que habían subido en Brighton.
-Sargento…- lo saludo a Ron un hombre de uniforme con la insignia de capitán.
Era un hombre era bastante alto, de cabello oscuro y penetrantes ojos azules. Lucía su uniforme impecablemente y podía verse claramente que era una persona de mando.
-Capitán…- respondió Ron respetuosamente haciendo la veña.
-Sin duda un día horrible, un poco húmedo ciertamente.- dijo el hombre y agregó dirigiéndose al encargado del bar. -Tráigame algo fuerte… Whisky, por favor.-
El hombre asintió y fue a preparar la bebida.
Cuando estuvo lista el capitán, tomó su vaso con una mano cubierta con un guante de cuero castaño.
-Privilegios de rango.- dijo el hombre levantando su copa. -¿Yendo a casa?- preguntó después de dar un trago a su bebida y agregó mientras observaba el oscuro liquido. -Ya me gustaría a mi.-
Mientras tanto los soldados que iban con el hombre ocuparon las mesas observando el paisaje y conversando entre ellos. Eran sujetos bastante fornidos y de apariencia regular, deberían tener todos cerca de treinta años.
-Todavía no, capitán.- respondió Ron. -Espero que pronto.-
Algunos pasajeros pasaron por el corredor entre las mesas y la barra.
-Oh…- dijo el hombre. -¿Está en misión oficial?-
Ron sabía que no podía responder a esa pregunta.
-No.- dijo Ron. -Lamentablemente son otros asuntos y…-
En ese momento el hombre observó a las chicas que estaban con ellos. Las miro sutilmente a Violet primero a Hermione, a Susan y finalmente a Pansy.
-Oh, ya entiendo.- dijo el capitán interrumpiendo a Ron y levantando una ceja.
Ron entendía que como volviera a mirar así a las chicas, les importaría un condenado demonio su rango y lo molerían a golpes.
-Un placer.. conocerlas señoritas.- dijo el hombre esbozando una sonrisa amistosa. -Capitán Smith a su servicio.-
-Encantada.- dijeron todas sin demostrar mucha simpatía por el hombre.
Violet se colocó su capa porque, estaba segura que, el hombre, que tenía la edad de su padre, le estaba mirando los pechos y la hacía sentir sumamente incomoda.
-Tienen aquí un par de bellezas sargentos.- dijo el hombre observando a los muchachos. -No quiero sonar entrometido ¿Me preguntó porque viajan todos juntos? No es algo usual.-
-Estamos yendo a Little Hagleton.- respondió Pansy desplegando todo su encanto. -Soy Penélope Harcourt periodista del Times, quiero escribir una historia inspiradora sobre la defensa de Inglaterra… estos muchachos y chicas son destinados allí y esperaba poder conversar un poco con ellos para mostrar a los héroes cotidianos.-
El hombre esbozó una sonrisa, se volvió para observar a sus hombres por un instante y a continuación volvió a acomodarse en la barra.
-Siempre es importante inspirar.- dijo el capitán sobriamente mientras miraba hacia el frente.
-¿Ha estado alguna vez?- preguntó la chica.
Ron sintió que Pansy lo pellizcaba suavemente. Y su rostro se ensombreció, la chica había demostrado su habilidad para leer personas.
-¿En Little Hagleton? No, nunca.- respondió con seguridad.
El barman se encontraba detrás de la barra secando un vaso desde hacía cinco minutos. Evidentemente, sin perderse una sola palabra de lo que decían.
-Entonces puedo hablar tranquila.- dijo Pansy. -Tengo entendido que es un pueblucho… prefiero mucho más Londres, aunque con la guerra creo que debería mudarme a Nueva York o, a Los Ángeles.-
-Usted es increíble.- dijo el hombre riendo y tomando de su copa. -Puede mentirme por la cara con la misma facilidad que se cambia de zapatos.-
-Es verdad…- dijo Pansy sin mostrar una pizca de su turbación. -Probablemente Little Hagleton sea más feo aun.-
-Y no me refiero al pueblo… - dijo el hombre con una sonrisa que no llego a sus ojos. -Aunque es verdad: Es un pueblucho de mala muerte. Como todos los pueblos muggles.-
Todos se tensaron al escuchar las palabras del hombre. Violet por su parte no entendía nada de lo que sucedía, podía ver a sus hermanos y sus amigos pareciendo muy preocupados por el hombre.
-¿Muggle?- John mientras apoya su mano sobre su pistolera sutilmente.
El hombre esbozo nuevamente una sonrisa. Y el silencio fue llenado por los murmullos de las conversaciones de los pasajeros y el traqueteo de las ruedas sobre las vías.
-Ya deben haber escuchado esa palabra.- dijo el hombre tranquilamente. -Probamente de Anton.-
-¿Anton?- dijo Harry observando al hombre con expresión neutra. -No conocemos a ningún Anton.-
-Me refiero al hombre al cual interrogaron.- respondió el capitán. -Había salido a divertirse un poco. Nos preocupamos cuando no regreso, nunca era de demorarse. De hecho… es gracioso… vimos al soldado muggle acercándose por atrás, cuando hablábamos por el espejo pensamos que sería una buena broma que lo sorprendiera. Pero imaginen nuestra sorpresa cuando no regreso.-
Los soldados que acompañaban al hombre se pusieron de pie lentamente y observaban la situación desde distancia segura. Ron desprendió la correa que retenía su pistola.
El pelirrojo era bueno planeando estrategias pero no le gustaba lo que veía. Eran cuatro contra once, las chicas tenían armas pero ninguna experiencia. Y si todos eso podían pelear igual de bien que el sujeto que habían atrapado estaban en serios problemas. Tenían solo sus armas de mano, sus rifles estaban desarmados y seguramente no llegarían a tiempo a las metralletas.
-Entonces buscamos la base militar más cercana.- continuó el hombre hablando con total tranquilidad. -Encontramos a un muchacho que estaba regresando en un vehiculo y con un poco de legileremancia pude leer su mente.-
El barman cruzaba la mirada entre el hombre y los muchachos sin entender absolutamente nada. Bobby tomó suavemente el brazo de Violet y la colocó detrás de él. La chica presionó suavemente el brazo del hermano de Hermione por encima del sobretodo castaño, algo asustada.
-Después lo hice olvidar todo… lo deje vivir para evitar preguntas incomodas y atraer la ciertamente indeseada atención del ministerio de magia sobre esta operación.- continuó el hombre -Pero mira mi sorpresa cuando vi en sus recuerdos que recordaba haber visto a Anton entrar a su base, a ustedes siendo convocados para una operación especial y finalmente llevándolos a tomar el tren a Winchester con equipos. Nos aparecimos en Brighton y aquí estamos.-
El hombre hizo una pausa. Los muchachos y las chicas permanecieron en silencio.
-Lo que me sorprende es que hayan conseguido matarlo.- dijo el sujeto y agregó observándolos como si estuviera disfrutando mucho de la situación. -Y conseguir que les dijera donde estábamos…-
De alguna manera el hombre tenía ahora una de esas varas de madera en su mano.
Los cuatro muchachos llevaron sus manos a la cintura en busca de sus armas.
-¡Cuidado!- dijo el hombre molesto. -Soy superior a ustedes. Y me imagino que no querrán ver lastimadas a algunas de estás hermosas damas aun.-
El hombre dirigió su varita hacia Pansy que era sin duda la más cercana. La chica permaneció observando al hombre con sus ojos azules y expresión en el rostro que no revelaba ningún tipo de emoción.
-Hermione, Susan lleven a Violet atrás, al final del vagón. Tendrán una buena vista desde allá- dijo Ron. -Nosotros hablaremos con él.-
Afortunadamente, ninguna de las dos chicas discutió; sino que tomaron a la confundida hermana de los Potter y se marcharon en la dirección que les indico el pelirrojo. Ron sabía que las dos estaban armadas, podían servir mejor desde esa posición.
El vagón era estrecho si estaban todos juntos, solo conseguirían morir más rápido.
-Sabes que no hará ninguna diferencia donde las envíes. Son extrañas esas armas que llevan…- agregó el hombre con su ya acostumbrada y fría sonrisa. -Siempre me pregunte como funcionaban, no parecen muy peligrosas… Pero los muggles son tan débiles, quizás les hagan daño a ustedes… Ahora díganme como lo consiguieron y prometo ser piadoso.-
Todos el grupo permanecía en silencio. Ron observó a su alrededor. Los pasajeros observaban intrigados y nerviosos, sin entender que era lo que sucedía. Los secuaces del hombre observaban toda la operación con una sonrisa y cruzaban ahora algunas frases en alemán.
Ron cruzó una mirada con sus amigos. Sabían que en cualquier momento esto sería una masacre.
-Si quieres saberlo… Tenía el mismo defecto que tú…- dijo Pansy fríamente. -Hablaba demasiado-
Rápidamente la espía levantó el borde derecho de su falda y sacó una pequeña arma que tenía en la liga de su media. Menos de un segundo después el sorprendido hombre observaba como el corto cañón del arma plateada le apuntaba entre las cejas.
La espía ni siquiera dudo en disparar el arma pero el hombre se arrojó hacia un costado. La bala no alcanzó el blanco esperado pero si acertó a una de las orejas del hombre.
Inmediatamente, se desató el caos. Los cuatro muchachos y las chicas, desde el fondo del vagón, sacaron sus armas.
-¡Atrás rápido!- gritó Bobby mientras tomaba una de las bolsas de armas.
Uno de los magos que acompañaban a Smith, levantó su varita pero recibió un disparo de escopeta del barman. Antes de que el hombre pudiera realizar otro disparo una luz verde había impactado contra él matándolo al instante.
