Disclaimer: La historia es original, pero los personajes que aquí se muestran son propiedad de Michael Dante DiMartino, Bryan Konietzko.

Como siempre, mi facebook es Lobo Susurro Nocturno , agregadme si quieren. Son bienvenidos.

Blog personal con fanfics exclusivos realizados por el mismo autor:

contraluznocturno. wordpress. Com

Me ha encantado que me hayáis extrañado y vuestros mensajes de apoyo y animo; os aprecio mucho.

Esta semana han cumplido años: Diana, Mary, Joselyn, Sofia M, Johana, Cecilia, Zeus, Marya, Marta, Sofia, Mayra, Lizzie, Vane, Laura Z, Camila

Quiero dar un agradecimiento a Mary en especial porque ella empezó a publicar mi fanfic en grupos Korrasami antes de que yo ni tan siquiera tuviera facebook y eso me animó a hacerme un facebook y poder tratar con los lectores. Gracias ^_^

Gracias a todos los que dan Follow y Favorites, pero en especial a los que se han molestado en dejar una review o postear un MP:

Rarie-Roo (50 capítulos y muchos teniéndote a ti como fiel lectora que escribe con ansias casi inauditas. Muchas gracias y espero que continúes leyendome) Roselangley02 (Publico esto después de tu viaje y de la lectura agradable que te he dado. Espero que esto lo disfrutes) Zoe0890 (Gracias, lectora nueva. Espero que te agrade y me dejes más reviews) Berry92 (Gracias Berrosa. Sabes que te adoro) Berenice GS (Que bien que pudieras actualizarte y que puedieras descansar un poco. Mucho animo y fuerza) Jiore (50 capítulo y con unos sentimientos y una tensión que hace saltar las alarmas. Un abrazo) Leokami (Adoro que te haya gustado el capítulo y ese juego entre ambas) PASTO (Corte lo suculento como cortan el pasto) Phary (el principal motivo por el cual no hago a Asami muy fiel a la serie es que en la serie es más perfecta) Zhyo (¿Confirmamos Willy?, confirmamos que Korra es tonta) .DESARI LAVINIA (Juego con tus sentimientos para luego darte algo mejor) Cryp (Mejor dejar con hambre a las comensales) Lay05 (me alegro que te vayas a poner al corriente y te hayas animado a volver por aquí. Gracias) HanelblumaTuna (Me encanta que te haya gustado la parte. Espero que te guste lo que viene ahora) AvatarYumiko (Estoy corrompiendo tu pureza con opalvira...Soy malvado) aile0123 (un poco de calor para lo que se avecina) Gekko (Gracias por tu amor ranita panda macho alfa) ShayeraRogue (Si no te lo esperabas es que cumplí con lo que estuve haciendo meses que fue ocultando bien este planteamiento) soulwolf dark (Gracias por este hurra. Muchas gracias por ser tan fiel lectora) Love is a wild animal Danirock (No tienes que disculparte por nada. Estas viviendo una etapa convulsa y créeme que agradezco las reviews. Las reviews y saber que estas bien) Jaydisita (Gracias por el apoyo, en serio que significa mucho) LupitaAzucena (Me alegro de que sigas y espero que creas que valió la pena. Ahora viene Korrasami y la vida de ellas juntas) Alexandraarcher (Sabía que ibas a amar el opalvira y que te ibas a retorcer con el Korrasami.) Swamphell(Korra al calabozo, sin fresones, ni galletas, ni bombones, ni nada...Con Kuvira enfadada de carcelera) deadend07 (este capítulo es tranquilo, créeme) Jaydisita,0189 (Lo que Korra debió es no haber comparado a Asami con queso de dierta xD) Obini (Me da risa ver que seguramente la hubieras matado) Erza Yuu (Que mientras escribo esto lleva dos horas esperando a que publique por puro amor e intriga al fic. Eso es amor) Shirei-kan (Muchisímas gracias y me alegro que alguien se animará a empezar a leerme desde el comienzo. Muchas gracias y espero ganarme más reviews tuyas) Kuki (Muchas gracias. En breves, 1000 reviews. Hacia muhco que no te veía por aquí y me alegro ver que sigues leyéndome) guest (Korra se da cuenta, pero mejor tarde que nunca)

Capítulo 51

Habían pasado varias horas desde que Asami subió por las escaleras que la llevaban a su cuarto, abandonando Korra en la soledad de aquel amplio salón. La joven de tez morena sólo tenía el sonido de la televisión como única compañía, mientras maldecía su suerte y sus impulsos. Nunca le había importado admitir lo que deseaba o anhelaba, pero en este caso había hecho daño indirectamente a una persona inocente; alguien que la había ayudado sin esperar nada a cambio y que se le había dado cobijo en un momento muy complicado de su vida.

