¡Canta victoria, Granger!
Hermione se despertó alrededor de las doce del mediodía del mismo día en el que llegó a la casa de Perseus. El cansancio físico no se disolvió con las escasas horas, hecho que la obligó a ir directa a la ducha nada más abrir los párpados. Bostezando, repasó el servicio para saber dónde estaba cada cosa y no pudo resistirse a llenar la bañera al descubrir que había una muy amplia. Ahí cabían perfectamente dos personas, y una más si era necesario. Puso el tapón, abrió el grifo y regresó a la habitación para conseguir un conjunto de ropa.
Iba en ropa interior, descalza y con la melena revuelta cuando registraba qué ponerse. Si ayer ya le costó encontrar algo... Al fondo, se topó con un suéter blanco de lana. Se lo probó para asegurarse de la talla y sonrió. Las mangas le quedaban enormes. Las manos se mantenían dentro de ellas al estirar los brazos y la parte de la cintura le llegaba por debajo del trasero. Debió de pertenecer a algún adulto bastante grande. Estiró la tela del cuello largo hasta la nariz y hundió la cara en él, aspirando con ganas el dulce aroma. Acurrucó el rostro dentro del cuello de lana, olfateando más.
Sí, definitivamente olía a Pansy. Y era bastante curioso de que fuera así, puesto que ella ya le dijo que apenas tenía ropa suya entre las de Tonks y Ginny.
Con una sonrisa permanente en la cara, se desprendió de él y escogió el mismo pantalón negro de ayer. Lo único en lo que dudó fue en si mantener la misma ropa interior o lavarla con un Fregotego. Al fin y al cabo, encontrar otra libre de encaje, bordados o de satén, era imposible.
Dejó todo en el lavabo, comprobó que la bañera todavía necesitaba más tiempo y regresó a la estancia principal. Apoyada en la pared, contempló a Pansy murmurando sutilmente en sueños.
Sonrió más.
La Slytherin había pasado toda la noche durmiendo boca abajo y dándole la espalda. A pesar de que ésta se fuera de mal humor a la cama, no tardó ni cinco minutos en quedarse dormida por el cansancio.
Hermione negó con la cabeza, ¿qué haría si sus seres queridos y su novia seguían peleándose? Se perdió en los pensamientos al tiempo que admiraba el físico de Pansy. Estaba entre ese punto de si quería ser físicamente como ella, o quería poseerla ahí mismo. Problema común de chica que le gustaba otra chica, supuso.
Profirió un quejido de sorpresa al recordar que el grifo continuaba vertiendo agua sin control.
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Poco después de susurrar "Fregotego" para limpiar la ropa interior que se quitó, introdujo un pie en la bañera. Se relajó al instante de sentirse cubierta por el agua caliente hasta el cuello.
—¿Te bañas y no me dices nada?
Hermione viró la cabeza, encontrándose en la puerta a una Slytherin que le guiñó el ojo.
—¿Para que te despertaras con mal humor? No, gracias.
—Buuuh, qué débil te has vuelto —sonrió de lado y cerró la puerta clavando su burlesca mirada en ella. Dirigió su atención al espejo y a su reflejo—. ¡Merlín!, no sé qué pasa en mi cara cuando duermo, pero algo muy, muy malo.
Pansy abrió el grifo y jugó con el chorro de agua hasta que fue lo suficiente caliente. Formó un cuenco con las manos y se lavó la cara. A tientas, sacó del primer cajón un jabón exfoliante, donde Hermione pudo distinguir la misma marca de cosméticos que el brillo de frambuesa, y lo extendió por la cara, frotando con más ímpetu en la nariz.
A la Gryffindor no le importó espiarla mientras ella continuaba con su ritual de limpieza matutina; le proporcionaba cierto alivio al pensar que fuera de esos muros no se batallaba ninguna guerra, simplemente estaban ellas dos en un día cotidiano preparándose para ir a trabajar, estudiar o a visitar a sus parientes.
—Mierda —espetó Pansy, después de desprenderse de los restos de jabón—. Pronto tendremos que ir al Callejón Diagon a comprar.
—¿El qué?
—Me queda poca crema hidratante y tú me quitas la escasa ropa que me han dado. Lástima que no pueda ir a mi mansión a por más. Encima, no sé en qué momento perdí mi brillo, se me están resecando los labios.
Hermione rió cuando su novia los puso como si fuera a besar el espejo.
—No te hacen falta tantos cuidados, eres muy guapa de por sí —piropeó, chapoteando el agua.
Parkinson dejó de mirarse para empezar a desvestirse.
—Nadie conoce mi cuerpo más que yo, así que sht. Mis labios son resecos desde siempre, el brillo los mantenía húmedos para que no se me agrietaran. Da igual, hazme un hueco —señaló la tina.
—¿Eh?! No, te esperas a que acab- ¡Pansy! —recriminó, al ver cómo la Slytherin la empujaba con una pierna e intentaba hacerse un hueco riendo con travesura.
