Capítulo XXXVIII

El plan

Terry estaba a la expectativa, según lo informado por Tom, Georgianna y Fred llegarían esa misma tarde a su departamento, ubicado en Londres. Habían demorado mucho tiempo, tenían cuatro horas de atraso. Candy estaba que daba vueltas en el departamento, sabía que una llamada a su esposo podría ponerlo en aprietos; tenía que calmarse, pero como hacerlo, si su esposo y padre de su hijo, estaba en peligro. Decidida tomo el teléfono y comenzó a marcar un número.

Bueno – contestó la voz del otro lado.

Papá, ¿tienes a Eleonor cerca? – cuestionó ella.

No Candy, ¿pasa algo? – cuestionó el rubio intrigado.

Pues nada en realidad, sólo que sabes en ¿qué está metido Terry, verdad? – preguntó con ganas de querer saber que sucedía.

¿Está metido en algo? – exclamó sorprendido.

Sí papá, lo del secuestro está urdido por Georgianna y Fred Luchesse, su novio. No fue Niel el que mando a secuestrarnos, todo esto fue por Terry… en realidad – explicó Candy un tanto torpe.

Quieres decir que Terry y Georgianna… - inquirió el rubio un tanto molesto.

No papá, cómo se te ocurre, en realidad creo que fue en el hospital, Georgianna se le insinuó a Terry y él la rechazó – concluyó la rubia soltando un suspiro.

¿En serio? – respondió Albert sorprendido.

Papá, en estos momentos se encuentran apostados fuera de su departamento. A ciencia cierta no me dijo mucho de eso, la verdad estoy preocupada – decidió soltar algo de información.

¿Quién más sabe de esto? – quiso averiguar un poco más.

Samuel y Tom – contestó rápidamente.

En ¿qué rayos está pensando mi yerno? – cuestionó exaltado el rubio, sin llegar a entender que pasó por la mente del castaño esposo de su hija.

Realmente dudo que esté pensando, Eleonor ¿está bien? – preguntó ella tratando de cambiar el tema.

Mejor, el bebé la tiene entretenida porque si se entera no quiero ni pensarlo – pero Albert no la dejó ni por un momento en paz.

Sí supongo, recuerda que no te dije nada papá – le pidió ella al notar a su padre pensativo.

Si Candy, me avisas ¿cómo va ese asunto? – pidió el rubio.

No le digas nada a Eleonor – advirtió ella.

No hija, no tengas cuidado por ello – advirtió el.

Bueno papá te dejo, William está inquieto - le avisó para luego colgar.

Sí Candy, te saludo a Eleonor de tu parte – se despidió.

Adiós – se despidió la rubia colgando.

Hasta pronto – terminó por despedirse y también colgó.

Candy dejó el auricular en su lugar y comenzó a caminar hacia la habitación de su hijo con el altoparlante en la mano. Cuando había llegado a su destino, dejó el aparato en una de las mesitas de la antesala y se dirigió a la cuna donde comenzaba a bostezar William; era increíble cuanto había crecido, en tan solo unas semanas ya le habían salido algunos rizos rubios como los de ella, sus ojos eran una combinación entre los de ella y azules como los de su padre, al menos así se le veían de primera instancia, cuando comenzó a mover la boquita con ahínco, Candy rodeó la cuna y decidió levantarlo; tomó una frazada de la cómoda que se encontraba a su izquierda y se dirigió a la mecedora para alimentarlo. Después de sentarse y colocarlo para que tomara el pecho, comenzó a mirar el jardín de la casa de enfrente, las flores habían comenzando a florecer, recién había hablado con la vecina de enfrente, ahí se encontraba ella, jugando con Mathew, su hijo mayor, quien se encontraba entretenido con un caballito de madera, los sonidos emitidos por William le hacían una agradable canción a su madre. De pronto un aroma por demás conocido llegó a su nariz, era Terry sin duda por lo que tuvo a bien girar la cabeza, pero no había nadie ahí, eso le parecía raro. Miró por debajo de la frazada para cerciorarse de que su hijo seguía prendado de ella, después de cerciorarse de que así era, miró hacia delante, en la casa de enfrente, una vez más estaba Mathew haciendo rabieta porque Mary le había ya metido a la casa.

