Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, provienen de la bella imaginación de la hermosa Stephenie Meyer. La historia es completamente mía, ya que a mi loca cabecita le encanta soñar despierta.


Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite . fanfiction)


—Ahora ya lo sabes —musitó Carmen, encogiéndose de hombros.

Bella resopló.

—Sí, Carmen, ya lo sé. Y no gracias a ti, por cierto.

—No me correspondía a mi decírtelo, Isabella. ¿Qué quieres hacer?

—¿Debo hacer algo? Edward me cruzó de brazos —soltó. Carmen suspiró—. Quizá… ayudarlo a buscar.

—Hasta Stefan está en eso. No, Bells. Lo mejor es que no hagas nada.

Bella torció el gesto.

—Me gustaría hablar con él, que me muestre las fotografías y los videos.

Carmen y Felix la miraron sorprendidos.

—¿Quieres verlas? ¿En serio? Porque Randall dice que son un asco —le dijo Felix.

—Siento que debo hacerlo. Son mías, yo estoy ahí.

—Viéndolo de esa manera, tiene sentido.

—Tiene mucho sentido —acordó Carmen—. Hablaré con Stefan, ¿de acuerdo?

—Okey —respondió Bella—. Tengo que ir a clases y le prometí a Christopher que iría a comer con él. Está enojado porque no le avisé que me quedaría más días en Cambridge.

Carmen frunció el ceño.

—No es tu novio, Bella.

—¿Sí? Dímelo a mí. Supongo que fue consecuencia de presentarlo como tal en Toronto.

—Pues entonces debes dejarle las cosas muy claras, decirle que no son novios.

Bella se quedó pensando, con la mano en la manija de la puerta.

—No —dijo.

—¿Disculpa?

—¿Y si ayudo a Edward de esa manera? Piénsalo. Si Jane sigue creyendo que Christopher es mi novio, no se pondrá más pesada y Edward tendrá el tiempo que necesite para encontrar todas las copias que pueda tener Jane.

Carmen asintió, pensativa.

—No es mala idea, en realidad, es excelente. Primero debemos hablar con Edward y Stefan, pero podría funcionar. Niña, me alegro, volviste a pensar con la cabeza.

Bella rodó los ojos.

—Nos vemos después —se despidió, saliendo de la oficina de su representante. Se enfrentó a los paparazzi que la esperaban fuera de la agencia, colocándose un sombrero negro de ala ancha, complementando su atuendo total black de blusa, pantalones de cuero y sandalias altas con un divertido pompón. Bajo los inclementes flashes, subió a su auto nuevo y aceleró hacia la universidad, perdiendo a los fotógrafos detrás de ella.

Se encontró con Mike y Jessica en la biblioteca. Después de saludarlos, sacó su laptop y sus libros, se colocó los lentes y continuó con su tesis, exactamente lo mismo que estaban haciendo sus amigos.

—¿Apurada? —rio Mike, al ver a Bella hacer todo con prisas.

—Abrumada —corrigió Bella—. He tenido la maldita cabeza en otra parte, no he podido hacer nada.

Mike y Jessica se miraron.

—Nunca nos dijiste qué ocurrió allá. Te quedaste casi toda la semana y cuando volviste eras un desastre aun peor del que dejamos ir —le dijo Jessica.

—Sabes que siempre soy un desastre cuando cambio de horario.

—Bueno, de eso no tengo ninguna duda, aunque… digamos que te quedaste corta al decir que traes la cabeza en las nubes.

Bella les sonrió mostrando los dientes.

—¿Soy tan obvia?

—Te pusiste los lentes de sol —respondió Mike. En ese momento, Bella se dio cuenta de lo oscuro que veía todo. Bufó y se cambió los anteojos de sol por los de vista—. ¿Qué pasa?

—Les juro y les prometo que no les puedo contar, ni ahora ni aquí, antes tengo que hablar con Stefan y Edward.

—Okey, esto se puso interesante —dijo Jessica—. ¿Tiene que ver con… con ustedes?

—Sí —contestó Bella. Mike y Jessica alzaron las cejas—, pero, por favor, se los ruego, no insistan. En serio no les puedo contar nada. Edward tardó seis meses en contármelo a mí.