John volteó una mesa justo cuando los magos disparaban una andanada de hechizos hacia ellos.
-¡Abajo!- gritó el hermano de Harry.
Los hechizos pasaron sobre ellos pero encontraron blanco en dos pasajeros que intentaban huir del desastre, matándolos al instante.
-Bobby dispárale a los espectros que aparezcan por atrás.- dijo Ron. -Nosotros tomamos el frente… ¡chicas nos replegamos!-
Ni bien termino de decir esas palabras Harry, John y Ron dispararon una andanada de disparos. Un mago se apareció detrás de ellos.
-¡Protego!- grito el hombre; pero no sirvió de nada. Un disparo en la cabeza por parte del hermano de Hermione le quito la vida.
-¡Malditos!- gritó uno de los magos en alemán. -¡Los escudos no funcionan!-
-¡Rápido atrás!- grito John.
Los cinco se retiraron y se cubrieron en donde la barra formaba una curva.
El hombre al cual Pansy había disparado se levantaba trabajosamente, con un costado de la cara manchado de pólvora y un río de sangre que caía de su oreja.
-¡Te voy a matar perra!- gritó en alemán -¡Me escuchas!-
En la parte de atrás del tren Hermione, Susan y Violet se habían refugiado detrás de una mesa que habían volcado.
-¿¡Quiénes son esas personas!- dijo Violet desesperada. -¿Cómo es que pueden hacer esas cosas?-
Las dos chicas habían sacado sus armas y estaban dispuestas a utilizarlas.
-Por increíble que parezcan, son magos…- susurró Hermione. -Lo que viste es lo que pueden hacer con sus varitas. Si salimos de esta te explicaremos todo.-
Violet volvió su mirada a una mujer que yacía junto a ellos. Estaba muerta con una terrible expresión de pánico en el rostro y ninguna herida era visible.
-¿Tienen un arma?- dijo la hermana de Harry decidida.
-No es por ofender Violet.- dijo Susan. -Pero eres enfermera.-
-Mi padre me enseño a disparar su rifle.- dijo la chica. -El y mis hermanos son un poco sobreprotectores, por decirlo de alguna manera. Pero me enseñó por si entraba algún ladrón a casa y no estaban ellos.-
-Te conseguiremos una cariño.- respondió la pelirroja. -Consejo personal… no dejes que te pongan las manos encima.-
Si estos se parecían al mago que habían interrogado, no pensaba dejar que la capturaran viva.
Justo cuando estaba diciendo eso un mago se apareció junto a ellas. Era un hombre bastante alto de expresión malévola. Antes de que pudiera siquiera levantar su varita Hermione y Susan le dispararon dos veces en el pecho.
El hombre las observó mientras se desplomaba e intento lanzar un hechizo pero la hermana de Harry le quitó la varita quitó de un rápido manotazo. Apenas tuvo tiempo de volver a cubrirse detrás de la mesa antes de que un par de hechizos verdes pasaran sobre ella.
Los tres chicas observaron como el mago las miraba sorprendido sin entender que era lo que había ocurrido. Susan y Hermione sentían como su corazón palpitaba desbocadamente, habían matado a una persona.
-¡Las mujeres tienen armas también!- escuchó Susan decir a uno de los magos sonando iracundo.
Violet aprovechó para sacar el arma que traía el mago en la pistolera. Era autentica y estaba cargada.
-Son solo unos muggles. Ustedes son la raza superior y lo más selecto de las fuerzas de Grindelwald.- gritó el mago que utilizaba el uniforme de capitán del ejercito británico. -Nos están haciendo quedar como unos idiotas.-
Harry tomó su bolsa de armas. Rápidamente sacó una metralleta le puso el cargador y se la pasó a su hermano, repitió la operación le dio otra a Ron y finalmente una para él mismo. Al mismo tiempo Pansy sacó de su cartera el arma que había obtenido en Winchester; por su parte Bobby sacó su rifle de francotirador, ensamblo la culata al resto del arma y se lo colgó al hombro.
-Perdieron dos y nosotros ninguno.- susurró Ron mientras apoyaba su espalda sobre un panel de madera de la pared. -Tratemos de mantener las cosas así y saldremos todos vivos. Quedan nueve, y posiblemente algunos civiles. Esperemos que se queden a cubierto.-
El pelirrojo observó a sus amigos. Sabía que podía confiar en ellos como lo había hecho tantas otras veces. Pero esté combate era completamente diferente a todo lo que habían enfrentado antes. Además los magos estaban bastante bien cubiertos en una posición similar a la de ellos pero en la parte delantera del vagón.
-Ahora es nuestro turno.- dijo John aferrando su arma. -No debemos darles tiempo de reaccionar.-
El muchacho se levantó y disparó una ráfaga de su metralleta. Los magos tuvieron el buen tino de cubrirse y la pared tras ellos quedó marcada con varios agujeros. Ni bien volvió a cubrirse unos hechizos verdes pasaron por encima de ellos.
Un mago se apareció detrás de ellos solo para recibir una descarga del arma de Harry en el pecho. Herido mortalmente, el sujeto calló sobre una mesa volcándola con el peso de su cuerpo muerto.
Una silla se arrojó contra ellos sin que nadie estuviera presente para darle impulso. El objeto golpeó pesadamente a Bobby lanzándolo al suelo justo cuando estaba preparándose para disparar.
Ron sabía que no podía luchar contra una lluvia de objetos inanimados. Se levantó de su escondite pero, en ese momento vio algo peor. La mesa con la cual se cubrían Hermione, Susan y Violet salía volando en su dirección, con la doble intención de golpearlo y dejar a las chicas sin refugio. Apenas pudo agacharse a tiempo antes de que la mesa pasara por encima de él impactando detrás de la barra.
Susan, Hermione y Violet comenzaron a disparar mientras se alejaban de su antiguo refugio, pero los soldados no esperarían a ver que llegaran a salvo. Debían comprarle tiempo a las chicas.
-¡Corran!- gritó Pansy.
El pelirrojo se levantó por encima de la barra y disparó una nueva ráfaga que alcanzó a un mago en pleno pecho, lamentablemente una pasajera había escogido justo ese momento para huir y había quedado atrapado en el fuego cruzado.
-¡Maldición!- grito Ron al ver los resultados su acción.
Mientras el pelirrojo disparaba Harry se lanzó por el angostó corredor entre de la barra y las mesas. Pero justo cuando estaba a mitad de camino un mago salio de su refugio, lo vio y lanzó una maldición.
Harry abrió desmesuradamente sus ojos verdes al ver una luz anaranjada que se acercaba. Sin pensarlo saltó con todas sus fuerzas por sobre la barra de madera. Menos de un segundo después la maldición impacto en donde había estado parado creando una explosión que lo alcanzó en el aire y lo lanzó contra los estantes de botellas detrás de él.
El pelinegro cayó al suelo sintiendo que había perdido todo el aire de los pulmones, los oídos le zumbaban y lo peor, había perdido su metralleta y a su arma no le quedaban balas.
El mismo mago que había lanzado el bombarda, vio el arma de Harry en el piso y de un rápido hechizo la envió volando hasta la puerta opuesta. Donde cualquiera que la quisiera recuperar encontraría una muerte segura.
-¡Harry!- gritó John. -¡Fusil!-
El muchacho había tomado un fusil de la bolsa, lo ensambló lo más rápido que pudo, y lo arrojó por sobre la barra. Harry lo vio, acercarse, cambiar de forma y finalmente una zanahoria cayó a sus pies.
El seguidor de Grindelwald, mientras tanto, comenzó a formar una pequeña esfera de luz anaranjada en la punta de su varita. Estaba pensando volar a Harry por los aires. Pero antes de que pudiera lanzar el hechizo Bobby se levanto apuntó y disparó. La bala impacto en el medio de la frente. Mientras el mago caía la bola de energía se lanzó sobre la pared del tren, entre los soldados y los magos volándola completamente.
Un enorme huevo se abrió sobre la pared y el viento comenzó a entrar a raudales.
En ese momento Harry vio el cadáver del Barman, junto a él se encontraba la escopeta que había utilizado para matar al mago. Solo necesitaba más cartuchos.
-¡Van a volar todo el condenado tren si hace falta!- gritó Bobby. -¡Terminemos con esto! ¡Ahora!-
Un nuevo mago se apareció delante de ellos. John, esperando esa maniobra apretó el gatillo justo cuando apareció frente a él. Lamentablemente el arma se había trabado con un casquillo. El hombre, esperando que le disparara desapareció otra vez para aparecerse a pocos pasos a su derecha. Cuando volvió a aparecer John se lanzó sobre él y antes de que se diera cuenta el hermano de Harry sentía como era comprimido sobre sí mismo y todo el estruendo se acallaba. Menos de una décima de segundo después se encontró sobre el suelo del vagón. Sentía el costado de la pierna como si le hubieran arrancado una larga tira de piel. El mago por su parte no parecía mucho mejor.
Ahora el combate se desarrollaba por todos lados. Los magos habían conseguido romper su defensa y estaban apareciendo y desapareciendo por todo el vagón.
Bobby blandía su fusil como una maza mientras un mago aparecía y desaparecía antes de que pudiera impactarlo o que el mago pudiera lanzar una maldición. Solo era cuestión de ver quien fallaba o se cansaba primero y el muchacho tenía las de perder.
Las cuatro chicas también tenían sus problemas. Una maldición del capitán había alcanzado a Pansy que cayo al suelo gritando de dolor hasta perder el conocimiento. Violet intentaba reanimarla sin ningún resultado mientras intentaba no perder su propia vida.