Candy tenía perdida la mirada, William ya había comido lo suficiente cuando Terry llegó por detrás y le susurró al oído.

Está dormido – cuestionó Terry curioso.

No, de hecho casi acaba de comer – contestó ella cuando fue interceptada por los labios de su esposo, que le incitaba a darle un beso.

Sigo pensando que eso es mío – reclamó él observando cómo aprisionaba su hijo su pezón.

No comencemos Terry, en estos momentos sólo está comiendo – aseguró ella un tanto molesta.

Pues más le vale, porque me encargaré de ellos más tarde – sonrió malévolamente.

Ay Terry, ¿qué cosas dices? ¿Cómo te fue? – le retó y preguntó a la vez.

Bien, mejor de lo que suponíamos, Georgianna está con Fred en la ciudad, parece que Samuel se encargará de la vigilancia por esta noche – le comentó mientras la veía revisar a su hijo nuevamente.

Y ¿eso es bueno? – cuestionó ella.

Claro que sí, porque el trabajo, mi esposa que no me deja dormir toda la noche y el problema con Georgianna me tienen si ver a este jovencito, es más ya ni me acuerdo como es – abrió el sarapito y después de darle un beso en la nariz a su hijo, se dirigió hacia el otro pezón para chuparlo.

Pues porque quieres y cuánto sufres Terry - sonrió ante la acción que hizo Terry en ese momento.

Verdad que sí, puedo tomarlo – le pidió a su hijo aunque realmente hablaba en otro sentido.

Por supuesto, Terry ya, deja ahí – le dio un manotazo cuando decidió repetir esa acción.

Ay es que se ven tan bien desde aquí, hola mi amor, cómo se ha portado este día, hoy decidí pasarla usted señorito William – quitó el sarape y lo levantó dejando que Candy cubriera su pecho ante la mirada coqueta de Terry.

Hasta que por fin tu padre se anima a pasarla un día contigo William – comentó levantándose rápidamente.

Candy, el bebé no puede oír eso – exclamó tapándole los oídos a su hijo.

Ah vaya, claro que puede oírlo, no le va a entender nada – le respondió dándole un beso.

Bueno, parece que este caballerito necesita cambio de pañales. Candy pásame la pañalera – pidió cortésmente mientras lo acostaba en el cambiador.

Tú ¿cambiarle los pañales? Eso quiero verlo – se sonrió entregándole la maleta.

Por supuesto, ya pasé por esa amarga experiencia con Eleonor, me hizo cambiarle los pañales a mi hermano – le sonrió mientras abría la ropita de su hijo y sacaba un pañal de la maleta.

¿Qué nombre le va a poner mi papá? ¿Aún no saben? – cuestionó ella al no saber.

Mmm pues de hecho creo que aún no lo escogen y la ficha de nacimiento sólo tiene una equis – comenzó a reírse.

Eso está mal – la miró de soslayo y también comenzó a reír.

Sí me imagino, pero así son nuestros padres – alzó los hombros.

Bueno ya está, coloca esto en el contenedor Candy – le dio el pañal sucio.

Está bien, por cierto me habló Mickel – le comentó mientras abría el contenedor y depositaba el pañal.

¿Cómo está? – preguntó él mientras acababa de vestir a su hijo.

Bien, parece que la pasantía que le ofreció el Doctor Robson está de maravilla, vendrá para el Campeonato de Arquería en el cual no participaré – comentó cuando soltó un suspiro.

Ah sí y ¿por qué no? – soltó él ya que quería saber la razón, tomándola de la cintura.

Porque sólo es para solteras – le informó ella.

De verdad, eso no lo sabía – le dijo suevamente en el oído.

