VULNERANT OMNES, ULTIMA NECAT.

Danny: Te doy toda la razón, no hay que cantar victoria, aun queda mucho camino que recorrer, así que mejor evitemos eso. Ok? Un beso y mil gracias.

Silvia: Gracias Silvia, te lo agradezco muchísimo. Un beso y a disfrutar de este capitulo.

Cande: Jaja, me causa mucha gracias lo que dices, pero sabes que? Tienes razón. Ese si que será un matrimonio lleno de sorpresas, de eso estoy más que segura. Pero lleno del mas apasionado amor. Muchas gracias un enorme beso.

Lina: Me da mucho gusto poder servirte en algo, y si esta humilde traducción mía te ayuda, no sabes el gusto que me da. Como te dije en el otro fic, no soy muy buena para escribir, siento que me falta algo, no se quizás es a lo que le llaman feeling, no se. Pero ¿sabes? Por ti voy a hacer el intento. Pero hasta que termine de traducir los dos fics para no quedarte mal ¿ok? Un beso y muchas gracias.

MUCHAS GRACIAS A QUIENES LEEN PERO NO PUEDEN DEJAR REVIEW, PERO OJALA Y SE ANIMEN. BESOS.

CAPITULO 49

Estaba oscuro y silencioso, como siempre. No había nada diferente en este silencio, nada extraño en esta oscuridad y sin embargo sentía que todo se estaba cayendo en pedazos, palabras no dichas que se desvanecían en el aire turbio a su alrededor.

Se quedo inmóvil, mirando hacia la nada, tratando de ver lo que no estaba ahí y que tenia que estar ahí, pero que ya no estaba ahí, o que tal vez… realmente nunca estuvo ahí.

Cerró los ojos, apartando esos pensamientos, tratando de ignorar el sentimiento de vacío, que siempre le había sido tan familiar, tan bienvenido, tan tranquilizador… dándole un sentido de paz, de tranquilidad, un escape de todos los días ardientes, del temor de la mañana, de sonrisas huecas y ruidosas, es decir de la… vida.

No.

De las personas.

Había amado la vida. Había amado la vida muchísimo. Las sombras de la luz del sol en el umbral de la mañana, el aire llevando la música y las voces por las noches, el viento del mar, las montañas, los diferentes colores en las estaciones, los diferentes colores de las nubes, cuando las había visto desde su ventana… no se lo había dicho a nadie, porque se habrían reído. Pero las nubes tenían diferentes colores. Realmente los tenían.

Apoyó su cabeza sobre sus manos, tratando de recordar como se veía la luz… que tan real era la luz, la luz que separaba las mañanas de las tardes, su único compañero, la mayoría de las veces, porque nunca encontró a nadie que hubiera creído que las nubes tenían el color del arcoíris…

Luz.

Sus ojos se abrieron de súbdito, al escuchar un sonido… o ¿era su mente que solamente estaba jugando trucos con él? no había ruido, ni luz, no importaba si abría o cerraba los ojos, no habia luz. La luz se había ido.

Ella se había ido.

Se levantó abruptamente. ¿De donde le llegaban todos esos extraños pensamientos? No sabía que pensar sobre ellos… ni siquiera sabía lo que estaba pensando, exactamente…

Ella solo era una de ellos… de ellas. Una multitud sin nombre, que trataban de encontrar la clave de la inmortalidad, y sin embargo…

Debía de haber sentido resentimiento hacia ella, como por todas las que lo habían hecho fracasar. Nunca había lamentado haberlas dejado morir, solas y perdidas en el tiempo y en el espacio… ellas lo habían hecho fracasar… no las quería… y era su culpa que en algún momento siempre se cansaban de ella. Él siempre se cansaba de la indiferencia brillando en sus ojos tristes, de sus cuerpos y casi había podido ver como sus vidas se iban perdiendo junto con sus almas. Y, sin embargo, nunca le había importado. Nunca se había sentido culpable, y, ahora, de repente, se sentía culpable…. De todo lo que había hecho, porque…

Porque tal vez, si no lo hubiera hecho, seria diferente… y si hubiera sido diferente tal vez ella no lo habría despreciado…

Lentamente levantó su mano y miró la cinta plateada alrededor de su dedo. Esa luz…

Esa luz en los ojos de ella… ese fuego… todo lo que había deseado en su vida tener y que nunca tendria. ¿Esa era la razón de ese extraño anhelo que se cernía en cada uno de sus pensamientos?...

