Esta historia contiene lenguaje violento y obsceno, escenas fuertes tanto de violencia como de sexo.
Los personajes, salvo alguna excepción de OCs, no me pertenecen.
La historia se inspira en el anime y las live actions, por lo que se toman escenas, diálogos o semejantes de ello.
Se aceptan dudas, sugerencias y criticas constructivas con fundamento, esto es para pasarlo bien y conocer gente, NO soy escritora.
A pesar de seguir ciertas partes de la trama original, la he variado en varias ocasiones para amoldarla a mi historia.
Capitulo 51
Kenshin salió de la pequeña cocina de la cabaña de Hiko tras acabar con los preparativos de la cena de aquella noche, avanzando hacia la salida de la vivienda mientras los pensamientos invadían su mente sobre demasiados asuntos.
El principal problema que se cernía sobre él era el enfrentamiento con Shishio, que esperaba fuera el definitivo; No obstante, lo que más le preocupaba era tener que irse aquella misma noche para llegar a Tokio el día exigido por Saito, algo que no había contado a nadie aún, ya que al no estar recuperado por completo sabría que le traería problemas con Nanako. A pesar de que todos sabían que debía partir próximamente, nadie habló del tema.
Ella no accedería a quedarse allí, no dejaría que el hombre partiera solo con medio Japón buscándolo, con lo que asumiría el peligro del pelirrojo como propio.
Kenshin no quería que aquello sucediera, y poder poner en peligro su vida, pero tampoco podía prohibirle nada, al igual que al resto de sus amigos, que sabía con certeza se enteraría de su marcha hacia la ciudad y no dudarían en sumarse a la lucha.
Además de cargar con esas preocupaciones, el ex-samurái no estaba seguro de que Nanako estuviese bien respecto a sus acercamientos. La chica seguía teniendo pesadillas de vez en cuando y mostrándose algo distante, e incluso temerosa; Sin duda sus traumas la golpeaban duramente, a pesar de que ella se sintiera segura con él, ¿pero cómo poder ayudarla a que esos miedos involuntarios desaparecieran?
El pelirrojo dio vueltas a todos esos asuntos mientras caminaba hacia el exterior, saliendo a la calle para buscar a Hiko y Nanako, quienes llevaban largo rato fuera entrenando después de que ambos hubiesen estado picándose mutuamente, hasta acabar luchando para demostrar al contrario su propia valía.
Kenshin los descubrió a unos metros detrás de la cabaña, donde nada salvo los árboles podían interponerse entre ellos y su acalorada lucha. El hombre no pudo evitar detenerse para contemplarlos y no interrumpir, olvidándose de sus asuntos mientras dibujaba una leve sonrisa al ver a la morena alejada de todo miedo o preocupación; En definitiva, encontrándola bien de veras, como pocas veces aparentaba.
La pareja se había separado tras un par de golpes de acero, llevándose Nanako la peor parte al no poder competir aún con la vertiginosa velocidad de su maestro, la cual fue probada cuando ante el nuevo asalto, Hiko derribó a la chica después de un par de golpes y un corte superficial. El hombre no tardó en burlarse de su discípula mientras envainaba su katana.
-Has mejorado bastante, Hissaki. Pero obviamente no es suficiente. Aún soy un rival muy superior para ti. Espero que esta nueva humillación haya sido suficiente como para que me dejes en paz otros tantos meses.
La morena guardó silencio mordiéndose el labio inferior para no contestarle, asumiendo su derrota y las consecuencias que la acompañaban mientras se levantaba del suelo y recogía el sable, vislumbrando como el maestro se alejaba sin añadir nada más.
-Odio que tenga razón, el muy arrogante. –Murmuró mientras Kenshin se acercaba, evitando ensanchar su sonrisa.
-Luchas muy bien, no dejes que te desmoralice. El maestro es demasiado bueno.
-No sé cómo mejorar ante su técnica.
-Lo importante es que te falta velocidad. El maestro es sumamente rápido.
-Sí, de eso me he dado cuenta.
-Además, deberías mantener la guardia más alta cuando luches contra él, porque conoce tus puntos débiles. Deberías alzar más los brazos. –Susurró el pelirrojo mientras se ponía tras ella, guiando sus brazos en la postura adecuada, mostrándole exactamente a lo que se refería. –Así lo tendrás más fácil.
Nanako tragó saliva mientras trataba de controlar sus nervios ante el contacto del hombre, dándose la vuelta despacio para mirarlo, deshaciendo la postura. Seria, trató de responder ocultando su estado.
-Gracias, lo pondré en práctica. Espero conseguir cerrarle la boca a Hiko algún día.
-Estoy seguro de que lo conseguirás. –Dijo Kenshin con cariño, guiando sus labios a los de la guerrera al terminar la frase.
