Disclaimer: Los personajes de OUAT no me pertenecen, yo solo escribo por y para entretener.


Nunca Jamás. Tiempo atrás. Durante el coma.

Enséñame. —La voz tranquila de Malcolm irrumpió en las paredes húmedas y rocosas de la cueva. Un suspiro se escapó de mis labios. Era la centésima vez que repetía aquella sencilla palabra pero estaba empezando a colmar mi paciencia y la razón era porque no me dejaba concentrar. No podía meditar. Ni practicar, por lo tanto, aquel tipo de magia: el tantra. El tantra era un tipo de magia dedicada a la sanación; y necesitaba dominar aquello si quería traer a Peter de regreso. Pero eran horas de práctica ya que se necesitaba separar el alma del cuerpo, era una magia espiritual y antigua.

—Repíteme cómo es que sabes qué posees una pizca de magia. —Ordené con simpleza. Mis ojos estaban cerrados pero sabía exactamente dónde estaba Malcolm, podía sentirlo. Sí, Malcolm poseía una cantidad de magia que estaba bloqueada por alguna clase de hechizo. Lo que no terminaba por comprender es, que si sus poderes estaban sellados, cómo es que el chico sabía que la tenía.

—Simplemente lo sé.

Reí entre dientes y negué ligeramente con la cabeza. —Estás en la isla donde nace la magia ¿no te has puesto a pensar que tu magia nace de este lugar? No es por desanimarte pero aquí todos podrían utilizar los poderes que les regala Nunca Jamás si quisieran. Y entre esas personas estás incluido tú, Malcolm.

—Sí, Copo de nieve. — Soltó con su voz cargada de sarcasmo y burla, estaba molesto por haberle explicado aquello como si él tuviera cinco años. Sonreí de forma ladina. —Pero sé que la sientes, así que deja de jugar conmigo ¿por qué otra razón sigo aquí sino fuera así? Fácilmente pudiste deshacerte de mí.

—¿Será porque me cansé de enviarte al campamento la quinta vez que regresaste a la cueva? —Cuestioné de forma cansina. El chico había llegado por la madrugada a pedirme que le ayudara con su magia, me había negado y él, siendo tan terco, no me dejó en paz hasta que lo trasporte con magia hasta el campamento; lo que no me había esperado es que regresara a las cuevas del eco e insistiera otra vez, y muchas veces después de aquella.

—No me iré hasta obtener la respuesta que quiero. —Comentó con naturalidad. Escuché como sus ropas eran rasgadas al apoyarse contra las paredes de la cueva. —Espero que te agrade la compañía… — Sabía perfectamente que el joven era tan terco o más que yo y cuando se proponía algo buscaba cumplirlo a toda costa; no sabía si admirarlo o rematarlo y enterrar sus restos en el fondo de la cueva -tampoco es como si los niños perdidos fueran muy seguido a aquel lugar- sería el plan perfecto. —… ¿Te molesta si armo una fogata? Se hará de noche y pued-

—Bien. —Acepté con reticencia. Me levanté y observé la silueta de Malcolm iluminada por los pocos rayos de sol que aún se filtraban por la entrada de la cueva. Y, muy a pesar de que la oscuridad cubría su cuerpo, pude notar cómo se le marcaron los hoyuelos en las mejillas en una sonrisa triunfal y arrogante. Ugh, empezaba a arrepentirme de mi decisión.

Bien. —Repitió sin molestarse en cubrir el tono de suficiencia en su voz. Rodé los ojos. —¿Cuándo empezamos?

—Ahora. —Me acerqué a él y aparecí en mi mano un viejo libro con pasta delgada y desgastada. —Cuando lo termines de leer vendrás nuevamente a la cueva, antes no, y si no eres capaz de entender lo que dice no quiero verte aquí.

—¿Un libro? —Cuestionó con incredulidad. —¿No sería mejor… empezar con la práctica?

—¿Oh? ¿Ahora eres un experto en magia? —Musité con frialdad. El chico arqueó ambas cejas sin inmutarse por cómo me dirigía a él.

—No. —Soltó de forma recelosa. —Pero he escuchado que el Oscu-

—No estoy de acuerdo con las formas de enseñanza de Rumpel. —Aclaré suavemente después de escuchar su argumento. —Necesitas comprender la teoría para llevarla a cabo. No existe solo magia blanca o negra. Hay muchos tipos de magia. Puedes compararla con los distintos reinos que existen, cada uno es especial y único, y por lo mismo complejo y difícil de entender. Todos tienen su historia.

El chico me miró con aburrimiento mientras una fina mueca se dibujaba en sus labios. —¿No podemos empezar solo con un tipo de magia y luego…?

—No. —Interrumpí de forma brusca. —Si quieres que yo te enseñe entonces. —Le señalé el libro con el dedo índice. —Haz lo que te he pedido. —El chico bufo y sopeso el libro mientras lo hojeaba con pereza. —De todas formas no aspiro a que lo termines. Eres un niño. Tampoco espero verte nuevamente, al menos no por aquí ni con los mismos propósitos con los que entraste tantas veces a la cueva.

El chico de cabello castaño alzó el rostro para clavarme sus ojos esmeraldas. Había una clara advertencia en ellos y, sabía perfectamente, que había vuelto aquello un reto personal para Malcolm. El adolescente alzó la barbilla y estrecho los ojos. No dijo nada más. Cerró el libro con un brusco movimiento antes de salir.

Bien.

Paz y tranquilidad al fin.

Inframundo. Actualidad.

Sus labios se acoplaron perfectamente a los míos cuando Pan ladeó la cabeza para profundizar el beso.

Él ayudó a matar a Merlín. Te mintió y traicionó.

Sus dientes mordieron con delicadeza mi labio inferior y lo jaló levemente, soltándolo a la brevedad; su respiración chocó contra mi rostro. Me sentía abrumada, incapaz de responder a sus acciones pero tampoco hacía ni el mínimo movimiento de alejarme ¿Por qué se sentía tan bien besarlo a pesar de saber que era incorrecto?

Oh ¿Quizás porque estabas celosa del beso que le dio a Tigrilla y que él no le regreso pero a ti si te está besando? Aquella pregunta irónica y sarcástica formulada por mi voz de la razón rebotó en mi cabeza una y otra vez ¿Era por orgullo? ¿Solo eso?

El gruñido frustrado y molesto que brotó de la garganta de Pan me sacó de mis pensamientos, regresándome a la cruda y fría realidad. El adolescente afianzó mis muñecas y me atrajo más hacia su cuerpo.