A regañadientes, Hermione tuvo que ponerse de pie con la intención de que la presión que ejercía la Serpiente sobre ella no la llegara a lastimar. Segundos más tarde, se dejó caer sobre el cuerpo sentado de Pansy, quien no dudó en abrazarla por la espalda y posar la barbilla en su hombro.
—Ffff, ¿contenta?
—Espera —descansó las manos sobre los pechos de la Gryffindor—. Ahora sí.
Hermione rodó los ojos. Suspirando, aceptó el masaje y los arrumacos de la Slytherin.
—Hay que hablar de lo que pasó ayer, Pansy.
—¿Qué pasó ayer? Ah, sí, que tus amigos son unos psicópatas, que una loca está detrás de ti y que casi me asesinan. Tranquila, he superado traumas peores, por ejemplo, de pequeña solía pedir perdón.
—Te hubieran salvado, créeme. Simplemente, les sorprendió.
—Ya, si hubiera estado algún Weasley en mi lugar, seguro que su reacción habría sido igual de lenta.
—No se lo tengas en cuenta, ¿vale? No quiero que estéis a la defensiva y deba de elegir a quién defender. No llevamos ni un día aquí, estaría bien que hubiera cierta... tolerancia entre vosotros.
—Pfff.
—¿Vale? Nada de comentarios sarcásticos cuando les respondas, nada de echarles en cara que no te salvaran a tiempo, nada de estar a la defensiva, ¿sí o no?
—Vale, vale, tampoco quiero que me odien los que supuestamente podrían salvarme el culo en esta guerra...
Continuaron en silencio, relajadas por el vapor y la calidez del lugar. Pansy acarició con las uñas el vientre de Hermione y suspiró.
—¿Pasa algo? —inquirió Hermione.
—Sí.
La Gryffindor esperó a que continuara, no obstante, sólo el chapoteo que hacían sus propias piernas al moverse dentro de la tina le respondió. Con sutileza, miró por el rabillo del ojo a la cabeza apoyada en su hombro. La mitad de su visión la ocupaba la reluciente cabellera negra que únicamente dejaba entrever la nariz y el perfil de los rosados labios.
—¿Qué ocurre, Pansy?
Escuchó cómo ésta respiraba profundamente por los orificios nasales. Parecía ser que no estaba dispuesta a decir nada. Cuando esto sucedía, Hermione sabía que, o se trataba de un tema en el que la Slytherin le costaba hablar porque aún le era difícil abrirse, o porque su orgullo se lo impedía.
—¿Tendré que jugar a las adivinanzas?
La Leona levantó fugazmente las dos cejas y rodó los ojos, acabando con un esbozo de sonrisa como si le hiciera gracia aquel comportamiento. El quejido infantil de Parkinson a más de sus brazos aferrándose alrededor de Hermione, le provocaron una carcajada.
Sí, vale, se trataba de un tema vergonzoso para Pansy y debía de adivinarlo.
—¿Tiene que ver con nosotras? —notó el asentimiento en su hombro—. ¿Es sobre que perdí la pulsera que me regalaste en San Valentín? —frunció el ceño, extrañada, al sentir la negación—. ¿Sobre Ron? —hubo una pausa. Y Pansy negó con la cabeza, de nuevo—. Es decir, no se trata de celos.
Abrió los ojos como platos al percibir cómo Parkinson le golpeaba suavemente el costado de la cabeza con la frente. Pansy restregó la frente por la oreja de Hermione, cuello y cabeza al tiempo que profería un quejido agudo y prolongado lleno de vergüenza y frustración.
—¿De quién diantres tienes celos? —inquirió, atónita.
Los ojos avellanos se encontraron con los de la Gryffindor. Y, al ver que Hermione no captaba la respuesta, continuó quejándose como si fuera un cachorro.
—No me hagas decirlo... —bisbiseó.
—Es que no tengo ni la mínima idea de quién puede ser, ¿debo de decir a todos los que se encuentran en esta cas- Lestrange.
El extenso bufido le indicó que había dado en el clavo.
—Por Merlín, Pans, ¿cómo es posible que tengas celos de ella?
—Por eso no quería comentar nada —amortiguó la voz al esconder su rostro en el cuello de la Gryffindor.
—Porque sabes que son celos injustificados —contestó, alzando una ceja.
Ambas conocían de sobras que la Slytherin necesitaba cierta ayuda ya que era más delicado que la posesividad entre muggles. Pansy, como todos los demás magos sangre pura que crecieron en una vida llena de lujos, se acostumbró a poseer cada objeto que deseara, a compartir lo justo, a reservarse emocionalmente y a ser puesta en un pedestal desde su nacimiento gracias al apellido y a la sangre. Pedestal que se derrumbó cuando los jóvenes sangre pura descubrieron que habían más magos con más posesiones, más inteligencia, más poder, más de todo en el mundo perfecto en el cual habían crecido.