Ella se había ido, pero… pero ella aun tenia la cinta alrededor de su dedo… realmente no la había dejado ir… todavía. Ella volveria. Se aseguraría de que ella regresara. Ella…

Cerró los ojos. Nunca le había importado sus nombres…

Elizabeth.

Repitió el nombre una y otra vez. Y cada vez que lo decía, sentía como un imperceptible rayo de luz cruzaba por su mente y por unos momentos sintió, casi sintió como si… estuviera vivo… de nuevo.


"¡Bájame de una vez!" Gritó Elizabeth, su voz llegaba amortiguada debido a la tormenta y a la perdida temporal de aliento, cuando Jack la arrojo sobre su hombro.

"En un momento, amor." Replicó Jack, dándole a Ragetti una mirada amenazadora, antes de bajar de la cubierta.

El Gobernador apenas si tuvo oportunidad de entender lo que estaba sucediendo cuando ellos ya estaban fuera de vista. Realmente no sabía que hacer si quedarse en la cubierta, como lo había planeado, o seguir a Elizabeth y a Jack y ver si su hija no salía lastimada, aunque realmente no lo creía…

Dudó por un momento, pero entonces un grito llegó debajo de la cubierta ayudándolo a que su mente se decidiera rápidamente.

"¿Por qué no puedo quedarme en la cubierta como todos los demás?" Escuchó la voz de Elizabeth tan pronto como dio unos pasos por las escaleras.

"Porque no es seguro ahí, y porque no quiero que seas arrastrada por la cubierta hasta al mar, justo después de…" Jack hizo una pausa y exhaló furioso. "¿Realmente es tan difícil de entenderlo?" Gimió, sosteniendo las manos de Elizabeth entre sus manos, presionándoselas contra la pared fuertemente para evitar que se le escapara. Jack se preguntó si siempre seria así. Si siempre tendría que preocuparse por ella, de una manera o de otra.

Bufó por dentro por sus pensamientos. Por supuesto que siempre sería así. Esto es lo que pasa cuando uno es lo suficientemente descuidado como para enamorarse.

"¿Por qué no encierras a todo el mundo, entonces?" dijo Elizabeth, mirándolo irritada. "¡De ese modo nadie va a salir herido!"

"Lizzie déjate de ridiculeces. En realidad no tengo tiempo para esto. Sé una buena esposa y haz lo que te digo." Dijo con un rastro de diversión en su voz, pero el consejo debió de tener alguna falla porque Elizabeth liberó una de sus manos y trató de empujarlo. Pero entonces ella retrocedió y miró su pecho como si de repente recordara algo.

"Estas sangrando." Dijo mas para si misma que para él y deslizó sus manos bajo su camisa, pero él la atrapó y las sostuvo entre ellos, ganándose otra mirada furiosa de ella. "Ellos dijeron que estabas muerto y yo ví…" Comenzó estudiando el rostro de él intensamente, su voz era mas baja pero firme; preocupada.

El Gobernador se detuvo a mitad de las escaleras, preguntándose si realmente era buena idea interrumpir, especialmente ahora que parecía que habían dejado de discutir. Pero de alguna manera se encontró escuchando la conversación y dio un paso mas hacia abajo, para poder tener un vista mas clara de ellos en el pasillo débilmente iluminado.

"Shhh." Jack silencio a Elizabeth con una sonrisa y le beso las manos. "No creo que estuviera aquí si…"

"Oh no me cabe la menor duda que no estarías aquí, sin importar como." Elizabeth lo interrumpió enojada, tratando de ignorar el mareo, provocado por el simple hecho de dejarlo sostener sus manos y acariciar con sus pulgares su piel.

"¿Es así?" Una sonrisa torcida apareció en sus labios, pero Elizabeth arrebató sus manos de su alcance y cruzó sus manos sobre su pecho.

"Dime lo que sucedió." Dijo en el tono más serio y exigente que pudo reunir.

El Gobernador vio desde las escaleras como los ojos de Jack vagaban por el rostro de Elizabeth, con mucha diversión, que solo provocaría que ella se enojara mas y él sabia de eso.

