Capítulo 21
"Silencio," siseó Conner. Su voz sonaba temblorosa y apenas audible para sus propios oídos. "¿Quieren que nos descubran antes de que lleguen los demás?" Solo podía imaginar lo que pasaría si los atrapaban.
Espiaba entre la maleza las casas incendiadas y los alaridos suplicantes…la sangre. Todo estaba frente a él. Lo había visto antes cuando había acompañado a los Aurors en sus misiones, pero nunca había estado aquí. Solo. Vulnerable. Inactivo. Viendolo todo sin hacer nada por detenerlo.
Tragó con dificultad mientras observaba a un mago intentar en vano de proteger a su familia del ataque brutal. . Los Mortífagos reían, sus máscaras metálicas reflejando las llamas de las casas de sus víctimas. Conner estaba muy lejos para ver sus ojos, pero sabía que brillaban por la demencia y la sed de sangre. Eran monstruos. Todos eran monstruos mientras torturaban y mutilaban a sus víctimas.
No merecían la magia. Ninguno de ellos. Si había tenido dudas sobre su invento ya se habían disipado. Albus Dumbledore lo ayudó a superarlas al igual que Rufus Scrimgeour.
Conner tuvo que contener las lágrimas de furia y horror que lucharon por escapar de sus ojos al ver a un hombre siendo despellejado. La piel se desprendía fácilmente revelando los músculos y ligamentos. Se echó hacia adelante haciendo arcadas consciente de los ojos de los Inefables sobre él. Solo había diez con él. Dos llevarían un poste para crear un perímetro en torno a los Inefables mientras Conner activaba el escudo tan rápido como fuera posible.
La idea era rodear a los Mortífagos antes de que llegara el Ministerio pero permaneciendo ocultos.
"¿Te encuentras bien?" murmuró uno de los Inefables.
Conner se ruborizó limpiándose la boca y asintió. "Estoy bien."
A regañadientes volvió a dirigir su mirada a la escena frente a él e inmediatamente enfocó su atención en el líder. El Señor Oscuro. La alta figura parecía concentrada en los Muggles a sus pies y en nada más. Conner sintió como le temblaban las rodillas. Si no estuviese ya en el suelo seguro hubiera caído del susto.
Ignorando el terror se recordó que otros lucharían contra el Señor Oscuro.
Él lo haría también. Solo que… a la distancia.
"Vamos mientras están concentrados en sus víctimas. Rápido."
(Death of Today)
Izar estaba sentado junto a Regulus. Parte de su atención estaba en la historia del ataque de su padre en Francia. Sin embargo, estaba mas interesado en sus propios pensamientos. La atmósfera de esa noche estaba densa y pesada, una advertencia.
Una advertencia, ¿pero para quién?
Acariciaba su varita con los dedos preguntándose si sería posible clonar a Aiden y encogerlo. De esa manera podría llevar un vidente de bolsillo sin tener que prestarle atención al chico. Cada hora podría chaquear al clon para ver si Aiden había tenido alguna visión. Después podría silenciarlo y colocarlo de nuevo en su bolsillo hasta que volviera a necesitarlo.
Tentador pero también imposible.
"Lo siento," dijo Regulus. "¿Te estoy aburrideno?"
"Sí, así es," respondió Izar sardónicamente. Miró a Regulus finalmente despertando de sus cavilaciones. "¿Cuándo puedes salir de aquí?"
Regulus se frotó la barbilla mientras estudiaba a Izar pensativo. "Aparentemente estoy siendo evaluado. Los sanadores parecen sorprendidos de que haya despertado del coma de tan buen humor. Alguien finalmente mira lo positivo en vez de solo lo negativo. Creen que debería considerar la terapia."
Regulus miró con intriga como la enfermera resoplaba y salía de la habitación.
"Si dependiera de mí, y creo que es así, te contrataría un terapeuta privado que viniera a casa," le informó Izar acomodando su uniforme de Inefable. "Claro que primero habrá que efectuar una intensiva investigación de antecedentes. Quiero solo lo mejor hasta que vuelvas a caminar."
Se detuvo al lado de su padre y colocó una mano en su mejilla como saludo.
"¿Te vas?" preguntó Regulus tomando su mano y presionándola aún más contra su piel. El hombre actuaba como si Izar no hubiera estado sentado ahí por unas cuantas horas. "Disfruté conversando contigo. Gracias por hacer tiempo en tu ocupado día para visitar a tu padre averiado."
"¿Averiado?" Izar sonrió. "Desde donde yo lo veo estas encantado por haber podido interactuar tanto con Severus. No sé si verlo como algo bueno o algo malo."
"Eso puede ser," concedió Regulus con una sonrisa presumida. Pero luego su rostro se ensombreció. "¿Vas a la casa de Lily esta noche? He oído que la estuviste visitando seguido estas últimas semanas." Su expresión era completamente ilegible. Hasta a Izar le costaba adivinar lo que su padre estaba pensando.
"No es lo que piensas," comenzó a defenderse. No quería que Regulus creyera que había perdonado a Lily por lo que le había hecho. "Ella y yo—"
"Hey," lo interrumpió Regulus con gentileza. "Creo que es algo bueno que la estés conociendo. A pesar de todo lo que hizo en el pasado, ella es tu madre. Eso no es algo que yo te pueda quitar. Te dije que asimilé varias cosas durante mi recuperación. Ella fue una de ellas. Solo espero que, algún día, tú puedas hacer lo mismo."
