Esta historia es de HuskyWalker que amablemente me permitió traducirla. Muchas gracias a LatexoHPo por betear, no sé que habría hecho sin ti. Ultimo capitulo.
Capítulo XLVIII
Desde que había conocido a Albus Dumbledore y llegado a Hogwarts, incluso antes de ello, Tom se mostró fascinado con el poder. Con poder podría lograr lo que deseara. Una de las maneras más sencillas de conseguir poder era a través del miedo. Y los señores oscuros no eran nada si no eran temidos.
Mientras estaba de pie tras uno de los estantes de la tienda de libros, Tom se fascinaba y asustaba con lo que ocurría afuera.
El polvo se había asentado y era más fácil distinguir a los seguidores de Grindelwald de entre los civiles. Todos vestían oscuras túnicas azules, a diferencia de las rojas de los Aurores. Por lo que sabía, y ahora podía ver, usaban máscaras de animales. Lo único visible eran los ojos, nariz y boca. Todo lo demás estaba cubierto y no daba ninguna pista sobre quién estaba tras la máscara.
Había silencio en la tienda; si alguien hubiera dejado caer una aguja, el sonido de ésta al tocar el suelo había sido ensordecedor. Tom sintió que los demás lo miraban y esperaban que hiciera algo. Creían que él podría sacarlos de esa situación con vida.
En cualquier otro caso habría estado más que contento de hacerlo, pero en esos momentos no tenía idea de qué hacer. Aún era un estudiante de Hogwarts, y la gente de afuera eran magos adultos y experimentados. Incluso con el entrenamiento extra que Evan le había dado no podía enfrentarse a esa gente y mucho menos ganar.
Tom se mordió el labio inferior mientras pensaba; un sabor metálico llenó su boca. Tragó sangre en lugar de escupirla como quería, y pasó su lengua sobre el abusado labio para calmarlo.
—Mi lord, ¿qué debemos hacer?
La voz de Orión lo sacó de sus profundos pensamientos y lo llevó de vuelta al mundo real. Miró alrededor y observó a todos los que lo miraban con rostros pálidos y asustados. El encargado de la tienda no estaba en ninguna parte. O yacía muerto bajo uno de los estantes caídos o había huído sin que lo notaran.
—Somos pocos y demasiado jóvenes para luchar contra ellos. Debemos tratar de encontrar un lugar dónde escondernos. Pero corremos el riesgo de que nos encuentren antes de que los Aurores lleguen. Estaremos más seguros tras las protecciones de Hogwarts. Si nos apresuramos quizá podemos ser más rápidos que ellos.
En un plan riesgoso, en especial porque parecía que Walburga no podía apoyar su pie. Eso los haría ir más lento, pero ni Tom ni los demás pensaban abandonarla. Ella era una Slytherin, y se mantendrían juntos, sin importar lo que sucediera.
—Iré primero. Orión y Walbuga en medio y, Abraxas, irás atrás. Todos deben de tener las varitas listas para usar. Recuerden, esto no es una lección. Un error puede costarnos la vida.
Los tres Slytherin asintieron para mostrar que habían comprendido.
Tom esperó a que los tres se pusieran tras él. Luego, lentamente, salió de la tienda con la varita al ristre. Si alguien lo viera sin la varita pensaría que era estúpido o que la tenía bajo la manga.
No revelaría que podía hacer magia sin varita antes de que fuera absolutamente necesario. Podría ser la carta de triunfo que salvara sus vidas.
Al salir de la tienda el ruido de la batalla les llegó de golpe. El polvo se había disipado pero ahora había humo de un incendio que no podían ver, eso les dificultaba ver lo que sucedía a su alrededor.
De vez en cuando podían distinguir personas moviéndose entre el humo. Algunos usaban túnicas azules y otros túnicas ordinarias. Otros usaban el uniforme de Hogwarts.
Tom pensó en detenerse y ayudar a alguno de sus compañeros estudiantes, especialmente a los más pequeños. Ellos no tendrían idea de qué hacer en una situación como esa.
