CAPÍTULO 48

París, ciudad del amor. Allí llevaban cinco días las chicas, recorriendo sus calles, degustando su comida y visitando sus monumentos. Estaban sacándole el máximo provecho a aquel viaje, disfrutando de cada segundo, sobretodo Lea, que era la primera vez que descubría el país.

El tiempo que llevaban en Francia fue genial. Las chicas sabían repartir su tiempo de pareja con las amigas de la rubia, que para sorpresa de Lea, las dejaron solas en París a los cuatro días, dirigiéndose ellas a Italia. Otra pequeña sorpresa de Dianna, que no le había dicho nada de aquellos días a solas, pero que la morena agradecía enormemente.

Estaba bien compartir el viaje con gente que quieres, con amigos cercanos, pero estar en esa ciudad a solas con tu amor era un regalo a pesar de que no podían mostrarse cariñosas en público y no estaban tan relajadas como en su viaje a Bora Bora, pero no iban a quejarse. Aquello les bastaba.

Y más cuando el primer día, un grupo de jóvenes rodearon a las chicas, reconociendo a Dianna y segundos después a Lea. La rubia saludó a todos y pidió junto a la morena que las dejasen continuar, que agradecían su apoyo, pero estaban de vacaciones y les gustaría seguir tranquilas junto a sus amigas. Nada, no dio resultado, hasta que no se sacaron fotos con todos los que estaban allí, no pudieron salir del tumulto. Afortunadamente, iban acompañadas de sus amigas y no dieron pie a preguntas incomodas, pero las fotos llegaron a internet y más de uno se preguntó que hacía la morena con Dianna y sus amigas. Algunos adivinaron el motivo, pero como siempre, se quedó tan solo en eso, comentarios.

A partir de ese momento, Dianna y Lea salieron a la calle parcialmente camufladas. Aprovechaban el frío de la época para cubrirse hasta arriba con sus abrigos y bufandas, sacar a relucir sus gafas de sol y en ocasiones, incluso optaron por el uso de la gorra. No era cómodo, pero no querían que se repitiera la escena del primer día, y aun así, algunos las siguieron reconociendo. La rubia había aumentado su popularidad gracias a "Malavita" y su próximo papel de Anastasia Steele desde que visitó París junto a Thor la última vez, justo cuando rodaba la película que tenía en cartel en ese momento y que la había mantenido alejada de su vida.

En ese momento, las chicas se encontraban cenando en el restaurante del hotel. Aquel día se habían levantado más tarde, así que decidieron comer en un restaurante cercano a la catedral de Notre-Dame, pasando por el rio Sena y aprovechando así el maravilloso recorrido que la ciudad les regalaba. Después de la comida, se entretuvieron fotografiando la catedral, aprendiendo parte de su historia, para más tarde, pasar a visitar el Louvre. Lea no estaba muy entusiasmada con la idea de estar mucho tiempo en el museo, pero a Dianna le estaba apasionando, por lo que se dejó contagiar por la ilusión de su chica. Cuando terminaron el recorrido por el museo, ya era bastante tarde y estaban algo cansadas, por lo que optaron por cenar tranquilas en el hotel.

L: Te tenías muy callado que tus amigas nos iban a dejar unos días solas. – dijo mientras comía una ensalada, algo ligero para cenar al igual que Dianna.

D: Era una pequeña sorpresa de fin de viaje. – dijo guiñándole un ojo, haciendo sonreír a Lea.

L: Seguro que lo tenías preparado para no dejarme salir de la habitación hasta tarde como has hecho hoy… - dijo con una sonrisa pícara.

D: Me has pillado… Me conoces demasiado bien. – dijo haciendo reír a la morena por la cara de fingida frustración de la rubia, que sonreía feliz de ver a su novia resplandeciente. – Te voy a decir cuál era la otra parte del plan. Ellas venían, nos paseábamos con ellas y nos sacaban fotos, así cuando ellas se fueran, tú y yo, podríamos seguir paseando por París sin preocuparnos de que dirán. Con decir que están en el hotel ya no pueden decir nada que nos comprometa… - dijo con una sonrisa triunfante.

