Capítulo 51: Acontecimientos en el camino

Mi-na abrió los ojos ya por la noche.

El golpe que le había dado el encapuchado contra el árbol había sido muy fuerte.

Estaba mareada y le dolía la cabeza.

Alguien estaba sobre ella, ayudándola a reanimarse.

Cuando por fin consiguió enfocar la vista, vio que se trataba de Yunsung.

- ¡Mi-na! – exclamó cuando la vio despertar. – Por fin te despiertas. ¿Qué ha ocurrido?

El tono de preocupación del chico era notable.

- No me acuerdo... – murmuró Mi-na desde el suelo, mientras se tocaba la cabeza en donde había recibido el golpe. – Había un hombre...un hombre encapuchado...

- ¿No pudiste verle la cara?

- No. Se...se ha llevado al búho. – recordó de repente.

El recuerdo pareció despejarla, porque al fin consiguió abrir los ojos del todo, sin que la luz lunar la molestara.

- ¿Has encontrado una ciudad? ¿Por qué has tardado tanto? – preguntó la chica.

- Compruébalo tú misma. – pidió Yunsung, señalando hacia un lado del camino.

Al mirar hacia allí, Mi-na se quedó sorprendida y disgustada a partes iguales.

Había tres hombres durmiendo al borde del sendero, y el mismo número de caballos atados a un árbol.

Mi-na conocía a los tres. Dos de ellos eran empleados de su padre. El otro era ni más ni menos que

Hwang.

- Me encontraron mientras exploraba los alrededores. – explicó Yunsung. – Me dijeron que los trajera contigo y al verte inconsciente me ordenaron cuidar de ti y simplemente se fueron a dormir.

- ¿Hwang también?

Yunsung frunció los labios. Que Mi-na mencionara a Hwang no le agradaba demasiado.

- Sí, Mi-na. Hwang también.

Mi-na suspiró defraudada, y se incorporó.

Una vez de pie, dijo:

- Tenemos que irnos. Antes de que se despierten.

- Mi-na, nos darán alcance enseguida. – se resignó Yunsung. – Tu padre no ha escogido a estos hombres al azar. Uno de ellos es un experto rastreador. El otro conoce esta zona como la palma de su mano. Y el tercero...

- El tercero lo ha escogido para atraerme, porque sabe que estoy enamorada de él. – terminó Mi-na.

- Sí, supongo. – Yunsung suspiró, con expresión triste. – Además, ellos van a caballo y nosotros a pie.

- Bueno... – pensó Mi-na mirando a los caballos. – Eso se puede arreglar.

- ¿Sabes montar? – preguntó sorprendido Yunsung.

- Claro. ¿Tú no?

- Sí, sí. – afirmó él. – Pero no esperaba que tú supieras.

- Te queda mucho por aprender, chaval. – rió ella mientras se acercaba a uno de los corceles.

Yunsung la siguió y desataron un par de los caballos.

Recogieron sus provisiones, robaron parte de las de los hombres de Hwang y se dispusieron a montarse.

Mi-na se subió al suyo con un ágil y rápido movimiento.

Yunsung la miraba embobado mientras lo hacía.

Mi-na se dio cuenta y rió.

- ¿Montas o qué, pasmarote? – se burló entre risas.

Yunsung reaccionó y, ya estaba con un pie sobre el estribo cuando oyeron una voz detrás de ellos.

- No tan deprisa.

Era Hwang. Se había despertado con el ruido y amenazaba a Yunsung con su sable.

- ¿Vas a matarme, Hwang? – preguntó Yunsung con tono insolente.

- No soy un asesino. Ni siquiera con niñatos como tú. – dijo Hwang despectivamente. – Mi-na, bájate del caballo.

- Pero...

- ¡Ahora!

Ella bajó de un salto, desilusionada.

- ¡Vosotros, despertad! – gritó Hwang a sus dos hombres.