Esa inseguridad se enraizó tanto en ellos que la demostraban a cada triunfo que lograban en, por ejemplo, Hogwarts. Se veían obligados a intentar ser más que los demás en diferentes situaciones; más en quidditch, más en popularidad, más en destacar físicamente, más en cualquier situación que les otorgara éxito personal y, consecuentemente, la satisfacción y el orgullo por parte de sus padres.
Si se mezclaba esa inseguridad con ser reservados a la hora de confiar en los demás por haber crecido en un ambiente competitivo, se obtenía de resultado una bomba explosiva cuando mantenían relaciones románticas. En esas relaciones, si la pareja no competía entre sí por el éxito personal a pesar de compartir bienes y posesiones, competían contra las demás parejas que deseaban demostrar que llevaban mejor vida.
Era un bucle donde, en un futuro, los hijos imitarían a sus padres.
Y ahí se encontraba Pansy, luchando por desprenderse de las malas costumbres que afloraban en su comportamiento inconsciente.
Desde pequeña le enseñaron que lo principal era mantenerse firme y no mostrar las debilidades, que al poco tiempo lo interpretó con ser tozuda y no mostrar sus sentimientos. Si, a más, todavía estaba en un ambiente competitivo cuando descubrió lo que sentía por Hermione, fue tremendamente difícil dar el paso de no intentar competir contra su propia pareja y, encima, de desprenderse del prejuicio de que los sangre sucia no se merecían la magia, ni siquiera la vida.
Hermione se enteró de todo ello en la fiesta del trece de febrero donde, por suerte, Parkinson ya había avanzado bastante. Únicamente a ésta le quedaba solucionar los celos y los arranques de superioridad que utilizaba para protegerse del daño que pudieran causar algunos comentarios.
—Claro que son injustificados —murmuró, frunciendo los labios—. Pero es que... ¿la viste ayer? Gritó como si nada que eras suya, pfff, tendría que haberle dado varios puñetazos en lugar de uno. Está loca.
—Creo que te has saltado la parte de que casi te mata, la más importante.
—Eso es lo de menos —movió la mano con desinterés—. Lo preocupante es que te haga daño "sin querer" mientras pulule cerca de ti, aparte, no me gusta que crea que puede salir contigo, me refiero a que, joder, no necesito que me venga esa demente intentando llevarte a la cama y que yo no pueda siquiera poner mala cara porque los demás no deben de saber de lo nuestro.
—Madre mía, está bajo los efectos de una poción, ¿piensas que si no fuera así, intentaría algo?
Pansy hizo una pedorreta contra su hombro.
—Cualquiera podría enamorarse de ti. Es cuestión de tiempo a que se den cuenta de lo que eres capaz.
Hermione no pudo disimular la sonrisa a pesar de querer mostrarse seria.
—¿Y de qué soy capaz? —se dejó resbalar por la bañera hasta que la parte trasera de su cabeza pudo apoyarse en el hombro de su novia.
—Eres capaz de mover muy bien la lengua, según me demostraste ayer cuando me senté en tu cara.
A pesar de que Pansy intentó esconder la cara, las salpicaduras que Hermione creaba con su mano derecha orientada hacia atrás llegaban a empaparla sin problemas.
—¿De verdad sigues teniendo celos de Lestrange? —preguntó, preparando la mano por si necesitaba tirarle más.
—No son celos propiamente dichos, sólo que no me hace gracia que te ronde alguien como ella. Te aseguro que si te hubiera agarrado a ti del cuello, habría sido la primera vez que yo hubiera utilizado un Avada Kedavra. Y bien a gusto me quedaría. Aunque... no tenga varita.
—El día que diferencies ser posesiva con ser protectora, te daré una galleta. Los mezclas demasiado, mezclas el hecho de que quieres que no me pase nada y que no quieres que ella se acerque a mí por otras razones —contestó, levantándose.
—Ya... Pero me hierve la sangre al verla ahí "yo soy la bruja más mala de la historia y la sangre sucia es mía, muahahaha" —imitó una voz distorsionada para burlarse de Bellatrix, chapoteando con los brazos y alzándolos al aire como si poseyera todo el poder del mundo.
—Oh, Pansy, olvídalo, no es ella la que se está bañando conmigo. Si te consuela, los demás siguen viéndote como la bruja malvada que se ríe de la sangre sucia —disimuló la sonrisa.
Hermione de pie, todavía con los pies hundidos en el agua, buscó en la estantería de la ducha un jabón para el pelo. La mayoría de los productos eran de marcas muggles. Supuso que la esposa del tío de Pansy se encargaba de comprar los productos higiénicos. Sujetó un champú con su mano derecha mientras que con la otra se apoyaba en la pared de enfrente e inició una lectura rápida, cerciorándose de si era indicado para su tipo de cabello.
Una sonora nalgada la distrajo.
—Bonito culo, Granger —se carcajeó Pansy, manteniendo el cuerpo bajo el agua templada.
La bañera era amplia para dos personas, aunque cuando alguien se ponía de pie era fácil alargar el brazo y tocarle sin problemas.
La Gryffindor bufó, posando el trasero contra la pared para así evitar un nuevo ataque inesperado.