L: Eres la peor amiga del mundo, Di… - dijo con la boca abierta. – Solo las quieres por interés…

D: Eso no es verdad, lista. Eso han sido ventajas de viajar con amigas, ya está… - dijo sonriendo.

L: La verdad es que nos ha venido bien, porque te reconoce mucha gente. Eres una superestrella… - dijo orgullosa.

D: Eres una exagerada. Antes, aquí me reconocían una o dos personas y ahora… bueno, la cosa ha cambiado, pero es que cuando he venido las otras veces, no iba al lado de la protagonista de Glee… Es tu culpa, cariño… - dijo mirándola con adoración, mientras Lea negaba con la cabeza y la miraba coqueta.

L: Estoy reventada… No puedo con mi vida de todo el tiempo que hemos estado de pie.

D: Te cansas muy rápido, cariño. No estás en forma, eh. – dijo intentando aguantar la risa ante la cara de sorpresa de Lea.

L: ¿Cómo? ¿Y me dices tú esto? ¿Tú, que esta noche me has suplicado que te diera una tregua mientras te recuperabas? Lo siento, mi amor, pero la que no me puede seguir el ritmo eres tú a mí. Al menos en la cama… - dijo con una sonrisa traviesa.

D: No te he suplicado nada, si te pedí parar un poco fue porque te vi un poco fatigada y notaba que no sabías como pedirme un tiempo muerto… - dijo en un tono burlón.

L: Eres una mentirosa. – dijo soltando una carcajada mientras le tiraba la servilleta, haciendo que Dianna no pudiera evitar sonreír mientras masticaba.

De repente, en ese instante, una mujer se acercó a la mesa con una gran sonrisa, interrumpiendo el momento de la pareja.

-Hola. – dijo sin borrar la sonrisa, mirando directamente a la rubia, que al igual que Lea le devolvía la sonrisa al pensar que se trataba de una fan.

D: Hola. – dijo devolviéndole el saludo.

-¿No te acuerdas de mí? – preguntó con un marcado acento francés. Dianna frunció el ceño, intentando hacer memoria para ubicar a la chica en su mente, pero cuando la ubicó, su cara se descompuso y miró de reojo a Lea, que las miraba sonriendo hasta que vio la cara de Dianna y se quedó extrañada.

D: Si… Si te recuerdo… - dijo casi en un susurro, tragando saliva como podía.

-Pues salúdame como toca ¿no? – dijo acercándose a ella sin perder tiempo y dejando un beso casi en la comisura de sus labios. Dianna no perdía de vista a Lea, que al ver la actitud de ambas, empezaba a transformar su gesto. – Que casualidad que hayamos coincidido en el mismo hotel.

D: Si… - dijo la rubia, incapaz de articular una palabra que no fuera un monosílabo.

-Creo que deberíamos aprovechar la ocasión y recordar viejos tiempos… esta noche… - dijo directa.

D: Estoy con una amiga. – dijo señalando a Lea, que estaba intentando controlarse lo máximo posible.

-Tu amiga puede esperar en su habitación mientras tú y yo nos divertimos juntas en la mía… Esa noche nos lo pasamos muy bien. – dijo provocando que la ira invadiera a la morena aunque no lo mostrase. Aquella tipa acababa de confirmarle que se había acostado con su novia en sus narices.

D: Eso no va a volver a pasar. – dijo seria, contundente, sabiendo que ya estaba en problemas con Lea.

-Venga, no seas tímida, si sabes que funcionamos bien juntas y ya hace más de un año de aquello…

D: He dicho que no. Y te pido por favor que me dejes seguir tranquila con la cena.

-Está bien, pero si cambias de opinión, mi habitación es la 214. No lo pienses mucho porque me voy mañana. – dijo con una sonrisa. – Adiós. – dijo mirando por primera vez a Lea a la cara, viendo la sonrisa forzada de esta, que en cuanto la francesa se giró y se perdió de vista, clavó sus ojos en su plato.

D: Lea… - dijo suavemente, intentando coger su mano, pero esta la retiró bruscamente y la miraba a la cara por primera vez, dejándole ver todo su enfado.

