Siento decir que ahora es un 1x02 creo que la mayoría sabrá porque, ¡estamos a horas del estreno de la temporada! Yeiii
Espero les guste.
Que lo disfruten.
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Capítulo 47.
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En una casa olvidada de la orilla del dragón, la "prisionera" Camicazi, pasaba el día como los anteriores. Vivía recluida en esa casa. Nadie, a excepción de su vigilante Kana y ocasionalmente Gothi (cuando iba a revisarla), le dirigían la palabra. A su parecer, Hiccup cumplía muy bien sus amenazas, literalmente la tenía prisionera pero también le daba comodidad, y eso podía ser la gloria para cualquiera, pero ella vivía atemorizada por lo que pudiera suceder al día siguiente.
Su vientre crecía con el paso de los días, así como el amor a su hijo. Muy en su interior ya no se sentía esa caprichuda princesa que era en el pasado, estaba pasando a una nueva etapa: la de ser madre; que conllevaba a sacrificarse uno mismo por el bien de ese ser que aún no nacía; tratar de hacer lo mejor por él, y por primera en los 5 meses que llevaba de embarazo, se compadeció de lo que le había hecho a Astrid Hofferson.
—Camicazi…
La princesa despertó de su ensoñación, se había quedado viendo a la nada mientras acariciaba el vientre y reposaba en una vieja silla.
—¿Q-qué pasa Sra. Kana? —siempre llamaba a su vigilante con respeto.
—Te traje esto…—La mujer se acercó con una bolsa de cuero, y de esta le mostró diversos hilos de varios colores. —Puedes entretenerte tejiendo algo para tu bebé…
—Nunca lo he hecho…
—Bueno, si tú quieres te puedo enseñar. —ofreció gentilmente la mujer.
—Hiccup… ¿está de acuerdo? —preguntó con temor.
—Camicazi, el jefe es bueno… y créeme está muy ocupado como para prestar atención a lo que haces.
—Oh, está bien…
La mujer pacientemente le enseñó como tomar los hilos, agujas y demás para empezar a hacer tejidos que serían exclusivos para su bebé. Cuando la princesa entendió, pudo hacerlo por su propia cuenta, cometiendo una que otra equivocación que corregía de inmediato.
Esa fue la entretención del día, pronto de nuevo la casa se silenció, pues ambas mujeres estaban concentradas en su labor, hasta que Camicazi rompió ese silencio con un nuevo cuestionamiento.
—Sra. Kana…
— ¿Sí?
— ¿A usted le agradaba… ella?
— ¿La esposa del jefe Hiccup?
Camicazi asintió.
—Nunca la trate mucho, ya que cada quien estaba en sus labores, pero era gentil;… cuando se enfermó casi todo el pueblo, hizo brigadas para conseguir comida en lo que el jefe conseguía el remedio, también entrenó a muchos jinetes que la respetan y…
Camicazi sólo se incomodaba al escuchar todas las virtudes de su esclava y lo que había hecho por Berk y por Hiccup; Harald había tenido razón en ese aspecto, ella había sido una increíble líder.
— ¿Aun no dan con ella? ¿Verdad?
—No…—susurró cabizbaja la mujer. —El jefe Hiccup se va a morir de dolor si no la encuentran…
El comentario alteró los sentidos de Camicazi, pues pensó "Antes me mata a mí", imaginó un escenario en donde la destrozaba a golpes y al final él se quitaba la vida.
De repente, el cuerno sonó, sintió un escalofrío por todo el cuerpo, ya que había sonado tan igual como cuando los maleantes, que le dieron muerte a su esposo, atacaron su pueblo.
Kana dejó de tejer, tomó su hacha y se aventuró a salir en caso de un ataque, mientras que a Camicazi le ordenó no salir por ningún motivo. Ella obedeció, no quería meterse en problemas, confiaba en que no fuera nada grave y que el jefe pudiera lidiar con quienes hubiera llegado, después de todo tenía una defensa de dragones, incluido ese a quien nombraron "Salvajibestia".
Después de esperar con impaciencia, vio a través de la ventanilla que mucha gente había arribado al pueblo y se le estaba dando atención y refugio; a lo lejos observó a Hiccup con sus leales jinetes (incluidos los gemelos), tragó saliva al ver que estaban intactos y sin compañía de la otra rubia, en su lugar; un hombre herido de cabello negro, junto con una hermosa mujer que cargaba en un bultito entre brazos y un hombre enorme, le hacían compañía y los hospedaron en el lugar en el jefe.
¿Quiénes eran y qué había pasado?
Kana respondió a sus preguntas cuando después de atender a la multitud regresó agotada a la casa, para ese entonces ya era de noche.
—Es el jefe Alberick de la tribu de los Kogeorns, su isla fue invadida. —contó la mujer. —Lo bueno es que al parecer esos malhechores se fueron en distinta dirección a donde estamos.
Eso tranquilizó a Camicazi, que conocía ya muy bien lo que era estar en un campo de guerra con esos tipos; pensó que por el día había sido suficiente de alteraciones cuando el cuerno, nuevamente sonó.