Miró sobre su hombro y captó la mirada de Abraxas. El rubio parecía leer sus pensamientos y asintió.
No pasó mucho tiempo antes de que se encontrara al primero de los seguidores de Grindelwald. Tom en realidad se sorprendió de que no se hubiera topado con uno antes. El hombre estaba de espaldas a ellos y parecía tener acorraldados a un grupo de niños de tercero. Aparentemente ninguno de ellos había sido lastimado aún. Tom se preguntó por qué no habían buscado un refugio o regresado al colegio.
Sacudió la cabeza y decidió pensar en ello cuando estuvieran a salvo.
Los cuatro Slytherin levantaron las varitas y dispararon cuatro maldiciones distintas contra el mago oscuro. El hombre no estaba preparado para un ataque por detrás y cayó sin hacer ningún sonido, inadvertido. Tom usó un "stupefy" contra el mago para asegurarse de que no se levantara a atacarlos y pasó sobre el cuerpo. Arrugó la nariz con disgusto antes de volver su atención hacia los niños de tercero.
Dos niñas Hufflepuff y un niño Ravenclaw. Al parecer una de las niñas y el niño eran parientes cercanos. O eran mellizos o primos hermanos.
—Quédense cerca de nosotros y trataremos de llevarlos de vuelta a Hogwarts. Tengan las varitas listas para usar cuando nos ataquen. Y asegúrense de que de verdad sea el enemigo antes de atacar.
Lo último que necesitaban era lastimar a alguien que venía a ayudarlos.
Con los tres niños, Orión y Walburga en medio, comenzaron a caminar.
El humo se condensó y Tom tuvo la sensación de que se acercaban al incendio. Usaron sus varitas para poner encantamientos casco-burbuja sobre sus cabezas para poder seguir respirando sin dificultad. Normalmente se usaba bajo el agua, pero el hechizo hacía su trabajo igual de bien sobre la tierra.
El aire se calentó y Tom comenzó a sudar bajo la túnica, los demás no estaban mucho mejor. Aún así se obligó a continuar por la calle. Era el único camino a Hogwarts, a menos que dieran la vuelta alrededor de Hogsmeade.
A menos que el camino frente a ellos estuviera bloqueado, Tom no tomaría otro. Mientras el humo escondía a los enemigos, también los escondía a ellos de los seguidores de Grindelwald. Al salir al aire libre serían un blanco demasiado fácil.
Una mano aterrizó en su hombro y Tom se dio la vuelta con la varita levantada y una maldición en los labios.
Vio unos asombrosos ojos verdes que lo observaban con preocupación. Sobre la cabeza de cabellos negros vio unas orejas de gato.
H&T
Harry no había puesto ni un pie en Hogsmeade cuando tuvo que evitar la primera maldición en su dirección. Sin una palabra se lanzó hacia el mago y lo tomó de la garganta. Eso era lo triste de la mayoría de los magos y brujas: pensaban que porque tenían una varita nada ni nadie podía lastimarlos. Quedaban expuestos a ataques físicos.
Al ver el color de la túnica de aquel hombre y la máscara de animal, Harry no tuvo dudas del bando en el que estaba. Mientras que los mortífagos usaban túnicas negras y máscaras blancas, los seguidores de Grindelwald usaban túnicas azules y máscaras de animales.
Sintiendo un deje de arrepentimiento, Harry soltó al hombre y le lanzó una maldición explosiva sin varita. El hombre no tuvo tiempo de evitar el ataque y murió antes de chocar contra la pared tras él.
Evitando mirarlo, Harry salió corriendo. Eso era lo que debía hacer: pelear contra los malos. Ese había sido su destino desde la noche que Voldemort lo había marcado, aunque él, Harry, no tenía idea de ello hasta que Dumbledore le contó sobre la profecía.
