Yuri on Ice y sus personajes no me pertenecen.

¡Feliz año 2019!


Cap 47: El bailarín ofendido


San Petersburgo, Julio 2016

Aquella rutina la habían repetido hasta el cansancio, pero, a pesar de que Yuri se mostraba agotado, se negaba a abandonar la sala y rendirse. Yuuri podría decir que esa era una buena manera de mantenerse en forma y no perder el hábito con las vacaciones, aunque lo creía innecesario porque Víctor le estaba cobrando con creces las semanas que lo tuvo en espera. Y tenía razón, le era imposible bailar sin tener esa deliciosa e impertinente sensación recordándole los eventos ocurridos en la noche pasada.

—¡De nuevo! —Ordenó Lilia, mientras ambos jovenes retomaban el aliento para volver a la posición inicial—. Plisetsky, ¡suéltate más! Concéntrate y piensa que eres el único en el escenario. Muestra tu gracia y belleza, ¡evoluciona en cada repetición! ¡Cada baile que realices debe ser mejor que el anterior!

Sin necesidad de comparaciones y siguiendo el aplauso que ella había dado como señal de inicio, ambos empezaron a moverse imitando los movimientos de Appassionato. Yuri había mejorado mucho al respecto, el mismo Yuuri veía con alegría los avances que el adolescente había demostrado en el programa desde la última vez que lo practicaron juntos, que fue precisamente antes de que iniciara su temporada alta a finales de Mayo. Se veía la dedicación por mejorar su programa y prepararse para enfrentarse a Víctor, quien, además, también estaba indetenible.

Yuri estaba muy enfocado en lograr un lugar en el podio, específicamente el oro que le ha pertenecido a Víctor durante años y Yuuri aunque quería ver a Víctor ganar de nuevo como ya lo había hecho, le entusiasmaba la idea de que esta vez tuviera que dar todo de sí, hasta la última gota, para mantener su lugar. Las competencias anteriores, Víctor las había ganado con una ventaja bestial, Yuri Plisetsky prometía que eso iba a cambiar.

Al acabar el programa, Lilia suspiró satisfecha y aplaudió cortamente la interpretación de Plisetsky. Después de ello, les dio la orden de descansar un rato y prepararse porque llamaría el taxi para ir a la pista a continuar el entrenamiento del adolescente. Si Yuuri estaba allí, fue por petición de la misma Lilia, quien había considerado que podría aprovechar su tiempo libre para bailar y ayudar a Yuri con su tema; algo que Yuuri aceptó porque desde que Víctor le había hablado de aquella celebración importante que tendrían con sus padres, los nervios no dejaban de torcerle las entrañas. El baile le permitió relajarse.

Se dejó caer en el suelo mientras los pálpitos resonaban sobre sus orejas, a poca distancia de donde Yuri también se había sentado a descansar. Sentía las piernas adoloridas, aunque era ya una sensación a la que se había acostumbrado. Mientras sus músculos temblaban calientes, se dedicó a unos estiramientos y a acariciar la planta de sus pies, pensando en ajustar las bandas.

—Ey… —escuchó la voz de Yuri a su lado, mientras se alzaba sobre sus pies. El sudor corría sobre su espalda y apegaba la licra de su camiseta deportiva—. ¿Es verdad que hay una pista allá? ¿En tu pueblo? —Agregó. Yuuri afirmó con un movimiento de su rostro mientras seguía acariciando su empeine—. Bien. No pienso dejar de entrenar hasta poderlo vencer.

Yuuri no se mostró sorprendido ante esa información, pues Yuri ya había demostrado que estaba dispuesto a todo para vencerlo. Incluso bromeaba con haber vendido su "alma al diablo", haciendo referencia a Lilia, como parte del precio para la victoria. Pero también entendía la razón por la que Lilia y Yakov habían decidido darse esa semana de descanso en Hasetsu: Yuri se estaba presionando mucho y aunque los resultados saltaban a la vista, era necesario que tuviera mayor control de sí mismo y logrará relajarse para tener un mejor desempeño. El patinaje también es un arte y es imposible sacarlo naturalmente en medio del estrés.

—Me alegra ver que estás dispuesto a todo por ganar. —Decidió decirle, antes de ponerse de pie y relajar los hombros—. Víctor está emocionado por la temporada. Será bueno tener un rival a su altura.

—¿Y tú qué quieres lograr? —interpeló repentinamente. Yuuri volteó con un paño entre sus manos, mientras los ojos verdes de Yuri le miraban con intensidad—. ¿O te conformas con solo bailar en el teatro?

—¿Tu te conformarías con solo competir en la liga senior y entrar al podio? —interrogó de vuelta. Yuri chistó con una mueca en sus labios.

—No. Yo quiero ser mejor que Víctor. —Los ojos de Yuuri le mantuvieron la mirada, mientras el adolescente se acercaba para puyar su pecho con el índice de su mano derecha—. Así que, prepárate para cuando el anciano vaya a llorar en tus hombros porque le quitaré el título de leyenda de patinaje y seré el mejor.

Aunque Yuuri tenía la ligera corazonada de que, para ese momento, Víctor lloraría de emoción y orgullo al ver al joven superarlo. La idea de poder estar juntos aun en ese tiempo, pese a los años que pudieran separarlos, llenó el corazón de Yuuri de calor y su estómago de ansiedad al percatarse de hasta qué punto Víctor había entrado en su vida.