Susan y Hermione las cubrían mientras disparaban a cualquier mago que se apareciera delante de ellas con la esperan de poder acertar a algún blanco.
-¡Están esperando que nos quedemos sin balas!- gritó Ron mientras luchaba cuerpo a cuerpo con un mago bastante duro.
-¡Por que te piensas que uso mi fusil como si estuviera jugando al cricket!- respondió Bobby y a continuación mascullo. -Solo necesito acertarle una vez.-
John, mientras tanto, intentaba ponerse de pie trabajosamente. Ese asunto de aparecerse y desaparecerse en aire parecía complicarse cuando se llevaban una persona de más. El mago también tenía problemas para levantarse.
El muchacho vio su varita a pocos centímetros de su mano hizo lo primero que se le vino a la mente la tomó y la arrojó por el gigantesco hueco que había quedado después de la explosión. Lejos de quedar indefenso el mago le lanzó un puñetazo a John en la barbilla que casi lo deja inconciente. Tambaleándose el hermano de Harry se levantó y pudo propinarle un tremendo golpe en el estomago. Pero lejos de estar derrotado el mago volvió a atacar y los dos se trenzaron en una pelea mano a mano. John debía reconocer que, lamentablemente, el mago era bastante bueno.
Harry buscaba desesperadamente las balas del encargado del bar. Sabía que sus amigos y hermanos necesitaban su ayuda. Finalmente en un cajón encontró un caja llena de cartuchos color rojo. Abrió la escopeta colocó dos cartuchos. A continuación, tomo una botella de Gin de la peor calidad y con toda velocidad le introdujo un pedazo de trapo lo introdujo por el pico sacó un encendedor de su bolsillo y la prendió fuego.
En menos de un instante observó la escena: Su hermano peleaba contra un mago mano a mano. Ron lo mismo. Hermione y Susan estaban tratando de mantener a raya a tres magos que se aparecían y desaparecían. Violet había reanimado a Pansy, que estaba poniéndose de pie. Bobby estaba intentando acertar un culatazo a su mago.
Harry dejó de pensar, lanzó la botella a un lugar vacío. Justo antes de que un mago de se desapareciera. La botella voló por el aire y justo cuando estaba a punto de pasar por sobre el lugar calculado por Harry el mago se apareció.
Ni siquiera pudo reaccionar antes de que se diera cuenta de que era lo que sucedía una botella se le había roto en la cara, se transporto otra vez pero cuando apareció ya estaba envuelto en. El sujeto comenzó a gritar agónicamente, pero un disparo certero de Susan terminó con su vida.
Harry preparó su escopeta para disparar, pero justo en ese momento vio una luz anaranjada que se acercaba hacía él. Apenas tuvo tiempo de saltar antes de que un gran pedazo de la barra de caoba terminar convertida en un montón de astillas.
La explosión lanzó al suelo tanto a John como el mago, pero el muchacho consiguió ponerse de pie antes que el hombre y le propinó un puntapié en la mandíbula. Se lanzó sobre él pero, el mago giro rápidamente sobre su cuerpo quedando encima del muchacho. Antes de que se diera cuenta John estaba siendo estrangulado por el mago mientras intentaba inútilmente zafarse. Pasaron unos agónicos largos segundos en los que sintió que iba morir. Cuando su visión empezó a oscurecerse, con sus últimas fuerzas, alcanzó la pata de una silla y golpeó al mago en la cara. El mago se vio obligado a soltarlo y John se puso de pie, pero antes de que pudiera recobrarse del todo el mago estaba nuevamente sobre el dispuesto a enviarlo al suelo. En lugar de golpearlo, John se dejó caer hacia atrás, apoyó su pie contra el pecho del hombre y lo envió volando por encima de él justo al hueco que había abierto la explosión. John alcanzó a ver cuando el mago golpeó contra un semáforo de señales.
Ron mientras tanto había recurrido a una estrategia un tanto peligrosa estaba peleando con un mago de cabello rubio a pocos centímetros de distancia. El hombre parecía estar decidido tanto a pelear como a desaparecerse. Usaba su varita al igual que una daga de plata, Ron se había visto obligado a volver a su arma de mano y a utilizar su cuchillo. La pelea era difícil, Ron apenas podía esquivar los hechizos y la daga antes de poder propinar sus propios golpes. Había conseguido herirlo levemente con su cuchillo pero el mago no estaba dispuesto a dejar la pelea.
-Peleas bien para ser un muggle.- dijo el mago. Cuando consiguió abrir un pequeño corte en el cuello de Ron, cuya intención era degollarlo.
En ese momento Ron escuchó una voz que venía de atrás de él.
-¡Ron! ¡Átate los zapatos!- era Ginny.
Ron, sin siquiera preguntarse como era que su hermana estaba ahí, se arrojó al suelo lo más rápido que pudo.
Al final del vagón, pudo ver a su hermana. La chica tenía en la mano la metralleta que había perdido Harry y no dudo en apretar el gatillo. El mago contra el que peleaba Ron había estado tan absorbido por la pelea que no se percato de las intenciones de la pelirroja hasta que ya era demasiado tarde.
Ginny estaba temblando, jamás había visto semejante desastre, a menos que hubiera caído una bomba en el lugar. Apretó el gatillo del arma hasta que una lluvia de rojo roció, saliendo de la espalda del sujeto contra el cual peleaba su hermano, le indicó que había hecho blanco. La pelirroja permaneció inmóvil escuchando el rebotar del último casquillo de bronce en el suelo.
Mientras tanto Bobby se estaba cansando de intentar golpear al mago contra el que estaba peleando. Un hombre alto de cabello oscuro y fríos ojos celestes. Pero, a pesar de sus intentos infructuosos por golpear al hombre. Había descubierto el patrón detrás de sus desapariciones. Siempre se le aparecía por atrás, un costado con una sonrisa malévola esperando que el chico se cansara.
El hermano de Hermione sabía que el mago era un cobarde; si quedaba solo huiría y pondría a los suyos sobre aviso. Debía matarlo rápido.
El mago se apareció, Bobby lanzó el que sabía sería su último golpe. Con una mano blandió su fusil, mientras con la otra desenfundó su pistola. El mago ni siquiera se percato de la maniobra y volvió a desaparecerse. El muchacho continuó su giro y media décima de segundo antes de que se apareciera apretó el gatillo. La bala impactó en el hombre que consiguió aparecerse una vez más pero finalmente calló al suelo.
Bobby respiraba agitadamente había estado intentando golpear a ese desgraciado durante cinco minutos. No sabía por donde vendría el próximo golpe.
Pero todavía quedaban dos magos que no eran menos peligrosos que el resto.
Antes de que pudieran terminar de reagruparse el líder del grupo se apareció detrás de Violet la tomó por la cintura y se desapareció otra vez. Volvió a aparecer otra vez en el medio del vagón con la chica inconciente y firmemente tomada como un escudo humano. El mago restante, se apareció junto a su líder.
-Creo que sería lo más prudente que dejaran sus armas en el suelo.- dijo el capitán Smith. -Lentamente-
El hombre estaba desencajado. No podía creer que unos simples muggles hubieran podido hacer semejante daño. Sin duda cuando regresara a Alemania pediría que los eliminaran de la faz de la tierra de una buena vez.
-¡Déjala ir basura!- gritó Harry. La escopeta que tenía era un arma poco practica en esos momentos.
Estaban solo a tres metros de la chica y sus captores sin embargo no podían hacer nada.
-Impero…- susurró el hombre.
Violet abrió sus ojos verdes lentamente. El mago la soltó y la chica permaneció delante de él observando a sus hermanos y al resto del grupo.
-No me quiero ir.- dijo Violet. -Si intentan disparar me pondré delante.-
Bobby levantó su fusil y apuntó a la cabeza del mago. El bamboleó del tren dificultaba bastante apuntar.
-¡Que le has hecho!- gritó Harry blanco de ira.
-Será mejor que hagas lo que dice hermano.- dijo Violet fríamente mientras levantaba el arma que había tomado del mago al principio de la pelea.
-Elección difícil muchacho.- dijo el capitán Smith . -Te salvas o matas a tu preciosa hermana.-
El rostro del hombre todavía estaba cubierto de pólvora y sangre del ataque de Pansy.
Todos se observaron. Tenían que matar a esos dos magos si querían rescatar a Violet, pero la menor de los Potter los apuntaba con su arma y estaba cubriendo a uno de los magos. Si mataban al otro; Violet y el capitán Smith podrían eliminar a un par de ellos antes de que pudieran hacer algo. De cualquier forma alguno de ellos moriría.
Ron observó a los hermanos Potter primero, a Bobby y finalmente a las chicas. Ginny se había acercado y se dio cuenta de lo que pensaba hacer su hermano. Susan y Hermione lo observaron de alguna manera sabían también que era lo que debían hacer.
Ron dejó caer su arma, todavía tenía de su cuchillo en su mano. El chico observó la hoja gris oscuro y la empuñadura de hueso. Era un arma extraña. Parecía ser un simple cuchillo pero, de alguna manera, había cumplido su función demasiado bien.
Bobby bajo su rifle, pero no lo suficiente.
Ginny, Susan, Hermione y Pansy dejaron caer sus armas. Solo faltaban los hermanos Potter y Bobby. Los magos y Violet volvieron su atención a ellos. Era justo lo que Ron buscaba. El chico se volvió a hacia las chicas. Susan lo observó con sus ojos azules, era la más próxima a la menor de los Potter y lo sabía, y se lanzó sobre Violet. Al mismo tiempo Ron se lanzó sobre el mago que acompañaba a Smith.
