Capítulo 51

Celos

― AHORA RESPONDAN ¿¡DÓNDE ESTÁ ELLA!? ¡YA ME HARTARON! ¡NADIE LASTIMA A MIS AMIGOS!

―No tengo por qué responderte ―le dijo descaradamente.

Erix se acercó hacía Aladdín y lo tomó por las ropas aproximándolo hacia ella. Alejó al niño que estaba a su lado de un empujón.

―Bastardo, más te vale que vallas por Tsuna pronto ―le dijo muy enojada― aunque no lo aparenta, ella te está esperando ―lo fulminó con la mirada― me importa poco lo que sientas por ella, más te vale que no la lastimes ¿Sí?

Al ver esto, Karissa la alejó de él aproximado su espada situando la vaina cerca de su cuello. No dijo nada, solo la miró con sus ojos verdes no muy a gusto con la situación.

―Tsuna vio los recuerdos ―le dijo con aire de interrogación.

Negó con la cabeza.

―No tuvimos el tiempo, ella se está recuperando ―respondió Agar.

―Será mejor que se vayan ―dijo la de pelo negro.

― ¿No nos querían eliminar?

―Ahora estoy dudando de ello ―desvió la mirada― si no se largan pronto de nuestra vista, ahí si te mato ―la miró seriamente.

Entonces la de Reim se volteó a ver cómo estaba su amigo, lo ayudó a pararse y junto al chico llamaron por el ojo del rukh a Judal para que les abriera un portal. Aladdín estaba muy débil para poner uno por su cuenta. Al cabo de unos momentos se esfumaron de ese lugar. Los dos magos de la élite se sentaron agotados, a la habitación llegó Tsuna corriendo seguida por Maia.

― ¿¡Dónde están!? ―les preguntó.

Ambos se pusieron de pie de golpe.

― ¿Quién?

―El niño que iba con ellos ―dijo agitada.

―Se fue en el portal con ellos ―informaron.

Cayó de rodillas al piso resignada.

―Bueno ―suspiró― al menos él está con Aladdín y Karissa, estará seguro.

― ¿A quién te refieres? ―preguntó Erix.

―A mi hermano ―dijo en seco.

Todos se asombraron.

―Espera, según tengo entendido tu hermano estaba de esclavo.

― ¿Eh? ―abrió sus ojos turquesas como platos― ¿C-cómo?

―Tu hermano se puso en contra del lavado de cerebro y lo metieron en un distrito alejado de la cuidad.

― ¡Y NO ME LO DIJERON! ¡SABIAN QUE LO ESTABA BUSCANDO!

―Pero no teníamos autorización ―replicó Agar desviando sus ojos de la maga.

Todos se quedaron en silencio.

―Aguarden chicos ―alzó la voz la hermana de Agar―. Si él salió del distrito con Aladdín, ¿qué habrá pasado con los demás?

De repente los guardias irrumpieron en el lugar.

―Tenemos malas noticias ―dijo uno preocupado.

―Los esclavos escaparon del distrito, no queda ni uno ―dijo otro temeroso.

―Maldición, lo que me temía ―cerró los ojos con frustración la jefa.

En Balbadd…

― ¡ALADDÍN! ―gritaron al verlo.

― ¿¡Estás bien!? ―le preguntó Sphintus.

―Me lastimé algo la espalda ―respondió.

―Sí, un poco, déjame ver ―suspiró resignado.

Le mostró la herida que gracias a los tratos médicos del chico se alivió la herida. Pasó un rato hasta que terminaron de cerrar la herida y dejar pasar a todos.

―Todo salió bien ―informó Alibaba― los evacuados están en Kou y se los está tratando.

―Enhorabuena ―resopló Karissa.

―Pero hay un niño esperando afuera, ¿por qué lo trajeron? ―preguntó el de Heliohapt.

―Es que el chibi se distrajo ―justificó Judal.

―Bueno algo así ―dijo revoleando la mirada― cuando lo encontramos estaba casi sin magoi, incluso se rehusó a irse a Kou.

― ¿Por qué? ―preguntó Mor.

―Dice que su hermana está en Jahat y no se iba a ir sin ella.

―Oigan chicos ―los llamó la de ojos verdes― ¿No lo ven familiar? ―dijo abriendo la puerta dejando que pasara.

Todos asintieron.

― ¿Cómo se llama tu hermana? Tal vez así podemos encontrarla más rápido ―le dijo el rey de Balbadd sonriendo.

―Ella se ella ―dijo en voz baja― Tsuna.

Se quedaron anonadados.

―E-espera ―la de Reim se puso la mano en la cabeza― ¿De casualidad no te llamas Sora?

Asintió.

― ¿La conocen? Si es así, por favor ayúdenme a encontrarla, se los ruego ―alzó la voz con esperanza.

―Es una larga historia ―respondió ella frotándose la nuca.

―Pero lo que te prometemos es que la traeremos de vuelta ―le sonrió el magi.

Sus ojos celestes se iluminaron.

