Lo sé, lo sé, me tardé siglos. Pero hay una explicación razonable para todo esto. Algunos de ustedes lo sabrán, otros ni por enterados de dan, pero he comenzado a escribir otro Milori (Milo x Saori), de nombre: "Academia Sanctuary", que será el reemplazo que me mantenga desesterado cuando termine de escribir Guerras Doradas. Además, como ya lo saben, no puedo escribir estos OVAs tan rápidamente, el próximo OVA es el fin de la saga de Apolo, y de Guerras Doradas, así que hay que cubrir todos los cabos sueltos, lo que me tomó mucho tiempo. En fin, me limitaré a contestar reviews por lo pronto:
TsukihimePrincess: De hecho, Kuramada le quitó el trono del Olimpo a Ares, pero como este es mi universo, lo invertí, y a quien le quitaron el trono fue a Apolo, jajajajaja. La historia de guerras doradas secretamente se trató siempre del dios de la guerra, fuera Milo o Ares, Apolo era solo el manipulador de los hilos que no sabe que hay alguien más (Cronos), manipulando los hilos, también, jajaja. No menosprecies a Shiryu, tengo preparado un asombroso papel para él en esta entrega. ¿No te estás adelantando un poco declarando a Shaula matricida o padricida? Jajaja, es una interesante teoría, pero no puedo negarla ni asegurarla aún, no yo mismo sé qué va a pasar. Definitivamente soy un cruel de primera, muahahahaha. Espero esta actualización también te haga llorar, no en el mal sentido, sino que quedes conmovida, disfruta.
dafguerrero: En respuesta a lo del tatuaje de Saori, sí, aún lo conserva, jajaja. Todos los dorados ya están viejos, recuerda que durante todo guerras doradas desde el inicio hasta la actualidad, la historia ha recorrido 35 años, ósea la edad de Saori. Shura y Kanon son los más viejos con 50 y 45 años respectivamente. Me encanta como le pones atención a los detalles de las frases, que bueno que te gustaron. ¿Por qué todos creen que Shaula matará a Saori? ¿Qué Sargas está pintado o qué? Jajaja, es broma, todavía no sé qué va a pasar, no adelantemos conclusiones. Jajaja, no podía dejar a Ikki solo, tenía que darle un pequeño Fénix, y como por allí alguien mencionó a Hécate pues, no era mi intensión crear esa pareja pero bueno, nació simplemente. En cuanto a Cheshire, acaba de convertirse en un buen personaje en este capítulo, espero lo aprecien.
Liluz de Geminis: ¿Me odias? No te daré el capítulo final entonces T_T, me siento despreciado, uwaaaaaah, jajajajaja, es broma, es broma. Te voy a contratar para que escribas mis prólogos, parecen de telenovela, jajajajaja. En este capítulo habrá el triple de música así que te recomiendo conseguir otro teléfono, jajaja. Shura tiene 45 años, jajaja, debía hacerlo aparentar viejo, dí que no le puse barba a Kanon, muahahahaha. Deberás dejar de imaginarte el reencuentro con Milo porque por fin pasará, jejeje, espero lo disfrutes. Sí, fui obvio con los que se hacían pasar por Bronces, pero bueno, se me están acabando las ideas, lo siento T_T. Y no te preocupes, prepara tus lentes de tercera dimensión que ya empezó la segunda película de Apolo.
daanaf: Odia al sol, muahahahaha. ¿Te hice llorar? Ya me estoy sintiendo culpable, tal vez deba preparar un final menos trágico… aunque… me gusta mi final… tendré que pensarlo detenidamente. Si tomas a Apolo del cabello te vas a quemar, no te lo recomiendo, jajajajaja. Milo seguirá sufriendo, escribí esta historia al estilo de las comedias románticas griegas después de todo, y si has leído una encontrará el parentesco y el significado del verdadero heroísmo, ese es el punto de tanto drama, jajaja. Madurar a seiya era casi obligatorio, digo, tiene 35 años, que esperaban, que siguiera siendo un idiota, jajajajaja, pobres de los fans que se molestan por eso. Espero que estés dispuesta a escuchar muchas canciones, porque hay muchas en este capítulo, disfruta.
EDITADO: 30/05/2018 (Que une a Guerras Doradas con su precuela, Guerras de Troya).
Prólogo:
Inicia Tema: Athena's Death.
Atenas, Grecia. Templo del Patriarca. 21 de Marzo de 25 N.G.
El sol se alza orgulloso sobre la tierra, su corona la rodea, baña su superficie de ardientes cometas que estallan al colisionar con la tierra, levantando llamaradas de ira divina que traen consigo muerte, y sufrimiento. Los soldados son aplastados por los proyectiles solares, fulminados hasta los huesos en una muerte rápida, pero terrible.
Una risa malévola resuena, una dama en un vestido blanco se regocija en el terror y la muerte. Su risa, aunque hermosa, suena con un estruendo endemoniado, mientras su blanca vestimenta, comienza a mancharse, se vuelve negra, sombría, y perversa. Es el nacimiento de una nueva diosa tirana.
Su Santuario yace en llamas, el cielo se ha tornado escarlata por el fuego, pero el corazón de la alguna vez bondadosa diosa no se tienta. Es negro como carbón, y arde con la misma intensidad del sol. El caos reina, su locura se incrementa, es un alma atormentada que goza del sufrimiento humano, lo saborea, lo desea.
Descalza danza por su Santuario, sus pies patalean sobre sangre azul, el Icor de los dioses de esta tierra, que caían rendidos, con sus ojos en blanco, pero ahogados en las lágrimas, mientras su diosa de la esperanza encuentra placentero el Icor de los dioses, pegado contra la pálida piel de sus delicados pies.
Nada puede parar la alegría malintencionada de la diosa, mientras se entrega a la locura, ve al sol, su nuevo reino, símbolo de su poderío, terminando con los mortales, sellando la profecía que alguna vez invadiera los corazones de doce soldados de oro que habían fallado, que no lograron prevenir lo que divinamente era inevitable.
La diosa disfruta, se sienta sobre su trono, orgullosa. Es ella la gloria, es ella la regente, es ella la invencible soberana, quien con su sabiduría venciera a dioses sin alzar un solo dedo, enviando a otros a hacer su voluntad sin que nadie se diera cuenta, la ironía era un deleite.
La diosa aspiró, se regocijó, y con su báculo continuó con la destrucción. Tierras lejanas recibirían su castigo, borraría todo rastro de los antiguos dioses, ella sería el único gobernante, la única a quien rendirían culto. Lejos de su reino, otro caía bañado en el fuego, otra diosa de conocimiento se asomaba a su balcón y veía su reinó transformarse en cenizas, y era fulminada bajo la poderosa tiranía de la nueva diosa de la tierra. No había quien fuera una fuerza de resistencia. Athena, la diosa de la Tierra, era invencible, y el solo pensamiento la hacía reír. La diosa tirana había vencido. Había comenzado el reinado del sol. Su nuevo reinado de tiranía divina.
Termina Tema: Athena's Death.
Monte Olimpo. Templo de la Luna.
—Señorita Artemisa —en los remanentes del Monte Olimpo, habían aún 2 estructuras en pie. La primera era Delfos, donde alguna vez gobernó Apolo. La segunda era el Templo de la Luna, donde Artemisa se encontraba sentada, con su Armadura Divina arropándola. Dormía en esos momentos, hasta que una de sus Satelites, las fieles seguidoras de Artemisa, se posó frente a la diosa en señal de respeto—. Su hermano ha solicitado su presencia en la tierra. Dentro de poco, el sol abandonará el firmamento y la tierra será tragada por la oscuridad. Pero para que el exterminio de la humanidad sea completo, la luna deberá bajar también del cielo —explicó la Satelite, que vestía armadura plateada, tenía cabellera blanca y enchinada, y a quien Artemisa observó con ojos vidriosos.
—El exterminio de la humanidad —mencionó Artemisa—. Agradezco la noticia, Calisto —prosiguió Artemisa, y se puso de pie. Otra Satelite se encontraba arrodillada frente a ella, vestía una armadura negra con incrustaciones de rubíes redondos, cargaba un par de carcajes llenos de flechas rojas, y tenía el ojo izquierdo vendado por un parche blanquecino—. Lascoumune —la nombró Artemisa, y la guerrera se puso de pie—. El fin de la humanidad ha llegado. Apolo y Artemisa bajarán del cielo para traer muerte a los mortales que han desafiado a los dioses. No quedará rastro alguno de su existencia, grandes dioses han caído bajo su avaricia. Ares, Poseidón, Hades, Hermes, Afrodita, Hera, incluso mi padre Zeus, todos han caído bajo el tiránico reinado de mi hermana, Athena —terminó Artemisa.
—No deberías culpar todas las muertes en el nombre de Athena, Artemisa —mencionó otra diosa, que se acercaba vistiendo una Armadura Divina similar a la de Artemisa, solo que de colores verdes pálidos—. Hermes fue asesinado por Zeus cuando lo desobedeció. La muerte de Afrodita la sentenció ella misma cuando usó todo su cosmos para respaldar al de Paris en el doceavo Templo del Olimpo hace 5 años. Y lo de Hera fue un suicidio —continuó la diosa, de cabellera esmeralda y hermosa—. Athena no ha hecho más que defenderse de los atacantes, de Ares, de Poseidón, de Hades, incluso Zeus le declaró la guerra. ¿Dónde está la tiranía en eso? —preguntó la diosa.
—¿Dónde está? —preguntó otras diosa, que llegaba desde el otro extremo del recinto de la luna. Vestía una Armadura Divina de colores dorados brillantes, con plumas de pavorreales de oro forjando unas alas improvisadas y hermosas. 3 diosas estaban reunidas en el Templo de la Luna—. Te diré dónde está la tiranía. 7 de los 12 dioses Olímpicos han muerto. Nosotras 3 unidas no poseemos siquiera una fracción del poder de Poseidón, Hades, o Zeus. Incluso nuestros dominios han sido absorbidos por los Titanes, todo gracias a una repugnante hija bastarda de Zeus —lloró la mujer.
—Deméter… tranquilízate —la calmó Artemisa—. De los 12 dioses Olímpicos ya solo quedan 5. Nosotras aquí presentes, Hefestos quien abandonó su puesto y se esconde actualmente en los Campos Elíseos implorando el perdón de Cronos, y Athena —terminó Artemisa—. Pero todas las batallas han terminado ya. Apolo ha tomado posesión del cuerpo de Athena gracias al Collar de Harmonía que Orfeo ganó por favor de Hera. Recuperaremos nuestros dominios, recuperarás a tu hija, Deméter —y Artemisa observó a la otra diosa—. Y tú, hermana Hestia. Pese a que no has interferido en estas, las Guerras Doradas, como diosa Olímpica, Apolo te brindará un lugar en su nuevo reinado —y Hestia bajó la mirada, apenada—. Gobernarás a la nueva especie que reemplace a los humanos cuando estos se hayan extinto —terminó Artemisa.
—Cuando hayan sido exterminados querrás decir —interrumpió Hestia, y Artemisa se detuvo—. Sé que tu corazón está en pena por la muerte de Zeus. Eras su hija predilecta. Pero no seas ciega, Artemisa. La verdadera tiranía pertenece a los dioses del Olimpo. Fueron ellos quienes encausaron todas las guerras, el único pecado del que se puede culpar a Athena es el de amar tanto a los humanos, como para unirse a ellos en cuerpo y alma. Y aun así, me atrevo a preguntarte, Artemisa. ¿Cómo podríamos juzgarla, si la regla de que conservara su virginidad, era impuesta para forzar el eterno dominio de Zeus? Athena jamás erró en su gobierno. Fuimos nosotros —sentenció Hestia.
—La virginidad es sinónimo de pureza, Hestia. Deberías saberlo —insistió Artemisa—. Tú y yo somos puras, los mortales no merecen nuestra sangre, los dioses la codician pero jamás deberán tenerla. Athena rompió su voto de pureza, y ahora sufrimos las consecuencias. Athena… debe de detenerse… no está apta para gobernar esta tierra. Siempre debimos de haber escuchado a Apolo en lugar de permitir que Zeus lo desterrara por celos y egoísmo —continuó Artemisa, dispuesta a creer en la misión de su hermano.