Claro, déjalo tratarte como su puta; mi voz volvió a martillear mi cabeza con aquel comentario hiriente ¿Qué más da que te arrebate todo lo que te importa? ¡Anda, déjate manosear como Tigrilla! Tienes el tiempo contado ¿No? Porque ambas sabemos que ellos quedaron en verse más al rato.

Aquel pensamiento me orilló y permitió que mi cuerpo reaccionara en el segundo siguiente. Mis manos volaron a su pecho y lo empujaron para que se apartara de mí. De pronto mis acciones me repugnaban. Los ojos esmeraldas de Pan me examinaron con una seriedad inescrutable ¿Hace cuánto había esperado que lo alejara? Por la mirada vacía de sorpresa o molestia que me dirigía no le sorprendía mi reacción pero tampoco parecía importarle.

La rabia apareció, no por su acción cargada de suficiencia y arrebato, sino conmigo por habérselo permitido. Mis labios se volvieron una línea fina cuando los apreté con fuerza, no quería soltar todo lo que estaba guardando, no deseaba darle esa satisfacción también.

Le miré una última vez. Me zafé de su agarre con brusquedad al percatarme que sus manos seguían sosteniendo mis muñecas como si fuera mi carcelero. Lo rodeé pero cuando estuve a su lado Pan me sostuvo del antebrazo.

—Déjame. —Ordené con una falsa tranquilidad. Mi mirada se encontraba en el horizonte, no me moleste en mirarlo, no quería hacerlo.

—No. —Su respuesta fue firme y clara. No había duda en ella. —No te irás a ninguna parte, Rapunzel. No ahora, ni nunca. — Finalizó de forma imperiosa. Tragué fuerte cuando la bilis empezó a provocar un dolor en el estómago, me estaba enojando e impacientando. Su personalidad arrogante estaba acabando conmigo. —No lo permitiré.

Me reí de forma gélida. Le miré de reojo con toda la burla y malicia que estaba guardando pero al chico de cabello castaño no le parecía afectar cómo le observaba más bien parecía entretenido y curioso. —No es como si un muerto pudiese ordenarle algo a un vivo. —Le recordé. Aquel argumentó solo provocó que Pan rodara los ojos con incredulidad.

—¿Es lo mejor que tienes? —Cuestionó divertido. El adolescente alzó la barbilla y me jaló hacia él con más fuerza de la necesaria. Gruñí por lo bajo mientras buscaba zafarme sin discreción de su agarre. —Soy lo único que te queda.

Mi mandíbula se tensó en respuesta. Sentí como si una cubeta de agua helada hubiese empapado mi cuerpo. El chico me jaló hacia su cuerpo y me sostuvo contra su pecho al no poner resistencia. Sus palabras habían sido duras pero terriblemente realistas. No es que menospreciara al equipo de rescate o al autor, eran muy buenas personas, había pasado grandes ratos y experiencias con ellos pero no podrían llegar a entenderme ni la mitad de bien que Michael o Merlín. Quizás estaba siendo dramática pero así me sentía. Y hablando de sentir; mi ceño se frunció al percatarse de un pequeño pero muy grande hecho: en el pecho de Pan no se sentía ningún palpitar: no tenía su corazón.

Me separé de él lentamente. —Pan, no lo volveré a repetir: déjame ir. —Murmuré con los dietes apretados. El cansino suspiro que se escapó de los labios de Peter Pan provocó que un escalofrío viajara por mi columna vertebral por lo siguiente que hizo; el chico se acercó hasta mi rostro y se desvió lo suficiente para pegar sus fríos pero suaves labios a mi oído.

—Sabes tan bien como yo que a mí tampoco me gusta repetir lo que digo. —Musitó con voz grave pero molesta. —No me tientes; no me hagas perder la paciencia, Rapunzel, sabes de lo que soy capaz.

Me reí sin ganas. — ¿Capaz de morir por tus estupideces, egocentrismo y por tener complejos de superioridad? Oh, vaya, sí que sé lo que eres capaz de hacer. — Me burlé

Lo siguiente que supe es que mi espalda había chocado contra una fría y raposa pared de uno de los locales cercanos. Mis manos volaron a los costados de mi rostro siendo apresadas por las manos del monstruo de ojos verdes. Su pierna separó las mías, quizás recordando el arma que había utilizado en pasadas ocasiones para deshacerme de él, pero ahora me sería imposible en aquella incómoda y nada apropiada posición. —No digas que no te advierto, tú sola estás buscándolo, niña. — Alcé ambas cejas. Evitando a toda costa que mi rostro reflejara alguna emoción. No quería que él me leyera, yo sabía perfectamente las capacidades de Pan, y en ellas entraba el poder analizarme y ver más allá que los demás. Tristemente había dejado que el adolescente me conociera.

—Déjame ir, Pan. No tenemos mucho tiempo. — Mascullé. —Te conviene más a ti que a mí, y lo sabes, no lo niegues.

El adolescente me miró fijamente. Su rostro se encontraba serio pero podía notar el brillo malicioso en sus ojos esmeraldas. El chico hizo como si lo pensara antes de que una traviesa sonrisa se dibujara en su rostro. —No. —Pronunció lentamente y con tal simpleza como si se hablara del clima y no de su vida. —Actualmente hay cosas más importantes. — El shock me golpeó y, por milésima vez, no supe cómo reaccionar a aquello. Vale ¿dónde había quedado Malcolm? Aquel niño que solo se preocupaba por él y nada más ¿Quizás había alguna clase de cámara oculta? —Oh, no me mires así ¿Tan mala impresión te he causado? —El chico río entre dientes con oscura diversión.

Le miré unos segundos y posteriormente desvíe la mirada. Había estado tan enfocada en Pan que no me había percatado de los espectadores que se habían acumulado. Carraspeé con incomodidad ante las miradas curiosas que nos dirigían. —Pan, por favor, no quiero llamar la atención.

Escuché la risilla borbotear por los labios de Pan. —Deja que hablen ¿qué importa? Son simp-

—Las noticias vuelan. —Musité por lo bajo, regresando mis ojos a los suyos, dándole una significativa mirada.

—Hades. —Murmuró por lo bajo. El chico suspiró quedamente antes de alejarse y liberarme con cierta reticencia. —Estaba bastante a gusto escuchando el acelerado latir de tu corazón; de cerca pude apreciar como tus mejillas se pintaron de un color rosad- —Las palabras burlonas y sarcásticas de Pan se quedaron atoradas en su garganta cuando mi rodilla viajó a su entrepierna. El adolescente llevó sus manos a aquella zona y se encorvó ligeramente por el dolor.

