CAPÍTULO 48. SANAR.
La luz había sido absoluta, incluso un poco más allá de Labyrinth. La tierra respondía a sus monarcas y era importante que estos fueran felices y estuvieran de buen humor. También que estuvieren saludables. El reino del Rey Goblin, parecía estar en su esplendor, parecía estar en su plena primavera y el mundo comenzó a funcionar pacíficamente, con los goblins trabajando en el campo, en el mercado, las mujeres haciendo sus compras, preparando sus marmitas o atendiendo a sus pequeños vástagos.
—¡Buenos días! —Se saludaban entre sí al cruzarse y seguían sus senderos.
—¡Buenos días! Hoy, sin duda, será una espléndida jornada.
En el castillo, la situación no era diferente, los goblins tanto grandes como los revoltosos pequeños iban y venían afanosos; los niños en la guardería, jugaban y aprendían cosas nuevas. Los guardias montaban guardia con beneplácito, el mundo estaba tranquilo y en paz, en perfecta armonía.
El rey, sentado a su abandonado modo en el trono, parecía hamacar a un pequeño goblin que se sujetaba a su bota y sonreía viendo cómo iban y venían todos en sus labores y cómo Alban estaba sin habla y sin movimiento frente a sí.
—Aldebarán, si no respiras, morirás y yo no pienso hacerme cargo de ello. —El monarca le vio con pillería. El pobre hombre pestañeó un par de veces y reaccionó viendo a Su Majestad Jareth... No, se corrigió, ese no era Jareth por más que se pareciera. Apretó los dientes y cerró los ojos un segundo; claro que no desaprovechó en ponerse de nuevo aquella peluca.
—Mi nombre es Alban y lo sabe bien, Su Majestad Conrad. Ahora... ¿puede decirme qué sucedió?
—¿Qué no sabes nada? ¿Acaso no lo ves?
—Lo que veo escapa a mi entendimiento. No sé si ha modificado el tiempo; si ha matado a medio mundo y por eso no se encuentra ningún guerrero del reino de las águilas y... ni tampoco quien debería estar ocupando el trono. El monarca lo miró con preocupación y chasqueó la lengua varias veces en disconformidad.
—¡Qué pena, Albino! No sabes apreciar la vida ni a tu soberano, aquí presente.
—Por favor, Su Majestad... ilústreme. —Volvió a contar hasta diez para no perder la compostura, no que con el otro fuera muy diferente, pero, este lo sacaba de las casillas con más frecuencia.
—Verás... cuando pones dulce a tu vida, todo mejora... y es lo que hice aquí. ¿Lo notas? Jareth estaba muy mal, de hecho, podría haber muerto en su lecho y en su énfasis de ir a rescatar a su reina, por lo que mi regalo lo mantuvo sereno en un mundo perfecto y reponiendo sus fuerzas vitales, entre otras. Por otro lado, necesitaba restaurar el reino, así que recurrí a la ayuda de todos ustedes... —Se lo quedó viendo pensativo—. Bueno, no de todos, Gontran y tú no cuentan porque son igual de agrios, pero, al menos ayudaron a conseguir que el resto pudiera ayudar.
—¿A qué se refiere? ¡Sólo nos ha vuelto locos en medio de una situación más que peligrosa!
—Sí, pero, el resto la pasó de lo mejor, ni hablar de mi persona. —Rió—. Y gracias a ello, la reserva se hizo impresionantemente gigante y estalló justo a tiempo. ¡Por poco y ese ogro disfrazado de fey me atrapa y me mata! —confesó acariciando con preocupación su cuello.
—Supongo que se refiere a su cuñado, el honorable príncipe Gontran.
—¿Honorable? Lo único honorable que tiene es que es un buen bruto, excepto con mi hermana y los niños, aunque a veces, es medio aspero.
—¿Y dónde están todos ellos ahora?
—Con Sarah. Vendrán todos cuando la batahola acabe en el Aboveground. Nirvarda aprovechó la situación de ese joven para usarlo y así llegar a la reina.
—¿Y qué sucedió con los prisioneros del oubliette? —cuestionó intrigado e interesado.
