Capítulo 48: Lo que mi corazón necesitaba gritar
Tantos abrazos, tantos pésames, tantas palabras de ánimos, muestras de apoyo, expresiones de incredulidad e incluso llantos compartidos, no hacías más que seguir abriendo la herida, recordándole a cada segundo el terrible panorama que se había posado sobre su vida. Laryssa, de alguna manera, le había brindado una sensación, más que de alivio, de verdadero entendimiento. Tal vez porque ambos habían pasado por algo similar, tal vez porque lo quería más de lo que podía explicar o demostrar. Víktor podía no saber a ciencia cierta porqué, pero se sintió un ápice mejor cuando ella lo rodeó con sus brazos y se abstuvo de decir cualquier cosa, solo cediéndole a un adormilado Kenji quien, sin saberlo, sacó silenciosas lágrimas a su padre.
De alguna forma, sus hijos también lo destrozaban y no porque esa fuera su intención. Cuando Yukie llegó abrazada al torso de Yurio y Sasha abrazado por los hombros por Serik, se dio cuenta que su dolor no era el mismo al que ellos debían sentir. Habían perdido a su hermano, a una parte de sí mismos y jamás estarían completos. La misma ansiedad y alegría por la dulce espera de sus hermanos gemelos se transformó en dolor y desconsuelo. Víktor, y seguramente Yuuri también, no tendrían la menor idea de cómo lidiarían con el dolor de sus hijos. Sobre todo, con lo abrupta y desconcertante que había sido la reacción de Viktoria.
Por su fuera poco, por si su mente no tuviera ya bastante que procesar, tenía a su hermano mirándolo a momentos desde el sofá más apartado de la sala de espera. Probablemente más de una persona, incluso sus hijos, habían notado la presencia de esa persona que se parecía tanto a él, pero nadie iba a tener la imprudencia de preguntar en ese momento tan complicado.
El estrépito de todos levantándose de sus asientos y algunos murmullos alertaron a Víktor de la presencia del doctor Kagamine y Brendan, quien a cada momento parecía estar más desolado. Habían pasado tres o cuatro horas desde que el fatídico momento llegó como una bomba. Casi rozaba la media noche, y en el exterior la tormenta se había desatado con fuerza, como si hasta el cielo estuviera exaltado por la tragedia.
—Buenas noches a todos —saludó el americano en una voz susurrante, captando las miradas extrañas de algunos de los familiares y amigos de la familia. Se concentró en la ex pareja de su esposo para lo que tenía que decir —Víktor… es sobre Kujo. ¿Quieres pasar a mi oficina o está bien que lo diga aquí?
—Sí… aquí está bien —el ruso se giró hacia sus hijos, dudando, pero estaba más convencido de que ellos tenían derecho a saber cualquier cosa respecto a su hermanito.
—De acuerdo. Hemos asentado una hemorragia pulmonar como la causa del deceso. Esa fue le urgencia y la probable causa es el Síndrome de Dificultad Respiratoria con el que nació. No puedo decirte con exactitud si no realizamos la autopsia y…
—¿Por qué decidiste no hacerla? —algunos se giraron discretamente a la figura de Yukie, que se veía conmocionada.
—Fue una decisión de su padre, señorita Katsuki —intervino el doctor japonés al notar la tensión entre ambos —El señor Nikiforov cree que no es primordial saber la razón, además de que desea que el cuerpo del bebé quede tal como está.
—Solo falta que Yuuri esté de acuerdo con eso. ¿Tienes alguna otra pregunta? —en realidad Brendan no quería sonar tan arisco, pero no lo pudo evitar. No estaba del mejor humor, y tuvo un verdadero cargo de conciencia al ver a la joven bajar la mirada.
—El señor Katsuki no debe tardar en despertar del sedante, creo que sería conveniente que esté con él cuando eso pase para reducir la conmoción —el doctor Kagamine le dio una sonrisa a Kenji que despertaba en los brazos de Víktor —A veces se reacciona mejor cuando hay alguien cercano. Pienso que su bebé puede ayudarlo.
Víktor asintió y le dio un beso en la sien al niño, quien rió y se abrazó con fuerza a su cuello. Detrás de él, Laryssa se puso alerta, pero sabía que no podía decir nada para no poner a Kenji en esa situación, pues estaba prácticamente sola.
Quienes acompañaban a la familia y los hijos del matrimonio volvieron a donde se encontraban. Hubo un momento en que los ojos chocolate de Yukie se cruzaron con los celestes de Vladya. La chica hizo un ademán de querer levantarse, pero cuando vio a quien estaba segura de que era su tío, retirarle la mirada y aislarse de nuevo, decidió quedarse en el abrazo confortable y conocido de Yurio.
Víktor, sujetando la mano de Kenji que había decidido ir caminando, siguió a los doctores hasta la habitación de Yuuri. El mayor de los japoneses se disculpó por tener que ir a atender a otro paciente, por lo que de nuevo quedaron ellos solos frente a la situación.
—¿Te puedo pedir un favor? —Brendan lo miró confundido cuando estaba a punto de abrir la puerta —¿Puedes entrar con Kenji? Yo…
—Yo creo que Yuuri agradecería la… la confianza y la cercanía que tiene contigo cuando despierte —dijo, un tanto incómodo.
—No sé. Tú estuviste con él este tiempo. Has pasado más tiempo con mis bebés de lo que yo mismo lo he hecho. Creo que… puedes entenderlo más.
—Todavía es tu esposo y ellos siguen siendo tus hijos. Yo solo soy su…
—Confía más en ti que en mí. No te lo estoy pidiendo como su doctor. Quiero que lo hagas como su pareja —Víktor escuchó el suspiro del doctor, sintiéndose contrariado un momento, pero extrañamente aliviado al ver que se agachaba para tomar a Kenji en sus brazos.
