Capítulo XLIX. Historia.

Los chicos más fuertes de la clase se acercaron para liberar a la profesora de su encarcelamiento derivado del duelo, apartaron con cuidado la lámpara de hierro forjado intentando no golpearla.

Remus la apuntó con su varita desde cerca y pronunció un decidido: "Enervate".

Galatea fue recuperando el sentido poco a poco, abriendo los pequeños ojos redondeados.

-¿Qué ha ocurrido? ¿Dónde está Isis? ¿Ella está bien?- realmente estaba preocupada por la niña.

-Señora… Profesora- Remus se apartó para que la buena mujer pudiese ver el estado de la niña, había sido un duelo fuerte, pero demasiado rápido.

La niña estaba olvidada al otro lado de la tarima, entre los escollos, sentada en el suelo, con las piernas cruzadas y cubierta de sangre.

El pómulo izquierdo se le había hinchado ligeramente, de la nariz le caía un finito hilo de sangre, la rodilla derecha raspada y en la tibia se veía un rasguño, el calcetín lo tenía por el tobillo.

El estado de la profesora no era mucho más alentador, el pelo de normal recogido en un pulcro moño, mostraba mechones sueltos por la cara, enmarañados, el labio inferior le sangraba y tenía un ojo completamente cerrado gracias a un puñetazo que le había asestado Isis en el pómulo derecho.

-Es impresionante la manera de pelear de esa niña, tendré que hablar con el Ministerio para que envíen a alguien para que la siga entrenando- dictaminó la profesora, mientras entre dos fuertes chicos la ponían en pie- Señor Black, lleve a su hermana a la enfermería, por favor. Yo debo ir a hablar con el director, para poner los trámites al día.

-Señora Merrythought- habló Sirius- ¿Podría pedirle hora al director para hablar yo con él ya que va a verlo?

La profesora asintió con la cabeza y salió del aula seguida de dos alumnos de Slytherin.

Sirius se acercó hasta ella y se acuclilló en frente.

-Hola- se había perdido quizás el duelo más rápido de la historia del colegio y posiblemente el más brillante, pero no estaba molesto.

-Hola- respondió ella con un hilo de voz.

-Enhorabuena, has ganado a la campeona mundial de duelo en cinco minutos- ironizó el chico sujetándole la barbilla para estudiar esa carita tan mal avenida en esos momentos- ¿Te encuentras bien?

-¿Para qué preguntas? Estoy molida, es el duelo más difícil que he tenido en mi vida.

-Estás hecha un asco- giró la cabeza de la niña suavemente para estudiarla mejor, bajó una mano hasta la pierna para revisársela- ¿Puedes andar?

¿De verdad era su padre? No podía decírselo, ¿O sí? Ella se hubiese molestado si su pareja de duelos de buenas a primeras rechazase pelear sin darle una buena explicación.

-Puedo explicarte lo de antes- levantó la cabeza atravesando con el mar de luz azulado los ojos de joya de Sirius, el chico sonrió y asintió con la cabeza- Quiero hacerlo Sirius, lo necesito.

-No te preocupes, todos tenemos un día tonto- restó importancia el chico.

-¿No te ha molestado el no querer pelear contigo? ¡Au!- apartó la mano de su rodilla, el chico se la estaba apretando para poder sacarle una astilla clavada- ¡Suelta! Por favor, Sirius, me duele.

-Nos vamos- se levantó de sopetón y cogió a su hermana de la camisa para levantarla.

-No seas bruto- se quejó la niña.

-¿Puedes andar?- le soltó la ropa y bajó la vista hasta su pierna, cada vez tenía peor aspecto.

James la miraba de soslayo, Isis había rechazado un duelo magnífico y no entendía por qué. A él le hubiese encantado luchar contra ella, era una digna rival.

-Sí puedo, tampoco es que sea de mantequilla, ¿Sabes?- ella intentó dar un paso pero un pinchazo le atravesó la herida y levantó la pierna instintivamente, aferrándose al brazo de su hermano, ¿O su padre?

Sirius miró la manita que le acababa de aferrar el brazo e intento reprimir el esbozo de una sonrisa, pero no lo consiguió, su hermana seguía haciéndose la dura.

