Ya sé, ya sé, no tengo perdón de los dioses u.u ¡Lo siento! Aquí tienen el capítulo, no es muy largo y tampoco lo considero el mejor, pero creo que está bien :P

¡Estamos en la recta final!

Disfruten el capitulo


CAPITULO 52: Viejos Amigos, Grandes Aliados

Tomó un largo respiro mientras la puerta era abierta, cerró sus ojos con fuerza, preparándose para la conversación que se aproximaba. Aunque no le agradara la idea, debía concederle a Kenned una última oportunidad para hablar; no significaba que lo perdonaría, pero era lo correcto pues sabía bien que su último encuentro no terminó bien, se dejó llevar por el enojo y no le dio tiempo al chico de hablar, pero corregiría ese error, terminaría las cosas bien con él y después podría continuar con su vida.

Sí, eso era lo que debía hacer. Era lo mejor para los dos.

—Celeste…

Con solo escuchar su voz pronunciando su nombre el corazón comenzó a latirle con fuerza, comenzaba a creer que había tomado la decisión correcta. No podía hacerle frente, no de nuevo, le faltaba fuerza para eso.

—Necesito hablar contigo—Continuó el chico frente a ella.

Tragó con fuerza. Podía ver en su rostro que la estaba pasando mal; las ojeras, la piel pálida y el cabello despeinado, parecía que no había dormido en toda la noche anterior. Por un pequeño lapso de tiempo sintió lastima y remordimiento.

—Te escucho—Logró decir ignorando la presión que aumentaba en su pecho oprimiendo su corazón—, es lo menos que puedo hacer por ti, por el cariño que alguna vez te tuve…

Eso último hizo saltar a Ken en su sitio, el terror era evidente en su mirada. Más cuando hizo un ademán de querer acercarse, Celeste retrocedió chocando de espaldas contra la puerta cerrada de su casa.

—Te escucharé—Repitió ella, sentía la garganta seca por la ansiedad—, pero mantén la distancia, es mi única condición.

—Está bien—Concedió Ken con pesar, si esa era la única manera en la que podría hablar con ella, la aceptaría—. Celeste, no hay nada entre Cáterin y yo—Fue lo único que dijo pues cuando parecía querer agregar algo más, la castaña rio con amargura.

La sonrisa amarga en su rostro permaneció por varios minutos mientras observaba al chico sin apartar su mirada verde de la suya. Deslizó su lengua por sus labios, humedeciéndolos, para después abrirlos y hablar.

—Repítelo—Indicó—, pero esta vez mírame a los ojos. Solo así te creeré.

—Celeste…

—No—Intervino, cualquier excusa que el vikingo diera no funcionaría con ella, no de nuevo—. En serio quisiera creerte, Kenned, pero no puedo—Se lamentó, su cuerpo deslizándose contra la puerta hasta terminar sentada en el suelo; las piernas flexionadas, su brazo sano sobre sus rodillas y el otro oculto entre su abdomen y sus piernas—. Me has mentido tantas veces, actuado a mis espaldas; ya no puedo creerte, no quiero creerte—Corrigió.

—Eso no es verdad—Trató de defenderse, pero sabía que era en vano—. Yo te amo.

El pecho de la castaña comenzó a doler, la presión en su corazón crecía cada vez más y las palabras del vikingo hacían eco en su cabeza aturdiéndola.

—Tampoco te creo eso—Admitió con dolor, sus ojos cristalizándose por las lágrimas—. No puedo…—Susurró a la par en que sus ojos se cerraban conteniendo las lágrimas que amenazaban con escapar, dejó caer su cabeza contra la madera húmeda de la puerta permitiéndose escuchar el romper de las olas contra las rocas del acantilado, sintiendo la brisa fresca de la noche en el rostro.

Sintió un movimiento frente a ella, pero decidió ignorarlo momentáneamente.

—Celeste, por favor—Lo escuchó hablar muy cerca de ella.

Sus ojos se abrieron de golpe cuando sintió el roce de una piel ajena contra la suya. Sus ojos verdes se conectaron con los azules de él, por un momento se permitió perderse en ellos, en la tristeza que reflejaban. La mano cálida del chico ahora envolvía la fría de ella, un contacto suave que había extrañado.

—Kenned, no…—Murmuró, odiándose internamente por ser débil.