-Soy idiota - se dijo a sí misma mientras peinaba con sus dedos su corta melena, intentando encontrar la calma en ese simple gesto.

Desde pequeña, cuando Korra se ponía nerviosa comenzaba a revolver su cabello intentando que aquel desastre pudiese ordenar un poco el interior de su mente; algo que por lo general no cumplía con su cometido y simplemente la despeinada. Debido a todas las riñas que recibía de su madre por despeinarse con tanto ahínco cuando estaba nerviosa y siendo este hecho una señal que su progenitora podía usar a su favor, la pequeña adquirió la costumbre de atusar su melena a cada rato. Este hecho, ya convertido en costumbre, tenía dos propósitos: el primero era no delatarse ante su madre y el segundo era no parecer una loca desquiciada que desconocía los peine.

Sin encontrar posible solución, la rockera decidió tomar sus muletas e irse a su habitación para no tener que toparse con Asami si esta decidía bajar a la cocina a por un refrigerio. Después de algún murmullo de queja, logró erguirse con ayuda de sus muletas y comenzar la silente procesión hasta su cuarto, donde podría tumbarse en la cama y golpear la almohada hasta que se cansase. Ahora aquel pasillo blanco, iluminado por pequeñas luces, le parecía más lóbrego que nunca.

Del mismo modo que el camino recorrido hasta su cuarto semejaba más largo que de costumbre, la puerta parecía mucho más pesada de lo que era en realidad y al prender la luz de la habitación ni las sombras ni sus dudas terminaron por irse. Intentó no pensar en ello mientras se tumbaba y pensaba lo reconfortante que era que Pema le hiciera la cama y esparciese un poco de fragancia de vainilla por todo el cuarto. Era una costumbre para la encargada esparcir un poco de esencias por el ático: el salón siempre tenía un aroma a mar, los baños a rosas, la sala de rehabilitación a verdes prados y su cuarto a vainilla. En agradaba aquel olor y le hacía sentir más a gusto cuando se tumbaba en la cama. Le recordaba al olor de los helados que tomaba en la playa cuando era pequeña y al de un tiempo donde todo era más simple. Esto le resultaba terapéutico, pero no hoy. Hoy, después de haber observado como aquellos ojos verdes la miraban nada podía hacerla sentir un poco mejor.

-¿En qué estabas pensando? - se recriminó a si misma mientras agarraba uno de los almohadones lo golpeaba.

Desde que se instaló en aquel cuarto y atendiendo sus peticiones, Pema había dejado de colocar tantos cojines decorativos con el fin de facilitar que Korra tuviese que pasar por las mínimas dificultades para tumbarse a descansar. Aquel fue un buen gesto solamente había reducido el número de almohadones en aquella cama a cuatro. Tumbada sobre un edredón de color gris la rockera había secuestrado dos almohadones y dos estaba golpeando con ansias, como si el mero hecho de desfogarse contra aquellas almohadas de plumón pudieran solucionar lo que había hecho.

"¿Qué más da?", pensaba mientras buscaba una justificación para lo que había sucedido, "así no me extrañará ni intentará que me quede". Se había estado repitiendo durante todos estos meses que en cuanto se recuperase podría irse, algo que Asami le había prometido que no discutiría; era su decisión y en la su vida.

Así que allí, en el impertérrito silencio de su cuarto, Korra intentó convencerse a si misma de que no había hecho nada malo y de que en realidad todo era fruto de una cruel casualidad del destino: el destino que la unido Asami sumado a su mala suerte. Se intentaba convencer de eso clavando la mirada en el techo de color blanco y golpeando los almohadones ya con menos insistencia; sabiendo que por mucho que se quedase mirando al infinito seguiría sin pasar nada. Ella solía actuar de ese modo; aceptando las cosas como iban y venían, y diciéndose sí misma que no había ningún espacio para la mejora. De tanto repetirse, esas palabras se había acostumbrado a asumir que su destino en nunca sería bueno y que los cuentos de hadas y las fantasías eran terreno para las niñas que un esperaban el " vivieron felices y comieron perdices".