El murmullo de la gente presente se hizo más fuerte. —Verás Pan, tenías razón y dejaré que hablen ¿qué importa? —Solté con inocencia mientras me alejaba de él. —Al fin y al cabo pronto estarás en la boca de todos. Y no de la forma que te gustaría, oh y sí, espero también que estés mejor para al rato cuando vayas a ver a Tigrilla. Sería una pena sino… —Miré sobre mi hombro evadiendo su colérica mirada para centrarme en la zona lastimada. —… pues… funcionara aquello. —Musité antes de volver a girar mi rostro para desaparecer entre la multitud que se había conglomerado.

Nueva Orleans. Años atrás.

—Casi han desaparecido las estrellas. —Comenté suavemente mientras veía el cielo nocturno decorado de forma difusa con el brillo de las pocas estrellas que se dejaban vislumbrar a esa hora; no era de esperarse que la más notoria fuera la estrella azul, la única que, de forma misteriosa, te podía llevar a otro reino mucho más miserable que en el que se encontraba: Nunca Jamás.

—Contaminación. —Repuso el niño de trece años que se encontraba sentado en aquella fría banca del parque junto a mí. Le miré de reojo. Sus facciones respingonas pero un tanto rasgadas le daban una apariencia un tanto oriental. — ¿No?

—Así es, Draco. —Murmuré por lo bajo. El niño de ojos ámbar giró su rostro para observarme fijamente. Su cabello alaciado y negruzco tapaba la mitad de su rostro. Reí suavemente y dejé sus mechones detrás de su oreja para que dejaran de taparle la cara.

—No sé porque no te has ido a cortar el cabello. —Murmuré por lo bajo mientras le acariciaba la mejilla. El chico se encogió de hombros.

—Y yo no sé porque has venido. —Repuso sin intenciones de ser frío, solamente por mera curiosidad.

Me reí ligeramente sin poder evitarlo. — ¿Cómo te llevas con Tiana? ¿Es buena contigo? —Cuestioné para cambiar de tema rápidamente más el chico notó el hecho de que quería evadir la conversación, es decir las razones de mi visita a Nueva Orleans.

—Lo es. —Respondió el chico mientras balanceaba sus piernas. —Me dijo que consiguió un trabajo en Nueva York. —Le miré con viva curiosidad. —Entonces solo queda que decida si nos mudaremos o no.

—¿Y tú quieres irte? —Cuestioné tras un momento de silencio.

—No sé. —Respondió en brevedad. Sus ojos ambarinos buscaron los míos. —En la escuela me llaman raro. —El niño hizo una mueca de disgusto. —Pero las cosas empeoraron cuando un día… —El pequeño paró y exhaló lentamente. Sus ojos brillaron intensamente por las lágrimas que contenía. —… No quería, te lo prometo, no quería lastimarlo… —El chico se abalanzó y me abrazó con fuerza mientras callaba sus sollozos contra mi gabardina. Suspiré y lo rodeé con mis brazos en un tierno abrazo.

—No pasa nada ¿Qué sucedió? ¿Qué te hizo molestar tanto, Draco?

—Ellos… estaban leyendo el viejo cuento de Rapunzel, y mencionaban al dragón que custodiaba la torre, me preguntaron si… —El chico no pudo terminar la oración porque se le rompió la voz. Le apreté con más fuerza hasta que el niño trepó a mi regazo y se sentó sobre mis piernas, buscando mi consuelo, buscando el consuelo en la asesina de su madre.

Sí, Draco era el hermano de Mushu, su madre había sido la guardiana ancestral de la familia Fa. Él era uno de los tres dragones que robé hace siglos por órdenes de Nimue.

—Tengo algo para ti, Draco. —Le miré directamente a los ojos. Los enrojecidos y empapados del pequeño lucharon para enfocar mi rostro pese a las lágrimas que manchaban su rostro. El dorso de mi mano quitó el exceso de sus mejillas. —Es de parte de tu madre. —Ante la mención de su figura materna los ojos del niño crecieron de forma desmesurada. Con sus pequeñas manos empezó a apartar las lágrimas que descendían todavía por los costados de su cara.

—¿Qué es? ¿Cuándo te lo dio? ¿Ella está v-

—No. —La respuesta que le di fue rotunda. La momentánea esperanza que avivó el brillo en sus ojos desapareció tan rápido como había aparecido. —Lo siento. —Musité un tanto tensa. —La vi hace mucho tiempo, pero no sabía cuándo estarías listo.

—¿Qué te hace pensar que ahora lo estoy? —Cuestionó con voz ronca y ansiosa. —¿Son esas raras premoniciones tuyas?

—Algo así. —Musité por lo bajo. —Tengo la ligera intuición que el puñetazo que le diste a tu compañero cuando leyó ese cuento… —Empecé al tiempo que las mejillas del chico adquirían un tono carmín provocado por la vergüenza de haber hecho tal cosa. —…no es lo único que has estado haciendo y ocultando a Tiana ¿no es así?

El niño desvió su mirada e hizo un puchero. Empezó a mover las manos de forma nerviosa pero no se movió de mi regazo. —Si ya lo sabes ¿por qué me preguntas?

Solté un suave suspiro. —Porque por lo visto no te gusta estar con Tiana. — Los ojos desorbitados del niño buscaron los míos cuando giró bruscamente su cabeza, pegándome con sus largos cabellos oscuros.

—¡No! — Exclamó de forma tosca. Su voz saliendo desgarrada. —No es así. —El chico carraspeó y me miró avergonzado. —Es… todo sucedió un día que discutí con ella... Miraba por la ventana y entonces lo escuché. —El niño tenía una mirada soñadora. —La flauta sonaba tan dulce, tenía la sensación que podría ser la voz de mi mamá cantándome. —Alcé una ceja en forma de interrogación. —Porque en ese momento me deje de sentir solo. —Aclaró al verme.

—¿Y después qué sucedió? —Cuestioné de forma suave. Mi mirada se ensombreció ligeramente. Mis motivos de la visita eran asegurarme que Draco estuviera bien. Había visto por medio de mis premoniciones que Pan lo venía a visitar. Más no entendía las razones. Draco había podido escuchar la flauta sin haber soñado, eso quería decir que él había venido. Seguía buscándome. Después de haberme marchado de Nunca Jamás con ayuda del capitán Garfio no había parado de rastrearme. Lo que no entendía es cómo había averiguado mi conexión con este niño. Tampoco entendía cómo podía utilizar a Draco.

—Una sombra. —Su voz sonó ahogada. Miré el pavor reflejado en sus ojos.

—¿La sombra?

—¡Sí! — El niño exclamó y se separó de mí en un brinco. —¡Mírala! —Draco señaló con sus finos dedos un borrón oscuro que atravesaba el cielo nublado. Al girarme me percaté del par de destellos que eran los ojos de la sombra. Su sombra. —¡Corre, viene hacia acá, corre Rapunzel!

