Buenos días a todos. Hoy creo necesario comenzar el capítulo haciendo alusión a la reciente noticia del fallecimiento de Cory Monteith. Supongo que no sólo para mí, también para vosotros ha sido algo completamente traumático e inesperado. Esté donde esté, esperemos que sea feliz, que descanse en paz y que su familia y amigos siempre tengan un buen recuerdo de él y puedan superar esta terrible pérdida. Nosotros, sus admiradores, aunque sea desde los rincones más remotos del mundo, enviaremos nuestras condolencias y nuestro cariño para ellos. Descansa en Paz, Cory.
44. The Unholy Trinity
- No hagáis nada, yo investigaré lo que pueda y en cuanto tenga algo os avisaré. – Había dicho Sierra, tajantemente. – Si alguien piensa que estamos metiéndonos en asuntos que no nos conciernen, vosotros seríais los primeros a quienes señalarían. Sin embargo, a mí no me pueden relacionar con Andersen, al menos, no directamente, sólo he sido su alumna.
Repitió una y otra vez aquellas palabras para asegurarse de que tanto Rachel, como Quinn, como Kurt se iban a quedar en el loft y no iban a arriesgarse metiendo las narices en la vida de su antiguo profesor. Dicho esto, se había marchado, y los últimos habían necesitado un buen rato para tranquilizar a Berry, a quien lo único que le faltaba era recibir una noticia así. Una vez en la cama y dormida, tras tomarse los tranquilizantes que le recetase el doctor Hulme, Quinn y Kurt pudieron hablar del tema con la seguridad de que no iban a alterar los débiles nervios de su compañera.
- Maldito hijo de la gran puta. – Mascullaba Quinn, removiendo su taza de té con muchísima más fuerza de la que realmente la tarea requería. – Si de verdad está implicado en esto, si de verdad ha dejado ciega a Rachel, a punto de matarla… Te juro que lo estrangularé con mis propias manos, Kurt. Te lo juro.
- Ese hombre está loco, Quinn, es un chiflado, lo que necesita es que lo internen en un psiquiátrico. – Comentó su amigo. – Y no puedes quitarle a Rachel su parte de culpa. No estoy diciendo que sea suya, pero hay que admitir que ella empezó a salir con él sin apenas conocerle, se arriesgó demasiado a que fuese un lunático que después intentaría matarla.
La rubia se encogió de hombros. Kurt tenía algo de razón, aunque le doliese tener que reconocerlo.
- Sé que Rachel no derrochó inteligencia en ese momento, pero aún así no merece que la hayan dejado ciega por un maldito capricho, porque eso es lo que fue para ese hombre.
Como no les apetecía seguir dándole vueltas al tema, cada uno se fue a su habitación aunque les fuese difícil conciliar el sueño. Quinn, que al día siguiente tenía el día libre en Macy's y no le preocupaba demasiado madrugar, intentó leer para relajarse, pero con toda la materia que tenía en la cabeza apenas pasaba de la primera línea de la página 20 de "La Dama de las Camelias".
Desde que Rachel estaba ciega prácticamente era su sombra. La seguía a donde quiera que fuese excepto a la NYADA, porque estaba segura de que no le permitirían acompañarla durante las clases (de ser así lo haría también) y estaba empezando a sentirse un poco saturada. No es que le disgustase ser su lazarillo, pero tenía que relajarse de cualquier manera. Más que su novia era prácticamente su enfermera y su cuidadora, la que estaba pendiente de que acudiese a las revisiones del médico, la que la lavaba, la vestía, la peinaba, la maquillaba y le llevaba el desayuno, la comida y la cena. La que le leía los periódicos, las revistas, los libros. La que le iba relatando lo que sucedía en películas y programas de televisión… Ni siquiera habían vuelto a tener contacto íntimo, no lo hacían desde antes de romper, y no quería presionarla, pero eso no hacía que la desease menos. Por el contrario, Rachel parecía ser más reservada, y Quinn estaba segura de que consentía que la viese desnuda cuando tenía que bañarla porque era su novia; notaba cómo el rubor subía a sus mejillas cada vez que se quitaba la ropa y cómo pretendía taparse enseguida en cuanto la ayudaba a enjuagarse. No se explicaba por qué, pero no había encontrado un momento propio para hablarlo con ella, ni le apetecía mucho hacerlo.