"No puedo creer que estés…"
Izar se calló abruptamente presionando su mandíbula cuando sintió una quemazón insoportable en su Marca Tenebrosa. Instantes después el brazalete del Ministerio comenzó a calentarse. Con la mirada fija en un punto en la pared Izar se permitió un minuto de pánico en su mente y cuerpo.
Estaba de pie en un cruce de caminos. Aun tenía prohibido unirse a los Mortífagos, el Señor Oscuro no lo llamaría a menos que fuera algo de extrema importancia. E Izar sabía para qué lo necesitaba Voldemort, solo que no podía asimilarlo.
El invento no podía estar listo tan pronto. Creía que tenía al menos un día garantizado. Esta noche iba a sugerir a Lily que tomasen caminos diferentes si no quería que la descubrieran. Esto porque sabía que iba a tener que hacer algo extremo. Ella no tendría que verse en el medio cuando él destruyera el invento. Bailar en torno a él tratando de cambiar la fecha de finalización había sido una idea noble pero al final solo dejaba a Izar ajeno al proyecto.
Y ahora era demasiado tarde para intentar nada.
¿O no lo era?
"¿Izar?" lo llamó Regulus preocupado. "¿Qué sucede?"
Izar apartó su mano del rostro de Regulus y volteó. "Tengo que irme. Seguramente voy a regresar esta noche si las cosas no salen de acuerdo al plan…"
Izar llegaría al Ministerio como Inefable. Seguramente tendría más posibilidades de destruir el invento antes que como Mortífago. Sin embargo, si las cosas empeoraban Izar no iba a dudar en revelar sus verdaderas lealtades. Haría lo que hiciera falta para evitar que los siervos del Señor Oscuros no terminaran con sus núcleos mágicos destruidos.
Mientras se deslizaba por los corredores, Izar se preguntaba cómo iba a destruirlo.
Aunque era considerado un prodigio no podía contra veinte Inefables. Con todas sus mentes juntas eran tan brillantes como él. Había sido todo un desafío mantenerlos fuera del camino correcto con Lily. Los que estaban trabajando en el invento de Oran habían sido seleccionados especialmente por su inteligencia y su lealtad al Ministerio. Sí y cuando Izar lo destruyera iba a tener que buscar y matar a cada uno de esos Inefables antes de que pudieran volver a construirlo.
Pero era algo para considerar después. Tenía que buscar una solución a su problema actual.
La invención tenía múltiples capas de hechizos una vez que el campo de fuerza era activado. Éstos se asegurarían de proteger los postes mientras las víctimas estaban dentro. Si Izar llegaba a tiempo podría hacer algo antes de que activaran el invento. Solo entonces iba a tener una oportunidad de destruirlo. Pero a juzgar por el ardor en su Marca, ya estaba llegando demasiado tarde. Solo esperaba que aun no hubiesen liberado la radiación.
Ahora lo único que podía intentar era manipular el panel de control.
Claro que tendría que descartar su plan original y aparecer junto a Voldemort como un Mortífago. El único problema con eso sería la falta de apoyo. A plena vista, con su túnica de Mortífago, sería visto como un enemigo. Mientras que así, como Inefable, no sería atacado inmediatamente.
A pesar de sus sospechas para con los planes de Scrimgeour tenía que apartar sus inseguridades y arrojarse esta noche a como pasara.
¿Y quién sabía?
Esto podría resultar increíblemente… divertido.
(Death of Today)
"Señor Black… veo que finalmente apareces por aquí," gruñó Owen Welder desde el otro lado del salón.
Izar se acercó al grupo de Inefables con gracia gatuna. Notó que había pocos Aurors en comparación con la cantidad de miembros del Departamento de Misterios. Lily resaltaba entre ellos con los brazos cruzados y su atención en un punto al otro lado de la gran habitación. Izar volteó para ver a James Potter estudiando los procedimientos con sospecha antes de asentir en dirección a Lily y desaparecer por un corredor.
"El Ministro Scrimgeour nos pidió específicamente que te esperásemos," continuó Owen acariciando su barba anaranjada. "¿Tienes idea de por qué?"
"Estaba por preguntarte lo mismo," murmuró Izar al detenerse frente al grupo de Inefables. "¿Y los Aurors? ¿No vienen con nosotros?"
"Scrimgeour esta seguro de que no va a necesitar Aurors para esto," contestó con tono cansado mientras se acariciaba la barba más vigorosamente enroscando los mechones de pelo.
"Ah," Izar chasqueó la lengua. "Por supuesto." Claro que tenía sentido que Scrimgeour no quisiera Aurors allí. Rufus quería que el invento continuara siendo secreto. El Ministro creía que así sería más sencillo activarlo y luego destruirlo antes de que algún Inefable pudiera protestar. Pero ¿el hombre en realidad pensaba que eso iba a funcionar?
Solo veinte Inefables sabían del invento. Eso dejaba casi treinta que seguramente estaban curiosos y que serían treinta hombres y mujeres que en potencia iba a tratar de copiar lo que viesen.
Izar miró a Rookwood algo sorprendido de verlo tan indiferente. Estas últimas semanas Izar solo había recibido el desprecio de los Mortífagos en público. En su presencia resoplaban y murmuraban insultos y los más atrevidos hasta escupían a sus pies. Todos conocían de su ausencia en los rangos y había oído rumores del tiempo que pasaba en la casa de los Potter.
Izar inclinó la cabeza en dirección a Rookwood, al menos tenía dos aliados.
¿El primero de ellos?