—Solo un momento, mientras le explico lo que sucedió —iba a entrar a la habitación, pero antes de cerrar la puerta se detuvo para decir una última cosa —¿Sabes algo? No tienen que… ser pareja o algo así para que haya un sentimiento entre ustedes. Se quieren, ¿no es así? ¿Qué más da si solo son amigos? Hay relaciones que sencillamente no pueden dejarse de lado y creo que este es un buen momento para que ambos, no solo tú, se den cuenta de eso.
Sin esperar una respuesta, Brendan ingresó al cuarto, dejando a Viktor solo y pensando en lo que ya sabía. Su culpa solo iba a ir en aumento al pensar que tuvo que pasar toda una catástrofe para que se diera cuenta. Y Brendan… tal vez, solo tal vez, merecía a Yuuri más que él, aunque eso no significara que lo quisiera más de lo que veinte años habían construido.
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—¿Por qué lloras?
—Porque ya no estás aquí.
—No me he ido.
—Claro que sí.
—Nunca me voy a ir. Estoy ahí adentro.
—No es cierto. No lo estás. Yo te dejé ir. No estás más y es mi culpa.
—Yo no te culpo.
—Deberías.
—Nadie te culpa.
—Yo lo hago.
—Pero si yo no, ¿por qué tú si lo haces?
—Porque eras mi responsabilidad.
—¿Y si te libero de eso?
—No puedes.
—Papá…
—No merezco que me llames así.
—¡Papi Uuri!
Yuuri abrió los ojos, sintiendo la garganta seca, la vista nublada y un dolor punzante en su cabeza, quizás porque la noticia seguía fresca en su mente y corazón, porque lo que sea que hubiera pasado para que perdiera la conciencia, no había sido suficiente para que lo olvidara. Sin embargo, había un recuerdo, una incesante imagen en sus pensamientos y que seguía igual de vívida como si aún la estuviera soñando. Pero no estaba seguro… ¿Eran sus ojos los que estaba recordando? ¿Era el reflejo de su propia infancia quien le sonreía? ¿Por qué sentía que no era él?
—¡Uuri! —unas manos pequeñas y regordetas se posaron en su pecho y cuando pudo enfocar su vista, lo primero que encontró fue una mirada celeste con el ceño fruncido y un adorable puchero.
—Lleva un rato esperando a que despiertes. No te había visto en varios días y se emocionó cuando vio que te movías —Brendan estaba a su lado, de pie y acariciando con cariño su cabello —Hola, Yuuri.
—¿Brendan? ¿Qué me… pasó?
—Lo siento. Tuve que sedarte o ibas a lastimarte —su rostro se veía apesadumbrado —¿Cómo te sientes?
Eso era algo difícil de responder. ¿Cómo lo explicaba? Le dolía el cuerpo entero, pero no había forma de compararlo con sentir su alma casi mutilada, el corazón hecho añicos. ¿Cómo ponía en palabras el dolor de saber muerto a uno de sus hijos? ¿Cómo si quiera pronunciaba una palabra cuando sus ojos se llenaron de lágrimas al instante en que solo pensó en Kujo? No, no tenía modo de decirlo, con solo verlo tenía que ser suficiente.
—¿Poque llorash, papi? —Kenji se alarmó al ver las copiosas lágrimas descendiendo por las mejillas de su papá, por lo que lo se tiró sobre su pecho y lo abrazó con toda la fuerza que tenía —¡No lloresh! ¡Yo estoy aquí! ¡Yo te cuido! —Yuuri le devolvió el abrazo como pudo, y lloró aún más fuerte.
—Pensé… que te ayudaría tener a Kenji aquí. Algunos llevan… esta clase de situaciones con más tranquilidad cuando tienen a sus niños pequeños con ellos. Si me equivoqué yo…
—Está… está bien… Es solo que… que… Kujo… nunca voy a… poder abrazarlo… decirle que… que lo quiero…
—No, amor, no. No digas eso —Brendan se sentó a un lado y cuidando de no separar a Yuuri de su hijo, lo rodeó por lo hombros y lo atrajo a su regazo —Claro que lo harás, si así lo quieres. Puedes ir a verlo y decirle todo lo que quieras.
—No… no voy a… a poder… no… tengo modo de… de… pedirle que… que me perdone…
—Tú no hiciste nada malo. No es tu culpa. Lo que le pasó era un problema que ya tenía y…
—¡Es mi culpa! —espetó, alertando a Kenji, quien se aferró todavía más, como si entendiera que su papá estaba sufriendo —Yo no lo cuide… estaba en mi… tenía que cuidarlo. Murió por mi culpa… fui incapaz de protegerlo.
—Yuuri… tengo que explicarte que fue lo que pasó con él para que entiendas que no es algo que tú pudieras controlar.
—¿Él sufrió? —preguntó, temblando en medio del abrazo que Brendan mantenía sobre él.
—¿Eh?
—¿Sufrió antes de… de…?
—No tienes que mortificarte con eso, pero te puedo jurar que se aferró hasta el último momento a sus posibilidades. Cómo Víktor te lo dijo, era un bebé que luchó con todo lo que tenía, pero hay cosas que son más fuertes que eso.