"¿Decirte que paso cuando, amor?" Preguntó Jack inocentemente, deslizando su mano al rostro de ella, pero ella se la empujó, sosteniéndole la mirada decididamente. El barco se sacudió y los pensamientos de Jack inconscientemente viajaron a lo que estaba sucediendo en la cubierta y aunque estaba completamente seguro de que James Norrington podría ser capaz de conducir su barco a través del los truenos y del fuego de los cañones enemigos casi tan bien como él, prefería subir a la cubierta y hacerlo por si mismo. Desafortunadamente, de repente se dio cuenta de lo difícil que era apartar sus ojos de su hermosa esposa… algo que seria malo para el futuro… a menos que siempre la tuviera con él mientras estuviera en el timón… Ovacionó el pensamiento un poco. ¡Sí, eso era una buena idea! ellos solo podían navegar el barco juntos. La mantendría en sus brazos entre el timón y su cuerpo, lo que seria una ventaja adicional ya que ella siempre estaría al alcance de su vista….

"¡Jack!"

Jack brinco al ser repentinamente sacado de sus pensamientos. Parpadeo y sonrió. "Creo que deberíamos aplazar esta conversación hasta que ganemos la batalla y que la tormenta se acabe del todo." Dijo con un movimiento en su mano, palideciendo interiormente, al darse cuenta de lo absurdo que eran sus recientes pensamientos.

Y lo que era más absurdo era el hecho de que realmente no creía que fueran absurdos, a pesar de que sabía que eran absurdos…

"Pensé que te había matado otra vez." Dijo Elizabeth con suave voz, que llego hasta él y de repente olvido todo por lo que había estado enojada con él. ¿Cómo podía estar enojada con él? si era tan adorable como para provocar sentimientos de ira.

Elizabeth contuvo una risita y envolvió sus brazos alrededor de su cuello, enterrando su rostro en su cabello.

Los brazos de Jack rápidamente se envolvieron en su cintura y la acercó mas a él apretándola en sus brazos. "No fuiste tu, Lizzie." Dijo tranquilamente, sus labios dibujaban figuras en su desnudo hombro. "Fui yo. Las dos veces..." Añadió como una idea de último momento y ella quería mover la cabeza para mirarlo, pero él deslizo su mano en su cabello, abrazándola firmemente. "¿Realmente pensaste que hubieras podido hacerlo si yo no hubiera estado decidido a dejarte hacerlo?" Preguntó, susurrando la pregunta en su oído y besándola repetidamente.


El Gobernador casi tropezó con sus pies, en su precipitado camino de regreso hacia la cubierta. Apenas si era capaz de comprender como era posible que un momento se hubieran estado gritando y deslumbrando con las miradas, el uno al otro y en el siguiente momento estuvieran besandose y acariciándose. Y era aun menos capaz de estar allí y seguir contemplando la escena por más tiempo, aunque…

Salió de abajo y miró alrededor con un suspiro.

… Aunque era reconfortante ver a su hija así de feliz. Porque era feliz, no dudaba de eso. Se veía feliz incluso cuando estaba enojada… debajo de cada una de sus miradas deslumbradoras, había el curioso rastro de un total rendimiento y de… ¿admiración? La manera en que lo miraba… la manera en la que se veían el uno al otro… había algo en la manera en la que él la sostenía en sus brazos…

Sonrió ligeramente para si mismo y entonces frunció el ceño, mirando hacia el oscuro océano.

Ahora no solo tenia una, ahora tenia dos niños por los que preocuparse.


Elizabeth sonrió al sentir los labios de Jack contra su piel, a pesar de sus oscuros pensamientos, inundando su mente con los recuerdos… cuando había dejado a Jack con el Kraken… cuando se vio obligada a tomar la vida del pequeño niño… a tomar la vida de Jack…

Elizabeth se movió en sus brazos e inclinó su cabeza hacia atrás abruptamente, estudiando su rostro con seria intensidad. "¿Cómo me encontraste? ¿Cómo entraste al Vórtice del Tiempo? Como…"

Jack puso sus dedos sobre sus labios haciéndola callar, sus ojos fijos en los de él "Ya te lo he dicho, amor y tú sigues olvidándolo. Soy…"

"¡Jack!" Elizabeth lo interrumpió, su irritación creciendo otra vez. "Quiero la respuesta verdadera, no la respuesta estándar."

