Disclaimer: Ningún personaje de Naruto me pertenece.

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¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que bien. Yo muy feliz de haber recibido tantos comentarios por parte de ustedes, realmente tenía dudas de cómo había quedado el capítulo anterior y su opinión me resultó muy valiosa. ¡Gracias! De paso quería pedirles si podían volver a hacerme saber su opinión respecto a este capítulo, de verdad me sería de mucha ayuda, y espero les guste. En fin. Como siempre, ¡gracias a todos!, por su inmensa amabilidad. De verdad, les estoy etermanemente agradecida. ¡Gracias! ¡¡Nos vemos y besitos!! ¡Oh! shika_nara, para hacerte una cuenta tenés que ir a donde dice "Sign Up", al lado de "Login", en la parte superior derecha de la página (escrito en letra blanca chiquita) y hacer clic ahí. Te va a pedir que escribas el nombre de usuario que querés tener, una contraseña y el e-mail. Espero que esto te sea de ayuda.


Grietas

LI

"Óxido, sal y culpa"

Era absurdo para él pensar que eran las 8 de la mañana, aún si el reloj indicaba efectivamente eso, le parecía simplemente imposible aceptarlo. Era sábado y como tal debería estar durmiendo, preferiblemente hasta pasadas horas del mediodía, eso creía. Pero aparentemente su agitada conciencia tenía otros planes para él y Dios como odiaba cuando eso sucedía. Por lo que rendido, y ciertamente frustrado, salió de la cama y se vistió. Aún renuente a abandonar la calidez de su apartamento pero lo cierto era que debía desayunar y, a juzgar por las reservas de su refrigerador que no había repuesto, debería hacerlo afuera. No que la idea lo entusiasmara, realmente. Deseaba con todas sus fuerzas no encontrarse con alguien abrumador como Naruto o Sakura, Lee o Ino, inclusive, aún menos deseaba encontrarse a Ino. Después de lo sucedido la noche anterior no tenía los menores deseos de verla. Era inclusive mejor que ella lo ignorara, como había venido haciendo las últimas semanas aunque, siendo honesto, no pensaba correr con tanta suerte. Ino no era de aquellas personas que se aparta del camino de uno fácilmente, eso lo había aprendido hacía mucho tiempo.

Desesperado finalmente, deseoso de no pensar más en el problemático asunto que era su compañera de equipo, tomó las llaves y se marchó. Dejando atrás el edificio y adentrándose en las calles de Konoha. A pesar de la temprana hora, la aldea se encontraba abarrotada, como siempre, por lo que no era realmente sorprendente. Siempre había gente movilizándose aquí y allá en Konoha, después de todo ellos eran una aldea shinobi y como tal, rara vez conocían la tranquilidad. Momentos como esos, de paz, debían ser atesorados verdaderamente. Él se aseguraba, al menos, de encontrar el placer en esos pequeños e insignificantes instantes. Pero Ino no —¡Shikamaru!

Inconscientemente desvió la mirada, pensando absurdamente que eso haría que no lo viera o simplemente lo ignorara —¡Shikamaru!

Obviamente estaba equivocado, rendido, suspiró —Ino...

La muchacha se detuvo delante de él, sonriente, su humor aparentemente inafectado por los sucesos de las últimas semanas o de la noche anterior. Inclusive parecía no afectarle el dolor de cabeza que probablemente tendría a causa del alcohol— ¡Hola!

—¿Qué quieres Ino? —murmuró cansado, comenzando a caminar sin prestarle demasiada atención. Ella lo siguió rápidamente, caminando a su lado.

—Bueno... ¿A dónde vas? —él enarcó una ceja.

—¿Qué tratas de hacer? —la rubia fingió inocencia.

—Nada —exclamó—. Intento establecer una conversación con mi compañero de equipo.

El moreno puso los ojos en blanco —Seguro... ¿Qué quieres realmente?

Ino se cruzó de brazos —Bueno... ya que lo mencionas.