Todo sucedió en menos de un segundo.
Susan se lanzó con toda su fuerza sobre la hermana de Harry lanzándola al suelo. Violet perdió su arma pero se volvió y le propino un puñetazo a la pelirroja en plena cara. Antes de que se diera cuenta, la enfermera estaba intentando estrangularla.
Ron saltó sobre el mago, y con un rápido movimiento ascendente clavo el cuchillo debajo de su mandíbula hasta la empuñadura. El pelirrojo vio como la luz se extinguía de los ojos del hombre mientras lo observaba.
Bobby solo apretó el gatillo de su rifle. El arma estaba apuntada a la mano del capitán Smith desde que la bajo la primera vez. Antes de que se diera cuenta, el mago perdió un par de dedos y su varita.
Violet salió del entumecimiento que sentía. Se dio cuenta que yacía de espaldas en el suelo de madera de lo que quedaba del vagón. En ese momento vio que vio que sus manos estaban envueltas alrededor del cuello de Susan cuyo rostro estaba colorado y estaba intentando por todos los medios desprenderse de ella. Instantáneamente, soltó el cuello de la pelirroja y vio como Hermione y Pansy se lanzaban sobre ella inmovilizándola en el suelo. Ginny mientras tanto atendía a Susan que tosía y trataba de recuperar el aire. En ese momento Violet recordó lo que había pasado y sintió como sus ojos comenzaban a llenarse de lagrimas.
Los hermanos Potter, rápidamente, se volvieron hacía su hermana.
Mientras tanto Bobby y Ron se acercaron al capitán Smith. El hombre estaba intentando alcanzar una de las varitas caídas pero; un disparo en la rodilla, cortesía del hermano de Hermione, lo envió al suelo.
Ron lo dio vuelta con el pie.
-Más te vale que Violet sea ella misma…- dijo Bobby mientras sacaba su arma de mano y apuntaba a la cara de sujeto.
Los dos muchachos se volvieron a donde estaban los hermanos Potter y las chicas. John asintió con la cabeza.
-¿Cuantos quedan en la mansión Riddle?- preguntó Ron.
El mago le dirigió una mirada de profundo odio.
-Mejor que uses ese cuchillo ahora.- dijo el capitán Smith escupiendo sangre. -Por que no pienso hablar ¡Salve Grindelwald!-
Ron sabía que no lo haría pero no agregó nada más, simplemente sacó su arma y le disparo.
A continuación el pelirrojo dio media vuelta y observó la escena, el vagón estaba destruido. Los cuerpos de los magos y muchos pasajeros yacían en el suelo. Las paredes estaban cubiertas de agujeros de bala y marcas de impactos de hechizos. No quedaba prácticamente ninguna pieza de mobiliario sana y un enorme hueco se habría donde antes había una sólida pared de madera y metal. El pelirrojo se dirigió a destruida barra, tomó una botella de Whisky que no estaba rota y le dio un trago.
Mientras tanto los hermanos Potter intentaban consolar a su hermana.
-Todo estará bien hermanita.- dijo John suavemente.
-Fue horrible.- dijo Violet quitándose las lagrimas en los ojos. -Quería gritar, pero no podía. Me sentía como una marioneta.-
-Ya todo terminó, Violet.- dijo Harry abrazando a su hermana.
En ese momento sintieron que el tren reducía la velocidad y la locomotora silbaba con fuerza. El conductor estaba dando aviso en la estación de que algo andaba mal.
-Tomen todas las balas que tengan estos espectros encima, los cargadores y cualquier otra cosa que necesiten.- dijo Bobby. -Nos largamos de aquí ni bien lleguemos a Little Hangleton.-
Rápidamente, comenzaron a recolectar todas las municiones que encontraron y algunas de las armas. El tren redujo más su velocidad y pudieron ver las primeras casas del pueblo. Varias personas observaban desde el costado de las vías el gran agujero que tenía el vagón.
El tren se detuvo antes de llegar a la estación. Rápidamente tomaron todo y bajaron del vagón. El resto de los pasajeros, que había huido a los vagones de los extremos, hacia lo mismo buscando desesperadamente por ayuda.
Los muchachos y las chicas, saltaron al terraplén cubierto de gruesas rocas, se alejaron rápidamente del tren. Corrieron unos cientos de metros y metieron en un viejo almacén de ladrillos que evidentemente hacía mucho años que no se utilizaba.
-No nos demoremos demasiado…- dijo Harry ni bien estuvieron instalados. -Preparen los cargadores, armen el resto de los fusiles.-
-Yo los curare.- dijo Violet poniéndose de pie decidida.
-No Violet…- dijo John. -Te vuelves al pueblo.-
-De ninguna manera.- dijo la chica firmemente. -Voy con ustedes. Puedo disparar y puedo ayudarlos; soy la única que puede salvarlos si algo sale mal.-
Los hermanos Potter estaban a punto de lanzarse a discutir con su hermana pero la intervención de Ginny los detuvo.
-Ni se preocupen por intentarlo.- dijo la hermana de Ron. -Las dos vamos. Y alguien podría explicarme qué demonios sucedió ahí.-
Ron se sentó pesadamente sobre una caja de madera y se quitó su gorro.
-Tu lo viste Ginny.- respondió el hermano de la chica. -Magos… contra eso estamos peleando… sujetos que toman una vara de madera explotan cosas, matan personas, transforman fusiles en zanahorias.-
La chica abrió desmesuradamente sus ojos castaños.
-Pero no es permanente.- dijo Harry. -Recuperamos a Violet cuando perdió su varita… y mi fusil dejó de ser una zanahoria para cuando nos bajamos del tren.-
Harry tomo la botella de Whisky que Ron había tomado del bar y le dio un trago.
-Ya habíamos interrogado a uno en Winchester.- dijo Bobby. -El sujeto casi nos destruye a todos. Volvió el cristal de observación y la puerta de la sala de interrogatorios irrompible. Iba a tomarse su tiempo… pero mi padre lo mato.-
-Trabajan para un mago más importante llamado Grindelwald.- explicó Pansy. -Por eso regresé de Alemania. Conseguí la información pero nadie quería escuchar por eso fui con el coronel Granger.-
-Originalmente nos había llamado para hacer una misión.- dijo John. -Pero después de ver lo que sucedió en la sala de interrogatorios se arrepintió y se fue directamente a Londres.-
-Los chicos decidieron intervenir después de que nos enteramos que tienen un mineral radiactivo que podría contaminar toda la red de agua potable de Londres.- explicó Hermione.
-Nosotras los seguimos y ahí nos encontramos.- dijo Susan.
-La pregunta que quiero hacer.- dijo Ron. -¿Para qué volviste a subir al tren?-
La pelirroja observó a todo el grupo. Normalmente los hubiera tomado por una banda de completos lunáticos. Pero ella había visto de lo que eran capaces.
-Estaba preocupada…- respondió la chica. -Sé que suena tonto pero sentí que debía estar ahí… Me tomó un tiempo llegar hasta ustedes todo los pasajeros corrían tratando de esconderse. Y cuando llegue vi a esos tipos apareciendo y desapareciendo.-
-Muy bien creo que fueron suficientes explicaciones.- dijo Violet. -Nadie sale hasta que no sean examinados… Pansy eres la que más me preocupa.-
-Estoy bien…- respondió la espía. -Ahora esa maldición que me lanzó… era terrible… parecía que cada hueso y músculo de tu cuerpo este siendo retorcido hasta que se rompe. Pero ya estoy bien.-
Violet frunció el ceño y observó seriamente a la espía con sus ojos verdes.
-Ven conmigo…- dijo la enfermera tomando la mano de la chica y llevándola a donde había mejor luz. -Voy a examinarte igual.-
Mientras la hermana de Harry examinaba a Pansy, los chicos comenzaron a organizar su armamento. Habían gastado bastante municiones, especialmente de las pistolas. Pero pudieron tomar bastantes de las que le habían quitado a los falsos soldados.
-Entonces…- dijo Ginny mientras veía a su hermano llenar un cargador con balas. -¿No me dirás que te deje? ¿No me ataras en este almacén?-
-De alguna manera te las arreglarías para aparecerte por donde vamos.- dijo Ron sonando resignado y agregó después de unos segundos. -Tuvimos suerte en el tren… demasiada. Todos estamos bien… pero no creo que la tengamos otra vez. Entiende eso. Gente morirá, alguno de nosotros seguramente también.-
Ginny observó a su hermano.
-No quiero que ninguno muera…- susurró la chica.
-No es algo que se planee…- dijo el pelirrojo. -Pero Sucede…-
La hermana de Ron permaneció en silencio unos instantes.
-Mataste a ese hombre.- dijo Ginny desviando la mirada. -Ni… ni siquiera parpadeaste… sacaste tu arma y le disparaste. Apenas podías ver a mamá torcerle el cogote a una gallina y ahora… Estaba derrotado y no podía hacer nada más.-
-No me siento orgulloso de lo que hice… si alguien se siente orgulloso de eso está completamente enfermo.- dijo Ron. -Dijiste que me viste cambiado. Es verdad… y no es algo bueno… creo que ninguno de nosotros es igual a como nos fuimos. Pasaron muchas cosas que me gustaría olvidar. A veces me preguntó que dirían mamá y papá si supieran lo que he hecho en estos años. No estarían orgullosos, puedo asegurártelo.-
Ginny sintió que sus ojos se llenaban de lagrimas.
