—Ali por favor cálmate —decía el rey pálido tratando de tranquilizar a la murciélago.
La pequeña se retorcía y luchaba con todas sus fuerzas por regresar al cuarto de su dueña, pero Hollow no le daba tregua y la mantenía firmemente sujeta. En un inicio sintió mucha pena por ver a la pequeña amarrada y con la boca cubierta, pero ahora debía admitir que la cadena le estaba ayudando mucho a manejarla y el bozal impedía que sus gritos alertaran a medio mundo del secuestro.
Sin embargo, a pesar de las herramientas, el trasladar a Ali estaba resultando ser más complicado de lo que esperaba. Si ella hubiera cooperado ya habrían llegado al túnel secreto y estarían seguros. Pero con tanta lucha por parte de la pequeña recién iban a medio camino.
Al menos debía agradecer que además de la mariquita coja, no se habían encontrado con nadie, el viejo gusano había tenido razón en que las galerías estarían vacías. Pero obviamente habían cosas que escapaban de su control, como la fuga de información que llevó a Tamy a enterarse del secuestro.
—¡Hollow cuidado! —Gritó el fantasma notando un proyectil que se dirigía a su hijo.
El caballero logró moverse tiempo para evitar ser golpeado por un par de pequeños aguijones arrojadizos, estos terminaron clavándose en la pared que estaba detrás, dejando en evidencia la fuerza con la que había sido lanzados.
Ali lanzó un gemido lastimero cuando vio a la domadora y voló desesperada a su encuentro. Pero esta vez sus ansias por reunirse con ella no eran gatilladas por sentimientos de cariño y anhelo, como cuando se encontró con Hollow, lo que la movía ahora era terror puro.
—¡QUE CREES QUE HACES CON GODOFREDA! —Gritó la hormiga furiosa temblando por la ira.
La murciélago volaba frenéticamente tratando de llegar a los brazos de Tamy, mientras que Hollow hacía todos sus esfuerzos por retenerla.
La hormiga decidida a recuperar a su bestia, sacó su lanza y corrió hacia el contenedor con intenciones serias de matarlo. Ya le daba lo mismo su venganza o que estuviera prohibido pelear fuera de la arena, lo único que deseaba era impedir que se llevaran a su compañera.
Hollow se vio obligado a soltar la cadena de Ali para evitar salir lastimado, solo gracias a eso logró esquivar a tiempo la arremetida de la domadora. Para esto tuvo que dar un brinco y luego elevarse un poco más con las alas del monarca para que el barrido de la lanza no lo alcanzara.
Cuando el pequeño aterrizó la domadora tomó distancia esperando un contraataque de parte de él, más este nunca llegó. Hollow no parecía tener demasiado interés en la batalla, se veía más preocupado por Ali que había volado junto a la domadora y lo miraba con tristeza. Notando el rostro de decepción y dolor que tenía el contenedor, Tamy esbozó una siniestra sonrisa, esa era justamente la expresión que quería ver en él, ese era el dolor que quería provocarle, que contemplara la traición de su ser más querido y no pudiera hacer nada contra ello.
Tamy no era mucho de dar discursos, solía ser una hormiga silenciosa que hablaba lo justo y lo necesario, pero en esta ocasión decidió mofarse de su contrincante, quería hacer su agonía lo más insoportable posible.
—Mira campeón, tu querida bestia a quien tanto quieres y por quien tantos peligros estás dispuesto a pasar te ha traicionado. Rechaza tu ayuda y vuela a mi encuentro ¡Jajajaja! La has perdido para siempre. No eras la gran cosa para ella, por eso te olvidó tan rápido, cualquier sacrificio que hubieras hecho por ella, no valía nada.
Quizás las intenciones de Tamy eran herir a Hollow, pero a quien más estaba lastimando era a Ali, quien en ese momento se sentía como la peor basura del mundo por rechazar a quien solo quería ayudarla, sin embargo el miedo que sentía por Tamy la obligaba a permanecer en su lugar, era como una cadena mental que le impedía realizar cualquier acción que su dueña desaprobara.