Detuve a Draco del antebrazo. —No. —Repuse sin perder de vista a la sombra. —No corres de tus problemas, Draco, los enfrentas. —Me incliné para quedar a su altura una vez me paré del banco. —¿Sabes por qué te puse Draco? — El chico negó con la cabeza frenéticamente. Dudo mucho que el niño me escuchara, él estaba más preocupado por no ser arrastrado por la sombra. —Por… — que lo eres. El fuego azulado que nació de la palma de mi mano llamó la atención del chico. Soplé sobre esta y sus llamas se dirigieron al cuerpo del niño que reaccionó y se cubrió el rostro. Las llamas rodearon el cuerpo del pequeño antes de fusionarse con él. —Ese poder le pertenecía a tu madre, Draco. Y a lo que más temen las sombras es a la luz. Úsala.

—¡No sé cómo! —Exclamó alarmado el niño. En ese momento sentía la fría y lúgubre mano de la sombra colocarse sobre mi hombro.

—Bien, bien; Pan estaba en lo correcto. —Su voz fantasmal provocó que le mirase de reojo. Sus ojos brillaban como un par de antorchas en medio de la oscuridad. —¿Deberíamos ir?

—¿Ir? —Cuestioné con inocencia a la figura. —No tengo que ir a ningún lado y menos contigo.

La risa fúnebre de la sombra se escuchó un tanto forzada. —¿Estás segura?

Mis labios se abrieron para responder pero se cerraron al segundo siguiente. Una nueva aura se encontraba en aquel parque. Y supe quién era sin necesidad de girarme.

—Rapunzel. —La voz trémula de Draco se escuchó con un retintín de pánico.

—Bueno, quizás con mi sombra no, pero conmigo no puedes negarte.

Su voz provocó que mi corazón diera un vuelco. Moví mi hombro bruscamente para que la sombra me soltara. Giré lentamente mi rostro, tomándome aquellos valiosos segundos para idear algo, no podía dejar que él ganara.

—Pan. —Mi voz sonó monótona. Incluso me sorprendió por la falta de emoción que no se desprendió del tono de mi voz. Sus iris color esmeraldas estaban más oscurecidos que de costumbre. Las ojeras debajo de sus ojos provocaban que estos se viesen chicos y hundidos. Un silencio se extendió en el parque. El niño temblaba bajo las manos de Pan, las cuales estaban en sus hombros, éstas le agarraban con firmeza e incluso con algo de brusquedad innecesaria.

—Siempre he sabido que tienes un punto débil por los huérfanos. —Soltó con repulsión. —Como odio que ellos tengan más poder que tú.

Inframundo. Actualidad.

—Un poco ruda ¿no?

Rodé los ojos cuando escuché su voz por milésima vez en el día. Mis piernas se balanceaban de forma descuidada en el muelle. El agua parecía demasiado tranquila e inofensiva, al menos para .

—¿Te divertiste con la escenita que armaste? —Cuestionó de forma seca. Sus pasos se escuchaban firmes contra la madera que crujía conforme se acercaba a mí.

—¿Quieres la verdad…?

Escuché su bufido. —Era una pregunta retórica. —Soltó tranquilo aunque mordaz.

—Lo sé.

Podía sentir su presencia detrás de mí. —No deberías estar demasiado cerca, bien sabes que ese es el río de las almas perdidas ¿no? Acabas de ver lo que sucede a quienes lo tocan. —Rodé los ojos ante sus palabras.

—¿Preocupado, Pan? —Interrogué con voz melosa. Podía ver su reflejo en el agua. Su mirada estaba clavada en el mar también. Sus ojos inexpresivos y sus facciones tranquilas.

—Ni un poco. —Comentó antes de agacharse. Escuché su respiración cerca y su aliento chocar contra mi cuello. —Pero tú, en cambio…

Todo sucedió demasiado rápido. Cuando sus manos tocaron mi espalda pude verlo. Las imágenes que cruzaron en frente mío como una película me desequilibraron y provocaron que perdiera el equilibrio. Mi cuerpo sintió un frío calar hasta mis huesos, y no solamente porque realmente estaba hundiéndome en el río de las almas perdidas, sino porque el futuro estaba arrastrándome lejos del presente.

El Aprendiz estaba hablando con Henry; Emma se encontraba con Hades; La reina come niños hablando con Cruela; Rumpel encerrando a Bella en la caja de Pandora; Yo estaba discutiendo con Morgana; pero sobre todo, lo que más me impactó fueron dos hechos que tenían que ver con Pan, él volviéndose parte del río de las almas perdidas después de que Rumpel le regresara su corazón y a Peter hablando con Merlín.

El curso del futuro se cortó cuando mis pulmones se empezaron a llenar de agua. El presente me jaló y provocó que empezara a luchar por salir del agua. Mis ojos veían borroso a pesar de tratar de enfocar para buscar la salida hacia la superficie. Pero no podía; nadaba y pataleaba pero mis intentos eran vagos e inútiles. Algo me jalaba hacia la profundidad

No nos abandones. No de nuevo.

Las voces melancólicas resonaron en mi cabeza una y otra vez; y muy a pesar de que fueran peticiones más bien parecían órdenes

No te vayas.

Las voces empezaron a ser gritos y la fuerza que me jalaba hacia abajo empezó a aumentar. Mis intentos desesperados por salir se hicieron más débiles cuando la inconsciencia empezó a tomar juego en todo aquello. Entonces un recuerdo me golpeó y las palabras de Peter tuvieron sentido solo hasta ese momento "siempre he sabido que tienes un punto débil por los huérfanos. Como odio que ellos tengan más poder que tú."

La fuerza con la que salí del río no fue provocado por mi culpa, ni por mis esfuerzos. Pero bien sabía quién había conjurado aquel hechizo para sacarme del agua: el mismo que me empujó al río.

Los dedos de la mano de agua que me dejaron sobre la madera del muelle, al comprobar que me habían dejado sobre una superficie sólida, regresaron al río para desvanecerse y volver a su estado líquido. Aquella mano gigante me había impulsado y sacado del agua.

Mi garganta estaba lastimada. Mis ojos aun no podían enfocar. Y mi pecho ardía como mil infiernos. Sentí más frío aun cuando el viento golpeó mi empapada ropa.

—¿Qué has hecho? —Mi voz sonó rota. No solo por mis recientes condiciones. Sino porque ni podía verlo a los ojos pero me forcé en hacerlo. —¿¡QUÉ HAS HECHO!?