—La luz... se los llevó. Sólo han quedado los que fueron engañados o se dejaron llevar por sus deseos, pero, ya están más tranquilos ahora. Se han dado cuenta de su error y han aprendido su lección. Esos ya están en sus respectivos hogares con algunas penitencias. —Miró en su orbe a las mujeres trabajando en el Aboveground cuidando a niños y ancianos, con dedicación y con nuevas esperanzas en sus corazones—. Los que no... —Hizo un silbido haciendo una señal ascendente y serpenteante con su mano—. Los poderes se encargaron de ellos. —Sonrió girando la esfera de cristal, ahora mostrando a Sarah Williams prestando declaración junto a "J." y el Dr. Jones—. Ahora nuestros monarcas estarán ocupados por unos días, junto con mi padre.
Volvió a manipular el objeto de cristal y, en el rincón de una celda, Ginger, enlodada y con un chichón en la frente, era desdeñada por unas furcias que, entre ellas, se burlaban de su apariencia. "Vaya con la cachorrita, sí que es sucia", "a algunos perdedores les gusta ese tipo de fetiches… y de cerdas" se largaron a reír y burlarse. En otra instalación, Sam con sus amigos. "Vaya con el niñito. Por culpa de tu padre terminé en prisión una vez... No creas que si no sales de esta no me haré contigo..." uno de los sujetos le advirtió con una sonrisa envilecida "...y tus amigos pueden venir a jugar también. Tengo muchos amigos que querrán conocerles".
—Ciertamente que no la pasarán tan mal, eh? —Rió el Rey Goblin—. Veamos qué sucedió con los otros indecentes...
Arrojó la esfera al techo y la atajó con la cabeza desde donde con un movimiento de cuello le dio impulso para que volviera a su mano. Los pequeños goblins a su alrededor le aplaudieron tras una exclamación de admiración, Alban suspiró rendido. ¿Por qué tenía que sufrir él de esta manera? No lo sabía, se suponía que el castigo era para los malvados, no para él que era la mano derecha del rey.
—¿Eso era necesario, Su Majestad? —Por respuesta sólo tuvo una abierta sonrisa, la esfera frente a sí y la mano de Conrad haciendo como si fuera un pase mágico, absolutamente sobrado.
En el otro aislamiento, se hallaban los sujetos que habían ido a lo de los Brunello a por diversión. El profesor Moore estaba agarrado de los barrotes, exigiendo que lo sacasen de ahí, que todo fue una gran confusión. El resto de ellos, sentados en las literas o apoyados contra la pared, resoplando resignados, estaban hasta el cuello con la situación. Había una grabación y nada de lo que dijeran los salvaría del escándalo. "Oye, tú..." un gran sujeto, de pinta ruda, se dirigió al docente. "¿Así que te gusta abusar de muchachitas? ¿Sabes...? Una vez uno hizo algo así con mi hermana pequeña... Y le di una buena lección..." aseguró tronándose los nudillos. Los ojos de Moore se agrandaron, los guardias habituales no pudieron hacer mucho para evitar que el sujeto conocido como "La Mole" golpeara a todos ellos, los infiltrados, sólo reían entre sí y hacían pantomima de que era imposible sacárselos de encima. El hombre había sido un genio en la lucha libre, ahora, retirado por una lesión que no le hacía mucha mella en la vida diaria. Había entrado por estar durmiendo alcoholizado en el banco de la plaza, por lo que tendría que quedarse un par de días más. Ya casi tenía tarjeta VIP en la comisaría.
En uno de esos espionajes con la esfera, uno de los oficiales con las alegorías de teniente, parado de manera imponente, próximo a las celdas y de brazos cruzados, cual pared infranqueable, pareció percibir al sondeo del cual estaba siendo objetivo, por lo que con llevó una mano hacia su gorra y la elevó levemente para mostrar una parda mirada en lo absoluto amistosa y que aseguraba que podría franquear todos los impedimentos para atrapar a quien osara que le estuviese oteando. Conrad rió comprometido haciendo desaparecer el orbe de su mano.
—¡Je-je-je! No hay nada bueno que ver allí. —Quiso convencer y convencerse viendo a sus pequeños secuaces alrededor con preocupación y viceversa, los cuales le aseguraron con igual preocupación que no con sus cabezas.
Alban suspiró resignado, ya había perdido la cuenta de cuántas veces. Al menos, por ahora, todo estaba en orden. Sonrió pensando en su rey, no en este, en el otro que le daba menos dolor de cabezas… Bueno, suponía.
