- Me encanta este capítulo de The Big Bang Theory. – Comentó Scorpius.
- Por favor, no mientas, te encantan todos. – Rose, que estaba tumbada sobre su regazo, le guiñó un ojo y lanzó una pequeña carcajada. – Mi pequeño friki.
- No, pero es que es genial. Mira el fuerte tan guay que construyen Sheldon y Amy. – Insistió. – Yo siempre quise construir uno, pero mis padres no me dejaron. Decían que no podía poner el salón patas arriba.
- ¿En serio? – La pelirroja se incorporó y lo miró con una ceja enarcada.
- Sí. Una infancia muy triste, ya lo sé.
- No puedo permitir eso.
- ¿Y qué pretendes hacer?
- Hagamos ahora un fuerte.
- ¿Hablas en serio, Rosie?
- ¡Claro! Los fuertes son muy divertidos. Albus y yo siempre los hacíamos cuando éramos pequeños y no dejábamos entrar a nadie más. Era nuestro lugar secreto en el salón de nuestra abuela. – Amplió su sonrisa y le revolvió el pelo. – ¡Hagámoslo!
- Está bien. Voy a por sábanas.
El chico se levantó y se dirigió hacia su dormitorio rápidamente mientras Rose apartaba la mesa para tener más espacio. No tardó en volver con las sábanas y un par de cuerdas y los dos empezaron a trabajar.
- A ver, ata esa cuerda ahí. – Dijo Rose, midiendo el espacio. – Yo pondré el otro extremo aquí.
- Vale, creo que estará lo bastante tensa.
La colocaron y fueron poniendo las sábanas, apoyándolas sobre la cuerda y el sofá hasta que tuvieron el fuerte terminado. Cogieron entonces una linterna, la almohada del chico y varios cojines y los pusieron en el suelo antes de meterse dentro y tumbarse.
- Bueno, ¿qué te parece? – Le preguntó la pelirroja, apoyándose en su pecho y sonriendo.
- Me lo esperaba un poco más emocionante…
- Oh, bueno, entonces lo desmontamos… - Fue a levantarse pero, en seguida, la mano de Scorpius la detuvo, volviendo a tumbarla sobre él.
- De esa nada, Rosie. – Rió y la besó. – Era broma, es genial.
- Te quiero.
- Yo también.
Volvieron a besarse y se abrazaron de nuevo. Él comenzó a acariciar su pelo y ella cerró los ojos, relajándose.
- ¿Crees que deberíamos ponerle algún nombre al fuerte?
- ¿Increfuerte? – Sugirió la pelirroja.
El rubio guardó silencio y la miró con la ceja enarcada.
- ¿En serio?
- ¿Qué tiene de malo?
- ¿Quieres la lista larga o la corta, Rosie?
- ¡Idiota! – Le pegó en el hombro y ambos estallaron en carcajadas. – Te vas a enterar.
Se subió sobre él y comenzó a hacerle cosquillas, inmovilizándolo con las piernas. Él sujetó sus manos, tratando de detenerla, riendo sin parar y unió sus labios de nuevo.
- Eso es trampa. – Se quejó ella, aunque volvió a besarlo.
Scorpius deslizó una mano lentamente por su cadera y apoyó la otra en su nuca, profundizando el beso.
Estuvieron así un rato, olvidándose de todo y separándose únicamente para tomar aire hasta que, de repente, escucharon la puerta y unos pasos.
- Por favor, decidme que no estáis follando en medio del salón.
Rose estalló en carcajadas y el chico no pudo evitar ponerse completamente rojo.
- ¡Sí, vete! – Exclamó ella.
- Rosie, no seas mala.
- Qué aburrido eres, Scorp. – Puso los ojos en blanco y sacó la cabeza por una sábana. – Hemos hecho un… - Se quedó callada y se sonrojó un poco al ver a Alice junto a Albus. – Oh, hola, Alice. No sabía que estabas aquí.
- Sí, Albus y yo veníamos a ver una película.
- Pues hemos hecho un fuerte, si queréis podéis entrar.
Los dos intercambiaron una mirada y ella se encogió de hombros.