Volteó hacia Lily. Su rostro tenía una coloración verdosa e Izar sabía que ella estaba consciente de la situación. Esa era la razón por la que había advertido a James Potter. Izar no sabía que pensar de eso. ¿Quería que los Aurors llegaran y vieran el invento? Había una posibilidad aunque remota de que estos no estuviesen de acuerdo con Rufus y los ayudaran.
"Bueno," murmuró Owen sacando a Izar de sus cavilaciones. "Terminemos con esto."
Sin aviso previo su brazalete comenzó a tironear de él y los Inefables desaparecieron del salón antes que tuviera una opinión solida. Y qué hablar de un plan.
Lo primero que vio cuando sus pies aterrizaron en el suelo fue el rostro de Rufus iluminado por las llamas anaranjadas provenientes de las casas a su alrededor. El Ministro estaba de pie cerca del lar en destrucción con las manos detrás de a espalda mientras sonreía a Izar. Una sensación extraña se alojó en su estómago al ver la expresión de Rufus. El hombre quería jugar e Izar estaba dispuesto a aceptar la invitación.
Pero su excitación no duró mucho. Los murmullos de sorpresa y confusión de los Inefables llamaron su atención y volteó para ver a una buena parte del ejército de Mortífagos dentro del campo de fuerza vibrante del invento de Conner Oran El perímetro había sido hecho descuidadamente atrapando también a algunos Muggles y magos. Pero lo que Izar encontró mas inquietante fue el hecho de que Voldemort hubiera sido atrapado con la guardia tan baja y por sorpresa.
Los Mortífagos lanzaban hechizos al perímetro pero Izar sabía que nada podía romper el escudo. Lord Voldemort estaba de pie entre sus filas, extrañamente inmóvil.
Izar dio un paso al frente tratando de conseguir una reacción del Señor Oscuro. La figura encapuchada permaneció quieta, su túnica se movía mas solo por la fuerza de los maleficios a su alrededor. Su varita apuntaba al suelo, cerca de un Muggle muerto a sus pies Izar entrecerró los ojos con sospecha. Los otros Mortífagos parecían aterrorizados. Parecían animales salvajes en una jaula por primera vez, tratando de escapar sin éxito. Pero Voldemort parecía indiferente.
"¿Qué mierda es esto?" Aulló Owen Welder. A su alrededor, los Inefables miraban el escudo con ojos grandes e inquisidores.
"Esto," comenzó Rufus acercándose. "Es el invento que finalmente traerá paz a nuestro país. Y es todo gracias Izar Black."
Todas las miradas se dirigieron a Izar. Este permaneció con la vista al frente, observando cómo los Mortífagos siseaban furiosos al notarlo allí.
¿A qué estaba jugando Rufus exactamente? ¿Quería domarlo? ¿Hacerlo mirar cómo los núcleos de sus compañeros eran destruidos? ¿Creía que podía forzarlo a cambiar de bando al decir a los Mortífagos que él era el culpable de su encierro? Si Izar atacaba y los defendía tendría la varita de Rufus en su cuello en cusión de segundos.
El Ministro lo tenía acorralado.
E Izar finalmente comprendió qué quería decir Voldemort al advertirle que sus zarpas podían enredarse en la bola de estambre. El hombre que creía conocer bien había cambiado completamente su estrategia y había hecho algo que hasta a él le sorprendía. Era…gracioso pero a la vez nauseabundo.
Había sido manipulado por… por Rufus Scrimgeour. El mismo que era conocido por ser temperamental y actuar siguiendo sus impulsos.
Izar rió. Pero él aun no había terminado con su lado del tablero. Y mientras Voldemort quería que Rufus viviera lo suficiente para hacer sus maniobras políticas, Izar haría todo en su poder para destruirlo. Para destrozar sus barreras y eliminarlo.
"Eso no es verdad…" gritó una rasposa voz de mujer desde adentro del perímetro. Izar supo enseguida, por su postura salvaje y agazapada, que se trataba de Bellatrix. "Mientes tras esos dientes filosos tuyos, Rufus."
"¿Izar Black?" dijo alguien débilmente, casi con asco. "¿Estás diciendo… que Izar Black es el responsable de esto? ¿Hablas… hablas en serio?"
Izar dejó de mirar a Bellatrix y volteó hacia Conner Oran que estaba de pie frente al perímetro. Aferraba con sus manos temblorosas el panel de control. El chico no parecía muy controlado a juzgar por cómo temblaba y lo pálido de su rostro. Tenía los ojos bien abiertos y su rostro parecía casi demente mientras miraba a Rufus Scrimgeour sintiéndose traicionado.
"Este fue mi invento. Mío."
Alzando las cejas, Izar le ofreció a Rufus una pequeña sonrisa. Aparentemente cuando planeó esta confrontación Scrimgeour se había olvidado de lo mas importante. No había entrenado a sus marionetas. Conner Oran no conocía los planes del Ministro y ahora por eso Rufus parecía un idiota.
Los Inefables observaban todo en silencio. Izar mantenía su atención dividida entre un Voldemort inmóvil, un Oran inestable y un Rufus que presionaba. Alguien tenía que ceder. Voldemort no hacía otra cosa que mirarlo. ¿Acaso el hombre se había vuelto tan frío durante el último mes que Izar no… sentía nada cerca de él? El Señor Oscuro estaba completamente cerrado. ¿Creía en serio que Izar tenía algo que ver con el invento?