—¡Ali! ¡Reacciona! —Gritó de pronto el rey pálido que en ningún momento había desaparecido— ¡No dejes que te controle! ¡El miedo no puede dominarte! ¡Tú no la quieres! ¡Tú no quieres estar con ella! ¡Ven Ali! ¡Regresa con nosotros tu familia!
Recién en ese momento Tamy reparó en la presencia del gusano y lo miró extrañada ¿Quien rayos era este tipo? Tenía un cierto aire orgulloso que le recordaba a Hollow ¿Sería su pariente?
—Oye tú ¿Quien eres? ¿Y es mi idea o luces un tanto... Transparente?
—Ah pues... —Lo consideró un momento y dado que ya había cometido el descuido de aparecerse frente a ella, en realidad ya no importaba ser cuidadoso ni precavido—. Soy pálido, el padre de Hollow y si luzco un tanto transparente es porque estoy muerto.
—¿Muerto?—Tamy ladeó la cabeza más confundida que asustada—. ¿Pero cómo?
—Larga historia... Muy larga historia.
—Oh bueno, no es mi problema. Apártate y no molestes gusano.
El rey la miró consternado, esa hembra parecía tener hielo en las venas, ni siquiera se había inmutado al saber que era un fantasma. Suspiró apesadumbrado y nuevamente enfocó su atención en Ali que de alguna forma parecía conmovida con sus palabras, aunque por sobre todo se veía asustada y arrepentida. Entonces Hollow llamó la atención del viejo monarca y le pidió que tradujera algunas palabras que deseaba decirle a la murciélago.
—¡Ali regresa a casa! —Comenzó el gusano—. Todos te extrañamos y ya no estamos enojados contigo por lo que pasó, solo queremos que vuelvas, tía Horny te extraña mucho, igual que el gusano maldito... ¡Oye! —El rey miró enfadado a Hollow pero este le hizo una seña para que continuara—. Y yo también te extraño. Ya no importa lo que hayas hecho o lo que haya pasado aquí, te estamos esperando y te recibiremos con los brazos abiertos.
Ali estaba paralizada en su lugar luchando consigo misma por desobedecer órdenes que tenía grabadas a fuego en su mente, la ansiedad que sentía la alteraba y la hacía querer llorar, pero al parecer toda la angustia que sentía pasaba desapercibida para la domadora, quien simplemente miraba a los secuestradores de su bestia con bastante confusión.
—Oigan... La forma en la que le hablan a Godofreda, casi me hace pensar que puede entenderlos. Pero saben... Es una bestia inferior, una criatura tonta incapaz de entender el lenguaje hablado. Había escuchado de bichos estúpidos que se encariñan tanto con sus mascotas como para tratarlas como personas, pero no pensé que me toparía con alguien así. En serio, ella es un ser de intelecto inferior, no los entiende y por muy conmovedoras que sean sus palabras, no les va a hacer caso, está entrenada para obedecerme a mí.
—¡Ali no es una criatura inferior! —Exclamó el rey—. De hecho es bastante cercana a un alto ser. Ella es un ser superior incluso entre los de su raza ¡El que la consideres un ser inferior es un insulto!
—Rayos, ustedes están chalados de la cabeza —dijo la hormiga con seriedad—. El afecto que le tiene ya es un tanto enfermizo, pero bueno, eso a mí me da lo mismo. Godofreda es mía, ella me obedece a mí y eso es algo que no puede ser cambiado, de todas formas... —Una sonrisa siniestra asomó en su rostro—. Será divertido ver sus rostros de horror cuando su propia mascota los ataque. —Se dirigió hacia Ali y con cuidado retiró el bozal que cubría su boca—. ¡Ahora godofredo! ¡Arrójales tus flamas y acaba con ellos!
Aquello no era un combate a muerte, Ali no tenía que limitarse a esquivar ataques, tenía todo el tiempo del mundo para pensar en sus acciones y por primera vez en meses, tenía la boca libre para decir lo que quisiera, siempre y cuando sus nervios se lo permitieran, pues nuevamente debía enfrentar su problema de toda la vida, cuando se ponía nerviosa o se alteraba, solo conseguía soltar gruñidos.