—Yo… yo… pude habérselo evitado… —su voz se quebró de nuevo al pensar en todo lo que habían pasado esos meses, en cada una de las muchas cosas que suponía pudieron haber contribuido a eso —Soy… soy egoísta… fui egoísta con… mi bebé…
—Yuuri… lo que te acabo de decir es lo único que te puedo asegurar —se movió para quedar de frente a su pareja, quien evitó su mirada en todo momento —Sé que es lo que estás pensando, pero no tengo modo de decirte si fue por eso. Quizás si desde si desde que el embarazo empezó hubieras estado en un ambiente tranquilo, si Víktor no hubiera aceptado el divorcio, si yo no hubiera aparecido… no sé… tal vez ambos se habrían desarrollado igual —vio que el rostro de Yuuri palideció aún más de lo que ya estaba y resopló —Son solo unas posibilidades dentro de todo lo que pudo haber sido la causa específica.
—Pero yo…
—Tú hiciste lo que debías. Sé que ese día… ya te sentías mal, pero no habría cambiado mucho, Yuuri. El problema de Kujo era más… grave de lo que pensábamos y… pienso que iba a pasar de cualquier forma.
Yuuri ni respondió, pero no por eso dejó de llorar en el pecho de Brendan y acariciar el suave cabello de su bebé, que parecía haberse quedado dormido. El tiempo después de que la última palabra fuera pronunciada se le hizo eterno y sintió que se ahogaba en preguntas y reclamos hacia su persona. No importaba lo que le dijeran, para él solo había una verdad.
Su hijo estaba muerto y él tenía toda la culpa.
Sus imprudencias, sus enojos, su estrés, las peleas, las separaciones, los cambios. ¿De verdad nada de eso tenía que ver en el fallecimiento de su pequeño bebé? ¿Cómo era posible pensar que no tenía la mínima responsabilidad?
—¿Puedo pasar? —se escuchó desde la puerta y el corazón del japonés se contrajo al ver a Víktor asomarse con cautela. Casi no podía reconocer al hombre que siempre había parecido que no conocía otro estado que no fuera la felicidad. Estaba ojeroso y despeinado. Yuuri, que lo conocía de sobra, podía distinguir en su nariz roja la perfecta evidencia de sollozos, en su sonrisa descompuesta una muestra clara de estar roto —¿No te molesta, Yuuri? —negó con la cabeza y se incorporó un poco, acomodando a Kenji a su lado.
—Ustedes tienen que hablar algunas cosas, así que los dejo solos —al momento de levantarse, Brendan no dudó en dejar un beso en la sien de Yuuri —Te necesito fuerte, amor. Regresaré en un momento.
—Gracias —Brendan se detuvo en la puerta ante las palabras de Víktor. Se giró para verlo y le dio un leve asentimiento antes de salir. El ruso regresó la mirada hacia donde estaba el japonés y trató de sacar una sonrisa en el hombre tan resquebrajado que tenía en frente —¿Ya viste? Ya no nos odiamos del todo…
—No te odia…
—Yo solo un poquito —dijo, acercándose cuidadosamente a la cama, notando con ternura a Kenji rendido al sueño a su costado —Pero… creo que ya no lo haré más. No después de todo lo que ha hecho. Solo puedo decirle que estoy muy agradecido.
—Trató de… salvar lo que yo destruí…
—Yuuri…
—¿Me odias a mí, Víktor?
—Por supuesto que no, Yuuri —tenía miedo del rumbo que los pensamientos de Yuuri estaba tomando, pero también pensó que era necesario que dijera todo lo que lo carcomía por dentro.
—Deberías odiarme.
—No, eso no es cierto.
—Claro que sí. Víktor… dime la verdad, dime que me odias… dime que me detestas… —su cuerpo comenzó a temblar y las lágrimas apuraron a salir de nuevo, incontrolables y dolorosas.
—Jamás podría hacer algo como eso, Katsuki —con cautela, pero por completa seguridad de que lo que estaba por hacer era lo correcto, se acercó para subir a la cama donde estaba el japonés y atraerlo hacia su pecho. Al principio sintió un poco de resistencia de parte de Yuuri, pero tan solo bastaron unos segundos para sentirse como no lo hacía desde hace mucho tiempo, como en su hogar, para que llorara como si no hubiera un mañana, tratando de desahogar un sentimiento que estaría dentro de él, sino para siempre, si por un gigantesco lapso —Hazlo, Yuuri, llora todo lo que necesites. Aquí estoy —en algún momento en que el tiempo pareció eterno, Víktor sintió que él mismo también se quebraba. Pero resistió, resistió lo mejor que pudo, porque ese no era ni el lugar ni el momento para que romperse.
—Perdo… perdóname… Víktor… perdón…
—¿Por qué am… Yuuri? —esperaba que no se hubiera dado cuenta del error, pero el silencio sollozante lo hizo dudar.
—Yo… yo… estoy acostumbrado a asumir la culpa de mis errores —dijo, deteniendo todo lo que hacía, sintiendo como el corazón de Víktor se desbocaba. ¿Qué era lo que lo ponía así? —Pe… pero… esta vez…
—Esta vez… no era porque eso me podía dejar mal. Esta vez… uno de nuestros hijos se fue… —completó Víktor, percibiendo el cuerpo tensarse junto al suyo —Aun no sé tratar muy bien con las personas que lloran… ¿te acuerdas de lo que te dije?
—Me… me preguntaste… que si deberías be… bes…
—Eso ya no es muy adecuado ahora, ¿verdad? —una pequeña convulsión en Yuuri lo hizo sentirse ligeramente mejor, tal vez eso había sido una risa —Pero… pero creo que sí puedo hacer lo otro…
—¿Lo otro?
—No decirte nada… sólo quedarme a tu lado —Yuuri se alejó del regazo de Víktor tan rápido como el punzante dolor en su vientre se lo permitió. Se encontró con una extraña mirada azul. Sabía que la había visto, en los peores y en los mejores momentos. ¿Qué era ese sentimiento? ¿Siempre había estado ahí?