- Claro, ¿por qué no? – Contestó el pelinegro. – Podemos coger el portátil y ver algo los cuatro ahí dentro.
- Genial.
- Pues voy a por él. – Le guiñó un ojo a la castaña y sonrió. – Coge un buen sitio, ¿eh?
- Claro.
Las dos chicas entraron en el fuerte y se sentaron. Scorpius se colocó detrás de Rose, rodeándola con las piernas y posando sus brazos alrededor de su cintura. Albus no tardó en llegar. Colocó el ordenador, buscó una película –al final Thor ya que todos menos Rose querían verla– y se sentó también detrás de Alice, abrazándola. Le dio un beso disimulado en el cuello y ella suspiró mientras los otros dos a duras penas contenían la risa. Ver a Albus así era lo más extraño que habían visto en sus tres años de facultad.
No sabía qué hacer. Lily no paraba de dar vueltas por su cuarto, muerta de miedo. Había sido muy cuidadosa, ¿cómo habían podido enterarse? Y, quizás más importante, ¿quién?
Se echó el pelo hacia atrás y se dejó caer en la cama. Miró el móvil unos instantes y, sin pensarlo más, le dio al botón de llamada. Apenas un par de tonos más tarde, escuchó una voz conocida al otro lado y suspiró aliviada.
- ¿Sí?
- Leo, necesito tu ayuda. – Dijo, sin rodeos. – Estoy en un lío muy gordo y no sé qué hacer ni a quién acudir.
- ¿Pero estás bien?
- Su… supongo, no lo sé. Esto es muy grave y, de verdad, no quiero molestar, pero no puedo acudir a nadie más. Albus y James no pueden enterarse, me matarían, Rose pondría el grito en el cielo y Alice se asustará aún más y no podrá ayudarme.
- Vale, ¿dónde estás?
- En la residencia. ¿Puedo ir al piso?
- Sí, claro, estoy llegando y… - Guardó silencio al entrar al salón y frunció el ceño al ver el salón. – ¿Pero qué cojones es esto?
- ¡Hemos hecho un fuerte! – Contestó Rose, asomando la cabeza entre las sábanas. – ¡Vente! Estamos todos aquí viendo una peli.
- Creo que paso. Además, me voy ya. Solo he venido a coger una cosa. – Mintió.
- Como quieras.
La pelirroja se encogió de hombros y volvió dentro mientras él salía de nuevo del apartamento.
- Estoy en tu cuarto en cinco minutos, no te muevas de ahí.
- Gracias.
Suspiró y colgó. Ahora solo le quedaba esperar.
Leo llegó cinco minutos después, tal y como le había asegurado. Pegó en la puerta y ella le abrió rápidamente.
- ¿Qué ha pasado? – Le preguntó, preocupado.
- Me están chantajeando. – Confesó, apartando la mirada. – No tengo dinero para pagar lo que me están pidiendo y no puedo denunciar.
- ¿Con qué te están chantajeando?
- Lo primero es que no puedes flipar, ni decirme que tengo que avisar a mis padres o hermanos.
- ¿Es un vídeo porno?
- Ojalá fuera un vídeo porno. – Suspiró y negó con la cabeza. – Hice un poco de trampa en el examen de acceso.
- ¿Qué?
- Me copié en la primera parte. Se me dan muy bien los números, pero soy pésima con el razonamiento lingüístico y los ejercicios de mejora de textos así que una amiga me pasó todas las respuestas. – Explicó, con los ojos llorosos. – Necesitaba una buena nota.
- Joder, Lily, si te pillan…
- Ya lo sé, me echarán, pero fui muy cuidadosa y se suponía que nadie iba a enterarse jamás, pero alguien lo ha hecho y mira. – Le dio el móvil y suspiró. – Dice que o le doy mil dólares o me denuncia al decano. No tengo ni idea de quién es y no puedo pagar.
- ¿Y el dinero del anuncio?
- Está en un fondo en el banco, no puedo sacarlo. – Explicó. – Me van a expulsar, Leo…
- A ver, en primer lugar tienes que mantener la calma y hacer una lista de todas las personas que pueden tener algún motivo para querer hacerte daño y que hayan podido tener acceso a esta información.