La murciélago se quedó en su lugar tratando de calmarse, aunque su falta de acción comenzaba a enojar a Tamy, pero sin importar cuánto le gritara, ella se negaba a hacer algo. Quizás era incapaz de abandonar a la domadora, pero también era incapaz de lastimar a sus seres queridos. En aquel momento tenía su lealtad dividida y no podía se decidir por una acción concreta, cosa que la ponía cada vez más nerviosa.
finalmente cuando la domadora comenzaba a sacar su látigo para azotarla, Ali decidió que debía tratar de hablar, decir cualquier cosa y demostrar que no era un ser inferior, que era inteligente y entendía todo lo que pasaba a su alrededor.
La pequeña suspiró profundamente, abrió la boca lista para expresar sus sentimientos y justo antes de que pudiera decir cualquier cosa, sintió una presencia familiar, una que la llamaba y la obligaba a acudir sin importar cómo.
—¡Gyaaaaaaaaarg! —Gritó la murciélago antes de salir volando lejos de Hollow y de Tamy
—¡Godofreda! ¡Regresa aquí! ¡Godofreda! —Gritó la domadora furiosa y preocupada, esa conducta no era normal en ella.
Hollow por su parte no dijo nada, por el tiempo que la conocía, más o menos tenía una idea de que podía estar pasando y por ello sabía que lo mejor era seguirla, como su guardián debía acompañarla en aquella prueba.
Las delgadas patas de Hornet temblaban al punto que parecía que ya no serían capaces de sostenerla, todo en ella se remecía ante la vista que tenía al frente: Su querida cochinilla con los ojos perdidos y expresión vacía. Parecía un cascarón vacío, como tantos que poblaron el reino tiempo atrás, por un momento incluso temió que estuviera infectado. Pero no era infección lo que nublaba su mente, era el poder del amuleto de hipnosis de Ben que lo tenía dominado.
La mestiza miró con furia a la mariposa que volaba encima de ella, ahora en verdad quería matarla, quería destrozarla, arrancarle las patas, por su culpa su preciado amigo no había podido regresar a casa. El pobre la había reconocido y a su manera había querido pedirle ayuda, pero ella sin darse cuenta de quién era lo había golpeado y rechazado, por esto ahora la culpa se mezclaba con la rabia al punto que se sentía sobrepasada.
—Tú... Tú... ¡Maldito seas Ben! —Gritó dolida y rabiosa— ¡Cómo has podido hacerle esto a Quirrel! ¡Ven aquí y pelea! ¡Te voy a destruir!
la mariposa la miró confusa, hasta que terminó por comprender la situación, entonces no pudo reprimir una carcajada ante lo que estaba presenciando.
—¡Jajajaja! ¡Claro! ¿Cómo no me di cuenta? ¡Por supuesto! Ustedes se conocían desde antes, por eso mi guerrero cochinilla te perseguía, se resistía a mi control mental para ir por ti. Pero qué irónica es la vida, venir a encontrase en este lugar y bajo estas circunstancias... Jujuju ¿Y cuál es su relación? ¿Son amigos de infancia o algo?
Hornet no contestó, se limitó a arrojar su aguja a Ben tratando de perforar su cuerpo, pero con la libertad que le entregaba el cielo, la mariposa lo esquivó con facilidad mientras reía de la desgracia de Hornet. La mestiza dejándose llevar un poco por su rabia, continuó arrojando su aguja en un intento desesperado por hacer caer al bicho, cosa que llenaba a Ben de gusto.
La mariposa se entretuvo un rato esquivando los proyectiles de Hornet, mientras esta solo se agotaba inútilmente, entonces cuando menos lo esperaba, el filo de un arma la hirió en un lado, se salvó de un ataque mortal solo por que casualmente se inclinó hacia un lado en ese momento. Sin embargo se vio obligada a sujetarse su costado mientras sentía algo húmedo fluir de la herida. Observó el piso y vio con horror un par de gotas negras cayendo, estaba "sangrando" vacío, si alguien se daba cuenta su anormalidad quedaría al descubierto frente a cientos de espectadores, si su secreto se revelaba quizás nunca podría aspirar a una vida normal.