-Vamos peque, yo te llevo- se giró sobre sí mismo y cuando fue a cogerla de la cintura para colgársela a la cadera ella daba pequeños saltitos a la pata coja.- Mira que eres testaruda.

-Igual que tú, ¿qué quieres si vas a ser mi padre?- lo había soltado, sin querer se le había escapado.

Sirius se quedó inmóvil.

-No soy tu padre, soy tu hermano, pero me vas a obedecer igual- saltó indignado. ¿Se había vuelto loca? Su cerebro comenzó a maquinar deprisa- ¿De dónde sacaste semejante estupidez? ¿Del Quisquilloso?

Ella también estaba aterrada, no pretendía decírselo así, le hubiese gustado preparar el terreno. Pero se lo había soltado tal cuál ella se había enterado, en un instante, sin anestesia. Y su carácter era más explosivo que el de la chica.

-No, yo lo siento- agachó la mirada, muerta de miedo- No pretendía soltártelo así, yo…

En esos momentos le hubiese encantado poder andar despacito para alejarse de él, pero a la pata coja no llegaría muy lejos, los doscientos siete escalones que le separaban de la enfermería podrían ser agotadores sobre una sola pierna.

-Isis, ¿Te has vuelto loca? ¿Quién te dijo eso? Yo tenía seis años y medio cuando tú naciste, ni siquiera tenía formada la espermátida- el chico la miraba anonadado- Vamos a la enfermería, creo que un hechizo te golpeó la cabeza y te atontó.

Dio unos pasos hacia ella y la elevó de la cintura, cargándosela sobre su cadera, de espaldas a él.

-No me dio ningún hechizo- habló con fuerza- Me lo dijo Dumbledore.

El chico la soltó de golpe sobre la fría piedra del suelo, el resto de merodeadores se acercó a la carrera cuando vieron el amago de su amigo por dejarla en tierra, pero no llegaron a tiempo y el cuerpo de la pequeña se estampó contra el suelo de medio lado.

-No hacia falta que me tirases, puedo ir a la pata coja- le chilló tan fuerte como pudo.

-¿Te lo dijo Dumbledore?- el chico apretaba los puños con fuerza- ¡Cuando?

Se giró hacia ella con los ojos inyectados en sangre.

-Te mintió- afirmó el chico decidido.

-¿Por qué?

-¿Qué pasa con vosotros? ¿Qué pasa contigo Isis? ¿Por qué no quieres batirte en duelo con tu hermano en clase y ahora estás montando semejante escándalo?- a Lily le gustaba el orden, y los gritos la sacaban de quicio.

La pelirroja pasaba la vista indignada entre los hermanos.

-¿Y por qué me mintió?- la niña no entendía porqué el hombre más noble de la faz de la tierra se la había jugado así.

-Porque necesitaba la información, el nombre del libro y a nosotros nos descubrías cada vez que intentábamos sonsacártelo, así que tomó cartas en el asunto. Si la causa es noble las medidas pueden ser drásticas- sentenció el moreno.

-¿Entonces no eres mi padre?- los chicos se miraron entre ellos asombrados.

-¿Cómo voy a ser tú padre? Si fuese tu padre no podrías cambiar el futuro, creo Lily que le contó tu razonamiento- miró a la chica que estaba del mismo color que su fino pelo.- Isis, te mintió descaradamente y no te diste ni cuenta, no eres mejor que él, simplemente eres una arrogante niña de once años. Él es el mago más poderoso desde Merlín, no puedes meterte con él y salir de rositas.

-Me mintió- no se lo podía creer.

Todos asintieron con la cabeza.

-Me mintió- su mundo se venía abajo de nuevo, el clavo ardiente al que se había agarrado con fuerza acababa de disolverse entre su mano- Me mintió.

-Sirius- apuntó el licántropo la pierna de la niña- No está bien.

-Claro que no está bien, quería el nombre del maldito libro y la engañó para que se lo contase- le cortó su amigo- Tranquila- se arrodilló a su lado- Sigo siendo tu hermano.