— ¿Ahora qué? —preguntó preocupada.
—Tal vez más refugiados…—tranquilizó Kana asegurando la puerta. —Iré a ver qué pasa…
Y otra vez la mujer salió con el hacha en mano, mientras que Camicazi trató de no alterarse, ya que le transmitía eso a su hijo, que inquieto, se empezó a mover en su vientre; sentía que algo muy malo pasaría, una intuición acertada cuando minutos después su puerta se abrió de golpe.
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Hiccup, seguía caminando de un lado a otro con el collar entre una de sus manos y la otra sobre su cabello, el cual estaba a punto de arrancárselo, mientras que el cuerpo de Lennart seguía brincoteando como un pez fuera del agua.
—Tranquilo amigo. —trataba de detener Alberick pero no era escuchado y sólo conseguía que Hiccup lo empujara lejos, al igual que todo aquel que quisiera acercarse.
La otra que estaba consternada era Ruffnut, quien temerosa se acercó a la bolsa de la que aún se asomaba aquella cabellera rubia.
—Ruffnut… no. —pidió Snotlout.
Pero fue demasiado tarde, Ruffnut la había tomado y descubierto más, horrorizándose al ver el rostro de la cabeza demacrada e irreconocible; más aun así se negó a creer que fuera su amiga y con temor buscó por detrás de su cuello, ya que había escuchado perfectamente la insinuación del viejo que seguía retorciéndose en su propio charco de sangre.
—¡Ah no…ah…!—gritó enloquecida al ver una parte de las letras "esclava". —¡ES… ES…ES…!
Snotlout y Tuffnut tuvieron que retirarla para cubrir nuevamente la cabeza.
La respiración se le entrecortó a Hiccup al escuchar a la gemela gritar, empujó de nuevo a Alberick y a Fishlegs y corrió hacia donde Toothless espantando esperaba, y que con una simple orden alzó el vuelo directo al pueblo.
—¡Espera a ¿dónde vas?! —gritó Alberick tratando de alcanzarlo.
—¡Ay, no! —susurró el espantado Fishlegs.
Con esa simple exclamación los demás entendieron y montaron a sus dragones para alcanzar a su jefe y evitar una tragedia.
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— ¡TÚ! —acusó Hiccup cuando entró a la casa casi tirando la puerta.
Camicazi se alteró, quedándose estática a unos metros de él, empezó a temblar del miedo que la mirada del jefe le provocó.
—¡TE LO ADVERTI! —acusó este encendiendo su espada. —¡TE DIJE QUE SI ELLA NO VIVÍA…
La princesa empezó a gimotear al darse cuenta de lo que pasaba, de algo se había enterado el jefe, y era malo, Hiccup tomaría su venganza.
—¡ELLA… MI HIJO…! ¡TODO POR TU CULPA!
El jefe se acercaba cada vez más, llegó un punto en que la princesa chocó contra la pared y sin tener escapatoria alguna. Sólo lloraba, pues sabía que sus ruegos no serían escuchados.
— ¡MALDITA….—seguía maldiciendo el jefe quien alzó su espada tembloroso, titubeante de lo que estaba por hacer, quería matarla pero los brazos se le habían entumecido.
— ¡HICCUP, NO! —detuvo Alberick y Fishlegs a tiempo, el primero le quitó la espada y se la entregó a Snotlout para que la apagara.
—¿POR QUÉ? —se reprochaba el jefe por dudado en matar a esa mujer. — ¿POR QUÉ NO PUDE?...
—Porque tú no eres como ella, amigo. —consoló Fishlegs aun deteniéndole un brazo. —Eres mejor que ella, recuerda lo que te dijo tu abuelo…
El lloroso Hiccup recordó las palabras de su abuelo, ¿acaso ese recuerdo lo había detenido? O era porque muy dentro de su ser no importaba lo que hiciera, nada le regresaría lo que había perdido.
—Escúchalo Haddock… no te ensucies las manos con "esta" mujer. —dijo Alberick que aún le sostenía el otro brazo a su amigo, y miraba despectivamente a la llorosa y embarazada rubia.
Hiccup trató de comprender las palabras de sus amigos, más no estaba satisfecho, algo debía hacer para arrancarse ese dolor y para eso tenía que eliminar la raíz.
— ¡VETE! —gritó desquiciado a Camicazi. — ¡NO TE QUIERO VOLVER! ¡VETE LEJOS DE AQUÍ!
—Ya amigo… ya…—trataba de someterlo Fishlegs. —No te desgastes en ella.
—¡NO, CLARO QUE NO! —chilló el jefe tratando de zafarse de ambos vikingos. —¡SUFICIENTE CASTIGO SERÁ QUE VIVA TENIENDO EN LA CONCIENCIA DE QUE SU HIJO TENDRÁ UNA MADRE COMO ELLA!
Aquello fue un golpe para el alma de Camicazi, se sintió juzgada.