—Escúchate, Artemisa… —comenzó Hestia—. Escucha el cómo hablas de tu padre a quien tanto amabas, y escucha como lo enuncias con semejante desprecio y desdén. Y te pregunto. ¿Así debería hablar una diosa pura? —gritó Hestia, y Artemisa se dio la media vuelta, y con su báculo derribó a Hestia—. ¡Artemisa! —volvió a intentar razonar Hestia.
—No pongas en duda tu reinado en el Nuevo Olimpo, Hestia —prosiguió Artemisa—. Nos vamos, Calisto, Lascoumune —terminó Artemisa, y se retiró con sus seguidoras. Deméter entonces siguió llorando, recordando a su fallecida hija, Perséfone, y Hestia se mantuvo preocupada.
Saint Seiya: Guerras Doradas.
Saga de Apolo: Dioses de la Guerra.
Opening Theme Song: Arrow of Sun.
Atenas, Grecia. El Anillo Medio.
—¿Aioria? ¿Estás bien? —preguntó Milo, poniéndose de pie con debilidad y con sangre manchándole el rostro de una herida en la frente. Tras ver el resplandor de una Exclamación de Athena brillar en el Templo del Patriarca, y que este se disipara sin causar destrucción alguna, una lluvia de meteoros lanzados por el sol, que brillaba en el cielo de una forma extraña ya que era de noche y con su luz difuminaba el firmamento en colores escarlatas intensos, cayó sobre Atenas, haciéndola arder en llamas. Pero tras esa momentánea explosión de eventos, todo había caído en un silencio sepulcral—. ¿Aioria? —preguntó Milo nuevamente.
—Mi cosmos… me mantuvo con vida… —comenzó el antiguo Caballero de Leo, que salió de debajo de los escombros para ver el mundo resultante del nuevo reinado del sol—. ¿Qué está ocurriendo? —preguntó Aioria—. ¿Athena? —y ambos miraron al Templo del Patriarca. Estaba intacto, pero ninguno de los 2 pretendía quedarse de brazos cruzados y averiguarlo, pretendían subir y verlo por ellos mismos, más antes de hacerlo, el suelo bajo sus pies comenzó a iluminarse de un verde inmenso—. ¡Me lleva Ha…! —comenzó Aioria.
—¡Dragón Ascendente! —gritó Shiryu, y de un tremendo puñetazo, se desenterró del suelo, lanzando a Aioria a un lado, e impactando el mentón de Milo, que recibió toda la fuerza de su cosmos, y cayó al suelo temblando por el dolor—. ¿Ikki? ¿Te encuentras bien? —preguntó Shiryu, y el de Leo se levantó y se limpió un hilo de sangre del rostro—. ¿Qué ocurrió? ¡El sol! —se sobresaltó Shiryu.
—Yo también puedo verlo, no estoy ciego, Shiryu —lo interrumpió Ikki—. Los cosmos de Ohko, Nachi, y Marín desaparecieron —y Aioria se sobresaltó tras escuchar el destino del cosmos de Marín. Ikki lo notó, pero ignoró el dolor de Aioria que se mordía los labios en el suelo intentando contener las lágrimas, e incorporándose—. Pero fuera de eso —prosiguió Ikki—. Kiki y Shura siguen en sus templos montando guardia. Y Athena… —continuó, concentrándose—. Siento su cosmos. Se encuentra bien —terminó Ikki.
—Es un alivio —prosiguió Shiryu, sintiendo una hilera de cosmos dorado bajar por los 12 templos, rodearlos, y transmitir un mensaje—. ¿Saori? —preguntó Shiryu, e Ikki se impresionó al mismo nivel de Shiryu, pero mantuvo la calma—. ¿Escuchaste esa orden? —e Ikki asintió nuevamente—. Algo no está bien —agregó Shiryu—. Saori no nos pediría hacer algo tan drástico —continuó Shiryu.
—Todos sabemos que Milo es el dios de la Brutalidad en la Guerra —continuó Ikki—. Además el sol al parecer ha declarado la guerra al Santuario. No podemos enfrentar a 2 dioses al unísono. La petición de Saori me parece la más prudente —continuó Ikki.
—¿Petición de Saori? —preguntó Milo, poniéndose de pie—. Siento su cosmos… se encuentra a salvo, y tranquila… pero… por esta ocasión pretendo confiar en mis ojos y no en mi cosmos —insistió Milo—. Háganse a un lado… continuaremos con esta batalla cuando me cerciore de que Saori se encuentra a salvo —insistió Milo.
—Fuimos bombardeados por el sol —apuntó Aioria—. ¡Eso debería ser prueba suficiente de que algo está mal! ¿Acaso no recuerdan el Oráculo de Delfos? —preguntó Aioria, e Ikki observó a Shiryu—. Ikki… tú no recibiste el Oráculo. Pero Shiryu lo hizo. Puede que no podamos revelar la información del Oráculo. Pero mira en tus recuerdos, Shiryu. Y dime que esto no te huele a Delfos —insistió Aioria.
Inicia Tema: Saint Seiya Senki OST – Libra.
—No es el mejor ejemplo que pudiste haber elegido, Aioria —observó Shiryu a Milo—. Da la casualidad que mi parte de la profecía tenía que ver con Milo y no con Apolo. Y pretendo darle fin antes de que inicie —y Shiryu elevó su cosmos, y el poderoso Dragón Dorado rugió—. ¡Shura! ¡Protege a Saori! ¡Yo combatiré al dios de la Brutalidad en la Guerra! ¡El Vuelo del Dragón! —gritó Shiryu, lanzándose a una velocidad increíble en dirección a Milo, derribándolo, y clavándolo en el suelo.
—¡Ikki! ¡No hagas esto! —suplicó Aioria, pero el de Leo incineraba su cosmos, y el León rugía con fuerza y desafío—. ¡Ikki! ¡Detente! —prosiguió, elevando su cosmos en defensa propia—. ¡Maldición! ¡Entiendo la postura que toman pero…! ¡Athena! —comenzó Aioria.
—¡Athena está bien, Aioria! ¡Ella misma ha dado la orden de su ejecución! —y Aioria se sobresaltó—. ¡No podemos enfrentar a Apolo y a Milo convertido en dios de la Brutalidad en la Guerra al mismo tiempo! ¡Relámpago Incandescente! —gritó Ikki, lanzándose a puño cerrado en dirección a Aioria, que fue impactado en su rostro por Ikki, que volvió a perseguirlo intentando golpearlo, pero siendo evadido continuamente por Aioria—. ¡Tenemos que derrotarlos! ¡Plasma Llameante! —lanzó su ataque Ikki, que rodeó los alrededores con hileras en llamas que Aioria evadió a una tremenda velocidad, hasta posarse frente a Ikki, con su cosmos iluminado de un blanco intenso, y atacar con un potente rugido.
—¡Héros Prominence! —atacó Aioria, impactando el cuerpo de Ikki, y lanzándolo a las puertas de la muralla que delimitaban la entrada al Anillo Superior—. ¡Fuera de mi camino, Ikki! ¡Un nuevo León ruge bajo mi mando! ¡Domador de las Bestias! —insistió Aioria, lanzándose en contra de Ikki, impactando su pecho con fuerza, derribando las puertas de entrada del Anillo Superior con el cuerpo de Ikki.
—¡Ikki! —gritó Shiryu, y miró a Milo, poniéndose de pie, respirando pesadamente, y reuniendo el cosmos que le quedaba—. Realmente lamento esto, Milo. Pero no permitiré que esa profecía se cumpla —prosiguió Shiryu, moviendo sus brazos, formando los movimientos del Dragón Dorado—. ¡Dragón Ascendente! —gritó, y se lanzó transformado en el poderoso Dragón Dorado.
—¡Shiryu! ¡Si es el poder de los Caballeros de Libra lo que quieres ver, te lo demostraré a pesar de que no sea esa mi constelación! —y Aquean Tigris rugió a espaldas de Milo—. ¡Tigre Descendente! —se lanzó Milo, y el poderoso Tigre lo respaldó, ambos ataques chocaron, y al final, el Dragón venció al Tigre, y Milo fue azotado en contra del suelo con fuerza—. Maldición… extraño tanto al Escorpión Celestial —y Shiryu saltó, y comenzó a caer en picada, pero siendo evadido por Milo en el último momento—. ¡Asesino de Dragones! —lanzó su patada Milo, que impactó el escudo de Shiryu, que comenzó a agrietarse.
—¡Su patada cuarteó mi escudo! —se impresionó Shiryu, observando a Margarites Dracon golpear con fuerza su escudo—. Milo… por más admirable que seas, debo hacerte frente —y Shiryu viró, se posó a espaldas de Milo, y lo tomó de los brazos por la espalda.
—¿Estás demente? —se horrorizó Milo, sabiendo de antemano lo que iba a pasar, y mientras Aioria e Ikki se impactaban en el rostro mutuamente, ambos observaron la determinación de Shiryu, y su cosmos incinerarse tan alto que fácilmente sobrepasó el de Milo, que no logró librarse del agarre de Shiryu—. ¡Suéltame! ¡Moriré cuando me asegure de que Athena está a salvo! —recriminó Milo.
—No… no podemos arriesgarnos… por más que desee confiar en ti, Milo. Ares no es un dios con el que se pueda tener cautela —y Shiryu incineró su cosmos, y la fuerza dorada empujó a Aioria y a Ikki a un lado, derribándolos, mientras Shiryu se elevaba—. ¡El Último Dragón! ¡Nos convertiremos en polvo de estrellas! —y Milo comenzó a elevarse junto a Shiryu, pero el Tigre rugió con fuerza, y comenzó a virar el cuerpo de Shiryu—. ¿Cómo? ¡El Tigre no es tu constelación principal! —se quejó Shiryu, mientras el Dragón era invertido, y comenzaba a volar en dirección al suelo, a punto de estrellarse.
—¡Fui capaz de elevar a Poseidón igual que tú haces con tu Dragón! ¡Si poseo la fuerza de un dios, Shiryu! ¡Puedo revertir tu ataque! —y ambos se estrellaron con fuerza, levantando una inmensa sábana de destellos dorados, que volvieron a derribar a Aioria y a Ikki, quienes observaron sin habla a Milo ponerse de pie, y a Shiryu elevar su cosmos, sin deseo de rendirse—. ¡Malnacido! ¡Casi preferiría enfrentar a Ikki! —y Shiryu movió sus manos, reuniendo todo su cosmos en un último ataque—. ¡Hazlo! ¡Termina conmigo si tienes el cosmos! ¡Asesino de Dragones! —se lanzó Milo, mientras Shiryu terminaba los movimientos de su técnica.
—¡Los 100 Dragones de Rozan! —los Dragones volaron alrededor de Milo, que los evadió mientras caía en picada, unos cuantos intentaron impactarlo, pero todos sucumbieron ante el Asesino de Dragones de Milo, que impactó el pecho de Shiryu, lo derribó, y lo enterró profundo en la tierra, el Caballero de Libra realmente estaba dando su mejor esfuerzo.
Termina Tema: Saint Seiya Senki OST Libra.
—Maldición… —se quejó Milo de dolor, y se sobresaltó aún más cuando Shiryu volvió a ponerse de pie, extremadamente débil, pero negándose a rendirse—. Recuerdo el día… en que enfrentaste a Themis de Flamberge, la diosa del Orden… ganándote tu lugar en las filas de los Caballeros Dorados… el Caballero de Bronce… cuyo cosmos brilló como el oro… el Caballero del Equilibrio… —y Milo volvió a preparar su cosmos, pero ya nada le quedaba, Shiryu lo había igualado—. Athena… está en buenas manos… ¡Pero no puedo morir aún! ¡No sin primero cerciorarme de cumplir mi parte de la profecía! ¡Entiéndelo, Shiryu! ¡Yo también sé lo que estoy destinado a hacer! ¡Yo también sé que en estos momentos Athena corre peligro! ¡Y que salvarla solo la llevará a enfrentarme! ¡Desearía que fueras tú quien acabe por fin con mi sufrimiento pero no lo harás! Porque confío… en que esa maldita profecía encierra un destello de esperanza… que me evite las penas de volver a repetir ese error del pasado… —y Milo no lo soportó más, lloró, pero se secó las lágrimas de inmediato, elevó su cosmos y desafió a Shiryu—. ¡No tienes idea de lo que he sufrido sabiendo que mi mayor dicha es también mi mayor sufrimiento! Pero lo único que me mantiene cuerdo, es el constante recordatorio de que por Saori… ha valido la pena… si tuviera la oportunidad de volver a elegir… te juro… que no cambiaría nada… amo a Saori… soy leal a mi diosa… pero no me arrepiento de mis decisiones… —y Shiryu lo observó con detenimiento. Y en lugar de seguir adelante, bajó los escudos.