Cualquier intento por decir algo más se vio detenido a causa de los inesperados labios que cubrieron los suyos en un beso lleno de dolor. En el pasado había adorado el sabor dulce de sus labios, sentirlo cerca, abrazarlo y embriagarse con su aroma; pero ahora la simple idea le oprimía el corazón, desgarrándola por dentro al saber que ella no era la única que había disfrutado de esa unión.

Gruesas lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas dejando un camino húmedo hasta colarse por las comisuras de sus labios cambiando el sabor dulce por uno salado de forma inmediata. Ese fue el último aviso que dio su cuerpo, mismo con el cual tomó la fuerza necesaria para alejarlo y acabar con esa cercanía.

Usó su mano, aquella que descansaba en su regazo, libre de cualquier atadura hecha por las manos del azabache, aquella cuyo brazo había permanecido inmóvil las últimas semanas y que ahora comenzaba a recuperarse. Bastó con un ligero empujón para romper con el beso y, cuando su otra mano se vio libre del agarre del chico, la utilizó para terminar de alejarlo, apartándolo con fuerza y haciéndolo caer sentado sobre el suelo frente a ella.

—N-no vuelvas a hacer eso—Jadeó levantándose de un salto, abrazándose a sí misma con su brazo débil y limpiando con su otra mano los restos de lágrimas que humedecían su rostro y labios.

—Celeste, yo…—Intentó, inútilmente, de disculparse.

—Solo vete, Kenned, por favor—Suplicó—. No hagas esto más difícil.

Y entonces un recuerdo fugaz llegó a la mente del chico obligándolo a ponerse de pie con rapidez. Las palabras de Celeste hacían eco en su cabeza. Era justo por eso que estaba ahí.

—Tienes razón—Susurró con pesar, la mirada fija en el suelo—. Soy un idiota, Celeste, lo siento—Alzó el rostro, encontrándose con la mirada irritada y llorosa de la castaña—. Yo venía a despedirme, pero perdí el control… lo siento—Admitió—. Quería aclarar las cosas, intentar una última vez arreglar nuestra situación antes de marcharme.

— ¿Te irás de Berk?

—Regresaré con las chicas a Mizar—Dijo entonces—, me necesitan allá. Y tú lo has dicho, es lo mejor para ambos—Añadió con pesar en la voz.

Celeste cerró los ojos, sus labios temblorosos fueron detenidos por sus dientes al morderlos; la brisa golpeaba su rostro con insistencia, agitando sus cortos cabellos e impregnando su piel con la sal del mar.

—Pero me quedaré si tú lo pides—Se atrevió a decir, temiendo recibir alguna respuesta agresiva pero en su lugar solo escuchó una leve risa escapando de la garganta de la chica.

Los ojos verdes volvieron a mostrarse observándolo con detenimiento, resplandeciendo ante las antorchas encendidas que iluminaban la isla durante la noche. Había una sonrisa en los labios de la chica que no supo descifrar.

—Buen viaje, Kenned—Alzó la voz entonces, tan fluida y segura como siempre—. Te deseo lo mejor.

Acto seguido dio media vuelta, su mano sobre la puerta de madera preparándose para abrirla y así alejarse de quien fue su primer amor y quien ahora era también el responsable por segunda ocasión de su corazón roto. En el pasado habían jurado permanecer juntos por siempre, estar el uno para el otro; pero con el tiempo esa promesa se había debilitado y ahora la sentía ajena a ella, irreal, como si todo lo vivido con Ken hubiera sido un sueño del que recién había comenzado a despertar. Le dolía, sí, pero también la aliviaba.

—Celeste—Llamó una última vez.

La castaña giró el rostro para verlo con la mano alzada hacia ella, su mirada se detuvo en lo que había entre esta, sorprendiéndose al reconocer la daga enfundada.

—Es tuya—Continuó el vikingo—, la hice para ti. Por favor consérvala, concédeme ese último deseo—Insistió y vio como el cuerpo de la chica se tensaba.

—Adiós, Kenned—Susurró una última vez, sonriendo débilmente mientras la puerta se abría y su cuerpo ingresaba al interior dándole fin tanto a la conversación como a la unión que tenía con él.