El chico se limitó a alzar ambas cejas. —¿Salvarte? — Soltó con normalidad. Me levanté con torpeza antes de ir hacia él. Pan dio los mismos pasos hacia atrás que yo di hacia adelante. —Hey, Superchica, no todos somos inmunes a… bueno… ese tipo de agua. —Me detuve en seco.

En mi visión él hablaba con Merlín. Lo había visto haciéndolo. Eso significaba que se conocían. La familiaridad con que intercambiaban palabras no era de un par de extraños acabándose de conocer. Pero no era eso lo único que había visto. Pan moriría de una vez y por siempre si Rumpel llevaba a cabo sus planes.

—Morirás por eso, Pan. —Musité por lo bajo recordando cómo el Oscuro le había tendido una trampa a Peter Pan. —Por volverte un ser vanidoso, arrogante y… —El chico rodó los ojos y se llevó los dedos al puente de la nariz en un gesto de exasperación. —… y un mentiroso innato.

—Gracias, siempre son bienvenidas las amenazas, amor. —Comentó sardónico. Sus labios formaron una mueca intentando ocultar una sonrisa. —Aunque debo volverlo a decir, ya estoy muerto, dudo mucho que puedas matarme.

Le miré de forma escéptica. —No te estaba amenazando, Pan. —Gruñí. El chico alzó una de sus cejas mientras me miraba expectante.

—¿Entonces es una promesa?

—No, es un hecho. —Solté con sinceridad. —Pero no será por mis manos, sino por las de tu querido hijo, algún trato habrás echo para que Rumpel te haga eso.

Peter soltó una risa al saber de lo que estábamos hablando; se cruzó de brazos para acomodarse contra un farol que empezaba a tintinear para iluminar el muelle. El atardecer empezando a regalar los últimos rayos del sol. —Gracioso. —Comentó con tranquilidad. Sus ojos se desviaron y miraron al horizonte. — ¿Por qué dejaría que mi hijo me matase? ¿Me crees tan estúpido? —Las palabras las arrastró mientras se vislumbraba el sarcasmo impreso en ellas. — ¿Crees que confiaría mi vida en alguien tan cobarde con Rumpel? Vamos. —El niño perdido rodó los ojos en un gesto de hastío. —No dejaría que ese viejo tuviese la mínima oportunidad de tocarme; sé que él tomaría ventaja de ello.

Mis ojos se estrecharon ante sus palabras. —Bueno, claramente, en el futuro él podrá tocarte. Y como dije, tu suficiencia será tu fin. Te volverás parte de eso. —Mi dedo pulgar señaló por encima de mi hombro, hacia el río de las almas perdidas. —Un corazón impregnado de ello tocará tu pecho y será demasiado tarde.

Su rostro no se inmutó. Tampoco me dijo nada después de ello. El sol se fue escondiendo poco a poco hasta que la luz proveniente del farol se limitó a iluminar las sombras que impregnaron el lugar. Pan se movió con agilidad y al segundo siguiente él me había aventado con pereza su saco. No me miró; nuevamente no soltó palabra alguna. Me dio la espalda y yo solté un suspiro. Pasé mis brazos por las mangas hasta acomodarme la prenda. Olía a él; a menta, a crisantemos y a hierba rociada por gotas de lluvia. Tuve el impulso de quitármela pero controlé mi cuerpo para que no hiciera tal acto infantil.

Pan giró ligeramente el rostro para verme sobre su hombro. El chico alzó una de sus cejas en arrogancia después de quedarse mirándome por más del tiempo necesario. Rodé los ojos por centésima vez antes de andar en su dirección. Cuando Pan observó que me dirigía hacia él, él volvió a mirar hacia el frente y encaminó la marcha.

Él estaba esperando por mí para que le siguiera.

Y tenía la ligera impresión de que no podría deshacerme de él tan fácil.

¿Qué juego estás ingeniando ahora, Peter Pan?

Nunca Jamás. Años atrás. Tercera persona POV.

Campanilla cambiaba su peso de un pie a otro constantemente. Cualquier persona observadora podía notar el nerviosismo en el hada. Sus manos estaban entrelazadas frente a su pecho y jugaba con sus dedos de una forma que fingía ser casual. El bosque de Nunca Jamás la inquietaba más que de costumbre y tenía sus razones. Pan la había citado a un costado de la laguna de las sirenas y era de lejos el lugar favorito de la chica sin alas.

—¿Te encuentras bien? —Cuestionó la voz divertida y maliciosa del líder de los niños perdidos, quien estaba oculto entre la maleza y observaba con detenimiento cada movimiento realizado por Campanilla.

— ¿Realmente importa? —Regresó el hada de forma defensiva, obteniendo únicamente la risilla jovial y oscura del gobernante de aquel lugar. — ¿Qué quieres, Peter? Tengo cosas que hacer ¿sabes?

—¿Cómo qué? No es como si tuvieras alguien con quien pasar el rato. —El chico se burló cruelmente de la chica, sabiendo de buena fuente que Rapunzel se había vuelto amiga cercana del hada y, tras su partida, aquello le había sentado terriblemente a aquel ser mágico. El gesto incrédulo y dolido que gobernó en las facciones de Campanilla solo comprobó la teoría de Peter Pan: ella podría darle las respuestas que él necesitaba.

—No sé de qué estás hablando. —Comentó con inusual tranquilidad la joven. Sus facciones trataron de componerse para que sus palabras expresaran lo mismo que su cuerpo; el intento fue en vano pues Pan ya tenía lo que necesitaba.

El adolescente solo entonces salió del espesor del bosque. Campanilla se giró inmediatamente al escuchar un ruido provenir detrás de ella. Sus ojos se toparon con los cínicos de Pan. —Sabes que no me agrada que me oculten cosas, Campanilla. — Peter se recargó en el tronco que tenía a un lado suyo mientras se cruzaba de brazos y arqueaba las cejas de forma retadora cuando notó que el hada abría la boca para defenderse. —Y si sabes lo que te conviene, me dirás la verdad ¿no es así? — El suave e inquisitivo tono de voz que usó Pan solo provocó que el hada diera un paso hacia atrás de forma inconsciente.

—¿Qué quieres saber? —Cuestionó el hada mientras buscaba recomponer sus facciones; Campanilla sabía que no podía dejar que le analizara. Lo que sea que Pan quisiera saber conllevaba a que no se tratara de algo bueno y menos si se trataba de cierta chica rubia.

—¿Por qué la defiendes todavía? —Interrogó Pan mientras estudiaba detenidamente a la chica que se encontraba a escasos metros de él. —Es decir, ella te abandonó ¿qué lealtad se puede merecer después de eso? — Peter se relamió los labios al percatarse que esas palabras no eran simplemente para la chica, sino también iban dirigidas a él, Rapunzel también lo había dejado a él.

