Capitulo 52
Mientes tan bien
Rose regresó al presente, Rodas la guiaba a través del bosque.
- ¿Entonces? – Preguntó y el chico la miró sin entender la pregunta - ¿Están juntos o no? – Aclaró
- Si y no – respondía Rodas
- No puede ser – decía ella – es o si o es no
- No Rose, las medias tintas existen – la contradecía Rodas – Ellos se aman pero también se odian – aseguraba
- ¿Es eso posible? – Preguntaba ella sorprendida
- Al parecer – reflexionaba el muchacho – Ellos actúan como una familia de padres divorciados – se rió – están un tiempo juntos y luego deben separarse
- Sergio debe estar confundido – declaraba Rose
- Sergio se ríe del asunto y se burla de sus padres, él optó por sacarle provecho a sus poderes y es un futbolista reconocido – bromeaba él – pero el destino le haría ver que no se debía escupir para arriba – agregaba
- ¿Y eso? – preguntaba Rose
- Ya te enterarás
- ¿Me vas a decir que se enamoró de un vampiro? – preguntó intentando averiguar algo más
- No, peor – decía él – se enamoró de una loba como él.
- Dominique – dijo Rose
- Si – le decía Rodas – pero para eso faltan varios años – agregaba – antes tienes que saber que sucedió con Miguel y Alejandra
- Es verdad. ¿Ella se recuperó no? – Preguntaba - ¿Solucionaron sus diferencias? ¿Cómo asimiló él el hecho que fuera hija del demonio?
- Averígualo – decía Rodas tendiéndole la mano
Rose pudo ver a Miguel entrar corriendo a su casa, pero la misma estaba desierta y en completa oscuridad. El traslador conseguido por Albus sólo pudo enviarlos al mago y a su mujer, mientras que Miguel debió arribar en avión.
Se desesperó pensando lo peor, pero luego recapituló que Albus no conocía su departamento y los más probable era que estuviera con Alejandra en la casa de antigüedades; así que a la carrera cruzó las tres cuadras que la separaban de su morada y llegó raudo al lugar.
No se había equivocado, a través de las cortinas pudo ver luz en el interior y golpeó las puertas de vidrio.
A los pocos segundos apareció Albus, asomándose corriendo las cortinas y le abrió la puerta.
- ¿Todo bien? – Preguntaron al unísono
- Alejandra duerme – contestó Albus mientras cerraba la puerta – está recostada en la cama de Ariadna en la pieza de atrás
- Gracias – agradecía Miguel yendo hacia allí
- ¿Y ustedes? – Preguntaba Albus siguiéndolo
- Todo bien – aclaraba Miguel – logramos derrotar a nuestros enemigos y antes de irme pude ver que los quileutes y los Cullen tenían todo bastante controlado
- Bien – decía Albus – ahora debo irme – saludaba – siento no poder hacerte compañía
- ¿Y Ariadna? – Preguntó Miguel
- Está en la madriguera, quédate tranquilo, Molly la cuidará, ya está enterada y no hay ningún problema por eso – decía – Ya he guardado la piedra.
- Ve Albus – lo acompañaba Miguel – se que debes estar enloquecido estos días
- ¿Días? – Respondía este casi burlón – Estos años querrás decir – agregaba antes de partir.
Miguel se dirigió a una pieza personal que tenían detrás del local, donde generalmente dormía Ariadna por la tarde y pudo ver a Alejandra haciendo lo propio en la pequeña cama color rojo.
Se la veía serena y él la observó largo tiempo, controlando su pausada respiración y cualquier gesto que lo alertara, pero al parecer había entrado en un estado de letargo.
Al ver que no se despertaba, la cargó y salió con ella rumbo a su casa una vez entrada la noche, la llevó a su dormitorio y se recostó a su lado vigilando su sueño hasta quedarse el también dormido.
Así sucedieron dos días, ya comenzaba a preocuparse, Alejandra no reaccionaba, no se despertaba para comer o beber agua, no se levantaba para hacer nada, simplemente dormía.
Hasta que en el atardecer del segundo día ella abrió los ojos.
Estaba serena, tranquila, relajada.
- ¿Cuánto dormí? – Preguntó apenas levantarse
- Dos días – contestó él
- ¿Y Ariadna?