—Víktor…
—Perdóname a mí, Yuuri —entonces, una fina lágrima descendió, como una pequeña perla —Yo… no sé lo que te diga tu novio acerca de esto… pero sí se algo. Yo tuve culpa. Yo te dejé cuando… me necesitabas… cuando los tres me necesitaban. No podemos tener la certeza de que esto fue lo que provocó lo demás, pero… yo fallé al no estar.
—No… es que yo… yo te aleje…
—Pero yo no luché por quedarme en tu vida —lo tomó de la barbilla y lo hizo que lo viera a los ojos. Sabía que Brendan estaba en la puerta, casi podía jurar que se moría por entrar. Afortunadamente, para siempre, ese gesto sería un tierno secreto —Yuuri, mi Yuuri de… de una manera diferente… yo… ya no quiero prometerte nada. Solo lo haré, ¿está bien? Me quiero quedar contigo. No sé si tenía que pasar esto para que me diera cuenta.
—¿De qué?
—De que no quiero perderte. Tal vez… tal vez ya dejaste que Brendan entrara en tu corazón, pero… sabes que eres especial para mí.
—Víktor, no… yo no creo…
—Lo sé. No te estoy pidiendo que mañana hayamos olvidado todo lo que pasó. Te juro que quiero resolver eso… pero…
—Pero no se trata de nosotros… se trata de que falleció uno de nuestros bebés y el otro está delicado —Yuuri tomó la mano de Víktor, en una silenciosa súplica, pidiendo de nuevo y las veces que fueran necesarias, que se quedara a su lado —Ayúdame… por favor… ayúdame.
—Juntos, Yuuri. Lo vamos a hacer juntos —por fin, después de que sus almas se alejaran, de que sus corazones se repelieran, de que sus sentimientos se negaran, el abrazo llegó. Reconfortante y lleno de todo, rebosado de todo aquello que se había acumulado todos esos meses, reconociéndose de nuevo —Nuestro Dimitry va a necesitar que le demos todo el amor y apoyo que podamos. Tiene que saber que amamos a su hermanito, y que sus tres papás lo aman a él y se van a encargar de que esté completamente bien.
—¿Sus… sus tres papás…?
Víktor guiñó un ojo, separándose solo un poco para que lo viera. Unos momentos después, Brendan entró y Yuuri percibió un muy débil sonrojo en sus mejillas, al igual que una mirada sorprendida al verlos juntos, pero lo que más llamó la atención del japonés fue la pañalera que colgaba de su hombro y que reconoció como la que había preparado con las pertenencias destinadas a Kujo.
—Víktor, ya es el momento… —le dijo al ruso, quien asintió y se puso de pie para buscar la silla de ruedas encontrada en la esquina de la habitación.
—¿El momento de qué? —preguntó Yuuri, limpiándose con sus manos temblorosas los rastros de lágrimas.
—Yuuri… —Brendan se colocó frente a él y lo tomó de las manos, acariciándolas con suavidad y buscando que lo que dijera sonara lo más suave posible —¿Te gustaría conocer a Kujo?
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Yukie y Sasha llegaron abatidos y dolidos a su casa. El viaje del hospital hasta el domicilio había sido extraño. La chica que siempre acompañaba a su tío Vladya se había ofrecido para llevarlos hasta su hogar en el auto de Víktor. Había permanecido en completo silencio, solo diciendo que se llamaba Katerina. Los observaba a momentos y negando con la cabeza a ratos desde el asiento de conductor. La japonesa hubiera querido preguntar algunas cosas respecto al siempre oculto general Nikiforov, pero no estaba del todo segura de que era lo que quería saber o tenía miedo de saberlo. Lo único que se dijeron fue un escueto "Gracias" cuando llegaron a la casa. No estaba segura de si esa sonrisa que le regaló antes de irse era de apoyo o lástima, pero le generó un grueso nudo en la garganta.
—¿Puedo irme a dormir? No tengo hambre —Sasha lucía irreconocible. Era como si le hubieran arrancado la vida y se siguiera moviendo solo porque tenía piernas, no teniendo nada que ver con el hecho de que todavía fuera de madrugada.
—¿Seguro? Siempre puedo cocinar algo. No cenamos nada anoche —Yukie abrazó a su hermano y le dio un beso en el cabello, casi esperando un sollozo. Pero lo único que llegó fue un largo y pesado suspiro.
—No… es que no… no quiero nada ahora. Solo quiero dormirme.
—Sasha…
—Lo extraño. No lo vi, pero… pero lo extraño mucho. ¿Por qué tenía que pasarle eso a Kujo? Él no hizo nada —el niño se aferró con fuerza a la cintura de su hermana, conteniendo en su pecho las lágrimas que querían salir.
—No lo sé, bebé. Pero… pero tal vez era lo mejor para él. Quiero que pienses que ahora está descansando y ya no sufrirá nada, ¿está bien?
—Pero… yo quería que… que estuviera con nosotros.
—Si está, Sasha. Siempre va a estar aquí. Y nos dejó a Dimitry, que es como una parte de él. Te prometo que vamos a estar bien —lo besó tantas veces en la frente como le fue posible, esperando aliviar, aunque sea un poco, de lo herido que debía sentirse.
Un poco de tranquilidad le llegó cuando escuchó una muy débil risa, tomándolo como una señal de que estaba un poco mejor.
—Ve a mi cama, te alcanzaré en un momento.
—¿Puede Makkachin dormir con nosotros?
—Claro que sí. Un esponjoso siempre le hace bien al corazón. Llévalo contigo, te alcanzaré en un momento.