Jack sonrió y ahueco el rostro de ella en sus manos, su piel tan cálida y suave contra sus gruesas manos. Y entonces, de repente recordó, aunque por supuesto, en realidad nunca lo había olvidado, era como si esa idea siempre estuviera en sus pensamientos, la idea que lo tomaba fuera de guardia, no importaba las veces que lo golpeara – estaban casados, bajo todas las formalidades que solían no interesarle: el sacerdote, la capilla, lo votos… ella era su esposa. Suya, propia, privada, legalmente desposada esposa, quien había prometido pasar el resto de su vida con él, quien le había prometido estar siempre a su lado, quien…

"¡Jack Sparrow! Deja de estar evadiendo responder a mis…"

Elizabeth le regreso el beso sin vacilar y mantuvo los ojos cerrados cuando el rompió con el beso.

"Te extrañe Lizbeth." Susurró contra sus labios, apoyando su frente contra la de ella. "Con un infierno, como te extrañé Lizzie." Dijo con voz seria, tan tranquila, tan suave y tan sincera, que ella contuvo el aliento, temiendo romper el hechizo del momento.

Elizabeth abrió los ojos y lo miró entre sus pestañas, sus parpados ya casi no tenían su habitual pintura negra, el agua del mar debió quitarla.

"Yo también te extrañé, Jack." Coloco sus manos en las mejillas de él y le beso la boca delicadamente, dándole pequeños besos en los labios.

"Rompiste la regla numero uno." Murmuró, haciendo un ligero puchero.

Elizabeth lo beso y soltó una risita. "La señora capitán Sparrow, siempre tiene que estar lo mas cerca posible del capitán Sparrow." Él abrió los ojos con una sonrisa, pero luego su sonrisa rápidamente se convirtió en un ceño fruncido.

"¿Por qué no me dijiste?" Preguntó apretando sus brazos y mirándola con severidad. "¿Por qué no me dijiste que era por mi?"

"Ya te lo dije." Dijo Elizabeth encogiéndose de hombros, mordiéndose el labio. "No quería confundirte."

Jack rodó los ojos y ahueco el rostro de ella en una de sus manos, mientras que con la otra enredaba uno mechón de su cabello en sus dedos. "Siento haber dicho… por haber pensado… por ser…"

"¿Un celoso?" Propuso Elizabeth con una divertida sonrisa, Jack entrecerró los ojos, listo para protestar, pero ella lo silenció con un beso. "Sé que lo eres, aunque olvidé que podrías serlo. Y aunque no lo hubiera olvidado, no podía decirte nada, así que…"

"¿Por qué no?" Preguntó, inclinando su cabeza ligeramente hacia atrás para poder tener una mejor vista de su rostro. Notando las oscuras sombras bajo sus ojos, el cansancio escrito en su hermoso rostro. Esta agotada y aun así quiere subir a la cubierta y luchar. Pensó con una mezcla de enojo y orgullo.

Elizabeth suspiró. "Vamos a dejar esto atrás. Esta en el pasado, ahora. Solo necesitamos encontrar a alguien que apuñale el corazón y todo va a estar bien." Dijo tranquilamente, tratando de creer que seria tan fácil como sonaba, apoyándose en las manos de él cuando Jack acuno su rostro entre sus manos, preguntándose como iba a hacer él para mantener sus manos alejadas de ella, de vez en cuando por el resto de sus vidas, pues él necesitaría de sus manos para sostener el timón, por ejemplo… o quizás ella podía sostener el timón y él la sostendría a ella… Sí. Esa era la solución perfecta.

"Primero tenemos que encontrar el corazón." dijo él, inclinándose hacia abajo y presionó sus labios sobre su cuello.

Elizabeth gimió y apoyó su cabeza sobre la pared detrás de ella, luchando por mantener los ojos abiertos. "Tenemos que volver a la cubierta." Dijo ella en un susurro tenso, los labios de Jack trazaban un camino de besos a través de su clavícula. Ella miró la linterna parpadeante al otro lado del pasillo, la tenue luz convertía al pasillo en un lugar mas misterioso y acogedor…

Jack murmuró algo incoherente como respuesta, sus besos se volvieron más urgentes y ella colocó sus manos sobre los hombros de él, para sostenerse y no desvanecerse, su corazón latía apresurado dentro de su pecho, sus frenéticos latidos reventaban en sus oídos.