Harry no dudó cuando se encontró frente al enemigo. Más de una vez envió su magia a hacer el trabajo en lugar de molestarse con un hechizo. El resultado era el mismo aunque un poco más desordenado de lo que le hubiera gustado.
Aún así sabía que estaba siendo más piadoso que los seguidores de Grindelwald.
Estuvo seguro de que su corazón se quedó helado ante la escena frente a él cuando el humo se disipó un momento. El humo volvió a cerrarse y Harry se preguntó si lo que había visto era real.
Maldijo al destino y a cualquier responsable de esto. Los alumnos de Hogwarts no se suponía que estuvieran en Hogsmeade ese día. Seguramente Tom le habría informado de ser ese el caso.
Sin pensar más en ello, Harry se apresuró a donde recordó ver a los alumnos enfrentándose a uno de los seguidores de Grindelwald. Algo le dijo que eran Gryffindor, ellos eran los únicos suficientemente estúpidos para quedarse a luchar en lugar de huir cuando se enfrentaban a un rival superior.
Tantas voces a su alrededor confundían sus sentidos. Maldiciones volaban por el aire y varias veces tuvo que cambiar la dirección para no ser alcanzado por una.
Los sonidos confusos comenzaban a molestar a Harry; se detuvo en medio de la calle y cerró los ojos un instante. Sintió un hormigueo en la parte superior de la cabeza y sonrió satisfecho. Era la primera vez que intentaba una transformación parcial a su forma animaga, pero ahora podía escuchar las cosas mucho más claras, así que supo que funcionó.
Pese a la interrupción y a los cambios de dirección llegó donde el mago oscuro frente a los Gryffindor. Harry sabía que los estudiantes estaban tras él, así que significaba que estarían protegidos por el momento.
El mago lo miró y pese a la máscara Harry tuvo la sensación de que aquel se reía de él.
—Terminaré con esto, chicos. Tú y yo nos divertiremos un rato—. El mago intentó agarrarlo, pero Harry se alejó de su alcance—. No gracias, ya tengo a alguien.
—Si eso es lo que quieres. ¡Imp…!
El hombre no tuvo tiempo de terminar la maldición, Harry le dio un codazo en la cara y escuchó cómo se rompía la nariz. Dio un paso atrás y usó otra maldición explosiva, lanzando al hombre lejos.
Decidió ignorarlo por ahora y Harry se giró a mirar los chicos que habían intentado luchar contra el mago oscuro. Como había supuesto, ambos eran Gryffindor. Aunque no estaba seguro de qué año. Si tuviera que adivinar diría que de quinto o sexto.
—¿Son idiotas o qué llevan en la sangre? En serio, en lugar de pelar contra adultos deberían ir a un lugar seguro para ustedes y sus amigos—. Ahora que tenía a dos estudiantes con él, no estaba seguro de qué hacer. Sabía que tenía que asegurarse de que llegaran a un lugar seguro, pero al mismo tiempo quería ver si su amante se encontraba bien—. Vendrán conmigo. Me aseguraré de que vuelvan a Hogwarts. Estén listos para atacar cuando nos encontremos con enemigos y manténganse cerca de mí.
Harry sacó el collar que era similar al que Tom usaba. Nadie decía que no pudiera hacer ambas cosas.
—Llévame a Tom.
El collar comenzó a guiarlo en una dirección y Harry suspiró aliviado. Por lo menos ya sabía en qué dirección se encontraba Tom, y al parecer el chico iba en dirección a Hogwarts. Al menos eso era lo que Harry esperaba que Tom estuviera haciendo. Tom no hacía cosas estúpidas, pero no podía estar seguro. Podía ser ese día el que Tom decidiera hacer una de las proezas que él mismo normalmente hacia.
Mirando tras él para asegurarse de que los dos Gryffindors lo seguían, Harry dejó que el collar lo guiara hasta donde supuestamente estaba Tom. Sólo podía rogar que su amante se encontrara bien y no muerto en algún lugar. Si ese era el caso no estaba seguro de qué haría entonces.