—Ya es suficiente… aquí no hay enemigos… —y tanto Ikki como Aioria, que mantenían sus guardias arriba, miraron a Shiryu—. Milo no se ha transformado aún en el dios de la Brutalidad en la Guerra. Como el Caballero del Equilibrio, puedo verlo. La justicia en tu corazón… no ha sucumbido —y Milo estaba sin habla.
—Shiryu… tú escuchaste las órdenes de Athena —continuó Ikki, y Shiryu asintió—. Saori nos ordenó asesinar a Milo y a Aioria, y no pretendo desobedecer una orden directa. Por más que me duela, ellos deben morir —prosiguió Ikki, y Aioria mantuvo su guardia en alto.
—Lo escuché, pero desde ese momento he tenido una sensación extraña —e Ikki miró a Shiryu con detenimiento—. Esa orden… la enunció sin resentimiento alguno. Casi como si no sintiera pena por asesinar a Milo. Por más cautela que Saori desee tener por la presencia de Apolo. Tras ver a alguien tan determinado como Milo romper su cautela habitual como acaba de ocurrir, no puedo evitar pensar en la fragilidad de Saori. Es imposible que haya dado esa orden con semejante frialdad y sin tentarse el corazón ante quien fue su esposo y padre de sus hijos. No fue capaz de evitar amar después de todo —miró Shiryu a Milo, quien estaba sorprendido por lo que estaba escuchando—. Lamento haberlo enfrentado con tanta determinación, sin pensar en que probablemente estábamos equivocados —se disculpó Shiryu—. Además… en mi recuerdo… Saori era una tirana —susurró Shiryu para sí mismo, recordando su parte de la profecía.
—¡Basta! —gritó Ikki, colocándose justo en la entrada a los territorios de las 12 Casas—. Puede que tenga menos tiempo que tú como un Caballero Dorado, Shiryu. Pero no negaré una orden directa de Athena. He decidido desde hace tiempo, que ella es la única diosa que puede darme órdenes. Si no eres parte de la solución entonces eres parte del problema. Nadie pasará por estas puertas. Las defenderé como protegería el Templo de Leo. Incluso si significa enfrentarme a ustedes 3 —terminó el Caballero de Leo, elevando su cosmos, inmenso y poderoso, dispuesto a cumplir con su deber a con su diosa.
—Lo peor de todo es que tiene el poder de mantenernos al margen —mencionó Aioria—. Escucha, Ikki. Admiro tu determinación, pero quiero que me mires directamente a los ojos y me digas que realmente crees que soy un traidor —e Ikki se mordió los labios, pero se negó a apaciguar su cosmos—. ¡Ikki! —y el Caballero de Leo cerró sus ojos, pero los abrió de inmediato, y lanzó su ataque, mismo que Aioria bloqueó con su mano, resistiendo el inmenso poder de Ikki—. Maldición… testarudo Caballero de Leo. Eres en extremo admirable. No importa si se trata de amigos o enemigos, los enfrentas con tus colmillos bien afilados —e Ikki alzó el puño, impactó el mentón de Aioria, y lo derribó.
—¡Mataría inclusive a mi propio hermano, si le levantará el puño a mi diosa, Aioria! —prosiguió el de Leo, y Aioria comenzó a incorporarse y a limpiarse la sangre del rostro—. Eso es lo que significa ser un Caballero de Athena. Jurarle lealtad incondicional. Como la única diosa a la que serviré, puedo asegurarte que sus órdenes, sin importar cuan absurdas, son innegables —terminó Ikki, a pesar de las palabras de Shiryu y Aioria—. No pasarán —terminó.
—A pesar de las circunstancias… no lo culpo —agregó Milo, y Aioria asintió—. Pero debo llegar ante Saori. Tú y yo sabemos lo que tiene que pasar, Shiryu. Es el momento —y el Caballero de Libra asintió—. ¿Aioria? ¿Lo quitarás de mi camino? —preguntó Milo.
Inicia Tema: Saint Seiya Senki OST Leo.
—Sabes que sí —sonrió Aioria—. Fue un placer conocerte. Lleva flores a mi tumba. ¡Héros Prominence! —gritó Aioria, se lanzó contra Ikki, que cubrió con ambos antebrazos, y resistió el ataque de Aioria que lo empujaba con todo su cosmos—. ¡Vete! —gritó Aioria, Milo asintió, y entró en territorio de las 12 casas—. Síguelo. Si las cosas salen de control te confío a Athena —y Shiryu suspiró, intranquilo, pero asintió y comenzó a correr tras Milo.
—¡Shiryu! ¡Eres un traidor! —se quejó Ikki, hizo estallar su cosmos, y lanzó a Aioria por los cielos—. No permitiré que llegues ante Athena, Milo. ¡Relámpago Incandescente! —conjuró Ikki, reuniendo una esfera de llamas en su puño e intentando lanzarla en dirección a Milo, pero Aioria lo tomó de la cintura, lo alzó, y lo estrelló de espaldas al suelo, desviando el ataque de Ikki, que terminó impactando el suelo sin dar en su blanco—. ¡Aioria! —se quejó Ikki, se puso de pie con agilidad, y encaró al antiguo dueño de su armadura—. ¡Es la última vez que te metes en mi camino! ¡Plasma Llameante! —rugió Ikki, y Aioria se cubrió el rostro con los brazos, recibiendo el ataque. Ikki de inmediato se lanzó a él, y golpeó con fuerza, rompiendo la defensa de Aioria, y derribándolo—. ¡Terminaré contigo antes de ir tras de ellos! —amenazó el de Leo.
—Admiro tu lealtad… Ikki… pero creo que me quitas crédito —sonrió Aioria, preparó el puño, se lanzó a Ikki y gritó—. ¡Domador de las Bestias! —anunció, Ikki evadió, y el tremendo golpe impactó el suelo—. ¡Qué veloz! —se sorprendió Aioria.
—¡Puño Fantasma! —gritó Ikki, y Aioria se sorprendió, evadió, y el poderoso ataque mental a pesar de no alcanzarlo, le causó un tremendo dolor en su mente—. Nadie jamás había escapado a mi Puño Fantasma —se sorprendió Ikki, y sonrió—. Mejor así… le restaría diversión a esta pelea —y el puño de Ikki resplandeció con la imagen de la cabeza de un León.
—¡Nunca debí haberte enseñado esa técnica! —se quejó Aioria, cerró su mano en un puño, y el León también respaldó su puño—. ¡Domador de las Bestias! —se lanzó Aioria, e Ikki sonrió, impaciente, y se lanzó también.
—¡Domador de las Bestias! —y ambos ataques colisionaron, estallaron, y mandaron al otro a la dirección opuesta, mientras los poderosos leones de sus respectivos cosmos se mordían el uno al otro—. Esta batalla… es mucho más gloriosa de lo que imaginé… el León nos ha elegido a ambos —sonrió Ikki.
—Perdóname si no me siento con el ánimo de ser compartido —prosiguió Aioria, elevando su cosmos nuevamente, permitiendo al León de Mythrilo rugir en su nombre—. Leo… no pudiste elegir un mejor reemplazo… bien hecho viejo amigo —sonrió Aioria, y preparó su próximo ataque—. ¡Héros…! —comenzó, e Ikki se lanzó intentando prevenir el ataque—. ¡Prominence! —terminó Aioria, golpeó el suelo, y este estalló, rodeándolos a ambos en la explosión de cosmos blanquecino, mientras ambos leones aparecían dibujados en el cosmos de ambos, y se encaraban el uno al otro. Ikki terminó cubriéndose el rostro por la potente luz, mientras a tierra a su alrededor se desmoronaba, y Aioria se levantaba nuevamente, rugiendo con ira, sorprendiendo a quien hoy era su reemplazo.
—Indudablemente, el León elige a los más dignos —sentenció Ikki, posándose frente a la luz blanquecina, mientras Aioria preparaba nuevamente su cosmos, se lanzaba, e Ikki hacía lo propio—. ¡Es el orgullo de Leo! ¡Domador de las Bestias! —y un último estallido lanzó a ambos por la ciudad en ruinas, Ikki terminó electrificado en el suelo, y Aioria con su cuerpo rodeado de tenues llamas que apenas le quemaban la ropa. El León de Nemea, había elegido bien a los portadores de su melena.
Termina Tema: Saint Seiya Senki OST Leo.
El Anillo Medio.
—¡Brogi tes Spears! —resonó la voz de Mu. Por toda la ciudad en ruinas volaban lanzas, y un Ángel escapaba de estas, que lo perseguían sin tregua. Mu continuaba con vida, había sobrevivido a la caída de los meteoros donde muchos soldados no habían corrido con la misma suerte, pero un gran temor invadía su corazón, y no era precisamente temor a su enemigo, Touma, uno de los 3 Ángeles al servicio de Apolo que habían atacado la ciudad de Atenas—. Lo que se sintió en el Templo del Patriarca, era una Exclamación de Athena —prosiguió Mu, y el conjurador de lanzas prosiguió lanzando sus proyectiles, mismos que Touma impactaba y redirigía lejos de su cuerpo—. El brillo del sol en la tierra se desató en el Santuario, pero no ha habido destrucción alguna —continuó Mu.
—Los Caballeros Dorados que desataron esa técnica fueron unos tontos —sentenció Touma, y Mu dejó de atacarlo para escuchar lo que tenía que decir—. Apolo les dio el brillo de la Exclamación de Athena, deberías saberlo, esa técnica es demasiado agresiva para la gentil de Athena. Era evidente que la diosa no fue su creadora. Incluso la prohibió. Es solo gracias a ustedes 3, quienes desataron esa técnica contra Hyperión, que ahora Apolo reina sobre la tierra… por fin se cumplirá mi deseo… por fin volveré a ver a mi hermana… —susurró Touma.
—¿Una hermana? —mencionó Mu, y Touma se sobresaltó—. Entonces esa es la razón por la que actúas en esta guerra al servicio de los dioses. Me preguntaba cómo un humano como tú podía vestir una Glorie, esas armaduras, si bien no tan fuerte como el Mythrilo, solo pueden ser vestidas por los Héroes reencarnados. Pero tú eres un humano común. Pero… hay algo diferente en ti… si fueses en verdad humano, la edad te habría alcanzado como alcanza a todos, y no eres un Muviano. Te ves exactamente igual que el día en que mi hija, Mesarthim, te conoció durante la invasión al Olimpo —y Touma de inmediato se cubrió la cabeza—. Así es… puedo leer tu mente… —mencionó Mu—. Y puedo ver que no crees en la misión de exterminio de Apolo, pero entonces. ¿Por qué combates en su nombre? —se concentró Mu, y una niña se dibujó en su mente—. ¿Marín? —preguntó Mu sorprendido, y Touma se lanzó en su contra.
—¡Meteoros de Icarus! —gritó Touma, y cometas blanquecinos volaron en dirección a Mu, golpearon su cuerpo, lo derribaron, y lo dejaron tendido y débil en el suelo—. ¿Qué sabes de mi hermana? —preguntó Touma, levantando a Mu del cuello—. ¿Cómo sabes su nombre? —gritó nuevamente—. Apolo me prometió volver a verla si le servía, mi hermana lo era todo para mí. Cuando ocurrió la Gran Marejada pensé que la había perdido, pero Apolo me prometió que la volvería a ver. Jamás he creído del todo en las palabras de Apolo, pero le cumplió su promesa a Orfeo… ahora dime… ¿dónde está mi hermana? —y Mu concentró su cosmos, y buscó a Marín en el Santuario, pero de improviso, se estremeció—. ¿Dónde está? —gritó Touma.