Elizabeth cerró los ojos y sonrió ante la repentina idea de que esta era su hogar ahora. El Perla Negra. Siempre le había gustado la idea de tener una casa propia. Ella se aseguraría de mantenerla hermosa y bien cuidada. Solía apuntar diferentes pequeñas cosas, como las tazas de té que le habían gustado, o algún diseño bonito para las cortinas… por un momento se preguntó donde habría quedado el pequeñas diario, en donde había hecho sus notas. Lo había hecho durante tanto tiempo…. Pues había llegado a pensar que algún día podría encontrar útiles esas notas… y ahora sabia que iba a ser diferente. Una embarcación no era realmente una casa y nunca podría serlo… pero… no estaba segura de que le gustaría. Una casa la mantendría confinada, una casa haría de su vida algo predecible, mientras que un barco, mientras que el Perla Negra, le daría unas interminables mañanas de misterio, iluminadas por el sol y espontanea y hermosa libertad…

"Lizzie, amor, hemos estado casados por solo unos días y ya te estas quedando dormida, mientras te beso. Esto no augura nada bueno para el futuro." Jack hizo un mohín, retrocediendo para verla.

Una brillante sonrisa apareció lentamente en el rostro de Elizabeth, pero no abrió los ojos e inclinó su cabeza sobre la pared. "No estoy dormida." Dijo juguetona. "Solo estoy pensando…"

"¿Pensando?"

Elizabeth abrió los ojos para no perderse el rostro de consternación de Jack y se rió cuando lo vio.

"¿Eres capaz de pensar cuando hago esto?" Preguntó incrédulo, pero ella no tuvo oportunidad de preguntar de qué estaba hablando, porque sus labios se estrellaron contra los de ella y envolvió sus brazos alrededor de su cuello, regresándole el beso apasionadamente,

Elizabeth no sabia exactamente cuando tiempo había pasado desde su desaparición en aquella mañana… no había tenido tiempo de contar y tampoco le había importado hacerlo… había sido demasiado tiempo, lo había sentido como la misma eternidad y sin embargo, también sentía como si solo hubiera pasado un minuto desde que había estado en sus brazos la ultima vez.

La ultima vez… en la ceremonia de su boda, su noche de bodas… recordaba la esencia de la aire de la noche en la Cueva del Naufragio, la esencia del mar, el aroma de de las velas cuando se apagaron con el viento… los dedos de Jack forcejeando con su rojo vestido de novia…

"¿Cómo siguen tus… pensamientos… ahora, amor?" Preguntó Jack entrecortadamente, cuando termino con el beso, para poder respirar.

"Bueno, eso va bastante bien, gracias." Respondió sigilosamente, deslizando sus manos bajo la camisa de él, sus músculos se tensaron cuando sintió sus manos.

Jack sonrió, sus ojos oscuros brillaron en la tenue luz de la linterna. "¿Y ahora?" Preguntó y la beso otra vez, sus manos tiraban cuidadosamente de la camisa de ella sacándosela de los pantalones y deslizándolas a través de la piel desnuda de la espalda. Elizabeth jadeo por la sorpresa, sintiendo las manos de Jack inesperadamente calientes contra su piel… calientes o frías… no estaba segura… solo podía sentir escalofríos recorriéndole el cuerpo de arriba a bajo, comenzando en los dedos de sus pies hasta la ultima hebra de su cabello…

"Ahora…" Ella susurro entre besos. "Ahora quiero… ahora te necesito… ahora te deseo…" Se perdió en sus pensamientos, las palabras dejaron de tener sentido. Salvo por el nombre de él… su nombre siempre tenia sentido para ella. De alguna manera… "Jack..."

"¿Podrías hacer algo por mi Lizbeth?" Preguntó en un susurro apenas audible, delineando el contorno de sus labios son sus besos, sus manos vagaban por toda su espalda, sus anillos y uñas arañaban ligeramente su piel, haciéndola gemir audiblemente y acomodó su rostro en su cuello.

"Sí." Le susurró besando su piel y Jack tomó todo su autocontrol para obligarse a abrir los ojos y concentrarse.

"Quédate abajo. Hasta que la tormenta se calme. Solo esta vez." Le susurró suavemente, casi rogándole, pero sin embargo con firmeza.

Elizabeth se tensó y abrió los ojos, lentamente la realidad le cayó encima. Gimió y lo empujo abruptamente, liberándose de sus brazos. "¡Irremediable embustero!" Le gritó y para su total sorpresa lo abofeteo.

"¡Oí!" Jack hizo una mueca y llevó su mano a su mejilla. "¿Y ahora esto por qué?" Preguntó con una mueca, el sabor de los labios de ella aun le ardían en los suyos e inconscientemente se alejó de ella.