La puerta se cerró cuando la calidez de su hogar la rodeó transmitiéndole paz, su hermana y Luna la observaban temerosas y expectantes, dudando si debían acercarse a ella o darle su espacio. Les sonrió con tranquilidad, anunciándoles que estaba bien y se recargó contra la puerta sorprendiéndose al sentir una presión del otro lado.

Un golpe suave se percibió contra la madera transmitiéndole un temblor a su cuerpo. Estuvo tentada a abrir nuevamente, pero su cuerpo no respondió y ella no estaba dispuesta a contradecirlo.

Del otro lado, siendo ahogado por la madera que los dividía y el viento en el exterior, alcanzó a escuchar unas suaves palabras que se clavaron en su mente y corazón causándole dolor por última vez.

«Te amo»

Después de eso, tanto la presión en la puerta como en su pecho se desvanecieron y solo entonces su corazón volvió a latir con normalidad.

—Yo también—Susurró y una nueva sonrisa se hizo presente en sus labios, aquellos que por última vez estuvieron conectados con los de él y que ahora acariciaba con sus dedos en busca de guardar la sensación por siempre en su memoria.

Por primera vez después de tantos años sentía nuevamente libertad y el peso que oprimía su cuerpo comenzaba a ser más ligero.

Justo cuando comenzaba a alejarse de la puerta un nuevo golpe se sintió en esta haciendo eco en el lugar.

— ¿Volvió?—Cuestionó Alina curiosa.

— ¡Celeste!—Se escuchó llamar en el exterior.

La castaña, tranquila y sonriente, se giró para abrir nuevamente la puerta.

—No es él—Añadió a la par de sus movimientos y, cuando la puerta terminó de abrirse, ante ellas estaba la prueba de que tenía razón—. Hola, Hipo—Saludó relajada.

—Hola—Asintió él—, Celeste ¿está todo bien?—Cuestionó de repente cuando esta le indicó que entrara—, encontré esto clavado en la puerta—Señaló la daga que había en su mano, girándola y tomándola del filo con cuidado para entregársela a la castaña que, temblorosa, la sujetó por la empuñadura.

No parecía sorprendida, pues desde que sintió el golpe en la puerta minutos atrás, supo a qué se debía. Ken le había dejado la daga a pesar de que ella la rechazó.

—No tiene importancia—Evadió guardándola en la funda que el Jefe le extendía mientras explicaba que esta fue clavada con la daga en la puerta—. Ken la dejó ahí para mí antes de irse—Explicó y se sorprendió al darse cuenta en la forma por la cual lo nombró.

—Eso explica por qué me pareció verlo de camino aquí—Murmuró con inocencia—. ¿Está todo bien?—Volvió a preguntar.

—Sí, Hipo—Respondió tranquila y sonriente—, todo está bien. Dijo que se iría—Reveló.

—No pensé que te lo diría—Confesó el castaño sorprendiendo a ambas chicas—, él habló conmigo y me contó su decisión de marcharse. Prometió ayudarnos en lo que fuera posible, yo no me negué—Explicó y Celeste se sintió tranquila al escucharlo, en su momento no lo analizó, pero después había sentido molestia al pensar que el chico los estaba abandonando cuando Berk más necesitaba de aliados.

—Eso me alegra—Dijo en voz alta guardando la daga enfundada en un pequeño baúl en un rincón de la habitación—. Y bien…—Habló de nuevo con fuerzas renovadas—, ¿qué te trae por aquí?

— ¡Oh, cierto!—Exclamó dándose un golpe suave en la frente como auto regaño por su despiste—. Haremos una reunión en la Academia con todos los Jinetes, te necesito allá de inmediato.

— ¿Reunión? ¿A esta hora?—Repitió intrigada—, ¿para qué?

—Ya tenemos un plan—Anunció sonriente retrocediendo hacia la puerta y abriéndola sin dejar de observar a la castaña—. Un vikingo vendrá a vigilarla—Señaló a Alina mientras hablaba con rapidez, la mitad de su cuerpo ya se encontraba afuera de la casa—, en cuanto llegue, tú y Luna deben ir a la Academia—Añadió esta vez estando completamente en el exterior, la puerta cerrándose poco a poco—, las estaremos esperando, ¡Adiós!

Acto seguido se le vio correr hacia Chimuelo, montándolo con rapidez y alzándose en el aire y desapareciendo en la oscuridad de la noche antes de que la puerta terminara de cerrarse con un golpe que hizo eco en el interior de la casa.