"No seas tímido," dijo Rufus mientras se acercaba mas a Izar. El joven mago se puso tenso y dejo que su mano rozara la varita en su bolsillo. "Tú sabes que tuviste todo que ver con este invento, Izar. No te ocultes detrás de la intrépida declaración de Conner." La cabeza leonina se inclinó hacia un lado. "Es algo de lo que debes estar orgulloso, no avergonzado. ¿Por qué no la activamos y probamos dónde están tus verdaderas lealtades?"
Izar curvó su labio superior por toda respuesta. Antes de tener oportunidad de responder sonó un fuerte crack en el pequeño pueblo en el que estaban. A juzgar por la reacción de los Mortífagos quienes renovaron sus esfuerzos, Izar solo podía suponer que quien hubiera aparecido a sus espaldas no era para ayudarlo. Y entonces, como si lo notara por primera vez, Izar miró con atención dentro del perímetro y se dio cuenta que al ataque de esa noche no había sido llamada toda la armada.
Extraño…
"¿Qué crees que haces, Rufus?" Kingsley Shacklebolt, la cabeza de los Aurors, anunció su presencia junto con el resto que se aparecía detrás de él. Sus ojos oscuros se entrecerraron con sospecha antes de volver a abrirse al ver la máquina activada detrás del Ministro.
"Yo puedo ilustrarte en lo que está haciendo, Auror Shacklebolt," anunció Izar. Volteó hacia él. "Está hambriento de poder desde el día que fue elegido. Desde ese instante ha corrompido el Departamento de Misterios como quiso. Arruinó nuestros trabajos, arruinó nuestras vidas…" Aquí Izar miró a los Inefables, hablaba con fuerza para asegurar su completa atención. "Amenazó nuestras morales y lo que es más importante, nos quitó lo que más deseamos. Nuestro anonimato y nuestra libertad."
Un júbilo enfermizo lo invadió al notar cómo algunos Inefables asentían de acuerdo. Izar se enfocó en Owen Welder, conocía lo que el hombre pensaba del control que Scrimgeour tenía ahora sobre el Departamento. "Y ahora," continuó Izar. "Ha obligado a varios de nosotros a crear un invento que destruirá el mundo mágico." El contrato de silencio que había firmado le impedía ser específico, pero eso no le impediría decir lo que sí podía. "Con este invento, el Ministro Scrimgeour tiene demasiado control—demasiado poder. Esta en contra de cualquier moral que yo posea."
Los Inefables a su espalda susurraban y los ojos de Owen Welder se ensombrecieron. Volteando nuevamente hacia Kingsley, Izar sonrió. Una parte de él se preguntaba por el silencio de Rufus. El hombre no hacía nada por detenerlo.
"No solo mata a los magos en el perímetro. Los destruye."
"También va en contra de mis morales," dijo Lily Potter en voz alta parándose junto a Izar con determinación "En esto estoy completamente de acurdo con Izar."
Shacklebolt alzó las cejas sorprendido al oír las palabras de Lily. Kingsley tenía el sentido común para reconocer lo serio de la situación. Izar sabía que los dos eran parte de la Orden de Dumbledore y trabajaban juntos.
"Suficiente," rugió Rufus cuando los Inefables comenzaban a murmurar mas alto. Los Aurors permanecían en silencio, sus expresiones curiosas. "¿Confiarían en sus palabras si supieran que él es un leal Mortífago?"
Súbitamente, la manga izquierda de Izar se desprendió a la altura del hombro revelando la Marca Tenebrosa. Izar se la quedó mirando mientras Bellatrix soltaba una carcajada jubilosa. Extrañamente no se sentía tan mortificado al ser revelado de esta manera a pesar de que fuera un modo cobarde de hacerlo. Era consciente de las múltiples varitas apuntándolo. Alzó la cabeza y sus ojos se encontraron con los de Lily, su expresión hacía suponer como si hubiera tenido que ver la Marca Tenebrosa para asimilar por completo sus verdaderas lealtades.
Izar rió levantando las manos mientras su varita salía volando de su bolsillo y en las manos de Rufus Scrimgeour. Un brillo cruel atravesó esos ojos amarillos mientras el Ministro mantenía su varita apuntada entre sus ojos.
"Nunca me gustó mucho esta túnica…" dijo Izar con júbilo.
"¿Crees que esto es una broma, Black?" dijo Rufus. "Finalmente tengo la evidencia que necesito para mandarte a Askaban. Finalmente puedes bajar esa orgullosa frente tuya."
"Al contrario," susurró Izar. "Puedo tenerla bien en alto sabiendo que finalmente te tengo."
Podía sentir a los Aurors acercándose lentamente; sus varitas en alto y preparadas solo por si Izar tenía algún truco bajo la manga. El realidad, Izar no sabía ya que hacer a este punto. Sin duda algo dramático. No iba a caer sin una pelea. Pero primero, burlarse un poco le mejoraría bastante el humor.
"¿Cómo se siente, Ministro?" Murmuró en voz baja alzando una ceja mientras Rufus presionaba su varita entre sus ojos. "¿Cómo se siente convertirse en lo que juraste odiar?" Izar entrecerró los ojos. "¿Se te ocurrió que te has convertido en el hombre que usa su poder contra los demás de un modo tan discriminante? Tú eras todo sobre la justicia y la luz. Eres tan oscuro como cualquier mago que conozca. Me decepcionas."
Rufus alzó el labio superior gruñendo. "Lo que pienses de mi me preocupa muy poco."
