Capítulo anterior:

-¿Crees que estarán bien? –preguntó lentamente Rachel algo preocupada.

-Más le vale –soltó para después mirar a su novia- Vamos a acabar con esto de una vez –dijo después de un suspiro.

Rachel simplemente asintió para después ambas girarse y caminar en dirección a la zona donde iban a enterrar a Shelby y donde todos las estaban esperando.

Después de las alegrías y felicidad que les había dado Beth, ahora tenían que enfrentarse a la muerte y a la tragedia y no iba a ser nada fácil para ninguna de las dos.

Capítulo 51:

Rachel solo había acudido una vez a un entierro pero se había quedado grabado en su mente para siempre. La primera imagen que venía a su cabeza al pensar en ello era la lluvia. Recordaba agazaparse bajo el protector paraguas que tenía su padre y mirar como el ataúd descendía hasta desaparecer de su vista sin poder contener las lágrimas.

Apenas tenía 7 años cuando el hermano de Evan había fallecido después de una larga enfermedad. Lo había visto poco a lo largo de su corta vida pero aun así no había podido evitar llorar durante todo el día cuando se enteró. Fue la primera vez que se dio cuenta de que la vida tiene un final y su angustia fue tal ante esa revelación que no pudo soportarlo.

Cuando somos pequeños pensamos que tenemos toda la vida por delante, que podemos hacer lo que queramos porque vamos a tener tiempo de cambiarlo pero pronto nos damos cuenta de que no es así. La vida nos enseña que cada día podría ser el último, que lo que tenías planeado no servía de nada porque todo se acababa de golpe sin poder evitarlo. Algunos lo asumen y otro viven engañándose a sí mismos toda la vida pero Rachel no era de estos últimos.

Rachel lloró aquel día por todo lo que había perdido, porque no solo se había acabado la vida de su tío, sino que se habían acabado todos los posibles momentos que podría haber tenido con él. Pensó las navidades que podrían haberse reunido en familia, pensó en su sonrisa mientras la perseguía por el salón jugando a pillar, pensó en cada momento que nunca tendría.

En cambio ese día, junto a su familia y Quinn no era capaz de derramar una sola lágrima.

Era consciente de que era su madre la que acababa de morir, era la persona que la había dado a luz pero a pesar de eso, no era capaz de llorar.

Se sentía como adormecida, apenas sentía sus piernas soportando su peso mientras escuchaba a alguien diciendo unas palabras, solo era capaz de sentir la mano de Quinn aferrándose a la suya. Sentía el calor que procedía de su cuerpo y el suave olor de su perfume que llegaba hasta ella. Eso era lo único que sentía, en lo único que se podía concentrar como si Quinn se tratase de un salvavidas y sin ella todo se derrumbaría.

Recordó cada momento de su vida en el que había deseado tener una madre, la cual nunca había estado. Su madre se había ido, no en ese momento, sino cuando la entregó apenas siendo una recién nacida a sus padres. Ellos eran todo para ella y a pesar de ese vacío que siempre tendría dentro de ella no los cambiaría por nada del mundo.

La había necesitado muchas veces, esas veces en las que solo una mujer podría entenderte a pesar de que sus padres lo habían intentado, pero ahora, en esos momentos siendo ya una adolescente a punto de irse a la universidad ya no la necesitaba. Había aprendido a vivir sin ella, había pasado de echar de menos a alguien que ni siquiera conocía, a conocerla y querer no haberlo hecho nunca.

Y aun así, a pesar de todo eso, no sabía cómo sentirse con los últimos acontecimientos.

Un suspiro se escapó de sus labios haciendo que Quinn la mirase con preocupación. Esa era la mirada que le había dado desde el momento en el que supieron lo que había ocurrido, como si esperase que se derrumbase de un momento a otro y eso sería lo normal, pero ella nunca había sido como el resto de la gente, eso era evidente.

-¿Estas bien? –preguntó en un susurro Quinn no queriendo llamar la atención del resto de los presentes.

-Solo estaba pensando –murmuró Rachel de manera ausente.

No era normal que alguien como Rachel se expresase de manera escueta, eso significaba que algo malo estaba pasando y Quinn era consciente de ello pero aun así no dijo nada más. Presionar nunca había sido buena idea.

Rachel sintió un leve apretón en su mano por parte de la otra y no necesitó que le dijera nada más para saber lo que eso significaba, que estaría allí cuando lo necesitase y lo sabía.

Todo terminó como había empezado, con un silencio absoluto y una sensación de malestar e incomodidad que se había creado entre todos los presentes. Nadie sabía muy bien cómo comportarse, la mayor parte de ellos ni siquiera tenía una relación muy estrecha con Shelby y los pocos amigos que tenía hacía tiempo que se habían alejado. Todo el mundo pareció sentirse aliviados cuando terminó y nadie podía culparlos de ello.