—¿Y tú? —Yuri lo sacó de su pensamiento—. ¿Cuál es el tuyo?

—Mi sueño… —Yuuri lo pensó con atención—. Cuándo tenía tu edad, soñaba con estar en el Royal Ballet de Londres. Bailar en el Royal Opera era lo que más quería alcanzar, aunque bailar aquí en Bolshoi es igual de grande. Me gustaría lograrlo… más adelante. Bailar en The Royal Ballet y ganar el Benois de la Danse.

Prestó atención a la expresión que Yuri dibujó en su rostro y a la intensidad de su mirada, pero no logró leer exactamente lo que sus ojos escondían. Solo lo vio bufar avergonzado y, al recibir ambos el llamado de Lilia, decidieron apresurarse.

Al ir camino a la pista de Sports Champions Club, Yuuri notó que Yuri le formaba mucha conversación y le hablaba con fluidez, comentandole de su abuelo, del permiso que pidió para viajar y de lo mucho que lo extrañaba porque él vivía en Moscú; por lo cual se animó también a hablar de su familia y lo lejos que estaba de ellos, al punto de ya acumular casi seis años sin verlos. Yuri prestaba atención, luego fingía no importarle y volteaba la mirada hacia la ventana. Su manera de interactuar era demasiado curiosa para ignorarlo, aunque le daba calma. La cercanía con el pequeño tigre de hielo no se había diluido por el tiempo que no pudieron practicar juntos debido a sus responsabilidades en el ballet; por el contrario, se sintió como si Yuri lo hubiera echado de menos.

Al llegar a la pista, Víctor entrenaba en ese momento y ejecutaba los saltos con suma fluidez. Siempre admiraría el patinaje de Víctor, pero verlo fue recordar el compromiso que tenían pendiente y al cual tendría que salir esa noche, pues Víctor quería llegar con tiempo a Moscú, preparar algo para estar a tono con la reunión y tener suficiente tiempo para llegar cómodos a la celebración. De inmediato, sintió su espalda apretarse con concreto.

—¿Qué es lo que te preocupa, Yuuri? —interpeló Lilia, al acomodarse a su lado en la pista mientras Yuri iba a cambiarse. Yuuri apartó sus ojos del patinaje de Víctor para mirarla—. ¿Todavía preocupado por eso? Ya te dije que estás preparado para enfrentarte a una reunión de esta envergadura.

Pero no se trataba de la clase o los lujos que podría tener en la reunión, sino del efecto que tendría en Víctor lo que sus padres pudieran pensar de su relación. Después de todo, como fan, sabía a lo que se estaba enfrentando. Víctor tenía una familia que sudaba dinero.

Igor Nikiforov era el dueño de una de las empresas de petróleo más grande en Rusia, quien había obtenido el derecho a ella tras la separación de la URSS y la venta que hubo de empresas en medio de la crisis financiera que azotó a la federación rusa en sus primeros años como país. Era un hombre que había amasado fortuna durante la era soviética y la había multiplicado en los años 90, logrando alguna clase de privilegio con el actual presidente. Era de los hombres más poderosos de Europa. Y sí, tenía ya setenta y tres años.

En su historial ya llevaba tres matrimonios, el último con la madre de Víctor, una reconocida empresaria que inició su camino de la fama como modelo y logró ascender como dueña de su propia marca de ropa interior. Yelena Nikiforova era mayormente reconocida por su trabajo en la pasarela de París, antes de que se casara con el magnate y tuviera a Víctor. Luego de pasar un par de años en el extranjero, huyendo de las posible represalias que se iniciaron por la compra de activos, regresaron a Rusia con un Víctor de seis años que inició sus primeros pasos del patinaje en San Petersburgo.

Yelena e Igor eran reconocidos en Rusia, pero el nombre de Víctor se levantó por sobre ellos, logrando brillar en el deporte con luz propia. Los iniciales comentarios argumentando que su apoyo de la federación era por el respaldo económico de su padre, se diluyeron cuando los méritos de Víctor lo hicieron acreedor de las medallas.

Eso es lo que los medios conocían, no obstante, Víctor le había contado otra historia que estaba lejos de lo que la fama y los reflectores habían capturado de ellos. Víctor era el menor de siete hermanos, seis de los otros dos matrimonios de su padre. Su madre lo había querido mantener lejos de aquellos porque tenía que relucir por sí mismo y, por ello, se crío como si fuera el hijo único. Yelena también quiso tener más hijos, pero después de tres abortos quedó claro que por una extraña enfermedad ella no podría concebir más. Y para cuando volvieron a Rusia, el cuidado de Víctor quedó en manos de sus tutores y ella se dedicó a armar su empresa para paliar, de ese modo, la imposibilidad de ser de nuevo madre.

A pesar de todo ello, Víctor los recuerda con cariño, aunque no dudó en comentar que hubo demasiada ausencia. Su madre estuvo apoyándolo mientras pudo, antes de que él mismo decidiera alejarse de ellos para evitar que los constantes comentarios sobre su fortuna siguiera empañando los logros de su carrera. Ambos le dejaron hacer su camino a pesar de lo lejos que estaba de convertirse en un abogado como quiso su madre o un político como hubiera deseado su padre. A esas alturas, mantenían una relación cordial aunque Víctor también había encontrado en sus múltiples ocupaciones razones para no verse. Al menos hasta esa clase de evento.

