Hola. Y sigo ya que tengo todo el fic preparado ;).


Capítulo 43: Serte sincera II.

Hasta ese punto, sentía que ya no era capaz de negarle nada. Severus se apartó ligeramente, permitiéndole respirar un poco. La mujer recién había abandonado la enfermería, tenía que darle un poco de espacio.

- No sabía que necesitabas una excusa para besarme. Si prácticamente te lanzas sobre mí, todo el tiempo desde que estamos aquí- dijo con un tono de burla y Snape arqueó una ceja con curiosidad. - decir que estabas preocupado por mí.

- No lo necesito, no me estaba excusando. Realmente estaba preocupado por ti, creí que morirías. No sé a qué te refieres, fuiste tú quien me rechazó primero. - le contestó, apartando uno de los mechones de cabello tan negro como el suyo, de su rostro y colocándolo tras una de sus orejas.

- Es realmente difícil sentirse romántico con mortífagos alredor, vigilando tus pasos en la oscuridad. Pero sabes de qué estoy hablando, no trates de hacerte el tonto. Por qué te importa mi vida, por qué estás aquí.

- Minerva... ¿te importa tanto lo que yo sienta, aunque muera? ¿Quieres una respuesta que te haga feliz momentáneamente?

- Entonces deja de jugar con mis sentimientos. Si lo que tanto deseas es morir, déjame en paz. - le suplicó, apartando la vista y derramando un par de lágrimas. - por favor...

Sostuvo su barbilla, obligándola a encararlo. Miró directamente a sus ojos negros que brillaban ante los pocos rayos del sol que se colaban a través de la ventana en la habitación.

- No quiero morir. - tuvo que admitir, secando las lágrimas de sus ojos con sus pulgares. - pero prefiero morir que ver fallecer a Draco. Por más pedante e inmaduro que pueda ser, es sólo un niño y no tiene la culpa de haber nacido en la familia que le tocó. Prefiero morir que ya he torcido mi camino, que verlo morir y pensar que pude evitarlo. No podría soportarlo.

- Severus...

- Te equivocas, no te protejo por lealtad a Albus. Trato de hacer todo lo que me pidió, pero mi razón para protegerte es otra. Durante años, fuiste mi única amiga y fuiste la única que pese a todos los errores que cometí, jamás me dio la espalda completamente. No creías en mí, sólo porque había asesinado a quien fue como tu padre.. pero y sin embargo, tuviste más fe en mí que muchos e incluso más que yo mismo. No podía... - sonrió, acariciando sus mejillas casi inconscientemente. - verte morir.

- Oh...Severus... - susurró en una mezcla de compasión y tristeza. Sus ojos volvieron a llenarse de lágrimas y todo su ser, de un sentimiento totalmente nuevo: dicha.

Snape volvió a inclinarse para besarla con gran pasión, succionando su labio inferior suavemente y Minerva rodeó su cuerpo con sus brazos, contenta. Severus mantenía sus manos apoyadas a cada lado de su cabeza y colocaba todo su peso sobre sus brazos, para evitar lastimarla.

- Tus verdes ojos... - dijo con un tono de voz amortiguado por sus labios besando su frente, sus párpados. - siempre me han parecido preciosos. Desde que era joven, siempre quise que pusieran su atención sobre mí, que me miraran. A veces me pregunté cómo se sentiría besar tus labios, cómo se sentiría tocarlos. Nunca seguí esos tontos juegos de entrar en tu despacho y robarte alguna cosa, no te vi como un trofeo. - continuó hablando en voz baja, acariciando su cabello con ternura. - no eras un objeto que exhibir para ganar una apuesta. Cuando Lily se alejó para siempre, me di cuenta de que la mujer que realmente debía amar... siempre estuvo frente a mis ojos.