La gente comenzó a desperdigarse cada uno en una dirección diferente para seguir con sus vidas pero en cambio Quinn y Rachel se mantuvieron totalmente quietas, sin moverse ni un solo centímetro mientras que los padres de Rachel se alejaban dejándolas a solas.

Los segundos pasaban y Quinn comenzaba a inquietarse. No sabía que esperar de una Rachel totalmente bloqueada y que no parecía tener intención de moverse mientras su mirada se encontraba totalmente perdida, pero lo que si sabía es que no pensaba moverse de allí hasta que la otra lo hiciese.

-¿Soy una mala persona? –preguntó Rachel de repente haciendo que Quinn la mirase sorprendida por sus palabras.

-¿Por qué dices eso? –preguntó confundida colocándose frente a ella para mirarla a los ojos.

-No siento nada –su mirada se dirigió al suelo evitando los intensos ojos de la otra.

-¿A qué te refieres? –siguió preguntando Quinn mientras cogía con suavidad su mentón para alzarlo y que sus miradas se conectasen.

Si había alguna manera de saber lo que de verdad sentía Rachel era por su mirada, era algo que no podía ocultar o disimular, sus ojos transmitían cada una de sus emociones sin filtro alguno.

-No siento dolor, no siento pena –la respiración se le volvió dificultosa mientras unas lágrimas comenzaban a hacer acto de presencia en su rostro- No me importa que haya muerto –dijo mientras se escapaba un sollozo entre sus labios- Soy horrible.

-Eres la mejor persona que he conocido jamás –dijo suavemente pero con firmeza queriendo transmitir la verdad de sus palabras.

-No eres imparcial, no cuentas –la miró con ojos llorosos- Es mi madre, se supone que tendría que sentir algo cuando muriese ¿no? –preguntó totalmente devastada.

-No hay ninguna regla a seguir con estas cosas Rachel, cada uno tiene su historia y su manera de llevar las cosas, nada está mal –le explicó con paciencia.

Se mordió el labio mientras la miraba y dudaba si preguntar lo que pasaba por su cabeza.

-¿Tú te sentirías triste si tus padres muriesen? –preguntó lentamente.

La pregunta tomo por sorpresa totalmente a Quinn que se quedó paralizada durante unos instantes mientras su cabeza se volvía un cumulo de emociones y recuerdos.

Prácticamente toda su vida pasó por su cabeza, o por lo menos la relacionada con su familia. Recordó los momentos tranquilos y felices que había tenido con sus padres. Como su padre le había enseñado a montar en bici o como su madre cocinaba mientras ella simplemente se quedaba sentada mirándola embelesada. Su infancia había tenido momentos buenos por supuesto, pero los malos acabaron eclipsando toda su vida. Los gritos y discusiones eran algo habitual entre las cuatro paredes que formaban su casa aunque para puertas para a fuera todo pareciese perfecto. El alcohol siempre había fluido con libertad por cada rincón, las borracheras de sus padres era algo que siempre había tenido que soportar aunque se encerrase en su habitación. Las expectativas puestas en ella, las presiones, los comentarios despectivos para que se volviese como ellos querían, todo eso acabó ganando la batalla a las cosas buenas, pero aun así eran sus padres. ¿De verdad se entristecería si su padre moría? ¿Después de haberla repudiado y tratado peor que a la escoria? No tenía absolutamente ni idea de lo que sentiría. ¿Y si un día le avisaban que su madre había fallecido? Siempre había tenido más apego a ella que a su padre, pero seguía sin tener una respuesta correcta a esa pregunta que le había formulado Rachel o por lo menos no tenía una respuesta sencilla.

-Me entristecería perder a los padres que eran en los buenos momentos que tuvimos juntos, aunque fuesen pocos, pero no me entristecería perder a las personas en las que se han convertido. No sé si eso responde a tu pregunta… -dijo algo dubitativa.

-Eso tiene sentido –dijo de manera pensativa- Pero yo no tengo ningún recuerdo por el que entristecerme –volvió a mirar a Quinn intentando contener las lágrimas- No ha estado nunca en mi vida como para hacerlo –susurró.

-Entonces no tienes por qué sentirte mal por no echar de menos algo que nunca has tenido –razonó Quinn mientras le acariciaba la mejilla con dulzura.

-Pero he querido tener una madre durante tanto tiempo… -ahogó un sollozo- y ahora se han ido todas las posibilidades que tenía de tenerla. Debería sentir algo.

-No te obligues a sentir, las cosas no funcionan así cariño –le dijo suavemente- Shelby nunca ha sido una madre para ti, no puedes echar eso de menos de ella porque nunca existió.

