I wonder what God was thinking
When He created you
I wonder if He knew everything I would need
Because He made all my dreams come true
When God made you
He must have been thinking about me
Estoy bastante seguro que yo gano
Nos tomamos unas cuantas fotos más y luego disfrutamos de la última media hora de nuestro cóctel. No comí demasiado, pero me aseguré de tener mi Martini princesa. Después de la hora del cóctel, todos nos dirigimos a la recepción. Se ve mucho mejor de lo que soñé.
El enorme salón con vistas hacia la Plaza Lights, los enormes candelabros de cristal, las piezas de árboles de hielo chorreando con cristales, la iluminación púrpura pálido, mi pastel de chocolate de cuatro piezas, los cubiertos brillantes, los manteles hermosos de seda.
Edward me toma la mano y dice—: ¿Te diste cuenta que cambié los centros de mesa?
Miro a mí alrededor un poco más. Estoy un poco abrumada porque todo lo que puedo pensar es en lo mucho que a mi madre le hubiera encantado esto. Después me doy cuenta que no todas las mesas tienen un árbol como centro de mesa. Algunas tienen enormes arreglos de flores color rosa pálido que nunca antes había visto. —¿Las rosas?
Edward sonríe. —Sí, cada uno cuenta con cuatro docenas de rosas. Estoy bastante seguro que yo gano por el ramo más grande que has recibido.
—Ya ganaste ese concurso cuando nos comprometimos.
—Lo sé, pero le dije a Amy esa historia, y dijo que cuatro docenas de rosas serían la última profesión de amor. Te amo, en el caso de que no lo supieras todavía.
Me besa la punta de la nariz.
Presiono mis labios con los de él y digo—: Creo que tengo un esposo increíble.
A mitad de la cena, realmente tengo que hacer pis.
Otra vez.
Y esto es algo que nunca se ve en una película de princesas de Disney. Nunca muestran el esfuerzo que se necesita para hacer pis en un vestido de una epifanía repentina mientras que una tropa de mis damas de honor está en el baño conmigo.
—ÉSTA es la verdadera razón por la que Cenicienta tenía ratones y por qué Blanca Nieves tenía a esos molestos enanos. ¡Los necesitaba para que sostuvieran su vestido mientras ella orinaba!
—Tal vez deberías de dejar de beber tanto —Me dice Rosalie.
—No es mi culpa que Edward siga dándome botellas de agua. Las botellas de agua que no recuerdo haber pedido, pero tal vez sí, ya que tienen mi monograma de bodas en ellas. Me dice que tengo que mantenerme hidratada, como si fuera mi gran juego.
—Bueno, de alguna manera lo es —dice Rosalie.
—Eso es cierto, pero cuando él tiene que hacer pis, no necesita un pequeño ejército de padrinos para abrir su cremallera.
Y justo cuando todas están en su lugar, mi vestido levantado, y estoy en posición para hacer pis, Ángela dice—: Uh, espera un segundo.
Después deja caer su esquina del vestido y corre hacia el cubículo de al lado.
Kate me dice—: Necesitas escoger a tus enanas con más cuidado.
Todas nos reímos y tratamos de no estar asqueadas por el sonido de Ángela vomitando.
Me encuentro a mí misma calculando mentalmente el costo de ello. Aperitivos, tres martinis princesa, un par de tragos, cena de filete. Maldita sea, son como 300 dólares de vómito. Es en ese momento que decido pasar por alto el agua y comenzar a aprovechar el alcohol un poco más.
Si Edward hubiera estado a cargo de levantar mi vestido mientras hago pis, probablemente hubiera improvisado una manera de sostener mi vestido encima de mi cabeza con su cinturón, un poco de cinta adhesiva y una cuerda elástica.
Después de la cena, es momento para los brindis, cortar el pastel, y el primer baile. No puedo recordar exactamente todo lo que Emmett y Rosalie dijeron. Rosalie dijo algo como: Todos sabemos que las bodas son acerca de esas dos pequeñas palabras. Te. Amo. Pero en el caso de estos dos, es más como: Ya. Era. Hora.
Emmett dijo algunas cosas dulces que me hicieron llorar, algunas cosas divertidas que me hicieron reír, y luego terminó el brindis con: Por las noches que nunca recordarás con las personas que nunca olvidarás.
Las cortinas a un lado de la zona del comedor se abren para revelar la parte del elegante night club de la recepción. Tiene un enorme piso con un monograma de baile, oscura iluminación morada, muebles de cuero blanco con almohadas peludas moradas, y un montón de velas. Más allá de la pista de baile, hay una terraza al aire libre cubierta con luces blancas y nieve.
Edward y yo cortamos el pastel. Por supuesto, tuve que mancharlo en su cara un poco. Él fue inteligente sin embargo y no intentó hacerlo. Ya está demostrando ser un buen marido.
Luego bailamos nuestro primer baile como marido y mujer.