"¡Me besaste solo para hacerme prometer que voy a quedarme en la cabina!" Exclamó irritada y Jack amplio los ojos al verla.

"Esa fue solo una de las muchas razones." Dijo a la defensiva, frotándose la mejilla con una expresión herida en el rostro.

"Oh, por supuesto." Elizabeth entrecerró los ojos al verlo. "Bestia lujuriosa." Siseó despectiva, girándose y dando un paso lejos de él, pero entonces se detuvo y miró sobre su hombro para ver que estaba sonriéndole lujuriosamente.

Elizabeth reventó en risas y oculto su rostro entre sus manos.

"Ahora por lo menos tenemos claramente una idea de lo que en realidad piensas de mi." Tirando de ella y abrazándola por la espalda.

Ella se giró en sus brazos. "¡Esto no es gracioso!" Dijo, golpeándolo en su hombro, todavía sonriendo.

"¡Por supuesto que no!" Declaró Jack decididamente, metiendo algunos mechones sueltos detrás de su oreja. "Y no quedara impune." Le dijo, levantando las cejas y rápidamente beso sus labios, antes de que ella comenzara a reír de nuevo.

"Solo quiero estar contigo. Puedo cuidar de mi misma. No soy una muñeca de porcelana, por si no lo has notado." Dijo rompiendo el beso y mirándolo intensamente a los ojos, su tono de voz vacilaba entre la exigencia y la docilidad: cualquiera que pudiera convencerlo mejor.

"Pero ciertamente te ves como una." Dijo sonriendo.

Elizabeth entrecerró los ojos, reprimiendo una sonrisa. "No voy a hacer lo que tu quieras que haga, pensé que sabias eso." Dijo en un tono privado de ira, ya que se estaba debilitando. ¿Siempre seria así? ¿Siempre seria capaz de debilitarla de esa manera solo con mirarla con esos ojos oscuros letalmente hermosos?

"Oh, lo se. Pero eso no significa que vaya a aceptarlo." Su sonrisa torcida casi la hace reír, pero logró mantener la seriedad.

"¡No tienes otra opción!" Dijo entre dientes, levantando su barbilla.

Jack miró sus labios y después miró de nuevo sus ojos, sus manos encontraron su camino de regreso bajo su camisa, haciéndola sentir arder de nuevo.

"Jack." Ella susurró, inconscientemente acercó su cabeza una pulgada más a la de él. Jack la miró interrogante y exasperado, ¡como si no supiera que era lo que ella quería!...

"¿Si amor?" Preguntó y ella quería rodar los ojos, pero de alguna manera no tuvo fuerzas para hacerlo.

"Bésame." Susurró y a él le tomo solo un momento para comprender y sonreír antes de inclinar su cabeza y atrapar los labios de ella, encerrándola en un apretado abrazo, sus labios atormentaban los de ella con una dulce fiereza.

Lentamente Jack comenzó a caminar sin romper el beso, hasta que se toparon con la puerta de la Cabina del Capitán y cuando estuvieron enfrente de ella rompió el beso.

"Solo quiero mantenerte a salvo." Dijo acariciando la mejilla de Elizabeth con el dorso de su mano.

"Lo sé." Le respondió con una tímida sonrisa. "Pero…"

"Toma una chaqueta. Te vas a congelar solo con eso." Dijo, señalando la cabina.

Los ojos de Elizabeth se ampliaron por la feliz sorpresa. "Traeré una para ti también." Dijo alegremente, dándose la vuelta y entrando a la cabina rápidamente.

Jack hizo una mueca y rápidamente saco una llave de su bolsillo. Tomó la manija de la puerta y la cerró con seguro, girando la llave tres veces y dejo salir un suspiro.

Antes de que incluso pudiera dar un paso para alejarse de la cabina, Elizabeth comenzó a golpear la puerta y a gritarle. Sonrió ante todos los insultos recibidos, y aunque la posibilidad de tratar con ella después de que la tormenta se acabara y después de lo que acababa de hacer, no parecía ser muy atractiva en ese momento, solo le alegraba que ella estuviera a salvo aquí y sin tener otra alternativa, probablemente se obligaría a tomar un merecido descanso.

Cuando ella dejo de golpear la puerta furiosamente, él levantó la mano y golpeo suavemente la puerta. "¿Lizzie?"

Hubo un momento de silencio y después de ese silencio. "¿Qué?" Mantenía el tono de enojo e irritación, pero también tenia algo de esperanza.