Sí, todas las chicas son solteras, las casadas sólo vamos a las presentaciones. Además con este físico Terry, el traje no me quedaría – se quejó amargamente.

¿Cuál físico mi vida? Sí estás hermosa – la respondió bajito.

Tú lo dices por William, no por mí – se quejó.

No mi amor, lo digo porque te quiero, te amo, eres mi vida y la madre de William – sonrió ante el berrinche de su amada esposa.

Terry…me haces cosquillas – sonrió y trató de alejarse.

Lo sé, preciosa – dejándola libre aunque fuera por unos momentos.

Dime – respondió ella apenas volteándose.

Parte del plan es hacerle creer a Georgianna que estamos peleados y que enojada decidiste huir de mí, yéndote a Nueva York – le explica un tanto calmado.

Y eso ¿como para que Terry? – pregunta contrariada.

Pues para que esos dos se confabulen Candy, si no lo veo difícil, nunca lo harían – explicó Terry viendo como su hijo comenzaba a dormirse.

Pero no me iré a Nueva York – refutó ella.

Si y no, estarás con mi madre y aparecerás en el aeropuerto, pero no te preocupes te cambiaremos – la calmó un poco.

¿Qué quieres decir con te cambiaremos? – preguntó la rubia.

Sí que de alguna forma pondremos a otra persona en tu lugar – respondió el castaño.

¡Qué bien, cuan afortunada soy! – respondió irónicamente la rubia.

Bueno amor, en realidad no quise involucrarte, pero no tuvimos otra opción. No te preocupes, el día que suceda te informaremos, por lo pronto, sólo te consentiré demasiado – intentó abrazarla, pero ella se separó.

Está bien, William, tu papá te quiere cargar – simplemente la rubia se dio la vuelta y deposito a su hijo en brazos de Terry.

Vamos jovencito, arriba – le dijo Terry a William entendiendo la indirecta de Candy.

Bueno Terry, te lo dejo, debo ir a ver lo de la cena con Dorothy, de acuerdo – salió rápidamente antes de que su terco esposo siguiera con lo que planeaba hacer.

Sí mi amor, me quedo con este pequeño y jugaremos un rato – sugirió él mientras ella se alejaba de la habitación de William.

Bueno, te amo – gritó ella.

Y yo a ti – le respondió por el por el altoparlante que se encontraba sobre la cuna a lo que se esposa quien se dirigía a la cocina sonrió.

Candy pasó una tarde formidable junto a sus dos amores, los días continuaron con el avance del tiempo, calmo y alegre como a ella solía parecerle. Hoy era viernes, Samuel y Tom, junto con Terry le habían explicado esa parte del plan, por lo que sencilla y obediente se dispuso a armar su nulo equipaje, tomó a William y se dispuso a salir del apartamento con Terry pisándole los talones. Como pudo sacó una mano de debajo de William y la alzó procurando que un taxi la viese, deteniéndose peligrosamente mientras ella colocaba al chico entre sus brazos para meterse lo más rápido posible al auto, ante los ojos duros y fieros de su marido.

Maldita sea Candice, vuelve, rápido John, vamos, síguela – le ordenó a su chofer al ver que Candy le llevaba la delantera.

Pero señor Terry, no creo que vaya muy lejos – respondió él subiéndose al asiento del piloto tan rápido como pudo.

Obedece John – le pide no muy amablemente.

Señor…bueno está bien – decide obedecer sin entender la orden del todo.

Aprisa John, aprisa, tenemos que alcanzarla – lo apura el castaño y arrancan chirriando las llantas sobre el pavimento.

Señor al parecer la bella condesa quiere dejar al conde, acaba de irse en taxi a algún lado, estamos siguiéndola, pero no somos los únicos – le informa uno de sus secuaces por celular a Fred.

¿Quieres decir que se están moviendo rápidamente? – cuestionó Fred del otro lado de la línea.

Algo así, no sabemos ¿qué sucedió? – responde el hombre.

Ya veo, síganlos, averigüen qué pasó en la casa y manténgame informado – pide Fred a pausas.