Lo sabía —¿Si?

—¿Recuerdas lo que me dijiste hace un tiempo? —él la observó desconcertado. Ino sonreía descaradamente, indicando que algo tramaba. Algo que probablemente no lo beneficiara a él. En absoluto.

—¿Cuál de todas las cosas que suelo decirte?

La joven rió, extendiendo su brazo —¿Y si te digo que acaban de extraerme sangre?

Él observó la piel de ella intacta, siguiendo con la mirada las traslúcidas venas azules que la recorrían desde la muñeca y se perdían más allá del hombro— Te diría que estás mintiendo, no tienes bandita, moretón ni nada que se le parezca.

Las facciones alegres de su rostro se desvanecieron con el comentario, sintiendo la frustración treparle lentamente. Intentando contenerse, apretó los dientes —Me refería a desayunar. ¿Recuerdas la última vez? ¡Bah, no tiene sentido hablar contigo!. No se porque me molesto —y sin decir más dio media vuelta lista para marcharse pero los dedos de alguien rodeando su muñeca la detuvieron.

—¿Qué? —espetó enfadada. Odiaba que Shikamaru fuera tan socialmente incapacitado, por no decir retardado –en su opinión- como para comprender una indirecta tan directa como lo había sido esa. Era simplemente fastidioso. ¿Por qué se molestaba siquiera en intentarlo?. No lo sabía. Obviamente.

—¿Quieres —masculló el chico, desconcertado, rascando su nuca— desayunar?

—Eso fue lo que dije. Pero veo que estás ocupado, nos vemos —e intentó marcharse nuevamente pero una vez más él la detuvo. Ino, molesta, se volteó a verlo nuevamente—. Te advierto que me sueltes si quieres conservar tu mano.

Él obedeció —Mujer problemática. ¿Por qué tienes que hacer de todo un problema? Tus cambios de humor realmente me están mareando —la expresión de Ino se contorsionó aún más en una de furia. Comprendió entonces que esas no habían sido las palabras más adecuadas para la situación. Suspiró; Nunca entenderé a las mujeres.

—Idiota, holgazán, bueno para nada —un segundo suspiro escapó de sus labios. Con Ino nunca se puede ganar.

—Bien, bien. Lo siento, mujer pro- Ino. Cerraré mi boca —quizá hubiera sido mejor adoptar esa estrategia mucho antes—. Yo voy a desayunar ¿Vienes o no?

Ella aceptó —Seguro, pero tú pagas.

El moreno asintió, derrotado. Sabía que había una trampa en todo aquello, sabía que la discusión tenía un fin y que después de todo ella le haría pagar todas y cada una de las palabras que él había dicho. Ahora comprendía el porque, porque encontraba a las mujeres problemáticas. Y es que eran simplemente escurridizas y manipuladoras. Como una serpiente esperando devorar a su débil presa.

Afortunadamente el lugar se encontraba cerca por lo que el trayecto fue corto, y consideradamente tranquilo y silencioso. Una vez en el lugar, Shikamaru ingresó y eligió la mesa más alejada del resto, Ino simplemente lo siguió y ocupó su lugar frente a él. La misma mujer de rostro regordete de la última vez se acercó a tomarles el pedido y al reconocerlos sonrió de forma amplia y, quizá, sugestiva. Definitivamente no era la misma sonrisa amable de la última vez, sino que insinuaba algo más. Algo que obviamente la mujer había dado por sentado, erróneamente.

Shikamaru suspiró, podía imaginarse lo que aquella persona pensaba de ambos. El pensamiento le resultaba infinitamente absurdo —Café.

Ino miró a la mujer y ordenó únicamente té, sin galletas esta vez. Probablemente estuviera cuidando su figura nuevamente. Shikamaru decidió que era preferible no opinar, al menos esta ocasión, dada la situación entre ambos de las últimas semanas. Lo que menos quería era más problemas con Ino, mas de los que ya tenía eso era.