—El Jefe es raro—Exclamó Alina con la mirada fija en la puerta.

—Bienvenida a Berk—Comentó divertida en la misma postura que ella.

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Fue cuestión de tiempo para que todos los Jinetes se reunieran en la Academia, algunos de ellos habían sido despertados con urgencia pues ya era una hora considerable de la noche, entre ellos Patapez, que hacia lo posible por mantener los ojos abiertos y se recargaba contra el cuerpo de su dragona que, a pesar del tumulto, dormitaba tranquilamente a diferencia de su jinete.

Ninguno dudó en asistir al llamado de su jefe, a pesar de estar adormilados, en todos existía la ansiedad y la curiosidad por saber cuál era el gran plan que este tenía en mente y así, poco a poco, el sueño fue reemplazado por la energía producida por la emoción que les producía el contar al fin con una forma de solucionar el tremendo problema que enfrentaban.

—Y bien—Habló de repente Astrid acercándose al castaño con las manos en la cintura, el resto permanecía expectante a su alrededor, recordando aquella primer ocasión en la que estuvieron en una situación similar—, ¿cuál es el plan?

Y él, recordando ese mismo día, sonrío contagiando de emoción.

—Salvaremos nuestro hogar con la ayuda de nuestros amigos—Anunció con voz firme y segura—. Si Ash piensa que tiene la ventaja se ha equivocado.

—Yo no opino lo mismo—Se quejó entonces Patán de brazos cruzados—. Encontró la forma de romper nuestra alianza con Bodkar y casi acaba con Mizar; no podremos con su ejército.

La sonrisa del castaño aumentó ante las miradas de sus amigos que, confundidos, se mantenían en silencio a espera de que él les explicara de una vez por todas lo que tenía en mente.

—Mizar y Bodkar no son nuestros únicos aliados—Les recordó con tranquilidad dando un paso al frente hacia ellos, observándolos fijamente de uno en uno para infundirles confianza.

— ¿Qué tienes en mente?—Fue Celeste quien preguntó esta vez, sus ojos entrecerrados lo inspeccionaban con cautela.

—Vayan por los Terribles Terrores—Ordenó entonces con rapidez sobresaltándolos a todos—, enviaremos un par de mensajes...—Explicó y vio como poco a poco todos comenzaban a captar su mensaje, sonriendo con gran jubilo ahora más despiertos que nunca—. Llegó la hora de que el viejo equipo se reúna.

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Los mensajes fueron enviados y respondidos poco después, hasta ese momento el plan parecía funcionar pues una vez que todos estuvieran reunidos en Berk, con las fuerzas unidas tanto de vikingos y dragones de Berk como de todos sus amigos, Ash no tendría oportunidad de vencer; pero debían ser veloces, pues el enemigo se acercaba con rapidez y era por ello que sus aliados también debían apresurarse.

Y así fue, pues pocos días después de recibir respuesta a uno de los mensajes, la primera flota aliada llegó a las costas de Berk. Era por eso que ahora todos estaban reunidos en el muelle para recibirlos.

El Sol resplandecía en el cielo despejado y la brisa fresca con olor a mar golpeaba los rostros de todos, salpicándolos con agua de vez en cuando. Dragones y vikingos se apretujaban en los muelles cuya madera crujía debido al peso sobre estos. Los minutos pasaban y la flota estaba cada vez más cerca, había dragones volando alrededor de los barcos, jalándolos para aumentar su velocidad o simplemente custodiándolos por seguridad. Al frente de ellos iba un peculiar dragón de escamas amarillas y cafés, y sobre este, un animado vikingo agitaba sus brazos en un saludo amistoso cuando pareció percatarse de su presencia en los muelles.

El Jinete no tardó en darle una señal a su dragón para que este rompiera formación y se dirigiera al encuentro de sus conocidos, siendo sustituido por una chica y su dragón de color plata que reflejaba los rayos de Sol.

— ¡Hermano!—Exclamó con vigor deteniéndose de golpe en el aire frente a ellos, saltando poco después del lomo de su dragón y aterrizando pesadamente en el suelo de madera—. ¡Ha pasado tanto tiempo!—Lloriqueo capturando en un abrazo al joven Jefe de Berk con tanta fuerza que sus pulmones fueron privados de oxígeno.