"No lo lamento." Le dijo, sofocando una sonrisa y entonces rápidamente se alejo de la puerta, el ruido de sus puños contra la madera, lo persiguió hasta que subió las escaleras y llegara a la cubierta.


"La tormenta esta disminuyendo, señor."

Beckett miró al marinero con cautela y asintió, despidiéndolo con un movimiento de su mano. Cerró la puerta y miró alrededor con el ceño fruncido, estudiando el desorden de la cabina. Realmente estaba enojado de tener que esperar hasta que la tormenta disminuyera para terminar con sus órdenes. Algo debía hacerse al respecto. ¿Jones no tenia ningún efecto sobre el clima en el mar? Tenia que asegurarse de que el capitán del Holandés Errante no estuviera jugando con ellos. ¿Podría saber lo que pasaba por esa horrible cabeza suya?

Tal vez no debió de haber regresado el corazón a Port Royal, después de todo. Tal vez habría sido mejor mantenerlo cerca. Con Jack Sparrow muerto había pocas posibilidades para que cualquier otra persona se lo robara. Aunque uno nunca puede ser demasiado cuidadoso. El corazón estaba a salvo, oculto donde vivía ahora, en la mansión del Gobernador de Port Royal.

Sonrió para si mismo y colocó el abrigo sobre sus hombros. La victoria ya era suya, solo era cuestión de tiempo. Y después de regresar a Port Royal supervisaría que se ejecutaran a todos los piratas.

Si tenía suerte, Turner seria lo suficientemente estúpido para traer a la joven viuda al Endeavor. Eso le ahorraría la molestia de tener que buscarla por si mismo.

Su venganza le sabría mejor si Jack Sparrow siguiera vivo, pero ahora no había nada que hacer al respecto. Aun así, destruir algo que él había amado tanto, era bastante satisfactorio, incluso si él no estaba ahí para presenciarlo.

En cuanto a la chica… ella se vería muy bonita a su lado, durante las ejecuciones.

Quizás no solo encontraría diversión al vengarse, sino también en la manera en la que pensaba hacerlo.


Tan pronto como Jack puso un pie en la escalera que lo llevaba al timón, sintió que alguien lo tomaba del brazo y lo empujaba hacia atrás. Saco la pistola y se giró, notando con cierta sorpresa que su pistola era de nuevo negra, pero no tenia mucho tiempo para contemplar el hecho de que la marca roja en su mano le ardía cuando encerraba la pistola en ella.

¿Vas a dispararme? ¿Después de que te envié a tu amada?" los labios de Tía Dalma, se extendieron en una perezosa sonrisa.

"Ah." Jack exhalo algo aliviado, bajo la pistola, pero luego la levantó de nuevo, mirando a Tía Dalma sospechosamente por un momento, antes de por fin guardar su pistola con un movimiento de su nariz. "La enviaste al pasado, por una razón completamente desinteresada ¿me imagino?" Dijo con una pequeña sonrisa prudente, y entrecerrando los ojos.

"El desinterés no es una virtud de un ser divino." Dijo inclinando la cabeza hacia a un lado y Jack notó que por lo menos varias capas de el oscuro misterio en su rostro se habían desvanecido, sus ojos negros brillaban mas de lo que recordaba.

"¿De verdad?" Jack la miró con los ojos ampliados, dio un paso hacia atrás para poder ver su rostro con la luz emitida por los truenos. Podía sentir en sus huesos como la tormenta estaba disminuyendo y se pegunto que significaría. Vendría el perdón o una tormenta peor… "Pensé que eso. Era diferente con nosotros, los mortales modestos quienes…"

"Vengo a pedirte un favor." Lo interrumpió, acercándose, su rostro se torno serio y por un momento ella no se veía como una diosa, ni como una sacerdotisa, que una vez había conocido. Por un momento se veía como una mujer normal…

"Bueno, me halagas querida, pero tengo que recordarte que ahora soy un hombre casado." Comenzó retrocediendo, hasta que sintió la pared detrás de él.

Tía Dalma dio un paso mas hacia delante, sus ojos lo miraban aburridos. "Necesito su corazón. Necesito su corazón para regresárselo. Sin eso él no puedo moverse, y yo no puedo llevarlo conmigo."