—No tienes nada que demostrarles a ellos. —Lilia agregó repentinamente, seguro al notar su largo silencio. Yuuri levantó la mirada y volvió a observarla, mientras ella se mantenía con los brazos cruzados—. Nunca he visto a Víctor tan seguro de algo como lo está de ti. Eso es todo lo que debería importar. Solo procura ir vestido según la ocasión, estoy segura de que en esa clase de eventos estará invitada la alta esfera de Moscú.

Yuuri no temía la recepción exacta que pudiera tener de su familia, lo que más le preocupaba, es el efecto que tuvo la noticia en Víctor, pues desde que recibió la llamada, lo había atrapado meditabundo en esos dos días. Y aunque Víctor le contó un poco de ellos, sentía que no había sido todo.

El inesperado golpe en la barrera lo sobresaltó, al punto que soltó un chillido vergonzoso. Víctor, sudado y sofocado por el entrenamiento, rio divertido antes de morderse los labios de modo sensual, con el cabello despeinado y agitado hacia atrás.

—Hola guapo. —La entonación de Víctor lo sorprendió y enrojeció—. ¿Vienes seguido aquí?

—¿Eh? —Ya sentía quemar las orejas y miró a un lado, solo para notar a Lilia alejándose de allí.

—Porque no he visto a un hombre tan guapo en mucho tiempo —Víctor prosiguió. Aunque Yuuri había comprendido el juego, le fue imposible no colorearse por completo y sentir su lengua enredarse dentro de la boca—. ¿Qué dices, guapo? ¿Me regalas tu número?

—D-deja de bromear aquí. —Intentó alejarse de la poderosa influencia de su novio y se giró para darle la espalda.

No necesito verlo para sentir cómo la mirada de Víctor, sobre su espalda, bajó como un baño de lluvia helada hasta su trasero. Incluso vio venir el justo momento en que extendió sus brazos para abrazarlo y pegarlo contra la barrera. Se dejó llevar, pero mordió con fuerza su labio al sentir el calor del ejercicio atrapado en la piel de su novio y el aroma excitante a peligro.

—Vitya... c-compórtate.

—¿Por qué? —le susurró contra la oreja, provocándole un estremecimiento delicioso—. Estabas tan distraído que no pude aguantarme… Dime, ¿pudiste bailar después de lo de ayer?

—S-sí. —Aunque sentía ya su cabeza quemar, mientras la nariz de Víctor jugueteaba contra su helix—. No veo que tengas problemas para patinar después de lo de ayer —replicó en un tono bajo y su novio rio contra la piel enrojecida.

—Bueno, es delicioso saltar y sentirte dentro aún.

—¡Vitya! —Ambos saltaron en su lugar y miraron hacia el otro lado de la barrera, donde Yakov alzaba su brazo para llamar su atención—. ¡Si vas a estar jugando con el bailarín, desocupa la pista y deja que los demás entrenen!

—¡Solo vine a recargar energía, Yakov! —Victor respondió con su habitual sonrisa de corazón, mientras lo sostenía con un brazo y agitaba el otro. Yuuri, sintiéndose inevitablemente el centro de la atención, quiso desaparecer. Más cuando escuchó a Yakov gritarle a Víctor que se apurara a 'recargar'—. Cariño, dame dos horas más y soy todo tuyo.

Víctor no tardó en sujetarle la barbilla para llevarlo hacia sus labios y dejarle un beso lleno de ganas que tuvo que acortarse por la premura que Yakov imponía sobre él. Yuuri escuchó sus latidos golpeándole la oreja, así que, antes de que Víctor se alejara por completo, le agarró del cuello de la camiseta deportiva obligándolo a inclinarse frente a él. El rojo ahora invadió los pómulos duros del patinador.

—Si te caes por distraído, no vengo más.

Su novio no tardó en tomar aquello como un desafío y afilar su mirada para demostrar que de ninguna manera fallaría en su práctica. No mientras estuviera él allí.

El resto del ensayo se dio sin problema y Yuuri esperó pacientemente a que Víctor acabara con su rutina mientras veía los avances de Yuri en el programa agapé, bajo su supervisión. Los nervios por lo que vendría en la próxima noche no se diluyeron, más buscó distraerse de ellos y dejar de pensar en algo que no iba a poder resolver del momento, al menos no hasta que el día llegará. Por eso, cuando Víctor por fin acabó con su entrenamiento y el tiempo en que debía guiar a Yuri con su programa corto, Yuuri le sonrió como si en todo ese momento no hubiera dado vuelta una y otra vez al encuentro con su padre. Le tomó la mano, fresca tras el baño, y se despidieron de todos porque a partir de allí no los volvería a ver.

No obstante, las actividades que debían realizar para llegar a Moscú lo tuvieron distraído hasta la noche, cuando se encontraron en el aeropuerto, dispuestos a tomar el vuelo para la capital. Asegurarse del cuidado de sus mascotas, tomar un par de mudas y agarrar el taxi al aeropuerto de Pulkovo para tomar el vuelo, fueron parte de las cosas que los mantuvo ocupados aunque jamás dejaron de tomarse de las manos. Víctor se encontraba emocionado, pues decía que era su primer viaje juntos. Yuuri seguía percibiendo el modo en que su estómago fabricaba nuevos nudos con cada nuevo paso hacia aquel evento.