- En la madriguera, me he comunicado con Molly varias veces, la está pasando tan bien que creo no querrá regresar – respondió sonriendo
- ¿Ganamos? – quiso saber ella
- Se podría decir que si – contestó – tenemos la piedra así que, ganamos – agregó
- Voy a ducharme – dijo ella levantándose de la cama y se tambaleó él la ayudó a no caer, cuando se estabilizó ambos se separaron
- Ve a ducharte y yo preparo la cena – dijo Miguel antes de salir de la habitación
El agua caía sobre la cara de Alejandra, que estaba a la expectativa de la reacción de Miguel, y calculaba que él estaría igual en cuanto a eso.
Cuando salió de ducharse pudo sentir el sabroso olor de la cena y colocándose ropa de diario se dirigió a la cocina.
Miguel servía la comida y al verla se sentó para poder comer, durante varios minutos se mantuvieron en silencio, ella comiendo lo más civilizadamente posible pero lo cierto era que estaba famélica. A los pocos minutos ya se estaba sirviendo su segundo plato y podía ver que su esposo la miraba sonriente sin decirle nada
- No es que vaya a dañar mi figura – declaraba acomodándose
- Calculo que tendrás algún hechizo para ponerte en forma – dijo él y ella se puso en guardia contestando
- Tengo hechizos para todo, incluso para coser bocas – acotó serenamente – pero no hago uso de mi magia, no debo. Aunque es muy difícil cuando uno tiene que lidiar con un ser que se levanta por las mañanas como si recién acaba de ir al salón de belleza
- Eso no es cierto – recriminaba él – tu conoces muy bien mis imperfecciones
- Nadie es perfecto
- Exacto, yo estoy muy cerca de ser perfecto, pero… - acotaba él en broma relajando la tensión que se estaba generando, no era lo que ninguno de los dos quería realmente.
Alejandra respiró hondo y le contó toda su vida, hasta el momento de conocerlo, sin omitir ningún detalle, su nacimiento como hija de la líder de las brujas de Eastwich, su decisión de alejarse del aquelarre, su relación con Horace, su huida, todo.
- Cayo no mintió – aclaraba – soy su hija y para liberarme debí acostarme con él – declaró
- ¿No lo puedes nombrar?
- No, si no quiero que me encuentre. Excepto cuando lucho por mi vida
- ¿Y eso?
- Es que generalmente cuando lucho hay otra bruja en frente que también lo invoca, entonces podría decirte que él no puede reconocerme.
- O sea que el diablo te persigue
- No – quería aclarar Alejandra – no me persigue, si así fuera ya me hubiese encontrado. Él está obstinado conmigo, como lo debe haber estado con muchas brujas más en el pasado
- ¿Segura?
- Muy segura, él no es un devoto esposo Miguel, espero que nunca me encuentre.
- ¿Tienes miedo?
- ¿Lo tendrías tú? – Respondió con una pregunta Alejandra y Miguel estiró la mano por sobre la meas y se la aferró
- Si debo enfrentarme a él no lo dudaré – dijo – me importa un cuerno que sea el diablo
- Y conociéndote capaz lo vences – sonrió ella - ¿Y tú? – Preguntó
- Bueno – dijo Miguel acomodándose en la silla – como sabes, mis padres murieron en un accidente – contaba - o sea que inmediatamente el gobierno se hizo cargo de mi y, al contar con siete años comenzaron a probar mis habilidades para servirle a la reina. A los quince ya estaba más que adiestrado para matar incluso con los ojos vendados, conocía cinco idiomas, no fluidamente – aclaró como si no fuera ya de por si algo increíble – y a los diecisiete ingresé al MI6.
- ¿Tu nombre es Miguel? – quiso saber Alejandra
- ¡Claro! – Reía él – Cada número tiene un nombre destinado – explicaba – o sea que el James que conoces no es el mismo de las películas
- ¿Son reales? – quiso saber ella
- En parte – aclaraba él – uno de los ex agentes lucró con su historia, y el gobierno prefirió dejarlo pasar como una novela de ficción, antes de levantar más sorpresas callando a los involucrados – declaró dándole otro sentido a las palabras - así nació la historia del agente secreto Bond, pero hay muchos más, y todos tenemos las mismas características y habilidades
- Pude notarlo – dijo Alejandra
- Y además el mismo origen, todos somos huérfanos, ya que al comienzo utilizaban a niños abandonados por sus padres, pero eso salió mal, luego ellos buscaban a sus progenitores, era complicado.