Levantó la vista buscando a su atacante y para su horror se encontró con Quirrel, quien aguijón en mano la amenazaba.
—Quirrel... No... ¡Detente! ¡Soy yo! ¡Hornet! ¿No me reconoces?
—Claro que te reconoce —dijo Ben en tono burlesco volando sobre la cabeza de Hornet—. Por eso sus movimientos se han vuelto algo lentos y torpes, está tratando de resistir mi control mental para no dañarte, pero qué encanto, seguro que te quiere mucho.
—Quirrel... Por favor... Resiste... No quiero dañarte —Suplicaba Hornet.
—Tampoco es que le convenga mucho resistirse —habló de nuevo la mariposa—. Eso podría terminar dañando su mente de forma irreparable, jujuju, que mal ¿Verdad?
—¡Maldito!
Esta vez Hornet lanzó una hebra de hilo a uno de los barrotes de la gran jaula en la que estaban encerrados y se impulsó hacia arriba hasta colocarse encima de Ben, entonces extendió su aguja lista para clavar al insecto. Su movimiento fue tan rápido que su oponente no pudo evitarlo, sin embargo Quirrel también se movió con la misma velocidad abrumadora y arrojó su propio aguijón contra Hornet golpeándola en la cabeza y haciéndola fallar su ataque.
Hornet cayó al suelo torpemente, sintiendo como el impacto le abría la herida. Chilló de dolor y se presionó su costado tratando de parar el flujo de vacío que escapaba, entonces haciendo uso de toda su resistencia se puso de pie, solo para tener que recibir nuevamente los embistes de Quirrel que seguía atacándola sin piedad.
—Por favor Quirrel... ¡Déjame! ¡No me lastimes! ¡Déjame vivir!
—¡No te escucha! ¡Jajajaja! —Continuó burlándose la mariposa—. ¡Pero qué divertido es esto! La poderosa mestiza al final termina siendo derrotada por sentimentalismos, pobre desgraciada. Por eso aquí en el coliseo decimos que los que se dejan guiar por los sentimientos son unos debiluchos. No puedes detenerte a pensar en la vida de tus víctimas, un gladiador no tiene amigos, solo vive el momento y la batalla. Aunque no creo que lo comprendas, una tonta que se niega a matar a sus oponentes solo demuestra debilidad.
—¡Ya cállate! —Gritó Hornet empujando a Quirrel lejos sin dañarlo.
La guerrera ahora se veía muy mal, su brazo izquierdo hacía lo posible por presionar la herida del costado derecho, mientras a duras penas sujetaba su aguja. Jadeando, sangrando y con el corazón roto, alzó su aguja de una forma no muy convincente hacia la cochinilla. Ante esta patética vista Ben volvió a estallar en carcajadas.
—Oh por favor. ¿Es en serio? Estás medio muerta, a penas puedes tenerte en pie y tienes al frente tu querida cochinilla. Seamos honestos, ambos sabemos que eres incapaz de lastimarlo, si tus sentimentalismos te impiden matar a los gladiadores, ni siquiera serás capaz de arañar el caparazón de tu precioso amigo.
Quirrel que había sido arrojado lejos, se puso de pie nuevamente también alzando su aguijón contra Hornet, pero sus movimientos nuevamente se habían vuelto torpes e inseguros, como si la vista de la guerrera herida le afectara de sobremanera, incluso en medio de su mirada vacía, dejó entrever un dejo de preocupación, cosa que Ben notó de inmediato.
—¡Ah! ¿Pero qué es esto? Esa mirada... Estos sentimientos que percibo... —Dirigió su vista a Hornet y cierta idea pasó por su mente—. ¡Cielos! Ustedes no dejan de sorprenderme, nuevamente me pregunto como no me di cuenta antes ¡Es tan obvio! ¡Ustedes son pareja! Con razón rechazabas a todos los que se te proponían. Que pena, esto hace las coas aún más dolorosas para ti ¿Cierto? Tienes que pelear a muerte con tu querido compañero el cual está fuera de sus sentidos y vagamente es capaz de reconocerte. Sinceramente, te recomendaría que te rindieras, así podrás descansar en paz y tu cochinilla también, ya no tendrá que sufrir pensando en ti y podrá servirme lealmente por toda la eternidad.