- La lista puede ser larga: me inventé cosas para que a Gigi no le dieran el puesto de jefa de animadoras, le quité la pareja para el baile de graduación a una chica, algunos tíos les pusieron los cuernos a sus novias conmigo, me inventé que una antigua amiga tenía una ETS para que el chico que me gustaba no saliera con ella, me enrollé con un par de empollones para conseguir que me echaran una mano y después lo negué y dije que solo se lo estaban inventando y eran unos pringados sin vida… Incluso creo que jodí un poco a un profesor porque una chica sacó muy buena nota y yo difundí que seguro que se la estaba tirando.
- ¡Lily!
- ¡Ya lo sé, joder! – Se mordió el labio y comenzó a jugar con el dobladillo de su camiseta. – No me he portado bien con mucha gente, he sido una egoísta, pero era la reina del instituto y se suponía que podía hacer todas esas cosas.
- ¿Te crees que vives en una película o algo así? – Leo negó con la cabeza. – No me esperaba esto de ti.
- No me eches la bronca.
- Es lo único que te mereces, Lily Luna.
- Leo, por favor, no sé qué hacer. Tienes que ayudarme. – Le suplicó. – Haré lo que tú quieras si me ayudas a librarme de esta. No puedo permitir que me expulsen. Además, no me dejarán entrar a ninguna otra universidad y mis padres me matarán.
- Tienes que hablar con ellos y tienes que denunciar a esa persona a la policía.
- Seré la única que pierda. Pase lo que pase, haga lo que haga, perderé. – Se echó el pelo hacia atrás. – ¿Cómo puedo reunir mil dólares rápido?
- Vendiendo droga o prostituyéndote, pero no creo que quieras hacer ninguna de las dos cosas.
- Supongo que no…
- ¿Lo estás pensando en serio?
- ¿Se te ocurre alguna otra solución? – Bufó. – ¡Un casino! Tengo que ir a un casino y…
- Y perderías más dinero del que ganarías. – Negó con la cabeza. – ¿Cuánto dinero tienes?
- Mis padres me van dando cada vez que necesito y aquí tengo 150 dólares. Supongo que podría pedirles 300 o así y decirles que son para libros muy caros.
- Seguiría faltando más de la mitad. – Él se revolvió el pelo. – Supongo que yo podría prestarte algo, pero no 550.
- Esto no puede estar pasándome…
Se dirigió hacia uno de los muebles, sacó una fiambrera y comenzó a comer galletas de forma compulsiva.
- Eso te va a sentar mal.
- Necesito comer, tengo un hueco en el estómago y…
De repente se quedó callada, se llevó una mano a la boca y, tras soltar el recipiente en el escritorio, corrió hacia el baño.
- Esto ya lo sabía yo… - Él la siguió y la miró con preocupación mientras vomitaba. – Son los nervios, tranquila. En seguida se te pasará.
- Esto es un puto desastre. – Se sentó en el suelo y se limpió la boca con el dorso de la mano, conteniendo las lágrimas a duras penas. – ¿Qué se supone que voy a hacer?
- Mira, no voy a decirle nada ni a Albus, ni a Rose, pero deberías hablar con James. Es tu hermano mayor, él podrá ayudarte.
- No puedo. Lo está pasando fatal con lo de Lizzy. No puedo molestarlo con mis problemas…
- ¿Y tus abuelos?
- Avisarían a mis padres.
- Bueno, sigo pensando que esa es la mejor solución. Tu padre es policía, Lily. Él sabrá qué hacer.
- Me van a matar…
- Claro que no. A ver, van a enfadarse seguro, pero creo que es tu mejor opción.
- ¿Me acompañas a San Francisco? A lo mejor si hay testigos, no entran en cólera.
- Le pediré el coche a Scorpius y, si no me lo deja, ya encontraremos un tren o autobús que vaya hacia allí.
- Gracias.
- Tengo que irme, cielo.
- ¿Ya? ¡Pero si estamos jugando!
Ania miró a Lizzy e hizo un puchero y la morena suspiró y acarició su mejilla con dulzura.
- Es que perderé el autobús.