Sonrió al notar que dormía, poniéndose lentamente en pie y pausando para acomodar las cobijas sobre ella y sacando su varita para encender la chimenea. Antes de marcharse, miró hacia atrás nuevamente y atravesó el retrato, mirando el cielo a través de una ventana en el despacho, que de pronto se había tornado gris y lluvioso.

- Cómo está Minerva, Severus. ¿Has podido hablar con ella? - escuchó que el retrato de Albus hablaba, pero realmente estaba distraído, mirando el brillante esplendor del pensadero frente a él- ¿Hay algo que te preocupe?

- Ha vuelto en sí y ésta mañana dejó la enfermería. La escolté hasta su despacho y ahora está profundamente dormida. - frunció el ceño y continuó mirando el pensadero. - pero no logro entenderlo...

- Qué cosa, Severus.

- Minerva. No logro comprender cómo una mujer como ella, puede...

- ¿Estar enamorada de ti? - el director rió, feliz. - me preguntaba cuándo tendríamos ésta conversación. - sonrió dulcemente y agregó. - he notado un brillo diferente en sus ojos y es gracias a ti. Minerva creció en un hogar estricto como bien sabemos y pocas veces o casi nunca, admito, tuve la oportunidad de verla tan feliz. Ella trata de negarse al hecho, pero me temo que es inevitable.

- Sufrirá, qué sentido tiene. Si... sufrirá al momento en el que muera. No quiero que sufra. Trato de entender... - se puso en pie de camino al pensadero y apoyando sus manos sobre él, mirando la substancia de color plateado que flotaba densamente. - trato de entender en qué momento...

- ¿Te enamoraste? - preguntó el director. - Minerva siempre fue una hermosa mujer, tengo que decirlo. Su acento siempre atrajo mucha atención y también su aspecto físico, muchos estudiantes tenían una "sana" obsesión con ella. Siempre me contaba en las comidas, lo que algunos de sus estudiantes trataban de hacer para ganarse su cariño. Dulces, flores, obsequios. Sin embargo, nadie lograba sorprenderla tanto como tú... Severus.

- Por qué yo.

- Minerva sentía una especial conexión contigo, debido a tu trágico pasado. De alguna forma u otra, Minerva consideraba que tu esmero en llamar su atención, te distraía de todos los problemas, de no pensar en el abuso escolar y en Lily. Bueno, ella no lo sabía... pero presentía que Lily y tú, eran muy buenos amigos. Siempre recibió tus regalos con gusto, además siempre parecías saber cómo halagarla. Sabías que amaba las mariposas, qué tipo de dulces le gustaban o qué tipo de té le gustaba beber. Creía que tu esmero, te distraería de todo ese sufrimiento y por ello, nunca te pidió que pararas. No como a otros. Supuso que te desencantarías tú mismo.

- Pero no fue así. Por supuesto que lo sabía todo sobre ella, la seguía a todas partes y jamás se dio cuenta. La miraba durante sus horas de revisión en la biblioteca, sabía casi todo lo que hacía.

- Tu amor por ella nunca disminuyó, simplemente se confundió por un tiempo. El dolor que sentiste por Lily... luego de perderla.

- Quieres decir que Minerva es mi plato de segunda mesa. ¿Es eso?

- No exactamente. Minerva y Lily quizá tengan algunas cosas en común, pero no es eso lo que te atrae de ella. Sabes cuáles son las diferencias y puedes separarlas muy bien. De hecho, esas características de Minerva, son las que te atraen.

Miró su propio yo en el pensadero, oculto tras un gran librero y mirando con gran atención, a su profesora de transformaciones mientras leía un pesado libro y pasaba las páginas distraídamente. Ponía especial atención a cada movimiento, a cada suspiro que provenía de sus labios, a cada parpadeo. Sus hermosas y estilizadas manos, sus rosados labios y sus brillantes ojos verdes. Ojos que muchas veces le traían dolorosos recuerdos de la mujer que había perdido, pero Dumbledore tenía razón.

Ellas no eran iguales, quizá parecida en ciertos aspectos pero nunca igual.