—Está bien, no insistiremos. Tiene que ser algo muy grave para que tengas que callarte hasta hablar con ellos.

—No es grave, es jugoso —soltó. Jessica se llevó las manos a la boca—. Listo, ya, basta. ¿Dónde demonios dejé el folder con mis notas? —inquirió, rebuscando en su bolsa. Mike lanzó unas risitas, tomando el folder dorado rosado. Lo pasó por enfrente de Bella y volvió a dejarlo sobre la mesa—. ¡Oh, gracias! —dijo.

Aún no tomaba el sobre cuando volvió a pasear la vista por la mesa. Jessica rodó los ojos y tomó, de encima del teclado de la laptop de Bella, el estuche dorado rosado con todos sus accesorios electrónicos: el cargador portátil de su celular, el cable para la laptop, dos pares de audífonos, unos inalámbricos y los otros con cable, la pluma táctil para la tableta, varios soportes para poner el celular de pie, un mouse inalámbrico y dos memorias USB. Lo dejó sobre el folder. Bella le sonrió en agradecimiento.

En vez de trabajar en la tesis, hizo la tarea para las clases de ese día. Conforme los minutos pasaban, Bella comenzó a sentirse más normal, como si la locura alrededor de ella no estuviera pasando. En ese momento era una universitaria más, no una celebridad que estaba peleando contra un escándalo que aún no ocurría. Con tanta normalidad, algo dentro de ella le hizo sentir que al llegar a casa se encontraría con Edward peleándose con la estufa, lo que quizá podría tomarle horas y al final le haría decidir que pedirían delivery, o tal vez después de muchos intentos lograra preparar una rica y sencilla cena que comerían en el sillón mientras veían la televisión y platicaban sobre el día…

Casi se derrumbó cuando se dio cuenta que sería todo lo contrario.

Mike tronó los dedos frente a Bella y Jessica.

—De acuerdo, señoritas, llegó la hora. Si no terminaron, acéptenlo y sigan con sus vidas —dijo. Jessica y Bella rieron. Las chicas recogieron sus cosas rápidamente y siguieron a Mike hacia su primera aula del día; ahí, los tres dieron los últimos detalles a sus entregas, como el resto de sus compañeros.

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Edward dice que Jane no estará en la casa hoy. Te quiero allá en cuanto termines las clases. –C

O sea, justo en ese momento. Que Dios la ayudara porque estaba por tener la plática más complicada de su vida. Se despidió de sus amigos y subió a su auto, dando un gran respiro. Okey, llegó la hora.

Tomó el camino de siempre, ese que le tomaba menos tiempo, todo el viaje con los nervios de punta. ¿Qué saldría de esa plática? ¿Acaso tendrían la solución que no pudieron encontrar en mayo? Lo dudaba, realmente. El daño ya estaba hecho, lo que debían hacer ahora era evitar un escándalo que pudiera destruir su vida, eso era todo.

Justo estaba estacionando su auto frente a su casa cuando su celular sonó con un mensaje de Christopher, en donde se disculpaba por no poder comer con ella pues tenía una cirugía que no podía perderse. Bella suspiró de alivio. Había olvidado por completo su "cita" con él, que bueno que la había cancelado, así no se sentiría mal por dejarlo plantado. Escribió una rápida respuesta y bajó del coche, con sus bolsos en los hombros.

Cruzó la calle hacia la casa de Edward… ¿Hacía cuánto ni la miraba? Al parecer no lo suficiente para no recordar dónde demonios dejaba Edward la llave de repuesto.

—Me parece totalmente injusto que yo sea regañada por dejar abierta mi puerta trasera y que Edward siga pasando sin pena ni gloria con su llave debajo de la maceta —masculló al entrar. No dijo ni "hola", por lo que Stefan, Carmen y Edward no pudieron hacer otra cosa más que reír—. Esto se entierra en el pasto —le dijo a Edward, regresándole la llave.

—Lo recordaré la próxima vez —respondió él, sonriéndole. Bella esbozó una pequeña sonrisa.

—Bueno, chicos, ahora que ya salió toda la verdad, ¿qué planean hacer?

Bella suspiró.

—Yo… quisiera verlo todo antes —musitó.