Llegar a Moscú no fue difícil pese al retraso habitual de Aeroflot. Yuuri siguió a Víctor tomado de la mano mientras arrastraba su pequeño equipaje de mano en ruedas y miraba a Víctor moverse con seguridad. Pronto, se halló tomando un taxi a su lado y Víctor le dio instrucciones precisas al conductor de hacia dónde se dirigía. Por la dirección, supo que se trataba de un lugar cercano al Megasport, estadio oficial de las competencias internacionales de patinaje en Moscú. Efectivamente, los dejó en un edificio a poco más de 10 minutos a pie del complejo y siguió a Víctor hasta la puerta de lo que supo era un departamento que mantenía en el lugar.

—¿Qué haces con un apartamento aquí? ¿No es más cómodo estar en el hotel oficial? —Ciertos lujos de Víctor los consideraba innecesarios, pero debía admitirse que el apartamento era confortable y privado. Solo tenía una habitación, sin división hacia la cocina y el comedor. Era como un pequeño apartamento de soltero.

—Bueno, así me era más cómodo escapar de paparazzis. —Víctor le abrazó desde la espalda y empezó a juguetear con el suéter que llevaba puesto para meter sus manos heladas y tocar la piel tibia. Yuuri se estremeció deliciosamente—. Pedimos algo de cenar y te muestro apropiadamente el departamento.

—Apropiadamente... —Contuvo el cosquilleo, atajando las manos traviesas de su novio antes de que prosiguiera—. ¿Mañana debemos levantarnos temprano?

—No tan temprano, pero si debemos buscar los trajes. Hay un lugar que me gusta visitar para eso. Vamos temprano, nos toman las medidas para los ajustes y en la tarde estaremos listos.

Tal como Víctor lo había predicho, el día siguiente fue sumamente movido. Entre la visita a la sastrería exclusiva que luego supo se encargaba de la mayoría de los trajes de Víctor para los negocios y era un acuerdo casi familiar; hasta las zapaterías donde estuvieron buscando los zapatos acordes para la ocasión, Yuuri se fue llenando de bolsas y bolsas en sus manos incluso cuando a su novio le dio por visitar alguna tienda departamental y compró cosas que no estaban dentro de sus planes.

El tiempo parecía hacerse agua mientras Víctor era feliz usando su tarjeta de crédito a mansalva. Yuuri esperó en la joyeria donde Víctor decidió comprar los regalos a sus padres mientras pensaba que esa clase de estilo de vida era algo a lo que no podría acostumbrarse con facilidad: le dolían los pies, habían más bolsas de las que supuestamente habían ido a buscar y eso que aún no les entregaban los trajes, que no quiso ver lo excesivamente costosos que eran tras haber revisado la etiqueta de solo la corbata.

Si antes había sentido que pertenecían a mundos diferentes, justamente lo estaba comprobando con mayor propiedad ahora. Víctor se movía entre la clase y los lujos con una naturalidad que solo se tiene al haber nacido en una cuna de oro y él… bueno, estaba seguro que el reloj que su novio estaba alzando con cuidado debía costar lo que ganó en la temporada. Él no estaba habituado a esa clase de gastos y empezaba a sentirse incómodo al respecto. Suspiró un tanto cansado mientras entretenía su mirada con lo que estaba en el aparador, para tratar de no pensar en lo raro que sería para Víctor llegar a su casa, un humilde onsen, para dormir en futones y comer katsudón. Casi sintió deseos de cambiar los planes y buscar algún hotel de lujo en Fukuoka para que se sintiera más cómodo y viajar en tren para visitar a la familia.

¿Podría acostumbrarse a Hasetsu? ¿No se sentiría fuera de su zona de confort? No había tenido problema en quedarse en su propio apartamento que era una cuarta parte de lo que Víctor tenía en su propiedad pero, ¿sería diferente en un lugar como su hogar? ¿En un pueblo tan pequeño? ¿Qué tenía él para ofrecerle a Víctor? Sus ojos se quedaron prendados en esas dos piezas de orfebrería a juego, en oro, mirando el costo y sacando cuentas mentales. ¿Cuántas cuotas tendría que girar la deuda si decidiera…?

—¡Yuuri! —El aludido saltó sobre sus pies, con todo y las bolsas que colgaban de sus brazos. Se giró apurado con el rojo cubriendo sus mejillas mientras Víctor lo miraba con atención, con un puchero encantador dibujado en sus labios—. No me estás prestando atención.

—L-lo siento… estaba distraído.

—¿Te gustó algo de allí? —Quiso asomarse pero Yuuri sintió que le saldría humo de las orejas si Víctor llegará a adivinar lo que pasaba por su cabeza, así que lo empujó con ambos brazos al otro lado del local.

—¡No! ¡Nada de nada! —Víctor lo miraba como si pudiera adivinar los pensamiento de su mente y Yuuri no pudo evitar el restregar su frente contra el pecho de su novio para distraerlo. Contento, Víctor se dejó abrazar—. Solo… estaba pensando que tengo hambre.