—Jo, diviérteme, pensaba que querías jugar —Parkinson hizo un par de pucheros, fingiendo inocencia—. Te recuerdo que ayer me dejaste a medias, eh, eh, eh.
Balanceó con el pie las piernas de la Leona, deseando distinguir una reacción. Refunfuñó al comprobar que ésta continuaba leyendo otro bote.
—No fuiste la única que se quedó a medias, Pansy —contestó sin pensar, inmersa en su búsqueda.
—Oh. Eso cambia mucho las cosas.
Parkinson se puso en pie y acomodó una mano en la cadera, dejando la otra colgando en un costado. Con todas las gotas de agua deslizándose por su piel, sonrió descaradamente ante el sonrojo de su novia que seguía intentando ignorarla al tiempo que leía. Hermione le dio la espalda, procurando conseguir que Pansy desistiera en el hecho de excitarla.
Supuso que ya era demasiado tarde.
—¿Ni un estúpido champú me dejarás leer? —lo ubicó donde lo encontró y se reprimió la gran exhalación de aire que le provocó notar todas las curvas de Pansy ajustándose a las suyas.
Los incisivos de la Serpiente atraparon sutilmente la piel del hombro y, cuando sus comisuras se tensaron para crear una sonrisa de lado, se alejó unos centímetros para depositar fugaces besos por los omóplatos. Con los dedos, fue jugando con el vientre y tanteando las zonas cercanas a la entrepierna. Liberó una risa juguetona cuando acarició con las yemas de los dedos, sin apenas tocar, los labios inferiores de Hermione. Al segundo de esa acción, manoseó los pechos y le lamió el cuello, atacando a la décima con el resto de la boca.
—¿Por- nnh por qué siempre te burlas de mí cuando estamos así? —gimió, estirando la cabeza hacia atrás, ladeándola con el objetivo de que la lengua de Parkinson ocupara la nueva porción de poros que mostraba.
No hizo falta repetir el gesto; la Slytherin recogió el cabello de la Leona como si fuera a hacer una coleta y lo colocó hacia adelante en el hombro contrario, despejando la superficie de hebras de pelo. Mordisqueó el lóbulo de la oreja, soplando y suspirando sobre el oído, repasando con la punta de la lengua detrás de la oreja y los pliegues interiores de ésta.
Se humedeció al oír el ansioso gemido de Granger. Pansy haló con suavidad la melena castaña, alzándole la cabeza hacia atrás y obligando a que sus miradas conectaran.
—Porque te encanta jugar tanto como a mí, gatita —con la palma presionó hacia adelante la espalda desnuda y empapada de Hermione, hasta que la Gryffindor no tuvo más remedio que apoyar las manos, junto con los antebrazos, contra la pared de la ducha, formando un casi perfecto ángulo de noventa grados.
Parkinson manoseó las nalgas, mordiéndose el labio inferior a más de acomodar ambas manos debajo del hueso de la cadera de Hermione, constriñendo con ahínco el trasero contra su propia pelvis.
—¡Merlín...! Esto es... demasiado —ronroneó, repasando la columna vertebral de su novia y frotándose despacio contra la piel.
Pansy notó la incomodidad que sufría la Leona por la posición y dejó que se acomodara. Hermione simplemente puso un momento la espalda recta y regresó a la misma posición, añadiendo unos grados más para tener buen aguante y que no se le cargaran las piernas.
Parkinson volvió a suspirar con frustración sexual al lidiar de nuevo con el topetazo de sus figuras desnudas, inconscientemente, movió su cadera en forma circular. Se inclino hacia adelante, lamiendo la columna y los omóplatos, y dejó descansar el peso de sus senos al completo sobre la espalda. Percibió el leve gemido de la Gryffindor a medida que acoplaba sus insinuantes curvas en las suyas, meciéndose sutilmente hacia adelante y hacia atrás, llevándose el cuerpo de su prisionera con el movimiento, abarcando los senos con las palmas para después seguir, con ellas, el agua que iba acariciando los poros ya húmedos de Hermione, guiada por la gravedad.
La piel que cubría las yemas de los dedos de Pansy, fue apartando cuidadosamente las gotas que se perdían por el interior del muslo de Granger como si éstas estuvieran repelidas por la calidez que emanaba de ella. No era ningún secreto para la Gryffindor que Parkinson estuviera más cercana a transpirar que a enfriarse por la ducha de ese momento.
El tímpano del oído de Hermione vibró al captar las suaves ondas que creaban las cuerdas vocales de Pansy al rasgarse para murmurar preciosos mensajes -de una entonación muy baja, porque parecía que la Slytherin tuviese miedo a que alguien más aparte de su leona pudiera escuchar lo que su corazón quería decir-; y la sonrisa de Granger no tardó ni un segundo en aparecer, ni sus párpados en prohibir a las pupilas que pudieran ver, ni su labio inferior en ser atrapado por los dientes en un gesto de contención y felicidad.