—No creo que eso sea… —tartamudeó Edward.

—Por favor. Son acerca de mí, creo que es necesario que sepa qué les hizo inclinarse por… esta opción sin siquiera decírmelo.

Stefan y Edward se miraron, no muy seguros de dejar que Bella viera lo que Jane y Riley le hicieron. Ella estaba bien en la ignorancia, no necesitaba saberse víctima de esa… bajeza.

—Edward —indicó Carmen. Edward la miró y ella asintió—. Tiene que verlas.

—¿Hasta los videos?

Todo —pidió Bella. Edward suspiró, pero aceptó. Fue hacia el cuadro abstracto en el que escondió el sobre—. ¿Sabes? Siempre odié esa pintura. Me marea. Y es el maldito escondite más obvio que existe.

Edward lanzó unas risitas.

—Era esto o la caja fuerte —le dijo.

—¡Por favor! Eric adivinó la combinación más rápido de lo que aprendió a abrir tu bar… ¿Mi año de nacimiento hacia Europa? Muy creativo.

—Es el único número que no he cambiado. Hay una combinación nueva cada año.

Bella se sonrojó, recibiendo el sobre. Al tenerlo en sus manos, tomó un respiro para armarse de valor.

—Bells, no tienes porque… —le dijo Stefan.

—Quiero hacerlo —respondió, mirando a todos con decisión en sus brillantes ojos castaños. Abrió el sobre con manos temblorosas y sacó la primera fotografía, cerrando los ojos. Volvió a suspirar y miró la imagen. Al verla, se llevó la mano libre a la boca, hiperventilando.

Edward le colocó una mano en el hombro.

—Tranquila —le dijo. Bella asintió y continuó sacando fotografías, la siguiente más horrible que la anterior. Al terminar con el set, Bella no sabía si lloraba de terror, tristeza o coraje, quizá era todo eso. ¿Por qué Jane le hizo eso? ¿Cómo se atrevió a planear tal atrocidad en contra de una mujer? ¡Por Dios! Sí, la odiaba, pero eso no era algo que se le desearía ni a la peor enemiga…

Estaba claro que Jane era capaz de lo impensable con tal de ganar.

—¿Recuerdas algo? —le preguntó Carmen. Bella sacudió la cabeza—. ¿No te sentiste mal, ganas de vomitar, algo?

—No, no. No recuerdo nada, pero estoy muy segura de que no me enfermé —contestó Bella, entre gimoteos.

—En los videos se puede ver que ese animal no hace otra cosa más que… eso —informó Edward, frotando los brazos de Bella para tranquilizarla.

—¿Se escondió debajo de la cama? —quiso saber Bella. Edward asintió, con el ceño fruncido. Bella dejó caer la cabeza en sus manos—. Ese fue el ruido que escuché cuando desperté.

—¿Qué ruido?

—Cuando me levanté escuché algo debajo de la cama, como si la hubieran pateado. Iba a ver qué había sido, pero Jacob me llamó para escoger mi vestido y lo olvidé —explicó. Se quedó pensativa unos minutos, rememorando esa noche en su cabeza—. Ahora que lo recuerdo, hubo otros dos antes de que tú y Reny llegaran.

—Estaba intentando irse —dijo Carmen—. ¿Cuánto tiempo te entretuvo Carlisle?

—Lo necesario —respondió Edward—. Pero él no sabía nada. Jane lo engañó también, convenciéndolo para que hablara conmigo; ella sabe muy bien que nunca te dejaría cerca de Carlisle.

—Te sacó de la habitación para que Riley pudiera entrar —dijo Stefan.

—Pero olvidaron a Jake, Sa y Lottie. A Riley no le dio tiempo de salir antes de que ellos llegaran, se escondió debajo de la cama y esperó a que todos saliéramos para irse… Debieron haberlo planeado por semanas o meses.

—Eso explicaría por qué Jane estaba tan tranquila después de Navidad —agregó Stefan. Edward asintió—. Justo debajo de nuestras narices… ¿Supieron Randall y tú qué conexión hay entre Jane y Riley?

—No, pero sí supimos que Riley viajo hasta Berlín solo para eso. No tuvo película en competición o el mercado.