"Lo dudo," lo provocó Izar obteniendo coraje de los susurros de Bellatrix, alentadores y llenos de promesas. "Puedo ver como esto te influye bastante. Sabes que eres un hombre distinto. Retorcido. Marcado."
"Suficiente," siseó Rufus.
"Lily, por qué no te apartas para que pueda poner a Black bajo custodia, "ordenó Shacklebolt con suavidad.
"No irá a ningún lado excepto al Ministerio para interrogarla," interrumpió Rufus mirando fijamente a Izar. "Tengo mis razones para creer que ayudó a Black con sus fraudes."
"¿Y de qué fraude se trata?" Izar rió con fuerza.
Rufus se acercó aun más inclinando su codo para poder presionar su varita con mas fuerza contra la frente de Izar. "No trates de protegerla. Sé muy bien que no estuvo bajo la influencia de ningún Imperdonable. Ella es tan culpable como tú, solo le falta un tatuaje en su brazo."
"Ah Ministro," Izar chasqueó la lengua. "La Maldición Imperius no es la única manera de lograr que alguien haga algo. El chantaje es algo bastante… apropiado y logra que las cosas se hagan con mayor eficiencia que con la Imperius. Solo hizo falta que amenazara la vida de su marido."
Lily parecía a punto de protestar pero Izar le sujetó el brazo y presionó con fuerza. Rufus no lo notó porque su atención estaba centrada en Izar.
"Encienda el invento, Señor Oran," ordenó Rufus esbozando una gran sonrisa.
"En realidad no creo que sea necesario, Rufus," razonó Shacklebolt. "Los Mortífagos están atrapados. Podemos hacernos cargo desde aquí. Pondremos a Black bajo custodia y los Mortífagos serán encerrados. Hasta tenemos al Señor Oscuro…"
Izar sonrió. "Ah, pero eso no es suficiente para ti ¿verdad Rufus?"
"Izar…" siseó Lily.
"¡Actívelo ahora!" rugió Rufus.
"Odias no estar en control," comentó Izar burlonamente a pesar de lo inseguro que estaba por la situación.
Una sombra peligrosa oscureció los ojos de Rufus mientras éste echaba el brazo hacia atrás seguramente para lanzarle algún maleficio a Izar. Pero los gritos de los Mortífagos los distrajeron a ambos. Izar miró con rapidez temeroso de que el invento hubiera sido activado, pero frunció el seño al notar cómo el Señor Oscuro titilaba antes de disolverse frente a sus ojos.
Izar finalmente se dio cuenta de que había sido un encantamiento duplicador. Nunca había sido el verdadero Señor Oscuro. A juzgar por la reacción de los Mortífagos no sabían del plan de su amo para engañar a los espectadores. Tenía sentido, El Señor Oscuro no confiaría en nadie lo suficiente para decirle que usaría un señuelo.
"Si ese no es el Señor Oscuro…" comenzó un Auror con voz temblorosa. "Entonces ¿dónde está?"
Una risa escalofriante resonó en todo el pueblo antes que todo… se convirtiera en un caos.
Izar tomó impulso y le ensartó a Rufus el puño en el rostro. El Ministro de echó hacia atrás e Izar se agazapó y corrió entre el grupo de Inefables confundidos en dirección a Conner Oran. El joven lo vio aproximarse y rápidamente activó el invento.
"¡No!" gritó Izar lanzándose sobre Oran y enviándolos a los dos al suelo. A su alrededor, los Mortífagos faltantes emergieron entre las casas y comenzaron a luchar con los Aurors. Le daba algo mas de confianza, especialmente porque Scrimgeour aun tenía su varita.
Tomando a Conner por el cuello de su túnica, Izar acercó su rostro al de él. "Tienes que detener la radiación. ¿Cuál es el código?" Tenía dudas sobre si destruir el panel de control, solo porque si ya estaba activado seguiría así hasta que hubiera terminado el ciclo. Necesitaba el código para detener la radiación.
Miró rápidamente a la izquierda por sobre su hombro a los Mortífagos que permanecían en pie en el perímetro. Era cuestión de minutos antes que la radiación destruyera sus núcleos mágicos. No tenía mucho tiempo para detenerlo.
"Yo… ellos no merecen la magia…" balbuceó Oran. "No la merecen. Dumbledore y Scrimgeour me dijeron que…"
"¿Dumbledore?" demandó Izar aferrando al chico con fuerza. "¿El sabía?" Claro que si, Scrimgeour no podía estar actuando solo. Voldemort le dio la idea pero Dumbledore también había estado susurrando en su oído. "¿No te das cuenta que fuiste un mero peón para ellos?"
"Esta idea me ha dado vueltas por varios años," escupió Oran. "Solo obtuve el coraje para construirla porque tenía apoyo. Sé que esto está bien. No trates de ser condescendiente." Conner miró la Marca Tenebrosa en su brazo. "Deberías estar allí con ellos."
Antes de que Izar pudiera tomar medidas para extraerle el código, un hechizo llegó hasta ellos. Izar rodó pero no fue necesario puesto que Augustus Rookwood se colocó frente a él bloqueando la maldición con un fuerte escudo.
"Te tengo cubierto, pequeño Black."
Izar golpeó la acera con el puño y estiró el brazo para volver a sujetar a Oran quien intentaba escapar. El chico se patinó y cayó torpemente golpeando su cabeza contra el concreto. Conner quedó allí tendido. Izar se lo quedó mirando incapaz de creer que el chico estuviese inconsciente.