—¡Muerta! —lloró Mu, y Touma se congeló en ese instante—. Muerta… junto a Nachi y a Ohko… —y Touma soltó a Mu, que se desplomó en contra del suelo—. Ya veo… la Exclamación de Athena… era de Marín, Ohko y Nachi… —lloró Mu con fuerza—. Los 3 murieron… no siento sus cosmos en el Santuario pero entonces… ¿por qué todos están tan tranquilos? ¿Por qué el cosmos de Saori se siente tan calmado tras la muerte de 3 Caballeros Dorados, e incluso… se siente alegre…? —continuó Mu.
—¿Muerta? —enfureció Touma—. ¿Qué quieres decir con que mi hermana está muerta? —y Touma tomó a Mu de los hombros, lo levantó, lo lanzó al cielo, y lanzó una esfera de cosmos en su contra, que estalló, y lo clavó al suelo, donde Mu intentó ponerse de pie con debilidad—. ¡Apolo siempre cumple sus promesas! ¡Le regresó la vida y su cuerpo original a Orfeo! ¡Le regresó a Euridice! —continuó Touma, tomando a Mu del cuello, y levantándolo—. ¿Cómo te atreves a decir que mi hermana ha muerto? —preguntó Touma.
—No solo ha muerto… fue el mismo Apolo quien la mató… —prosiguió Mu, elevó su cosmos, y la pantera rugió a sus espaldas—. ¡Argonian Delux! —gritó nuevamente, y una cortina de mares en llamas lanzó a Touma, y lo estrelló contra las ruinas de una casa—. Mi parte de la profecía ya se cumplió, no tengo forma de saber qué más va a pasar, pero Aioria está derrotado, y Milo va en dirección a mi templo. El Templo de Athena está intacto tras una Exclamación de Athena y Saori está tan tranquila, y divertida. ¿Qué Hades está pasando? —preguntó Mu, y se horrorizó al ver a la luna junto al sol—. ¿Artemisa? —y un destello de luz bajó de la Luna, que se ensombreció por completo—. ¿Artemisa baja en dirección al Santuario? La luna se ha tornado oscura, ya no es más que un astro muerto desprovisto de toda vida —y Touma se puso de pie, y Mu lo miró de reojo—. Puede que hayas tomado la ventaja en un par de movimientos. Pero aún sin mi armadura, no eres rival para mí. Por respeto a Marín, y a la memoria de su vida, te doy esta única oportunidad de seguir viviendo —señaló Mu.
—No… debo saberlo… ¿por qué dices que mi hermana ha muerto? ¿Cómo sabes su nombre? —preguntó Touma—. ¿Por qué insinúas que mi hermana ha muerto de la mano de Apolo? ¡Habla! —y Touma se lanzó en dirección a Mu, que lo evadió con gracia, y estrelló su mano en contra de la nuca de Touma, derribándolo—. ¡Maldito! —gritó Touma.
—La Exclamación de Athena que vimos resplandecer en el Templo del Patriarca, fue lanzada por los Caballeros de Tauro, Cáncer y Piscis —explicó Mu, y observó a Touma en el suelo—. La Caballero de Piscis era famosa por ser la primera mujer en vestir una Armadura Dorada en toda la historia del Santuario. Su nombre… era Marín —y Touma se sobresaltó—. La misma Marín que vi en tu mente. La misma Marín que desapareció tras la Exclamación de Athena. Es solo una teoría, pero si Apolo es el sol, y la Exclamación de Athena es su regalo, entonces cuando Marín la desató cavó su propia tumba. La Exclamación de Athena no estalló, se quedó suspendida en el Templo del Patriarca. En todo caso, ¿qué podría hacer a Marín elegir el desatar esa técnica? Solo un dios podría. Y Artemisa baja en estos momentos de la luna en dirección al Templo del Patriarca sin que exista una barrera que se lo impida. El sol se posa orgulloso sobre el Santuario, y Milo apenas y llegará a la Casa de Aries. De alguna forma, Apolo llegó ante Saori, fue él quien mató a Marín —concluyó Mu.
—¡Mienteeeeeeeees! —gritó Touma, se puso de pie, pero unas cadenas lo ataron—. ¿Qué? —se quejó el Ángel, mientras Mesarthim llegaba, sosteniendo las cadenas con fuerza—. ¡Maldita! —gritó, y Mu la observó, mientras Mesarthim se mantenía firme.
—Salva a Athena… padre… —continuó Mesarthim, y Mu se mordió los labios, asintió, y corrió en dirección a las 12 Casas—. Touma… yo terminaré contigo… te enviaré de regreso con Marín. ¡Onda de Trueno! —gritó Mesarthim, y su cadena lanzó a Touma por la ciudad en ruinas.
Templo del Patriarca.
—Llegas tarde —sonrió Saori, que daba la bienvenida a su hermana Artemisa, quien al verla, en túnica oscura y vistiendo el casco con un solo cuerno de la Armadura de Tauro mientras se limpiaba los dientes con el cuerno faltante, se sobresaltó—. Saluda al abuelo Hyperión y a la abuela Theia. Son estupendos adornos de mi nuevo templo —y Artemisa encontró a Hyperión, clavado a una columna, con la diosa Nique atravesándole el pecho, y a Theia, la Matriarca y diosa del Brillo, se encontraba atada por cadenas en la columna frente a donde su marido yacía clavado, la Matriarca simplemente no podía dejar de llorar tras observar tan horrenda escena—. Intentó vengar la muerte de Athena. Lo clavé al templo, fue muy molesto —terminó Saori.
—¿Conservarás ese cuerpo impuro, hermano? —preguntó Artemisa, mirando a una Saori vistiendo de negro, y con brea cayéndole de los ojos como manchas perpetuas en su rostro—. Sé que mientras permanezcas dentro del cuerpo de Athena, los Caballeros Dorados te pensarán su diosa vuelta tirana y se negarán a levantar sus puños en tu contra pero. Esa imagen me repugna —terminó Artemisa.
—Pero me gusta mi faldita —se burló Saori, sonriendo con malicia, y soltándose en una sonora carcajada—. Artemisa, siempre has sido una tonta. Este cuerpo posee un Dunamis. No puedo simplemente desecharlo y terminar con Athena de una vez por todas. Ahora, yo soy la mortal a la que conocieron como Saori Kido, poseo el Dunamis de Athena, y el cosmos divino de Apolo. El Collar de Harmonía es bastante poderoso, creado por los dioses del Caos y la Oscuridad. Sabía que usarlo tendría efectos secundarios irreversibles. Acostúmbrate a llamarme hermana —volvió a sonreír Saori, y estiró las piernas de una forma muy poco femenina, que obligó a Artemisa a bajarle las piernas a su nueva hermana para proteger su feminidad—. Pareces insatisfecha. ¿Temes que tu hermano Apolo sea más linda que tú? No te culpo, es un cuerpo hermoso —continuó el regente del Sol, admirando su nuevo cuerpo.
—Temo que el Collar de Harmonía se haya metido con tu mente, Apolo —fue la respuesta de Artemisa—. Posees el cuerpo de Athena, pero no deja de ser tu mente. Y el Collar de Harmonía altera la mente hasta la locura, incluso la mente de los dioses —y Saori le restó importancia, y se lamió el brazo, disfrutando de su propio sabor femenino—. Apolo, hablo enserio. Ese cuerpo debe ser destruido cuanto antes —y Artemisa miró el tatuaje en la espalda de Saori, y se molestó aún más—. ¡Fue profanado por mi Escorpión Celestial! —enfureció Artemisa.
—¿El que mató a tu amado Orión? Créeme, lo sé, es traumático —se burló Saori nuevamente, dejándose caer sobre el suelo, y jugueteando con su nueva cabellera mientras alzaba las piernas mirándose los pies, con su vestido a duras penas protegiendo su feminidad—. Pero, es mi garantía de éxito. Sin Armadura Divina, lo único que me protege de la ira del dios de la Brutalidad en la Guerra. No se atreverá a lastimarlo —insistió Saori pese a la negativa de Artemisa—. Comprendo perfectamente el cómo funciona la mente humana, Artemisa. Indudablemente, el dios de la Brutalidad en la Guerra intentará razonar con la Saori atrapada dentro del Collar de Harmonía. Lo he visto pasar una infinidad de veces desde el sol, a los humanos les apetece creer en semejantes milagros. Solo debo esperar ese momento, fingir que Saori sale a flote y que está perdidamente enamorada de su salvador, y entonces —y Saori se puso de pie con agilidad—. Le arrancaré su corazón… no más dios de la Brutalidad en la Guerra… —y Artemisa asintió—. Además, puede que este cuerpo llegue a agradarme —y Artemisa se repugnó un poco, mientras veía la sombría sonrisa de Saori—. No tienes idea, del terrible poder que alberga este cuerpo. ¿Quieres verlo? —preguntó, y Artemisa no supo qué decir—. Te lo mostraré —y Saori tomó el casco de Tauro, y se lo volvió a colocar—. Te recomiendo usar casco —prosiguió, ofreciéndole el casco de la Armadura de Piscis—. Todo quedará fulminado, bajo el tremendo poder del Dunamis de Athena.
Palacio de Cronos. Elysium.
—¡Ondas Infernales de Cronos! —resonó el grito de Nachi alrededor de todo el palacio del Inframundo, donde Cronos, el rey de Elysium, disfrutaba de una taza de té momentos antes de que una puerta al mundo de los muertos se abriera sobre el techo de su palacio, y escupiera de su interior a 3 Caballeros Dorados, que cayeron al suelo frente al dios del Tiempo y la Muerte, que sorbió de su taza de té nuevamente, prestándole poca atención a los visitantes—. Por las barbas de Odín… eso ha estado muy cerca… mi armadura está ardiendo… —se quejó Nachi, su armadura inclusive brillaba de un tono anaranjado hirviente, por lo que el caballero comenzó a desprenderse su armadura apresuradamente.
—¡Qué dolor más tremendo! —se quejó Ohko, quitándose también la armadura, y notando que le faltaba el casco—. ¡Mi casco! ¡Donde quedó mi maldito casco! —pero la preocupación por su casco no duró mucho, pues su piel comenzaba a quemarse, forzándolo a desprenderse del resto de su armadura.
—Todo mi cuerpo está hirviendo —lloró Marín, arrancándose a la fuerza la armadura, hasta quedar únicamente vistiendo su túnica roja, que estaba en extremo empapada por el sudor—. ¿Qué ha ocurrido? ¿Cómo es que sobrevivimos? —preguntó Marín.
—No es la primera vez que me escapo al infierno para evitar que me vaporicen —mencionó Nachi, respirando pesadamente, intentando hacerse de bocanadas de aire—. Pero sigue siendo sumamente riesgoso usar las Ondas Infernales de esta forma. Solo gracias a que todos hemos liberado el Octavo Sentido hemos sido capaces de hacer esto. En otras condiciones, si intentara llevarme al infierno a alguien que no ha desarrollado del Octavo Sentido, solo podría llevarme su alma, y su cuerpo permanecería en la Tierra para ser fulminado. Corrimos con mucha suerte —explicó Nachi, que entonces se percató de que Cronos se encontraba en su trono y frente a ellos—. Su excelencia, Cronos… —comenzó Nachi, aun intentando respirar con normalidad, y Cronos colocó su taza de té sobre su frente—. ¿Señor Cronos? —preguntó Nachi.
—Mi té está frio —mencionó el regente de Elysium—. Y tu cuerpo está hirviendo. Sobrevivieron por muy poco, Nachi. Aplaudo tu agilidad de mente y lo demente de tu creatividad al usar tus técnicas —y Cronos separó su taza, que había ganado algo de calor—. Mucho mejor —prosiguió Cronos.
—Con el debido respeto, señor Cronos —se molestó Ohko—. No vinimos hasta aquí a calentar su té. Ahora que sobrevivimos a ese tremendo ataque de Apolo, debemos regresar y dar nuestra parte en esta guerra —insistió Ohko.
—¿Con qué objeto? —preguntó Marín, abrazándose la cabeza en contra de sus rodillas—. Bien podríamos haber muerto, y no haríamos ninguna diferencia. Todo terminó para nosotros. Solo somos un estorbo —prosiguió Marín—. Hice todo lo que pude y no fue suficiente. No merezco esta Armadura Dorada —y Marín sintió una mano posarse en su cabeza, y al alzarla, vio a Cronos frente a ella—. ¿Su magnificencia? —preguntó.