—Pobre criatura…no sabe lo que le espera, teniendo una madre como tú—se compadeció Hiccup ya más tranquilo. — Es del único del que me compadezco… porque de ti no.
Camicazi siguió chillando acorralada contra la pared, mientras que el jefe, fue liberado por sus amigos, le dio la espalda y salió de la casa, la cual en el exterior aguardaba con muchos espectadores.
La que entró sorpresivamente y a gran velocidad fue Ruffnut, que aun llorosa le soltó una bofetada, antes de ser detenida por Odalys y Snotlout, pues su hermano pensó que lo tenía más que merecido.
— ¡alégrate de que no seamos como tú, maldita estúpida! —condenó la gemela antes de ser echada de la casa.
Camicazi se dejó caer adolorida al suelo, teniendo como único sostén a Kana, que a pesar de todo, se compadeció de ella, pues los otros vikingos espectadores acompañaron al duelo del jefe, quien estaba más que deshecho y caminaba sin rumbo por todo el pueblo hasta que se detuvo a la orilla del acantilado que daba vista a su pequeño muelle. Desde ahí se quedó viendo todo el camino de madera en la parte de abajo que esta encendido por múltiples antorchas que conducían los caminos hacia donde los barcos estaban anclados.
Era como ver el camino rumbo al Valhala, sólo faltaba echar a andar el bote que debía iluminarse por todo el horizonte. El bote que su amada e hijo debían de tomar, para acudir a la mesa de reyes, donde sus padres, abuelo y la familia Hofferson los esperaban.
—Preparen todo para darle el honor que se merece a mi lady…y a mi hijo…—ordenó a su pueblo, totalmente ido de su realidad, con los ojos perdidos por alguna parte del muelle.
—Haddock… —el jefe de los Kogeorns trató de encontrar palabras de consuelo, más no tenía las adecuadas.
—Alberick…—llamó este sutilmente viendo a la nada. —Cuenta conmigo para la guerra…
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OOOOOOOOOooooooOOOOO
Isla Lamida.
La espera por el amanecer fue interminable para los ocupantes de la choza; ni Spinel, ni Heather y menos Astrid habían podido descansar por vigilar al pequeño bebé que respiraba lentamente en brazos de su madre.
Aunado a la salud de la pequeña, las condiciones en las que estaban eran deplorables, Astrid había sido atendida, pero en el proceso agotaron todos los suministros; tanto de ropa, telas y medicinas y ahora yacía sentada en el suelo, en una cama hecha hierba y hojas del bosque. El matrimonio la veía muy mal, había perdido mucha sangre, sin embargo la rubia se mantuvo despierta para no descuidar a su hija.
—Astrid, ¿por qué no te recuestas un ratito con ella? —trató de ayudar Spinel.
—No quiero, no quiero quitarle la vista de encima…—gimoteó la rubia.
— ¿Por qué no intentas alimentarla? —aconsejó Heather.
La rubia suspiró sonoramente asintiendo a la idea de su amiga, si su bebé no lloraba al menos esperaba que comiera.
—La lluvia ya se calmó, les daré privacidad.
El médico salió de la choza para dejar a las mujeres hacerse cargo del infante, mientras que él trataría de pensar en una forma más efectiva de ayudar.
Con Spinel afuera, Heather ayudó a Astrid a acomodar a la bebé de tal manera que la rubia pudiera sacar uno de sus senos para alimentarla.
—Vamos, mi niña…—decía Astrid amorosamente a la pequeña se removía cerca de su pecho. —Tú puedes, lo llevas en la sangre…
Mientras tanto, Heather rogaba y rezaba a los dioses porque esa niña comiera, sería la primera batalla a ganar si lo hacía. Cuando de repente pasó, ambas mujeres dieron un grito ahogado cuando la pequeña se aferró al pecho de su madre, y aunque débil, empezó a succionar la leche.
Para Astrid fue una sensación extraña, de las buenas. Sentir que ayudaba a hija le alborotó el corazón de la alegría.
—¡Gracias a los dioses! —chilló la berserker conmovida con la escena. —Lo lograste Astrid…
La rubia asintió llorosa mientras su hija seguía prendida a su pecho, trataba de controlarse para no afectar su alimentación.
—Es tan bonita…—siguió hablando Heather ensoñada. —Creo que se parece a ti…
—Lo que quería Hiccup. —respondió Astrid. —Si supiera que ganó,… me decía constantemente que sería niña y yo lo contrariaba.
—Estoy segura… que se pondrá feliz… ¿cómo la llamarás? ¿Cómo me habías dicho?
—Sí….Asdis, como su padre quería.
En ese momento la pequeña se zafó del pecho, algo que espantó a Astrid ya que no quiso retomar su alimento.
—Tranquila, los recién nacidos no comen mucho… ya ha de estar satisfecha, sólo hay que ayudarla a eructar y después ambas deben descansar.
—Sabes mucho. —dijo la rubia sorprendida, mientras era ayudaba por la berserker quien tomó la niña para ayudarla a eructar.