—¡Púdrete! —Gritó la guerrera temblando en su lugar.
—Como quieras.
En ese momento Ben chasqueó los dedos y Quirrel se lanzó al ataque contra Hornet. Lo que siguió fue muy rápido, el público solo vio como el insecto azulado corría a una velocidad vertiginosa contra la mestiza que a duras penas se manteía en pie, entonces se escuchó el tronar de dos metales chocando y observaron a los dos bichos fundidos en una especie de abrazo, el cual duró algunos segundos antes de que la cochinilla cayera de espaldas sobre la tierra con una aguja clavada en su costado derecho.
Hornet entonces derramando lágrimas y con un rostro de profunda tristeza se inclinó sobre su amigo y tomó el mango del arma. El artefacto sobresalía grotescamente del cuerpo dejándolo en una situación muy vulnerable, bastaba que Hornet empujara un poco más la aguja para que esta le destrozara las entrañas y lo matara. Con la vida de Quirrel en sus manos, la mestiza levantó la vista al cielo y le dedicó una mirada de odio a la mariposa.
—¡Pero cómo! —Chilló Ben—. Se supone que es tu pareja ¡No deberías ser capaz de herirlo! ¡No te atreverías!
—Hay... Algunas cosas en las que te equivocas —declaró Hornet—. Quirrel... No es mi pareja... Ni mi novio... Ni mi amante... Pero yo... Lo amo —En ese momento su voz se quebró mientras lloraba— Lo amo mucho... Y prefiero matarlo con mis propias manos antes que permitir que pase el resto de sus días sirviendo a una escoria como tú.
De pronto Hornet sintió un ligero tirón en su capa, y notó que la mano de la cochinilla estaba agarrada a ella. Sorprendida dirigió su mirada al rostro de Quirrel, donde pudo notar que parte de sus sentidos habían regresados, quizás el dolor la herida había disipado un poco el control mental de Ben, pues ahora sus ojos estaban clavados en ella, despiertos y con una profunda tristeza impregnada en ellos, entonces el insecto con una voz suave, casi susurrante pero lo suficientemente fuerte como para que Hornet la oyera dijo:
—Yo... También te amo Hornet.
Los pasos hacían eco en las paredes de aquel vacío pasillo que Hollow y al domadora recorrían a toda prisa. Aún con la aversión que sentían el uno por el otro, ninguno iniciaba conflicto alguno, pues para ambos la prioridad era encontrar a la pequeña murciélago. Era curioso que la ruta que había tomado Ali era exactamente la misma que Hollow pensaba usar para su escape, el pasillo secreto que conducía a la parte posterior de las gradas del público. Se trataba de un camino con el que estaba muy familiarizado, aunque no se podía decir lo mismo de Tamy, quien miraba el corredor con desconfianza. De los años que llevaba viviendo en el coliseo, nunca se había dedicado a conocer bien el lugar, su única preocupación era la siguiente batalla y encuentro con la muerte.
Pronto comenzó a escucharse el murmullo del público, indicando la cercanía del final del túnel, pero además, mezclado con aquel alboroto, lograron percibir un chillido agudo que los hizo apresurar la marcha.
Finalmente llegaron a la salida, la cual estaba tapada por una cortina de hierba blanca, la cual pudieron apartar fácilmente.
El sitio al que llegaron era abierto y yermo, solo habían rocas y una salida abierta que conducía hacia los límites del reino. Por allí se colaban las cenizas del último suspiro del Wyrm, que le brindaba al sitio el mismo aspecto frío de toda la zona.
A espaldas de los bichos recién llegados, había una intrincada estructura de madera hecha para sujetar las gradas del público, se notaba que era una construcción de calidad, los gruesos maderos se veían tan firmes que parecían imposibles de mover, quizás incluso podrían trepar por ellos sin temor a dañar algo.
Pero lo que en verdad les interesaba era lo que tenían la frente. La murciélago se encontraba flotando en el aire, con los pelos erizados y en actitud de pelea. Tenía sus ojos carmesís clavados en un extraño individuo ataviado con una túnica azul y una máscara que portaba una antorcha entre sus brazos.