Amo bailar con Edward. Sé que hay un montón de invitados mirándonos, pero con las luces bajas, casi se siente como si estuviéramos solos. Al igual que en la noche que nos pusimos a bailar en los columpios.
Después de nuestras serenatas de la hermandad y fraternidad, me siento en una silla en medio de la pista de baile mientras Edward encuentra un camino a través de las capas de mi vestido. Él está haciendo una gran escena sacándome la liga. Pasa su mano por la pierna equivocada y finge que no puede encontrarla.
Luego pasa la mano lentamente por mi otra pierna, encuentra la liga de Nebraska, y me la comienza a quitar con los dientes. El DJ comienza a reproducir música de striptease.
¡Supongo que estoy probando un poco de esa boda en las Vegas después de todo!
Justo cuando Edward casi tiene la liga fuera de mi pierna, la música se apaga, y el DJ grita—: Espera, espera un minuto, pongamos un poco de amor en esto.
Luego la canción Fergalicious comienza a sonar, sólo que de alguna manera han cambiado la letra a Bellalicious. Emmett y los padrinos de boda corren a la pista de baile, tiran sus chaquetas y hacen un salvaje baile coreografiado. Es hilarante observar a un puñado de hombres blancos bailar. Hacen el stanky-leg, el dougie, y algunos pasos de breakdance al azar, y el moonwalk. Nombra lo que sea, lo incluyeron.
Grito, aplaudo, y me parto de risa. Es clásico de Emmett.
Terminamos con todas las cosas oficiales. ¡Ahora era tiempo para la fiesta!
—¡Edward, quiero darte tu regalo de bodas ahora! —Lo arrastro hasta el área cubierta, justo al lado de las puertas que dan a la terraza de la azotea. Ahora mismo, esa área está cubierta por cortinas.
—Vamos, desenvuelve tu regalo de bodas —digo.
Me atrae hacia él. —Creí que tú eras mi regalo de bodas. ¿Qué tal si te desenvuelvo a ti?
—¡Edward, sé bueno, y ábrelo! ¡Estoy demasiado emocionada!
Me besa, y luego abre las cortinas. Puestas sobre la mesa, hay cuatro licoreras de cristal de varias formas y tamaños, llenas con los que se suponen que son los mejores tipos de whiskey. Tuve que conspirar con el señor M. para esta sorpresa. Él me dijo que tengo que adquirir un gusto por el whiskey.
No sé tú, pero yo no tengo ningún deseo de adquirir un gusto por algo que huele como gasolina.
Al lado de las licoreras hay una bandeja llena de cigarros, y detrás de ellos, hay un humidificador hecho de madera brillante.
—Whiskey y cigarros, creo que me quedaré contigo.
—Las licoreras y el humidificador de cigarros son mi regalo para ti. ¿No lucirán geniales en la barra de nuestra nueva casa?
—Muy genial. Los adoro. —Besa un lado de mi rostro. —Te amo.
—Yo también, te amo. Abre el humidificador.
Lo abre y lee el grabado en la placa de oro dentro.
—Tú papá siempre decía que estaba celebrando cada vez que fumaba un puro.
—Lo sé. Ahora cuando fumes un puro, vas a estar celebrando nuestro amor.
No tendrás que inventar una excusa patética cómo mi papá siempre hacía, y con la fecha ahí, nunca podrás olvidar nuestro aniversario.
—No hay forma de que olvide este día. Nunca he sido tan feliz. Mi cara duele de sonreír tanto. —Me acerca para darme otro beso—. Gracias, me encanta.
—De acuerdo, ahora puedes beber algo de whiskey y fumar puros con los chicos mientras subo y me cambio a mi vestido para la recepción.
—¿Cambiar? ¿¡Qué!? ¿Por qué?
—Bueno, amo este vestido, pero es abultado, y quiero bailar. Tenía miedo de que alguien lo pisara, así que a último momento compré uno para la recepción. Es brillante y sexy. Te gustará. Me voy a cambiar rápido. Nadie sabrá que me he ido.
Lo beso y comienzo a alejarme.
Él me agarra de la cintura con un largo brazo, como si hubiese atrapado un pescado y lo estuviera atrayendo con la caña. —Uh, no tan rápido, señorita.
—¿Qué?
—Voy contigo.
—Pero, iba a dejarte fumar.
—Puedo hacerlo más tarde.
—Pero la planeé todo así.
—Bueno, estás casada ahora, así que tienes que pensar en lo que tu esposo quiere.
¡Mi esposo!
—Está bien, ¿qué desea mi esposo? Suena extraño. Mi esposo.
—Tu esposo ama este vestido. Él cree que luces hermosa en él, pero te diré un pequeño y sucio secreto. En todo lo que él ha estado pensando es en cómo no puede esperar para quitártelo.
Sus ojos estaban oscuros y ardientes. Sé lo que significa.