—No digas tonterías, Marín —prosiguió Cronos—. Mientras exista la vida, existirá la esperanza. La tierra está por caer en un tremendo cataclismo mundial, superior a la Gran Marejada que forjó esta nueva tierra. Y solo ustedes, los Caballeros Dorados, podrán devolverle a la tierra el brillo perdido de la esperanza —y Marín asintió a duras penas—. Todos aún tienen una importante misión. Para ti tengo una muy especial en mente, que te traerá felicidad, cuando recuperes a tu hermano, Touma —y Marín se sobresaltó, se puso de pie, y miró a Cronos con sorpresa.
—¿Touma? —preguntó Marín—. ¿No está muerto? —y Cronos sonrió, tronó sus dedos, y una enorme lista con nombres escritos en sangre rodeó toda la habitación, sorprendiendo a Marín, quien no sabía qué pensar—. ¿Una lista con los nombres de los muertos? —preguntó Marín.
—No seas ridícula. No cabría en todo mi castillo —sonrió Cronos, y la lista llegó hasta posarse frente a Marín—. Es una lista con todos los nacidos que se llaman Touma. Como puedes ver, rodea todo mi palacio, pero aun así es un nombre muy poco popular —apuntó Cronos—. En esta lista, con el nacimiento de un mortal y tras ser nombrado por primera vez, aparece el nombre en letras doradas. Con la muerte sin embargo, el nombre se torna rojo como la sangre. En esta era sin embargo, solo queda un último Touma —y Marín observó el nombre de Touma en letras doradas anotado en el pergamino—. No es una coincidencia… es tu hermano… —terminó Cronos, y Marín cayó en sus rodillas, sorprendida—. Si no quieres que ese nombre se tiña de sangre, como otro que pronto manchará tu corazón… te pondrás esa armadura, y enfrentarás a Touma con un deseo de victoria inquebrantable —terminó Cronos, y Marín lo miró con miedo.
—¿Otro nombre… que… se teñirá de sangre y manchará mi corazón? —se preocupó Marín, y recordó su parte te la profecía—. ¿Ai…? —y Cronos lanzó su cosmos en contra de Marín, y la Caballero Dorado de Piscis rodó por todo el templo, rompiendo en girones la lista, que desapareció, y volvió a las manos de Cronos.
—Boba… —comenzó Cronos con una sonrisa en su rostro—. La Titánide guardiana de las memorias, Mnemosyne, no perdonará que se revele el futuro a pesar de lo mucho que quiera a los Caballeros Dorados de Athena —y Marín comenzó a llorar, sintiéndose oprimida por el conocimiento del Oráculo de Delfos—. Nachi… Ohko… —continuó Cronos nuevamente—. Para ustedes tengo una tarea diferente a la de Marín. Primeramente, Ohko, tendrás que subir al observatorio de Athena, y liberar el sello que mantiene durmientes a las 3 armaduras de los héroes. Argonian Pantheria, Aquean Tigris, y Heraclian Leonie —explicó Cronos, y Ohko se sobresaltó.
—Pero… señor Cronos —comenzó Ohko—. Saori selló esas armaduras con la finalidad de que no volvieran a ser usadas. Principalmente la Armadura de Aquean Tigris —explicó, y Cronos asintió—. Si esa armadura se libera, le entregaría a Milo las herramientas para hacerle frente a Athena —y Cronos sonrió.
—Aquean Tigris no sería suficiente —explicó Cronos—. Ni las 3 Armaduras Heróicas reunidas poseen el poder de derrotar a Athena… no de la forma correcta al menos. No, Ohko, las 3 Armaduras Héroicas son solo la materia prima que liberará un poder aún más grande. Un poder que tiene que ver con tu tarea, Nachi —explicó Cronos, sosteniendo en su mano un hilo escarlata.
—¿El hilo del dios de la Brutalidad en la Guerra? —preguntó Nachi, y Cronos asintió—. Siempre me pregunté la razón por la que Hermes me envió a recuperarlo del Tártaros… y la razón por la que usted no me permitió usarlo para resucitar al dios de la Brutalidad en la Guerra y que encarara a Zeus —continuó Nachi.
—Tiempo —fue la respuesta de Cronos—. No era el momento adecuado. Pero ahora lo es. El momento de que Milo reclame su legítimo trono, se convierta en el dios de la Brutalidad en la Guerra, y cumpla con la promesa que me hizo en el Inframundo cuando accedí a convertirme en el rey de Elysium —prosiguió Cronos—. Traer la Brutalidad en la Guerra, cuando la paz sea plena y perpetua —y Nachi se preocupó por aquella revelación—. Hazlo… o las puertas de Elysium se cerrarán para ti para que la única forma de cruzarla sea muriendo de verdad —ordenó Cronos.
—Solo dígame una cosa —preguntó Nachi—. ¿Athena va a morir? —preguntó Nachi, y Cronos entristeció—. ¿Es esto para lo que nos hemos preparado? ¿El ver a Saori convertirse en una tirana? ¿El que muera asesinada por su propio esposo? —y tanto Marín como Ohko miraron a Nachi, preocupados.
—Un dios de la guerra… morirá al término de esta guerra… Nachi… —fue la respuesta de Cronos, y Nachi cerró sus manos en puños, y lloró—. ¿Cuál de los 2? Esa es la verdadera pregunta. ¿Quién morirá? El valiente guerrero que desea proteger a su diosa y esposa, y quien por amor ya la asesinó una vez… o ella que sabe que se ha convertido en una tirana, y que la única forma de romper el Ciclo Infinito de los dioses es la de morir… y jamás volver a enunciar la maldición sobre sus hijos… ¿qué sería preferible? —y todos se preguntaron lo mismo—. ¿Acaso no valdría la pena perder a una diosa de buen corazón, solo porque las guerras terminaran para siempre? —y Marín fue la primera en soltarse en llanto—. ¿No sería eso el deseo de la mismísima Athena si supiera la muerte que en estos momentos desata sobre su hermosa tierra? Puede que no sepa cual dios morirá, Nachi… pero indudablemente, sé a quién yo elegiría para morir —y unos pasos metálicos resonaron en el recinto de Cronos, llamando la atención de los Caballeros Dorados, que se dieron la vuelta para encontrar a un dios vistiendo una armadura roja cobriza y divina, tenía cabellera café mugrienta, y un rostro horrible con sus ojos vendados—. Así es que he decidido regresarle a uno de los dioses… la Armadura Divina que por derecho le pertenece. Hefestos. Prepara tu forja. Hoy construirás la armadura de un dios de la guerra —terminó Cronos.
Casa de Aries.
—¡Shaula! ¡Despierta, Shaula! —gritó Kiki, que sacudía a su esposa que había caído inconsciente cuando la Casa de Aries fue impactada por uno de los meteoros provenientes del sol. Una herida por encima de la frente le manchaba toda la cabeza, y Kiki, quien no había resultado herido del todo, estaba sumamente preocupado—. Despierta… por favor… —prosiguió Kiki, llorando por el miedo, pero entonces sintió la mano de Shaula posarse gentilmente sobre su mejilla—. ¡Shaula! —gritó Kiki aliviado, y Shaula sonrió con debilidad.
—¿Dónde…? —comenzó a preguntar Shaula, mientras Kiki la ayudaba a ponerse de pie—. ¿Dónde estoy? —terminó de preguntar, y encontró la Casa de Aries en ruinas—. ¿Kiki? ¿Qué ha pasado? ¿Por qué hace tanto calor? —preguntó Shaula.
—El sol al parecer bombardeó a la tierra con llamaradas infernales —y Shaula miró al cielo, y lo cercano que se veía el sol de la tierra—. Y no solo eso, la luna se opacó. Algo cayó al Templo del Patriarca, pero antes de que pudiera ir a revisar, recibimos una extraña orden de Saori que golpeó nuestros cosmos… Shaula… tu madre acaba de ordenar la ejecución de tu padre… —y Shaula se horrorizó, y empujó a Kiki lejos de ella—. ¡Shaula! —se quejó Kiki.
—¡No vuelvas a decir eso ni en broma, Kiki! —gritó Shaula, furiosa—. Mi madre jamás daría esa orden. ¿Por qué juegas con mis sentimientos de esa forma? Si esto es un chiste, es el peor que jamás me has dicho. ¡Me fastidias, Kiki! —gritó Shaula, y Kiki se molestó, le tomó la mano a Shaula, y le mostró el anillo de compromiso.
—¿Ves esto? ¿Crees que me arriesgaría a hacer ese tipo de bromas a mi esposa? —gritó Kiki, furioso—. La orden que dio tu madre fue fuerte y clara… te juro que jamás haría ese tipo de bromas, seré infantil, seré extrovertido, pero jamás haría algo que te hiriese tan profundamente… a no ser… que sea una orden directa de tu madre… ella es mi diosa… —lloró Kiki, elevó su cosmos, y se dio la vuelta de improviso—. ¡Revolución de Polvo de Estrellas! —gritó Kiki, y en ese momento, Milo, quien llegaba ante las escaleras del Templo de Aries, fue derribado y lanzado a los pies de Shiryu que corría tras de él.
—¡Padre! —se horrorizó Shaula, una mezcla de alegría y dolor le golpeó su corazón al volver a ver a su padre tras 5 años de ausencia—. Pero su esposo no le permitiría acercarse, hablaba enserio cuando mencionó lo de la orden de su madre—. ¡Kiki! ¡Te lo suplico, no lo lastimes! —lloró Shaula.
—¡No lo haré! —gritó Kiki—. ¡Muro de Cristal! —conjuró, y su muro cortó el camino a su templo—. ¡Shiryu! ¿Qué crees que estás haciendo? Recibimos una orden directa de Saori —se quejó Kiki, y el Caballero de Libra ayudó a Milo a ponerse de pie—. El sol nos bombardea, el dios de la Brutalidad en la Guerra regresa. No podemos arriesgarnos. Milo, solo vete ya y te perdonaré la vida. No tienes por qué convertirte en el dios de la Brutalidad en la Guerra aún —suplicó Kiki.
—Ya es muy tarde para eso —aseguró Milo, y la lanza del dios de la Brutalidad en la Guerra se formó en su mano—. Apártate, Kiki… no sabes de la profecía de Delfos. Yo entiendo la parte que me corresponde, Shiryu lo entiende también… apártate y déjame seguir —y Kiki lo negó con la cabeza—. Entonces… te demostraré el poder del dios de la Brutalidad en la Guerra —y Milo blandió su lanza, con un corte perfecto que soltó una luz cortante escarlata—. ¡Brotaloigos Edge! —gritó Milo, y el Muro de Cristal estalló, y lanzó a Kiki a las escaleras de entrada de su templo.
—¡Kiki! —se asustó Shaula, corrió al lado de su esposo, y lo abrazó con gentileza, mientras Milo alzaba su mano, y disipaba la lanza de Ares. Shiryu tan solo se mantuvo a la defensiva, esperando lo que pudiera ocurrir—. Esa técnica… Pentesilea la desató sobre mí en el Templo de Ares hace 5 años… padre… ¿qué significa esto? —y Milo caminó, tambaleante, hasta llegar a donde se encontraba su hija—. Padre… —lloró Shaula y preparó su puño—. ¡Domador de las Bestias! —gritó, pero Milo detuvo el ataque de Shaula con su mano, y Shaula siguió empujando, intentando detener a su padre, pero Milo la jaló, y la abrazó con fuerza—. ¿Padre? —se preguntó Shaula, mientras su padre la abrazaba con gentileza. Y la joven no lo soportó. Lloró, y abrazó a su padre de regreso. Su llanto era idéntico al de una pequeña que se raspaba las piernas tras jugar en el patio, y buscaba la protección de su figura paterna, quien la abrazaba, la calmaba, la tranquilizaba, la hacía sentir segura. Para Shaula, sus 20 años de edad habían perdido significado alguno. Hoy volvía a abrazar a su padre, después de 5 años de él haberla abandonado sin razón alguna. Hoy, volvía a ser una pequeña e indefensa niñita—. Te he extrañado tanto… padre… —lloró con más fuerza, y Milo le acarició la cabellera, besó su frente, y Shaula lo abrazó con fuerza suficiente, como si supiera que de desprenderse de este abrazo, no volvería a ver a su padre jamás—. Tengo miedo… no quiero perderte de nuevo… —agregó Shaula.