-Pero… -comenzó a replicar pero enseguida las palabras murieron en su garganta al no saber cómo continuar.

-Hey –dijo suavemente Quinn haciendo que la mirase a los ojos mientras cogía su rostro entre sus manos- tú no tienes la culpa de no haber tenido una relación con ella. Lo intentaste y ella no quiso así que ella se lo perdió y te aseguro que se perdió a la persona más increíble que he conocido.

-Dices eso porque me quieres –susurró no muy convencida.

-Por supuesto –sonrió suavemente- Te amo con todo mi corazón y por eso te conozco y sé cómo eres. Rachel en serio, Shelby podría haber llegado a ser una gran madre quizás, pero ni siquiera lo intentó, era alguien prácticamente desconocido para ti y es normal que no te sientas devastada por perderla como si fuese la madre del año.

-Se supone que una madre y una hija tienen cierta conexión que debería hacerme sentir mal su perdida –murmuró.

-También se supone que una madre tiene que amar a su hija y no siempre ocurre. Esos son tópicos que a veces suceden, pero no es una regla –le explicó.

-Tienes razón… -reconoció por fin Rachel.

-Lo sé –sonrió divertida haciendo que la morena se riese ligeramente.

-Ahora límpiate esas lágrimas que no puedes ir con esa cara a la lectura del testamento–dijo sonriendo.

-Que cosas más bonitas me dices –ironizó girando los ojos mientras se los limpiaba con un pañuelo que había sacado de su bolso.

Quinn rápidamente la agarró del brazo haciendo que se pegase a ella para después besarla con firmeza pillando a la otra totalmente de improvisto.

-¿Y eso? –preguntó Rachel con la respiración algo agitada en cuanto sus labios se separaron.

-Te quiero –susurró mirándola a los ojos con intensidad- No sé lo que ocurrirá después de todo este caos, pero quiero que lo sepas. Te quiero como nunca voy a querer a nadie.

-¿Por qué dices eso? –preguntó rápidamente Rachel con miedo en su voz- ¿Vas a dejarme otra vez?

-No a no ser que quieras que lo haga –dijo con sencillez- Tú eres mi vida Rachel y mientras quieras permanecer en mi vida, así será, pero si llega un momento en el que todo es demasiado o en el que tienes que seguir adelante tú sola, no te preocupes, yo siempre estaré aquí. No habrá rencor, no habrá nada de eso.

-¿En serio piensas que me iría a cualquier sitio sin ti? –preguntó dolida- Sé que las cosas se han complicado mucho y que ni siquiera sabes que va a pasar de aquí a unos meses pero eso no significa que yo te vaya a dejar sola. Nunca haría algo así.

-Cariño… -susurró acariciando su mejilla suavemente- Solo quiero que lo sepas, que tengas la libertad de decidir qué hacer con tú vida, la tuya que es la que importa. Que no habrá discusiones, no habrá reproches, yo siempre te amaré y siempre estaré aquí da igual lo que ocurra.

-Eso no lo puedes saber –dijo frunciendo el ceño levemente.

-Lo sé –Quinn sonrió suavemente- Si de algo estoy segura en este mundo es que eres la mujer de mi vida y eso es para siempre.

Rachel suspiró mientras desviaba la mirada pensativa. Sabía que no era posible tener ese convencimiento respecto al amor. La vida era demasiado larga para estar segura de que la amaría para siempre pero la otra lo decía con tal seguridad que en ocasiones hasta llegaba a creerla.

-Mi vida está limitada ahora que tengo a Beth y sabes que no me quejo por ello, pero no quiero limitar también la tuya, ¿lo entiendes? –preguntó Quinn.

-Sí, lo entiendo, pero soy yo la que tengo que decidir si quiero hacerlo o no.

-Por supuesto –besó a Rachel suavemente antes de proseguir- He aprendido la lección –sonrió- Eres libre de tomar tus decisiones y yo aceptaré cada una de ellas completamente –sentenció.

-Eso me gusta –susurró sonriendo levemente.

-Pero yo también tengo que tomar mis decisiones, respecto a Beth, respecto al futuro. Tengo una gran responsabilidad y no sé que voy a hacer. Siempre hablaré sobre ellas contigo pero son mis decisiones, ahora tengo que mirar por alguien más que yo misma.

-Yo tomaré mis decisiones y tú las tuyas, me parece bien –asintió Rachel.

-Perfecto –Quinn la besó de nuevo antes de separarse- Ahora vamos a buscar a Beth que tenemos que ir a la lectura del testamento.

De repente la mirada de Rachel se desvió por encima del hombro de la otra y se expresión cambió totalmente.

-Creo que antes tendremos que pasar por casa –murmuró impactada sin apartar la vista.