Harry guió a los dos chicos a través del humo, había pensado en llevarlos a Honeydukes esperando mandarlos por el pasaje, pero se decidió en contra de esa idea. Seguidores de Grindelwald podrían verlos usando el pasaje y tendrían un medio de entrar a Hogwarts sin que nadie los detuviera.
Cuando una maldición se dirigió hacia ellos Harry levantó un escudo alrededor de él y los dos chicos en vez de saltar del camino. El poder tras la maldición fue más fuerte de lo que había pensado y fue empujado hacia atrás.
Enviando una maldición a quien lo había atacado y esperando que le alcanzara, Harry le indicó a los dos chicos que lo siguieran. Estaba sorprendido de ver que en realidad habían hecho lo que les dijo. Si él hubiera estado en su situación jamás se habría ido con una persona desconocida, en especial después de la muerte de Sirius. Uno nunca sabía cuándo alguien podía guiarte a una trampa.
En su camino a encontrar a Tom, Harry se aseguró de eliminar a los seguidores de Grindelwald antes de que tuvieran la oportunidad de actuar. Claro que no resultó tan bien en todas las ocasiones. Harry podía sentir cómo la sangre corría de una herida en su brazo y sus costillas se sentían bastante lastimadas. Al parecer no podría evitar ver a un sanador cuando todo terminara.
Estaba sorprendido de que ninguno de los chicos le hiciera preguntas o demandaran poder jugar a los héroes para eliminar a todos. Quizás comprendían que sus vidas dependían de cómo actuaran.
Harry se sorprendió de su reacción ante todo eso. Había pensado que entraría en pánico o algo así, pero hasta ahora nada de eso había sucedido. Quizás su cuerpo estaba esperando estar seguro para entrar en pánico.
En su camino a Tom, aunque los Gryffindor no sabían eso, rescataron a una niña Slytherin y a un niño Hufflepuff que habían estado tratando de huir de un enemigo. Ninguno de los dos parecía estar herido de gravedad aunque sí estaban lastimados.
Hasta ahora Harry no había visto estudiantes muertos y esperaba que eso significara que habían logrado escapar y no que habían sido capturados.
Una pequeña voz en su cabeza le advirtió que algo más sucedía de lo que podía ver. Harry maldijo su dolor de cabeza que le evitaba pensar con calma. Se sentía tembloroso y listo para maldecir a cualquiera que lo mirara de manera equivocada.
Como si hubieran sido advertidos por la misma voz que él, Harry sintió a los estudiantes juntarse aún más tras él. Era bueno saber que confiaban en él para que los protegiera y no los defraudaría. Al mismo tiempo estaba comenzando a ponerse verdaderamente nervioso: ¿cómo alguien podía esperar que se encargara de esos niños en una situación como esa?
Harry decidió no pensar más en eso ya que una bruja aprecio frente a él, vestida en una túnica azul. Sin una palabra Harry levantó su varita y lanzó la maldición asesina en su dirección. Fascinado observó cómo la maldición le dio de lleno y cayó al suelo. Cuando la pasaron Harry no pudo evitar echarle una mirada rápida. A él no le pareció muerta. Más bien parecía que estaba dormida, aunque no pudo ver tras su máscara. Se preguntó si así habían lúcido sus padres cuando fueron asesinados.
Sabiendo que no recibiría una respuesta y que habían otras cosas en que concentrarse, Harry forzó sus pensamientos lejos de la mujer muerta. No sentía culpa por haberla matado. En estos momentos estaban en una situación de vida o muerte. Si no la hubiera matado ella los habría matado a todos sin dudar.
Gracias a las orejas de gato escuchó la voz de Tom antes de poder verlo. La única cosa que le impedía correr hasta donde estaba era el conocimiento de que no podía abandonar a esos chicos. Dudaba que pudieran sobrevivir mucho tiempo a solas.
Tom estaba parado dándole la espalda, pero desde donde Harry estaba no se veía lastimado. Apresuró sus pasos, parándose tras de Tom en poco tiempo. Temiendo estar imaginando cosas puso cuidadosamente una mano en el hombro del chico.