—No, Edward. De verdad necesito quitarme este vestido, colocarme el otro rápidamente, y volver. Tiene que tomarme, cómo máximo, cinco minutos.
Él me sonríe, y baja el tono de su voz a uno sexy. —De acuerdo, pero voy a ayudarte.
Tenía una mirada terca en su rostro. —No vas a rendirte, ¿cierto?
—Nop. —Sonríe sensualmente.
—Está bien. Vamos. —Tomo su mano, y nos apuramos a la puerta lateral.
Llegamos a la suit de luna de miel y Edward dice—: ¿Tienes la llave?
Mierda. La llave.
—Pues, sí tengo la llave, pero um…
—¿Qué?
—Uh, pues, no es que lleve un bolso o el vestido tenga bolsillos.
Él toma el escote de mi vestido, lo aleja y mira hacia abajo, buscando la llave. —No la veo.
La sonrisa en su cara me hace reír. De verdad, es como si fuera la primera vez que veía pechos.
—Date la vuelta.
—Sólo dime, ¿dónde, exactamente, está la llave? —pregunta, con una rasposa y jadeante voz.
—¿Recuerdas el día que tomé tus llaves cuando te enojaste conmigo por haber comprado zapatos?
—Oh, Dios. Esto es incluso mejor de lo que podría haber imaginado. Pero no te preocupes, Edward lo tiene todo bajo control.
Se agacha en sus rodillas, y rezo para que nadie camine por el pasillo mientras él se encuentra debajo de mi vestido, buscando la llave. Aunque, honestamente, él podría esconderse debajo de él.
Lentamente, recorre mi pierna desde mi tobillo hasta mi rodilla con su mano. Luego, me besa todo el resto del camino hasta mi muslo. Dejo salir una enorme cantidad de aire, porque ahora está recorriendo los bordes de mi algo azul. Me estoy preocupando de que quizás olvide la llave por completo.
—Necesitamos apurarnos, Edward.
Me ignora, como lo hace cada vez que hay una sola cosa en su mente.
Finalmente, y afortunadamente, unos pocos segundos después, besa mi cadera y dice—: ¡La tengo! —Siento que la llave se desliza fuera del lado de mi ropa interior.
Se levanta con rapidez, abre la puerta, me alza en sus brazos y me lleva a través de umbral de nuestra suit de luna de miel.
Sus ojos lucen incluso más oscuros.
Cierra la puerta, y comienza a trabajar. Y su trabajo no es quitar mi vestido como habíamos planeado.
Besa mi piel expuesta en hombros, cuello, y luego mis labios. Entonces, mira la espalda de mi vestido como si fuera una difícil jugada de golf. Como cuando se agachan y lo miran de todos los ángulos posibles. —No hay cierre.
—No, Edward, debes desabotonar cada uno de los botones.
—Diablos. —Lo analiza un poco más.
—Puedo hacer que Rosalie venga y lo haga.
—Oh, no, no lo harás. Puedo hacerlo.
Se coloca detrás de mí, concentrándose en los botones. Y lo más gracioso es que comienza por el último botón. Luego, se para delante de mí. Coloca sus brazos alrededor de mí, desabotona el único botón prendido, da un paso atrás y lo suelta.
Mi vestido lentamente se desliza por mi cuerpo, y ahora solamente estoy usando mi tanga azul.
Edward suelta una respiración cargada y dice—: Dios, me dejas sin aliento.
De un único y rápido movimiento, me toma de la cintura, me alza de la pila de tela esponjosa, y me coloca en la cama. Me besa profundamente y luego se quita su camisa y pantalón. Nunca interrumpe nuestro contacto visual. No tengo la menor idea cuándo se quitó su chaqueta.
De acuerdo, tengo que decir esto, y después le diré: Um, no.
¡Mi esposo es condenadamente sexy!
Él no es el único que no puede respirar.
Leí en algún lado, entre los millones de artículos y sitios web sobre bodas, que deberías tomarte tiempo para algunos momentos privados durante la boda, así que supongo que este se puede considerar un momento privado. Pero aún así, planeamos esto.
—Edward, no podemos hacer esto ahora. Es nuestra noche de bodas. Lo discutimos, ¿recuerdas? Venir después de la recepción, tomar un cálido baño de burbujas, beber champagne, relajarnos y luego, ya sabes.
—Cambiaste los planes cuando cambiaste el vestido.
—¡Edward, no quiero recordar nuestra noche de bodas y recordarlo como algo rapidito!
—No hay problema, Sra. Cullen —dice mientras quita el último pedazo de encaje—. No veo por qué tengamos que comprometernos. No veo por qué no podemos hacer ambas.
Y entonces, bueno.
¡Es mi noche de bodas! Bueno, algo así, casi mi noche de bodas. No voy a decirle que no.
Ya andamos por la recta finaaaal! Muchas muchas Gracias por los reviews! Nos vemos prooonto!
quiero un edward asii que venga con los 4 docenas de rosas ;)!