Bella miró las fotografías, comenzando a reconocer ese rostro, no solo de la vez que investigó de él cuando Dimitri tomó su lugar en la película. ¡Oh, Dios!

—La conexión soy yo —intervino. Los tres la miraron interrogantes—. Creo que audicionó para Jackson. Bueno, quería a Bruno, pero elegimos a Emmett antes de las audiciones, por eso terminó leyendo para Jackson.

—Y lo rechazaste.

—No recuerdo. Fue el día que James me gritó, ni siquiera sé cómo Jasper terminó pasando de etapa.

Carmen y Stefan suspiraron.

—Aún hay mucho que desenredar en esto, y no creo que tengamos el tiempo hoy para eso, así que, chicos, escucho sus planes.

—Bueno, creo que podría ayudar que empiece a salir más formalmente con Christopher.

—No —respondió Edward.

—Tú cállate que no estás pensando objetivamente —le dijo Stefan—. Es una excelente idea. Jane estuvo totalmente intransigente cuando estabas sola, si te muestras más con Christopher, entonces bajará la guardia. Muy bien, haz eso.

—Stefan, por favor. No la haremos fingir también a ella.

—¿Tienes otro plan, Edward? Necesitamos ser nosotros quienes controlemos la situación, no Jane. Además, no sería fingir; ustedes ya son algo, ¿no?

—Supongo.

—Pues listo, harás eso. Mientras tanto, Edward seguirá pensando en dónde pudo haber dejado Jane todas sus copias de las fotografías.

—Están en su computadora, Stefan. Siempre que intento verla, se la lleva.

—¡Pues hazlo mientras duerme! ¡Es tu casa!

—Pregunta: ¿para qué queremos las copias de Jane? —preguntó Bella—. Con estas es suficiente para crear el escándalo que quieren, y no hablemos de los videos.

—Jane puede enviar sus copias en cuanto quiera. Lo que vamos a impedir con tenerlas nosotros es eso.

—¿Y si ya están enviadas?

—No lo están —respondió Carmen—. Como buena representante, tengo contactos con revistas de todo el mundo.

Bella asintió.

—Bien. Entonces, denme estas copias y los videos.

—Tú sí eres masoquista, Bells, en serio.

—¡No las quiero para enmarcar, Stefan! Ese escondite del cuadrito loco y la caja fuerte aquí, son muy peligrosos. Cuando Jane pierda sus copias, buscará las nuestras y si las encuentra, entonces todo el plan de dejar a Jane indefensa con nosotros controlando la situación se irá muy bonito por el drenaje.

—Jamás las buscará en tu casa —asintió Edward.

—No estoy hablando de mi casa, sabemos que las buscará ahí. Aunque yo simule no saber nada.

—¿Con Carmen?

Bella sacudió la cabeza.

—La casa de Liz y la habitación de Eric tampoco son opción —advirtió Stefan.

—Por supuesto que no. Ni Dimitri, Felix, Randall, Reny, Alex, carrocería y pintura… Nadie involucrado en Hollywood es opción.

—¿A quién sugieres?

—Jessica y Mike.

—Son tus amigos, Bella —reclamó Carmen.

—¡Ya lo sé! Pero a Jane nunca se le pasarían por la cabeza, y perdería mucho tiempo buscándolas hasta en el set. Puede que incluso se le ocurra primero la casa de mis padres, nos daría mucho más tiempo para prepararnos para el escándalo.

Los tres la miraron totalmente maravillados.

—Niña, eres una maldita genio —le dijo Stefan—. Eso significaría que tendrías que contarles todo.

—Obvio, pero confío en ellos. Han escuchado cosas impresionantes de mi parte y también han estado presentes en muchas situaciones privadas que nunca salieron a la luz. Pueden guardarnos este secreto con sus vidas.

—Muy bien. Con una sola condición: son los únicos, además de los que ya sabemos, que se enterarán. Cuando destapemos todo, podrás decírselo a tus padres y a las bocas con patas solo para prepararlos.

—Prometido —dijo Bella, levantando su mano derecha.

—Okey. Pues supongo que estamos en las manos de Mike y Jessica. Si tú confías en ellos, nosotros también lo haremos.