― ¡Muchas gracias! ―sonrió― ¡Realmente se los agradezco! ¡Por favor cuéntenme cómo está ella!

―Claro, claro ―accedió el de Balbadd― primero deja que nos presentemos Sora.

―Yo soy Karissa ―se señaló con el pulgar.

―Qué presentación más asombrosa ―dijo con sarcasmo―. Yo me llamo Judal ―dijo con desinterés.

―Mira quien habla, lo hiciste igual que yo ―bufó.

―Pero yo lo hago con más estilo ―se recostó en el respaldo de una silla.

Es la hizo enojar.

―Oye Sphintus-kun ―lo llamó Aladdín― pareces estar celoso.

―No lo estoy ―dijo desviando la mirada.

―Vamos ―sonrió pícaramente― lo estás.

Se quedó en silencio unos momentos.

―Sí, está bien, lo estoy… ―suspiró― el único que la pelea de esa manera soy yo ―se sonrojó levemente.

―Qué tierno ―dijo complacida Alanna que, como siempre, escuchaba conversaciones ajenas.

Luego de esa breve charla continuaron las presentaciones.

―Yo soy Brigitte.

―Yo soy Kougyoku ―sonrió.

―Yo soy Sphintus ―sonrió con satisfacción.

―Yo soy Alanna, la mejor amiga de Karissa ―se acercó al niño― tu hermana y ella son muy buenas amigas ―le confesó.

― ¿En serio? ¡Genial! ―dijo con entusiasmo.

―Mi nombre es Alibaba y ella es mi esposa Morgiana ―dijo el de ojos ámbar.

―Es un placer ―la fanalis inclinó la cabeza.

Sora se le quedó mirando.

―Disculpe la pregunta pero Morgiana-san, ¿está embarazada?

Ella asintió.

― ¿Cómo lo notaste? ―le preguntó― apenas se nota mi barriga…

Él rio un poco.

―Es que en la aldea estamos acostumbrados a cuidar de las que van a tener bebés, ya sabemos cómo darnos cuenta de que alguien está en este estado ―explicó― cualquier cosa que pase puedo ayudarlos, incluso mi hermana puede hacerlo ¡Ella es una gran enfermera! ―exclamó.

―Bien ―le sonrió― lo tendré en cuenta ―agregó Morgiana.

―Ya conociste a Aladdín ¿Verdad? ―le preguntó Alanna.

Asintió varias veces.

―Es el magi de Balbadd, las sirvientas me hablaron de él mientras esperaba…

―Pero hay algo que no sabías ―sonrió pícaramente moviendo sus cejas de arriba hacia abajo.

― ¿Qué cosa?

―Ese chico ―lo señaló con el dedo y se asomó a su oído― está coladito por tu hermanita ¿Sabes?

Los presentes se asombraron con el comentario y comenzaron a reír, hasta el magi que comenzaba a recordar el rechazo que había recibido. Sora se acercó al muchacho y le dijo seriamente:

― ¿Es verdad?

―S-sí ―respondió nervioso.

Se le quedó mirando unos momentos.

― ¿En verdad, en verdad la quieres?

Él respiró hondo.

―La quiero con todo lo que tengo ―entrecerró los ojos― pero ella no creo que sienta lo mismo.

―Espera, espera ―dijo calmadamente― ¿Te le confesaste?

Indicó que sí con la cabeza.

―Pero ella dijo: Yo no puedo con esto, perdóname.

Se quedó pensativo.

―Y ella lo besó en la mejilla ―comentó Karissa.

― ¡Karissa! ―exclamó el magi.

―Tiene derecho a saberlo, ella es su hermana ―se justificó retrocediendo.

―Qué raro ―comentó el niño― mi hermana nunca rechazó a alguien de esa manera.

― ¡¿QUÉ?!

―Oh vamos, a toda chica le ha tocado rechazar a alguien en su vida… A mi hermana le pasó dos veces.

―Es cierto, a mí me paso muchas veces ―dijo Alanna levantando la mirada― como unas diez, hasta que conocí a Yon ―prosiguió risueña.

―A mí también, una tres veces ―dijo la de Reim.

―Yo siempre me quedaba viendo porque quería proteger a mi hermana si la cosa se ponía fea, y ella siempre decía: Lo lamento, pero no puedo corresponderte.

Eso alegró al rey de Balbadd.

― ¡Eso significa que ella no te rechazó! ―dijo victorioso.

― ¡Aladdín tienes una oportunidad! ¡Cuando Onee-chan dice esas cosas, normalmente es todo lo contrario! ¡Ella seguro te quiere mucho!

―Me sorprendes niño ―comentó la de ojos verdes― normalmente los hermanos se ponen sobreprotectores con sus hermanas ¿No eres así?

― ¡Claro que lo soy! ¡Pero si es por el bien de mi hermana, solo me aseguraré que Aladdín-san sea un buen chico para ella!

―Entonces ―sonrió― puedes estar seguro que es un buen chico, te lo aseguro.

―Gracias Karissa ―el magi le sonrió.