-Dirán que están orgullosos de tenerte en casa.- dijo la pelirroja tomando la mano de su hermano. -Todos lo estaremos.-
-Eso espero.- dijo Ron mientras colocaba el cargador a una pistola. -Maté a ese hombre porque podía poner a los demás sobre aviso… no había forma de mantenerlo bajo custodia y no podemos permitirles que evacuen su posición. Si Hermione y Bobby están seguros de lo que planean hacer, somos los únicos que podemos detenerlos.-
-No están solos…- dijo Ginny firmemente. -Tienen a dos chicas uniformadas que se arreglan bastante bien. Una espía y una enfermera muy particulares. Y a una periodista pelirroja que puede ser muy molesta cuando se la propone… tu lo sabes.-
Ron observó a su hermana y esbozó una sonrisa.
-La verdad es que es extraño…- dijo Ron. -Pero algo me dice que pueden manejarse bien… todas ustedes. Y es como si a Susan y a Hermione las hubiera conocido antes, pero no estoy seguro de donde.-
-Es extraño…- dijo Ginny. -Yo tengo la misma sensación. Pero es imposible.-
-Lo es.- dijo Ron.
Violet tuvo algo de trabajo. Todos tenían alguna herida menor y la chica se aseguro de que todos estuvieran en perfectas condiciones.
-Muy bien…- dijo John sintiendo su pierna bastante mejor. -Tenemos bastante municiones y por suerte las metralletas y las pistolas usan las mismas balas…-
-Cuatro metralletas, pistolas y fusiles para todos.- dijo Ron. -Y una escopeta con más de veinte cartuchos.-
-Sí van a hacer esto chicas…- dijo Bobby. -Será bajo nuestras condiciones, funcionaran como apoyo únicamente y si todo se complica irán a buscar ayuda.-
Ninguno de los chicos pensaba ceder en este punto.
-Está bien.- dijeron todas al unísono.
Rápidamente repartieron las armas de mano. Los muchachos se quedaron con las granadas y las metralletas. Pansy se negó a llevar un fusil y le sugirió al resto de las chicas que hicieran lo mismo, ya que de lo contrario atraerían más atención de la necesaria.
El grupo se puso en camino, salieron del almacén y siguieron una calle de tierra hasta llegar a un camino pavimentado. Habían pocas personas en la calle, seguramente la mayoría de la población de Little Hangleton se había congregado para ver el destruido tren. Afortunadamente una anciana les pudo indicar el caminó a la Mansión Riddle.
-No tiene sentido que vayan.- dijo la mujer. -Los Riddle están muertos y el jardinero está preso. ¿No se enteraron estuvo en las noticias?-
-Solo estamos haciendo un poco de turismo.- dijo Pansy sonriendo. -Nos han dicho que es una mansión encantadora.-
-Puede ser pero los Riddle no eran nada encantadores.- dijo la mujer y agregó observando al grupo. -¿Acaso no estarán esperando meterse ahí adentro?… Para hacer Dios sabe que cosas.-
-Sería un poco incomodo.- respondió la chica fríamente pareciendo ofendida por semejante idea. -Somos todos primos.-
Susan podía ser perfectamente la hermana de Ginny y Ron. Hermione y Robert lo eran. Violet, John y Harry lo eran y el color de cabello de Pansy la podía ubicar dentro del mismo grupo familiar de los Potter.
-Oh lo lamento. Que tengan un buen día- respondió la mujer y se alejó rápidamente.
El grupo se puso nuevamente en marcha.
-Recuerdo ese nombre… Riddle.- dijo Ginny. -Hace una semana encontraron a toda la familia muerta, sin que nadie pudiera explicar como hubiera sucedido… no habían heridas, ni veneno de ningún tipo. Pero tenían una expresión de terror en sus rostros.-
-Justo como matan los magos…- agregó Violet recordando el rostro de la mujer del tren. Nunca olvidaría ese rostro.
El grupo continuó avanzando, el cielo se había nublado desde hacía horas y era imposible saber la posición del sol. Apenas eran las tres de la tarde y todavía quedaban unas cuantas horas de sol.
Finalmente llegaron a un gran portón de hierro forjado sobre el cual podía verse el nombre la familia. A partir de la entrada partía un largo sendero empedrado que avanzaba por unos cientos de metros serpenteando ligeramente entre unos jardines de césped color esmeralda.
-Muy bien acá estamos.- dijo Bobby. -Pero no sé si sea una buena idea presentarnos por el frente.-
A continuación levanto su rifle y observó a través de la mira telescópica.
-No sé movimiento.- dijo después de unos segundos. -Al menos por el frente… deben ser unos doscientos metros hasta la casa principal… mucho más atrás puede verse una pequeña casa que debe pertenecer al jardinero y un galpón de herramientas, justo detrás de un grupo de árboles. Y después comienza un pequeño bosque que se extiende prácticamente hasta el limite de la propiedad… creo que será la mejor forma de llegar si vamos por atrás y tomamos posiciones detrás de la casa.-
-Buena idea.- dijo Ron. -Entramos… matamos a todo el que se nos cruce lo más rápido posible, aseguramos ese radio y, con un poco de suerte, nos volvemos a casa.-
Sin agregar nada más el grupo se puso nuevamente en marcha. Llegaron al final de la propiedad, saltaron un muro de rocas y caminaron a lo largo del limite de la propiedad. Después de un par de cientos de metros se adentraron el bosque. El suelo estaba cubierto de hojas secas y los árboles estaban desnudos pero ofrecían buena protección.
Finalmente llegaron a la casa del jardinero. Un rápido control les mostró que nadie había estado en el lugar desde hacía unos cuantos días. Todavía podía verse una taza de té a medio terminar sobre la mesa de la cocina.
-Muy bien.- dijo Harry cargando una bala en la recamara de su fusil. -Nos acercamos en silencio. Chicas detrás de nosotros.-
El grupo comenzó a caminar lentamente, en total sigilo. Sus pasos apenas resonaban sobre el césped a medida que avanzaban. Veía los árboles justo delante de ellos a menos de tres metros de distancia pero se detuvieron repentinamente y bajaron sus armas.
-Creo que se me ha antojado una taza de té.- dijo John.
-A mi también.- dijo Ron.
-Y después podríamos ir al pueblo a un bar no estaría nada mal un vaso de Whisky.- agregó Harry.
-Yo adhiero a la propuesta.- dijo Bobby.
Rápidamente, los cuatro dieron media vuelta y se encontraron con los sorprendidos rostros de las chicas.
-¡Que demonios ocurre con ustedes!- dijo Hermione.
-¡La misión!- agregó Susan molesta.
-¿Qué misión?- dijeron los cuatro al unísono.
-¡Los magos! ¡Idiotas!- dijo Ginny.
-Los están controlando.- susurró Violet palideciendo.
Las cinco chicas levantaron sus armas y apuntaron a todos lados. Pero ningún mago podía verse a la vista.
-Nadie nos esta controlando.- dijo Harry observándolas como si estuvieran locas.
Pero en ese momento los cuatro rostros de los chicos se ensombrecieron.
-¿Sintieron eso?- preguntó John.
-Lo olvide completamente.- dijo Ron. -La idea se me fue de la mente…-
Bobby observó sombríamente hacia los árboles.
-Es una barrera para que nadie se acerque.- dijo el hermano de Hermione. -Nubla la mente y te hae pensar que debes ir a otro lugar.-
-¿Estás seguro?- dijo Hermione.
-No me preguntes cómo, pero sé que es así.- respondió el muchacho observando a su hermana con sus ojos azules. -Necesitamos obligarnos a cruzar de alguna manera.-
A continuación sin decir nada se dirigió al cobertizo de herramientas. Volvió pocos segundos después con una vieja hoz y un largo rollo de soga. A continuación se acercó lo más que pudo a la barrera, ató la hoz al extremo de la soga y la lanzó por encima de una de las ramas de los árboles. Después formó un lazo con el otro extremo de la soga y enlazó la vieja hoz y la atrajo nuevamente hacía él. Cuando la tuvo en sus manos desató la herramienta y unió firmemente los dos extremos de la soga. Finalmente, se pasó la soga por debajo de los hombros.
-Tiren esto y no dejen de hacerlo hasta que no llegue del otro lado.- dijo Bobby.
Los hermanos Potter tiraron de la soga fuertemente lanzando al chico al suelo. Y por más que gritó y pataleo no dejaron de tirar de él hasta que no estuvo junto al árbol.
-¿Cómo te encuentras Bobby?- preguntó John.
-Funcionó…- dijo el chico desatándose. -Vayan pasando… Voy a asegurarme que no haya nadie.-
Lentamente los muchachos y las chicas fueron pasando uno a uno. Todos volvieron a tener la extraña sensación de querer irse pero una vez que estuvieron junto al árbol desaparecieron por arte de magia.
-Debe ser un encantamiento para repeler personas…- dijo Hermione. -Deben utilizarlo los magos para asegurarse que no entre ninguna persona que ellos no quieren. Sin duda es muy útil. Uno simplemente recuerda que tiene algo más para hacer-
En ese momento reapareció Bobby.
-Está área está limpia.- dijo el muchacho.
Avanzaron sigilosamente una decena de metros. El hermano de Hermione rápidamente trepó a un pino y comenzó a observar la situación desde la mira telescópica de su rifle.
El resto se ocultaron detrás de un arbusto y observaron la casa. Podían verse junto a la puerta trasera unos veinte barriles de color negro.
-Tienen la esvástica marcada.- dijo Bobby desde arriba del árbol mientras observaba por la mira de su rifle. -Y dicen… Radium. Es lo que buscamos.-
-¿No podemos simplemente volarlos por los aires?- preguntó Ron.