Intentando ignorar sus remordimientos, la rockera abrió uno de los cajones de su mesita y rebuscó hasta toparse con su reproductor de música, convencida de que alguno de sus temas preferidos podría hacerle olvidar lo que estaba pasando. Sin preocuparse de nada más y no teniendo ganas para seleccionar alguna canción, puso el modo aleatorio y enseguida reconoció los primeros acordes de "Hotel California". Ella siempre había preferido temas más animados y vivaces, pero nadie le dice que no a un clásico.

-Maldita sea - refunfuñó ante la idea de que The Eagles lalograsen romper con un tema que hablaba de hedonismo, fantasmas y autodestrucción - Lo siento muchachos pero hoy no.

Pulsó la opción aleatoria de su reproductor y comenzó a escuchar icónico silbido que procedía a Patience, una balada de Guns n' Roses creada para destrozar las mentes de aquellos que todavía lloraban por alguien. Llorar era lo único que no estaba haciendo, pero eso se debía a que se intentaba esforzar en no sentir nada y en no odiarse a si misma por lo que había hecho. Pausando el reproductor volvió a mirar al techo, como si quisiera descifrar un acertijo que nadie podía resolver porque nunca había existido.

-No, no, no, no, no - bufó mientras cubría sus ojos son su antebrazo para que la luz de su cuarto no la alcanzase. No quería admitir las cosas, eran demasiado complicadas para este momento y este lugar.

Para ella todo era la suma de un sinfín de consecuencias catastróficas que la detenían en medio y medio de todos los caminos. En esos momentos no sabía ni que hacer, ni que decir, ni que sentir; todo por el miedo a equivocarse. Generalmente era así, pero hoy decidió cambiar el rumbo de la veleta.

-Joder - gimió mientras volvía a abrir el cajón y comenzaba a rebuscar como si fuera un minero loco buscando un grano de oro en el lecho de un río - ¿Donde estará?.

Por una vez en mucho tiempo, en vez de huir quería intentar arreglar las cosas, así que cuando logró encontrar su libreta pudo sonreír. Aquella libreta desgastada de color negro y de tapas blandas la había acompañado silenciosamente durante meses, apuntando en ella cualquier cosa curiosa, cualquier idea tonta o cualquier genialidad ocasional que pasase por su mente. Un montón de páginas garabateadas que significaban poco para muchos pero mucho para ella.

-Mierda - masculló entre dientes al tiempo que se levantaba de la cama, apoyándose en la mesita y en una de las muletas. Siempre le dolía más erguirse que tumbarse.

Con cuidado, la bajista guardó la libreta en su pantalón y volvió a enfrentarse con el sepulcral silencio de aquel pasillo. No tenía miedo a la oscuridad, tampoco era que el pasillo de un lujoso ático pudiera comprarse con un cementerio a medianoche o algo así, pero tenía miedo a las posibilidades que surgirían de aquella decisión.

Acostumbrada a intentar ignorar los problemas, Korra estaba convencida de que su vida estaba plasmada en un mundo donde los tonos se habían invertido, sintiendo las alegrías casi de una forma extraña y casi diatónica, y donde la alegría era el tiempo que había entre desgracia y dresgracia. En aquel preciso instante, ni siquiera ella podía creer lo que había decidió esta vez.

De nuevo, en la sala principal, pudo ver las escaleras que llevaban al dormitorio de Asami Sato. Ella no había estado en la planta superior desde la segunda vez que se vieron y lo poco que recordaba era que luego de despertarse en aquella mullida cama seguía sin creerse lo que había pasado. A decir verdad, cuando despertó llegó a pensar que todo era una broma y que estaba en un hotel caro. Puede que la idea del hotel fuera extraña, pero era eso o que le habían dado cobijo para robarle un riñón como en esas leyendas urbanas que leía por internet. Afortunadamente para ella se topó con una buena samaritana, rica y acompañada por una escolta personal que podía patear como un caballo.

Allí, ante aquellos escalones, con sólo el silencio como cauteloso vigilante, Korra se detuvo. No sabía que iba a pasar o que iba a decir, incluso desconocía si Asami seguía despierta.