—No me gusta como esa mujer nos miró —declaró finalmente. Shikamaru, sorprendido de que Ino notara lo mismo que él –cosa que rara vez sucedía debido a la naturaleza despistada de ella-, parpadeó. Sabía que la mujer, con su sugestiva implicación, había tocado un tema sensible, golpeado un nervio, un punto problemático para ambos. Ino odiaba ser etiquetada, debido a que lo había sido muchas veces, y la idea de ser reconocida sólo como pertenencia de alguien más no le atraía en lo más mínimo. Probablemente porque no quería ser juzgada como el tipo de mujer que se ampara bajo el brazo de un hombre. No quería ser vista como débil e incapaz de valerse por sí misma, o eso suponía. No que él realmente pensara en ella de esa forma. Ino podía ser todas las cualidades que se le vinieran a la cabeza –siendo la más representativa "problemática"- pero nunca débil. Nunca sumisa. Tenaz, quizá, terca inclusive. Nunca aceptaba un no por respuesta, nunca permitía que nadie le dijera que hacer o decir. La mayor parte del tiempo esa característica suya la metía en problemas pero eso no le importaba a ella tampoco. Quería probar su fortaleza y decisión, probar que era igual a cualquier otro shinobi de la aldea. No parecer débil ante los ojos de nadie, menos aún de aquellos que la consideraban débil y superficial.

Aún así debía admitir que el comentario le había fastidiado en cierta forma, Ino hacía de todo una batalla campal y había veces en que uno debía aprender a ceder y rendirse —Lo sé —admitió, dando un largo y tendido suspiro.

La joven rubia ignoró el tedio de su compañero y continuó —No aprecio en absoluto su insinuación.

—No hagas de esto un problema mayor del que es Ino, simplemente ignórala. Yo lo hago.

Ella se cruzó de brazos, molesta —Es fácil para ti decirlo, tú decides ignorar todo lo que sucede a tu alrededor. Todo lo que consideras problemático. Simplemente intentas fingir que no está ahí.

—Ajá. ¿Qué tiene eso de malo?

—¡¿Qué tiene de malo?! —chilló, odiaba que siempre fuera así. Sabía verdaderamente que era ello, un gesto precavido. Una actitud cauta por parte de él. Como si llevara a todos lados una pared que lo separaba del mundo, que lo protegía del dolor, el engaño y la decepción, una que rara vez, por no decir casi nunca, decidía bajar—. Olvídalo.

Él la miró desconcertado ¿Qué había dicho para alterarla tanto? —Ahora estás enfadada —no era una pregunta—, otra vez.

—Te dije que lo olvidaras, Shikamaru —advirtió, desviando su mirada hacia la mujer que ahora se acercaba con sus pedidos. Shikamaru miró en la misma dirección, intentando comprender mientras tanto lo que había hecho enfadarla de esa forma. Sin llegar a comprenderlo, obviamente. Realmente no la entiendo.

Intentando dispersar su desconcierto dio un sorbo a su taza humeante de café, sin apartar los ojos de ella. Ino bebía su té ignorándolo completamente —¿Sigues enfadada?

—¡Eres realmente increíble! —se quejó finalmente, golpeando la taza contra la meza con tal intensidad que hizo que Shikamaru diera un pequeño saltito en su asiento.

Prudente, preguntó —¿Puedo saber por qué?