—¡...! —Sacó si aguijón listo para pelear.
—Aun si no me dices nada, percibo por tu actitud que conoces a este individuo —dijo la domadora—, y al parecer Godofreda también. Nunca la había visto tan dispuesta a pelear antes —sacó su lanza—. Si Godofreda quiere pelear no la detendré, sus enemigos son mis enemigos.
Ali sin esperar orden o instrucción alguna se lanzó al ataque contra el el ser enmascarado. El pobre bicho chilló asustado ante aquella acción inesperada ¿Que rayos estaba pasando? Se suponía que la pequeña no atacaría, ella debería permanecer atrás y dejar que su guardián la protegiera, quizás podría ayudar con un par de bolitas de fuego, pero más que eso no.
Sin embargo aquí tenía a la murciélago, atacando como una fiera salvaje. El enmascarado esquivó la embestida de la bestia y la vio alejarse ¿Que rayos le habían hecho a esa pobre criatura? Ya no tenía ese aspecto adorable y estilizado que la caracterizaba, ahora lucía tosca y peligrosa.
De pronto el portador de la antorcha se sintió abrumado. Ali lo miraba con expresión asesina, era una mirada que jamás le había conocido, la típica de alguien acostumbrado a cegar vidas, en aquel momento se parecía demasiado al maestro.
Pero el enmascarado no pudo seguir perdido en sus ensoñaciones, pues un disparo de alma que le llegó desde el suelo lo obligó a volver a la realidad de forma estrepitosa. El daño le hizo perder el balance y precipitarse hacia el suelo. Pero el feo golpe de la caída no fue el único castigo que recibió, la domadora de dioses saltó sobre él dispuesta a matarlo de un golpe.
Aterrado como nunca, el insecto se escabulló rápidamente evitando el mortífero ataque y huyó. Aquello iba en contra del ritual, su deber era morir luchando, pero el miedo que sentía le impedía refrenar sus instintos de supervivencia. El pobre casi lloraba de la vergüenza que sentía, el maestro estaría muy decepcionado, pero no podía detenerse, siguió escapando, aunque para su alivio y horror sus oponentes comenzaron a perseguirlo.
El insecto comenzó a volar hacia la estructura de madera que soportaba las gradas, equivocadamente creyó que los maderos lo protegerían y haría difícil que Hollow y Tamy lo persiguieran, pero ambos eran muy buenos escaladores y trepaban la estructura con la gracia de una araña. Tan asustado estaba el seguidor de Grimm que ni siquiera se le ocurrió defenderse con su fuego, simplemente continuó subiendo cada vez más alto hasta que llegó a la cima del soporte.
Allí en la parte de arriba, tenía una vista perfecta a la arena de combate donde se vivía un drama inimaginable. Pero aquello no era su asunto, ahora solo quería escapar lejos. Pero cuando el bicho trató de volar más alto para escapar definitivamente, la murciélago se le apareció en frente y le arrojó una bola de fuego que lo hizo caer estrellándolo contra la superficie de la estructura. Esta vez no tuvo oportunidad de defenderse de manera alguna, Hollow le realizó un corte con su aguijón y la domadora lo remató enterrándole su lanza.
"Al menos ya terminé con este asunto y no fue tan terrible" Fueron sus últimos pensamientos antes de perecer.
Tal como había ocurrido en todas las ocasiones anteriores, el fuego de la antorcha se extendió por el cuerpo y Ali voló hasta él para consumirlo.
Tamy miró algo asqueada el espectáculo de su bestia devorando al insecto ardiente, no entendía como podía comer mientras el fuego crepitaba y sobre todo, le parecía increíble que esa pequeña criatura tímida y llorona fuera capaz de tanta brutalidad ¿Acaso su entrenamiento y sus tratos duros la habían retorcido de esa manera? ¿O había un lado oculto de su naturaleza que ella desconocía?
Cuando Ali ya hubo acabado su desagradable tarea, una cortina de flamas la envolvió cubriéndola por completo. La domadora gritó horrorizada al pensar que se estaba quemando viva, pero cuando notó la expresión tranquila y paciente del campeón guardó silencio, él parecía conocer bien a Godofreda y si no se alteraba seguramente no había razón para ello.