-No.- dijo Violet. -A menos que queramos sufrir una lenta y dolorosa muerte por envenenamiento radiactivo… tampoco es una buena idea que toquemos esos barriles.-
-Demonios…- dijo John y agregó. -Ves algo más Bobby.-
El muchacho del cabello castaño demoró unos instantes en responder.
-Veo movimientos en algunas de las ventanas.- respondió el hermano de Hermione. -Deben ser diez como mínimo… Pero no veo ningún vigía. Creo que la mejor opción sería entrar por la puerta de la cocina, hay menos ventanas para mirar en ese sector.-
-Bien…- dijo Ron. -Voy primero. Bobby tu cúbreme desde ahí arriba.-
-Aguarda…- dijo el hermano de Hermione. -¡Ahora!-
El pelirrojo se lanzó a toda velocidad cruzo los metros que lo separaban de la casa y apoyó su espalda sobre la pared junto a la puerta de la cocina. Pocos segundos después lo siguió Harry. Cuando los dos estuvieron ubicados junto a la puerta, les hizo un gesto a sus amigos para que aguardaran. A continuación sacó su cuchillo giró el picaporte y entró la cocina esta vacía. Pero podían verse restos de comida sobre una de las mesas.
Pocos minutos después todos sus amigos estaban dentro. Normalmente hubieran dejado al hermano de Hermione fuera cubriendo la retirada, pero en este caso necesitaban golpear fuerte y lo más rápido posible.
-¿Cuál es el plan?- susurró Susan nerviosamente.
-Recorrer las habitaciones una por una y eliminar a todos.- dijo Ron. -De la manera más silenciosa posible. Si todo se va al demonio y eso espero… Nos retiramos. Bobby tu eres nuestro mejor tirador asegúrate que cada bala cuente. El resto no duden en disparar a cualquier cosa que se mueva. ¿Listos?-
Todos hicieron un gesto afirmativo.
El primer lugar que controlaron fueron las habitaciones de servicio. Estaban completamente desiertas. Cuando estaba a punto de regresar escucharon una voz femenina proveniente de la cocina.
-No puedo creer que Schmidt me haya dejado fuera. Soy mejor que ese sequito de idiotas que llevo.- dijo una mujer.
-Sabes que debían ir de incógnito a buscar a Anton.- respondió otra mujer. -Los muggles no tienen mujeres en su ejercito.- y agregó después de una pausa -Están demorando ¿No lo crees?.-
-Probablemente estén divirtiéndose por ahí.- respondió la primera mujer. -No vamos a actuar hasta mañana.-
-No me gusta estar aquí sentada esperándolos.- dijo la otra mujer. -Quiero largarme lo antes posible. El Ministerio de Magia Británico puede caernos encima en cualquier momento. Al menos los hechizos antiaparición, repelentes de muggles y detectores de magos siguen funcionando. No nos tomaran por sorpresa.-
Lentamente el ruido de las conversaciones se fue alejando. Susan, rápidamente les tradujo lo que habían dicho.
-No pueden aparecerse.- dijo John. -Eso es una ventaja…-
-Y pudimos ingresar sin ser detectados porque no somos magos.- agregó Hermione.
-Muy bien…- dijo Harry. -Vamos.-
Lentamente avanzaron por el corredor que salía de la cocina. No hicieron más de diez pasos cuando vieron que una angosta escalera se abría a su derecha; debían separarse. Bobby, John y Pansy tomaron la escalera, mientras Harry, Ron, Hermione y Susan continuaron por el corredor. Violet y Ginny que eran las que menos experiencia tenían permanecieron como centinelas.
-Solo dispárenle a cualquier cosa que no seamos nosotros.- les indicó Harry. -Y no abandonen la posición a menos que sea para retirarse.-
-Está bien.- dijeron las dos chicas nerviosamente.
Harry, Ron, Hermione y Susan avanzaron lentamente por el corredor y llegaron a una espaciosa sala. Estaba completamente desierta. Se podía ver que los lujos que existían fuera también estaban dentro. Habían sillones tapizados en terciopelo, las paredes tenían placas de roble inglés, sus pasos eran amortiguados por una densa alfombra y una gran araña con cristales iluminaba la estancia. En las paredes podían verse cuadros, algunos de familia, otros de escenas de caza, y, sobre pilares, algunos jarrones provenientes del lejano oriente. Un antinatural fuego color violeta ardía en el hogar, sin producir humo ni consumir ningún tipo de combustible.
En ese momento una voz los obligó a volverse.
-Espero que encuentren mi hogar de su agrado.-
Era un muchacho. Estaba parado en el vano de una gran puerta de madera de dos hojas. No debería tener más de dieciséis años. Piel pálida, cabellos y ojos oscuros. Algo en ese muchacho hizo que a los cuatro se les pusiera la piel de gallina. Rápidamente levantaron sus armas.
-Al menos es mi edad desde el fallecimiento de mi padre…-
-¿Eres uno de ellos no es así?- preguntó Susan.
-Uno de ellos…- dijo el muchacho. -Soy un mago si eso es lo que quieres saber… al menos en algún momento lo fui. Y se puede decir que estoy con los seguidores de Grindelwald, ciertamente simpatizo con sus ideas… sin embargo debo reconocer que esperaba que algún mago apareciera buscando mi destrucción.-
El muchacho hizo una pausa antes de continuar.
-Tiene que ser un mago…- dijo el chico. -No hay forma de que unos muggles puedan estar aquí… sin dudas esto es algo extraño. No tengo ningún control sobre la situación y este lugar es simplemente enorme, sólido y vivo como el mundo real… no se como es que llegaron aquí pero eso no importa son simples molestias agregando ruido de fondo.-
Ninguno de los cuatro entendía nada de lo que ocurría. En ese momento se percataron de que los ojos del chico eran rojos como la sangre.
-Seguiré esperando.- dijo el muchacho. -El mago aparecerá y tendremos nuestro combate.-
Seguramente, se refería a alguien del ministerio de magia.
En ese momento vieron aparecer a los costados y por un par de puertas laterales a hombres y mujeres. Todos con varitas.
-¿Qué es lo que tenemos acá? ¿Muggles?- dijo una mujer rubia, bastante bonita. Y agregó en inglés. -¿No te estaban molestando Tom?-
Harry, Ron, Hermione y Susan se pusieron espalda contra espalda. Podían replegarse pero debían hacerlo rápido.
-Solo ensuciando mis alfombras.- respondió el chico y agregó mientras daba media vuelta. -Entreténganse con ellos ustedes, yo no estoy de animo.-
Ron los observó. Ninguno los consideraba una amenaza. Ese había sido el error de Smith y habían sabido volcar eso a su favor.
-¡Ahora!- gritó Harry.
Los cuatro abrieron fuego. Unos cuantos magos atinaron a cubrirse pero otros cayeron bajo las balas de los chicos y las chicas. Ron vio como unas cuantas balas impactaban en la espalda del muchacho llamado Tom.
Volvieron al corredor de servicio y, cuando estuvo bien cubierto, saco una granada, saco el seguro, permitió que la clavija saliera volando y la lanzó adentro. Un par de segundos después una explosión sacudió la estancia enviando una nube de polvo gris sobre ellos.
Rápidamente, se replegaron a donde estaban Ginny y Violet. Para sorpresa de ellos más atrás en el corredor podía verse el cadáver de un mago que se desangraba en el piso de la cocina.
-Hay más por allá.- le informó Violet a su hermano. -Nos cortaron la retirada.-
Sabían que debían dejar a Bobby afuera. Él podía eliminarlos desde los árboles con su rifle.
En ese momento empezaron a escuchar disparos arriba.
-Cúbranme.- dijo Harry.
El muchacho retiró casi por completo el seguro de una granada le ató un pedazo de hilo al anillo y colocó todo de forma que el primero en pasar por el corredor activara la granada.
-Vamos.- dijo el pelinegro. -Aquí somos un blanco fácil.-
En ese momento un mago cubierto de polvo gris y sangre apareció desde el corredor. Pero un certero disparo de Ginny lo eliminó.
Con toda la velocidad que les permitían sus piernas, los seis subieron las escaleras y salieron a un corredor igual de elegante que la sala. Antes de que pudieran ponerse a cubierto; un hechizo verde se dirigió hacia ellos. Todos se arrojaron al suelo dejando pasar la maldición. Justo en ese momento un explosión se sintió abajo donde Harry había colocado la trampa.
Antes de que pudieran ponerse de pie una mujer salio de atrás e un corredor con su varita en alto y el rostro transfigurado de furia. Pero antes de que pudiera lanzar su hechizo una bala impacto en su pecho. Los chicos se volvieron y vieron a Pansy asomada por la puerta de un baño con su pistola humeando.
-Ese lugar esta saturado de espectros.- dijo la espía algo agitada. -Debemos movernos rápido.-
En ese momento del otro extremo del corredor vieron aparecer a John y a Bobby. El hermano de Harry hizo una descarga de su metralleta, a continuación Bobby arrojó una granda y comenzaron a correr. Pocos segundos después resonó una explosión y ruido de vidrios rotos.
El grupo se reunió donde se encontraba el cadáver de la bruja muerta y doblo a la derecha. Cuando estaban cruzando una galería un vidrió estalló delante de ellos. Cuando se asomaron vieron a un mago montado en una escoba, volando. Ron disparó pero el mago era bastante hábil.
-Déjame a mi.- dijo Harry sacando la escopeta.
El pelinegro disparó dos veces en rápida sucesión y los perdigones del segundo disparo alcanzaron al mago derribándolo.
-Tienen apoyó aéreo.- dijo Bobby. -¿Cuántos creen que sean?-
-Deben quedar una veintena…- respondió Harry.