—Me tocó cuidar a algunos bebés en mi natal Berserk… aprendí una que otra cosa, además que siempre quise ser madre.
Astrid bajó la cabeza, nostálgica por los sueños de su amiga, la cual parecía incluso ser mejor madre para su hija, porque a diferencia de ella, apenas empezaba a saber cómo ser una.
—Oh… parece que ya eructó está cosita. —exclamó Heather haciendo una voz graciosa. —Es hora de que vuelva con mamá.
La mencionada levantó de nuevo el rostro y alzó los brazos para alcanzar a su hija, y ayudadas por Heather se recostaron en aquel intento de calma para descansar aunque fuera por una hora.
Dejándolas ya descansando, Heather salió para acompañar a su marido en el oscuro y húmedo exterior, que era solamente iluminado por una fogata que los dragones habían ayudado a encender.
— ¡Spinel! —llamó muy animada. —¡Sí comió!
El médico suspiró y le sonrió a su mujer.
—Tal vez tengas razón y sobreviva… sin embargo siguen siendo horas críticas,…para ambas.
—Lo sé Spinel, pero no pierdas la fe…
—Es que no sólo se trata de si come o llora la bebé, debemos sacarlas a ambas de aquí, ¡no pueden estar en estas condiciones, no tenemos lo que necesitan para recuperarse.
El tono de voz de su marido asustó a Heather, pues no había considerado esos aspectos.
— ¿Qué planeas? —preguntó angustiada.
—He pensado que tal vez la podamos mover en su dragón, creo que ya puede volar… aunque Windshear no, aunque tampoco es muy viable, la bebé es muy pequeña, puede tener una complicación y…y…y…—se estiró el cabello al no tener una idea coherente.
—tranquilo… lo vamos a solucionar.
— Creo que mañana iré a explorar. —dijo el médico rendido. —Buscaré un lugar más grande como una cueva, o algo por el estilo.
—También necesitamos más algodón, comida… agua.
—Lo sé, lo sé… yo me hago cargo de todo eso. —dijo Spinel tomando sus manos para besarlas.
Heather imitó su tacto, y lo besó de igual manera para después abrazarlo por la cintura.
—Muchas gracias Spinel, no sé qué haría sin ti… Te amo. Vas a ver que todo estará bien, la bebé y Astrid lo lograrán.
—Te creeré. —besó este su cabello. —Sólo una cosa Heather. —el medicó se separó un poco del abrazo para poder ver fijamente a su mujer.
—¿Qué?
—Que no quiero que esto te vaya a afectar. —susurró preocupado, dejando confundida la chica.
— ¿Qué quieres decir?
—Quiero decir…—resopló. —Que… la bebé que está ahí, es hija de Astrid, ella es su madre y tu "exnovio"… Hiccup… es el padre.
Heather se separó de él y se cruzó de brazos sin comprender a donde iba el comentario de su marido.
— ¿Quieres explicarte mejor? —comentó con molestia.
El médico se mordió los labios, tratando de encontrar la forma de explicarle sin que le afectara tanto.
—Me refiero a que… si salimos de esta, algún día ella se reencontrara con él, si es que sigue vivo, se va a ir junto con su hija… al lugar al que pertenecen, y nosotros… no estaremos ahí.
—Spinel… ¿crees que me afectara si ella se rencuentra con Hiccup y se va con la bebé? —preguntó Heather ofendida.
—Me temo que sí… —respondió con sinceridad.
—No… claro que no. —trató de convencerlo, aunque algo muy dentro de ella le doliera. —Tanto Astrid como la bebé… deben de estar con Hiccup. Yo… yo… no tengo porque molestarme o sentirme mal.
— ¿Segura? —cuestionó el médico al detectar su titubeo.
—Admito que extrañaré la compañía de Astrid, incluso la de la bebé…, también que verla me recuerda que alguna vez hice planes con Hiccup para tener hijos—recordó vagamente. —Pero sé cuál es mi lugar, lo que me tocó… ahora sólo quiero ayudar.
Spinel sonrió al ver que al menos estaba consciente de lo que podía pasar, se acercó a ella para abrazarla con fuerza.
—Eres una persona maravillosa ¿lo sabías?
—Me lo digo a diario. —bromeó ella recostándose en su pecho. —Estaré bien, no tienes por qué preocuparte.
—Está bien. Confío en ti…
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La noche había pasado al igual que la tormenta. Continuaban las horas críticas, y los inquilinos de la choza estuvieron turnándose para cuidar a la mamá y bebé. La pequeña había comidos dos veces durante la noche; sin embargo apenas gimoteaba. Mientras que Astrid, empalidecía cada más, estaba muy agotada y temía que eso afectara la alimentación de su bebita.
—Te ves muy mal Astrid… dime ¿qué te duele? —preguntó Heather preocupada.
—Estoy bien, sólo me siento muy cansada. —contestó esta débilmente mientras arrullaba a su bebé.
—No me mientas.
—Oh… está bien, me duele el cuerpo… pero es normal.
—No, claro que no…—interrumpió Spinel. —Si te sientes mal más vale que no los digas.