—Mi princesa… —le susurró Milo—. Perdóname por todo el dolor que te he causado. Perdóname… —y mientras Milo compartía un momento con su hija, Shiryu ayudaba a Kiki a ponerse de pie. El de Aries tan solo miró a Milo, y lloró sabiendo que a pesar del momento, tenía un deber a con su diosa—. Te amo, princesa… te he extrañado tanto… has crecido. Eres toda una mujer ahora… —y Shaula asintió—. Mi Shaula… mi pequeña… toda una mujer… —y Milo observó a Kiki, con una sombría mirada—. Malnacido ladrón de hijas —sentenció Milo con desprecio.
—¡Definitivamente no es el momento! —se quejó Kiki, y Milo continuó mirándolo con desprecio. Kiki entonces empujó a Shiryu, y elevó su cosmos en dirección a Milo—. ¡Shaula! ¡Apártate! —y Shaula se preocupó—. Cada vez está más cerca de convertirse en el dios de la Brutalidad en la Guerra. Entiéndelo por favor. Hay que detenerlo, debemos detenerlo —prosiguió Kiki.
—Espera Kiki —mencionó Shiryu—. Tengo la plena confianza de que Milo tiene que estar aquí en estos momentos. No puedo explicarlo pero… tan solo lo sé… —intentó explicarle Shiryu, y de pronto, sintió un cosmos tremendo—. ¡Este cosmos! —comenzó Shiryu, preocupado—. ¿Qué significa esto? —continuó.
—¿Artemisa? —se sobresaltó Milo—. ¡Artemisa está bajando por las 12 Casas! —y Milo miró a lo alto, donde una luz dorada rodeaba el Templo de Capricornio—. ¿Shura? ¿Qué pretendes? ¡Debo llegar ante Saori! —gritó Milo, pero Kiki se interpuso en el camino—. ¡Hazte a un lado! —gritó Milo.
—Lo lamento… pero ni su hija podría hacerme cambiar de opinión —prosiguió Kiki, mirando a Shaula de reojo—. Le prometí a Shaula no enfrentarlo. Pero nada me obligará a abrirle el paso. Daré mi vida de ser necesario, pero no pasará por mi casa —y Milo enfureció, y estuvo a punto de golpear a Kiki, que no hizo movimiento para evadirlo, respetando la promesa que le hizo a Shaula, pero el puño de Milo quedó atrapado bajo la mano de Shaula—. ¿Sha-Shaula? —preguntó Kiki.
—No… no voy a dejar… que ninguno de ustedes 2 se enfrente… no soportaría ese dolor —lloró Shaula, recordando toda la profecía. Ella era la única que podía verla toda, que sabía lo que estaba por suceder—. Confíen en mí… sé lo que está por ocurrir. El que Artemisa bajara del cielo era la prueba que necesitaba. Hay que evacuar el Santuario lo antes posible —ordenó Shaula.
—Debo llegar a tu madre —agregó Milo—. No lo entiendes. Hay algo que solo yo puedo hacer —insistió Milo, y Shaula lo negó—. ¡Shaula! ¡Escúchame! ¡Tu madre y yo tenemos asuntos importantes que atender! —prosiguió Milo.
—Solo hay algo que puedo decirte… y nada más… —continuó Shaula—. Ella no es mi madre… ¡Ahora, largo de las 12 Casas! ¡Domador de las Bestias! —gritó Shaula, y Milo evadió el ataque de su propia hija, horrorizado al verla atacándolo—. Kiki… saca a Shiryu de aquí. ¡Las 12 Casas deben de ser evacuadas! ¡Inmediatamente! ¡Huracán de Garras Cortantes! —gritó Shaula, empujando a Milo escaleras abajo.
—¡No entiendo lo que pasa pero si es por mantener a Milo alejado de Saori, así lo haré! —gritó Kiki, elevó su cosmos, y lo lanzó—. ¡Revolución de Polvo de Estrellas! —gritó Kiki, y Shiryu reaccionó lo más rápido que pudo.
—¡Los 100 Dragones de Rozan! —respondió Shiryu, y los Dragones y las estrellas chocaron a lo largo del cielo—. Kiki… detente… tú no conoces la profecía de Delfos como la conozco yo —intentó decir Shiryu.
—¡Nadie sabe la profecía mejor que yo! —gritó Shaula—. ¡La destrucción de Atenas apenas ha comenzado! ¡Fuera de aquí! —insistió Shaula—. ¡Domador de las Bestias! —y Shaula golpeó el pecho de Milo, y ambos rodaron por las escaleras.
Casa de Capricornio.
—¿El Caballero de Capricornio? —preguntó Artemisa mientras llegaban al Templo de Capricornio, donde un inmenso cosmos iluminaba todo el lugar—. ¿Qué es esta fuerza? Este no es el cosmos de un Caballero Dorado común —se preocupó Artemisa, y Saori tan solo sonrió ante el cosmos que estaba sintiendo.
—Esto será divertido —sonrió Saori, y entró en la Casa de Capricornio, donde su Caballero Dorado la esperaba, con su rostro oscurecido por la luz de cosmos que le golpeaba el casco y dejaba únicamente visible su barba, y su mirada sombría—. Shura, mi leal caballero. Que placer es el verte —sonrió Saori, y Shura la miró detenidamente—. Pasaré por tu templo, ya he aclarado que no hay nada de qué preocuparse. Apolo no representa una amenaza para mis queridos Caballeros Dorados. Concéntrense únicamente en la aniquilación de Milo el dios de la Brutalidad en la Guerra —prosiguió Saori. Pero Shura la observó fijamente—. ¿Qué pasa? ¿Te quedaste mudo? —se burló Saori—. Como sea, pasaré si no te… —y Saori se sobresaltó, y saltó fuera del camino de un corte que apenas y sintió venir, y que le cortó una parte de su cabellera—. ¿Qué acabas de…? —enfureció Saori.
—Mi señorita Saori… —comenzó Shura—. Le juro… que iré con usted al Inframundo. Sufriré los castigos que su abuelo desee imponerle. Y esperaré junto a usted pacientemente, el momento de la reencarnación —y Shura preparó su espada nuevamente—. El Caballero de Capricornio, es y siempre será, el caballero más leal a Athena. Pero en esta generación he sido sobrepasado. Es el momento de enmendar mi error. Mi lealtad es tan grande, que por evitarle la pena de la tiranía, le cortaré la cabeza, o moriré en el intento. Ese es el nivel de lealtad que siento por mi señorita Saori —y la diosa se sobresaltó por lo que estaba escuchando, no esperaba esta reacción de uno de sus Caballeros Dorados—. Sé que eres tú quien controla la mente de mi señorita, Apolo… te arrancaré ese maldito Collar, y si no lo logro, mataré a Saori, evitando que profanes su alma con tus sucias envidias, dios falso y maligno —prosiguió Shura—. ¡Excalibur! —gritó Shura, y su poderosa espada despedazó el suelo, y voló en dirección a Saori. Artemisa se sobresaltó, pero Saori simplemente sonrió con malicia, y la espada de Shura se estrelló contra un muro tornasolado—. ¿Un Muro de Cristal? —preguntó Shura, y el corte regresó, forzando a Shura a evadirlo—. ¿Qué significa esto? —se preocupó Shura.
—Tonto Caballero de Athena. Soy tu diosa —sonrió Saori con malicia—. Y como tal, poseo el poder de los 12 Caballeros Dorados que me sirven, como por ejemplo este hermoso Muro de Cristal —prosiguió Saori—. También tengo otras armas ofensivas. ¿Las quieres ver? ¡Gran Cuerno! —levantó ambas manos Saori, y de sus manos se lanzaron destellos de luz que impactaron y derribaron a Shura, que no se esperó el tremendo golpe, y comenzó a ponerse de pie con debilidad—. Ya estas viejo, caballero, no deberías esforzarte tanto —y Saori apareció frente a Shura en un instante, y le jaló la barba—. La edad deteriora a los caballeros. ¿Qué pretendes? ¿Verte como Agamenón al dejarte crecer la barba? Aunque tú te vez más apuesto —y Shura lanzó otro corte intentando golpear a Saori, que evadió con agilidad, retrocedió, y se posó divertida frente a Shura—. Sobresaliente, como todo un poderoso Caballero de Athena —sonrió Saori—. Jugaré contigo un poco —prosiguió.
—Apolo… tu mente como la de mi señora han sido invadidas por la locura del Collar de Harmonía —dedujo Shura, y Artemisa también se preocupó—. Definitivamente… tendré que cortarte la cabeza, perdóneme, Saori. ¡Excalibur! —lanzó su corte Shura, y Saori alzó su mano, y el ataque de Shura fue tragado por una dimensión que se creó de un movimiento rápido—. ¿La Otra Dimensión? —preguntó Shura, y vio un destello salir de la nada, y su corte intentar alcanzarlo. Sorpresivamente, Shura lo evadió—. Estuve a punto de perder mi brazo por mi propio ataque —se estremeció Shura por lo que acababa de suceder.
—¿Te ha pasado antes? —sonrió Saori de forma maléfica—. ¿Quién sigue en la lista? ¡Ah! ¡Es verdad! —y Saori apuntó su dedo en dirección a Shura—. Está técnica habrá pertenecido a Hades, pero todos los Olímpicos le dieron parte de su cosmos a los Caballeros Dorados, igual que yo les di mi luz. ¡Ondas Infernales! —gritó Saori, y Shura evadió el ataque por muy poco—. ¡Plasma Relámpago! —pero el siguiente ataque no pudo ser evadido, y Shura fue abatido por destellos dorados que lo clavaron al suelo—. El poder de los Caballeros Dorados es sumamente divertido. Todos los dioses pueden usar las técnicas de su orden, Saori lo sabía, pero creó sus propias técnicas, fue muy impresionante de apreciar durante la guerra contra Hades. En lo personal, prefiero ridiculizarlos con sus propios ataques —y Shura atacó nuevamente, y Saori sonrió—. ¡Kah! —y una esfera dorada la rodeó, evitando el ataque, y estallando con energía y lanzando a Shura al techo—. ¡100 Dragones de Rozan! —y Dragones inmensos se lanzaron a Shura, lo abatieron, y lo lanzaron nuevamente al suelo—. ¿Me pregunto cuál seguirá? —y Saori sonrió, divertida—. Está es una favorita personal, la delicia de la tortura que los Caballeros de Escorpio desatan. ¿Me pregunto si debo bailar mientras lanzo las agujas? —y Saori comenzó a danzar—. ¡Aguja Escarlata! —y Shura recibió el impacto—. ¡Es sumamente divertido! ¡Aguja Escarlata! ¡Aguja Escarlata! ¡Aguja Escarlata! —y los destellos clavaron a Shura a la pared, mientras Saori comenzó a tensar arco y flecha—. ¿Sobrevivirás a todas las técnicas? No hay forma de saberlo, ¿verdad? Supongo que tendré que tratar. ¡Flecha de Sagitario! —y Shura reaccionó, y cortó la flecha a la mitad—. Eres muy aburrido —se quejó Saori, indignada por ver su flecha partida a la mitad.
—Mófate… todo lo que quieras… Apolo… —y Shura elevó su cosmos, se lanzó en contra de Saori con Excalibur irradiando energía, y esta chocó contra el antebrazo de Saori, que resistió toda la fuerza de Shura—. ¿Cómo? —se preocupó Shura, mientras su espada se cuarteaba.