Y mientras la Slytherin se entretenía en delinear con su nariz un dibujo sin forma en la nuca y sus labios detallaban el bosquejo, Hermione arqueó la espalda ante los cariñosos dedos que deseaban entrar más en contacto con su interior, gesto que desencadenó un suave vaivén de su cadera hacia atrás y adelante, demandando más. Y el primero penetró sin resistencia alguna; y un suspiro que acabó retorciéndose de placer en la garganta salió de entre los dientes que Hermione apretaba.
Un fino reguero de agua se deslizó por el borde de la boca, lamiendo la barbilla, cuando la Gryffindor alzó la cabeza hacia arriba como reacción al inmenso alborozo y las sensaciones que comenzaban a ser más protagonistas que cualquier percepción externa; ya no sentía la gran suavidad de las moléculas de agua, tampoco de los incansables y seductores besos, lamidos y chupetones que Pansy regalaba sin siquiera pensar en ello. Al igual que Parkinson tampoco pensaba en parar. Nunca.
O quizás sí.
La Serpiente cortó todo contacto. Su mente, en cuestión de segundos, había cambiado de objetivo: de querer lograr a que la Leona gritara de placer, a que gruñera con frustración y molestia.
—¡Maldita seas, Parkinson! Algún día te juro que me vengaré de ti. Va, por favor, no juegues conmigo... —gimoteó, haciendo el ademán de erguirse en un intento de dejar de estar apoyada contra la pared.
Hermione dio una bocanada de aire por notar una mano impidiéndole que se pusiera recta. Poco después, el aire que agarró lo soltó en un bufido largo al escuchar la risa tan característica de la Slytherin por rezumar burla y suficiencia.
—Tendré que ponerme champú y limpiarme mientras te tengo a cuatro patas enfrente de mí, ¿no? Hace tiempo que tengo sueños eróticos con esto. Vale, ¡vale! Era una broma, no te enfades —rió, abrazándola por la espalda antes de que la Leona deshiciera la postura.
Besó sonoramente la mejilla de Hermione y retiró los mechones que se pegaban en la frente de su novia por el agua que todavía recorría sobre sus figuras. Después, otro beso se perdió en el pelo y, manteniendo sus brazos bien apretados alrededor de la cintura de la Leona, su mirada se enterneció al mecer suavemente ambos cuerpos de un lado a otro. Consintió que Granger pusiera su columna vertebral recta para que la acunara mejor.
—Podemos acabar así y darnos mimos o-
—Pansy —en su voz se notaba un poco de tirria—, como me dejes con las ganas, te mato. Sabes perfectamente que me has excitado mucho, no te hagas de rogar.
Las carcajadas fueron más significativas que una respuesta hecha por palabras. Sin necesidad de profundizar tanto como antes, sus manos fueron directas adónde Hermione más deseaba ser tocada o, más bien, fueron directas porque Hermione se encargó de que no perdiera el tiempo. La Gryffindor no tardó en gemir y suspirar ante el contacto dentro de ella, aprovechando el deslizamiento que proporcionaba el agua para frotarse contra Pansy, quien, encima de ella, también le mordisqueaba el cuello.
—Esta es una de mis posturas preferidas —ronroneó la Slytherin en su oído, aumentando el ritmo.
En la expresión de placer de la Leona apareció una fugaz sonrisa, que se convirtió en sutiles carcajadas.
—No es posible, ¿a una dominante Slytherin le gusta una postura como esta? ¿Quién me lo iba a deci- aah mmnh
Parkinson sonrió de lado, alegre de haber callado el sarcasmo con su habilidad de otorgar placer. Apoyó el resto de la palma sobre toda la zona erógena y acarició con lentitud intentando encontrar el ritmo adecuado para Hermione. De mientras, imitó el erótico movimiento que producía la Leona con todo su cuerpo a más de inspirar y exhalar sobre su cuello. Con la mano libre enredó sus finos dedos en la empapada melena castaña, empezando a darle un delicioso masaje en el cuero cabelludo, justo en la parte superior y trasera de la cabeza.
Al tiempo que Hermione ronroneó su nombre, abrumada por el placer y el cariño que recibía, Pansy pidió mentalmente que nadie las interrumpiera como tantas veces había pasado y, si se daba el caso, juró por sí misma que acabaría el trabajo.
—Ahora te alegras de que sea tan buena en esto, ¿eh?
—Calla —cortó, entre gemidos, borrando de su mente la pregunta de con quién obtuvo Pansy la experiencia. No necesitaba sentir celos en ese instante. Golpeó la pared al notar que Parkinson había logrado encontrar el ritmo perfecto—. Oh... estoy...me estoy...
—No, mi leona, aún no estás.
Pansy retiró, con dificultad, el tapón de la bañera con el pie. Mantuvo el ritmo, variando en la presión, comprobando la humedad que se escurría entre los muslos de su novia, acariciando los pechos con la mano libre, el costado, el interior del muslo, repasando la espalda, lamiendo el cuello... Hasta que se fijó en que el agua ya había desaparecido por el desagüe.