—¿Erwan? —Jeremy desde el sofá del living, cigarrillo en mano, le nombró apenas verlo ingresar a la casa, la puerta aún entornada.
—¡Oh...! ¡Jeremy! Siento tener que haberme ido sin aviso... Algo surgió de improviso.
—¿Sin aviso? ¿En qué momento saliste? ¿Y... por dónde?—Se incorporó con un vaso de whisky que sirvió para el recién llegado.
—Por la puerta, claro...
—Tienes unas puertas muy raras, Erwan... —Le acercó el trago viéndolo a los ojos, por lo que el abogado no pudo más que suspirar—. ¿Y bien?
—Tuvimos que ir al rescate de Sarah.
—¿Le sucedió algo? —se inquietó.
—No, por suerte. Sólo un gran susto.
—¿Dónde está? ¿Cómo está?
—Ella está bien, no te inquietes. De hecho... está en la puerta ahora. —Jeremy ya iba a por ella como si fuera su propia hija, su corazón latiendo a mil por minuto, mas, el Dr. Jones lo detuvo—. ¡Ops! —Puso sus manos delante del pecho del otro—. No está sola —le advirtió. A Jeremy no pareció agradarle la idea pensando en el ex de su ahora esposa. Cuando les vio ingresar, sus miedos se hicieron a un lado, aunque no su ojo analítico y crítico.
—Buenas noches, yo soy J. —El hombre rubio, medio pelilargo se presentó, una de sus manos sobre la cintura de la joven Williams, la otra en dirección a su futuro suegro—. J. Gwydeon, para servirle, señor.
—El famoso J. —Jeremy tomó la mano extendida y sonrió con picardía viendo por un segundo a su hijastra. Pronto se le borró la sonrisa y fue frente a ella con casi igual actitud que antes—. ¿Sarah, estás bien, tienes algún golpe o algo? ¿Qué necesitas?
—Ahora estoy bien, Jeremy. —Se apretó cariñosamente a J.—. No te preocupes.
—¿Sarah? ¡Sarah, mi bebé! —Linda descendió de la escalera con salto de cama corriendo hacia su hija, la cual la imitó.
—¡Mamá! ¡Oh, mamá! —Se abrazaron de manera tan conmovedora, que ninguno de los hombres se atrevió a interrumpirles.
—Desembucha, viejo —Jeremy se dirigió al Dr. Jones.
—Es una larga historia. Pero... den por hecho que Sarah Williams ya no volverá con su padre, después de lo de hoy. Dejemos que ellas disfruten el reencuentro. Ya habrá tiempo de contar. La noche es larga. —Jeremy levantó una ceja.
—¿Por qué eres un tipo tan raro? —reclamó a Erwan, el cual rió por lo bajo, y luego miró a Gwydeon—. Espero que tú no resultes de igual modo... ¿Puedo llamarte... J.? —cuestionó con debido respeto, si bien lo tuteaba porque se suponía era el prometido de su hija... Hijastra, se enmendó.
—Será un placer, Sr...
—Jeremy, sólo Jeremy —le irrumpió ofreciéndole un trago el cual el joven arquitecto rechazó con su cabeza con una sonrisa en los labios.
—No bebo... Salvo en fiestas —corrigió porque no quería mentirles a esta gente.
—¿Con moderación? —cuestionó con análisis. El otro sonrió con agrado, este no era como el otro, podía verlo.
—Con moderación, señ... Jeremy.
—¡Buen hombre! Todas las chicas bellas como las nuestras merecen un buen hombre como nosotros. —Espió con maldad hacia su esposa que, ya más calma con su hija en brazos, le miraba con una sonrisa en sus labios.
—¿Tú eres J., verdad? —Fue hacia este—. En verdad, estoy agradecida lo que has venido haciendo por mi hija.
—No hay nada que agradecer, mi dulce señora. Amo a su hija y sería capaz de sacrificar mi vida por ella.
—Y casi lo hace... —Erwan aseguró dando una palmada en su hombro—. Propongo un poco de café y... ponerlos al tanto de las cosas a ambos —se enfocó en Linda y Jeremy—. Luego un merecido descanso para todos. Ha sido una noche agitada.
N/A: Gracias a todas las que siguen este fic, en especial a RuzuChan Poly y aquellos que están en el anonimato n_n Espero tengan una exceltente fin de semana.