—Deberías ir a ver a Viktoria. No la he visto en horas —dijo Sasha antes de meterse a su cuarto por un pijama y moverse al de Yukie.
Por su parte, la japonesa si fue a la cocina en busca de algo que llenara su estómago y la distrajera del vacío de su corazón. Por supuesto que le había dicho a su hermano que las cosas iban a estar mejor. En realidad, anhelaba que fuera así. pero eso no significaba que el proceso iba a ser indoloro. Era un hermano el que había fallecido, era un parte de ellos la que se había ido tan rápido como había llegado. Ahí, en la soledad de la cocina, se permitió llorar solo un poco. Tanto como una hermana mayor podía permitirse.
—¿Yukie? ¿Hace cuánto llegaron?
—Hace unos minutos, solo estamos Sasha y yo —la mayor de las gemelas no pudo evitar sorprenderse al ver los ojos enrojecidos de su hermana, su tez pálida y su cuerpo encorvado y tembloroso —Dios… ¿qué tienes?
—¿Qué tengo? ¿Qué es esa pregunta? Mi hermano acaba de morir por mi culpa…
—Para con eso. El… novio de Yuuri ya dijo que no fue culpa de nadie. Nuestro hermano ya estaba muy mal desde antes de nacer…
—No… no es cierto. Mi papá se… él se desmayo cuando yo le dije a Víktor…
—Yuuri se sentía así desde antes de ir con ustedes. Y si Kujo nacía en ese momento o en la noche, no iba a cambiar el resultado, así que libérate de la culpa —Yukie se estaba preparando para dejar la cocina y a su hermana, pero algo que dijo en un susurro la hizo detenerse y sentir que la molestia brotaba de ella.
—No lo creo. Estoy segura de que es mi culpa.
—Suficiente —posó con fuerza el vaso que llevaba en las manos contra la barra de la cocina y se giró para enfrentar a su hermana —¿A qué quieres llegar?
—No puedo… es mi culpa y… siento que no puedo con ella. Me van a odiar. Yuuri me va a odiar.
—Claro que no. Yuuri ya tiene bastante pensando que es su responsabilidad. Ni siquiera han mencionado lo que pasó en la pista…
—¿Por qué? Ellos tendrían que saber que yo fui la que… causó todo esto —para ese punto, con la expresión descompuesta de su hermana frente a ella, Yukie no estaba segura de sentir lástima o enojo contra ella.
—¿Lo que quieres es que te veamos como la pobre víctima de todo esto? —al final, fue la molestia la que ganó, yendo a cada momento en ascenso —¿Es eso?
—No… no quiero…
—Pues tal vez no quieres, pero es lo que piensas. Siempre has sido así. Quieres que todo el mundo se apiade de ti, que piensen que eres la pobre niña que se accidentó y siempre será la víctima…
—¿Qué?
—Pues te aviso que no es así. Por una sola vez, tú no eres la que importa.
—Yukie… eso no es lo que pasa —se paralizó cuando una carcajada salió de los labios de la pelinegra.
—¿No? ¿No es siempre lo que eso pasa? Primero, fuiste la pobre bebé que tuvo que quedarse en el hospital. Después la máxima promesa del patinaje en un accidente que ella misma provocó y por el que se culpó a alguien más.
—Yukie… para…
—Luego quisiste pensar que la culpa del divorcio de nuestros padres era todo menos tuya, y tú solo eras la desdichada chica a la que querían separar de su papá. Después, pobre Viktoria. Su papá no pudo mantener una promesa y ella decidió que lo odiaba. ¿No te has puesto a pensar que Víktor solo quería no sentirse solo?
—Nos… nos tiene a nosotros… —la peliplata estaba pálida, con cualquier idea abandonando su boca.
—Claro, y como todos aquí somos de gran ayuda. ¿Sabes qué es lo peor de ti, Viktoria? Que ahora parece que quisieras que dejemos de lado que alguien murió, que nuestro hermano murió, y quieres que vengamos a consolarte como si fueras la verdadera afectada.
—No pensaba eso.
—¿Segura? Yo creo que sí. Pero tienes que enterarte de esto. No eres ni de cerca a la que más le duele. Tú solo lo sientes por ti. Así que, si quieres, quédate y regodéate en tu miseria, a nadie le va a importar. Son Yuuri y Víktor los que perdieron un hijo, y somos Sasha y yo los que sentimos que perdimos a un hermano.
—También era mío.
—¡No lo parecía! ¡Te largaste de ahí! ¡Maldita sea, ni siquiera has preguntado cómo está Yuuri, o Víktor, o que fue lo que pasó con tu hermano! Hasta Laryssa y Kenji están ahí. ¿Qué estás haciendo tú?
—No significa que no esté preocupada…
—Sólo por ti. Siempre has estado solo preocupada por ti. Abandonas a todos cuando las cosas se complican y quieres que corran a abrazarte cuando sientes las consecuencias —pasó a un lado de ella para tomar una manzana, algo que la hiciera canalizar un poco de todos esos fuertes sentimientos que la hacían sentirse ahogada —Yo me niego a hacerlo. Si quieres que alguien te compadezca, no los busques aquí.
—Deja de decir eso, por favor…
—¡No! ¡No puedo! ¡Ya estoy harta de todo esto! ¡De que siempre seas tú!
—¡Ya! ¡No digas eso!
—¿Por qué? ¿Por qué sabes que es la verdad? ¿Por qué siempre te prefieren a ti? ¿Por qué Viktoria es a la que siempre debemos proteger? —el chocolate de la mirada de Yukie refulgía en el fuego de su propia verdad, en estar liberando lo que siempre le había dolido.