Sin avisar, sentó a la Gryffindor en el borde de la ducha (que era lo suficiente amplio como para sentarse), se arrodilló ante ella y- toc, toc
—Y una mierda —espetó la Slytherin, manteniendo los dedos corazón y anular vibrando contra las húmedas paredes de la cavidad, haciendo presión hacia arriba.
Conservando el ritmo ideal, cubrió el clítoris con la lengua, estimulándolo y jugando con él utilizando la punta de ésta, repasando los bordes de los labios y hundiéndolo en la cálida boca.
—¿Estáis despiertas? —se escuchó de fondo—. Es la hora de comer, todos estamos esperando.
Ignoraron sin preocupación a Ginny. El vientre de Hermione empezó a contraerse, sus palmas comenzaron a entumecerse por agarrarse en el borde, al tiempo que Pansy aumentaba la presión de su hábil lengua y se centraba en ir a por las zonas más erógenas.
En un arranque de represión por no gritar, la Gryffindor empujó su pie contra la pared que tenía enfrente, golpeándola varias veces, colocando su otra pierna en el hombro de Parkinson para obligarla a que hundiera más su rostro, clavando sus uñas en la espalda de ésta, mordiéndose el labio inferior por la frustración de no poder gritar tanto como quisiera.
—¿Hola? ¿Estáis ahí, verdad? Os recuerdo que fue sospechoso que ayer noche fuerais a dormir juntas, os lo comento porque los adultos han estado preguntando por ello y-
La voz calló en el instante en el que un grito grave, desbordando gozo y satisfacción, inundó la estancia.
Orgullosa de sí misma, Pansy recibió con gusto todo lo posterior al clímax. La entrecortada respiración de su novia, el débil masaje que le regalaba Hermione en su cuero cabelludo, los gemidos entre suspiros y las exclamaciones tales como "Por las barbas de...", "Dios mío...", "Pansy...Madre mía...", y la risa que no pudo evitar liberar al ver cómo Hermione se dejaba caer con cuidado sobre el suelo del lavabo cansada de agarrarse y de mantener equilibrio en el amplio borde de la bañera.
Parkinson esperó, relamiéndose los labios. Al percibir la mirada extenuada y saciada de Granger sobre ella, se puso en pie alzando un puño.
—¡Victoria! ¡Orgasmo no interrumpido!
Hermione negó con la cabeza, todavía recuperándose, sin evitar reír entre dientes.
—Veo que estabais muy ocupadas, sí. Más bien, he oído —escucharon—. Os espero en el salón, haced el favor de no tardar.
Ambas magas rieron. La Gryffindor se levantó, regresó a la bañera y rodeó con sus brazos a Pansy.
—Te amo —dijo, besándola.
—Estaría bien que también me lo dijeras cuando estábamos haciendo el amor —la Slytherin repitió con mofa las mismas palabras que oyó ayer de la boca de su ella.
Ésta rodó los ojos, divertida.
—Merlín, perdóname por estar ocupada intentando tener el orgasmo más placentero que me han dado en mi vida y no en decirte te amo cuando tenía tu lengua dentro de mí —replicó, imitando la conversación anterior.
—Hoy no he tenido mi lengua dentro ti, precisamente. En fin, habrá más días para eso. Hora de ducharse, que nos esperan —le dio una nalgada e indicó los champús con un gesto de cabeza.
—Pero...
Hermione quiso decirle que le gustaría darle también placer, sin embargo, una oleada de vergüenza intensa le paralizó por completo. No se sentía nada segura si era ella la que intentaba hacerle llegar. Tenía miedo a intentarlo, que no lo lograra por su inexperiencia, que la Slytherin se riera de ella y, encima, que se lo recordara durante meses.
—¿Por qué te quedas quieta? Espera —Pansy atrapó la cadera de su novia y la giró hacia ella.
Al tenerla enfrente, se inclinó y repasó los chupetones que formaban un corazón por encima del seno de Hermione, justo en el pectoral izquierdo. Alejó el rostro, conforme con su nueva obra.
—¿No me estarás marcando, posesiva?
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—¡Qué todo el mundo aplauda, que por fin ya han bajado! —Ginny se levantó del asiento dando fuertes palmadas.
Las mejillas de Hermione adquirieron color. Sin éxito, intentó taparse la cara con el cuello de lana del suéter blanco. Pansy, con más naturalidad y espontaneidad, se adelantó a ella, haciendo reverencias como si se tratara de una princesa que recibía a sus invitados. Alisó la falda de su vestido casual y de color esmeralda y ocupó el asiento libre cercano a Draco.
Se le hizo inevitable fruncir sutilmente el ceño al descubrir cómo se encontraban sentados en la larga mesa rectangular. Eran catorce personas en total, seis a cada costado y dos a la punta; a las dos puntas se situaban Alastor Moody y su tío Perseus, controlando la situación. En el bando de Perseus, a su derecha se encontraba su esposa Helena, al lado de ésta, Pansy. Enfrente de Helena, Hermione. Y delante de la Slytherin, en el asiento contiguo a Hermione, Bellatrix.