—Para ser un bailarín a dieta estás comiendo mucho. —Yuuri sintió un golpe a su moral y apretó sus labios—. En un rato comeremos, antes ayúdame a escoger el reloj para papá. —El bailarín se vio obligado a apartarse para ver la pieza que su novio sostenía en sus manos, un elegante reloj con incrustaciones de esmeralda en los números y un fino trabajo en oro.

—¿No es muy costoso? —'¿Y exagerado?', se dijo en su cabeza.

—Bueno, es que a papá le gusta coleccionar relojes y tengo como dos cumpleaños sin darle nada. A mamá le escogí esos pendientes de brillantes. —Yuuri no quería ver lo que saldría la cuenta—. ¿Entonces?

Víctor le mostró tres modelos diferentes de relojes de lujo y Yuuri le dijo cuál era el que más le gustaba, aunque ninguno sería algo que llegaría a lucir en su vida. Simplemente estaba fuera de todo lo que pudiera pensar como algo para vestirse. Cuando Víctor pagó y tomó sus obsequios, Yuuri miró de reojo hacia el aparador aún con la sensación de que aquellos anillos lo estaban llamando con algún canto de sirena, pero le asustó el que ya estuviera pensandolos y que viera con agrado la posibilidad de lucir unos anillos así con él.

Pensar con tanta seriedad su relación con Víctor asustaba, pero las cosas que estaban ocurriendo lo hacía posible: el viaje que haría a Japón en un par de días, la visita para conocer a sus padres, la idea de estar muchos años con él en el futuro, incluso para consolarlo cuando Yuri se apodere de su título de leyenda...

Trató de controlar la ambivalencia de esos pensamientos, pero estos se multiplicaron tras haber llegado al apartamento de Víctor con las compras y los trajes. Lo siguió cuando le pidió bañarse juntos y la rutina tan casual entre ellos se volvió poderosa aún si no procuraron tocarse de más. Ver a Víctor preparándose con su costoso saco lo hizo tropezarse con sus pies varias veces, pero la textura suave y delicada de la camisa que se puso lo devolvía a la realidad, donde la fortuna era parte del día a día de Victor y algo a lo que le costaría acostumbrarse. Se apresuró para no perder más tiempo, pero veía de reojo a su novio convertirse en el ser más hermoso del planeta con ese traje negro, la camisa blanca y la rosa verde que luce de decoración sobre su pecho. El cabello lacio y claro de su pareja caía con gracia sobre su frente, como el perfecto acompañante de toda su belleza.

—¿Te peino? —Víctor preguntó. Yuuri se sobresaltó y miró su propio saco, escogido con el mismo diseño de Víctor—. Ven, he querido hacerlo desde hace mucho. Prometo no quitarte la ropa aún.

—Me la acabo de poner… —dijo mientras se acercó a pasos lentos y Víctor se lo comía con la mirada—. Y me costó bastante los botones de esta camisa.

—Prometo portarme bien. —Eso aseguró, pero las manos de Víctor tomaron las caderas del bailarín y acariciaron con prisa y ansiedad. El que cayera un beso, y luego otro, fue inevitable—. Siéntate en la cama, cariño.

Yuuri se posicionó en la esquina de la cama y Víctor no tardó en acomodarse tras él con las manos cubiertas de gel. Cerró sus ojos mientras los dedos largos de su novio comenzaban a peinar sus hebras negras, acomodándolas religiosamente hacia atrás para despejar su rostro. Se sentía delicioso, cosquillas atravesaban desde su coronilla hasta su nuca, dejándole una sensación placentera y energizante sobre la piel.

Cuando acabó, Víctor se movió rápidamente al baño para limpiar sus manos y Yuuri decidió aprovechar para asomarse al espejo de cuerpo completo y notar que todo estaba en su lugar. Incluso se había colocado los lentes de contacto, para dejar los de armazón en casa. Pronto recibió el abrazo de su novio en la espalda y el beso que estampó en su mejilla, sin dejar de observarlo desde el reflejo, donde el traje negro, la camisa blanca y la rosa azul adornaba su figura.

Se sostuvieron sus manos sobre el estómago. El ligero temblor de las de Víctor hizo eco con las suyas y comprendió entonces que la hora había llegado. Su corazón se agitó vehementemente, casi pudo oír el momento en que aceleraron sus látidos como una marcha. Pero no era el único, lo veía, Víctor también tenía tensa su mandibula y le transmitía a través de su mirada que se encontraba quizás más nervioso que él.

—¿Estás asustado? —Yuuri se atrevió a preguntar. Víctor negó con un movimiento de su rostro y el flequillo le acarició la piel.

—No asustado, solo un poco nervioso. Nunca había presentado una pareja a mi familia y viéndonos así parece que estamos listos para una boda.

Es demasiado pronto, se dijo, demasiado pronto. Apretó sus ojos y dejó que los labios de Víctor callaran a sus neuronas alborotadas a través de pequeños besos, mientras las manos temblaban juntas porque él jamás en su vida ha sido presentado a una familia y nunca pensó que al final Víctor lo viera así. Porque asustaba no el compromiso, sino el sentir que se estaban arrojando al vacío. Preocupó más lo dispuesto que estaba de hacerlo si Víctor le sostenía la mano.