Si señor – obedece y cuelga.

¿Qué pasa Fred? ¿Ha sucedido algo? – preguntó Georgianna depositando un dulce beso y un vaso entre las manos de su novio.

Si mi bella, al parecer Grandchester ya es divorciado – sonrió y tomó el vaso entre sus manos, disfrutando del frio liquido.

En serio y eso, ¿por qué? – cuestionó ella.

Le ha dejado su esposa, junto con el chiquillo – sonrió lleno de júbilo, todo había salido a pedir de boca.

¡Qué bien Fred! Eso te lo tienes bien merecido engreído – soltó una exclamación, completa y satisfecha.

Sí mi amor, espero que Grandchester ya no sea uno de tus problemas – la sentó sobre sus piernas, abrazándola y besándola.

Por supuesto que no lo será, ¿vamos a cenar fuera? – se alegró y entristeció rápidamente.

No lo creo Georgianna, será otro día, tenemos que averiguar ¿qué ha sucedido? – aclaró él.

Bueno, está bien – responde Georgianna de mala gana.

Pero prepárate, ésta noche, si todo sale como lo he planeado, la señora Candice Grandchester desaparecerá de la vida de Terrence, junto con su querido hijo – soltó sorprendiendo poco a Georgianna.

De acuerdo, estaré esperando las noticias – le dio un beso a Fred y tomo otro trago de la vitrolera depositada en el bar.

Candy había llegado al aeropuerto, con su hijo en brazos que no era más que un muñeco, se bajó del taxi y entró rápidamente al aeropuerto, seguida del chofer y sus pocas pertenencias; segundos después llegaron los guardaespaldas de Fred, detrás de ella, siguiéndola por todo el lugar. Candy vio cuando habían entrado, así que siguió el plan, Terry no tardaría en aparecer y efectivamente todo iba como lo planeado, Terry entraba seguido por John y muchos de los hombres de Samuel se dirigieron hacia todos lados disfrazados de civiles. Candy entró al sanitario, recargándose en la puerta, retomando el aliento.

Señora, alto ahí – le soltaron de repente haciendo que saltara por el atrevimiento.

Perdone pasa algo – comenzando a temblar, por el miedo y el susto a la vez.

¡Hola condesa, soy Timothy Levith! Comandante de la guardia, un placer – saludó él amable y cauto.

Me ha asustado, esperé, ¿qué hace en el sanitario de damas? – preguntó ella riendo un poco ante el sonrojo de Timothy.

Soy su suplente, pierda cuidado, venga por aquí puede escapar, siga por ese lado y Samuel la esperará más adelante – le indicó el pelirrojo.

De acuerdo, sabe si Terry ¿ya llegó al aeropuerto? – cuestionó Candy al mirar el semblante de Timothy.

Sí condesa, ya llegó, esta buscándola en cada sala – refirió él ayudándola a pasar por el pasillo.

De acuerdo, lo veo después….espere…tenga cuidado – lo detuvo a tiempo dándole un beso en la mejilla, metiéndose y saliendo de ahí.

Gracias condesa, no tenga cuidado, lo haré – le dice mientras se aleja por el pasillo que daba a una salida trasera del aeropuerto.

Candy hizo lo que el hombre le había indicado, efectivamente, Samuel aguardaba del otro lado, esperándola, había tantas cosas que contarle, pero por el momento el lugar más seguro era la casa de su padre y Eleonor, así que sin más explicaciones la subió al auto y agachándose se dirigió a la casa de la familia Andley Grandchester. Mientras tanto, Terry había comenzado a buscar desesperado, observando de reojo hacia el sanitario de damas, creyendo que allí había visto a su esposa por ultima vez, para luego observar un poco mejor, sin alcanzar a preguntarse siquiera si era cierto, distrajo la mirada en una rubia que salía por entre las personas. Decidió seguirla, pero los guardaespaldas de Fred habían caído en la trampa, ellos si vieron a la supuesta rubia salir de los sanitarios y esconderse detrás de los templetes de algunos servicios de viaje, por lo que decidieron seguirla, ya que volteaba mucho hacia donde se dirigía Terry; momentos después entraba por la puerta principal Fred y demás "amigos" por lo que decidieron continuar siguiendo el GPS de sus demás secuaces, dirigiéndose a la sala B del aeropuerto de Londres.