Harry no tuvo tiempo de reaccionar antes de que Tom repentinamente se diera la vuelta y le apuntara con su varita. En vez de preocuparse por ello, simplemente lo miró. Tenía sangre en sus ropas pero no parecía ser de Tom y Harry respiró aliviado.
No tuvo más tiempo de mirar a Tom ya que éste lo abrazó con tanta fuerza que lo levantó del suelo. Sin importarle que los demás estuvieran mirándolos Harry paso sus brazos alrededor del cuello de Tom y apoyó su frente en el hombro del chico. Sus orejas de gato se movieron para captar el sonido a su alrededor. Aunque estaba feliz de ver a Tom no podía estar distraído si alguien se decidía a atacarlos.
No estuvieron mucho tiempo así, después de todo habían otras personas mirándolos y no era ni el momento ni el lugar para estas cosas. Harry se separó de Tom pero se mantuvo cerca. No podía arriesgarse a perderlo justo cuando lo había encontrado.
Harry dejó sus ojos recorrer el grupo que acompañaba a Tom. Reconoció a los tres Slytherin pero a los tres niños más pequeños nunca los había visto. Harry suponía que Tom había hecho lo mismo que él y había recogido niños que necesitaban ayuda.
Le dolía ver esos rostros pálidos y asustados. Una de las niñas más pequeñas de Hufflepuff estaba llorando en silencio y Harry odiaba el hecho de que no hubiera nada que pudiera hacer para hacerla sentir mejor.
Tomando su decisión Harry tomo la mano de Tom e ignoró la ceja levantada del Slytherin. Tomó su varita y toco la mano de Tom dos veces. Su cuerpo tembló ligeramente cuando sintió levantarse las protecciones.
—Esto los protegerá hasta que lleguen a Hogwarts. No te preocupes, iré a buscarte.
Ignorando los gritos de Tom, Harry lo soltó y salió de las protecciones. Como hacedor de las protecciones era el único que podía hacer eso. Tom y los demás estudiantes estarían forzados a estar dentro de ellas hasta que llegaran a las protecciones de Hogwarts.
Confiaba que Tom guiaría a los demás hasta la seguridad. Y Harry sabía que una vez que Tom estuviera en la escuela los profesores no lo dejarían salir.
Harry corrió entre el humo, buscando más estudiantes. No se iría hasta estar seguro de que todos estaban a salvo. Eso era parte de la razón por la que había sido puesto en Gryffindor.
El sonido de una niña llorando guió a Harry por la calle. Sabía que no sería el único escuchando el llanto pero estaba listo de enfrentarse a quien fuera.
Su carrera se detuvo cuando encontró a un grupo de seguidores de Grindelwald esperándolo. El humo se había aclarado y ahora podía ver a cada uno de ellos. Eso significaba que ellos también podían verlo claramente. Harry maldijo el hecho de que no había pensado en traer su capa de invisibilidad. Con ella no habría estado en esa situación.
La niña que había oído yacía a los pies de una de las brujas de túnica azul. Desde donde se encontraba no podía ver qué tipo de daño tenía la niña pero por lo menos aun estaba con vida. Por lo menos eso era algo bueno.
Harry se lamió los labios. Sabía que eso no era nada bueno. Él podía pelear, claro. Pero no contra tantos. Ni siquiera él era tan estúpido como para pensar eso.
—Estaba comenzando a dudar de que te presentarías, Evan.
Harry se quedó helado cuando los seguidores se separaron y dejaron a una persona nueva aparecer a la vista. No necesitaba mirar para saber quién era esa persona.
—Grindelwald.
—Me dolió la forma en que respondiste mi carta, Evan, pero estoy dispuesto a perdonarte si te arrodillas y me llamas amo. Y ya que me siento generoso incluso dejare vivir a la niña. Todo lo que tienes que hacer es arrodillarte y decir una palabra.