"Mierda," siseó golpeándolo en el rostro un par de veces mientras con la otra mano buscaba el panel de control. Sus manos no temblaban a pesar de sus nervios.
El panel estaba bloqueado tal como esperaba. Rápidamente probó un par de códigos que recordaba de cuando trabajaba en el invento. Ninguno funcionaba y comenzó a frustrarse. Como último recurso Izar arrojó el panel contra el suelo destruyéndolo. Los pedazos volaron en todas direcciones y con pocas esperanzas Izar volvió a mirar el invento solo para encontrarlo aun funcionando.
"Hay algunos Mortífagos de elite ahí adentro. Encuentra una manera de destruirlo. Ahora," dijo una voz a su lado, una voz cargada de arrogancia.
Izar volteó con rapidez y entrecerró los ojos al ver a un Mortífago de segundo rango. Tenía que ser aproximadamente de su edad a juzgar por su voz y su estatura. "¿Por qué no haces algo útli y me consigues una varita?"
Los ojos marrones lo atravesaban con la misma intensidad que los de Riddle. El Mortífago le arrojó una varita al pecho. "Esta es la última vez que te devuelvo tu varita, chico. Cuídala mejor."
Chico. Chico. Obviamente era el Señor Oscuro disfrazado. Nadie más podía poseer tal arrogancia y confianza y a la vez emanar un aura que la mayoría de los magos podías percibir a kilómetros de distancia.
Izar miró al Señor Oscuro furioso. Le hubiera servido su presencia mientras buscaba el código. Voldemort podría haber usado Legemerancia para extraerlo de la mente de Oran. Pero ahora ya no había panel de control. Izar era un tonto.
Respiró profundamente mirando el campo de fuerza. "No hay nada que pueda detenerlo hasta que se complete el ciclo," susurró Izar más para si mismo. "Los Inefables se aseguraron de eso."
A su alrededor los gritos de la batalla se intensificaron. Algunos de los Mortífagos que habían llegado después con Voldemort estaban tratando de formar un perímetro en tono a sus camaradas encerrados—pero en vano. Detrás de Izar Rookwood lanzó un grito de dolor cuando un hechizo lo alcanzó en el pecho y cayó. Riddle lo abandonó y tomó la posición de Rookwood para proteger su lado expuesto.
Todo daba vueltas tan rápido. Izar presionó sus labios mientras se enfocaba en el invento activado. Adentro del mismo los Mortífagos comenzaban a caer de rodillas con expresiones de shock y temor. Izar sabía lo que estaban sintiendo. Sentían cómo la magia abandonaba sus cuerpos dejándolos vulnerables. Igual que Regulus y Sirius cuando Cygnus había suprimido sus núcleos mágicos…
Izar alzó su rostro al cielo mientras se enfocaba en su núcleo mágico buscando su perdido don. Nunca antes había atravesado sus propias defensas tan brutalmente. Algunos magos entraban en trance para protegerse y a sus mentes para evitar sentir dolor o experimentar un trauma. Izar estaba haciendo algo parecido y sólo lo estaba logrando por pura desesperación.
Confiando en la protección del hombre a sus espaldas, Izar se abstrajo del mundo a su alrededor y se enfoco solamente en su núcleo mágico. Se mareó por la velocidad con la que su mente rodeaba su núcleo y quedó maravillado al poder finalmente ver su centro dividido; una parte era él como mago y la otra era su criatura. Izar no hizo caso a su núcleo mágico ya que sabía que su sensibilidad a la magia ya no residía allí.
Con renovada determinación, Izar dio con una porción ennegrecida de su núcleo; sabía que tenía que desbloquear su don. La barrera que evitaba que fluyera libre era muy débil, apenas capaz de contenerlo. Parecía como si acabara de re erguirse lo que explicaría cómo Izar había sido capaz de usar su don en ciertas ocasiones.
A pesar de sus deseos de seguir explorando, Izar presionó la barrera y subió junto co su don de regreso a la superficie.
El sacar su sensibilidad a la magia de su prisión se sentía como si tironeara de un gancho enterrado en sus intestinos. Izar parpadeó porque sus ojos le ardían y soltó un jadeo de dolor al regresar a la realidad.
A su alrededor y a pesar de estar mareado, podía ver la magia en el aire. Había pasado mucho desde que había podido ver las auras y sentir la magia de esta forma. Era una bendición y logró que pasara el dolor en su estómago y su cabeza. Izar tuvo que ignorar la belleza y volver a concentrarse en el invento; inmediatamente encontró el punto donde se conectaban todos los hechizos que lo protegían. Era similar a un nudo brillante que mantenía toda la magia contenida en torno al perímetro.
Izar alzó su varita y la otra mano y dio un tirón experimental al nudo. El invento soltó un chirrido y los postes temblaron. No se atrevió a mirar demasiado a los magos dentro del perímetro puesto que sus gritos le bastaban para saber cuánto daño ya habían sufrido.
Izar soltó el aire contenido con furia y abruptamente tironeó del nudo mágico hasta deshacerlo. La magia pareció ronronear por el contacto y lo bañó con ondas cálidas mientras se desprendía. Izar cerró los ojos contra la explosión de magia antes que el invento colapsara. Los postes cayeron y los generadores de vidrio quedaron destrozados. Algunos fragmentos lo alcanzaron pero a pesar de eso permaneció de pie ignorando el cansancio.