Cuando vio nuevamente a sus hombres se acercaron por detrás de la supuesta rubia, de pronto todo estaba en su punto, ya armado el teatro, uno de los secuaces de Fred tomó a la rubia por el codo y jalándola rápidamente se hizo del niño, tarde se dio cuenta de lo que realmente estaba sucediendo.

Condesa de Grandchester o debería de decirle señora Andley, ¿cuál prefiere? – preguntó el guardaespaldas emocionado.

¿Qué le pasa? ¡Suélteme! – respondió ella.

Debería de cooperar señora Andley, es lo mejor para usted, ahora deme a ese bebé que el señor Grandchester ya no lo extrañará y mucho menos a usted – la amenazó tratando de quitarle al chiquillo de los brazos.

Déjeme, déjelo, no me haga más daño, ¿no le parece suficiente el daño que me han hecho? – cuestionó ella ocultando a su bebé.

Y no has visto nada preciosura, el conde tiene buen gusto, tanto que si ahora no nos sale lo de la vez anterior, nuestro jefe Fred nos matará y eso si que no mi señora, nadie nos mata por una mujer y un niño – le explicó forcejeando.

¿Qué quiere decir? – preguntó con un dejo de preocupación.

Nada mi bella dama, permítame presentarme, soy Fred Luchesse y fui yo quién mandó por usted y su suegra – se acercó a ella intimidatoriamente.

¿Qué quiere decir? Usted se atrevió a… ¿secuestrarme? – preguntó ella nerviosa o fúrica.

Bueno si a eso se le llama secuestro, pues digamos que sí, ahora Charlie, quítale al niño y desaparécelo – le ordenó Fred a su guardaespaldas.

No, mi hijo no, por favor – gritaba ella.

Ahora Charlie – le ordenó nuevamente y él le arrebató al niño.

Alto ahí, en nombre de la Guardia Real quedan arrestados – se oyó una voz a lo alto haciendo que Fred se alertara.

Charlie el bebé, dámelo – se lo pidió Fred.

No puedes ser, no seas estúpido Fred, es sólo un muñeco – lo sacó del sarapito evidenciándolo.

Pero ella, ella es la señora Grandchester – le gritó a Fred.

Se equivoca – se alzó completamente Timothy, quitándose la máscara y la peluca.

¡Aaahh, es una trampa, rápido, cubran al jefe! – ordenó Charles.

Es tarde, estamos rodeados – respondió otro hombre.

Charlie, cúbreme – ordenó Fred.

Si señor – respondió el interpelado.

He dicho que alto – amenazó esta vez Samuel, decidido a disparar si era necesario.

Se oyó un disparo en el cual todos los pasajeros de distintos vuelos comenzaron correr para refugiarse y de inmediato se agacharon. Los gritos de las personas eran inconfundibles, el terror gobernó por unos segundos las salas de espera, los agentes de seguridad que ya estaban al tanto de un posible riesgo, emergieron de espacios inusitados, todos tratando de evacuar a tantas personas podían, incluso de las que estaban en medio de las pistolas y metralletas que los secuaces de Fred y él mismo portaban, por otro lado, la guardia iba llegando vestida de civiles; Fred no había vuelto a ver a ninguno de los dos condes, no entendía dónde podrían haberse escondido.

Fred te sugiero que ordenes que bajen las armas, por tu propio bien – pidió amablemente Samuel, apuntándole con el arma.

Y creen que van hacer algo, ¿dónde está el señor Grandchester? – preguntó sumamente enojado.

Díganme, lo exijo, esto es por él, ¿verdad? – cuestionó nuevamente.