Víctor lo soltó al recibir la llamada en el citófono y Yuuri apretó a su estómago que empezó a tronar. Cuando recibió la noticia de que ya habían ido a buscarlos, tomó con mano temblorosa su nuevo abrigo oscuro y miró a Víctor cubrirse con él para complementar su poderosa presencia. Se apretaron las manos mientras bajaban del edificio y Yuuri contuvo el aliento cuando vio el auto lujoso que había ido a buscarlos. El chofer les abrió la puerta y entró casi por inercia. Fue como si el aire empezara a faltar al estar allí.

El auto rodó por casi una hora en medio de las avenidas y luego saliendo de la ciudad, mientras la ópera se escuchaba de fondo. Ambos en silencio, solo miraron las luces moverse en el vidrio mientras sus manos habían empezado a sudar. Ni siquiera Víctor habló, señal inequívoca de que definitivamente Víctor se encontraba bastante tenso con la reunión. Fue suficiente saberlo para que su mente pensara en las más catastróficas posibilidades. Así, al llegar al lugar, ni siquiera notó que el auto se había detenido. Fue sorpresivo cuando la puerta del vehículo se abrió para mostrar la mansión enorme que quedaba a pocos metros de allí.

La enorme casona se alzaba regia entre los jardines decorados y la fuente de mármol. Yuuri tragó grueso cuando reconoció que el lujo que había imaginado, había quedado corto ante lo que en realidad estaba por enfrentarse. Incluso apretó la mano de Víctor cuando salió, mirando sin aliento la manera en que las enramadas se levantaba por las columnas y los balcones lucían preciosos en medio de las luces de los ventanales. Como si estuviera viendo alguna película en el cine.

Caminó guiado por Víctor hasta la enorme puerta y fue recibido por el personal de protocolo, quienes de inmediato reconoció a Víctor Nikiforov como parte de la familia. Yuuri se quedó mirando todo desde ese lugar, y en algún momento sintió la ausencia de la mano de Víctor con la suya, pero pronto se percató de que Víctor lo había acogido bajo su brazo para acercarlo más. Los invitados se movían en la recepción de la casona, donde en su interior se alzaba las grandes y decoradas escaleras junto a las estatuas de mármol que lucían en la intersección en medio de los ventanales. Yuuri alzó su cabeza y una enorme lámpara de lágrimas de cristal relucía despampanante en el centro de su fresco pintado, con ángeles rebosando entre nubes y cintas.

—Ven —Escuchó de Víctor. Yuuri se movió sin dudar.

Las escaleras de la flamante casa se alzaba con curvas que dividía el espacio en dos. Una dirigía al lado este y otro al lado oeste de la casona. Víctor caminó con confianza al lado este de ella y Yuuri se encaminó con un temblor que casi lo hacía caer entre sus pasos pese a estar de manos tomadas. ¿Cuántas veces Víctor jugó allí? ¿Cuántas veces corrió? ¿Se habrá lastimado alguna vez en su juego? Miró hacia atrás para notar la altura de aquellos escalones y luego regresó la mirada al frente, donde se encontró con los ojos calmados de su novio, insistiéndole en silencio que no se separara demasiado de él. Ese mudo deseo fue suficiente para enfocar su atención en Víctor y dejar de admirar a la casa.

Si la decoración de la entrada deslumbraba, en el pasillo Yuuri se quedó encogido. Los cuadros de pinturas se enfilaban con adornos de mármol, bronce y oro, reluciendo en el brillo de las luces que iluminaban el sendero lustrado. Su boca se secó cuando llegaron a la puerta de madera. Víctor incluso recogió aire.

Con fino cuidado, Víctor tocó la puerta. Pronto escuchó el seguro abrirse y una mujer joven aparecer vestida con un traje de tono marfil, que envolvía sus pequeños senos y apretaba generosamente a su pequeña cintura.

—¡Tania!

—¡Vitya! —La chica se abrazó a Víctor con entusiasmo, obligándolo a soltar a su novio para darle espacio. El cabello rubio caía por la espalda descubierta en rulos perfectamente peinados—. ¡Dios! ¡Tanto tiempo sin verte!

—¡La última vez eras una niña! —Ella se zafó con cuidado y dirigió la mirada hacia donde Yuuri se encontraba.

—¿Él es el bailarín? —Yuuri se removió incómodo sobre sus pies, pero la mano de Víctor se apoyó en su baja espalda, a modo de soporte.

—Él es mi novio, Yuuri Katsuki.

Tania le miró con fascinación, tenía los ojos de un color verdoso que se asemejaba a las aceitunas, brillantes y vivaces, enmarcados en pestañas clarísimas. Ella le sonrió hasta que se formaron dos hoyuelos bajo sus pómulos definidos con rubor, y le ofreció la mano, que Yuuri no tardó en tomar y besar.

—Yuuri Katsuki… todos han estado hablando de tí desde que mi primo Vitya avisó que vendrías. —No supo qué decir. Miró de reojo a Víctor y luego le sonrió a la chica como si nada, de forma tímida—. Tía Neyla estaba terminando de arreglarse.