—Nos vimos en mi presentación como Jefe—Se quejó con el poco aliento que aún le quedaba—. Pero me alegra verte—Añadió—, ahora, ¿crees que podrías soltarme? No puedo respirar—Pidió, sus ojos llorosos y las mejillas coloradas.

Con un movimiento rápido, el vikingo pelirrojo lo liberó permitiéndole que recobrara el aliento al apoyarse sobre su hombro.

—Gracias por venir tan rápido, Dagur—Dijo entonces Hipo con fuerzas renovadas.

—Lo que sea por mi hermano—Añadió el Jefe de Berserk sonriente y relajado palmeando al castaño en la espalda—. No estuvimos aquí para ayudarlos con Drago, pero esta vez será diferente—Aseguró para después avanzar hacia el resto y así poder saludarlos a todos.

En pocos minutos la flota terminó por arribar los muelles y entonces la chica que los dirigía se unió a la sesión de saludos al descender con rapidez y desmontar a su dragona de color plata.

— ¡Heather!—Saludó Astrid corriendo al encuentro de su amiga, capturándola en sus brazos.

—Hola a todos—Dijo sonriente observándolos a la par en que correspondía al abrazo de la rubia—. Es bueno estar aquí.

Los saludos continuaron conforme los barcos y dragones se establecían en las áreas asignadas para su estancia. El caos producido por los vikingos caminando de un lado a otro y los dragones volando por todas partes inquietos por la llegada de nuevos compañeros alados, era un espectáculo increíble de ver, pero al mismo tiempo desesperante.

—Dagur—Lo llamó el Jefe de Berk volviendo al encuentro de su amigo—, ¿qué pasó con Mala?—Curioseó.

—Oh, ella está con los Defensores del Ala—Le restó importancia—. Después de todo sigue siendo su reina y yo el Jefe de Berserk, así que a veces nos separamos para atender los asuntos de nuestras tribus.

—Parece algo complicado y molesto—Habló ahora Patapez uniéndose a la conversación.

—En realidad no—Respondió el pelirrojo—, al principio sí, ahora ya no tanto.

—Y pensar que al principio ustedes dos no podían separarse ni por un minuto—Murmuró Patán con diversión.

—Oh, pero no se preocupen—Exclamó el Berserk animado, ignorando el comentario de Jogerson—, ella y los Defensores vienen en camino. Me envió un mensaje en un Terrible Terror, tardarán un poco más de lo esperado, pero el plan es que llegarán en los próximos días.

—Eso es una excelente noticia—Suspiró Hipo con tranquilidad y una sonrisa en el rostro.

Avanzaron entre la gente para salir de los muelles después de haberle dado una señal a varios vikingos para que ayudaran a establecer a los dragones y guerreros Berserk que habían llegado mientras que él y los Jinetes llevarían a Dagur, Heather y sus comandantes guerreros al Gran Salón para una pequeña reunión.

Subieron por los puentes de madera entre charlas divertidas y recuerdos de las aventuras pasadas hasta llegar a la cima del acantilado que daba protección a los muelles.

— ¿A quiénes más llamaste?—Quiso saber el Jefe Berserk.

Pero antes de que Hipo pudiera responder, el llamado de una chica atrajo la atención de todos los presentes.

— ¡Aquí están!—Exclamó con voz agitada deteniendo a su dragón en el aire frente a ellos—. Perdón por la tardanza—Se excusó comenzando a descender.

Los recién llegados observaron con asombro como la bestia negra aterrizaba firmemente sobre el suelo sin apartar su mirada de ellos y gruñendo con recelo.

— ¡Otro Furia Nocturna!—Gritó sorprendido Dagur corriendo hacia la dragona—. ¡Es increíble!

— ¡Espera no…!—Trató de advertir la chica que montaba al dragón, más fue demasiado tarde pues la Furia Nocturna realizó un disparo de advertencia en el suelo que pisaba el Berserk logrando hacerlo retroceder de golpe y caer de sentón sobre el suelo—. Lo siento—Dijo poniéndole una mano en la frente a su dragón para calmarla—, pero no deberías acercarte de esa manera a un dragón desconocido.

—Con Chimuelo funciona—Se quejó el pelirrojo levantándose de un salto—, y somos grandes amigos, ¿verdad Chimuelo?—Añadió codeando al dragón que se había posicionado a su lado.