-No - gimoteó como un niño que acababa de caer al suelo y rasparse las rodillas, casi convencida de dar media vuelta, hasta que notó que todavía llevaba puestos sus auriculares. En aquel momento, volvió a encender el reproductor con la esperanza de que la música ahuyentase el tamborileo de su odioso corazón.

-Me siento aquí en las escaleras porque prefiero estar solo, ¿no es así?, Axl - recordó uno de los estribillos de Patience al escuchar aquel silbido.

Tomando aire y llenándose de determinación al mismo tiempo, Korra comenzó a ascender por la escalera de metal forjado hacia la planta superior, luchando contra el miedo y la incertidumbre de saber que pasaría más arriba.

El segundo piso era extenso pasillo gobernado por dos enormes estancias que se topaban tras sendas puertas dobles de caoba claro. Recordaba que una de ellas era el dormitorio de Asami Sato pero no lograba recordar cual de las dos estancias era. que gobernaban aquel pasillo.

-¿Por qué no pondrá carteles en las puertas? - y no estando segura tomó la única decisión que podía tomar en aquel momento: probar suerte.

-Un, dos, tres - enunció cerrando los ojos - Puede ser esta aunque no lo sé - y terminando la ultima sílaba su dedo señalaba a la puerta de la derecha. Aunque todo apuntaba a que Asami no estaba despierta, al menos quería intentarlo.

Casi se había dormido, intentando ignorar la discusión que había tenido con Korra aunque más que una discusión habían sido miedos y verdades vertidas en el peor de los momentos. Ella sabía perfectamente que la bajista terminaría por irse, incluso le había prometido que no intentaría retenerla porque sabía perfectamente que retener a un jilguero solamente atenuaría su canto;. Ella quería que estuviera bien pero no por ello iba a encerrarla en una jaula de oro. Eran esos miedos, el hecho de no ser nada más que la necia, lo que más temía y más le quitaba el sueño cuando intentaba dormir. Era allí, en la soledad de sus sábanas, donde intentaba pensar si estaba haciendo lo correcto con Korra y si le estaba llevando por un buen camino, uno que marca es una verdadera recuperación y que garantizase que podría volver a mirar al mundo con optimismo. Aquello le hacía gracia; ella no era la más indicada para hablar de todo eso cuando ni siquiera podía saber en qué posición del mapa se encontraba ella y mucho menos saber dónde acabaría. Al final todo se resumía en que era bien intentando sacar a una persona del oscuridades pero sin la más remota idea a de dónde orientarla después.

-¿Qué estoy haciendo? - se quejó como el rostro pegado al almohada, casi pensando si debía gritar para liberarse un poco de la tensión que aguardaba su pecho. En aquel momento, entre las dudas de que hacer y un sueño que se estaba apoderando de ella, escuchó como petaban la puerta.

Sorprendida, se quedó en silencio a la espera de que lo que había escuchado fuera real y no fruto de su imaginación. A veces, en estado de vigilia, entre el sueño y la consciencia, más de una persona creía escuchar algo que no había sucedido. Esperó segundos con cierto miedo, mirando fijamente a donde sabía que estaba la puerta de su dormitorio, sorprendiéndose cuando volvió a escuchar el sonido inequívoco de nudillos golpeando en nogal. Al constatar que no había sido fruto de su imaginación, la joven heredera se irguió levemente de su cama y con voz alta y clara dijo:

-¿Sí? - buscando una respuesta mientras prendía las luces del cuarto.

-¡Asami! ¿estás despierta? - gritaba Korra con fuerza desde el otro lado de la puerta doble.

Sorprendido al haber escuchado la fuerte llamada de su invitada y temiendo que algo grave hubiera pasado, como que Korra si hubiera hecho daño o hubiera sucedido un incidente.

-¡Ya voy! - dijo La joven Sato al tiempo que salía de la cama luciendo el pijama que le había regalado Ty Lee.

En su cabeza empezó a discurrir todos los posibles escenarios que hubieran requerido que Korra la tuviera que despestar y el hecho de que esta última subiera las escaleras estando todavía convaleciente. De haber tenido alguna complicación o haberse hecho daño, no podría subir por las escaleras y había otros métodos para obtener ayuda. Mentalmente sus preocupaciones dejaron otros puntos: una tercera persona había sufrido un accidente o una tercera persona estaba en la puerta de su ático pidiendo explicaciones. La primera opción de preocupaba y la segunda opción le aterraba; no podía aventurarse a elegir cuál de todas prefería menos.