Un extraño silencio siguió a la destrucción y el cuerpo de Izar se estremeció por la fatiga. Su atención estaba centrada en los Mortífagos que comenzaban a ponerse de pie lentamente. Con su sensibilidad a la magia podía ver sus núcleos mágicos dañados, dañados sí, pero aun poseían magia y eventualmente sanarían. Tenían solo poder suficiente para aparecerse una vez antes de quedar exhaustos. Izar había destruido el invento justo a tiempo.
"¡Retirada!" gritó Voldemort a su espalda.
La Marca de Izar volvía a quemarle pero no le prestó atención. Se quedó con la mirada perdida en dirección al invento, no era capaz de creer que casi había cumplido su cometido.
"Vamos, chico," una mano lo rodeó por la cintura. "Tú más que nadie debes venir."
Izar apenas se resistió, sentía algo de familiaridad con el hombre a pesar de su cuerpo extraño. Una parte de él solo quería colapsar y dejar que Voldemort lo cuidara. Había sido un largo mes. Pero tenía una noche aun más larga frente a él. "Aún no," susurró mientras se oían los ruidos de las apariciones a la distancia. "Tengo otras cosas que hacer antes de…"
¿Antes? ¿Antes de qué? ¿Antes de ocultarse? Era algo surrealista para él, especialmente con el dolor de cabeza que tenía.
"No lo creo," discutió Voldemort apoyando su frente con la máscara contra la de Izar.
Entonces ambos se dieron cuenta que el Señor Oscuro así disfrazado era más bajo. Izar se preguntó qué rostro estaría usando el hombre antes de apartarse bruscamente. "Encárgate de Rookwood," ordenó con suavidad apartándose de la mano extendida de Voldemort. Miró la figura inmóvil de Rookwood antes de desaparecer.
Tenía cosas que hacer antes de arrastrarse a un agujero. Después de todo aun quedaban algunos días para Navidad e Izar no iría a la mansión Malfoy antes que eso.
(Death of Today)
Había sido casi un éxito.
Izar estaba sentado sobre la mesa de madera del Departamento de Misterios mirando unos rollos de pergamino y las pruebas de los generadores de radiación. Todos los rollos tenían complejos cálculos. Fueran de ensayo y error o correctos todos debían ser destruidos Desafortunadamente Izar era lo bastante inteligente para saber que destruir la evidencia no aseguraba que el invento no volviera a construirse.
¿Quién sabía lo que Oran había hecho con lo que sabía? Y el chico seguía con vida—al igual que el resto de los Inefables que habían trabajado en el invento. Era otro trabajo que Izar tenía que completar antes de Navidad. Mancharía sus manos con sangre, pero no se veía capaz de sentir piedad por sus víctimas. De hecho, estaba emocionado por la cacería.
Pero justo ahora, allí sentado en el Ministerio, Izar trataba de calmarse. No pasaría mucho antes que Rufus mandara hombres por toda Gran Bretaña a buscarlo.
Se quedó mirando el Departamento, preguntándose si esta sería la última vez que lo viera. Ahora que era un criminal buscado ¿Tendría que estar confinado en la base del Señor Oscuro y salir solo durante los ataques?
No.
No se permitiría esconderse. De hecho, tentar a Rufus apareciendo en público constantemente parecía una buena forma de pasar el tiempo. ¿Y quién sabía? Tal vez el Secretario Riddle ideara una manera de limpiar su nombre.
Lo dudaba, pero no iba a permitir que una orden de arresto se interpusiera en su vida. Tenía negocios sin atender. Y no incluían ocultarse bajo la protección de Voldemort.
Izar oyó pasos acercándose por detrás. Volteó con rapidez y alzó su varita solo para ver a Owen Welder alzar sus manos en señal de rendición. "Por favor asegúrame," susurró Izar con frialdad. "Que no viniste aquí para tontamente detenerme."
"No," dijo Owen negando con la cabeza. "Solo quería confirmar mis sospechas."
"¿Sospechas?" repitió Izar. "¿Sospechas sobre qué?"
Owen parecía mucho más letárgico de lo que Izar lo había visto nunca. "Sobre si el invento que crearon Rufus y los Inefables puede en verdad destruir la magia de alguien." El jefe de los Inefables inclinó la cabeza y sus ojos brillaron con asco y furia. "No tienes que responder eso. Ya lo sé."
Izar estudió al hombre antes de bajar de la mesa. "¿Por qué permitiste esto? No sólo el invento sino la invasión al Departamento." Sus botas resonaron sobre el piso de piedra mientras se acercaba a Owen.
El hombre no parecía asustado con su proximidad, solo curioso. "¿Y qué se suponía que hiciese? Él es el Ministro."
"Puedes ponerte derecho. Eso es lo que puedes hacer. Es tú Departamento. Son tus Inefables." Izar se detuvo frente al hombre corpulento. Se aseguró que Owen lo estuviera mirando a los ojos y lo miró con intensidad. "Contáctame cuando quieras tu Departamento de vuelta, Owen. Bajo el mando de Rufus nada volverá a ser como antes. Eso puedo asegurártelo."
Allí plantó la semilla de la duda justo como había hecho con Sirius. El heredero Black volteó hacia la habitación donde su madre y él habían tratado de confundir a los Inefables. ¿Volvería a ver a Lily? ¿Cara a cara?
"Hasta ntonces," dijo Izar rompiendo bruscamente el silencio aun mirando la habitación. "Te sugiera que abandones el lugar. No querríamos que el jefe de los Inefables muera incinerado ¿verdad?"
"¿Cómo puedo contactarte?" dijo Owen justo cuando Izar estaba por alzar su varita para prender fuego a la habitación.