Harry miró entre Grindelwald y la niña. Su mano picaba por maldecir al hombre hasta cansarse pero sabía que no podía hacerlo. Al hacerlo pondría la vida de la niña en riesgo.
—¿Es por eso que decidiste hacer esto? No podrías saber que me presentaría, así que, ¿qué razón tienes?
—Vine con la esperanza de conversar con el Sr. Ryddle. Le escribí una carta hace unos días y no recibí la respuesta que deseaba así que él tendrá que aceptar las consecuencias.
Sintiendo su cuerpo temblar de la rabia Harry respiró profundamente tratando de calmarse. Miro a la niña y vio miedo en sus ojos. Apretando los dientes se arrodilló. Su mano aún aferraba con fuerza su varita aunque no le serviría en esos momentos. Si atacaba a alguien otro podría matar a la niña rápidamente.
Risa, como la del cementerio, sonó a su alrededor. Era obvio que disfrutaban verlo así. Sintiendo su rostro arder por la vergüenza Harry agachó su cabeza ligeramente y se mordió el labio. Con el rabillo del ojo pudo ver a la niña observándolo. No necesito levantar la mirada para saber que Grindelwald estaba parado frente a él. Pero Harry no tenia deseos de mirar al hombre.
—Aunque me gustaría esperar todo el día no tengo tiempo para eso. Tenemos que marcharnos antes que aparezcan los Aurores.
Harry abrió y cerró la boca varias veces antes de murmurar algo sin levantar la mirada.
—¿Qué? Me temo que no pude oír lo que dijiste. Quizás deberías repetirlo un poco más fuerte esta vez.
Levantó la mirada y con unos ardientes ojos verdes le dijo a Grindelwald.
—Dije: Puedes ir a joderte a ti mismo antes que te llame así, bastardo.
Al principio Grindelwald lució choqueado. Cuando captó las palabras el shock se transformó en rabia.
—Si así es como lo quieres…—. Grindelwald levantó su varita — ¡Crucio!
La maldición le dio de lleno y Harry gritó. Todos sus pensamientos volaron y en lo único que pudo concentrarse fue en el dolor.
Cuando la maldición fue levantada Harry yacía en el suelo, jadeando pesadamente. No estaba seguro cuándo había caído al piso pero no le importaba. Lentamente se incorporó y quedó arrodillado con sus manos apoyadas en el suelo observando a Grindelwald que lo miraba con expresión firme.
—Deberías estar feliz de que no te mate. Ahora, haz lo que te ordene o la niña pagará.
Gruñendo, Harry saltó hacia la niña. Tacleó a la bruja que estaba parada más cerca a la niña y luego usó su cuerpo para protegerla de las maldiciones que les arrojarían.
—Me aseguraré de que pagues por esto con tu vida.
Harry se puso de pie y ayudó a la niña a pararse. Para su sorpresa ninguna de las personas vestidas de azul mostró ninguna intención de tomar parte en eso. Al parecer Grindelwald quería encargarse de él por sí solo.
Harry empujó a la niña tras él hacia un estrecho callejón entre dos tiendas. Sintiéndola irse, Harry levantó su varita. Estaba listo para enfrentarse a lo que le arrojaran. Él y Grindelwald se pararon frente a frente sin decir una palabra. Un escalofrío lo recorrió al mirar el rostro del mago oscuro. Si alguna vez hubiera tenido alguna duda de que Grindelwald estaba loco, la duda se habría ido al verle el rostro.
Los pensamientos de Harry fueron interrumpidos por la voz de Grindelwald que sonaba tan fría que probablemente congelaría el aire a su alrededor.
—Yo terminaré contigo.
Harry dejo de prestarle atención a los seguidores de Grindelwald y se enfocó en el hombre.
Parándose en una posición defensiva, Harry esperó por la siguiente movida del hombre. No sabía nada de su forma de pelear. Así que eso significaba que no tenía idea de qué haría Grindelwald. Aun así, Harry había estado en ese tipo de situación en varias ocasiones para mantenerse calmado. Después de todo siempre había terminado con vida, más o menos.