Astrid suspiró agotada, apenada con tantas atenciones y molestias que ocasionaba.
—Estaré bien, se los prometo… si me siento realmente se los haré saber.
Tanto Heather y Spinel no quedaron convencidos, sin embargo la respetaron por lo pronto y la dejaron descansar; y mientras Astrid intentaba alimentar de nuevo a su hija, el matrimonio salió de la choza para poder hablar en privado.
—Miente… no sé cuánto pueda soportar, debemos moverla de lugar, ponerlas cómodas.
—Necesita comer también, comió un poco de fruta pero necesita más para recuperar energía, también hace falta agua.
—Nos faltan muchas cosas, creo que hay que dividirnos… tú ve por el agua, consigue más leña, hojas, hierba, lo que sea que podamos utilizar como abrigo; mientras tanto yo iré a buscar un nuevo lugar, iré a ese campo de algodón a recolectar más, también conseguiré más de esas frutas rojas… trataré de pescar también.
—Sí, está bien, hagamos eso,…. ¿llevarás alguno de los dragones?
—No, es mejor que se queden aquí para cuidarte y a ella… yo estaré bien.
Hecho el plan, el matrimonio avisó a Astrid que saldrían por un momento; la dejaron resguardada en la choza bajo la vigía de Stormfly, quien cuidaba recelosamente el lugar; mientras tanto Spinel se aventuró hacia un extremo de la isla, mientras que Heather, en compañía de Windshear, iban del otro lado.
La berserker se apuró para hacer sus deberes; consiguió agua, lavó todo lo ensuciado la noche anterior, le preparó un pequeño refrigerio a Astrid; entre otras cosas. Para medio día, apenas tuvo la oportunidad de sentarse.
—Descansa Heather, no has dormido nada por estarme atendiendo a mí y a mi hija. —pidió Astrid.
—Estaré bien. —contestó echándose en el suelo.
—Luego dicen que yo soy la terca.
—Bueno, somos vikingas y mujeres ¿no? Supongo… que… es parte de… nuestra naturaleza.
Heather bostezó perezosamente mientras hablaba, los ojos se le empezaban a cerrar involuntariamente, aunque luchaba para que no hacerlo.
—Anda, duerme… aunque sea por unos minutos. —pidió nuevamente la rubia. —Estaremos bien.
—Está… bien. —volvió a bostezar la berserker. —Si necesitas algo, no dudes en despertarme.
Su amiga asintió aceptando el trato, a lo que Heather se terminó de recostar para finalmente quedarse dormida.
Durante el resto del día, Astrid se dedicó en cuidar a su hija con esmero; desde cambiarle las pequeñas telas que había hecho para pañales, darle de comer cuando sentía que ya tenía hambre, apapacharla para darle de su calor y amor; sin embargo con el paso de las horas empezaba a sentirse cansada de estar acostada o sentada; así que se levantó con su hija en brazos para caminar un poco alrededor de la poca iluminada choza.
Quería tomar un poco del aire del exterior, por lo que abrió un poco aquel montículo de hierbas y plantas, que hacían de puerta, para ver aunque fuera un poco de la luz del día.
— ¡Astrid! —Se espantó al escuchar la voz de Heather detrás de ella.— ¿Qué haces?
—Lo siento, sólo quería estirar un poco las piernas…
—Entiendo… pero… ah…—Heather aún estaba adormilada que no podía hablar con coherencia, se restregó las manos con pereza para quitarse lo somnolienta. — ¿Cuánto tiempo me dormí?
—Horas… eso creo, ya casi atardece…¡mira!
Astrid señaló el exterior por el pequeño hueco que había abierto de la puerta; el cielo azul empezaba a perder su coloración.
— ¿Qué cosa? —La berserker, ya más despierta, se acercó para comprobarlo por sí misma. —¿Y Spinel?
—No lo he visto desde la mañana… ¿ya se tardó mucho, no crees?
—Eh… sí… bueno…no, dijo que iría a explorar y a pescar, supongo que ya debe estar de regreso, y más le vale que con una buena dotación de peces. —rio nerviosamente.
—Estás preocupada. —comprendió Astrid de inmediato.
—Ay, es que nunca se había tardado en volver… espero esté bien. —suspiró rendida.
—confía, lo estará.
— ¡Sí! claro… digo ¿qué es lo que podría pasar?...
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Spinel había decidido recorrer un nuevo camino hacia el campo de algodón; esperanzado de poder encontrar un refugio en donde pudieran estar más cómodos y a salvo; sin embargo esa esperanza se acabó cuando llegó al campo sin encontrar más que árboles y rocas por todo el camino.
Dejando el desánimo por un lado, comenzó a recolectar una gran cantidad de algodón, ahora, había llevado consigo una enorme canastilla que colgaba de su espalda y la cual llenaría de todas las cosas que necesitaría. Al cabo de una hora, terminó de recolectar y se concentró en ir hacia la costa donde podría encontrar las frutillas así como el lugar ideal para pescar. Sin embargo; estaba tan concentrado en sus propios pensamientos, que ignoraba que alguien más seguía sus pasos.