—No olvides que al principio Chimuelo también te atacaba—Mencionó Hipo con un toque bromista en la voz para después dirigirse a la castaña que había comenzado a desmontar a su dragón, sorprendiéndose al ver quien la acompañaba—. Celeste, ¿por qué está ella aquí?—La señaló.

—Lo sé y lo siento—Dijo esta con rapidez—. Fue por eso que tardé en venir, el vikingo que iba a vigilarla nunca llegó—Explicó.

Eso último retumbó en la mente del castaño, trayéndole de golpe un recuerdo de algo que por error olvidó a hacer.

—Sabía que olvidaba algo—Se quejó—, perdón, fue mi culpa, olvidé avisarle que debía cubrirte.

La castaña, fulminándolo con la mirada, se encogió de hombros para restarle importancia.

—Muy bien, muy bien—Alzó la voz Dagur trayendo la atención de todos los presentes—. Yo tengo dos preguntas—Dijo y todos permanecieron atentos a lo que fuera a decir—. Primero, ¿de dónde salió ese otro Furia Nocturna? Y ¿quiénes son ellas?

—Bueno, Lady Nocturna salió de un huevo—Habló de repente Brutacio con total seriedad recargando un codo sobre el cuello de la dragona en discusión—. ¿A caso no te explicaron cómo nacen los bebés?

—No entiendo qué tienen que ver los bebés en esto—Confesó el Berserk confundido.

— ¡Pues es obvio!—Exclamó ahora Brutilda alzando los brazos—. Preguntaste de donde salió el dragón y los dragones cuando son bebés salen de un huevito.

— ¡Oh!—Suspiró su hermano secando una lagrimita juguetona de su ojo—, recuerdo cuando nosotros rompimos nuestro cascarón, ¡éramos tan pequeños!

La mirada de todos permaneció fija en el par de hermanos que, nuevamente, los sorprendían con sus ocurrencias. Dagur, consiente del error que estos cometían, alzó una mano y abrió sus labios listo para protestar; pero la mano de su hermana fue veloz y cubrió su boca deteniendo sus intentos por arruinarles esa extraña idea a los gemelos.

—No querrás discutirlo con ellos—Dijo esta—, créeme—Un asentimiento rendido por parte de su hermano fue suficiente para apartar su mano—. Y bien, yo también tengo las mismas dudas que él—Se dirigió a sus amigos refiriéndose a lo que antes preguntó el pelirrojo.

Dejando atrás el asunto de los gemelos, se concentraron en resolver las preguntas de los Berserkers.

—Soy Celeste—Pronunció la castaña presentándose ante los recién llegados—, ella es mi hermana Alina—Señaló a la menor que la acompañaba—. Y ella—Añadió esta vez señalando a la Furia Nocturna que observaba al vikingo con recelo—, es Luna.

— ¡Es una chica!—Gritó entusiasta y, de no ser por la mala experiencia pasada, habría corrido a abrazarla—. ¿Es tu novia, Chimuelo? ¿Cuántos hijos planean tener?—Lo atacó con preguntas sujetándolo por los costados de su rostro—. Mala y yo queremos tener cinco hijos—Contó animado, el Alfa lo veía con terror en el rostro, suplicando a su amigo para que lo salvara del desquiciado.

— ¡Wow! Tranquilo, Dagur—Intervino Hipo apartándolo de su dragón—. Nadie va a tener hijos próximamente—Advirtió.

—Esperen un momento—Interrumpió Celeste avanzando hacia ellos—. ¿Dagur? ¿Dagur el Desquiciado?

—Dejé ese título hace mucho—Se defendió el nombrado irguiéndose en su lugar—. Ahora solo soy Dagur, Jefe de Berserk y Rey de los Defensores del Ala—Se presentó cortésmente—. Y ella es mi hermana Heather—Tomó a la nombrada del brazo atrayéndola a su lado con orgullo—. Y ellos son nuestros dragones, Detectivador y Cizalladura—Los señaló.

—Un placer—Logró decir la castaña observándolos con cuidado—. ¿En serio él es el tipo loco que les dio tantos problemas en el pasado?

—En mi defensa mi locura ya está en un rango normal—Añadió el pelirrojo—, y también he dejado los problemas, ¡soy una persona buena ahora!

