A todo el mundo le apetece un tentempié nocturno alguna que otra vez. Pero lo primero es lo primero y para Comet lo primero era asegurarse de que Marcia seguía durmiendo. Abrió silenciosamente la puerta de su habitación para ver que se encontraba sumida en un profundo sueño. No pudo evitar pensar en lo mona que estaba cuando dormía.
Pero ya que había vía libre, cerró la puerta y bajó sigilosamente las escaleras para llegar al piso inferior de la casa. Llegó a la cocina y sacó su objetivo del interior de la despensa: una caja de Semillas Azucaradas del Capitán Blanche. Estaba llena de notas pegadas que decían: "Propiedad de Marcia Díaz", "¡No tocar!", "¡Eso va por TI, Comet!", "¡Me enteraré!"
-Oh, ya lo creo que sí. -dijo Comet con tono pícaro- Por supuesto que te enterarás, Marci.
Comet cogió un bol y vertió en él todo el contenido de la caja de cereales. Luego echó algo de leche. Pero cuando estaba a punto de devorarlos, un rayo mágico lo alcanzó, haciéndole tirar el bol al suelo. En un instante, Comet estaba congelado en el interior de un cristal. Una figura salió de entre las sombras y se acercó a él. No era otra que Rhombulus, una de los integrantes de la Alta Comisión de la Magia.
Por algún motivo, sus manos-serpiente estaban cubiertas por un par de calcetines, lo que le hacía muy difícil cargar con el cristal donde Comet estaba atrapado. Se le resbaló y cayó sobre su pié. Contuvo sus gritos de dolor para no alertar a nadie y luego volvió a intentar coger el cristal. Pero antes de que pudiera hacerlo, alguien encendió la luz de la cocina. Marcia acababa de llegar y se quedó petrificada ante la escena. Rhombulus también se quedó perpleja durante un instante hasta que reaccionó y disparó otro rayo cristalizador.
-Pues anda que...
Ahora Rhombulus tenía que cargar con dos personas cristalizadas. Con dificultad, sacó unas tijeras dimensionales del interior de su faja y abrió un portal. Luego metió a sus prisioneros por éste uno por uno.
-Uno... y dos. ¡Gracias por nada!
Crystosis
Residencia de Lekmet
Con todo preparado, Rhombulus por fin podía presentarse ante Lekmet. Las dos vivían en una extraña construcción hecha de cristales que contenían a algunos de los criminales mágicos de la peor calaña del universo.
-¡Canciller Lekmet!
La cabra-demonio hizo un movimiento con sus alas para mover unos cristales que sólo dejaban ver su silueta. Estaba en el piso de arriba, al otro lado de unas escaleras.
-Behehehehe.
-Mi Señora, le traigo una ofrenda de suma importancia. -anunció Rhombulus de rodillas- Espero que le complazca.
-Behehehe.
-Es que... Lo cierto es que pesa bastante. Esperaba que usted pudiera bajar a verla.
Lekmet suspiró y se sentó en su silla subescaleras. Un aura mágica la cubrió durante un instante y la silla se puso en movimiento. Pero al cabo de unos segundos, se quedó parada. Lekmet dio unos golpes en el reposabrazos enfadada.
-Oh, ¿eso también falla? Espere, yo la bajaré.
Rhombulus subió las escaleras y cargó con Lekmet en brazos hasta el piso de abajo.
-Bueno, respecto a los fallos... He estado investigando un poco por mi cuenta y creo que ya sé cuál es la causa.
-¿Behehe? -preguntó contenta.
Rhombulus la dejó en el suelo y luego fue hacia la ofrenda, que estaba cubierta con una tela.
-Permítame mostrarle la causa de los fallos.
Agarró la tela y descubrió su ofrenda. Era el mismo cristal donde Comet se encontraba congelado.
-¡¿Behehehehe?! -gritó Lekmet escandalizada.
-¿Pruebas? Tengo las pruebas dentro de mí. Mi instinto me dice que es malo, así que lo he neutralizado. ¡Pum! Adiós a los fallos.
-Behehehehe. -dijo mientras se frotaba debajo de los ojos en un intento de reducir el estrés.
-Sí, ya sé que es el hijo del Rey Dragonfly. Pero...
-Behehehe.
-Bueno, eso me ha dolido. Sé que no lo ha dicho con mala intención pero aún así...