—No tengo la información que necesitas, Peter. —El hada soltó rápidamente, demasiado rápido, aquello solo hizo que el comentario sonara todo menos casual. La chica, al percatarse de ello, carraspeó y eso provocó una nueva risilla sardónica proveniente del chico de cabellos castaños. Él le dirigió una mirada de advertencia a pesar de la suave sonrisa que se vislumbraba en su rostro. —Yo… — La chica miró al adolescente y luego a sus costados, midiendo las posibilidades que tenía para escapar de aquello ilesa.

—Sería un buen juego. —Comentó Pan de forma desinteresada al observar la mirada ansiosa del hada; parecía un ratón encerrado en una trampa, buscando una salida cuando no había ninguna, y aquello lo estaba disfrutando de sobremanera el niño perdido. —Pero tú y yo sabemos cómo terminaría eso. — Campanilla no parecía escucharlo porque al segundo siguiente se giró y empezó a correr. Pan borró su sonrisa de inmediato y al segundo siguiente estaba enfrente del hada que se vio obligada a parar su carrera de forma brusca al toparse con su enemigo.

—Peter, por favor… —Al hada le dio tiempo de detenerse antes de chocar contra él. La joven dio unos pasos hacia atrás mientras alzaba las manos a la altura de su pecho. —Te ayudaré con lo que sea, pero eso no, no me hagas traicionar a mi amiga, por favor. —Suplicó el hada con los ojos cristalinos. El hada se rehusaba a hablar y darle la espalda a Rapunzel, todo por ser la primera amiga que no la había traicionado de verdad. Campanilla sabía porque la aprendiz no se había quedado en Nunca Jamás, pero se rehusaba a contárselo a Pan. No podía hacerlo.

—Déjame pensarlo… —Pan rodeó al hada hasta el punto en que el chico quedó a un costado de la chica. Campanilla giró el rostro para observarle con una mirada lamentable. —… No. —Peter alzó el brazo con su mano extendida y arrojó (con su magia) al hada hacia la laguna de las sirenas. El grito que provino del hada posiblemente había desgarrado su garganta pero aquel sonido se apagó cuando la chica se hundió bajo el agua. Pan silbó con fuerza y en un dos por tres la laguna se vio rodeada por los niños perdidos. Tres de ellos se acercaron a la orilla, entre ellos Félix, quien fue el encargado de tomar la mano del hada cuando ésta salió a la superficie y jalarla hacia tierra firme. Campanilla tosía con fuerza y quiso apartar las manos que se abalanzaron sobre ella, pues buscaban arrastrarla frente a Peter. Pan miró de forma severa al hada cuando estuvo frente a él. —¿Aún te quedan ganas de jugar, hada sin alas? — La chica lo miró a pesar del picor que sentía en sus ojos; no se iba a dejar intimidar por él. —Bien. —La voz sombría de Pan provocó que los nervios aumentaran en la chica, especialmente por el tiempo que se tomó Peter en pronunciar las siguientes órdenes a los niños perdidos. —¿Qué tal un juego, niños? —Hubo gritos llenos de emoción que retumbaron como bombas en el hada; su cuerpo se tensó al ver el peligro y su instinto le impulsaba a parar aquella sensación: la de sentirse vulnerable y débil.

—No me sorprende que te abandonara, Pan. —El hada escupió su nombre como si fuera una maldición. El líder de los niños perdidos le observó con fingida curiosidad. —Y para todos ustedes va lo mismo ¿quién quisiera pasar el resto con su vida co- ?

Hubo sonidos reprobatorios y gruñidos provenientes de los niños perdidos. —¿Ahora es Pan? —Cuestionó con burla el líder, interrumpiendo al hada, mientras desenvainaba su cuchilla. El hada se tiró hacia atrás al ver su reflejo en el filo de la hoja de la daga. —No te preocupes, Campanilla. —Repuso Peter con voz conciliadora, como si realmente buscara tranquilizarla y hacerle ver que él no buscaba hacerle daño. —Te prometo que será un juego divertido. —La daga fue alzada y al segundo siguiente los niños se abalanzaron sobre el hada. Los gritos de la chica se esfumaron cuando Pan les dio la espalda; el chico supo que los niños se habían llevado a la joven al bosque de Nunca Jamás. —Un juego muy divertido. —Murmuró con una mueca que se transformó en una sonrisa maliciosa.

—¿Pan?

—¿Qué sucede, Félix?

—Yo… —El segundo al comando parecía buscar las palabras adecuadas para expresarse; el chico de cabellos rubios sabía que su líder no estaba de buen humor a pesar de lo que pudiese aparentar. —… creo hacerme una idea de quién podría saber sobre Rap… —El segundo al comando tomó una bocanada de aire y se corrigió poco después. —Sobre ella.

Pan giró su cabezo ligeramente, solo para observar con acritud a su mano derecha, el líder alzó una ceja al ver que Félix no continuaba. —¿Y bien?

—En el país de las Maravillas hay dos… —El chico parecía tener problemas para hablar sobre su pasado y aún más sobre su país natal. —Ella solía tener una relación muy sólida con el conejo blanco y Cheshire. —Félix miró directamente a los ojos a Pan. Lo cierto es que su líder no le intimidaba pero si le guardaba gran respeto. —Y tenía unos complicados lazos con la Uruga. Puede que te sea de ayuda. —La mano derecha de Pan se encogió de hombros ligeramente.

Peter asintió levemente mientras procesaba la información recibida. — ¿Algo más? — Solo en ese momento Félix desvió la mirada. Los ojos de Peter destellaron en realización; su segundo al comando sabía algo que podía darle a él la ventaja pero aun así se rehusaba a contárselo, eso solo le intrigó aún más ¿qué podría ser tan importante como para que Félix dudara en decirle o no? —Sabes que puedes decirme lo que sea, Félix. —La voz de su líder sonó calmada y su mano apretando ligeramente el hombro del chico solo fue para alentarlo a decirle lo que sea que estuviese ocultándole. —Entre nosotros no hay secretos ¿recuerdas?

Los ojos grisáceos del segundo al comando lucían consternados cuando se toparon con los verduzcos de Pan. —Es su padre, Merlín.

Pan se relamió los labios y frunció el ceño ¿tanto lío por eso? ¡Si eso él ya lo sabía! — ¿Quién? — Félix no podía hablar en serio ¿De verdad Rapunzel seguía empecinada en liberar a su padre y forzar las cosas para que eso sucediera? Estaba muy decepcionado y molesto.