En pocos segundos, los dos estaban de pie, tan frescos como si llevaran horas despiertos.

- Mi-na, vamos a llevarte a casa de nuevo. – explicó Hwang. – Tu padre está muy enfadado.

- ¡No pensamos volver! – espetó Yunsung.

- Oh, no te preocupes, chaval. – dijo Hwang sonriendo con malicia. – Tú no vas a volver.

- ¿Qué? – preguntó indignada Mi-na.

- Está expulsado del dojo por desobediencia, huida... – le quitó el sable, que había cogido de la armería del dojo. - ...y robo.

- ¡Pero eso es injusto! – gritó la chica.

- No ha sido decisión mía. – se excusó Hwang, aunque estaba claro que la decisión no le desagradaba.

Mi-na, por primera vez en su vida, miró a Hwang con otros ojos. La obediencia hacia su padre había convertido al chico que amaba en alguien despreciable.

- Volveremos al dojo y después yo saldré en busca de Soul Edge. – explicó, remarcando la palabra "yo".

- ¿Soul Edge? – dijo una voz que no parecía humana.

Todos miraron confusos a su alrededor, buscando al que había hablado.

Antes de que pudieran darse cuenta, alguien salió de entre los árboles y, con rápidos movimientos, dejó a Hwang y sus dos escoltas en el suelo, sin conocimiento.

Mi-na y Yunsung miraron aterrorizados al que lo había hecho: Tenía cuerpo de hombre pero...su cabeza parecía la de un búho.

- Tranquilos, no os asusteis. – pidió.

- ¿Quién...o qué es usted? – preguntó Yunsung.

- Me llamo Olcadan. – se presentó. – Y aunque tenga la cabeza de un búho tengo bastante más cerebro que tú, chico.

Mi-na y Yunsung abrieron la boca ofendidos con el atrevimiento de aquel hombre.

- ¿Quién se ha creído que es? – dijo Yunsung indignado.

- Te has estado burlando de alguien que tenía un sable sobre tu cuello. – recordó Olcadan. – No es precisamente algo inteligente.

- ¿Qué quiere de nosotros? – inquirió Mi-na.

- Quiero que me digais lo que sabeis de Soul Edge. – confesó Olcadan. – Está claro que los hombres que he dejado inconscientes no saben nada, estoy seguro, así que he creído conveniente preguntaros a vosotros.

Yunsung y Mi-na se lo pensaron unos segundos, hasta que él preguntó:

- ¿Para qué quiere saberlo?

- Hay que destruir la espada. El encapuchado que te dejó inconsciente anda detrás de ella, y también de Soul Calibur. – afirmó Olcadan señalando a Mi-na.

- ¿Soul Calibur? – preguntaron los otros dos al mismo tiempo.

- Sé que es difícil de creer, pero ese hombre...es inmortal.

- Estoy hablando con un búho. Ya me creo cualquier cosa. – dijo Yunsung burlonamente.

- Su intención es usar el poder combinado de las dos espadas para suicidarse y poder descansar en paz. – contó el hombre-búho, ignorando el comentario de Yunsung. – Pero el poder de Soul Edge y Soul Calibur juntas sería tan fuerte que...quién sabe lo que podría pasar.

- ¿Y por qué hay que destruir Soul Edge? ¿Por qué no Soul Calibur? – inquirió Mi-na.

- Soul Calibur es una buena espada. Un arma muy muy poderosa, pero aparte de eso nada especial. Pero Soul Edge... – Olcadan cerró los ojos. - ...Soul Edge es igual de poderosa, pero mucho más maligna. Es capaz de poseer a aquel que la porta. Es capaz de resucitar a los muertos. Es capaz de muchas cosas...todas horribles. Y Soul Calibur es lo único que puede hacer algo contra su poder.

- ¿Cómo sabe tanto sobre las espadas? – preguntó Yunsung.

- Porque...yo las creé.