Cuando por fin estaba a la altura de las puertas gemelas que da acceso a sus alcobas, la joven heredera se atusó el cabello y lo peinó levemente con los dedos para intentar disimular el efecto que había producido todas las vueltas que había dado en la cama.

-Un momento - dijo en voz alta para concederse unos segundos antes de abrir la puerta. La joven heredera abrió la puerta lentamente, esperando que Korra no portase malas noticias.

Al abrir se encontró con la mirada azul celeste de la otra joven que esta vez evidenciaba un semblante serio y decidido.

-Salgamos juntas - enunció con una fuerte convicción al ver como se asomaban por el dintel de la puerta aquellos ojos verdes. Ni siquiera había esperado que la saludasen.

-¿Qué? - aquello había tomado por sorpresa a Asami, dejándola completamente estupefacta. Fue tal la impresión que durante un segundo creyó estar en un sueño.

-Tengamos una cita - reiteró.

-¿Cómo? - no estaba entendiendo absolutamente nada - Korra, ¿has bebido?.

El alcohol era lo único que se le ocurría para justificar aquel cambio de rumbo tan inusual.

-¡No! - alegó ante tal acusación, intentando que su proclama no fuera tomada a broma - Lo he pensado durante horas.

-Sé que lo de antes fue un momento incómodo pero que salgamos ahora no va a cambiarlo.

-No digo ahora - frunció el ceño haciendo un leve mohín - , a estas horas estará todo cerrado.

-Y nosotras deberíamos estar en cama, durmiendo – matizó mientras ocultaba un bostezo con el dorso de su mano.

-Pues acepta tener una cita conmigo - en el tono de sus palabras se había mezclado la convicción y la duda de alguien que quería una respuesta pero no sabía si tal contestación le iba a gustar.

Asami se dio cuenta de aquel valor y tuvo que admitir que su corazón se enterneció. Ante ella estaba una chica de casi de su edad que intentaba hablar en un tono sereno pero que aún así dejaba entrever miedo y dudas en las últimas sílabas de cada palabra. Las aletas de su nariz se contraían y expandían, marcando que Korra se forzaba en contener sus nervios; era como una niña que debía exponer la lección ante todo el aula.

"Que adorable. Ella es como una niña grande", pensó, solamente para darse cuenta de que Korra había subido por las escaleras aun en su estado.

-¿Has subido por las escaleras? - preguntó la heredera.

-Claro que sí tonta - bromeó la rockera ante tal pregunta - Eres rica pero no tienes un ascensor que lleve de una planta otra. Espera, ¿lo tienes?, ¿por qué no me lo habías dicho?

No tengo ninguna ascensor de ese tipo - se defendió la joven empresaria abriendo de par en par la puerta de su dormitorio y alzando el dedo índice de forma acusatoria - y tú, señorita, no deberías de subir por las escaleras entre estado.

-¿Por qué?

-Podrías caer o hacerte daño.

-Pero esto es importante. Para mí es importante - aquella justificación sentó como un mazo golpeando la piel marmórea de Asami; era importante.

Había pasado el dudar si no estaba siendo demasiado condescendiente y protectora con Korra, a sentir que una palabra de aquella chica de cabello corto y piel morena la había hecho temblar.

-¿Qué ha pasado? - la heredera quería saber qué ocurrirá y el porqué de aquella decisión.

-No quería hacerte daño antes y no quiero hacerte daño ahora - su mente era un completo lío de direcciones pérdidas y mapas en blanco -, pero no sé si ilusionarme esta bien. Todo es muy extraño y me convenzo a mi misma, una y otra vez, que es simple casualidad. No digas destino, no creo en tales cosas.

-¿Por qué? - preguntó Asami apoyándose en el umbral de la puerta, debido a que comenzaba a sentirse débil; su salud a veces la advertía en el peor de los momentos. Se abrazó a si misma intentando guardar la compostura.

-¿Por qué no creo en el destino? - aquella pregunta tomó a Korra por sorpresa.

"Bueno, es una chica rica y las chicas ricas suelen creen en esas cosas", pensó la rockera, intentando idear una excusa para algo en lo que jamás había creído.