—Pudimos ser grandes juntos. Pero me has desafiado demasiadas veces, así que no me queda más opción que matarte. Una vez que termine contigo será el turno de tu pequeño amante—. Harry controló su rabia y se alejó del pequeño callejón para tener más espacio para moverse si era necesario— ¡Crucio!
—¡Bombarda!—Harry tuvo que moverse a un lado para evitar la maldición de Grindelwald así que su maldición falló por varios pies. Lo único bueno fue que elimino a dos seguidores con su maldición. Por lo menos ya no tendría que preocuparse más por esos dos.
—Aguamenti.
—Incendio.
Harry se dejo caer al piso y sintió la maldición pasarle por encima. Una rápida mirada le dijo que la pequeña tienda de libros había comenzado a arder. Por lo menos ahora sabía por qué no había tienda de libros en su tiempo.
Volviendo su atención al duelo Harry salió del camino de otra maldición enviada en su dirección. De alguna manera eso le recordaba demasiado su duelo con Voldemort en su cuarto año. Un señor oscuro tratando de maldecirlo y él tratando de escapar de las maldiciones. Aunque esta vez era diferente. Harry sabía más maldiciones que la última vez y no temía usarlas.
—Serpensortia.
Una serpiente negra salió de su varita. Harry miró con fascinación cómo la serpiente levantaba su cabeza y fulminaba con la mirada a la gente alrededor.
—Estúpidos humanos. Debería matarlos por interrumpir mi cacería. Mi veneno los matara a todos, lentamente.
—Hermosa serpiente, por favor déjame ayudarte.
La serpiente, un macho, giró la cabeza en su dirección para mirarlo. Harry escuchó varias exclamaciones de los seguidores. Al parecer habían averiguado lo que era.
—Un hablante, es un honor conocerlo. ¿Cómo puedo serle de ayuda, gran hablante?
—Ese hombre…—.Harry hizo un gesto hacia Grindelwald, que lo observaba a él y a la serpiente con grandes ojos—, quiere lastimarme a mí y a mi pareja, que también es un hablante.
La serpiente giró su cabeza hacia Grindelwald y siseó, mostrando sus colmillos.
—Estúpido humano, vas a lamentar querer lastimar a un hablante.
Grindelwald dio un paso atrás cuando la serpiente se lanzó hacia él. Pero antes de que la serpiente lograra morderlo Grindelwald levantó su varita y la mató con un Avada Kedavra.
Harry ya se estaba moviendo y no tuvo tiempo de sentir pena por la serpiente. Sabía que moriría y aunque lamentó desperdiciar una vida había sido necesario. Su vida y la de Tom estaban en peligro si Grindelwald no era detenido.
Cuando el señor oscuro lo notó, Harry ya estaba cerca de él. Harry levantó su varita, listo para usarla y terminar ese duelo.
—Accio.
La varita voló de la mano de Harry hasta la de Grindelwald. Harry dejó de moverse, esperando ver qué haría Grindelwald.
—Parece que gané.
Los ojos de Harry se abrieron cuando Grindelwald tomo su varita con ambas manos y comenzó a robarla hasta que alcanzo su punto de quiebre. Cuando la varita se rompió Harry sintió que algo dentro de él se rompía. La varita había sido la primera prueba real de que era un mago. Que las palabras de los Dursley sobre él y sus padres no eran ciertas. También era la varita hermana de la de Tom.
Una oleada de magia pura lo recorrió y Harry sintió que moriría si no la dejaba escapar antes que fuera demasiado tarde.
Grindelwald arrojó los trozos de varita como si no significaran nada. Los ojos de Harry siguieron su caída. Sintió una lagrima recorrer su mejilla pero no reaccionó. La mayoría de los magos tenían una conexión especial con su varita. Y Harry no era diferente.