Bella sonrió. Recibió el sobre y el CD con los videos e inmediatamente subió a su auto para ir al departamento de sus amigos. No la esperaban, por lo que les sorprendió verla, con Carmen y Stefan.

—De acuerdo, esto es raro —rio Jessica.

—Necesito pedirles un favor enorme.

—Claro, ¿qué pasa?

Stefan y Carmen se encargaron de contarles toda la historia, con pelos y señales para que después fuera Bella quien, con las palabras "en este sobre y este CD está mi vida y mi reputación", les entregara las fotografías y los videos.

—Estoy confiando en ustedes. Por favor, no me fallen.

—Absolutamente no, Bells. Ya te hemos probado que puedes contar y confiar en nosotros y esta vez no será la excepción —le prometió Mike.

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Edward estaba sobre uno de los muchos pedestales en el estudio de Jacob mientras este le ajustaba el traje para la premier de la película que estaba programada para la semana siguiente. Movimiento perfecto por parte de Emmett y Rosalie: hacer el estreno oficial en plena temporada de premios, como si la atención recibida por Venecia y Toronto no hubiera sido suficiente.

—Bells vino ayer —musitó Jacob, metiendo un alfiler en el dobladillo del pantalón—, con Christopher.

Edward suspiró, mirándose al espejo frente a él.

—No se le separa, ¿cierto? —respondió. Jacob se encogió de hombros—. ¿Van en serio o…?

—La niña no hace nada a medias, lo sabes, así como también que odia caer en los truquitos de Hollywood.

—Que es justo lo que le orillé a hacer.

—No creo que sea por ti, sino por ella. Está en una edad en la que necesita saber qué quiere para su vida. Ella te ama, Edward, con toda, toda su alma, y siempre lo hará —Edward sonrió—; pero eso no aparta el hecho de que le hiciste mucho daño. En este momento está pensando egoístamente: te va a dar el tiempo que necesitas para deshacerte de esas fotografías porque ella no quiere estar involucrada en un escándalo, no porque esté considerando regresar contigo —le dijo. Edward sintió como la sangre se le fue a los pies de la impresión. Él estaba haciendo todo para recuperarla, ese siempre fue su objetivo, nunca se le pasó por la cabeza que ella no lo quisiera porque, bueno, se amaban. Jamás creyó que Bella decidiera poner punto y final.

—¿Te lo dijo ella?

—¿Decírmelo? Prácticamente me lo gritó en el oído. Te diré lo mismo que a ella: hablen. Sean amigos otra vez, cuéntale que Jane te está volviendo loco, déjala decirte que Christopher la llevó a jugar gotcha... No sé, algo. Si la quieres recuperar, entonces tienes que empezar desde cero, desde el principio, pero ahora déjala ser Izzy o Bella, no Isabella.

—Lejos de la prensa —asintió Edward.

—Muy lejos —corrigió—. Terminé. Ve a cambiarte. Cuidado que llevas alfileres.

Al salir del estudio de Jacob, Edward tenía la cabeza llena de pensamientos referentes a lo que le dijo Jacob. Entendía que Bella no quisiera volver con él, porque fue un completo idiota, incluso le sorprendía que, de alguna manera, volviera a hablar con él. Ella le estaba dando más de lo que merecía, eso era claro.

Se estacionó fuera de su casa. El auto de Jane no estaba otra vez. Le parecía curioso cómo Hollywood solía trabajar en medio de un rompimiento o una nueva relación. Después de anunciar su "regreso", a Jane le llovieron ofertas de trabajo, no solo en películas, también en series y hasta para representar marcas de ropa y maquillaje. La rubia estaba en las nubes tras conseguir justo lo que quería de Edward: publicidad. Pero aun con todo eso, Janie estaba enojada porque Edward rechazó estar en una película con ella y también modelar a su lado para una de las dos marcas que les ofrecieron un contrato. Si lo haría con alguien, sería con Bella, con nadie más.

Los autos de Bella estaban en su sitio, lo que significaba que estaba en casa. Edward lo pensó mucho. Nunca sería el momento, pero si perdía la oportunidad, ahora que habían vuelto a dirigirse la palabra, entonces jamás la tendría.