—¿Qué parte de todas las técnicas no has entendido? —y Saori saltó, con sus pies atrapó las axilas de Shura, y lo lanzó al techo con agilidad, estrellando a Shura nuevamente contra el techo, y Saori se hizo a un lado mientras Shura caía al suelo—. Pero Shura. ¿Cómo llegaste tan lejos si lo único que sabes hacer es gritar Excalibur, Excalibur, Excalibur, todo el tiempo? —se preguntó Saori, arregló su mano, y Shura se horrorizó—. ¡Excalibur! —gritó, y Shura evadió en ese momento, y Saori sonrió—. ¡Excalibur! —y Shura volvió a evadir, a retroceder, y a guardar distancias—. Es bastante divertido al parecer, pero quédate quieto —y Saori colocó sus manos en la pose del cántaro—. ¡Ejecución Aurora! —y Shura fue lanzado, y clavado a una pared, donde terminó congelado sin poder moverse, solo su rostro permanecía fuera del hielo—. Vamos, falta una técnica, no sería femenino no terminar con una rosa, ¿o sí? —preguntó Saori, formando una rosa blanca con su cosmos—. Te arrancaría el corazón… sería tan fácil… pero prefiero verte sufrir —y Saori colocó la rosa en la oreja de Shura, y comenzó a retirarse—. Cambie de opinión —mencionó de repente, y la rosa se transformó en una rosa negra—. ¡Rosa Piraña! —y una explosión de cosmos golpeó a Shura, y su grito resonó en todo el templo, mientras su casco caía agrietado y partido a la mitad sobre el suelo, acompañado de un rio de sangre—. Debiste dejarme pasar cuando te lo pedí tan amablemente. Ahora ve con Cronos, Caballero de Capricornio —se burló Saori, y siguió bajando.
Palestra.
—¡Shura! —gritó Pandora horrorizada. La directora y Cheshire se habían quedado en Palestra junto a varios soldados, Hécate, y su hijo Crateis. Pandora era más que una miembro del cuerpo docente de Palestra, era una figura militar que daba las órdenes en el Anillo Medio, y en quien los soldados buscaban consejo. Alguedi, su hijo, se encontraba con ella en esos momentos, preocupado por las reacciones de su madre, que había mencionado el nombre de su padre, y lloraba. Hécate abrazaba a Crateis en sus brazos, el pequeño no entendía lo que pasaba. Cheshire por su parte, no podía sonreír más.
—¿Madre? —preguntó Alguedi, preocupado. Cheshire tan solo le tendió la mano a Hécate, que la tomó, y permitió a Cheshire guiarla fuera de la habitación, mientras Pandora se encontraba débil—. ¿Madre? ¿Qué ha pasado con mi padre? No tengo el cosmos suficiente para saberlo. Por favor, dímelo —y Pandora observó a Cheshire, que asintió, y salió de la habitación también—. ¿Madre? —prosiguió Alguedi, mientras Cheshire cerraba la puerta—. ¿Padre está? —preguntó.
—No lo sé… —lloró Pandora—. Te juro… que no lo sé… —prosiguió Pandora, y se puso de pie, y abrazó a su hijo con fuerza—. ¡Sé que tu padre algún día nos dejará! ¡Es un obstinado! ¡Pero ha desafiado a la muerte tantas veces! —lloró Pandora—. Su cuerpo no es el mismo de hace años, Alguedi. Y no es un Espectro como nosotros que envejecemos tan lentamente. Tu padre… no sé si se recupere de sus heridas esta vez —y Pandora siguió llorando, y fuera de las puertas de la oficina de la dirección, Cheshire suspiró mientras madre e hijo intentaban tranquilizarse.
—Mi señorita Hécate —comenzó Cheshire, y varios soldados y Caballeros de Plata se reunieron a su alrededor—. Enviaré a una escolta de Bronce a evacuarla a usted y a su hijo Crateis. Al parecer las cosas se han salido un poco de control —prosiguió Cheshire.
—Pero qué tonterías dices, Cheshire —comenzó Hécate—. Soy una Titánide. Si algo ocurre requerirán de mi ayuda. No olvides que tengo poderes especiales —intentó razonar Hécate, y Cheshire asintió.
—No olvide que tiene a un hijo ahora —apuntó Cheshire a Crateis, que le sacó la lengua a Cheshire, y el joven sonrió—. Hugin, Munin, Reika —habló Cheshire, y los gemelos llegaron ante él e hicieron una reverencia, Reika solo atendió con la mirada desde lejos mientras mantenía los brazos cerrados como el arrogante de su padre Kanon—. Necesito que por favor se queden al lado de la señorita Pandora —y el par de gemelos parpadeó, y se miraron mutuamente, la hija de Kanon sin embargo, asintió aceptando las órdenes del Espectro—. Geneo, Cristian, Rose —apuntó Cheshire a los de Bronce—. Por favor, lleven a Hécate a las ciudades refugio, y quédense allí —y Hécate se sobresaltó, y miró a Cheshire con molestia.
—¡Cheshire! ¡Solo llévense a Crateis! ¡Yo debo quedarme con Ikki! —insistió Hécate, pero Cheshire movió su cabeza en negación—. ¿Qué vas a hacer, Cheshire? —preguntó Hécate, y Cheshire sonrió, y caminó hacia un cuadro de Pandora en la sala de espera, lo movió, y sacó de detrás de este una Caja de Pandora de Plata—. ¿Cerberos? —preguntó Hécate.
—Creo que me divertiré un poco —y Cheshire se amarró la Caja de Pandora a la espalda—. Tienen sus órdenes. A partir de este momento, queda prohibido acercarse a los territorios del Santuario. Lo que sea que está pasando, los Caballeros Dorados se harán cargo —y Cheshire bajó la mirada—. Pero en caso de que caigan… la esperanza de Athena deberá de resurgir —y Cheshire observó a los gemelos, a los de Bronce, y principalmente, a la puerta cerrada donde Alguedi intentaba tranquilizar a Pandora—. Otros… somos un poco más desechables —sonrió Cheshire, y nadie encontró el humor en sus palabras, pero el Espectro le frotó la cabellera a Crateis—. Vuélvete fuerte —y Crateis le sacó la lengua, mientras Cheshire corrió fuera de Palestra.
El Anillo Medio.
—¿Dónde estás, Odiseo? —preguntó Jabu, determinado a encontrar a Odiseo entre los escombros. Jabu había apartado a Odiseo del camino, permitiendo a Milo y a Aioria pasar, pero tras estrellarse con el Ángel lejos de Palestra, los meteoros los separaron, y Jabu sabía que Odiseo era una amenaza muy grande como para dejarlo suelto—. Todo se está yendo al Tártaros. El sol bombardeó Atenas, lo que significa que estamos en guerra con Apolo, y Artemisa bajó del cielo —prosiguió Jabu, observando la luna ennegrecida y sin vida—. Sin mencionar que el maestro Milo, a pesar de ser noble, no deja de ser una amenaza. Tengo que terminar con Odiseo lo antes posible y llegar ante Saori para protegerla. Pero no puedo sentir el cosmos de Odiseo. Se ha permeado muy bien con el cosmos de Apolo que rodea a toda Atenas —enfureció Jabu, y no se percató de una sombra oculta en los escombros que se lanzó para atacarlo mientras estaba de espaldas.
—¡Flecha de Heracles! —resonó un grito, y una luz azul e inmensa impactó el cuerpo de Odiseo momentos antes de que el Ángel pudiera atacar al desprevenido de Jabu, salvando la vida del de Escorpio, y noqueando al Ángel—. Me debes una, Jabu —mencionó Retsu, que saltó y se posó entre Odiseo y Jabu, con su arco y flecha listo—. Y planeo cobrarla. Filoctetes me heredó su arco y flecha para hacerte frente, Odiseo. Y aunque no le debo nada, él me enseñó mucho. Soy el portador de su venganza por esa razón —continuó Retsu, apuntando a Odiseo con su flecha.
—No te metas, Retsu —comenzó Jabu—. Por más que desprecie admitirlo, el nivel de este sujeto está muy por encima de los Caballeros Dorados actuales. Me atrevería a pensar que está por encima de los Héroes de Mythrilo también —y Retsu se preocupó un poco, pero no dejó su determinación a un lado.
—He derrotado a Héroes de Mythrilo antes, Jabu —insistió Retsu, y Odiseo los miró a ambos, sonrió, y se lanzó en contra de Jabu, pateándole el pecho, y lanzándolo lejos—. ¡Jabu! —se sorprendió Retsu, y Odiseo lo tomó de la cabeza, y lo clavó con fuerza a una de las ruinas, sobresaltando al de Bronce.
—¡En efecto mi fuerza es mayor a la de los Héroes de Mythrilo! —sonrió Odiseo, tomó a Retsu del cuello, y lo lanzó. Inmediatamente después lanzó una esfera en llamas en su dirección, y esta estalló, noqueando al de Bronce—. Ya me he arrepentido suficiente de lo que le hice a Filoctetes. Hice lo que en su momento creí más pertinente. La Guerra de Troya no había siquiera comenzado y por el talón pudiente de Filoctetes nuestros hombres enfermaban, Diomedes de Escorpio estuvo de acuerdo conmigo. Pero el tema de tu venganza no me es importante, Artemisa baja del cielo, y tú, Escorpio, le debes tu lealtad —le apuntó Odiseo, y Jabu comenzó a incorporarse—. Sé que me desprecias en estos momentos, Diomedes, pero hice un juramento a Artemisa cuando Athena murió. Ella me regresó a salvo a casa, a los brazos de mi mujer. No puedes juzgarme —sentenció Odiseo, corrió en dirección de Jabu, lo tomó del cuello, lo azotó al suelo, y corrió con él hundiéndolo en el suelo, forzando a su armadura a sacar chispas por la fricción antes de lanzarlo a otra pared, que se demolió sobre Jabu tras ser impactado—. Pero si he de recibir tu desprecio, lo recibiré mi viejo amigo, aún si debo combatirlos a ambos al mismo tiempo, a ti que deseas castigarme por jurarle a otra diosa, Diomedes, y al portador de la venganza de Filoctetes —apuntó Odiseo con valentía.
—La armadura sigue sin estar contenta con tu decisión, aún si fue por Artemisa… —comenzó Jabu, limpiándose la sangre de la boca, y se tronó el cuello con molestia—. Además… la regla de los caballeros es respetar el combate de uno contra uno —insistió Jabu—. Pelear con ventaja es una deshonra. Te combatiré sin ayuda alguna —agregó Jabu.
—¿Qué pasa si me niego a aceptar eso? —preguntó Retsu—. ¿Qué pasa si deseo enfrentarme a Odiseo y cumplir la voluntad de Filoctetes? —insistió Restu, mientras preparaba nuevamente su flecha—. Está flecha… la clavaré en tu corazón —y Odiseo se mostró impresionado.
—Tengo una mejor idea —comenzó Odiseo—. Olviden su orgullo de caballería, y enfréntenme los 2 juntos —volvió a ofrecer Odiseo—. No me estoy mofando de su fuerza. Indudablemente, los Caballeros de Athena han logrado milagros contra los dioses antes, incluso yo logré los míos cuando pertenecí a la Orden de Athena junto a mi querido amigo Diomedes —cerró los ojos Odiseo, recordando luchar al lado de a quien consideraba un hermano—. Pero Athena peligra, Apolo se ha apoderado de su cuerpo y planea convertirla en una tirana. ¿Se arriesgarán a enfrentarme en igualdad de condiciones aun sabiendo esto? —preguntó Odiseo.
—¿Cómo dices? —se sorprendió Jabu por esa revelación—. Odiseo, la Armadura de Escorpio aún pretende creer en tu lealtad a Athena, no es la primera vez, ni será la ultima, que caballeros de bondad pretendan traicionar a Athena por su propio bienestar. Diomedes de Escorpio hizo eso, y en el corazón de mi constelación yo creo que tu juramento a Artemisa es similar al que Diomedes ofreció a Zeus. Dime la verdad por favor —insistió Jabu.
—He dicho lo que tenía que decir, Caballero de Escorpio —sentenció Odiseo, con solemnidad ante todo—. ¿No crees que probablemente existe un sentido superior a las reglas, como por ejemplo romperlas por un bien mayor? —continuó el Ángel—. No puedes vivir siempre de las reglas. En ocasiones, hay que romperlas por triunfar, por defender a tus dioses. Si no puedes comprender eso, entonces verdaderamente son caballeros inútiles —terminó Odiseo.
—Malditos héroes. ¿De qué lado están? —preguntó Jabu, confundido—. Los Aqueos como Diomedes también nos sermonearon. Las cosas se hacen de una forma distinta en esta época, Odiseo. Pero si es tu deseo, la verdad es que la regla del uno contra uno no es más que una simple cortesía —y Jabu preparó su aguja, apuntando con ella en dirección a Odiseo—. No necesito ayuda, pero Retsu quiere su parte en esta batalla. ¿Te parece irrespetar un poco las reglas, Retsu? —preguntó Jabu con una sonrisa.