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Tardó otro par de horas en hacer sus otros quehaceres, para la tarde, ya había conseguido la fruta y había logrado pescar 5 peces que serían suficientes para tener un festín.
—Vaya Spinel, parece que después de todo fue un buen día. —se auto halagaba en voz alta mientras caminaba por el bosque
Miraba a los peces que tenía atrapados a una cuerda vertical como si fuera un gran trofeo; y ahora, después de haber pasado toda la mañana pensando en cómo solucionar problemas, pensaba de qué manera su esposa podía prepararía la cena. Sin embargo; sus fantasías de Heather, como una hermosa chef preparando delicias culinarias, se vieron interrumpidos por unos extraños ruidos entre la maleza.
Como aquella vez, se quedó estático desde su lugar; cuando sintió que ese "algo" se acercaba, se giró rápidamente para enfrentarlo, y lo que vio delante de él sólo se resumía en una sola palabra: "revancha".
El terrible terror de color rojo, aguardaba frente a él, saboreándose aquella cuerda que sostenía aquellos peces. Spinel supo lo que quería en cuanto notó que el dragón mostró la lengua como una serpiente, además que recordó el consejo/regaño de su esposa.
"Debes darle de comer"
—Hola amiguito… ¿quieres esto? —mostró la cuerda con peces, a lo que el terrible terror sacó su lengua y se removió desde su lugar.
El médico zafó uno de los peces y se lo lanzó, el dragón saltó como un can y lo atrapó ágilmente, devorándolo de un sólo bocado.
—Oye, saboréalo por lo menos… pequeño glotón. —susurró lo último con malicia.
Era ahora o nunca, lanzó otro pez de manera que quedara en medio de los dos, el terrible terror guiado por su hambre se apresuró a tomarlo y mientras se atragantaba con él, Spinel cobró venganza.
Dando un feroz gritó, se lanzó sobre él alzando una bolsa de cuero que había llevado para recolectar las frutillas; el terrible terror no supo cómo pasó, pero terminó confinando bajo las garras de su captor, aun así, no se dejó de mover como pez fuera del agua, y daría pelea aunque fuera lo último que hiciera.
— ¡Te tengo! Ya no te resistas… ¡vendrás conmigo quieras o no! —celebró el sonriente Spinel con el revoltoso dragón atrapado entre sus brazos, algo que empezaba a impacientarlo más cuando el dragón empezó a gruñir imitando un llanto. — ¡Ya deja de moverte, llorón!...
De repente, el crujido de una rama se escuchó detrás de él, para antes de que pudiera voltear, sintió un terrible golpe en la nuca que lo hizo soltar la bolsa.
— ¡¿Qué demonios fue eso?! —se quejó el médico con sus manos sobre la cabeza tratando de contener el dolor.
El terrible terror salió de la bolsa y corrió hacía quien lo había defendido. Spinel, con los ojos llorosos, se giró para ver a su atacante, encontrándose con una chica que debía estar alrededor de los 17 años y lucía una ropa extraña de color negro.
—No te saldrás con la tuya cazador…—amenazó su agresora con lanza en mano. — ¿Creíste que podrías robar a mi dragón?
— ¡¿Estás loca?! —gritó el médico exaltado.
Sin embargo al hacerlo, más chicas salieron de entre la maleza y lo rodearon por completo. Del grupo, otra chica de cabello corto y armadura negra, le hizo frente junto con la chica que lo amenazaba con su lanza.
—Así que… ¿está es la persona que ha estado hurtando en nuestros campos?
—Así es reina Mala, por fin lo atrapamos. —respondió Samara. —El muy imbécil creyó que se podía llevar a mi dragón.
—A ver…a ver…¡un momento! —interrumpió Spinel confundido. — ¿Ustedes han estado aquí todo el tiempo?
— ¡Silencio cazador! No hablarás hasta que yo lo diga. —silenció la reina.
—Mire reina o lo que sea… no tengo tiempo para esto y tampoco sabía que ese dragón ya tenía dueño. —miró con rencor al pequeñín que se había resguardado bajo las "faldas" de su dueña.
— ¡No nos interesa tus explicaciones, te encontramos hurtando por lo que serás condenado!
A Spinel le pareció realmente irritante el tono de voz de la reina que se tuvo que rascar los oídos para quitarse aquella horrible sensación que le provocó el sonido de su voz; un acto de aberración ante todas las chicas que ofendidas dieron un grito ahogado lleno de indignación.
— ¡¿Te burlas de nosotras?! —gritó Mala.
—Me irrita su tono de voz… ya deje de hablar. —contestó este burlonamente. —Y por cierto está loca si piensa que le haré caso o alguna de estas locas… ¡yo me voy!
— ¡No te muevas! —Amenazó Samara para impedirle que se moviera.
—Uy, qué miedo. — Spinel le arrebató el arma con facilidad, a leguas veía que la chica era inexperta. —No dejaré que un montón de niñas me diga que hacer. ¡Así que quítense! o me olvido de mis modales.