L: Se me acaba de quitar el hambre. – dijo levantándose de la mesa, dejando allí plantada a Dianna, que segundos después reaccionó y salió detrás de ella.

D: Lea. – dijo al alcanzarla en el momento en que se subía al ascensor. Quería hablar con ella, pero otros clientes se subieron con ellas creando un ambiente tenso, lleno de miradas de absoluto reproche por parte de la morena y de súplica por la de la rubia.

No hablaron. Habían llegado a la habitación y no habían abierto la boca.

D: Lea, por favor…

L: ¿Qué? – preguntó sin mirarla, alzando la voz mientras se quedaba quieta en mitad de la habitación.

D: Déjame que te explique, no te enfades.

L: ¿Que me tienes que explicar? ¿Que la francesita esa te ha ofrecido irte a la cama con ella? ¿Qué por lo visto ya te has ido con ella a la cama? ¿Qué quieres explicarme?

D: No ha sido culpa mía… Yo ni siquiera me acordaba…

L: Claro… Se me olvidaba que tuviste una época loca recorriendo las calles de Francia acostándote con todo lo que se te ponía delante. ¿Qué la has llamado para recordar un poco con ella, eh? ¿Pensabas pasar la noche con ella mientras me ponías alguna excusa? – dijo fuera de sí, sin controlar lo que decía, sin pensar sus palabras.

D: No digas estupideces. No saques las cosas de quicio. Yo no sabía que esa mujer estaba aquí, ya lo has visto y por supuesto que no pienso ni pensaba irme con nadie. Solo ha sido una casualidad. – se defendió dolida la rubia. – No puedes hacerte la sorprendida, Lea… Nunca he negado lo que pasó en Francia ni lo que hice cuando volví, yo he sido sincera, así que no puedes enfadarte conmigo por eso. Es increíble que no podamos estar más de dos días sin pelearnos… - dijo negando con la cabeza.

L: Claro, perdona, Dianna por enfadarme… - dijo riendo irónicamente. – Ahora mismo voy y te doy una palmadita en la espalda por lo bien que ligas, eh, claro que si… Estoy muy orgullosa de ti, Dianna por haber conquistado a un montón de chicas y chicos guapos en los meses que estuvimos separadas… - dijo siguiendo con la ironía, pero poniéndose seria en seguida. – Pues lo siento pero no puedo. No puedo fingir que no me afecta ver con quien te has acostado y saber que lo hiciste con vete a saber cuántos más…

D: Hablas como si tú no hubieras hecho nada en ese tiempo y te recuerdo que tenías un novio con el que te acostabas y al que le he tenido que ver la cara cada día, incluso cuando aún estabas con él y no ha sido fácil. – dijo enfadada, señalándola con el dedo.

L: Pues igual que yo con Dean. ¿Con cuantas personas más te has acostado? – preguntó sin mirarla.

D: ¿En serio? ¿Crees que esto es necesario ahora mismo?

L: Si, si lo creo. - dijo mirándola a los ojos, haciéndole saber que esperaba una respuesta.

D: No lo sé. – dijo desviando la mirada, viendo como Lea volvía a reír sin creerse la respuesta. – Es la verdad, no llevo una lista contando con quien me he acostado. No es importante para mí.

L: Pues debería serlo. – dijo muy seria. – Porque cualquiera de esas personas, especialmente las chicas, pueden ir a cualquier medio y decirles que se han acostado contigo y entonces, todo por lo que llevamos luchando tu y yo durante años para que nadie conozca nuestra relación, no habrá servido de nada… - dijo con una expresión de tristeza que removió todo el cuerpo de Dianna. – A mí sí me importa…

En cuanto dijo eso, giró sobre sus talones y se dirigió a la puerta de la habitación de la suite, dejando a Dianna en el salón de aquella suite totalmente derrotada. Lea se tiró en la cama, no queriendo llorar pero sin conseguir su propósito, mientas que la rubia, se sentaba en el sofá dejando escapar un largo suspiro, escuchando a su novia llorar dentro de la habitación.