La respuesta de ella no se hizo esperar —No, no puedes saber porque. Deberías saberlo —y sin decir más tomó furiosamente su taza de la mesa y comenzó a beber el contenido nuevamente, sin detenerse a mirarlo. Shikamaru era simplemente imposible. Frustrante al extremo. Sabía que esperar algo de él era pedir demasiado. Shikamaru jamás sería un hombre activo por voluntad propia, las únicas veces en que lo había visto tomar esa posición era estando acorralado, en misiones la mayoría de las veces, cerca del límite. Y aunque su límite, la línea que dividía a ambos, era considerablemente más permisiva sentía que últimamente la situación se estaba saliendo de control. Las grietas se estaban abriendo aún más. Y eso la aterraba y provocaba a la vez. Había visto la oscuridad en sus ojos la noche anterior, había visto la lucha interna acontecer en su mirada, la contradicción en sus pupilas, el padecimiento de la culpa, había sentido emanar el deseo de él. Y aunque era de eso de lo que huía desde hacía demasiado ya no había podido evitar querer acercarse más. Era tonto, infantil y un pensamiento considerablemente egoísta. Su amistad suponía valer más y su lado más coherente advertía el peligro que eso suponía. Lo sabía y había procurado evitarlo por ello pero, aún así, no podía dejar de desear que por una vez, un único instante, Shikamaru renunciara a su cauta pasividad. Y así no tener que sentir culpa si no era ella quien ocasionaba el daño.

—¿Cómo se supone que lo sepa? —exclamó él finalmente fastidiado.

Ino continuó bebiendo su taza con furia, su vista fija en el contenido que tocaba sus labios. Sabía Shikamaru que el gesto indicaba que Ino se reservaba algo, cosa que rara vez sucedía pues la chica tendía a decir todo lo que atravesaba su mente, lo que daba un indicio de que fuera lo que fuera aquello que se reservara era importante.

—¡No lo sé! Deberías —masculló. Sabía que esa mirada que había visto la noche anterior había desaparecido. Sabía que debía estar agradecida por ello pero no lo estaba. Sabía también que debajo del calmo exterior de Shikamaru esos sentimientos de culpa y deseo aún estaban y, por extraño que sonara, podía percibirlos. Debía admitir también, aunque lo odiara, que sus instintos parecían reaccionar a ello. Deseaba realmente contenerse pero hacerlo nunca había sido su fuerte. Y Shikamaru permanecía allí sentado sin hacer nada, sin decir nada, simplemente observándola. Pasivo, como siempre.

—No puedo leer tu mente, Ino. Debes darme una pista al menos.

La rubia apretó su agarre de la taza, sus dedos se aferraron con demasiada fuerza hasta que sus nudillos se tornaron blancos. Inconscientemente mordió su labio inferior con demasiada fuerza y una gota carmesí escapó pero no le importó. Sus pensamientos eran un caos, como siempre se encontró dominada por la porción impulsiva de su personalidad a pesar de las advertencias de su conciencia. Se puso de pie sin siquiera notarlo y se inclinó levemente apoyando ambas manos sobre la mesa, su rostro a escasos centímetros del rostro del moreno.

Masculló incoherentemente —Porque tú no lo harás —frustrada antes de inclinarse los últimos centímetros restantes y forzar sus labios sobre los de él. Shikamaru permaneció quieto, con ambos ojos abiertos como si estuvieran a punto de salirse de sus órbitas. Percibió la fuerza, la impulsividad, la decepción de ella. Sintió la sangre que segundos antes había escapado de su labio inferior y antes de que pudiera siquiera reaccionar y corresponder ella se apartó, jadeando. Recordando nuevamente que se encontraban en un lugar público miró a su alrededor, afortunadamente nadie miraba en su dirección, nadie había notado nada de lo sucedido, ni siquiera la mujer curiosa que los atendió.

Shikamaru intentó articular alguna palabra pero nada salió, Ino ya se había dado media vuelta y estaba saliendo por la puerta del local y hacia las calles. Aún aturdido la vio marcharse. No se movió de su lugar, tampoco la siguió. Simplemente la vio desaparecer lentamente.

Involuntariamente trazó con la punta de su lengua el contorno de sus propios labios, el resto de la gota de sangre aún permanecía allí así como algo más. Algo que en un principio no había podido descifrar. Algo que había odiado sentir en ese instante, que lo había paralizado. Culpa, el beso le había sabido a óxido, sal y culpa.