Antes de que Rhombulus terminara, uno de los calcetines que cubrían sus manos se rompió desde dentro. La serpiente tomó una gran bocanada de aire antes de decir entre jadeos:
-Canciller, antes de nada, que conste que nosotras no hemos tenido nada que ver con esto.
La otra mano-serpiente también se liberó y se unió a la conversación.
-Sí, le dijimos que era una idea espantosa. Pero la cara-piedra aquí presente no nos hizo caso.
-¡Nunca nos escucha!
-Pero le hará caso a usted, Lekmet.
-Sí, dígaselo.
-¡Behehe! -gritó ella abrumada por la presión.
-¡Vale, que todo el mundo se calme!
Rhombulus fue hacia Lekmet y la ayudó a llegar a un trono de cristal.
-Venga, siéntese. Yo le traeré un vaso de leche que la ayude a relajarse. Luego discutiremos este asunto como gente razonable.
Conforme con la idea, la cabra-demonio se sentó en el trono. Rhombulus fue hacia un frigorífico para buscar la leche. Pero al abrirlo, el cristal que contenía a Marcia salió de su interior.
-¡¿Behehehehe?! -gritó Lekmet cada vez más estresada por la situación.
-Vaya, se me olvidó que la había metido ahí dentro. Lo cierto es que... no sé muy bien quién es. Quizás sea una sirvienta del príncipe o una gigante enana. Pero seguro que es malvada, lo dice mi instinto.
Lekmet se levantó del trono y, con un tono muy serio, dijo:
-Behehe.
-¡¿Qué?! ¡No, por favor! ¡No llame a la Alta Comisión!
-Behehehehe.
-¿Cr-Cree que debería vivir en otra parte?
-Behe.
-Pero... si me voy, ¿quién cuidará de usted?
Lekmet se limitó a ignorar la pregunta y fue hacia unas cortinas. Tras tirar de un cordel, se corrieron, mostrando un espejo mágico. Era un modelo mucho más antiguo que el de Comet, pues funcionaba con un teclado de números.
-¡No, lo estropeará todo! ¡Pare por favor!
Pero no hizo caso. Lekmet empezó a marcar el número y Rhombulus ya no sabía qué hacer. El pánico se apoderó de ella y disparó otro rayo cristalizador.
-¡Tía! ¡Que acabas de cristalizar a la canciller!
-¡¿Tienes idea del lío en el que nos has metido?!
-¡Dejad de gritarme, necesito una victoria! ¡Venga, que sois mis manos! ¿Por qué no os ponéis de mi parte? ¿Es que no podéis...?
Pero en lugar de acabar su pregunta, suspiró. Era verdad que tenía un problema muy gordo. Si el resto de la Alta Comisión se enterase de eso, a saber lo que le hacían.
-Oye, igual te despejas haciendo algo de ejercicio. -dijo una de sus manos señalando a un pequeño gimnasio.
-Pues no es mala idea.
-Sí. Haz unos abdominales o levanta algunas pesas... -dijo la misma mano mientras desviaba la mirada.
-Un momento, ¿qué estás mirando?
Giró la cabeza en esa dirección y vio cómo su otra mano se preparaba para atizarla con un bate. La primera dejó de fingir y empezó a marcar en el teclado del espejo. Rhombulus logró moverse y el golpe que iba dirigido a su cabeza acabó golpeando a su otra mano. Corrió y empezó a atizar a todos los cristales para hacerles daño a las serpientes. Ellas contraatacaron golpeando su cabeza de cristal. La lucha no duró mucho porque Rhombulus acabó cristalizando las cabezas de ambas.
Miró a su alrededor y la situación volvió a abrumarla. Ella era la única que estaba ahí sin cristalizar. No sabía qué hacer. Sentía como si todo el universo se estuviese desmoronando sobre ella. Dio unos pasos hacia atrás y chocó con el cristal donde estaba Comet.
-¡Tú! ¡Sé que tú tienes la culpa, lo presiento!
Después de gritarle, disparó otro rayo mágico. Este rayo hizo que una parte del cristal que aprisionaba a Comet, suficiente como para que su cabeza estuviese libre, se derritiera.
-¿Eh? ¿Qué?
-¡¿Por qué causas los fallos?!
-¡AAAAAAAAAAAAAAAAA...!
-¡No, no, no! -volvió a cristalizar su cabeza para hacerlo callar- Es que hoy ya no soporto que me griten más.