—Ella me dijo un día, Pan, que tenía que ir a ayudarlo. No sé la historia completa; ella nunca ha dado detalles de su familia. —El joven de ojos grises rodó los ojos. —Es decir, ni si quiera sabemos su nombre completo.

—Yo sí. —Murmuró por lo bajo Pan. —Rapunzel Vivian Blumediori.

Félix se le quedó viendo por un largo rato. No entendía cómo era posible que su líder conociera un dato desconocido por casi todos. —No estás jugando ¿cierto? —Cuestionó Félix solamente para comprobar que su líder no estuviera jugándole una broma.

—Oh, Félix. Yo sé todo de todos lo que habitan en ésta isla.

—Pero no sabes dónde está. —Comentó Félix lo obvio. Pan rodó los ojos ante la incapacidad de su segundo al comando de pensar más allá. —Es decir, si lo supieras ella ya estaría aquí.

—Que inteligente, Félix. No lo había notado. —Repuso Pan con sarcasmo. —La última vez que supe de ella fue cuando visitó Oz. —Musitó Peter por lo bajo. —Después solo… desapareció —Soltó frustrado. El antebrazo del líder se apoyó contra un tronco cercano y descanso su frente sobre este. —¿Dónde pudo haber ido?

—Si eso ya lo sabes ¿qué necesitas de Campanilla? —Cuestionó Félix.

—Oh ¿de ella? —La sonrisa volvió a aparecer en Peter Pan. —Solo necesito darle un poco de motivación para que la encuentre, aunque no tenga alas sigue siendo un hada, Félix. —Murmuró Pan con un tono aburrido. —No necesito que me diga lo que sabe, sino que trabaje para mí; de una u otra forma sería lo mismo para ella, traicionar a su querida amiga.

—¿Entonces por qué le decías que te dijera la verdad?

—Porque, Félix, necesito que no me oculte las cosas. Lo que quiero que haga requerirá que me cuenta cada mínimo detalle. Sin guardarse absolutamente nada.

—¿Y qué es eso que necesitas que haga que no puedas hacer tú? —Cuestionó con interés el segundo al comando.

—Ya verás. —Se limitó a responder Peter con una misteriosa sonrisa.

Inframundo. Actualidad.

El danzar de las llamas; el chisporroteo de la madera que indicaba como se consumían los troncos, mientras crujían en la chimenea, era lo único que quebraba el silencio.

Acerqué mis piernas al pecho mientras afianzaba el saco húmedo contra mi cuerpo. El mullido sofá se sentía suave y confortable contra mi cuerpo pese a la incomodidad que reinaba en el salón trasero de la casa de empeño del señor Gold.

Mi mirada estaba fija en el fuego, ni si quiera cuando Pan entró al lugar aparté la mirada para prestarle atención al chico, simplemente había optado por ignorarle y perderme en el millar de pensamientos que bombardeaban mi cabeza de forma incesante.

¿Cuál sería el verdadero significado de lo que vi? ¿Por qué pude echarle un vistazo al futuro cuando Pan me toco? Normalmente me llevaba horas de concentración para lograr encaminar mi magia hacia esos propósitos y hasta hace poco solo fue suficiente un roce, un toque de él. ¿Qué significaba eso? Mi padre no podía ver el futuro siempre que se trataba de Nimue pero ahora se me había facilitado ver premoniciones por culpa de Peter Pan ¿Por qué?

—Te quebrarás la cabeza, como siga saliendo humo de ella, si le das tantas vueltas al asunto. —Comentó Pan de forma desinteresada cuando dejó, a un lado mío, un vestido color canario sobre el sofá. Miré los detalles de encaje blanco en las mangas de tres cuartos y en la falda del vestido (en esta zona se le hacían olanes curveados en dirección horizontal). Mis ojos se desviaron de la prenda hacia el tapete con espirales negruzcas con fondo carmín.

Dudé un momento, no sabía si aplicarle la ley del hielo o intercambiar un par de palabras con él, cualquiera de las dos opciones traía sus beneficios y sus contras. —A veces son mejor compañía mis pensamientos que las personas. —Musité por lo bajo. Pude notar como el chico arqueaba una ceja ante mis palabras y después ponía los ojos en blanco; no obtuve respuesta, en cambio Pan se alejó y se sentó en una silla cerca del viejo escritorio, después empezó a escribir en una hoja en blanco. Me levanté y me deshice del saco que a éstas alturas ya estaba húmedo y solo me provocaba frío en la espalda. —Creía que tenías una reunión ¿no se te hace tarde? —Cuestioné al tiempo que me cruzaba de brazos.

Pan nunca dejó de escribir pero me percaté de cómo la comisura de su labio ascendía ligeramente. —Puede ser. —Soltó de lo más tranquilo. Me mordí la mejilla interna al sentir el inicio del revoloteo de las mariposas, pero no cualquier aleteo, sino uno violento y nada agradable.

—Mmm. — Miré hacia el lado contrario y, movida por un impulso, decidí ir a la entrada de la tienda. Me paré frente al mostrador y apoyé mis codos en el cristal del mueble de la recepción. Mis manos ocultaron mi rostro en un gesto de exasperación por mis reacciones, mis estúpidas y celosas reacciones. Hubo otro momento de silencio y posteriormente volví a escuchar el bolígrafo deslizarse por el papel, Pan había parado de escribir y se había asegurado de que no saliese de la tienda antes de regresar a lo que sea que estuviera haciendo. —Maldito demonio controlador. —Mascullé contra mis manos, más frustrada que antes. Su risa se escuchó ligera y llena de suficiencia a pesar de la distancia.

Dejé que los latidos de mi corazón se fueron tranquilizando hasta alcanzar su ritmo regular. Miré a mí alrededor y mi mirada se detuvo en el centro de la tienda; ahí, ahí lo había visto morir. Una sensación caótica me embargó, era bastante complicado el describir aquella sensación, pero a pesar de que me hubiese gustado que fuera de alegría no se sentía nada cercano a eso; ¿Disgusto? ¿Molestia? ¿Angustia?

Sea como sea había hecho un trato con Pan y debía traerlo de vuelta a mi mundo. Si el agua del río de las almas perdidas lo tocaba iba a dificultar mi trabajo y podría llevar siglos encontrar una solución a ese problema. Rumpel podía ser un cobarde, como había dicho el adolescente, pero seguía siendo un hechicero poderoso y astuto, y por lo mismo un rival bastante complicado con el cual lidiar. Tenía que pensar las cosas con cuidado. Si no podía cambiar las cosas, en el peor de los casos, tendría que encontrar una forma de revertir los efectos del río de las almas perdidas; tendría que encontrar un antídoto o al menos hacer inmune a Pan. Los efectos del agua se podían contrarrestar; ¿por qué? Porque el río de las almas perdidas era un ingrediente original en la poción de la perdida de recuerdos, más no provocaba la muerte de quien lo bebía, simplemente se mitigaba ese efecto si se agregaban otros ingredientes a la poción. Ahora solo necesitaba conocer la combinación de ingredientes para que Pan no sufriera daños colaterales o en el peor de los casos: la muerte.