-No, boba - la joven heredera río entre dientes, cubriendo el sonido con la palma de su mano - ¿Por qué te sientes así?.

La risa de Asami era como el cantar de un pájaro; suave y delicada como un ruiseñor. Nunca se lo había dicho, tampoco era que la heredera se prodigará en carcajadas, pero el sonido de su risa era algo verdaderamente adorable. Fue en ese sonido de la mente de Korra se perdió y simplemente dejó su mente en blanco y contestó:

-Porque no puedo tener tanta suerte.

Aquel comentario provocó que la joven de ojos esmeralda cubriese sus mejillas con sus manos porque incluso con la tenue luz de aquel pasillo, cualquiera podría notar sus mejillas sonrojadas.

No te equivoques - añadió Korra -, sigo pensando que te debo mucho y que tengo que pagarte, porque soy terca y cabezota. No es que quiera solventar una cuenta económica, es que me has dado tanto que no sé ni cómo demostrarte mi gratitud.

-Un gracias llegaría.

-Mil gracias seguirían siendo pocos.

Ante aquella afirmación, ambas mujeres intentaron no mirarse fijamente porque a la mínima vista se les escapaba alguna risa propia de quinceañeras. Estaban nerviosas, avergonzadas y con las lágrimas inundando su vista y amenazando con precipitarse en cualquier momento.

-Siento lo que te dije, de verdad - volvió a disculparse la bajista mientras se rascaba la cabeza para intentar eludir el nerviosismo.

-Tranquila te perdono - decía la joven heredera mientras comprobaba que su tez blanca no se había convertido en una bombilla luminosa de color rojo.

-Pero creo que deberíamos tener una cita – volvió a decir tragando pesadamente saliva.

-¿Por qué lo crees?

-Sabes que tenemos química y que hay algo alrededor que nos envuelve - afirmó.

-Eso ha sido muy bonito – se sorprendió al ver el lado sensible y poético de la mujer que hacia horas la había comparado con queso diétetico.

-Seguro, es la letra de una canción escrita por Katara - bromeó -, yo soy bastante inútil para escribir algo así.

-El queso lo confirma – bromeó.

-Se confirma que no soy buena hablando de estos temas.

-Comparaste mis labios con fresas y eso fue muy hermoso - alzó una ceja desafiante - y si intentas que hablemos en serio y lo intentas, te daré esa cita.

Aquel reto no podía ser ignorado, pues Korra sentía que era un momento tan decisivo como no fallar un sólo en medio de un concierto; algo que podría perjudicar todo el conjunto.

Ante la atenta mirada de la joven heredera, la rockera se quedó en silencio mascullando palabras que nadaban en su mente pero no daban salido de su boca, a la espera de que al final lo que intentaba decir se vislumbra como un milagro ante sus ojos.

-Tú - carraspeó para intentar relajar su voz - Tú eres todo lo que yo no podría ser jamás: hermosa, amable, inteligente, simpática y dadivosa. Sí, tienes dinero y eso te permite hacer muchas cosas pero la mayoría de herederas ricas no son más que una simple si niñas caprichosas que llevan bolsos caros donde portan pequeños perros con collares que valen igual que una casa. No; tu eres una maldita señorita refinada y educada, tu eres una chica que parece salida de un maldito cuento de hadas, tu eres la cima y siento que no me acercaré jamás a donde estas.

-No tienes por qué acercarte a mi - señaló - y tampoco soy tan fabulosa como crees; hay gente que no tiene tanto como tengo yo y aun así ayuda a la gente.

-Lo hacen, pero ellos no son el ángel que me salvó aquella noche – aguantó la respiración durante un par de segundos y resopló para lograr sacar de su pecho todo lo que deseaba decir – Quien me salvó aquella noche fuiste tú y sólo tú.

Asami estaba al borde de las lágrimas y no quería que Korra la viese llorar; además de que le preocupaba el esfuerzo que había hecho la bajista subiendo las escaleras. Lo mejor era invitarla entrar para terminar esta charla sentadas.

-¿Quieres pasar? - la invitó, abriendo la puerta y ofreciéndole pasar - Creo que si esta charla se alarga deberíamos sentarnos.

-Tienes razón.