Y Pansy ya no quiso mirar más; le importó lo mismo que un escupitajo de hombre lobo dónde se sentaban los demás. Únicamente posaba su atención a la maga tenebrosa que hacía arrumacos a su novia antes, incluso, de que la Gryffindor ocupara el asiento vacío puesto que estaba saludando a Ron como se merecía un mejor amigo y que, por circunstancias, no pudo hacerlo ayer.
—No ha habido remedio —susurró Draco, a su oído—. Se ha puesto como una fiera gritando que ella sólo se sentaría cerca de Granger. Y ahí la tienes.
—Se me ha quitado el apetito —gruñó, apartando el plato aún vacío.
La comida todavía no estaba servida. Esperaron a estar todos reunidos para iniciarla. Molly, con un movimiento de varita, hizo que los platos flotaran y el cucharón de la enorme olla de sopa fuera vertiendo el alimento en ellos.
Pansy escudriñó con el rabillo del ojo a la esposa de su tío. Si no fuera muggle, la llamaría tía, pero no se sentía a gusto del todo pensando en esa mujer como tal. Tuvo que admitir que la mujer, de unos treinta años, era bastante guapa. Común, de ojos almendrados, melena castaña, y guapa. Se parecía bastante a Herm-
—¿Tía Helena?! —gritó la Gryffindor, al dejar caer su mirada a quien tenía enfrente una vez se sentó.
La esposa de Perseus Parkinson sonrió afablemente. Pansy quedó con la boca abierta, ignorando las miradas llenas de diversión de los demás invitados.
—Hola, Hermione, supongo que, después de todo, no estabas en un internado de Londres —soltó una risita, cubriéndose la boca con la mano.
La nombrada fue repasando con su mirada atónita a cada invitado, buscando alguna explicación. ¡Nadie le había comentado que se trataba de su tía!
—¿Por qué nadie me lo ha dicho? —demandó, tirando hacia atrás el torso para que el plato lleno se posara sin derramar nada.
—Pensábamos que sería gracioso que ellos te lo dijeran en persona, ¡ahora estás relacionada por sangre con una familia sangre pura! ¿no es divertido e irónico? —exclamó Tonks.
—Sí, 'mione, ahora estás relacionada con la familia Parkinson, increíble, ¿eh? —repitió Ginny con énfasis, sobresaliendo de su asiento y tirándose hacia adelante para verla mejor.
Los ojos de Hermione cayeron directos en los de Pansy.
—¿Somos... familia? —balbuceó Granger.
—Woow, la mejor noticia que me han dado en la vida —ironizó con una voz cargada de aburrimiento, haciendo alarde de su buena actuación enfrente de todos.
—No hará falta que tú y Hermione os sigáis peleando —ambas jóvenes fruncieron el ceño, extrañadas, al observar a Perseus—. Según la joven Weasley, en Hogwarts no os dabais ni un respiro. Para que no haya confusiones, cuando he dicho a la joven Weasley me refería a Ginny.
Se escuchó de fondo un "Oh, por favor, Perseus" de una halagada Molly.
Pansy rodó los ojos. Claro que en Hogwarts no se daban ni un respiro, pero no precisamente por las peleas... Quizás sí, ahora que lo pensaba.
—Pansy y yo tenemos una relación más cordial, no hay necesidad de preocupaciones, os lo aseguro.
—Y tan cordial —acabó Ron en un susurro, metiéndose una cucharada de sopa en la boca. Echó el torso a un lado par evitar el pellizco de su hermana.
—No quiero que vuelvas a dormir con esa.
Las cabezas se dirigieron a Bellatrix. Discretamente, colocaron sus varitas encima de la mesa por si hacían falta en un futuro.
—¡No dormí con ella! —el rubor de Hermione empezó en las mejillas y se extendió por toda la cara—. Bue-bueno sí, pero porque se enfadó mucho por lo que pasó esta madrugada y quería calmarla...
—¿Y cómo se calma a alguien durmiendo con él? ¿Con masajes en la espalda y en-? —Ron recibió una colleja de Ginny, hecho que hizo que los dos se quedaran mirándose fijamente durante un momento.
—Sí, Weasley, masajes que tú nunca recibirás —siseó Pansy.
Con una molesta mirada, indicó a Hermione lo que se disponía a hacer. Estaba más que harta de esconderse, y ya tenía suficiente con su pasado como para seguir ocultando la relación en el presente. Y esa decisión ya la tomó ayer nada más entrar en la habitación enfadada con todos los de la casa.
—No, Pansy, ni se te ocurra —sólo movió los labios para procurar que nadie más la escuchara, pero los adultos se miraron entre sí, extrañados.
—Dudo que cambie nada, Granger, si no me echan hoy, me echarán mañana.
—Pansy...