Por la condesa entonces, esa una ricura sabes, lástima que se encontró al cobarde de Grandchester que ni siquiera da la cara – comenzó a imaginarse.

Aquí no estamos por él, atentaste contra la vida de una familia de la Corona, así que debes pagar por ello – lo amenazó y estaba por leerle sus derechos cuando sucedió algo inesperado..

También soy de la realeza…italiana claro está – respondió él.

No discutiremos tecnicismos, ¡entrégate! – le ordenó Samuel.

Estás loco si piensas que lo haré – le advirtió.

Pues entonces a nombre de la Reina, la guardia Real le pide al señor Fred Luchesse que se entregue por los delitos de secuestro en contra de la Señora Andley y Condesa de Grandchester – enunció la orden real.

Piensas ¿qué eso sucederá? – soltó una carcajada.

Por supuesto que sucederá, señor Luchesse – remarcó lo último.

Rápido vean de dónde proviene esa voz – busco por todos lados, sin ver a nadie

No me encontrará cerca Fred, debe de entregarse – ordenó Terry.

Iluso, cree que lo haré – bufó sin perder la concentración de buscar entre los presentes.

Por supuesto que lo harás – se carcajeó el castaño en el altavoz, lo cual desconcentró a Fred.

Todo sucedió tan rápido, los hombres de Fred ni cuenta se dieron cuando Terry se encontraba ya detrás de ellos y con un bastón le proporcionó un golpe en las rodillas a Fred, inmediatamente le dio otro golpe con otro bastón en la mano, el cual hizo que soltara el arma con la que le apuntaba a Samuel, Gregory salió de la nada y cada guardia extra llegó a cada uno de los secuaces de Fred, desarmándolos y esposándolos en un santiamén, Fred sólo atinó a sacar el teléfono y pulsar el ring. Terry se le adelantó.

Ni lo intentes Fred, Georgianna ha sido apresada hace unas horas, serán enviados a las mazmorras de la Torre de Londres – le advirtió.

Pero ella es una dama – replicó Fred.

No importa, mi esposa es más importante que tú dama – respondió altaneramente.

Insolente, debí haberte matado cuando te tuve entre mis manos – se burló Fred indolente.

¿Qué quieres decir? – cuestionó Terry.

Si piensas que tu padre murió por ataque al corazón, estás muy equivocado, el muy idiota te defendió a capa y espada como dicen los ingleses – quiso burlarse, pero ya un arma se encontraba posada en la yugular.

¿Qué estás diciendo? – exigió saber.

Lo que oíste, tu padre se interpuso en el camino de una bala que estaba destinada para ti – le confirmó sus sospechas.

Un cargo más, asesinato, Fred Luchesse – advirtió Samuel al oír semejante declaración.

Jajajajaja saldré más rápido de lo que crees – advirtió Fred mientras lo conducían a las patrullas.

Eso crees tú, la reina no lo permitirá ni siquiera si perteneces a la alta sociedad rusa – se burló Samuel y se dirigió hacia Terry, el cual se había quedado impresionado por la noticia. Terry, Candy está asegurada – Samuel decidió cambiar el tema.

Lo sé, ya no la vi más después del sanitario, buen trabajo – lo felicitó.

Gracias, si quieres vete, arreglaré la seguridad del aeropuerto – recomendó y le vio retirarse rápidamente.

Terry se dirigió a la mansión Andley en Londres, no podía quitarse esa idea, ahora sabía que la policía tenía razón en pensar que la bala encontrada estaba en el cuerpo de su padre. Ahora todo cuadraba, decidió pensar en eso más tarde, se dirigió hacia su habitación y ahí encontró a Candy, dormía profundamente, su respiración resultaba acompasada con el vaivén de sus movimientos, así que se quito el saco, se metió al guardarropa y salió con el pantalón de la pijama puesta; después se metió entre las sábanas con su esposa, aromatizando su nariz con el aroma del cabello de Candy y no pudo resistirlo, le dio una pequeña mordida en la nuca, lo cual hizo estragos en ambos, a ella le produjo un ardoroso cosquilleo y a él, que su mano se dirigiera a lo largo del cuerpo de su esposa, comenzando desde sus bien torneadas piernas hasta el nacimiento de los senos de Candy, lo cual hizo que ella suspirara al notar que su pezón endurecía.