Rhombulus volvió a descristalizar la cabeza de Comet. Por supuesto, esto hizo que él continuara gritando. Ella, con la esperanza de que eso llamara su atención, le aclaró rápidamente:
-Príncipe, me llamo Rhombulus. Trabajo con tu padre y tengo una duda.
-Rhombulus... -repitió Comet intentando recordar de qué le sonaba ese nombre- Ah, ya. Tú eres Rhombulus, la Castigada.
-¿Eh? ¿Quién me llama así? Es Glossaryck, ¿verdad?
-También mi padre. Y Hekapoo. Y Omnitraxus. Te lo llaman todos los miembros de la Alta Comisión, Castigada.
-Bueno, bueno, da igual. ¿Por qué estás causando los fallos?
-¿Qué fallos?
-¡La fuga! ¡La razón por la que aquí ya no funcione nada!
-Ni idea.
-Algo está haciendo que toda la magia del universo falle.
Rhombulus fue hacia una pared en la que había una serie de esferas de cristal sobre unos pilares que también estaban hechos de cristal. Accionó el interruptor que tenían al lado y se iluminaron. Pero al siguiente segundo, volvieron a apagarse.
-¿Lo ves? Las bolas de cristal no funcionan. Y eso por no mencionar el vórtice verde que hay en el cielo. -dijo señalando a un agujero en el techo.
Por ese agujero se podía ver un amenazador agujero negro. Pero en lugar de ser totalmente oscuro, era de un color verde fantasmagórico.
-Oh, eso sí que tiene mala pinta. -observó Comet.
-Y fíjate en el cristal en el que he atrapado a Lekmet. Antes mis cristales eran duros como el diamante. Ahora parece... no sé... caramelo o algo así.
-Pues siento que tus poderes no funcionen como deberían, pero no es culpa mía.
-Tú tienes que ser la causa. ¿Ves todos los monstruos cristalizados en las paredes? Mi instinto me dijo que eran malvados y los cristalicé. Zerliana, que destruyó un planeta; Astromio y el agujero negro que casi creó... Ah, y también está la repartidora de pizzas. Entregó una pizza donde no era. Y luego está mi mayor logro: las gemelas del mal Jeane y Joana. Eran tan pequeñas que las llevo de pendientes. Cuesta mucho diferenciarlas, pero una de ellas es malvada. A eso me dedico, a localizar a los causantes del mal y a atraparlos en cristal para siempre.
-Entonces... ¿tus manos-serpiente son malvadas?
-¿Qué? No, son mis manos.
-¿Qué me dices de Marci? ¿Qué ha hecho ella exactamente?
-Ah, esa chica. Bueno... es que...
-¿Y esa cabra vieja también es mala?
-¡Bah! Lekmet no tiene nada de maldad. Ella es la cabra-demonio más buena y trabajadora que jamás haya existido.
-¿Entonces por qué la has cristalizado?
Rhombulus no respondió. Las palabras de Comet le hicieron mirar al suelo, arrepentida de lo que había hecho.
-Quizás deberías pensar más las cosas y no confiar sólo en tu instinto, Castigada. Te está haciendo cristalizar a gente inocente.
-Ti... Tienes razón. ¡Maldito instinto! ¡Creía que podía confiar en ti!
Furiosa consigo misma, se dio unos golpes con sus manos-serpiente cristalizadas. Luego, su arrebato la llevó a romper y golpear cosas a su alrededor. Incluso llegó a liberar accidentalmente a uno de los seres aprisionados. Por suerte, sólo fue la repartidora de pizzas. Tras un rato, se calmó y se sentó en la tabla donde hacía pesas. Allí, mientras Comet intentaba salir del cristal, ella empezó a abrirse.
-Últimamente me equivoco con todo. La Alta Comisión no me toma en serio. Pensé que si encontraba la causa de los fallos, mis manos y yo volveríamos a ganarnos su respeto. Pero todo ha salido mal. ¡Hasta he cristalizado a Lekmet! ¡Yo adoro a Lekmet!
Tras varios forcejeos, Comet logró deslizarse hacia arriba para salir por el único agujero que tenía el cristal, el mismo por el que sobresalían su cabeza y sus hombros. Aunque sus calcetines se quedaron dentro. Se acercó a Rhombulus en el mismo momento en el que ella comenzó a llorar cristales. Pensó que se podía hacer un colgante genial con uno de ellos, pero no era el momento para eso.