Las chicas lo tomaron como un reto, se sonrieron entre todas y todos asintieron hacia su reina como si hubieran llegado a un acuerdo, Spinel trató de interpretar qué era lo que harían, más lo supo en cuanto lo hicieron, Mala con un movimiento muy rápido se abalanzó hacia él y le propinó una golpiza en el estómago que lo derribó por completo.
— ¡Pónganle la bolsa en la cabeza!… amárrenlo… si no habla y nos da información de los cazadores lo echaremos a los dragones.
Ahora el adolorido Spinel parecía el terrible terror a manos de aquellas chicas que de débiles no tenían nada, lo amarraron y le cubrieron la cabeza con la bolsa con la que había atrapado al dragón, el cual aprovechó el ajetreo para orinarlo una vez, marcando así su territorio.
— ¡Qué asco!
— ¡Cállate, no seas llorón! —se burló Samara de su infortunio.
— ¡Ja, que graciosa! ¡Déjenme, déjenme! —empezó a quejarse ruidosamente, pero las chicas hicieron caso omiso y lo hicieron andar por el camino a empujones y gritos.
— ¡Silencio cazador! O de una vez te mataremos.
— ¡No soy un maldito cazador! —refunfuñó. — ¿Cómo serlo cuando mataron a mi perro?
—Bueno, entonces eres un ladrón. —se siguió burlando Samara. —Te condenaremos con eso.
—No vi sus nombres escritos en esos campos. —replicó este infantilmente mientras era estirado para que caminara más rápido.
— ¿Te han dicho que hablas mucho? —se quejó Mala. —Eres el prisionero más escandaloso que hemos tenido.
—Y usted tiene una voz horrible… ¡déjenme salir! ¡Hay personas que espera por mí!
— ¡Alto! —detuvo Mala a todo el grupo de chicas. — ¡Parece que el cazador comenzará a hablar!
Con una señal, la reina ordenó que le quitaran la bolsa de la cabeza.
—Habla de una vez…—ordenó con prepotencia.
— ¡Que no soy un maldito cazador! —se exaltó.
La chica que lo estiraba de la cuerda le propinó otra golpiza en el estómago, para demostrarle quién estaba al mando.
— ¡Aaahhh… ya dejen de golpearme!
—Entonces contesta de una vez cazador, dinos ¡¿dónde están los demás?! Y tal vez te perdonemos la vida, te conservaremos con un esclavo.
— ¿Ah, sí? ¿Y a los demás que les harán? —cuestionó con sarcasmo.
—Los mataremos…—contestó con simpleza la reina.
Spinel tragó saliva, no estaba seguro si esas chicas podían llegar a ser aliadas.
—No soy un cazador. —dijo en su defensa. —De hecho, ¡huyo de ellos!, destruyeron mi barco, mataron ¡a mi perro! En realidad soy médico… salvar vidas es más lo mío que matar, "su majestad".
Las chicas se extrañaron con la defensa del detenido, en primer lugar, porque nunca habían escuchado de un curandero varón, en segundo lugar, porque había sonado bastante sincero.
— ¿Entonces qué haces aquí?
—¡¿Qué no es obvio?! ¡Aquí naufragué! ¡Déjeme ir, prometo no robar en sus campos!
— ¡Silencio, eso no lo decides tú! —ordenó Mala al notar altanería en el médico. — ¿No dijiste que había alguien más por ahí qué te esperaban?
—Sí, pero es algo que no le pienso decir…
—Entonces te condenaremos… ¡te echaremos a los dragones! —Sentenció la reina, al hacerlo las chicas dieron un grito de guerreras, estando de acuerdo con ella. — ¡Luego buscaremos a quienes estén por ahí y los mataremos!
— ¡no, no! —se doblegó Spinel ante la reina. — ¡Por favor, somos inocentes!
—Entonces habla ¿con quién vienes y qué intenciones tienes?
Spinel apretó los ojos, imponente por no poder hacer nada, desconfiado de que pudieran estar a salvo; sin embargo esperaba que su esposa y Astrid, como chicas que eran, pudieran al menos ablandar el corazón de esas guerreras en su beneficio.
— ¡Habla! —ordenó nuevamente Mala.
—Mi esposa…—confesó rendido.
— ¿Un mujer casada con un cazador? ¡Qué aberración! —gritó la reina desconcertada al igual que el resto de su tribu.
— ¡¿Qué parte de que no somos cazadores no entiende!? —gritó Spinel ganándose otra paliza.
—Silencio… también la condenaremos.
—¡No! por favor… no somos lo que usted cree… quedamos atrapados en este lugar, no podemos irnos… además…
—¿Qué? —exigió Mala al notar el titubeo por parte del médico.