Fue decir eso, y notarse el taconeo lento y elegante que se escuchó antes de que la alta figura de Yelena Nikiforova apareciera frente a ellos. Altísima, sus zapatos se enroscaba celosamente de sus largas pantorrillas, con un color plata que lucía ante la calidez de su piel. El cabello de Yelena era idéntico a la tonalidad de Víctor, pero estaba peinado de forma que cada capa ondulada caía con gracia y volumen sobre sus hombros desnudos. El vestido, de un tono gris satinado, caía de la dos tiras de sus hombros y cubrían en dos anchas mangas a sus brazos, mientras que su pecho era cubierto por la tela apretada adornada de brillantes.

Yuuri la miró sin habla, pues verla en algunos artículos de revistas, no era para nada a lo que estaba frente a él. Pocas arrugas osaban besar el rostro de Yelena, su estampa era soberbia, como la de una zarina en su propio reino. Incluso su altura superaba la de Víctor debido a los tacones y el cuerpo lo mantenía esbelto como el de su joven edad y, aún así, pudo ver el momento en que ella miró a su hijo con ojos brillantes y le abrió los brazos para recibirlo con un beso cargado de sentimientos en su mejilla. Víctor la rodeó por la cintura suavemente, como si pudiera partirla.

—Ha pasado tanto tiempo desde la última vez —murmuró Yelena al soltarlo y acariciar con cuidado y esmero el rostro de su hijo. Yuuri solo veía la cantidad de anillos que vestían las manos delgadas de la madre.

—Dos años… ¿no?

—No quisiste venir por competencias.

—Estaba en Canadá ese día, y el año anterior estaba en Suiza. —La mujer desestimó las explicaciones de su hijo, moviendo la muñeca en alto.

—No importa las excusas ahora, Vitya. Lo importante es que estás aquí. —Los ojos azules, tales como los de Víctor, miraron a Yuuri con cierta resistencia. De inmediato, se sintió falto de aire—. Él es el bailarín, ¿no es así?

—No me gusta el tono en que lo dices, madre. —Víctor advirtió, con una entonación peligrosa. Yelena le miró con una ceja enarcada que mostraba las primeras arrugas en su expresión, antes de volver a posar sus ojos en él.

El juicio desde los ojos de Yelena se filtraba de forma venenosa y Yuuri fue capaz de percibirlo aún en la distancia, capaz de cerrarle el paso del aire a los pulmones. Esa mirada azul parecía rechazarlo con solo estar frente a ella y sentirse de esa manera, provocó en Yuuri una inevitable conjunción dentro de sus intestinos, como si se torcieran y amarraran caóticamente.

—Bueno, no lo estoy ofendiendo. Es un bailarín, ¿no? —La sonrisa afilada de Yelena se sentía como una guillotina. Incluso Víctor se tensó—. De todos modos, Mijail Vinográdov me habló sobre su visita a San Petersburgo y el modo en que fue recibida su crítica por su institutriz.

Mijail Vinográdov… La crítica hecha a su trabajo en Romeo y Julieta caló hondo, como una piedra que cayó por fin en el pozo tras un largo tiempo de caída libre. Yuuri bajó la mirada para ver sus zapatos, consternado por lo que acababa de escuchar, al punto de que la repentina lejanía de Víctor no le importó. Mijail seguramente había regresado a Moscú con el orgullo herido y se había encargado de envenenar a la industria del ballet de la capital. No era algo sorpresivo, al pensarlo fríamente, pero el que llegara a los oídos de la madre de Víctor jamás lo imaginó. El que la familia de Víctor lo tuviera con una falsa imagen por culpa del resentimiento de ese hombre convirtió todos los nervios en fuego que se precipitó desde la boca de su estómago al resto de su cuerpo, hasta hacerlo temblar.

Cuando levantó la mirada, Víctor había apartado a su madre por un par de pasos mientras le sujetaba la muñeca; mas no importó aquello. Ni siquiera se detuvo en observar esos ojos cuando levantó su rostro en alto e imaginó la dignidad de Lilia Baranovskaya apoyándolo desde la distancia. Porque en un lugar que siempre ha sido ajeno, en una cultura tan nacionalista, la única manera de sobresalir era imponiéndose. Yuuri sabía que cuando se encontraba rodeado de adversarios, la mejor respuesta era demostrar que estaba seguro de su valía e intimidarlos, antes de que ellos lo hicieran, aún si para eso debía tomar una máscara más.

—Discúlpeme por corregirla, pero no soy un bailarín. —Yelena volvió la mirada hacia él, aun sujeta por el brazo de Víctor. Yuuri, con sus ojos encendidos y decididos, se impuso ante ella—. Soy el premier danseur de Bolshoi, el principal bailarín de Lilia Baranovskaya. Y la crítica de Vinográdov no tuvo fundamento, el mismo Boris Bazhánov y Violetta Egorova estuvieron de acuerdo con ello, al punto de que fue desestimada rápidamente por los críticos de San Petersburgo.

—¿Y porqué habría de hacer eso Mijail? Un hombre de su trayectoria, con su reputación… —crítico Yelena respondiendo a sus palabras, más Yuuri solo arrugó su entrecejo.

—Celos… —aseguró—. Y lo demuestra con esto, venir a Moscú a hablar así de Lilia, ¡aun a sabiendas de que fue incapaz de dar argumento alguno cuando ella lo cuestionó…!

—Yuuri. —La voz de Víctor le detuvo cuando se percató que había olvidado respirar entre las palabras. Pronto sintió su presencia a su lado, cubriéndole el hombro con un brazo, pero Yuuri se encontraba demasiado ofuscado como para disfrutarlo—. No hace falta explicarlo. Mamá conoce del ballet lo que yo conozco de su marca de ropa, dudo que pueda entender la evidente diferencia.