Grindelwald no reaccionó cuando Harry levanto su mano. Sin su varita todos creían que estaba indefenso. Era obvio que ninguno sabía lo bueno que era con magia sin varita o habrían temido por sus vidas en vez de reírse de él.
Apuntando con un dedo a Grindelwald, Harry sonrió de medio lado.
—Adiós, Grindelwald, ha sido, como se dice, un placer conocerte.
Dándose cuenta que tenía un as bajo la manga Grindelwald dejó de reírse y entrecerró los ojos.
—¿Y qué crees que puedes hacer? Ya no tienes una varita.
—Ya verás. Me gustaría decirte que no duele morir, pero ya que nunca lo he tratado estaría mintiendo. ¡Avada Kedavra!
Una luz verde que había visto tantas veces antes, en sus pesadillas y en la vida real, salió de su mano y se dirigió a toda velocidad hacia Grindelwald.
Nadie fue capaz de mirar hacia otro lado que no fuera a la luz verde que tenía el mismo color de los ojos de Harry.
La maldición asesina le dio al señor oscuro de lleno y Harry lo miró caer. No sucedió con extrema rapidez o extrema lentitud como creyó que sucedería. En vez de eso Grindelwald cayó y golpeó el suelo a velocidad normal.
Varios "pop" le dijeron que la gente a su alrededor estaba desapareciendo. Harry los ignoró y siguió mirando al hombre caído. No había estado seguro de qué sucedería si de verdad lograba matarlo. Quizá había creído que alguno de los demás estaría listo a tomar su lugar y tratarían de matarlo para cobrar venganza. Aunque le gustaban mucho más estos acontecimientos.
Por lo menos ahora estaba seguro de que Grindelwald no aparecería en otro tiempo a causar caos porque su cuerpo aun estaba ahí. Aunque, Harry no estaba seguro si su cuerpo había quedado en el futuro también o lo había seguido hasta ese tiempo. Esperaba que lo segundo fuera el caso o si no tendría problemas.
El pensar en toda la gente que había sido alcanzada por la maldición asesina vagando a través del tiempo hizo que Harry se estremeciera. Suponía que debía haber una razón por la que la maldición asesina fuera una imperdonable.
Harry siguió mirando a Grindelwald. Era el primer hombre que mataba con esa maldición. Hasta ahora había tratado de no usarla por todas las veces que había sido enviada en su dirección. Pero al igual que con la bruja atacando a los estudiantes no había tenido otra opción. Era él o Grindelwald y Harry no estaba dispuesto a que lo separaran de Tom. No importaba que no pudiera regresar al futuro con sus amigos. Se tenían mutuamente para darse apoyo y Harry suponía que vería a sus amigos algún día en el futuro.
Pero Tom aun lo necesitaba y Harry lo amaba. Quizás eran familia aunque no estuvieran relacionados por sangre.
Pasos tras él alentaron a Harry de que alguien se acercaba. Sabiendo que probablemente eran los Aurores que habían llegado, Harry escogió ignorar a la persona. Ya que no estaba vestido en una túnica azul o tenía una máscara no podían confundirlo con un seguidor de Grindelwald. Y si no le creían estaba dispuesto a mostrarles sus memorias de lo sucedido.
La persona se detuvo a unos pasos tras de él y Harry comenzó a darse la vuelta. Creía que era mejor hacer esto rápido para poder ir a ver a Tom. Quería asegurarse de que su amante y los demás niños habían llegado con seguridad a Hogwarts.
—¡Avada Kedavra!
Lo último que vio Harry fueron unos brillantes ojos azules y una túnica azul. Y entonces no hubo nada.
Esta historia tiene continuación y creo que muchos estarán interesados en leerla, apenas reciba la autorización comenzaré a traducirla. Pondré un aviso aquí en forma de un capitulo extra para que puedan comenzar a seguirla. Muchas gracias a todos los que leyeron esta hermosa historia, especialmente a aquellos que comentaron, gracias a ustedes me dan ganas de seguir, hasta la próxima fadamaja.