—Eso… eso no tiene que ver… con lo que está pasando.
—No, tal vez no, pero ya no quiero callarlo. Ya me cansé y tú no haces más que hacerme sentir peor.
—¿Esto es por lo que estás enojada conmigo? ¿Por qué crees que soy más importante que tú para… para quien sea?
—No sólo lo creo, Viktoria. Siempre lo he visto así, pero… pero…
—¿Por qué decidiste decirlo hasta ahora? —Viktoria se paró frente a Yukie, que estaba dispuesta a irse y no contestar. La tomó por lo hombros y casi la forzó a que la mirara —¿Por qué no pudiste decírmelo antes? ¿Desde… desde cuándo?
—Déjame en paz.
—No hasta que me lo digas.
—Viktoria, no. Ahora no es el jodido momento. ¡Suéltame! —la brusquedad con la que apartó sus manos sorprendió a su hermana, pero no por eso desistió.
—¡No! Si vamos a decir lo mismo, yo también estoy harta de que me trates de esta forma sin que sepa porqué. ¿Qué diablos hice? —la tomó de la muñeca cuando la alcanzó en la sala, dejando sus dedos grabados en la blanca piel —¿Yo qué hice para que parezca que me odias?
—¡Nada! ¡Ese es mi problema! ¡Que no hiciste nada...! Hasta que Jeremy apareció y entonces si…
—¿Todo esto es por él? Te he dicho mil veces que a mí no me…
—¡Y por eso es todavía peor! —Viktoria se llevó una mano a la boca para ahogar su expresión desconcertada cuando Yukie se sentó en el sillón más pequeño y escondió sus lágrimas entre sus manos —Tú no lo quieres…
—Yu… si todo esto es solo por un hombre… yo…
—¡No es él! No es eso… ni siquiera eres tú —tomó un largo suspiro y levantó la vista para encontrarse con el par de ojos celestes y desconcertados —El mundo… el mundo solo se fija en ti… Solo le importas tú. Siempre estás tú primero.
—Yu…
—Cuando… cuando nacimos… puedo entender que estabas delicada. Pero Víktor y Yuuri siempre te protegieron más por eso. Cuando empezamos a patinar… todos se fijaron en ti… tú eres la que siempre ganaba y puso el apellido Nikiforov de nuevo en alto.
—Pero si tú…
—¿Quién es la leyenda del patinaje, Viktoria? ¿A quién te pareces?
—Pero… pero eso no significa que Yuuri… él también es reconocido y…
—Yo sé que lo es. Pero… pero no es Víktor, y así es el medio del patinaje, lo sabes. Sin embargo, intenté no tenerlo en cuenta y me esforcé por estar a tu altura —suspiró y recargó en su cabeza en el respaldo, perdiéndose en algún punto del techo, recordando esos tiempos —Cuando tuviste tu accidente y yo quedé en tu lugar… tal vez suene egoísta… pero pensé que podía se mi oportunidad para darme a notar mientras tú estabas fuera.
—Sí lo hiciste. Empezaste a ser… maravillosa. Rompiste uno de los récords y… todos te seguían.
—Fue genial mientras duró. Porque volviste y otra vez todos se avocaron a ti. A pesar de que apenas lograbas clasificar a los torneos, todos te apoyaban, alentaban y creían en ti. ¿Sabes lo que alguna vez dijeron de mí? Que era una estrella con suerte… que le debía todo a mis padres por posicionarme.
—¡Eso no es cierto! —Viktoria se sintió molesta, pero casi llora cuando escuchó una risa lacónica en los labios de su hermana —Eso… tú… eres la mejor entre tú y yo…
—Pero no es lo que todos ven. Solo saben que me estoy robando tu gloria…
—Pero Yukie… perdón. En verdad, lamento que eso pase, pero no es mi culpa.
—No, por supuesto que no. Por eso no podía enojarme contigo por ello.
—¿Entonces?
—Creo… o bueno… exploté cuando… cuando besaste a Jeremy…
—Ya te dije que eso no fue porque yo quisiera. Estaba… ebria y dolida… solo… pasó.
—¿Pensaste en lo que eso significaba para mí? —ante la negación de su hermana, Yukie resopló y se limpió los rastros de lágrimas —Jeremy… él es de esas pocas personas que, aunque te vio primero, decidió que me quería a mí… sobre ti.
—Oye... eso suena… no pareces tú cuando dices eso. Yukie… tú siempre has sido muy segura de quién y cómo eres…
—Sí… más o menos. Pero no puedes esperar que no me sienta opacada cuando tú y… hasta Sasha… son tan… maravillosos. Por eso… me enamoré de él… porque me vio… y tú… tenías que besarlo.
—Oh…
—Sí, oh. Me quitaste lo único que era enteramente mío… o para mí.
—Yo no sabía eso, Yu. No tenía la menor idea…
—¿Y eso te exime de lo que hiciste? Aun así, no tenías por qué besarlo… ni él tenía por qué devolverlo —después de ver que Viktoria se había quedado inmóvil en donde estaba, Yukie se levantó y se soltó el cabello —¿Suficiente? ¿Ya entendiste cuál es mi problema?
—Pero… pero esa no es mi culpa… tal vez el beso sí. Pero no es mi responsabilidad que el mundo actúe como lo hace.
—Tal vez… ¿pero adivina qué? Si tienes tantos ánimos de sentirte culpable por todo el caos, también te hago responsable de este.
—¡Yukie!
—Lo siento, Viktoria. Pero… pero ya me han dolido demasiadas cosas. Gracias por permitir que me desahogue. Pero eso no hace que ignore todo lo demás. No voy a quedarme contigo si tomas esto como una excusa más para sentirte una víctima en lugar de ir a donde te necesitan.