Cruzó la calle y presionó el timbre. Si Bella seguía su propio consejo acerca de enterrar la llave de repuesto, nunca la encontraría. En realidad era una idea muy inteligente.

Bella abrió la puerta, en lentes y ropa cómoda. Lo miró sorprendida.

—Hola —la saludó él.

—Hola —respondió, haciéndose a un lado para dejarlo pasar.

—¿Estás sola? —le preguntó, esbozando una pequeña sonrisa cuando vio la mesa de centro llena de libros y papelería.

—Sí, yo… estoy con la tesis… ¿Ocurre algo? ¿Ya las encontraste?

—Aún no, sigo intentando adivinar la contraseña.

—Seguro es la misma que en su celular y sus redes. Yo hago eso —rio—. Si no viniste a decirme eso, entonces…

—Me gustaría que habláramos. Las cosas han cambiado ahora que ya te dije todo…

—Sí, tal vez.

—¿Sigues molesta?

Bella suspiró.

—Un poco —respondió—. Para mí ha sido muy difícil entender cómo pudiste guardarme un secreto así, también cómo no me di cuenta antes de que algo estaba pasando. Después de Berlín… Sé que todo explotó en marzo, pero tú estabas raro antes, como si lo sospecharas. ¿Por qué no me dijiste nada?

—No lo sé. Bueno, no quería preocuparte. ¿Qué tal si solo era algo sin sentido? Ni siquiera yo sabía de qué se trataba… Supe que no debía dejarte sola en el momento en que salí de la habitación, algo me lo decía… Cuando me di cuenta de lo que era y de lo que realmente sucedió me sentí culpable por no hacer caso a mi instinto, por dejarte ahí, confiando en el mundo.

—No fue tu culpa —le dijo—, en lo absoluto. Si eso es lo que te preocupa, Edward, que yo te acuse a ti de que me haya pasado eso… No tienes por qué. Fue Jane, simple. Si no lo hacía en Berlín, lo haría aquí, o en Cannes, Venecia o Toronto. Es más, Riley no habría renunciado a la película y hubiera sucedido en Irlanda, aprovechando que tú estarías grabando en Washington y ahí no tendría que haber convencido a Carlisle de sacarte de la habitación. Si viniste a disculparte por algo que no hiciste, entonces…

—No fue a lo único que vine. Sí sentí la necesidad de hacerlo, pensando que tú de alguna manera y en algún momento sí llegaste a culparme, ahora me siento más tranquilo y te agradezco que no lo hicieras. Quisiera saber algo, Bells, ¿por qué no es una opción que regresemos?

Bella resopló.

—Voy a matar a Jacob —escupió.

—Dime, Bella. Por favor.

La chica cerró los ojos y apretó los labios, no queriendo contestar. Sabía que tenía que hacerlo, pero decirlo hacía todo más real y no quería reconocer esa verdad acerca de él. No quería. No podía.

Tardó en abrir los ojos. Cuando lo hizo, Edward sintió un apretón en el corazón al verlos llenos de lágrimas. ¿Qué le había hecho que ahora solo la veía llorando?

—Es que no confío en ti —confesó.

«Demonios», pensó Edward.

—Bella…

—Me pediste que lo hiciera y lo siento por no poder… Carajo —masculló, limpiándose las lágrimas por debajo de lo lentes—. Lo intenté, créeme, con todas mis fuerzas; pero… ¡cómo puedo hacerlo si me engañaste por meses! No me contaste lo que estaba pasando antes y después de que vieras las fotografías… ¡Éramos una pareja, Edward! Se suponía que nos teníamos que contar todo, lo bueno y lo malo, y no lo hiciste.

—Intentaba protegerte.

—¿De qué? ¿De Jane? Ella ya me había hecho daño. ¿Sabes todo lo que nos hubiéramos evitado si me decías lo que estaba pasando? Habríamos encontrado una solución juntos, si se hacía el escándalo lo enfrentaríamos juntos… Lo que más me duele, Edward, es que Jane solo probó qué tan fuerte era lo nuestro y tú, al dejarme, le demostraste que éramos débiles. La primera gran crisis de nuestra relación y no pudimos superarla. Con esos antecedentes, ¿cómo puedo considerar volver contigo? No solo me fallaste a mí, sino también a ti y a nuestras familias. Los dejaste seguir creyendo en una mentira, dejaste que festejáramos algo que tenía fecha de vencimiento.