—Por favor. — rogó nuevamente el médico viendo al cielo, ya era muy tarde y él estaba ahí perdiendo el tiempo. —Hay una chica que necesita atención, acaba de tener un bebé y está muy mal… se los pido, por favor, ayúdenla, ¡ayúdenos!… No somos cazadores, al contrario, los odio tanto como de seguro los odian ustedes…
Escuchar la desesperación del médico hizo titubear a la reina, quien aun en su autoritaria posición, le ordenó guiarlos a donde esas chicas se encontraban, validaría su historia y después juzgaría.
Spinel sólo rogaba porque esas chicas se convirtieran en su salvación y no en un gran peligro.
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Mientras tanto en la choza oculta en el bosque
Ya era de noche y Spinel no había llegado, Heather se mordía las uñas por la ansiedad, ya que jamás había tardado tanto.
— ¡No puedo esperar más! Astrid, necesito tomar a Stormfly… ¿crees que puedas estar sola un rato?
—Adelante… no te preocupes, ¡búscalo! —concedió esta aferrada a su hija.
Heather tomó unas dagas antes de salir; sin embargo cuando se disponía a alzar la puerta de la choza, escuchó que en el exterior los dragones se alteraron.
— ¿Qué pasa? —preguntó Astrid preocupada.
Heather se asomó por un hueco de la choza notando que había varias antorchas que pretendían hacerles frente a su dragón.
—Imposible.
Salió de inmediato, dejando a Astrid con la incógnita de lo que pasaba; además que necesitaba calmar a los dragones que no dejaban de gruñir ferozmente a los recién llegados
—Basta nenas…—ordenó posicionándose entre ambos dragones, que obedientes dejaron de gruñir.
Heather observó que los visitantes eran unas chicas con ropas y armaduras extrañas, a la que le prestó especial atención fue a la que parecía la líder, ya que su cabello y ropa era muy diferente a las demás; sin embargo otra cosa o más bien alguien llamó su atención, un hombre cubierto de la cabeza el cual tenían amarrado e hincado a un lado de la líder.
— ¡Spinel! —reconoció de inmediato. — ¡¿Qué le hicieron?!
—Supongo que tú debes ser la amante de este hombre. ¿O no? —ignoró Mala sus preguntas.
— ¡Suéltenlo o no saben de lo que soy capaz! —ordenó furiosa.
—Tienes agallas y por lo que veo también dragones. Aquí tienes a tu hombre…
La reina ordenó desamarrar a Spinel, luego lo empujó para devolverlo a la berserker, quien lo recibió entre sus brazos para protegerlo de aquellas mujeres.
— ¡¿Quién eres tú?! —exigió Heather.
—Tranquila querida. —tranquilizó el adolorido Spinel. —Confiarán en tu palabra… sólo diles lo que ¡yo! ya les dije…
—Este hombre afirma que ustedes fueron atacados por cazadores ¿es verdad? —interrogó Mala.
—Así es, mataron a nuestro perro, destruyeron nuestro hogar, no sólo el barco, también atacaron mi pueblo natal, yo misma he experimentado la desdicha de ser atrapada por esos malhechores. —contestó Heather con firmeza.
Mala se mantuvo en su postura, venido de una mujer, confiaba más; aunque el interrogatorio apenas estaba empezando
— ¿Es cierto que alguien más los acompaña? ¿Otra mujer y un bebé?
Heather tragó saliva, y la respuesta se le atoró en la garganta.
—¡Habla! —ordenó la reina con exigencia.
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Dentro de la choza, Astrid escuchaba voces de personas, mujeres para ser más precisos, lentamente se levantó desde su lugar con su bebé en brazos para averiguar que pasaba, temiendo que cazadores como Vishalia hubieran dado con ellos; al asomarse vio que eran varias mujeres vestidas de negro, y la que hablaba con la voz más alzada se le hizo extrañamente conocida.
— ¡Habla!
— ¡¿Mala?! —gritó Astrid sorprendida.
La reina, al igual que todas las chicas, bajaron su guardia al escuchar aquella voz que provenía de la choza.
Heather y Spinel no entendieron que sucedió, más cuando la reina exclamó:
— ¡Astrid Hofferson!
"Lady Astrid, lady Astrid, Lady Astrid" gritaron todas las chicas sorprendidas.
El matrimonio quedó confundido, más cuando todo el grupo de mujeres fue a auxiliar a su amiga, no entendían qué pasaba, pero todo parecía indicar que estaban salvados.
Continuará.
En serio lo siento, la semana pasada sucedieron cosas que ahora si me imposibilitaron publicar, pero aquí está algo "cortito" pero bueno es todo por este capítulo.
Quería publicarlo antes de irme al trabajo así que queda pendiente la sección de comentarios y dudas, agradecimientos especiales a:
Dragon viking, Mad Lady, Melody562, Alba Astrid, Flopi, Jessy Brown, Nina, Sakura Yellow, Milagros, Fantasy Branca,Maylu liya, Sigrir, lilu, Violeta, Steffani, Vivi, Astrid pizarro, Dark Kime, Pony Salvaje. Sly dragon, Fanatico z, Asriver
Y en general a los lectores anónimos, favoritos y seguidores, hasta las próxima semana. Saludos
16 de febrero de 2017
