Historias de Hogwarts

Por Cris Snape

Disclaimer: Los personajes y lugares pertenecen a JK.Rowling y sus asociados. No tengo ánimo de lucro al escribir estas historias, así que no me demandéis por violar los derechos de autor, por favor.

Resumen: Evan Rosier, Myrtle la Llorona, la profesora Sprout, Ritchie Coote... Los personajes olvidados de Harry Potter se dan cita en una serie de relatos breves. Porque ellos, también existen. Aunque, por supuesto, no podemos olvidarnos de Ron Weasley, Blaise Zabini o Sirius Black. Todos ellos están juntos, pero no revueltos. Espero que os guste.

53

Ted Tonks

El tapiz familiar

Hace meses que Andrómeda no sonríe. Ted le ha preguntado muchas veces qué le ocurre, preocupado por su mirada triste y su comportamiento esquivo, pero ella afirma que no le pasa nada, que está perfectamente. Ted suele sentirse molesto porque piensa que la joven no confía lo suficiente en él como para confesarle sus temores, pero en el fondo la comprende. Cree saber cuál es el motivo de su melancolía y sabe que, de estar en su misma situación, él se encontraría igual de deprimido.

Andrómeda acaricia su abultado vientre y se ajusta el chal rosado sobre los hombros, mientras hace balancearse la vieja mecedora. Tiene los ojos fijos en la ventana. Es primavera, pero el ambiente aún es fresco y prefiere quedarse dentro de la casa, observando las ajetreadas calles londinenses desde el apartamento de Ted. El joven la mira. Acaba de llegar de trabajar y trae consigo un regalo. Hace mucho tiempo que no le regala nada, quizá demasiado.

-Ya he vuelto, Maddy.

Ted se limpia las manos sucias de grasa en su mono de trabajo y besa la mejilla de su novia. Ella lo mira de reojo un momento y vuelve al constante balanceo, suspirando profundamente y procurando no pensar en todos los sacrificios que Ted tenía que hacer para que los dos pudieran salir adelante. Había abandonado los estudios de arquitectura mágica (temporalmente) y se había puesto a trabajar en el taller mecánico de su padre. Un mago trabajando como un muggle más, sin conseguir ganar el dinero suficiente para vivir desahogadamente... A Andrómeda le deprimía pensar en eso, pero no era lo único que le borraba la sonrisa de la cara.

Ted se sienta frente a ella y le sonríe. Está muy guapo cuando lo hace. Ha adelgazado mucho, siempre parece cansado y, en ocasiones, está de mal humor, pero siempre tiene fuerzas para animar a Andrómeda. Ella sabe que su novio nunca le va a fallar y se anima a devolverle el gesto, aunque todo queda en una mueca de tristeza y desazón.

Durante un segundo, Ted se siente derrotado. Cree que todos sus esfuerzos por darle una vida mejor están fracasando, que Andrómeda no volverá a ser la de antes por mucho que él intente alegrarla, pero recupera el ánimo un segundo después. Es posible que su tristeza se deba al embarazo... Al embarazo y a las otras circunstancias que rodean su vida.

Ted sabe que no ha sido fácil para ella ser expulsada de la familia. A él no le agradan los Black, nunca lo han hecho, pero sabe que Andrómeda adoraba a sus hermanas. Aunque Narcissa fuera altanera y presumida, aunque Bellatrix fuera una auténtica psicópata, Andrómeda siempre se había llevado bien con ellas. Habían sido inseparables desde niñas, tan diferentes entre sí que nunca habían parecido hermanas, pero al mismo tiempo tan parecidas. Durante años, habían compartido todo y, ahora, Andrómeda está sola y las extraña. A ellas y a sus padres, que aunque nunca fueron cariñosos ni atentos, siempre habían velado por el bienestar de sus hijas. Para Ted, ellos no fueron los mejores padres del mundo, pero eran los únicos que Andrómeda había conocido y entiende que su novia tenga el corazón roto.