—Vitya. —Ella sonó ofendida, más Yuuri pudo percibir la gelidez en el tono de Víctor, cortante.

—Iré a buscar a mi padre para presentarme e irme. La verdad perdí todo gusto de quedarme aquí.

Lo siguiente que ocurrió, Yuuri lo vivió como meterse de lleno bajo una cascada helada. A pesar de la ofensa que había significado su mirada, era la madre de Víctor, su madre… había respondido de ese modo a la mujer que le dio vida a Víctor y dolió percatarse de su garrafal error. Víctor giró en el pasillo, y su mano estaba helada. Yuuri quiso detenerse pero podía incluso notar el modo en que los nudos de acero habían amarrado la espalda de su novio, casi como si lo tuvieran aprisionado e imposibilitado de respirar.

—¡Víctor, espera! —Yuuri quiso dialogar, arreglar el asunto, mientras se reprendía por haberse dejado llevar por el enojo. Logró detenerse y obligarlo a hacerlo por un minuto, pero los ojos fríos de Víctor le golpeó—. Perdón… Yo no debí, no así… Es decir, es tu madre y yo…

—No, Yuuri —La voz incluso salía con dificultad. Víctor parecía a punto de estallar en enojo—. No te disculpes ahora.

—¡Vítya! —Esta vez, los taconeos consistentes se acercaron y Yuuri viró para notar a Tania levantando el vestido mientras se apresuraba a alcanzarlo—. ¡Espera! ¡Tía Neyla quiere hablar!

—En este momento no quiero hablar con ella. —Víctor ladró.

Pero Yuuri vio la figura de Yelena apurarse para su encuentro, también alzando el borde de su vestido, hasta el punto de que su cabello se movía sin forma en medio de la rápida caminata. Víctor apretó los labios y alzó su mentón con orgullo antes de voltear para darle la espalda.

—Vitya, Yuuri, por favor, permítanme disculparme. —Víctor no contestó, pero Yuuri la miró con atención sin poder mudar su expresión a pesar de notar la congoja en ese rostro—. No quise ofenderlos. He sido imprudente y desconsiderada.

—Sigues siendo la misma, dejándote guiar por las habladurías de otros en vez de detenerte a pensar en mí y en quién soy. —Víctor habló sin mirarla—. En este momento no quiero verte, Neyla.

Víctor decidió continuar su camino por el pasillo, abandonando a su madre atrás. Yuuri le siguió en silencio, porque a pesar de su propio malestar y de reconocer que preferiría irse, era Víctor ahora su prioridad. Y, fue evidente, Víctor no se encontraba bien.

Esa enorme casa repentinamente se sintió fría. A pesar de la música lejana que se escuchaba de fondo, de los lujos y la luz cálida, Yuuri comprendió que nunca significó un hogar.


Notas de autor: Solo puedo decir, ¡Feliz año nuevo! Muchas gracias a todos los que me apoyaron con mis trabajos durante este año, a los que se quedaron desde el 2017 y los que me siguieron en este 2018. Espero que el próximo año sea productivo para todos nosotros, para obtener nuestros sueños y alcanzar nuestras metas. ¡Mis mejores deseos para ustedes!

Dije que antes de que se fuera el año quería traer actualización y aquí está. Espero que les haya gustado, la familia de Víctor es poderosa, y pese al cariño también está infectada por aquellos males que muchas veces los lujos y las apariencias crean en ellos. No todas las familias son perfecta, eso lo sabemos, la de Yuuri tampoco lo es (aunque su amor hace que cualquier carencia quede opacada), así que me es interesante mostrar cómo ellos se enfrentarán a ambas. Además, una relación sana no puede perder el foco y no seguir relacionándose con su entorno, por eso también quise traerlo a colación.

El próximo año, estaré dándole énfasis para acabar a Iridiscencia, que ya le falta aproximadamente unos 20 capítulos. Espero que disfruten porque las competencias será importantes en su relación! Y les invito a estar al pendiente, pues el 6 de Enero entregaremos un regalo especial: Pajarito de Agua, Nikky Nikkosa, Jazz Noire y quizás un par de autores más, hemos preparado un especial para compartir con ustedes, y entre ellos está un momento especial de Iridiscencia.

¡Gracias por todo y nos vemos el próximo año!


Angeli Murasaki: ¡Me alegra que te haya gustado la escena y muchas gracias por leer! Sí, la escena entre ambas familias ya demuestran lo diferente que son.

Mariboo: Estoy muy contenta de que hayas disfrutado todas las escenas, las picaras y las divertidas porque creo que la vida está llena de matices y ¿cuánto más una relación? Víctor tendrá que enfrentarse con la familia y ya vemos, más o menos, de qué estilo son. Espero que todavía sigas aquí, esta vez demoré pero fue porque he tenido demasiado qué hacer y poca privacidad para escribir como quisiera. Espero de corazón que puedas disfrutar de este capótulo y nos sigamos viendo en el siguiente.

Naty: ¡Gracias por leer asi de corrido! ¡Mi corazón se llena de amor! Me hace muy feliz y espero que disfrutes de la nueva actualización.