-¡Me van a castigar durante 10.000 años! ¡Glossaryck se burlará de mí durante toda la eternidad!
-Bueno, yo no me preocuparía por ella. -dijo Comet molesto por recordar su traición- Glossaryck no va a volver.
-¡¿Qué?! -la sorpresa sacó a Rhombulus de su llanto- ¿Glossaryck se ha ido?
Comet se dio cuenta de que había metido la pata. Quedó con sus padres en que la traición de Glossaryck debía mantenerse en secreto y ahora se le había escapado.
-Eeeeem... Sí...
-¡Glossaryck se ha ido! ¡Es fantástico! ¡Jaja! Bueno, en realidad es malo, ¡pero yo me alegro! Aunque son malas noticias para el universo.
-¿Malas noticias para el universo? ¿Por qué?
-Pues aunque Glossaryck sea una cretina, es la cretina mágica más poderosa y omnisciente del universo. Por eso nunca le gano una discusión.
-Te entiendo. Es muy muy difícil tratar con ella. Yo intenté rescatarla pero ella se quedó ahí sin hacer nada.
-¿Sabes ese cristal que lleva siempre en su frente? Pues se lo hice yo. ¿Y me dio las gracias? ¡No!
-Y cada vez que compraba una caja de donuts, ella se sentaba encima de ellos. Que desperdicio.
-Oye, yo hice unos donuts para una reunión que tuvimos ayer pero sobraron unos cuantos. ¿Te apetecen?
-Sí, claro.
Rhoombulus acercó el cristal donde Marcia seguía prisionera y colocó un par de sillas al lado para usarlo como mesa improvisada. Preparó un té y trajo una caja de donuts que estaban hechos de cristal.
-¿Sabes? No deberías sentirte mal contigo misma. Tus cristales molan mucho.
Comet cogió un donuts de la caja y le dio un mordisco. Por supuesto, lo único que consiguió fue un ligero dolor de mandíbula por intentar morder algo tan duro.
-Comet, gracias. Hacía siglos que nadie era tan comprensivo conmigo. Quiero darte esto. -se arrancó uno de los cristales que llevaba de pendientes y que contenían a las gemelas- Toma.
-¡Hala! ¿Es la gemela malvada?
-Eeeem... Podría ser. De todas formas, quiero regalártela.
-Gracias.
-Bueno... me vas a delatar, ¿no? Es decir, cristalizar al príncipe de Mewni es algo muy grave.
-Pueeeeees... no tiene por qué enterarse nadie. Te propongo algo: si tú no le cuentas a la Alta Comisión de la Magia lo de Glossaryck y el libro de hechizos (y que yo perdí a ambos), entonces yo no les contaré nada sobre esto.
-¿En serio?
-En serio.
-Trato hecho. -dijo feliz mientras extendía su brazo para hacer el gesto de estrechar la mano, cosa que no podía hacer porque las serpientes seguían cristalizadas.
-¿Pero qué pasa con la cabra?
-Ah, no hay de qué preocuparse. Soy la única que entiende lo que dice.
-También quiero mis calcetines.
Tierra
Casa de los Díaz
Unos momentos después
Cuando terminaron de tomar el té, Comet entró en la cocina de la casa a través de un portal que Rhombulus le abrió. Él cargaba con el cristal que contenía a Marcia, algo que le costaba mucho trabajo porque pesaba mucho. Rhombulus asomó su cabeza de cristal por el portal para decirle:
-Gracias otra vez, príncipe.
Ella estaba a punto de irse, pero Comet la detuvo.
-¡Espera! Aún tienes que descongelar a Marci.
-Ah, sí.
Y Rhombulus disparó otro rayo descristalizador antes de marcharse. Marcia cayó al suelo, junto al bol de cereales que se le había caído a Comet antes del secuestro.
-Buenos días, Marci.
-¡Comet, ¿qué ha pasado?! -preguntó alterada- ¡Estabas en un bloque de hielo y había alguien enorme con una cabeza muy rara que...!
Comet cogió una cucharada de cereales y se la metió en la boca.
-¡Jajajaja! Qué sueño tan divertido.
Su plan funcionó. Marcia se había tranquilizado y masticaba los cereales. Pero unos segundos después, los escupió.
-¡¿Me has dado unos cereales del suelo?!