Pronto el fuego se apagó y Ali surgió con sus alas abiertas en todo su esplendor. Aparentemente no había habido ningún cambio en ella, pero algo tenía diferente, sus ojos parecían más rojos y una extraña aura de poder la rodeaba, lucía intimidante y peligrosa.
Pero con todo lo que había visto Tamy durante se vida, incluyendo las experiencias de su más tierna infancia, eran pocas las cosas que podían impresionarla o asustarla. Por ello sin prestar demasiada atención al reciente poder adquirido por la murciélago, le habló con la misma confianza y autoridad de siempre.
—Godofreda, tienes que dejar de escapar así. No puedes hacer lo que quieras cuando quieras —dijo en tono enojado—. En fin, ven aquí. —Entendió su mano hacia ella.
Ali miró a su dueña y el temor no tardó en regresar a su mirada, entonces notó a Hollow que brincaba a su lado haciendo señas para indicarle que fuera con él.
Y allí estaba, con su corazón dividido entre el amor y la lealtad, la decisión debería haber sido fácil, pero se le estaba complicando demasiado tomarla, el daño en su mente era severo, romper viejos esquemas y costumbres a menudo podía resultar ser una tarea titánica.
Insegura y ansiosa, comenzó a mirar a su alrededor en busca de alguna salida alternativa o algo que la pudiera ayudar a decidirse, fue entonces que reparó en la arena de combate y en quienes participaban en ella. Aún con la distancia fue capaz de reconocer a Hornet y a Quirrel. Entonces sus ojos se llenaron de lágrimas cuando se percató de lo que ocurría.
Allí frente a todos, Quirrel estaba en el piso con una aguja clavada en las entrañas y con Hornet malherida sujetando el arma.
Aquella imagen fue el límite para Ali. Aún en sus peores momentos, siempre mantuvo la esperanza de que podría volver a verlos, podría estar de nuevo con las personas que la habían cuidado, amado, protegido y que consideraba la representación de lo bueno y lo correcto, pero ahora veía a esas mismas personas en una escena brutal y nauseabunda destruyéndose entre ellas. Era como si le arrebataran la fe en la gente, como si fuera la prueba de que el mundo era un lugar miserable donde todo era matar o morir.
Hornet mantenía la aguja en sus manos, apretándola tan fuerte que casi le llegaba a doler. La herida de su costado le escocia y un cansancio creciente la embargaba. Lo único que tenía que hacer en ese momento era asesinar a Quirrel, luego podría derrotar a la mariposa sin mayores complicaciones, pero no quería tomar una decisión tan drástica.
A pesar de que en su pasado ya había asesinado a muchos seres queridos en sus ansias por sobrevivir, ahora no podía, porque algo en su interior no paraba de decirle que ambos podían salir vivos de aquel predicamento. Sin embargo se le acababa el tiempo y no podía dilatar más la decisión.
Cerró los ojos no queriendo ver la expresión de su amigo cuando muriera. Y aún en el último instante, le dedicó una plegaria silenciosa a cualquier Dios que anduviera cerca para que le concediera un milagro que le permitiera salvar a Quirrel.
Y entonces el milagro llegó.
Un gritó escalofriante resonó por todo el coliseo, un alarido tan horroroso que parecía invocar las peores pesadillas de cualquier insecto.
Hornet volteó la vista y notó una enorme flama escarlata que ardía encima de las gradas del público. El fuego se agitaba y expandía inevitablemente comenzando a consumir todo a su alrededor. Los insectos que estaban más cerca fueron carbonizados en un instante y quizás fueron los más afortunados, pues no tendrían que vivir la pesadilla escarlata que luego alcanzaría al resto.
El incendio rojo pronto comenzó a expandirse por el coliseo y Hornet paralizada del miedo se limitaba a observar el espectáculo. Para cuándo fue capaz de reaccionar, lo único que logró decir fue.
—Ali... Pero qué has hecho...
Este era uno de los capítulos que esperaba escribir con ansias. Espero los haya emocionado tanto como me emocionó a mí.