—Es verdad—Defendió Hipo—, se ha reformado y nos enseñó a todos que incluso los desquiciados pueden cambiar.

— ¡Oh, gracias, hermano!—Lloriqueó el pelirrojo abrazándolo.

—Fue por eso que le dimos una oportunidad a Alina—Añadió y la nombrada se sintió incomoda al ver como todos la observaban.

— ¿Oportunidad?—Cuestionó Heather de brazos cruzados.

—Digamos que no eres la única que ha tenido que lidiar con un hermano malvado—Respondió Celeste con diversión.

— ¡Hey!—Se quejaron al unísono Alina y Dagur.

Ante sus reacciones, la castaña y la azabache no pudieron evitar reír compartiendo una mirada cómplice que dejaba claro el inicio de una buena amistad. A su alrededor Patapez trataba de explicarle a los gemelos que las personas no nacían de huevos y estos a su vez, argumentaban que se equivocaba de la única forma en la que los Thorston podían hacer.

No fue hasta que Astrid habló que todos guardaron silencio, zanjando la extraña discusión sobre huevos y bebés.

—Bueno, ahora que las presentaciones terminaron—Dijo tranquila—.Ella debería retirarse—Señaló a Alina con seriedad acabando por completo con el ambiente relajado.

—Lo sé—Suspiró rendida Celeste y después recobró la compostura—, pero después de que escuchen lo que tiene que decir, querrán que se quede—Añadió segura.

— ¿Qué cosa?—Quiso saber Hipo curioso, hablando por todos los presentes.

La castaña notó como la mirada de todos estaban sobre ella y su hermana, incluso podía jurar que parecían inclinarse hacia ellas para estar más cerca y así escuchar mejor lo que fueran a decir. Tragó con fuerza ante esto, apartando la mirada y pensando en las palabras exactas que debería usar, pero antes de que pudiera pronunciar la primera de estas, alguien más habló.

—Algo que les será útil para enfrentarse a Ash—Fue Alina quien, por primera vez, alzó su voz—. Es sobre los Darveks.

La mirada de todos se dirigió ahora al joven Jefe que, tras pensarlo por unos segundos dio su siguiente orden.

—Al Gran Salón—Dijo con firmeza—, hablaremos ahí.

*O*O*O*

—Estamos muy cerca—Murmuró el hombre de pie en la proa del barco, su mirada estaba fija en el cielo despejado y el agua agitada del océano por el cual transitaban—. Prepárate, Hipo Haddock, Berk pronto será nuestro…


Es todo. Debo decir que el capítulo iba a ser más largo, de hecho me faltaron dos o tres puntos que tratar, prácticamente esto es la mitad de lo que iba a ser originalmente; pero consideré que lo mejor era cortarlo y no hacerlos esperar más tiempo por una actualización u.u

No puedo prometer que actualizaré pronto, saben que al final no cumpliré con eso :P además aún están pendientes otros fics, de lo que si pueden estar seguros es que en los próximos meses esta historia dará fin… ¡Ya queda muy poco! Y después de tremendo teaser tráiler que nos dieron el jueves, muchas ideas que tenía cambiaron, otras mejoraron, entre ellos el final de esta historia XD pero de eso no hablaré.

En fin…

Dejaré la respuesta a unos Review e.e

Melanie Villamar: Celeste x sus dagas XD buena esa, ok ya… sé que me vas a decir "¿qué es esto? Ya no recuerdo nada" y realmente lo siento u.u ¡mi vida es un caos! Yo soy un caos u.u en fin, espero te haya gustado.

RoxFiedler: Muchas gracias por todos tus comentarios e.e me alegra que la historia te esté gustando, lamento mucho no haber actualizado en tanto tiempo, espero que la historia sigua siendo de tu agrado. Me encantaría responder a cada uno de tus comentarios pasados pero me llevaría demasiado tiempo, solo diré una cosa, debido a que es lo que más mencionaste… Celeste y su sufrimiento es mi razón de vivir XD ok no, me encanta molestarla, quizá porque es mi OC menos favorito u.u pero descuida, algún día tendrá la paz que se merece e.e tal vez… muahahahaha… ok no :P

A todos los que leyeron hoy… GRACIAS

En serio, a todos los que aun siguen leyendo esta historia, se los agradezco muchísimo… este fic ya tiene cuatro años y no veo la hora de terminarla u.u