Quinn frunció el ceño y se giró lentamente para encontrarse con algo que ciertamente no se esperaba.

-¿Qué demonios? –maldijo totalmente impactada.

Un sonriente Puck se acercaba con Beth sobre sus hombros igual de contenta, pero no era eso lo que había sorprendido a las otras dos, ni siquiera al ver como Beth se aferraba a modo de sujeción a la cresta de Puck, no, no era eso, era algo totalmente diferente, aunque quizás no tanto.

Beth no se encontraba exactamente como se la había llevado y la diferencia principal era la enorme cresta que llevaba totalmente erguida a modo de peinado.

Tanto Rachel como Quinn los miraban con la boca abierta hasta que Puck llegó frente a ellas sin borrar la sonrisa de su rostro.

-¿Qué le has hecho? –preguntó Quinn aun en shock.

-¿No te gusta? –preguntó emocionado- He comprado un poco de gomina y le he hecho una cresta como la mía. Bueno, la de ella es mejor, ¿A que si? –preguntó mirando hacia arriba en dirección a Beth que simplemente asintió entusiasmada.

-¿Estas mal de la cabeza? –Quinn por fin reaccionó- ¿Cómo se te ocurre hacer algo así? ¿No eres consciente de que tenemos que vernos ahora mismo con gente importante y tú le has hecho… -miró el pelo de su hija buscando una definición acertada- eso? –esa era la mejor que se le ocurrió.

-Ella quería –refutó Puck algo confundido- No dejaba de señalar mi cresta y luego su pelo.

-¡Es una niña por dios! No puedes hacer todo lo que quiera –Quinn se pasó la mano por el pelo intentando tranquilizarse.

-¿Por qué no? No es nada grave, con un poco de jabón se le quitará, no es como si le hubiese hecho un tatuaje –el hombre estaba cada vez más confundido.

Los ojos de Quinn se le abrieron como platos al oír la palabra tatuaje.

-Que no es… Un tatua… -sacudió la cabeza intentando contener su ira- Se acabó, tenemos una reunión importante y no tengo tiempo para esto. Dámela –extendió sus brazos para que el otro la bajase de sus hombros.

Puck la miró desconfiado mientras la bajaba de sus hombros y la cogía en brazos de modo protector.

-¿Me dejaras verla de nuevo, verdad? –preguntó para asegurarse.

-En serio Puck, ya hablaremos de esto, ahora tenemos prisa –respondió Quinn acercándose para coger a la niña.

-Es mi hija Quinn –aseguró Puck.

La paciencia de Quinn estaba llegando a su fin y si no fuese por Rachel que enseguida se interpuso calmando la situación le hubiese arrancado la cabeza allí mismo.

-Noah –dijo suavemente Rachel mientras se interponía- Hoy en la lectura del testamento estará la mujer de los servicios sociales que lleva el caso de Beth, es importante que esté presentable para dar una buena impresión. Ahora tenemos que ir a casa y lavar a Beth antes de ir, así que no tenemos tiempo para hablar sobre horarios de visitas.

-Oh –dijo Puck sorprendido y levemente avergonzado- Lo siento, no pensé que era algo tan importante –murmuró sintiéndose culpable mientras le tendía la niña a Quinn que no dudó en cogerla entre sus brazos.

-Nunca piensas, eso sería más apropiado –gruñó Quinn mientras examinaba como poder arreglar ese estropicio de pelo.

-Lo siento Quinn, de verdad –repitió.

-Ya hablaremos de ciertas reglas que debes seguir si quieres llevártela. ¿Entendido? –dijo con firmeza mirándolo.

-Por supuesto –asintió rápidamente.

-Nos tenemos que ir –susurró Rachel interrumpiéndolos.

-Cierto –Quinn miró el reloj un momento calculando cuanto tiempo les quedaba para la lectura del testamento y no era mucho la verdad.

Puck mientras tanto se acercó a Beth que lo miraba con una sonrisa en su rostro. Se agachó y dejó un suave beso sobre su frente para después susurrarle:

-Pórtate bien con mamá. Otro día te llevaré al parque, te lo prometo –aseguró haciendo que la niña sonriese aún más.

Puck sonrió satisfecho y se alejó no sin antes despedirse tanto de Quinn como de Rachel con la mano. Nadie podría borrar esa sonrisa de su rostro en bastante tiempo.

Quinn suspiró sacudiendo la cabeza.

-A mí me gusta cómo le queda –dijo de repente Rachel intentando contener la sonrisa y provocando que la rubia se girase rápidamente para mirarla.

-Lo que me faltaba –gruñó Quinn comenzando a caminar en dirección al coche mientras escuchaba la sonora carcajada de su novia que no dudó en seguirla a unos metros de distancia, por si acaso.