Jack suspiró. ¿Por qué todo el mundo quiere el maldito corazón? el mundo esta lleno de objetos de valor ¿Por qué siempre buscan ese pedazo viscoso lleno de tentáculos y de quien sabe que mas?

"No lo tengo." Anuncio Jack casi alegremente.

Calypso lo miró con los ojos entrecerrados. "Ya lo sé." Siseo con el ceño fruncido y Jack arrugo la frente, decidiendo que poner una expresión mas seria podría ser más aconsejable. "Quiero que tú encuentres el corazón y me lo lleves."

Jack la miró melancólicamente, pero entonces su rostro se ilumino. "¿Quieres apuñalarlo?" Preguntó con un toque de esperanza en su voz, pero la esperanza se fue tan pronto como Tía Dalma cerro su mano alrededor de su garganta.

"¡No te atrevas a apuñalar el corazón!" Susurró amenazadoramente, y Jack rápidamente sacudió la cabeza.

"Te aseguro que ni siquiera me a cruzado por la mente, querida. ¿Por qué iba a querer hacer eso?"

Ella pareció considerar sus palabras por un momento antes de soltarlo.

"Además." Carraspeo, recuperado su aliento. "Tu Romeo cubierto de algas ya me pidió que le llevara su pedazo de…" Se detuvo, tratando de pensar en algo que no sonara demasiado insultante. "Su… pedazo de carne, así que…"

"No le lleves el corazón a él. Llévamelo a mi." Calypso lo interrumpió con urgencia. "Él no confía en mi…" miró hacia otro lado por un momento y Jack se pregunto si solo eran gotas de lluvia las que brillaban en su rostro… "No sé lo que él quiere hacer con el." Dijo mirando de nuevo a Jack. "Así que quiero que me lo traigas a mi, así que yo podré dárselo, regresárselo, regresárselo de verdad." Termino tranquilamente.

"Él me dio tres días." Dijo Jack, agitando la mano con la marca roja frente al rostro de Tía Dalma.

"Entonces tráemelo antes de que terminen esos tres días." Dijo irritadamente.

Jack hizo una mueca. Tenía que darle a Davy Jones su corazón en tres días y ahora tenía incluso menos de tres días, porque tenía que dárselo a Calypso antes. Y además de eso, le había prometido al dios del tiempo, que el corazón seria apuñalado por alguien de fiar. Ahora. Si el corazón es apuñalado, Jones nunca podría ser libre… bueno, al menos no podría hacer nada al respecto. Sin embargo, Calypso era una historia totalmente diferente. Ella se enteraría que el corazón fue apuñalado y entonces…

"¿Vas a llevármelo?" Preguntó mirándolo intensamente.

"Por supuesto, eso es lo que hacen lo amigos ¿no?" Jack forzó una sonrisa, pensando que mientras no tuviera el corazón no debía prometerle nada a nadie, pero… si eso hacia a la gente… y a otras entidades… felices…

Calypso relajo la expresión facial y sonrió, Jack notó como las nubes oscuras se iban dispersando sobre el Perla Negra.

"Te veo después." Dijo ella, dando unos pasos hacia atrás y desapareciendo en las sombras.

Jack se quedo por un momento mirando hacia la nada con el ceño fruncido. "Necesito ron." murmuró alejándose del timón. De alguna manera no podía llegar hasta el timón este día.

"¡Jack se esta despejando!" Gibbs lo saludo alegremente, tan pronto como lo vio, la atmósfera entre la tripulación mejoraba con cada rayo de luz solar que caía sobre la cubierta.

"Aye, así es." Dijo Jack, mirando hacia el mar. La silueta del Endeavor cada vez era más clara y evidente.

La oscura neblina se estaba dispersando, las nubes casi se habían ido y la ligera llovizna parecía ser la única indicación que la tormenta estaba pasando…

"¿Eso es un barco?" La voz de Ragetti rompió el silencio, cuando la neblina desapareció, en el horizonte puso en manifiesto borrosas siluetas de…

"Barcos." Corrigió Pintel, entrecerrando los ojos. "Uno, dos, tres, cuat…" Comenzó a contar los barcos con el dedo, pero entonces su dedo se inmovilizo y contuvo el aliento, así como todos los demás, ante la vista.

Ragetti parpadeo, murmuró algunas palabras y después de un momento golpeo a Pintel con el codo y le preguntó: "¿Qué sigue después del cuarenta y nueve?"

Pintel deslizo sus ojos hacia él. "Nuestros funerales."


CONTINUARA…