¿Qué podría ser?

Podría… podríamos poner la esencia de la magia de una furia, de un demonio del Inframundo. Aquellos seres recolectaban las almas por un pago que no se hizo; aquello podría simbolizar el rescate del alma del río del inframundo, aunque no sería suficiente, podría servir. Luego agregaría tisana, por sus efectos medicinales junto con artemisia absinthium (es la madre de todas las hierbas); recuerdo cuando me regaló una Ares, tiene propiedades medicinales muy poderosas. ¡Ah! Y raíces de Asfodelo (la utilizó Maléfica en su maldición del sueño) pero también sirve para mantener a un cuerpo en la línea de la vida y la muerte…

—¿Qué tanto piensas ahora?

La voz de Pan detuvo todo lo que mi cabeza estaba procesando. Gruñí ligeramente por la frustración y al segundo siguiente abrí los ojos para cruzarme con los esmeraldas que me miraban con diversión y viva curiosidad. —¿Importa? ¿Has acabado lo que tenías que hacer? —Cuestioné alejándome del mostrador ya que Pan estaba del otro lado, frente a mí, con los codos apoyados sobre el cristal y a muy poca distancia.

—De no estarlo no estaría aquí. —Repuso con simpleza. —Pero, de nuevo, no has contestado mi pregunta. —Recalcó con una pequeña pero traviesa sonrisa torcida. —¿Pensando en mí, quizá?

Puede ser. —Cité sus palabras de hace un rato. El chico ensanchó su sonrisa y se relamió los labios. —Pero, para ser concretos, sería en cómo puedo salvarte de tu idiotez. —Musité con sorna antes de que él se imaginara otras cosas: como el hecho de estar pensando en él de una forma romántica. —Tratando de pensar en un antídoto contra los efectos del río de almas perdidas. —Mascullé.

Peter Pan me miró unos segundos de forma intensa, aquello me empezó a incomodar cuando los segundos se empezaron a alargar más de lo normal, y no pude evitar desviar la mirada. Él estaba analizándome de nuevo. Quizás buscando las razones por las cuales luchaba porque él no sucumbiera a los trucos de Rumpel o el hecho de que siguiera empeñada en cumplir la promesa que le hice.

—Confía. —Soltó con más seriedad de la que le escuché jamás. —No sé cuántas veces te lo he repetido. Siempre has estado sola, pero no ahora, no lo estás más y no necesitas preocuparte… —Bufé ante aquella última palabra y le miré escéptica.

—No me preocupo. —Solté con los dientes ligeramente apretados. —Y menos por ti, ya te lo he dicho, mis pensamientos son mejor compañía que las personas, en muchas ocasiones.

—… encontraremos una solución, juntos. —Continuó Peter como si jamás hubiera dicho nada. Ignorando completamente lo que le dije. —Mira. —Prosiguió al notar que de mis labios no saldría nada más; es decir, tampoco lo iba a interrumpir. Alcé una ceja de forma expectante y él sonrió de forma enigmática antes de alejarse del mostrador y encaminarse a una de las estanterías. —Alguien me dio esto hace un tiempo. Él previó que sucedería todo lo que has visto y ciertamente planeamos un modo de contrarrestar las acciones del Oscuro, aunque me dijo que necesitaría tu ayuda sí o sí. — Pan hablaba y mi cabeza empezó a pensar a toda velocidad. El chico se adentró a una de las repisas donde había objetos a rabiar y apenas y se podía ver su figura entre tantas pertenecías antiguas y valiosas. —Después de todo me debía un favor y él pensó que era lo correcto.

—Claro, tú y tus favores. —Murmuré sin ganas.

—Me dijo que te diera esto, que sabrías qué hacer con él y… que si después tenías preguntas yo podría contestarlas. —Soltó tranquilamente.

Mi ceño se frunció. —¿Exactamente quién es "él"? —Interrogué con la fuerte sensación de conocer de quién estaba hablando pero temiendo que yo estuviese en lo cierto. Se escucharon ruidos de objetos cayéndose, dejando un sonido estridente al tocar el suelo. Hice una mueca y rodeé el mostrador para acercarme al niño perdido. —¿Todo bien?

—Aquí. —La pesada y oscura prenda color azul ocre me la pasó Pan con cierto descuido, pero yo sabía a quién le pertenecía, aún tenía su aura impregnada. Di unos pasos hacia atrás de forma inconsciente.

Y entonces, solo entonces, con la prueba frente a mis ojos me sentí asqueada. Miré a Pan con recelo para después tratar de colocar mi máscara de indiferencia. Peter me miraba con sumo cuidado, en su rostro no había emoción alguna, pero sus ojos brillaban con astucia y perspicacia. Él estaba esperando algo.

Mi mirada viajó nuevamente a la prenda y fue cuando se destaparon las miles de preguntas que se amontonaban unas contra otras.

¿Dónde había conseguido eso? ¿Estaba diciendo la verdad? ¿Desde hace cuánto se conocían mi padre y Pan? ¿Qué favor le debía? ¿Cómo era posible que Merlín hubiera previsto que sucedería todo esto? ¿Se habían encontrado antes? ¿Por qué no había visto todo esto? ¿Por qué…?

Finalmente la respuesta llegó a mi como un balde de agua fría.

Todo lo que me había pasado: el coma, la pérdida de memoria, mi ausencia en Camelot en ese preciso momento, el aumento de poder que tenía Pan, el brazalete. Todo no había sido coincidencia ni mucho menos planeado por una sola persona. Pan no podría conocer tanto de mí sin ayuda.

Merlín lo había apoyado.

Ese algo es lo que estaba esperando Pan: que me diera cuenta de la verdad.

Mi padre había ayudado a Peter Pan.

Los dos me habían mentido.


N/A: ¡Hola!

Paupaupi: ¡me alegra muchísimo saber eso! 333 me emociona saber que te siga gustando y leas la historia :´) y sí, lo admitió pero al mismo tiempo siempre existe algo que empieza a crear más obstáculos como siempre sucede en la serie y a veces suele frustrarnos (o al menos a mi, sí xD) espero que te gustara el capítulo de hoy, ya sabes cualquier duda o queja son bien recibidas xDD un saludo!

BCM