- ¿Y como sabían que eras apto para ser un agente secreto al ser bebé? – quiso saber ella
- No lo sabían – aclaró él – si no hubiese sido apto hubiera terminado haciendo trabajo administrativo.
- ¿Estás aún trabajando?
- Estoy inactivo – aclaró – desde que te conocí, pero nunca dejaré de ser un agente y si me llaman a realizar cualquier servicio debo ir, di mi promesa de servir a la reina, a pesar de todo
- ¿De todo? – preguntó ella seria
- Si – respondió el sin inmutarse – a pesar de todo y de todos – Se hizo un incómodo silencio, ambos se miraban fijamente a los ojos – Aunque creo que por ustedes mandaría todo al cuerno – concluyó levantándose de la mesa y tomando del brazo a Alejandra la besó apasionadamente – Perdí todo mi autocontrol cuando te vi caer al piso – decía besando tiernamente sus labios – James salvó mi vida, creo que él y yo estamos a mano ahora – reflexionaba abrazándola más fuerte – soy un hombre de palabra – declaraba – es lo único que tengo, pero la quebrantaría por ustedes, sin dudarlo
- No debes de faltar a tus promesas Miguel – le decía ella correspondiendo al abrazo – no tienes que dejar de ser quien eres, porque lo que más me enamoró de ti fue tu lealtad y devoción, y tu bien formado trasero – agregó sonriendo
- Lo mismo digo – respondía el riendo a la vez y se fundieron en un largo beso.
Ambos fueron desplazándose por la casa hasta la habitación, chocando con las paredes y deteniéndose en cada tropezón, sacándose mutuamente las ropas.
Cayeron prácticamente desnudos en el lecho, acariciándose y besándose con aún más pasión.
- ¿Realmente no te molesta que sea una bruja? – Preguntaba ella ya debajo de él
- ¿Realmente no te molesta que sea un agente secreto? – Respondía él con otra pregunta
- No – respondieron al unísono. En ese preciso momento Miguel ingresó en ella. Los dos ya se conocían a la perfección, llevaban ocho años de casados, no había más secretos para ellos, ahora eran completamente libres.
No es que no lo fueran ya, pero sus responsabilidades eran fuertes, pero no más que su amor.
Ambos recorrían con dulces caricias sus cuerpos, entregándose por entero, como siempre lo hacían, mediando risas y besos. Juntos llegaron al clímax.
Para ellos era un nuevo comienzo, ya sin ningún ocultamiento, ahora podían confiar plenamente en el otro como siempre lo desearon.
Rose salió del recuerdo.
- Imagino que allí tuvieron a Máximo – dijo ella
- No lo sé si fue en ese momento – declaró Rodas – Ellos estaban casados, pudo ser cualquier otro día
- Tantas historias de amor. ¿Nosotros sentiremos igual? – Preguntó deteniéndose y mirando a Rodas quien la imitó.
Nuevamente una lluvia copiosa los comenzó a mojar pero ninguno se movió de su lugar, se miraban a los ojos, pensando cada uno por las posibilidades para con el otro.
Rose pensaba si era posible enamorarse, más aún, si era posible enamorarse de alguien como Rodas, y por un segundo su mente le decía que si, era posible.
Rodas observaba a Rose evaluando sus emociones, la sentía tan cercana, tan igual, tan parecida, y seriamente pensó si era posible tener algo con Rose, una relación, un futuro.
Se acercaron, la lluvia caía por sus rostros pero ellos no dejaban de observarse y llegaron a tomarse de las manos estando a apenas milímetros uno del otro.
Rose pensó que no podía pensar en ello en ese momento, que durante mucho tiempo creyó estar enamorada de un hombre pero sabiendo que era gratitud lo que sentía para luego caer en la cuenta que siempre la engañó y, si bien reconocía que tenía un hechizo sobre ella, no era el momento de ahora pensar en otra cosa que no fuera salvar el mundo, y que no era Rodas la persona elegida para ella.
Rodas recapacitó, sus alteradas hormonas lo estaban controlando, Rose era un igual, pero no su igual, compartían una profecía pero no podrían jamás compartir un futuro en común, se matarían a los pocos segundos de convivir.