En ese momento vieron aparecer al final del corredor al chico que habían visto antes. Estaba parado observándolos. Pareciendo muy intrigado con toda la situación.
-Yo le dispare…- susurró Ron abriendo desmesuradamente los ojos.
No solo había disparado sino que había lanzado una granada a la habitación en la que se encontraba. Pero ahora aparecía con la ropa impecable, sin rastros de haber pasado por un combate.
El pelirrojo levantó nuevamente su arma y le disparó una ráfaga directamente al pecho. El muchacho cayo, pero pocos segundos después se levantó ante las miradas de asombró del grupo. Sin siquiera un rasguño, lo más extraño era que no tenía ninguna varita, no había hecho nada que pudiera justificar su milagrosa recuperación.
El chico comenzó a avanzar lentamente hacia ellos. Bobby levanto su fusil, apuntó y le dio un disparo certero en el medio de la frente. El chico calló al suelo, pero pocos segundos después se levanto.
-¡Eso dolió!- dijo observando a Bobby con sus ojos rojos con una furia tremenda.
Antes de que cualquiera pudiera reaccionar el extraño muchacho tenía una varita en su mano y el hermano de Hermione salía volando por una de las ventanas de la galería para aterrizar pesadamente en el césped y quedar inconciente.
-¡Bobby!- dijo Hermione desesperada.
-Son muy particulares ustedes…- dijo el muchacho. -Son muggles es verdad… pero no son muggles comunes y corrientes. Y quiero saber por qué. Eso es lo que los mantiene vivos.-
Ese era el momento en el cual debían huir. En menos de un segundo todos dieron media vuelta y comenzaron a correr hacía la escalera.
-Cambio de planes.- dijo Ron mientras disparaban a un par de magos que tenían delante de ellos. -Volamos los barriles de Radio y nos llevamos a Bobby.-
Cuando llegaron a la sala vieron que estaba completamente destruida. Había cadáveres de magos por todas partes y densos charcos de sangre. Les tomó pocos segundos identificar cual era la puerta principal. Pero, antes de que pudieran continuar hacia la salida, vieron un fenómeno bastante extraño. Un gran numero de fragmentos de madera se elevó en el aire delante de ellos. Ninguno se movió. Lentamente y en un movimiento fluido, fueron alargándose y afilándose; bloqueándoles la salida. El grupo se dio la vuelta para encontrarse frente a frente con Tom Riddle.
-¿Algunas palabras antes de sufrir una dolorosa muerte?- dijo el muchacho de los ojos color sangre.
-Deja ir a las chicas.- dijo Harry. -Nosotros nos quedaremos.-
John y Ron secundaron al chico.
Pero Hermione y Ginny levantaron sus armas decidida y le dispararon nuevamente a Tom Riddle. Susan disparó su fusil a la araña, rompiendo la cadena y sepultando a Tom Riddle en cristales, metal y cables.
-Ese sujeto me tiene cansada.- dijo la pelirroja y agregó tras mirar las estacas que flotaban a sus espaldas. -Y lo peor es que sigue vivo el tremendo idiota.-
Mientras tanto Hermione estaba muy enojada con los tres muchachos.
-¡Piensan quedarse! ¡Es un suicidio!- dijo Hermione sintiendo como las lagrimas se agolpaban en sus ojos. -¡No sé que demonios les sucedió! Hay gente que se preocupa por ustedes.-
Ron se acercó a Hermione y la tomó suavemente del hombro, ni siquiera pudo hablar está lo interrumpió.
-Nada de lo que puedas decir Ronald…- pero antes de que pudiera terminar la oración el pelirrojo la besó como quería hacerlo desde que la había visto por primera vez.
Hermione estaba muy sorprendida pero no tuvo problemas para responder al beso inmediatamente. Pocos segundos después, se separaron con mucho pesar.
Harry observó los ojos color chocolate de Ginny, tomó su mano y la besó. Un beso corto seguramente, pero cargado de significado también.
Susan colocó un nuevo cargador y le dirigió una mirada a John que decía que si se pasaba de listo le disparaba ahí mismo donde se encontraba.
Ni bien terminaron de besarse las dos parejas escucharon ruidos provenientes de la araña.
El grupo se volvió para enfrentar a Tom pero algo sucedió. Súbitamente, algunas de las estacas que flotaban detrás de ellos salieron volando y se clavaron en el torso de Susan. La pelirroja cayó dando un grito agónico.
-¡No!- dijeron todos unísono.
-Esto es divertido.- dijo una voz a sus espaldas. -No tiene sentido escapar. Y ciertamente odio que no me tomen en serio.-
Ron se dio vuelta desencajado de furia. Y no era el único.
-Vas a estar bien Susie…- dijo Hermione junto a su amiga. -Vamos a sacarte de aquí.-
-Déjenme…- dijo Susan yaciendo pálida en el suelo. -Dile a mi familia que los quiero y a…-
-No se te ocurra perder la esperanza.- dijo firmemente Hermione con los ojos llenos de lagrimas.
Violet se arrodilló junto a la pelirroja. Sabía que sus heridas eran muy extensas y tenía graves heridas internas. Ninguna mortal de inmediato, pero sabía que no había forma de salvarla. Ese sujeto no quería matarlos quería alargar su agonía todo lo que fuera posible.
-Bastardo.- dijo la hermana de Harry ardiendo de furia.
-Callada.- dijo Tom lanzando enfermera por una ventana con un movimiento fluido de varita. -Entonces… dije que quería hablar y no estoy acostumbrado a que simples muggles se rebelen. Alguien los envió aquí como distracción… y no me gusta ser tomado por sorpresa. Un mago debe estar detrás de todo esto.-
John levantó su arma y le dio un disparo en la cabeza. A continuación observó por la ventana su hermana yacía no muy lejos de donde estaba el hermano de Hermione y los dos estaban ilesos.
-Saquen a Susan, rápido.- dijo John.
El muchacho sacó una granada la arrojó al lado de la cabeza del chico. A continuación se alejó rápidamente, se puso a cubierto y la granada explotó.
-Eso debería comprarles algo de tiempo.- dijo Harry.
-Vayan…- dijo Ron.
-Deben buscar ayuda y volar este lugar por los aires.- dijo John.
Hermione y Ginny estaban sacando a Susan lo más rápido que podían. Pansy abrió la puerta. La dejaron al pie de la escalinata principal.
En ese momento Tom Riddle se levantó tomó la pesada araña y la lanzó con una tremenda fuerza arrastrando a John y Pansy. La gigantesca lámpara se encajó en la puerta de entrada pero, la espía y el hermano de Harry continuaron su trayectoria pasando por encima de unas sorprendidas Hermione y Ginny. Para terminar aterrizando pesadamente sobre el empedrado una decena de metros más atrás.
Dentro de la casa Tom Riddle agitaba su varita y colapsaba los accesos a la sala. No quería interrupciones por parte de los seguidores de Grindelwald, hablaría con los dos muggles que quedaron dentro. Ron y Harry por su parte sabían que, seguramente, tendrían la pelea más difícil de sus vidas.
En ese momento el hermano de Hermione abrió los ojos y se despertó sobresaltado. Lo último que recordaba era ser lanzado por una ventana. A su lado yacía su fusil y, a pocos pasos, de él se encontraba Violet, con su sedoso cabello negro contrastando con el verde del césped. El muchacho se puso se pie y se dio cuenta que tenía rota una costilla. Tomo su fusil y camino lentamente hacia la chica. Bobby suspiro de alivio al ver su pecho elevándose producto de la respiración. En ese momento Violet abrió sus ojos y rápidamente los entrecerró tratando de focalizar su visión. El hermano de Hermione vio los anteojos de la chica en el suelo. Los tomo y se los alcanzó. Violet se sobresaltó un poco pero se tranquilizo al ver quien estaba a su lado.
El menor de los Granger observó la situación. Susan yacía inmóvil al pie de las escaleras, John y Pansy se encontraban a una decena de metros de ellos también inmóviles, sangrando. Su hermana y la hermana de Ron estaban intentando empujar un amasijo de metal y cables para volver a entrar a la casa.
El hermano de Hermione se volvió a la enfermera. La chica estaba de pie junto a él pareciendo resignada. Antes de que se diera cuenta la tomo entre sus brazos, la observó con sus ojos azules y la beso suavemente en sus labios. La chica abrió desmesuradamente sus ojos verdes y se separó del chico. Respirando agitadamente le encajó un bofetón, pero antes de que Bobby pudiera articular una respuesta, la chica, se lanzó a abrazar el cuello del chico y besarlo con desesperación.
-Me voy a asegurar que haya segunda parte de esto.- dijo el muchacho del cabello castaño sonado decidido.
-Yo también pienso asegurarme de eso.- dijo Violet.
En ese momento vieron que una gran cantidad de magos estaba dando la vuelta desde la parte de atrás de la casa. Podían verse las largas sombras que proyectaba el anaranjado y lánguido sol, en su lento descenso hacia el oeste. El chico levantó su fusil. Sacó su última granada de su morral tiro de la anilla y le quitó el seguro.
Delante de la puerta principal de la casa Ginny y Hermione intentaban empujar de alguna manera la gigantesca araña, que se había retorcido de tal forma estaba bloqueando la salida como si de una reja se tratara.
Del otro lado, Harry y Ron esperaban el ataque del Tom Riddle. Debía haber alguna forma de matarlo, debía existir alguna manera de eliminarlo definitivamente. En ese momento Ron recordó su cuchillo. El pelirrojo soltó su metralleta que quedo colgando a su derecha, sacó el cuchillo de su espalda. Los ojos rojos como sangre de Tom Riddle se oscurecieron ligeramente.