Terry… - suspiró ella entre sueños.

Hola preciosa – la saludó efusivamente dándole un beso a ella en la mejilla y tomando el pezón entre sus dedos.

¿Cuándo llegaste? – preguntó sin razón.

Hace unos minutos y no pude evitarlo, tengo que hacerte el amor, en este momento – le anunció.

Pero Terry, no tenemos preservativo – declaró ella, preocupada.

Eso crees tú, siempre tengo uno por aquí, para cuando mi esposa comience a controlarme – sonrió y ella comenzó a besarlo.

Entonces ven aquí – le pidió volteándose por completo.

Y así comenzaron a besarse, deseándose a cada momento, disfrutando la libertad de Candy y viviendo el amor que le daba su esposa.

Algunos meses después…

William cuidado, despertarás a tu mami y debe descansar, hoy será la presentación ante el clan, crees que sea buena matrona.

Pues más le vale, porque la tía abuela no le cae en gracia que la suplan – advirtió Albert quien tomaba a William de los brazos de su padre y lo cargaba.

Y bueno Terry, espero que se tarden algunos años antes de encargar otro nieto – le hizo una broma.

Nieta…será niña – advirtió él.

¿Qué quieres decir? – le cuestionó abiertamente.

Nada, sólo que quiero una niña… - declaró animoso.

Candy está… ¿embarazada? – preguntó el rubio.

Aún no, pero lo estará… algún día – se fue hacia la habitación de su esposa, donde la encontró tomando su bata de baño.

Terry, me asustaste – se refugió en los brazos de su esposo.

Te amo Candy, sabes tu papá quiere otra nieto o nieta – informó el castaño a su esposa, después de besarla.

Pues tendrá que esperar, esto de tomar las riendas del clan no será fácil – le informó tranquilamente.

Es en serio… - recriminó él.

Por supuesto que es en serio, no podría con las dos cosas… - declaró ella ocultando una sonrisa traviesa.

Candy – la llamó.

Dime – ella respondió dulcemente, pero sin mirarlo.

Que sensual te ves así – le dijo cuando dejó caer la bata para ponerse crema en el pecho.

Terry hoy no, debo estar concentrada – le advirtió.

Pero… - se notaba sorprendido.

Nada, déjame arreglarme, por favor - le pidió ella, tranquilamente.

Está bien – retiró la mirada de la espalda de ella.

Pareces chiquillo, no recuerdas ¿cuándo te pusiste así? – le preguntó ella.

¿Debo hacerlo? – inquirió profusamente enojado.

Sí, debes hacerlo – le confirmó aquello.

Déjame ver – Terry comenzó a recordar, William tenía casi ya un año de vida, la última vez que le había insistido a Candy hacerle el amor tantas veces en un día era cuando… ¿estás segura? – preguntó emocionado.

Como que me conozco a mí misma…te has salido con la tuya – le sonrió mirando el espejo.

Candy, mi amor – la tomó por los hombros y la levantó en vilo. Te amo tanto y ahora más – comenzó a reír de alegría.

También te amo, tonto – le dio un dulce beso pidiéndole a su esposo que la bajase y ahora era ella quien le pedía que la hiciera suya, otra vez.

No que no querías – se burló.

Bueno, si no quieres… - se alejó un poco de su esposo.

Ven aquí tramposa, sabes que no tienes que pedírmelo – la tomó de la barbilla mordiéndola y se alejó del neceser con ella en brazos.

Te amo Terry – declaró ella entre gemidos.

Te amo más que tú y pensar que algún día perdí la cabeza por una enigmática pintura – le informó besándole el cuello.

Bueno amor no me dejarás mentir, te traía de cabeza "La Dama del Retrato" – declaró ella riéndose.