Tras el fugaz y sentido beso, el pelirrojo se alejó y centró sus ojos en los de Nanako, quien comprendió que tenía algo que decirle, y no parecía ser bueno.
-Nanako, esta noche debo partir para llegar a Tokio, como acordé con Saito cuando vino aquí. Creo que sería buena idea que fueses directamente al dojo con el resto, porque yo me retrasaré al tener que ir por los bosques, y es un camino peligroso.
La chica no le dejó terminar, interviniendo mientras aguantaba su mirada sin cambiar su semblante.
-¿Quieres que te deje solo todo ese camino con todo el mundo buscándote para matarte? Ni lo pienses, iré contigo hasta Tokio. Juntos tenemos más posibilidades que yendo separados. Te ayudaré.
El pelirrojo no se sorprendió ante la respuesta, y dedujo que sería inútil discutir al conocer la personalidad de la morena, con lo que se resignó y tomó la palabra.
-¿Existe alguna posibilidad de que cambies de idea?
-Sólo que me dijeras que te estorbaría y no podría ayudarte. –Contestó con sinceridad, escudriñando el rostro del ex–samurái.
-Sabes que no sería cierto si lo dijera, y no voy a mentirte.
-Entonces me prepararé para salir cuando me digas. No dejaré que te vayas solo a ninguna parte nunca más, te lo dije, y pienso cumplirlo.
Kenshin recordó aquello, al igual que el miedo que la chica trasmitió al haberlo hallado en aquel estado físico tras su secuestro, y no fue capaz de discrepar ante sus palabras; No podía hacerla sufrir, así que debía aceptar que ella pudiera protegerlo, al igual que él lo haría en su situación.
-No me gustaría hacerte faltar a tus promesas. Saldremos a media noche. –Añadió con tranquilidad y una leve sonrisa, para después alejarse dejando a la mujer allí parada, aún incrédula de que hubiera sido tan fácil.
Kaoru terminaba de recoger la ropa ya seca en el patio cuando observó entrar a Saito en su casa, avanzando con indiferencia con un papel en su mano derecha. Automáticamente la mujer dejó la labor, abandonando el cesto con la ropa recogida para acercarse al policía con rostro serio, temiéndose que algo malo hubiera sucedido.
-¿Qué haces aquí? ¿Pasa algo malo? –Se adelantó Kaoru antes de que el moreno abriera la boca. Sus ojos fríos y serenos se posaron en los de ella.
-De momento no. Sólo he venido a avisaros de que Kenshin llegará a Tokio pasado mañana, y que vendrá directamente aquí, con lo que no se os ocurra salir por ahí buscarlo y estropearnos el plan. Shishio no puede escaparse de nuevo. No llaméis la atención.
-¿Has recibido noticias suyas? –Preguntó la chica ansiosa sin poder contenerse. Saito elevó el papel que portaba, mostrándoselo levemente.
-Es una carta de un oficial de Nagoya. Kenshin le dijo que me dijera que está de camino y pronto llegará.
-¿Viene solo?
-Ni lo sé ni me importa. Lo único que quiero es que dejéis que Battousai haga su trabajo y esto se termine. Por cierto –añadió antes de girarse y comenzar a alejarse–, la ciudad aún está en peligro, no sabemos qué pretende esa gente. Estad alerta.
Kaoru asintió, contemplando después como el policía se alejaba con la misma parsimonia con la que había entrado.
La morena sentía el palpitar frenético de su corazón ante la idea de volver a ver a Kenshin después de aquel tiempo, que aunque no había sido mucho, se había sentido como una eternidad.
Aquel pensamiento compungió su alma, acompañándolo de un amargo sabor al darse cuenta, como otras tantas veces, que su amor por el pelirrojo parecía no mermar. Debía olvidarse de él y poder continuar con su vida, dejando de sufrir inútilmente, pero parecía que su corazón no quería obedecer a su cabeza.
La muchacha suspiró mientras trataba de contener sus emociones, avanzando hacía el cesto de ropa limpia para meterlo en la casa, frustrada con la vida por su situación.
-Kaoru ¿Qué te pasa? –Distrajo a la esgrimista la voz de Chikara, quien se levantó al verla pasar con aquella expresión triste y rígida en el rostro.
-Kenshin llegará pasado mañana.
-Pero, eso es bueno ¿Por qué estás así entonces? –Preguntó sin entender, escudriñando su rostro. Parecía molesta por su expresión y eso le confundió más.
Sin mediar palabra, Kaoru dejó la mente en blanco para alejarse de su dolor y frustración interna, besando impetuosamente al moreno en los labios. No quería pensar en Kenshin más.
Gracias por leer a todos! y gracias a los que comentáis en especial. HeavenlyEve, Tsuki girasol, Pajaritoazul y StacyAdler (sé que regresarás pronto, hermana!)
P.D: Kaoru está bien jodida la pobre XD