- Jo…
- Pero no te preocupes porque en un par de días volveré otra vez, ¿de acuerdo?
- Vale…
- Mientras tanto, cuida bien de tus muñecas.
- ¡Claro! La tuya es muy guapa.
- Casi tanto como tú.
Ania rió y abrazó a la muñeca que, como ella, no tenía pelo.
- Últimamente no viene James a por ti, ¿verdad? – Preguntó, de repente, Summer, haciendo que Lizzy se tensara por completo.
- No. Creo que ya… que ya no va a venir más.
La mujer la miró unos instantes y se puso de pie.
- Ania, cielo, voy a por un café y a acompañar a Lizzy fuera. No tardo, ¿de acuerdo?
- Vale.
- Si pasa algo, ¿sabes a qué botón darle?
- A este. – Lo señaló y sonrió.
- En seguida vuelvo.
Le dio un beso en la frente y Lizzy la abrazó una última vez antes de salir del cuarto. Summer agarró a la chica del brazo y la llevó hasta la máquina de café.
- ¿Estás bien? Últimamente te veo bastante apagada cuando vienes.
- Me resulta un poco irónico que tú me preguntes eso, Summer…
- Todos tenemos nuestros problemas, Lizzy. – Se encogió de hombros y sacó su bebida. – ¿Habéis roto?
- No estábamos saliendo, pero hemos dejado de vernos. Me invitó a la boda de su prima, me dijo que me quería y yo… entré en pánico. Es una gilipollez, pero me asusté mucho.
- ¿Alguna relación complicada?
- Un auténtico infierno disfrazado de paraíso.
- ¿Y él lo sabe? – Lizzy negó con la cabeza y Summer suspiró. – Entonces, ¿cómo se supone que él va a saberlo?
- Es que es complicado.
- Todo parece complicado con 21 años. – Sonrió levemente. – Y cuando tienes 24 y te quedas embarazada crees que se te cae el mundo encima. Pero después te enfrentas a cosas peores.
- A veces se me olvida que solo me sacas ocho años. – Murmuró.
- He vivido mucho más que tú y por eso mismo te recomiendo que hables con él. No quiero que estés deprimida.
- Se merece algo mejor que yo.
- ¿Nunca te han dicho que te quieres muy poco a ti misma?
- Solo la gente que me conoce mucho.
- Pues quiérete un poco más porque eres una muy buena chica y te lo mereces todo. – Sonrió.
- Gracias, Summer. – Se mordió el labio y suspiró. – Por cierto, ¿qué te ha dicho el médico esta mañana?
- Que está estable y poco más. Les sorprende que esté así. – Explicó. – Me han hablado de una terapia experimental muy rara, pero tengo que darle muchas vueltas todavía.
- Es normal…
- Solo quiero que esté bien.
Lizzy asintió y suspiró. No sabía por qué se preocupaba tanto por lo suyo cuando había cosas tan graves como lo de Ania en el mundo. No sabía por qué se empeñaba en hacer planes y pensar solo en lo correcto cuando todo se podía ir a la mierda en cuestión de segundos.
- Tengo que irme. – Murmuró. – El autobús…
- Sí, claro. – La mujer sonrió. – Te veré en un par de días y, de verdad, empieza a valorarte porque no creo que James merezca algo mejor. Dudo que pueda encontrar a alguien mejor que tú.
La morena sonrió levemente y se marchó, con aquellas últimas palabras en la cabeza. A lo mejor todos tenían razón y tenía que sentarse a hablar con él y contarle, de una vez por todas, su historia completa con Giorgio.
Hola a todos :)
Vayamos por partes porque... ¡vaya tela!
Albus y Alice son OTP y Rose y Scorpius son tan monos que los cuatro juntos solo pueden ser amor :3
Lily... Está metida en un lío MUY gordo. A ver qué pasa cuando se enteren sus padres porque, desde luego, enemigos no le faltan a la pelirroja...
Y Lizzy... A ver si se anima a contarlo todo de una vez y habla con James :(
Espero que os haya gustado el capítulo y ya he subido también el nuevo drabble (subiré las dos cosas el mismo día) ;)
Un beso enorme,
María :)