Su dormitorio era una enorme estancia de paredes color crema, con cuadros sin marco de estilo minimalista, que abrazaban una enorme cama de madera de roble y telas rojas. Alrededor de ello, un exquisito diván de color claro, a juego con dos sillones que envolvían una mesa baja. Cortinas escarlatas cubrían los enormes ventanales, cerradas por ser ya muy tarde.

-Fresón, tu dormitorio es más grande que mi antiguo apartamento - exclamó Korra.

Ignorando el comentario y la expresión de sorpresa en el rostro de su invitada nocturna, la joven heredera tendió la mano hacia los dos sillones, ofreciendo asiento a la bajista para poder continuar con la charla.

"¿Para que necesita Fresón un salón en su dormitorio?" su mente se había vuelto a despistar, "¿tendrá también una cocina?".

Una vez sentadas la habitación parecía hacerse más grande por momentos, casi inmensa, pero su distancia parecía mengua a cada segundo que pasaba. Ninguna de las dos se atrevía a romper el silencio, a excepción de los ruidos ocasionados por los leves movimientos que hacían: la tela de sus pijamas rozando con los sillones, el chasquido de los dedos de Asami pues sonido que producía los dedos de Korra al peinar su cabello.

-Bueno - los labios labios de la heredera se contraían por los nervios - ¿Qué me estabas diciendo antes?.

Ella quería dejar las cosas claras en esa conversación; tanto el pasado, como el ahora, como el posible futuro. Todas las partes deberían ya atender a un consentimiento mutuo entre ambas, donde poner los puntos y las rayas en su relación. Era cierto que había sido la rockera la primera en tomar la iniciativa, visitando en plena noche a su benefactora, y era correcto que ella también lo terminase. En el fondo, Asami sabía que este ejercicio de valentía le está apostando mucho aquella joven de ojos azules y cabello oscuro, y de interrumpirla puede que nunca volviera darse aquel momento.

-Conectamos - dijo Korra, intentando colocarse de la mejor manera posible para que la pierna no les molestase - tú y yo tenemos una conexión.

-Eso parece - sonreía la joven empresaria.

-Pero no una conexión amistosa, al menos no sólo ese tipo de conexión - sus manos se movían haciendo gestos cada vez que hablaba - El azar nos unió y ya te he dicho que sé que nunca podré pagarte todo lo que has hecho por mí, pero también sé que algo nos acerca. Ya nos pasó y hoy casi vuelve a pasar, así que mejor dejar las cosas claras.

-Los dices como sino quisieras que pasase nada - matizó al notar como aquellas últimas palabras destilaban pena y preocupación.

-Sí... No... No sé - bufó frotando su melena para intentar calmarse - Es complicado.

-¿Soy complicada? - Asami alzó una ceja y se recostó en el sillón, quería que Korra sacase todo lo que tenía dentro y se guardaba para sí misma.

-No - se apresuró a decir - Lo soy yo.

Era cierto que ella era una mujer complicada, pero en el fondo lo era porque nunca había podido hablar de ciertas cosas que atenazaban su corazón y que no le permitían hablar con sinceridad. Muchas veces se convenció a sí misma de que el camino que estaba tomando era el bueno, pero el bueno porque era el que tenía.

-Pero quieres una cita conmigo con la esperanza de que todo salga mal, ¿no?.

-No estoy acostumbrada a todo esto – hizo aspavientos con las manos para señalar todo el lugar. Ahora era ella la que estaba al borde de las lagrimas -, y me asusta, ¿vale?.

Al ver aquellos ojos azules como el mar, amenazando con desbordar por sus mejillas, rogando por que contener las fuerzas que le quedaban; Asami decidió mover una pieza en el tablero.

- Así que será mejor que primero intentemos las cosas por otro camino, ¿no? - dijo, intentando regalarle a Korra su sonrisa más amable.

-Sí - dijo frotándose los ojos - Quiero saber que puede pasar.

-Pero a la vez te asusta - inquirió la heredera, inclinándose hacia delante.

-Todo asusta, ¿no?.

-A veces sí – admitió -, pero tengo una petición.

-¿Qué petición?.

-Pase lo que pase, intentaremos llegar a ser amigas – y tendió una mano para que ambas se diesen un apretón y así sellar el trato.

-Por supuesto – dijo, acompañando su afirmación con un apretón efusivo.

La joven heredera pensaba que ya había terminado la charla, pero la bajista extrajo de sus pantalones una libreta ajada y de tapas negras. La bajista comenzó a frotarse la cabeza al tiempo que abría la libreta y rebuscaba en ella con gran insistencia.