Izar sonrió, sabía que eventualmente pondría a los Inefables al lado de Riddle o Lord Voldemort. Tenía que admitir que se estaba volviendo bueno en esto de atraer a los demás. Tal vez debería dedicarse a eso de ahora en más.
"Eres un hombre inteligente, Owen. Estoy seguro que encontrarás una manera…"
Izar agitó su varita en el aire y un chorro de fuego salió disparado de la punta. Comenzó pequeño, quemando los rollos sobre la mesa. Eventualmente se expandiría a los objetos más inflamables de la habitación. E Izar iba a quedarse hasta estar seguro de destruirlo todo.
"¿Necesitas ayuda para abandonar el Ministerio sin ser detectado?" preguntó Owen con tono de preocupación.
El joven mago rió y miró a su jefe por sobre el hombre. "Eso es un insulto, Señor Welder."
(Death of Today)
Izar caminó rápidamente por los pasillos de San Mungo en dirección a la habitación de su padre. Había tirado su uniforme de Inefable y ahora lleva una simple camisa y había atado un pedazo de tela sobre su Marca Tenebrosa que seguía al rojo vivo. Tenía poco tiempo para desaparecer antes que todos supieran que era un criminal buscado.
"Nos vamos," anunció con brusquedad al entrar en la habitación de Regulus. Su padre estudió su apariencia con confusión.
Los ojos grises del hombre miraron primero su ropa destruida y luego su rostro. "¿Nos vamos?" repitió. "¿A qué te refieres?"
Izar apoyó las palmas en el colchón de Regulus y se acercó más a su padre. "Me han descubierto como Mortífago," murmuró. "No pasará mucho antes que todos lo sepan. Quiero que tu y Aiden se oculten conmigo. Seguramente vendrán a interrogarlos, yo no—"
Hizo una pausa al ver cómo se derrumbaba el rostro de Regulus. "Izar," susurró su padre con voz ronca. "No voy a ir contigo."
Izar se apartó como si se hubiera quemado. "¿Disculpa?"
Regulus se apoyó contra las almohadas, su expresión seria por las sombras del pasado. "Pareces… casi complacido con tener que huir, Izar. Tienes el mismo brillo demente en tus ojos que el que tenía Bellatrix cuando supo que era una criminal buscada. Los dos ansían algo enfermizo. Esta es una guerra corta, Izar. Terminará antes que te des cuenta. Antes que notes lo que sacrificaste por ella."
Izar permaneció inmóvil en su sitio, incapaz de creer lo que estaba oyendo.
Regulus le ofreció una amarga sonrisa. "Una vez tuviste una larga vida frente a ti, Izar. Pero ¿qué tienes ahora? Estoy seguro que es mucha la evidencia en tu contra. No te das cuenta de lo difícil que es la vida cuando siempre tienes que correr y esconderte." Su padre suspiró y frunció el seño. "Me miras como si te estuviera matando, hijo mío. Te amo. Siempre voy a hacerlo."
"Hablas como si ya no apoyaras nuestra causa," lo acusó Izar.
"Es cierto," admitió Regulus con suavidad. "Y nunca he sido más feliz. Ya no tengo un Amo ante el cual deba responder. A pesar de haber sido Marcado hace poco, he vivido toda mi vida temiendo lo que él haría si pusiera sus manos sobre mi otra vez. Ahora que a sus ojos ya no sirvo, soy libre para hacer lo que quiera sin restricciones. Puedo vivir otra vez. Libre." Regulus tamborileó con los dedos en las sábanas mirando a Izar. "No tienes idea de lo que sacrificaste por un hombre que nunca va a apreciarlo."
Izar dio un paso atrás, el rechazo oprimiéndole el pecho. "¿Estás traicionándome?" Su voz sonaba quebrada, lastimera a sus oídos.
Los ojos grises de Regulus se abrieron bien grandes. "No. No. A ti no. No estoy con Dumbledore ni con el Ministerio, Izar. Aun estoy con el lado oscuro solo que… solo que ya no sirvo a él."
Una pequeña parte de Izar sabía que era egoísta de su parte enojarse con Regulus. Su padre merecía toda la felicidad que pudiera conseguir después de su horrible pasado. Pero de momento, se sentía traicionado—casi engañado. No enojado. ¿Cómo pudo Regulus hacerle creer que apoyaba al Señor Oscuro para después cambiar sus lealtades? Izar necesitaba a su padre ahora más que nunca. Solo que ahora parecía que Regulus estaba fuera de su alcance.
Incapaz de formar alguna acusación coherente sin herir a su padre, Izar volteó y abandonó la habitación del hospital.
"¡Izar!"
El llamado desesperado de Regulus sonaba idéntico al de Sirius. Aunque mientras el grito de Sirius le resultaba divertido, la súplica de su padre le hacía sentir un dolor punzante en el pecho.
Cuando volteó la esquina se apoyó contra la pared y cerró los ojos con fuerza. Podía sentir el aura sombría y miserable de Regulus en su habitación. Aunque Izar nunca había sido capaz de ver su propia aura, estaba seguro que se parecía a la de su padre en ese momento.
Había logrado el apoyo de la mayor parte de los Inefables esa noche, pero también había perdido el de su padre.
Izar daría lo que fuera por revertirlo.
Nota de Traductora: WOW! Que capítulo! Como disfruto traduciendo esto. Jeje. Un gracias especial esta semana a los que dejaron un review. Son muy apreciados