Quería ir a consolarla, pero en ese tiempo que llevaban de vuelta, habían aprendido a darse su espacio en situaciones así. Ambas lo necesitaban para pensar las cosas con claridad, para calmarse y ser conscientes de sus palabras. Así que pasó más de una hora hasta que Dianna decidió entrar a la habitación, viendo a Lea tumbada de espaldas a ella.

La rubia no lo dudó y con paso lento, se acercó hasta la cama para tumbarse junto a ella y abrazarla por la cintura, algo a lo que Lea no se negó, por lo que aprovechó para acercarla más a ella.

D: Lo siento. – dijo después de unos segundos de silencio. – Siento haber perdido los papeles también en vez de ponerme en tu lugar… Entiendo perfectamente que lo que has visto y has oído te haya dolido y entiendo que te moleste saber lo que hice… No estoy orgullosa de mi misma en aquella época, Lea, pero no puedo volver atrás… Y sé que si alguien abre la boca, puede meterme en un buen lio… - dijo sincera, mostrándole sus pensamientos a la morena antes de mostrarle sus sentimientos unos segundos después. – Aquellos meses fueron horribles… Quería odiarte, quería sacarte de mi mente y me era imposible. Te seguía queriendo como siempre y te pensaba a cada segundo… Opté por lo que creí que era lo mejor, lo más fácil y está claro que me equivoqué. Hoy lo veo, pero esos días, no sé, era una forma de mantenerte alejada un rato…

L: ¿Te servía de algo? – preguntó con un hilo de voz.

D: De nada. Lo único que pasaba era que me sentía peor cuando llegaba a mi casa… Yo nunca he hecho eso y… bueno… no controlé lo que hacía… Afortunadamente, me di cuenta que con mi actitud no iba a ningún lado… Tardé en verlo, pero lo hice… - dijo en un susurro. – Mírame… - le pidió, pero Lea no hizo el intento de girarse. – Mírame. – volvió a pedir y esta vez la morena obedeció. – Estoy aquí, contigo, Lea y soy la mujer más feliz del mundo por tener esa suerte… - dijo mirándola a los ojos, secando con sus dedos algunas lágrimas silenciosas que caían de los ojos de Lea. – No me gusta verte llorar y menos si es por mi culpa… Me parte el alma… Yo quiero hacerte igual de feliz que me haces tú a mí… Eres lo más importante para mí y no me interesa nadie más que no seas tú, tenlo claro, por favor… - le suplicó con la mirada.

L: Lo tengo claro… - le confesó acariciando la mejilla de la rubia. – Sé que estás en mi vida, en cada parte de ella, y que eso te hace igual de feliz que a mí.

D: Lo siento, Lea… - susurró pegando su nariz a la suya.

L: No me pidas perdón… No has hecho nada malo y lo que pasó… Lo siento, no tengo derecho a reprocharte nada. Tenías razón, yo sabía lo que había, pero esa chica me puso enferma… La forma en la que te miraba y te hablaba, como si tuviera algo que ver contigo, como si tuviera algún privilegio sobre ti…

D: No lo tiene… Se lo he dejado claro y más claro lo va a tener cuando mañana deje el hotel sin saber nada de mí…

L: ¿Tienes miedo de que alguien pueda decir algo?

D: Un poco, pero ya ha pasado más de un año y nadie ha dicho nada… Lo que tengo claro es que eso no me da ni la mitad de miedo, que despertarme un día y ver que no estás… - se sinceró mirándola con los ojos brillantes.

L: Eso no va a pasar nunca… Siento ponerme histérica y dejar que los celos me puedan, pero te aseguro que si depende de mí, nunca, jamás, voy a dejarte… Te necesito, Di…

D: Y yo a ti, mi amor… - dijo dándole un tierno beso en los labios. – Te quiero. – dijo abrazándola, cobijándola entre sus brazos mientras que dejaban cerrado un capítulo de sus vidas, dejando atrás por fin todo lo relacionado con aquel tiempo, y haciéndolo como mejor sabían, hablando, solucionando las cosas con la madurez que les había faltado años atrás a pesar de los gritos iniciales y sobretodo con el amor infinito que se profesaban la una a la otra.