-Pero aunque raro, hay algo entre nosotras, ¿no crees? - preguntó Korra sin despegar la mirada de la libreta.

Durante unos segundos, Asami no supo que contestar. Era obvio que ambas tenían una atracción la una por la otra, pero la joven Sato no quería ir más allá y aprovecharse de una chica convaleciente. Su mente y sus deseos ya la tentaban demasiado con aquella piel canela.

-Quiero que sepas que antes de que acogieses aquí ya me había fijado en ti - y le entregó la libreta, separando las paginas con un dedo - Mira.

Curiosa, la joven de ojos verdosos tomó la libreta con cuidado de no perder la página que le marcaban aquellos dedos de uñas mordidas. Aquella pagina que había sido marcada era un dibujo, si se podía llamar así a un garabato lleno de trazas inconstantes, de unos labios anchos y perfilados que tenían al lado el dibujo de una fresa; toda una muestra de su primer encuentra. Por si quedaba alguna duda, la palabra "Fresón" gobernaba la siguiente pagina, con una enorme flecha señalando los dibujos y un intento de puente horriblemente bosquejado.

Aquellas páginas tenían restos de suciedad y evidenciaban el paso del tiempo por la cantidad arrugas y marcas del papel; en verdad si le había dejado huella aquella noche. Asami no pudo contener una sonrisa y un suspiro de sorpresa al ver aquel dibujo garabateado de una forma apurada e irregular, como haría un niño o un borracho.

-No - le entró cierta congoja al ver en aquella libreta la prueba palpable de que sí la había recordado - No sé que decir. ¿Gracias?.

-La verdad no recordaba mucho de tu rostro, excepto tus ojos y tus labios - sonrió Korra - Me encantaron tus labios.

-Por eso soy Fresón - abanicó su rostro con su mano para intentar no terminar llorando - Me dibujaste en esta libreta y eso ya es importante.

-Es una libreta que llevé conmigo esas semanas. Escribía como me sentía, letras de canciones, que debía hacer... - peinó su cabello con la yema de sus dedos recordando las frías noches que pasó durmiendo en callejones malolientes - Más tarde escribí mis aciertos, mis genialidades, mis ideas más disparatadas, lo que no quería repetir, lo que quería intentar y lo que hubiera deseado repetir.

Su mirada se mostraba se perdía en el horizonte y su sonrisa esbozaba la tristeza de alguien que prefiere reír ante el infortunio a llorar por sus calamidades. Era el rostro de alguien que lo había perdido todo y que todavía intentaba encajar las piezas de un puzzle.

-Bueno, ¿a donde iremos en la cita? - la joven Sato intentó volver a dirigir la charla a algo más suave y menos traumático. Sabía mejor que nadie lo dolorosos que podían ser los recuerdos.

-Dime, Fresón, ¿te gustan los bolos?.

-Nunca he jugado – recordaba que le habían hablado de una bolera.

Una amplia y sonrisa deslumbró en los labios de Korra al escuchar eso.

-Estupendo.

Continuará

Reflexiones

Creo que nunca me han debido de odiar tanto como en el 50º capítulo, donde les he quitado el momento suculento y les he negado el beso que tanto ansían, pero ahora ya empieza el tiempo del Korrasami y la cita en la bolera será algo adorable.

También quiero decir que entiendo que la gente quiera que vuelva a actualizar cada semana, pero me es imposible por motivos de agenda y trabajo. Debo hacer más horas para que me paguen más y tengo otros proyectos que me consumen tiempo. Entiendan que en vez de lo normal: unas 3000 palabras por capítulo. Les estoy dando el doble, así que debería ser un aliciente para satisfacerlos.

Para dejar bien claro una pregunta que me han hecho, y me ha sorprendido muchísimo:

FANFICTION NO ME PAGA NADA NI A MI NI A OTROS FICKERS.

Escribir esto se debe a que una persona en verdad creía que esto era como Youtube y ganaba dinero con mis fics, cuando no gano absolutamente nada, a excepción de sus reviews.

Agradecería que el día de mañana, cuando logre autopublicar una novela, rebusquen en los bolsillos, recuerden los momentos que les estoy dando, vayan a Amazon y la compren. Mientras tanto, dejenme una review.