Al mismo tiempo dieron un paso atrás diciendo
- No es posible – Se sorprendieron de las declaraciones, la verdad es que estaban conectados en un grado muy alto, lo cual era muy beneficioso, pero también peligroso a la vez.
Sin decir más continuaron caminando, la verdad era que la lluvia ya no les molestaba, querían llegar a su destino y poder separarse un poco, esa unión ya les estaba trayendo dolor de cabeza.
- Me parece que ya deberá ser seguro desaparecernos – dijo Rose
- Será lo mejor – acotó Rodas mostrando malestar, Rose se pudo dar cuenta que él también estaba incómodo.
Los dos se desaparecieron y reaparecieron frente a una destartalada casa.
- Se parece a la casa de los gritos – dijo él
- Pero aquí no había gritos, por el contrario había paz – Declaró Rose y el chico la miró sin entender, fue ella quien implantó los recuerdos en su mente y a los pocos minutos ambos se reían de los pobres magos agobiados por la locura de sus laboriosas mujeres.
Sin perder más tiempo ingresaron en la casa, pudieron ver una amplia sala con dos sillones de tres cuerpos cada uno, una pequeña cocina y al fondo dos habitaciones.
- Llamemos a Albus – Dijo Rodas y al instante el anciano mago se apareció
- ¿Están bien? – Preguntó, pero los muchachos no pudieron responder ya que tras él aparecieron Ron, Hermione, Jenifer y Stephan, y cada pareja ahogó en un apretado abrazo a su hijo, impidiéndoles hablar.
-¡Ustedes están dementes! – Los amonestaba Ron
- ¡No pensé que fueran tan irresponsables! – Agregaba Jenifer.
Durante un buen rato los padres retaron a los chicos y ellos aceptaban los retos sin chistar.
- Bueno, bueno - calmó los aires Dumbledore – Lo importante es que están aquí y a salvo, además los chicos actuaron muy bien, responsablemente. – Los defendía.
Pronto Hermione y Jenifer organizaron una cena, Rose las acompañó a la cocina, mientras los cuatro hombres acomodaban la sala.
- Este lugar es un desastre – decía la madre de Rodas
- Es que nunca hemos venido a limpiar aquí – se quejaba Hermione – Es el refugio de los hombres
- ¿Por qué decidieron venir aquí? – Preguntó Jenifer
- Porque muy pocas personas la conocen – respondió Rose
- Fue una sabia decisión – decía Hermione – el lugar está protegido contra todas las criaturas existentes, incluso nosotras – reía la castaña.
En la sala, Ron y Dumbledore reparaban unas sillas mientras que Stephan y Rodas traían una mesa que estaba fuera.
- Esto es un desastre – decía Stephan sorprendido – Ni mi departamento de soltero se veía tan mal – reía
- es que aquí las mujeres no entraban – decía Dumbledore
- Bueno, hasta hoy – corregía Ron
- Pero esta es una excepción – Declaraba Albus
- No creo que este lugar se utilice más – decía melancólico Ron
- ¡Si que lo usarán! – Lo contradecía el anciano mago – ellos lo harán – decía señalando a Rodas – cuando retomen sus vidas
- ¿Lo harán? – Preguntaba Stephan escéptico
- Yo creo que si – contestaba esperanzado Dumbledore
Una vez todo armado comenzaron a cenar.
- Debemos ir rápido a la madriguera – declaró Dumbledore – allí ya es seguro y no habrá problemas, además debemos apurarnos, estamos muy atrasados
- Yo he puesto al tanto de algo a Rose – dijo Rodas
- ¿Al tanto?
- He llegado a ver hasta que recuperaron el rubí sanguíneo – declaró Rose – Y debo decirte Albus que Rodas relata mejor que tú – y ante la broma y la cara de sorpresa de Dumbledore todos se rieron. – También debí hacer el pacto Siltonovus con Rodas para que no lo ataquen los vampiros
- Eso es bueno – luego dijo el anciano – ahora estaremos más tranquilos
-Hay algo que no entiendo – dijo Stefan y todos los miraron – Si los vampiros son tan desleales porque ese pacto es seguro
- Precisamente – explicaba Rose – Ante la deslealtad de los vampiros este pacto genera un vínculo de hermandad que no se puede romper
-¿Por qué es tan seguro? – Preguntaba Jenifer
- Porque el vampiro que lo rompa moriría y antes que la lealtad los vampiros sólo piensan en si mismos. Por eso es tan seguro – aclaraba Rose
- ¿Alguna novedad más? – Quiso saber Stephan
- No – contestaron al unísono Rose y Rodas y se enfocaron en sus platos, ambos sin tocar.