La niña derramaba pequeñas lágrimas silenciosas, la habían utilizado de nuevo. El mago al que idolatraba la había engañado vilmente, para sacarle información, y ella había picado intentando sucumbir sus deseos, se odiaba, el puente de conexión con el futuro se había cortado y no conocía quienes eran sus padres de alma, los magos que habían realizado el hechizo.

-Es igual que ellos, no os dais cuenta, os está utilizando- el odio enmarcaba las simples palabras, se sentía usada.

Los chicos negaron con la cabeza a la vez, a ellos también les hubiese sentado a cuerno quemado que les hubiesen mentido, pero Albus no era como los mortífagos, ni mucho menos. Él no cogía gente menor de edad en la Orden, los adeptos no tenían que acatar órdenes sin rechistar, podían preguntar y opinar sobre cualquier misión.

-No peque, Albus no es como Voldemort, él defiende una noble causa- le explicó su hermano acariciándole la mejilla mientras con el pulgar intentaba borrar su dolor.

-Voldemort también, para él es noble, todo depende del cristal con que se mire- intervino Remus.

-No ayudes- le cortó James pasando por su lado y dándole un empujón.

El chico se arrodilló al lado de su hermano y le pasó un brazo por los hombros, atrayéndolo hacia sí.

-Isis- la niña miró los ajos enmarcados en la montura redonda- No ha estado bien que te mintiese, pero debía de alejarte del peligro. Sabíamos

-¿Quiénes?

-La Orden sabía que estabas teniendo información del futuro, tus amigos te escribían, te dejaban notas, hemos visto algunas que otras, como la del Veritasserum. Cada vez que te adelantabas a los hechos cambiabas el futuro, no puedes jugar con el tiempo, es demasiado arriesgado- le estaba hablando con palabras dulces pero reales, igual que si se lo explicase a cualquier adulto que estuviese en un error.

-No me carteaba con mis amigos, las notas eran mías- le espetó la chica- No tenéis ni zorra idea de lo que la habéis cagado. Ahora estaremos en tinieblas, sin saber que nos depara el futuro.

-Yo si que se lo que te va a deparar el futuro como sigas gastando ese lenguaje, jovencita- le amenazó su hermano mayor.

Isis se mordió el labio para no mandarlo a la mierda con todas las letras, James sonrió, sabían por dónde iban los tiros.

-Vamos a la enfermería- James se levantó y cargó a la niña a su espalda- Será emocionante, Isis, míralo desde ese punto de vista, no saber qué nos depara el futuro- dramatizó- Bendita libertad.

-Quiero entrar a la Orden con vosotros, no quiero perderos de vista- imploró la niña frunciendo los labios- Por fi, por fi, por fi.

-Cuando seas mayor- le contestó su hermano, acariciándole la espalda.

-Le acabo de ganar a la campeona de duelo mundial, soy la que mejor pelea del mundo- protestó con vehemencia.

-Sí, y te acaban de engañar como a una boba, por pura confianza- le soltó su hermano- No lo pidas más, cuando alcances la mayoría de edad volveremos a hablar.

-¡No eres mi padre! Puedo decidir- gritó con fuerza.

-¿Quieres que hable con él para ver si te da el consentimiento?

-Sarcástico- le soltó la niña enfurruñándose.

-Si quieres le escribo- siguió Sirius martirizando a su hermana- ¿Grimauld Place 12, verdad? ¿O prefieres que se lo diga a Regulus para que les informe?

James detuvo la subida de las escaleras, Sirius se había vuelto a pasar tres pueblos con la niña.

-Basta- sentenció el chico de gafas taladrando a su amigo con la mirada.

-Tiene que aprender, James. Sólo es una mocosa de once años. Tiene que…

-Sirius, te arrepentirás si sigues hablando- Lily lo miró extrañada, ¿James diciendo cosas coherentes?

-Bien. Pero no entrará en la Orden ni ahora ni nunca.

-Eso espero, que cuando alcance la mayoría de edad esto se haya terminado- sentenció James.

Muchos grupos de chicas taladraban a las tres chicas con puro odio, sobretodo las de los club de fans. Y es que los chicos no podían pasar desapercibidos.