Sólo sabía que necesitaba desconectar, pero ¿A dónde iría? Lima no era una opción, por mucho que le hubiese gustado tener un rostro familiar al que acogerse. Sierra se había cargado sola con la responsabilidad de investigar a Andersen en la clandestinidad, y no quería molestarla con sus problemas de soledad. Kurt estaba ocupado con la NYADA y una larga fila de nuevos pretendientes con los que salía cada noche, y aunque sabía que podía contar con Leroy y Hiram para lo que necesitase, no quería abusar demasiado de su hospitalidad.
Si no hacía algo pronto, acabaría por volverse loca, y, lo que más temía, por hacerle daño a Rachel sin pretenderlo.
Cuando ésta despertó, sabía que Quinn acababa de dormirse. Sus ojeras, teñidas de malva, y el libro que estaba leyendo abierto sobre su pecho anunciaban que le había resultado muy difícil conciliar el sueño, y no quiso molestarla, así que llamó a Kurt para que la ayudase a vestirse para ir a clase.
Durmió unas cuantas horas más sola en el loft, ajena a lo que la rodeaba, ajena a que eran más de las diez de la mañana y tenía que hacer la colada y la compra del jueves (día de descuentos en el supermercado de la calle paralela), ajena a las dos hermosas muchachas que, con paso enérgico atravesaban el barrio, buscando su casa, buscándola a ella.
- Sigo pensando que deberíamos llamar… - Balbució la rubia, temerosa de obtener una mala respuesta por parte de la chica que la llevaba cogida de la mano. - ¿Y si se ha enterado de que tiene una hermana gemela secreta a la que sus padres dieron en adopción porque no podían mantener a las dos, y justo ahora esa hermana, que podría llamarse Annie y haber pasado su infancia en una granja en Texas con unos malvados padres adoptivos, ha regresado a Nueva York para buscarla y obligarla a volver a su casa en su lugar para vengarse por la horrible infancia que pasó en Dallas?
La morena soltó una carcajada.
- Vamos, Britt, Quinn no tiene ninguna hermana gemela. – La arrastró tras de sí para que caminase más rápido, mientras observaba cuidadosamente los bloques de pisos buscando aquél en el que sabía que vivía su amiga.
- ¿Cómo puedes estar tan segura? Tú no estabas allí cuando nació. – Renegó Brittany, que empezaba a pensar en la plausibilidad de su descabellada idea sobre la doble parentela de la familia Fabray.
Santana no contestó. Se había quedado parada frente a la fachada mal pintada del último bloque de la calle. Estaba segura de que en alguna ocasión, Quinn le había dicho que era aquella. Se aproximó a los buzones y, en cuanto encontró su nombre, hundió el dedo en el botón del portero automático.
- Creo que es aquí. – Anunció, una vez hubo llamado tanto rato que, de haber vivido más gente allí, los habría despertado a todos.
Tres pisos más arriba, Quinn comenzaba a desperezarse. Miró la hora en el reloj; las diez y cuarto. Aún quedaban horas para que Rachel volviese, así que dormiría un rato más. La persona que llamaba histéricamente a su portero podía largarse a tomar viento porque Quinn Fabray había decidido que no quería salir de la cama.
Sin embargo, el constante pitido del portero hizo que se levantase de mala gana, aunque fuese para darle el mensaje en persona al visitante. Se frotó los ojos y caminó somnolienta hacia el telefonillo.
- ¿Quién es? – Masculló, entre dientes.
- Mueve el culo hacia el balcón si quieres descubrirlo, Lucy.
Sólo con oír la voz que llevaba tanto tiempo sin escuchar, los ojos se le abrieron del todo y el sueño y el cansancio desaparecieron. Corrió presta hacia el balcón, pensando que debía tratarse de una mala pasada del mundo onírico, pero en cuanto se asomó, allí estaban.
Santana, tan guapa como siempre, alta, garbosa, con el pelo negro suelto sobre los hombros, unos vaqueros tan ajustados que sólo una latina querría llevarlos y una amplia sonrisa que le decía que la había extrañado.