Ted recuerda la noche que la joven bruja apareció en su casa, llorando con desesperación. Le había contado a su familia que estaba embarazada. Los había enfrentado, defendiéndole a él con uñas y dientes, y nadie la había entendido. Su tía Walburga la había borrado del árbol familiar. Su padre la abofeteó. Bellatrix la insultó y Narcissa no quiso consolarla cuando ella buscó sus ojos de niña en busca de ayuda. Andrómeda tuvo que abandonar a la familia Black totalmente humillada y destrozada y, aunque los meses habían pasado, no había logrado recuperarse de aquello.

Por eso, Ted espera que lo que trae para ella le anime, aunque sea un poco. Besa sus manos con ternura y la mira a los ojos, acariciando su rostro.

-¿Cómo estás?

-Bien –Andrómeda inclina la cabeza hacia la mano de su novio, buscando un poco más de contacto –Tu madre estuvo esta tarde. Ha traído un pastel de carne y una tarta de chocolate.

-Excelente. Tendremos una agradable cena. ¿No crees?

Andrómeda aparta la mirada. Le avergüenza no saber cocinar. Desde que vive con Ted, él ha pasado muchísimas más horas que ella frente a los fogones.

-Te he traído algo.

Ted se levanta y coge el paquete que había dejado sobre la mesa. Andrómeda entorna los ojos, curiosa, e intenta recordar qué celebraban ese día.

-No te has olvidado de nada, cariño –Ted ríe suavemente, adivinando sus pensamientos, y le entrega el regalo que con tanto mimo y esfuerzo ha preparado –Me apetecía regalarte algo, eso es todo.

Andrómeda arruga la nariz. Está adorable cuando lo hace. Ted la insta a abrir el paquete y disfruta con el aire infantil que titila en los ojos de la muchacha mientras arranca el papel plateado con decisión. Un segundo después, Andrómeda se pone en pie y extiende un bonito tapiz mágico. El fondo es de un tono azul muy suave, y en la parte superior, escrito en letras doradas, de laboriosa ornamentación, sus nombres se entretejen formando un único ser.

Andrómeda se queda sin respiración un segundo y, cuando mira a Ted, sonríe amplia y sinceramente por primera vez en meses. Ted sabe que le ha gustado su regalo y se cruza de brazos con autosuficiencia, tirando, de paso, una de las lámparas de la mesita auxiliar al suelo.

-Es precioso, Ted. Muchas gracias.

Andrómeda está emocionada cuando abraza a su futuro marido y le da un beso de gratitud en los labios. Ted coge el tapiz y lo observa atentamente, localizando las zonas defectuosas y sintiendo que podría estar mejor hecho.

-Pensé que te gustaría tener nuestro propio tapiz familiar –Andrómeda no dice nada. Está demasiado ocupada conteniendo las lágrimas –Por supuesto, no tenía dinero para comprar uno que estuviera ya hecho, así que pedí ayuda a mi madre y... No soy muy bueno para estas cosas. Seguro que cuando Nymphadora nazca, su nombre quedará mucho mejor que los nuestros, si es que quieres encargarte tú de añadirlo al tapiz...

Andrómeda se queda muy quieta, asimilando el significado de todas aquellas frases. Comprende el alcance completo del regalo de Ted y le está profundamente agradecida. Por primera vez desde que los Black la expulsaron, se siente parte de una familia de verdad y, en esa ocasión, no logra contener las lágrimas que ahora corren por sus mejillas.

-Claro que lo haré, Ted. Pero no ha quedado nada mal. Es el mejor tapiz familiar que he visto en mi vida.



¡Tachán, tachán! ¡Otra escena familiar! Creo que hoy no tengo ganas de hablar, estoy demasiado ansiosa de que llegue el día 21 y poder saber cosas sobre el fin de HP (tanto, que estoy leyendo los spoilers aunque no quiero :()

Espero que la viñeta os haya gustado. El próximo capítulo será para Vernon Dursley. No me gusta como personaje (Petunia, en cambio, sí), pero ya tengo su historia definida, así que no tardaré en actualizar.

Saludos, Cris Snape.