-¿De donde sacaste eso?- dijo Tom con la voz temblando ligeramente..
Ron observó su cuchillo de gris acero y mango de hueso, no era la gran cosa. Pero por alguna razón parecía que el muchacho lo temía. No había temido a las balas, a las granadas, ni a nada que le habían tirado pero ese simple cuchillo lo asustaba podía verlo.
Harry observó a Ron. Sabía que ese cuchillo tenía algo que asustaba a Riddle. Las chicas del otro lado de la barrera que les impedía entrar también se percataron de eso. Debía derribar al antinatural muchacho para que el pelirrojo pudiera acuchillarlo.
Las chicas y Harry levantaron sus armas pero antes de que siquiera pudieran apretar el gatillo. Tom había lanzado un rayo eléctrico sobre las chicas. La destruida lámpara sobre la cual estaban apoyadas crepito; producto de la descarga. Ginny y Hermione no podían gritar y permanecieron en su lugar sacudiéndose.
-¡Maldito!- gritó Harry mientras levantaba su metralleta y disparaba.
Antes de que llegaran las balas el muchacho desapareció. Pero en menos de un parpadeo se movió a una velocidad antinatural y pateó a Harry en el pecho enviándolo através de una ventana. Cuando el pie contacto con la caja toráxica del pelinegro pudo escucharse ruido a ramas que se rompen.
Ron se lanzó a toda velocidad con su puñal pero justo cuando descargó un golpe de su arma Tom desapareció. Para aparecer varios metros por detrás.
-Dame ese cuchillo.- dijo fríamente el muchacho.
El pelirrojo se volvió hacía la bloqueada puerta principal, donde se encontraban su hermana y Hermione. Las dos estaban inmóviles y un poco de humo se alzaba de sus cabellos chamuscados.
Volvió su mirada a Tom y vio como una gota de sangre caía por su mejilla. Ron esbozó una sonrisa levantó su arma y se señalo su mejilla. Tom Riddle levantó su manó y abrió desmesuradamente sus ojos rojos al darse cuenta de que había sido herido.
-Ahora si comienza la pelea.- dijo Ron.
Mientras tanto afuera, la defensa del grupo había quedado reducida a Bobby y a Violet. Harry yacía inconciente, un hilo de sangre caía de su boca y no reaccionaba. Pansy y John, seguían sin despertar y no parecían estar nada bien.
Robert Granger observó a los magos que se acercaban, a su lado, Violet Potter levantó su arma y comenzó a disparar. El muchacho soltó la clavija de la granada, que salió volando y lanzó el explosivo sobre los magos. Muchos consiguieron cubrirse pero otros no tuvieron la misma suerte. En ese momento escuchó un zumbido detrás de su espalada, al darse vuelta vio un desagradable hechizo naranja que se acercaba a ellos. Rápidamente empujó a Violet y salto de su camino pero no lo suficientemente rápido. La explosión lo alcanzó en el aire y lo lanzó a varios metros de distancia. Había perdido su arma, un persistente zumbido tapaba cualquier sonido. Entre el humo y el polvo de la explosión vio un mago que se acercaba a él con su varita en alto. En ese momento inexplicablemente la varita del mago salió volando de su mano.
Dentro de la vivienda, Ron y Tom Riddle se observaban mutuamente. Antes de que Ron se diera cuenta lanzó un hechizo el pelirrojo apenas tuvo tiempo de saltar y rodar a un costado. Cuando levantó su pistola vio que tenía al mago a menos de dos pasos de él. Disparó tres veces y, el mago, las tres veces esquivó las balas. Blandió su cuchillo pero, rápidamente, se desapareció para aparecer detrás de él. El pelirrojo se volvió pero antes de que pudiera disparar el mago tomó el arma entre sus manos, se la arrancó y la lanzó lo más lejos que pudo.
-Dejaras ese cuchillo en el suelo y me dirás que mago te envió.- dijo el muchacho de los ojos rojos.
-¡No existe ningún maldito mago en este mundo que quiera ayudarnos, idiota!- vocifero Ron. -¡¿No te has dado cuenta aun?-
El mago parecía sorprendido. En ese momento se escucho una voz afuera amplificada por un megáfono.
-¡Ministerio de Magia Británico! ¡Suelten sus varitas!-
Riddle observó por entre la lámpara en la cual yacían Ginny y Hermione.
-Parece que el titiritero ha aparecido.- dijo esbozando una sonrisa cuando se volvió a encarar al pelirrojo vio que este estaba a menos de un paso de él.
-Nadie mueve los hilos aquí idiota.- dijo Ron y antes de que pudiera reaccionar el pelirrojo levanto su cuchillo clavándolo debajo de la mandíbula hasta llegar al cráneo del muchacho. Los ojos del muchacho se apagaron pero algo extraño comenzó a suceder. El cuerpo del chico comenzó a oscurecerse y un zumbido cada vez más alto comenzó a perforarle los tímpanos al pelirrojo.
Afuera Robert Granger se arrastró hasta donde se encontraba Violet. Entre el humo vio aparecer a un mago de cabello oscuro y ojos grises. El hombre le habló pero no pudo escuchar nada. Sabía que tenía los tímpanos destruidos. Levantó lentamente su arma pero en ese momento vio que otra figura aparecía junto al mago; un hombre de uniforme militar Británico, cabello castaño encanecido y ojos azules. Era el Coronel Patrick Granger, su padre.
"¡No dispares!" Bobby leyó en los labios de su padre.
El chico bajo el arma. A continuación dijo algo más que no entendió.
-No puedo escuchar nada…- dijo el chico señalando sus oídos ensangrentados a continuación perdió el conocimiento.
Dentro Ron, estaba haciendo lo que era más inteligente que podía haberse ocurrido: correr.
El zumbido del cuerpo de Riddle había aumentado. Ron se dirigió a la puerta, la lámpara aun bloqueaba la salida, pero de un fuerte tirón pudo separarla lo suficiente como para poder salir. Cuando la cruzó vio que dos grupos de magos estaban peleando entre ellos. Junto a uno de los grupos estaba el padre de Hermione y Bobby, disparando a diestra y siniestra.
Ron no esperó más tomó a su hermana y a Hermione en brazos y comenzó a correr. Una luz y enormes descargas eléctricas empezaron a salir de la puerta de la casa. El pelirrojo descendió las escaleras y vio que su Susan yacía pálida detrás de un grueso cantero de ladrillos. Rápidamente depositó a su hermana y a Hermione junto a la traductora y antes de que pudiera ponerse a cubierto. Una explosión proveniente de la casa lo alcanzó y lo hizo perder el conocimiento.
Todo se volvió oscuridad.
Cuando abrió los ojos escucho una voz que gritaba.
-¡Aquí tenemos uno más!- dijo una mujer que estaba arrodillada junto a él. -Heridas múltiples… directo a San Mungo.-
La mujer se volvió a él.
-Oh estás despierto… eso no es bueno.- dijo la mujer frunciendo el ceño.
La mujer quiso darle de beber un liquido pero no pudo ya que el pelirrojo se lo quitó de un manotazo.
-¡Coronel Granger!- gritó el pelirrojo.
Pocos segundos después el militar apareció frente a él.
-Déjeme hablar con él.- dijo el padre de su amigo.
-No es lo mejor, está muy alterado.- dijo la mujer firmemente.
-Lo estará más si no hablo con él.- dijo el hombre observando fríamente a la mujer.
-Mi hermana… Hermione… Susan…- comenzó a decir Ron.
-Están todos bien…- dijo el coronel Granger rápidamente. -Estos sujetos tienen mejores métodos que nosotros para curar heridas. Bones es la que estaba peor pero ya está fuera de peligro.-
Ron parecía bastante aliviado.
-Si quieres saber donde los conseguí a estos sujetos…- continuó el padre de su amigo mientras se sacaba su gorro -El Primer Ministro tiene un cuadro muy particular en su despacho que le permite comunicarse con los magos de Inglaterra… ni bien le explique la situación los llamó y aquí estamos… ah y reasigno al jefe de Pansy permanentemente.-
Ron suspiro aliviado. Todo había terminado.
-Descansa muchacho.- dijo el coronel Granger poniendo su mano sobre su hombro. -Te lo tienes bien merecido.-
Ron cerró los ojos. Pocos segundos después sintió como si estuviera cayendo por un abismo y que el oscuro fondo se acercaba a él. Cuando estuvo a punto de golpear se despertó sintiendo que su corazón martilleaba dentro de su pecho.
Se encontraba en una casa semidestruida y fría. Delante de un anillo de piedra yacía entre un charco de liquido negrusco como tinta pero denso como sangre. En su mano podía ver su colmillo de basilisco goteando el mismo liquido espeso. Recordaba todo y no por eso era menos increíble.
-Por un momento me tenías preocupada.- dijo la ente a su lado.
Ron levantó su mirada sin atinar a decir una palabra. Estaba muy sorprendido.
-Felicitaciones Ron.- dijo la ente sonriendo mientras lo observaba con sus ojos azules. -Has destruido un horcrux.-
ooOooOoo
Hola a todos!
He vuelto con capitulo cuádruple. La verdad es que podría haberlo fragmentado pero no creo que haya sido lo mejor. Sin duda me quedaron un par de cosas para el próximo capitulo. Pero ya hay un horcrux menos. La idea de esto salió de hacer algo similar a cuando destruyo la tiara. Para el capitulo próximo están las explicaciones del ente.
Lo que puedo decirles es que investigue un poco para que quede lo más coherente posible. Y que cualquier error que vean no fue a propósito.
Bueno espero sus comentarios.
Saluditos
Salva