Brittany, con su acostumbrado gesto de estar en el mejor de los mundos que existían en su mente, su altísima cola de caballo rubia y cogida de Santana como si no hacerlo significase perderse de inmediato.
Justo cuando necesitaba apoyo moral, las dos terceras partes de su particular trinidad aparecían armadas con capa y espada para cubrir sus flancos en la eterna lucha contra las vicisitudes de la vida. Y Quinn sonreía tanto que la mandíbula empezaba a dolerle.
- ¿Te vas a quedar ahí pasmada todo el día? – Preguntó Santana. - ¡Vístete y baja, que esta ciudad nunca duerme y tú no vas a ser menos!
- ¿Qué hacéis aquí? – Preguntó, sin ser capaz de moverse por si, al entrar en el loft, sus amigas desaparecían.
- Hemos venido a cantarte una serenata, ¿Es que no lo ves? ¡Baja ahora mismo!
Apenas tardó dos minutos en vestirse, peinarse y bajar las escaleras atropelladamente para lanzarse a sus brazos, primero de Santana, después de Brittany.
- Espero que tener una gemela maligna no te dé muchos problemas, Quinn. – Le dijo Britt, a modo de saludo. Fabray la besó en ambas mejillas entre risas y en seguida comenzaron a caminar en un largo paseo hacia el centro para tomarse un café en cualquier lugar mientras hablaban de todo.
- Bueno, ¿me vais a contar a qué se debe esta visita sorpresa? – Inquirió Quinn una vez torcieron la esquina de la calle.
- A ver, Fabray, hagamos memoria. Vienes a Lima, me llamas y me sueltas por las buenas que has salido del armario y que estás con Berry, tenemos una cita, no vienes y no me dejas ninguna explicación y a los pocos días me entero de que te has largado y ni siquiera te has molestado en despedirte. ¿Te suena? – Santana no estaba realmente enfadada por el plantón que Quinn le diese a ella y a Britt en el Breadstix, lo que no podía tolerar era lo de Berry. Que saliese del armario le parecía fantástico, pero que Rachel también lo hiciera era una de las cosas que menos probabilidades tenían de ocurrir, justo por delante de la existencia de su gemela sureña. – Britt y yo hemos cogido el primer tren. Nos iremos por la noche, pero queríamos saber si estabas bien y pasar un día contigo, después de tanto tiempo.
- Tuve… Problemas con mis padres. – Quinn suspiró, había decidido ir directamente al grano. – Fui a verles y cuando les dije que era lesbiana mi padre me dijo que no quería volver a verme, que por lo que él respectaba sólo tenía una hija… Igual que cuando me quedé embarazada, pero la homosexualidad no dura nueve meses…
Se quedó pensativa unos minutos. Sin embargo, Santana Lopez no estaba dispuesta a malgastar el tiempo en reflexiones filosóficas individuales.
- ¿Y por qué me dijiste que estás con Rachel?
Brittany, por el contrario, era perfectamente consciente de que Quinn no mentía. Es más, sabía que aquellas dos iban a acabar juntas desde hacía mucho, la confirmación que necesitaba se la dio la charla que tuvo con Rachel el día de la reunión de antiguos miembros de Nuevas Iniciativas. Cruzó con Fabray una mirada cómplice que intentaba expresar un claro "te creo, te apoyo, te entiendo" antes de que esta encontrase la mejor forma de explicar sus sentimientos a Santana.
- Estoy con ella, Santana. Estamos juntas. – Y la aludida sabía de que era muy ínfima la posibilidad de que su amiga le mintiese a la cara. Alucinó unos instantes con la boca abierta y los ojos como platos, miró a Brittany y ésta asintió.
- ¿Tú lo sabías? – Le preguntó a su chica.
- Ví a Rachel llorando el día que se besaron en la fiesta de antiguos alumnos.
- ¿SE BESARON?
- Intenté decírtelo pero pensaste que estaba de broma. – Britt se encogió de hombros y Santana volvió su atención a Quinn.
- Pero… ¿Por qué Berry, Quinn? ¿De todas las tías buenorras que había en McKinley…
- Siempre he estado enamorada de ella. – La cortó. – Desde que entramos las tres a Nuevas Iniciativas. Desde que la vi por primera vez. Desde que la escuché cantar.