—Bella, por favor, entiende que lo hice por ti. Sí, cometí el error más grande de mi vida al no decirte lo que estaba ocurriendo; tú eras y sigues siendo lo mejor que me ha pasado, no quería que terminaras atrapada en un escándalo basado en mentiras. Una cosa que tienes que saber es lo ruines y destructivos que son los escándalos, no son habladurías en el pueblo que al final se convierten en un amargo recuerdo de la juventud, aquí te arruinan la vida, la carrera… No deseaba eso para ti. El solo imaginarme que en la universidad no te dejaran en paz, que la prensa te tratara peor que a una rata, que personas que no te conocen te insultaran de todas las maneras existentes, que tus padres y tus amigos escucharan lo que se decía de ti en el pueblo… Eso, Isabella, me mataba. Me mataba. Ya sé que no me justifica, y no lo estoy buscando, solo quiero que entiendas que tú fuiste mi mayor motivo, que tu tranquilidad y tu reputación como la querida de Hollywood quedaran intactas. Si tenía que callarme y hacernos pasar por todo esto para evitarte esas humillaciones, entonces no tenía otra opción. Ahora comprendo que te hice aún más daño dejándote en la ignorancia y te pido que me disculpes.

Bella respiró hondo.

—Claro, no hay problema. Ahora yo te pido algo: déjame.

—No, Bella, eso no. No puedo.

—¡Yo tampoco! Pero lo necesito. Quiero saber qué más hay para mí, tú eres lo único que he conocido aquí, permíteme ver más. Necesito probar ser Isabella Swan sin Edward Cullen, redescubrirme, reencontrarme conmigo misma —dijo. Se giró hacia una de las mesitas junto al sofá y abrió el único cajón del que saco el anillo de oro rosado con el diamante negro y el dije de llave. Con su corazón doliéndole, tomó la mano de Edward y le colocó los dos regalos. Por primera vez en toda su vida, Edward sintió como pequeñas gotitas de agua se derramaban de sus ojos hacia sus mejillas, mirando lo que había significado para ambos su amor. Ninguno de los dos alzó la vista—. No es nuestro momento. Debemos crecer, saber qué es lo que queremos realmente. Hay que vivir. Tal vez en cinco o diez años, o la siguiente vida, ahora no.

Edward asintió, dejando caer la mano hecha puño. Tomó a Bella de la nuca con la mano libre y la abrazó. Bella se aferró a su cintura.

—No me voy a dar por vencido, ¿me escuchas? No te voy a dejar ir tan fácil. Antes tendrá que apagarse el maldito sol, porque te amo y siempre lo voy a hacer.

—También te amo. Siempre —respondió Bella. Edward la hizo alzar la cabeza, dándole un gran beso en los labios. Bella también lo besó, ambos derramándose ahí, prometiéndose un "algún día". Segundos después, ella misma lo hizo alejarse—. Debes irte antes de que llegue Jane.

Edward la soltó a regañadientes, dejando un beso en su frente. Bella esbozó una pequeña sonrisa.

—Te diré en cuanto me haya deshecho de esas copias. Antes quiero asegurarme que no haya en casa de Esmerald.

—De acuerdo.

Esa noche, con el dije y el anillo de Bella como amuletos, Edward volvió a intentar adivinar la contraseña de Jane mientras ella dormía.

No descansaría hasta encontrarlas y liberar a su Bella de las garras de Jane y Riley.


¡TADA! Les adelante la actualización por que la próxima semana va a estar muy loca jajaja. ¿Como están? ¿Qué tal el cap? ¿Les gusto? ¡Por fin! Bella y Edward trabajaran en equipo pero, oficialmente, terminaron... Lo que sea con tal de que Jane no descubra su plan, ¿cierto? Espero que les haya gustado ;)

Gracias a saraipineda44, Yoliki, Maryluna, Smedina, Lupita Pattinson Cullen, Katty meyer, torrespera172, jupy, Beastyle por sus reviews en el capítulo anterior, y al resto de ustedes por leer. Nos vemos en el siguiente ;)

Annie. xx