—Antes de todo... —desenfundó la varita y, al segundo, su Desmaius impactó en Bellatrix—. No quiero morir hoy. Y para acabar: Hermione y yo somos pareja —confesó la Slytherin, provocando un sonoro "Oh" en los presentes. Ginny dejó de soplar la cucharada de sopa, dejando que el caldo fuera cayendo de nuevo al plato. Daphne se cubrió los ojos con una mano—. Y no precisamente de hace poco, llevamos juntas desde Hogwarts. Decidimos esconder nuestra relación porque pensábamos que os sería más fácil confiar en mí si no se mezclaba el tópico de "El amor te ciega, ¿no te das cuenta de que es una mortífaga?" Porque sí, soy una mortífaga y la Marca de mi brazo —se levantó la manga del vestido—, lo demuestra. Sí, soy una Slytherin que se reía de ella en la escuela, pero... —agarró aire y contó mentalmente: la Bludger y el Obliviate de Daphne...—. Dos veces he perdido la memoria sin buscarlo y tres —enfatizó, mostrando tres dedos—, tres han sido las veces que me he enamorado de ella. La primera, nos conocimos tal y como éramos en un pasado, con nuestros enormes defectos y virtudes; la segunda, después de que una Bludger me golpeara, ella fue quien me conoció cómo era yo realmente, y fue cuando descubrí quién era la verdadera Pansy Parkinson; la tercera vez la provocó Daphne cuando me borró la memoria y... —se quedó pensativa. Acabó por suspirar, derrotada—, en la tercera nos encontramos actualmente y puedo jurar por mi nombre, mi sangre y en todo lo que creo, que nunca había sentido semejante orgullo y amor tener como novia a Hermione a pesar de su sangre —clavó sus ojos avellanos en la Gryffindor, humedecidos por abrirse al contar lo que sentía. Su voz fue desgarrándose. Merlín, ¿por qué le costaba tanto?—. Nunca creí en el amor, 'mione, nunca. Nunca creí en esos cuentos de hadas que me dijiste en el campamento que explicaban que algún día encontraría a alguien que me amara con mis defectos y virtudes. Siempre había pensado para mí misma y el honor de mi familia, daba igual lo demás —hizo una pausa para relajar los músculos del rostro. Estos estaban tensos para evitar que cayeran lágrimas—. Nunca creí que confesaría, delante de todos, mi amor a una Gryffindor, hija de muggles —se le escapó una sonrisa entre dos diminutas lágrimas— que sale en pleno invierno a los jardines de Hogwarts sin abrigo. Te amo... ¿lo sabes, verdad? —se secó los ojos de un manotazo y regresó a tener una expresión seria. Se levantó—. Disculpad. No es- no es propio de mí lo que acabo de hacer.
Y dicho eso, se fue escaleras arriba, dejando atónitos a los presentes. Malfoy y Greengrass intercambiaron miradas; nunca habían visto a su amiga mostrar de tal manera sus sentimientos en público, incluso Draco era más propenso a abrirse a la gente.
Hubo unos segundos donde el silencio reinó.
Un estruendoso eructo al estilo Ron Weasley, quien no paró de comer ni un segundo, se encargó de romper la incomodidad. El joven se golpeó el estómago lleno y sonrió complacido a los que lo miraban.
—Tendrían que haberme cobrado una entrada por tener una comida con espectáculo. Ha sido una pasada.
—Hermione, espera —su tía Helena inclinó el tronco para agarrarle la mano antes de que ella se levantara de su asiento—. Sé lo que tu madre te ha enseñado durante estos años, y sé que tú desde pequeña has buscado caer bien a todos. Pero, por favor, pase lo que pase debes de recordar que una relación sólo es de dos personas, no hagas tuya la opinión de los demás, ¿lo harás? —señaló con la cabeza a Perseus—. Nosotros podemos entenderte en cierta forma.
Las pupilas de Hermione, llenas de preocupación, viajaron de las escaleras a la mujer que seguía acariciándole el dorso de la mano. Acabó levantándose del todo.
—Tía, después de todo lo que he pasado, no sé qué has visto en mí como para pensar que sigo queriendo la aceptación de cada una de las personas que conozco —le sonrió para no parecer tan borde—, pero para que te quedes más tranquila puedo asegurarte que ahora mismo lo único que me preocupa es no estar al lado de la persona que amo cuando sé que lo está pasando mal.
Ni se esperó a ver la expresión de alegría de Helena cuando rodeó la mesa directa hacia los primeros escalones. Un "Hey", de alguien, logró que girara la cara mientras caminaba para ver qué quería.
—Enhorabuena por vuestra relación, Hermione —canturreó Tonks. A su lado, Lupin, alzó la copa y le guiñó un ojo.
La Gryffindor soltó una suave carcajada y se impulsó con la baranda para subir más rápido.
¡Tachááan! Espero que os haya gustado, porque no sabéis cuánto ha tardado en cargarse el capi para subirse a la web (internet me va muy lento desde hace tiempo y la compañía -tan simpáticos ellos- no hace nada para solucionarlo :) )
¡Muchísimas gracias por seguir dándome ánimos para acabar este fic! ¡Nos leemos el próximo sábado! :D