—Yukie…
—Buenas noches, Viktoria.
Aunque pudo haber ido, aunque sabía que Yuuri y Víktor necesitaban de ella para buscar consuelo, aunque sabía cosas que siempre había ignorado, Viktoria se quedó ahí, en su cama, sin saber que sentir.
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—Kujo…
Brendan los había dejado solos en esa blanca y vacía habitación. Les había dicho que podían tomarse el tiempo que necesitaran para estar con él, decir y hacer lo que mejor les pareciera y tomar las decisiones correctas. Pero ni Viktor ni Yuuri sabían como podrían siquiera pensar con claridad ante esa escena.
Tan sublime como dolorosa, tan blanca y pura como gris y tormentosa.
Kujo estaba colocado sobre una manta blanca dentro de la incubadora que lo había visto luchar con todo lo que tenía. Solo un pañal cubría su terso cuerpo, y aunque sus padres sabían la cruda verdad, lo cierto era que parecía como si estuviera dormido profundamente.
—Bebé…
Yuuri hizo todo lo posible para levantarse de la silla de ruedas y aunque Víktor le puso una mano en el hombro para que se mantuviera en donde estaba, le bastó solo una mirada suplicante y una negación con la cabeza para que el ruso lo ayudara a levantarse y caminar con cautela hasta donde reposaba el cuerpo sin vida del menor de sus hijos.
Las palabras son insuficientes cuando se trata de describir el amor, el dolor, o ambos en una sola expresión. Ni las lágrimas lo pueden expresar todo, ni las sonrisas pueden ocultar los sentimientos fuertes. Simplemente acudieron al silencio, en donde cualquier frase, cualquier expresión no dirían nada de lo que pasaba dentro de ellos.
Aun así, finos surcos de agua salada salieron de ambas miradas cuando estuvieron frente a su bebé. Yuuri entendió porque iba a ser tan difícil que Kujo sobreviviera. Su cuerpo era tan pequeño, que apenas mediría lo de su antebrazo. Recordaba que, de las dos veces que lo vio y mientras tenía un tubo en su garganta, su piel seguía conservando tintes azulados, pero ya no era así. Ahora estaba rosada y un poco oscura, pero se veía casi normal, como se suponía que debía haber sido. Sus delicadas manos estaban todavía cerradas en un puño y colocadas al costado de su cabeza cubierta con un gorro, justo como acostumbraban a dormir todos los hijos del matrimonio. Sus ojos estaban cerrados con tanta suavidad, que Yuuri tuvo el impulso de tomarlo en sus brazos y arrullarlo. Por supuesto, no dudo en hacerlo, aunque sabía que lo iba a romper por dentro.
—Ho… hola Kujo… —tardó en moverlo de la incubadora, pero tocar su piel tan liviana como una pluma lo impulsó a querer tenerlo entre sus brazos, a hacerlo saber que, aunque solo era su cuerpo el que estaba presente, lo amaban y lo amarían siempre —Hola bebé… estás tan… tan chiquito… Eras tan delicado que… que me sorprende mucho lo que hiciste. Eres… tan fuerte, mi amor —se giró a ver a Víktor, que estaba al borde colapsar al ver a Yuuri cargando y cobijando a Kujo como si solo estuviera dormido —Vitya… ¿quieres… quieres ver a nuestro bebé?
—Yuuri… —esbozó una sonrisa, pero que apenas y guardaba algo de alegría, no cuando las lágrimas caían incontrolables. Pero ese bebé merecía todo el amor, hasta el último momento y más allá —Claro que quiero verlo —caminó junto a Yuuri y por un momento parecieron una familia normal, con el ruso acariciando la mejilla del bebé —Hola, pequeño príncipe. Tu papá Yuuri y yo estamos muy orgullosos de ti. Eres la cosita pequeña más valiente que he visto en mi vida. Te amé desde que tu papá me dijo que vendrías a hacernos felices, te amé en cada momento, te amo ahora mismo y te prometo que te voy a amar hasta… hasta que…
—Hasta que nos encontremos contigo de nuevo —terminó Yuuri, notando la incapacidad de Víktor de seguir hablando sin sentir que el corazón se salía de su pecho —Y te amaremos… aún más. Yo… Kujo… yo… perdóname, ¿sí? Sé que no te protegí como debería, pero… pero hice todo lo que pude… te lo prometo… yo te quería tener para siempre. No quería que sufrieras y… y… solo tienes que saber que te amo, bebé. Mi pequeño valiente…
—Te vamos a necesitar mucho. Perdóname a mi… sé que te dije que haría todo por ti y tu hermano… que tu familia sería la mejor —Yuuri miró a Víktor sabiendo a lo que se refería, pero el peliplata no hizo más que rodearlo con un brazo mientras regalaba suaves caricias en la mano de Kujo —Tal vez estamos un poquito rotos, pero te aseguro que tus hermanos, nosotros y todos aquellos que sabían de ti te querían.
—Voy a cuidar mucho a Dimitry… le contaremos de ti y te aseguro que el va a estar orgulloso de que su hermano haya sido tan fuerte y valiente. Kujo… mi bebé… por favor… no olvides que te amo. Donde sea que estés… recuerda que te amo… muchísimo. Si… hubiera podido escoger… siempre hubieras sido tú.