Albus observaba la escena sentado en una de las cabeceras, prestando particular atención a los muchachos que compartían miradas cómplices y risueñas.
Cuando los muchachos se retiraron habló con sus padres
- Creo que el pacto siltonovus ha unido a Rose y Rodas peligrosamente - decía
- ¿Están en peligro? - Se preocupó Stephan
- No, pero temo que se apresuren las cosas y todo se desmorone - vaticinaba el anciano mago.
- ¿Qué podemos hacer? - Preguntó Hermione
- Ustedes nada - respondió Albus - enviaré a Rodas y recompondré parte de su memoria
-¿Por qué solo una parte? - Preguntó Ron
- Hacerlo por completo sería igual que abrir un grifo con la pileta completamente llena - contestaba Dumbledore
- ¿Quiénes irán? - Preguntó Ron
- Tonks, Remus, Sirius y Gema - Respondió Albus
- Bien - declaró Jenifer tranquila con la escolta de su hijo
Luego regresaron a la madriguera, y fueron recibidos alegremente, Samantha pidió disculpas y presentó a Sebastián y los muchachos escucharon el relato de la historia de los chicos cruzando miradas furtivas uno con el otro.
Albus llamó aparte a Rodas y le comentó que debía ir a una nueva búsqueda que solo le infería a él y el muchacho asintió sin dudar aunque extrañado ya que nunca se lo habían pedido.
Por la noche cuando todos dormían ambos se encontraron en la sala, ella apostada en el marco de la ventana mirando afuera.
- Debo partir – le dijo Rodas
- Ya lo sé – Le dijo Rose sin apartar la vista de un punto invisible. Rodas se acercó quedando parado, de espaldas a ella.
- Me gustó compartir contigo – declaró confundido
- No tienes que ser amable Rodas – le contestaba ella
- No, no tengo, pero… quiero. Podemos continuar la tregua y ser amigos. – Rose lo miró, por algunos instantes ninguno bajó la mirada
- Tu sabes, en lo más profundo de tu ser que jamás podremos ser amigos – decía ella
- No, no lo veo así – negó él rotundo
- Hemos estado en bandos separados por mucho tiempo
- No tenemos que ser más enemigos Rose, ahora que sabes la verdad, ahora que yo me di cuenta de mi egoísmo podemos unirnos contra todo lo malo que nos rodea, podemos ser invencibles
- ¿No te das cuenta no? – Le decía ella poniéndose de pie
- ¿De que debo darme cuenta? – Preguntaba él
- La profecía – decía ella – si nosotros estamos juntos las fuerzas del mal tendrán más poder, debemos separarnos para poder vencer
- Creo que te equivocas Rose, divide y vencerás, si nos separamos nos ganarán.
- Te equivocas tu Rodas, si nos unimos ellos vencerán. Ahora ellos saben de tu existencia, y de seguro estarán maquinando la forma de hacer uso de nuestros poderes – decía – si nosotros somos amigos, tendremos lealtad el uno con el otro
- ¿eso es malo?
- Malísimo – respondía ella – Si te atraparan o lo hicieran conmigo ninguno debe dudar de seguir en la lucha, no pueden usarnos para chantajearnos.
Allí Rodas cayó en la cuenta que ella tenía razón, si se mantenían distanciados estarían mejor y retrocedió.
- Perfecto, entonces adiós – declaró él – Es una pena, creo que serías una buena amiga, eres buena Rose
- Ese es el problema Rodas, somos los dos demasiado buenos. – Él comenzó a retirarse pero antes que saliera de la habitación ella declaró – Tú también hubieras sido un buen amigo Rodas – él se detuvo, por un segundo pareció recapacitar y retroceder pero luego salió a paso rápido de la habitación dejando a Rose mirando la claridad del pronto amanecer que se avecinaba.