- ¿Y por qué nunca habías dicho nada? – Santana difícilmente daba crédito a lo que oía.
- Pensé que no me entenderíais… Hasta que supe que estabais saliendo. Entonces me planteé salir del armario pero por aquellos entonces ni yo misma quería… en fin, sacar a la luz la persona que soy en realidad.
Y no terminó ahí la conversación. En cuanto se sentaron en la cafetería favorita de Quinn, frente a Central Park, Santana y Brittany le hicieron contarles todos y cada uno de los sentimientos que había tenido por Rachel, la historia de cómo se los confesó a ésta y cómo ella había decidido intentarlo, Quinn relató también los detalles de su ruptura, su depresión, su extraña amistad con Sierra y todo lo del accidente. Una hora después, aunque Santana ya estaba más convencida, aún seguía teniendo dudas, mientras que Fabray parecía mucho más relajada al haber sacado todo lo que se la estaba comiendo por dentro.
- Así que… con Berry. – Concluyó la morena. – Jamás lo habría imaginado.
- ¡Es adorable! – Exclamó Brittany. – Son como nosotras ¿No Santana? Una pareja mixta, como un bocadillo de jamón con un cuenco de fideos al curry. Delicioso.
Se relamió ante las risas de sus amigas, pero Lopez no estaba dispuesta a que acabase tampoco en ese momento.
- ¿Y habéis tenido sexo? – Preguntó a bocajarro. Notó cómo Quinn se ruborizaba.
- ¿Y vuestros hijos serán bautizados o tendrán un Bat Mitzvah? – Espetó Brittany. - ¿O ambas?
Quinn rió con cariño.
- No lo sé, Brittany, no sé si tendremos hijos y si los tenemos… Bueno, eso dependerá de Rachel y sus padres ahora que yo he perdido a los míos. – Bajó a continuación la vista para dirigirse a Santana. – Y sí, solíamos tenerlo, pero no hemos vuelto a tocarnos desde el accidente. Rachel parece… asustada o… cohibida, no sé. Tampoco quiero presionarla.
Santana dijo algo en español que sonó como "¡Madre del amor hermoso!" y miró a Britt.
- Precisamente, si hay alguien que puede aconsejarte sobre esto, somos nosotras ¿Verdad cariño? – Pregunto Santana. Brittany asintió.
- Me pregunto si las leyes judías dicen algo de tener relaciones cuando no puedes ver. – Brittany apoyó la cabeza en la palma de la mano, mirando al techo. – A lo mejor no es que Rachel no vea, sino que se le han metido en los ojos esas molestas pelusillas que vuelan en otoño y ahora están nadando en el líquido…
- Britt, eso es muy desagradable, cielo. – La interrumpió Santana, poniendo las manos de la chica entre las suyas para darle a entender que no debía desviar el tema. Se volvió hacia Quinn, con una mirada risueña. – Así que… Sexo en Nueva York. Con Rachel Berry. Algún día todo esto te servirá para hacer una aburrida serie sobre tus experiencias como lesbiana novia de una prepotente actriz aspirante a Broadway.
- Podrían emitirla los martes, que no tengo nada que hacer. – Brittany se encogió de hombros.
Y volvieron al tema. Durante las siguientes dos horas, Santana y Brittany transmitieron a Quinn un detallado relato sobre la sexualidad entre mujeres, le revelaron qué había estado haciendo mal y cómo podía hacerlo mejor. Para cuando salieron de la cafetería ya era de noche, y Fabray ya podía considerarse una experta en el tema.
- Y no olvides que los ciegos tienen el resto de sentidos más desarrollados. – Añadió Santana, a modo de conclusión. – Si no puede verte con los ojos, consigue que lo haga con el resto del cuerpo.
- Vaya… Muchas gracias chicas. Necesitaba esto, de verdad - Quinn rió. – Pero si hay algo que me preocupa ahora es el tema del profesor…
Santana y Brittany ensombrecieron el gesto, intercambiando una mirada.
- Espero que tu amiga Sierra no la cague ¿Sabes? Podríais meteros en un buen lío.
Un profundo suspiro salió de los labios de Quinn.
- Lo sé…