—Tranquilo, Yuuri —Víktor soltó un poco a Yuuri para limpiar las lágrimas que caían copiosas y se estrellaban contra el pequeño cuerpo. El ruso extendió sus manos para que el pelinegro lo dejara sostener un momento a su hijo. Después de besarlo en la frente varias veces, lo cedió a Víktor con todo el cuidado del que era capaz, quebrándose un poco más al ver tanto amor en su mirada. El peliplata acarició con suavidad el cabello de Kujo, que auguraba ser de un profundo negro, como el de Yuuri —Bebé… gracias por dejarnos ser tus papás y enseñarnos a no rendirnos—se acercó a su cabecita y antes de darle un beso, le susurró como un secreto —Gracias por ayudarme a darme cuenta de que… que lo quiero conmigo y que nada vale más que tu papá, solo ustedes. Si estás en alguna parte… ayúdame, mi amor. Tú lo sabes… ayúdame.
—Vitya… ¿qué… qué vamos a hacer?
—Primero… yo le dije a Brendan que prefería dejar a Kujo así y opté por qué no le realizaran una autopsia. Pero siempre puedes decidir lo contrario.
—Mmmm… ellos… dijeron que fue una hemorragia pulmonar, ¿verdad?
—Así es. Pero sin la autopsia no podrían saber a ciencia cierta porqué sucedió.
—Yo… bueno…. nosotros… ¿podemos vivir solo con eso? Es que… quiero… quiero que siempre se quede así. Su cuerpo ya pasó por mucho y…
—Lo entiendo, Yuuri. También creo que es lo mejor para él. Tus papás querían saber que es lo que queremos hacer respecto a… su funeral.
—Oh… —Yuuri se mordió el labio y dejó que su mente divagara en recuerdos de la infancia, encontrando uno que, aunque para los demás resultara extraño, lo vio como una señal de lo que debería pasar —Cuando… era niño… pasé alguna vez por el cementerio de Hasetsu. Para ver a mis abuelos y cosas así. Y… me gusta ese lugar… es muy tranquilo, como si no estuviera aquí… tranquilo como para un bebé.
—¿Quieres que lo sepultemos, entonces? —Yuuri asintió levemente. Era extraño hablar de eso con su bebé presentes, pero no podía pensar en un mejor lugar para que estuviera tranquilo, donde tuviera la certeza de que todos quienes lo amaban podrían ir a verlo —Perfecto, les avisaré que haremos eso. ¿Podemos vestirlo juntos? Para eso he traído su pañalera.
—Sí, quiero hacerlo. ¿Me lo…?
Antes de poder terminar de hablar, Víktor encerró a Yuuri en un abrazo con su brazo libre, manteniendo el cuerpo de Kujo entre el de ambos, como si lo estuvieran protegiendo.
—Gracias por tenerlo, Yuuri.
Los sollozos en los dos se intensificaron, y aunque el dolor seguía latente y fuerte, estaban seguros de que el amor por su bebé terminaría por sacarlos de la profunda oscuridad en la que se sentían inmersos.
—Gracias por dármelo, Víktor.
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¡Hola! Esta vez no me pase de la semana en publicarlo, así que ámenme más. Ya sé que en la transmisión en vivo dije que pondría el funeral, pero pensé que todavía no era su momento, así que eso será con lo que abriremos el siguiente capítulo y el siguiente suceso que va a marcar un nuevo rumbo en la historia.
¿Cómo ven lo que pasa con Yukie? Por eso les dije que le tuvieran un poco de paciencia, ella tiene su propio calvario, y Viktoria no es un angelito precisamente. Ambas se van a redimir, lo prometo, y se darán cuenta de que tienen sus errores, así que calma y gocen el desahogo.
Estos capítulos están mutilando mi alma, ¿saben? Espero que les estén gustando lo suficiente. En otras noticias… ¡Llegamos a los 10K en Wattpad! Yo sé que no es mucho en comparación con otros fics, pero esto me hace inmensamente feliz, así que mil gracias a todos. También a los de FanFiction, porque están a nada de los 20k, y eso es demasiado para mí.
¡Saludos a todos y nos vemos pronto!
Zryvanierkic: Laryssa siendo madre es mi nuevo hit. Ten por seguro que pondré más de eso. Yo creo que a mi Vlad le da miedo amar, por lo que ya sabes, y le acaba de pasar lo mismo, así que, desde mi concepción, le van a hacer falta más que palabras para entender algunas cosillas. Pero es inteligente, así que lo hará. No ahora, pero sí lo hará. ¿Te imaginas que tan rotos pueden estar como para encontrarse consuelo con el otro, de nuevo? Esta parte, aunque me duele, me fascina. Me encanta como, siempre, es la calamidad la que hace que te des cuenta quienes estarán siempre ahí. Ojalá este cap también te haya gustado mucho. ¡Cuídate! Ya te lo dije, pero síguete cuidando.
Haru: ¡Hola! La verdad me hace super feliz que te haya sorprendido lo que pasó, lo que si pasa es que Yuuri está en un limbo de realidad y locura, pero se le irá pasando con el tiempo. De hecho, tanto Víktor y Brendan confiaban en las mínimas esperanzas que Kujo tenía, y quisieron que Yuuri también se aferrara a ellas, y sí se lo prometieron, hace como tres capítulos. Como puedes ver, y sinceramente creo que así es él, Yuuri se culpa a él antes que a los demás. Si arremetió contra Brendan y Víktor, fue porque se negaba a creer que estuviera pasando. Aunque muchos detestan a Laryssa, a mí me encanta. Es de mis personajes más elaborados. Si es mala, pero es humana. También quiso, sufrió y ahora anhela. Todos aquí tienen sus razones para ser como son, hasta Viktoria y Vladya, y créeme que, si no son dignos de justificación, si de comprensión. Pero bueno, suficiente por ahora. Gracias por seguir comentando, alegras mis días. ¡Un enorme abrazo!