—No es irrespetar si el mismo Odiseo nos lo ha solicitado —prosiguió Retsu, elevando su cosmos, y preparando sus flechas—. Pero indudablemente tengo la curiosidad de saber si este sujeto es o no es un enemigo. Odiseo en el mito, era un hombre de bien —prosiguió Retsu.
—De bien no… de sentido común —respondió Odiseo, y preparó su cosmos, brillante como el sol mismo—. En la guerra hay intereses distintos. No podemos llamarnos enemigos odiados solo porque nuestras convicciones son diferentes. En las guerras tanto un bando como el otro tienen sus ideologías que avalan sus lealtades. Si puedes comprender eso, entonces eres en verdad un héroe. Si no lo comprendes no eres más que un peón en un juego de guerra. En el mito, me caractericé por ser siempre el guerrero más humano de todos. Y como tal espero que mis oponentes reflejen la misma gloria —y tanto Jabu como Retsu asintieron a esas palabras.
—Tal parece, que incluso a esta edad hay mucho que aprender de los héroes de las leyendas, Retsu —sonrió Jabu—. Indudablemente, eres honorable, Odiseo. Recordaré eso mientras te envió a la otra vida —apuntó Jabu su aguja nuevamente, y Retsu se puso a la defensiva también—. Tienes mi respeto —y Odiseo asintió.
Inicia Tema: Glide Pegasus.
—Pero ha sido suficiente de charlas. Demuéstrenme el esplendor de los héroes de esta guerra, mientras sucumben ante la gloria de Apolo. ¡La Ascensión del Héroe! —se lanzó con las alas extendidas Odiseo, atravesando de un golpe tanto a Jabu como a Retsu, que no fueron capaces de escapar del poder de Odiseo, y comenzaron a estallar en explosiones de llamas brillantes y plateadas—. La Ascensión del Héroe es la técnica que logran alcanzar los grandes héroes al llevar una vida de gloria. Significa que hemos vivido nuestras vidas al servicio de los dioses, y hemos sido recompensados por nuestro esfuerzo —se dio la vuelta Odiseo, mientras veía a Jabu y a Retsu darse la vuelta, y enfrentarlo a pesar de las quemaduras.
—En definitiva eres glorioso, Odiseo —aceptó Jabu, que preparó su aguja—. Pero yo admiro la gloria de otro caballero. Un verdadero héroe. ¡Aguja Escarlata! —gritó Jabu, lanzando sus agujas, que fueron evadidas por el Ángel.
—¡Dame tu Fuerza Pegaso! —gritó Retsu, apoyando a Jabu, cuya velocidad no podía alcanzar a Odiseo—. Carga tu aguja, Jabu. Yo me encargaré de mantenerlo ocupado —y Retsu volvió a lanzarse intentando golpear a Odiseo que lo evadía con facilidad, le pateaba el rostro, y lanzaba esferas en llamas intentando fulminar al de Bronce.
—Este combate sigue sin parecerme justo —prosiguió Jabu, reuniendo toda la fuerza de su aguja. Odiseo se percató del incremento de fuerza de Jabu, intentó hacerle frente, pero encontró a Retsu frente a él, y golpeando su pecho con fuerza, Odiseo lo sintió, pero no era un golpe tan fuerte como para preocuparlo, colocó su mano frente a Retsu, y lanzó una tremenda fuerza de cosmos, que venció a Retsu, y con una onda expansiva también rompió la concentración de Jabu, lanzándolo por la ciudad en ruinas con su tremendo poder. Y Odiseo se posó muy superior sobre los abatidos Caballeros de Athena.
—Un esfuerzo admirable sin duda alguna —mencionó Odiseo, pisando la cabeza de Retsu, y mientras Jabu intentaba incorporarse, había sido sobrepasado con suma facilidad—. He servido a los dioses por tanto tiempo, que es difícil percatarse de que aún queda algo de humanidad en mí ser. No recuerdo lo que es sufrir por intentar vencer a un enemigo invencible. Pero recuerdo que fue glorioso —continuó Odiseo—. Mi voluntad ha quebrado la tuya, Escorpio. Ahora los mandaré a ambos a la tumba —prosiguió Odiseo, levantando a Retsu del suelo, y lanzando una tremenda fuerza de cosmos que lo azotó con un alarido de dolor por las ruinas del Anillo Medio—. Los dioses fueron bondadosos, le dieron a la humanidad una oportunidad. Pero ha llegado el fin de los mortales en esta tierra —y Jabu intentó lanzar su aguja, pero Odiseo fue más rápido, colocó una esfera en llamas en el pecho de Jabu, y esta estalló, mandando a Jabu al cielo, y estrellándolo con su armadura agrietada por el tremendo poder del Ángel—. Descansen, Caballeros de Athena. En la muerte al menos podrán disfrutar de los frutos de su gloria —prosiguió Odiseo, llenando sus manos de llamaradas infernales, y lanzándolas nuevamente en contra de ambos, y sintiendo que su victoria estaba asegurada cuando ambos Caballeros de Athena quedaron tendidos en el suelo con sus cuerpos sumamente quemados y sus ojos desorbitados—. Volveremos a encontrarnos en el Hades, caballeros, se han ganado su gloria, han enorgullecido a la diosa Athena con su fortaleza. Aunque esta simplemente no haya sido suficiente… —entristeció Odiseo, y comenzó a retirarse pensando en la gloria de ambos caballeros, cuando fue interrumpido, por una tremenda fuerza de cosmos que comenzaba a golpearle el cuerpo, un cosmos azul rodeó todo el lugar, así como unos destellos escarlatas que comenzaban a crear una tormenta—. ¿Siguen con vida? —preguntó Odiseo sorprendido.
—Alcanzaremos la gloria también, Odiseo —comenzó Retsu, sacando su arco y la flecha y elevando su cosmos tan alto como le fue posible, creando una columna de cosmos a su alrededor—. Le prometí a Filoctetes vengar su abandono, y es precisamente lo que voy a hacer —insistió Retsu, mientras el Pegaso iluminaba su cosmos.
—Tendrías que clavar tu flecha primero, Pegaso —intentó lanzarse Odiseo en dirección a Retsu, pero encontró su cosmos entumecido, y una columna escarlata creciendo junto a la azul de Retsu—. ¿Qué es esta fuerza? —preguntó Odiseo, mientras veía ondas escarlatas rodearlo, y paralizarlo.
—¡Restricción! —respondió Jabu, parado junto a Retsu, mirando a Odiseo fijamente—. En verdad superas a los Héroes de Mythrilo, Odiseo. Es una pena que hayamos tenido que recurrir a este tipo de tretas para vencerte. Pero por Athena no nos ha quedado más opción. No podemos seguir perdiendo el tiempo. Serás atravesado por la flecha de Retsu, usaré todo mi cosmos para inmovilizarte donde estás —y el cosmos de Retsu continuó incinerándose, hasta que Odiseo se vio sobrepasado por el mismo. Termínalo, Retsu —finalizó Jabu, y Retsu tensó su arco.
—¡Tienes mis respetos, Odiseo! ¡Perdóname por este insulto! —prosiguió Retsu, y Odiseo se mantuvo firme, a pesar de las amenazas del cosmos de Retsu y de Jabu, y esperó el lanzamiento de la flecha—. ¡Flecha de la Esperanza! —gritó Retsu, la flecha voló, y sin que Odiseo pudiera liberarse del opresor poder de la Restricción de los Caballeros de Escorpio, su cosmos fue pulverizado cuando la flecha pasó por el otro lado de su corazón—. Lo conseguimos —terminó Retsu, aunque no feliz por su logro.
Termina Tema: Glide Pegasus.
—No se culpen por atacarme al unísono —sonrió Odiseo, mientras sangre le caía de los labios—. Así lo he preferido yo. Y Odiseo se arrodilló, sintiendo que su cosmos se extinguía—. De cualquier forma, mi convicción no era buscar la victoria de Apolo en esta guerra, luché por Artemisa, luché por la hermandad entre ella y Athena, ¿tú lo comprendes verdad, Diomedes? Sabes que intentaba atesorar la paz entre la luna y la tierra —sonrió Odiseo, mientras frente a los sorprendidos Jabu y Retsu aparecía el espíritu de Diomedes vistiendo la Armadura de Escorpio.
—Sigues viéndote horrible mientras lo haces —sonrió Diomedes, ofreciéndole su mano a Odiseo—. No encontraremos a Shana en Elysium, mi viejo amigo. Ella vive en Athena, y pase lo que pase Apolo no va a vencerla. Puedes confiar en los Caballeros de Athena de esta era —y tanto el cosmos de Odiseo como el de Diomedes comenzaron a desaparecer, juntos—. Protejan a Saori… en esta, y en todas sus encarnaciones —y tanto Diomedes como Odiseo desaparecieron, convertidos en polvo de estrella.
—Una amistad que puede trascender incluso la muerte… y un amor por Athena que sobrepasa la lealtad —comenzó Jabu, mientras Retsu lo miraba con detenimiento—. Odiseo no era el enemigo, él nos advirtió. Apolo intenta convertir a Saori en una tirana, debemos regresar e impedirlo —Retsu asintió con determinación, y corrió junto a Jabu en dirección a las 12 Casas.
Casa de Aries.
—¡Detente Shaula! —gritó Milo, mientras bloqueaba otro puñetazo de su propia hija. Shaula estaba decidida, y preocupada al mismo tiempo. No odiaba a su padre, pero su conocimiento de la profecía de Delfos la obligaba a actuar con cautela, e intentar sacar a Milo de los territorios del Santuario—. No quiero lastimarte… eres mi hija… jamás podría hacerte daño… —prosiguió Milo, y Shaula lloró al escuchar esas palabras.
—Solo tienes que saber que lo hago por tu bien, padre… —continuó Shaula, mientras Kiki y Shiryu continuaban un enfrentamiento brutal en las escalinatas superiores. Pero se les estaba agotando el tiempo. Poco faltaba para que continuara la destrucción profetizada por el Oráculo de Delfos. Shaula atacó nuevamente, y Milo la bloqueó, ella simplemente no tenía la fuerza para hacerle frente a su padre—. ¡Es inútil! ¡No puedo enfrentarlo! —continuó Shaula.
—Entonces permíteme quitártelo de enfrente —se escuchó una voz, y Nachi comenzó a bajar por las escalinatas de la Casa de Aries—. Shaula. Creo que te necesitan en otro lugar —prosiguió Nachi—. Milo no es tu oponente. Yo lo mantendré ocupado —y Shaula bajó la cabeza, asintió, y comenzó a subir por las 12 Casas. Milo intentó seguirla, pero Nachi se colocó frente a él—. Lamento mucho esto, Milo. Pero tengo órdenes de Cronos de detenerte, cueste lo que me cueste —y Milo se mordió los labios, atacó a Nachi, y el de Cáncer bloqueó y pateó el estómago de Milo, forzándolo a retroceder—. Sin tu armadura, podré mantenerte ocupado el tiempo suficiente —y Milo se preocupó un poco.
—¿Cronos está involucrado? —y Nachi asintió, permitiendo a Shaula escapar escaleras arriba—. Entonces, indudablemente, en esta ocasión no podré evitar la influencia de la guerra —y Nachi bajó la cabeza, asintiendo—. ¡Pero no me daré por vencido! ¡Con o sin armadura, llegaré ante Athena! —prosiguió Milo, elevando su cosmos, y combatiendo a como le permitía su nueva constelación—. ¡Mirmidon Héros! —y el combate prosiguió.
Anillo Medio.
—¡El cosmos de Kanon! ¡Puedo sentirlo combatiendo! —gritó Sargas mientras corría por el anillo medio, y encontraba a Isaac, poniéndose de pie con debilidad—. ¡Maestro Isaac! —gritó Sargas, que llegó ante el débil Caballero de la Corona Boreal, que se tomaba las costillas, sumamente adolorido—. ¡Maestro Isaac! ¿Se encuentra bien? —preguntó Sargas, e Isaac miró en dirección al cielo. Sargas miró de igual manera, y lo que observó lo sobresaltó. Las dimensiones sobre sus cabezas, se distorsionaban—. ¿Qué es eso? —preguntó Sargas impresionado.
—La dimensión portátil de Kanon. Geminga —mencionó Isaac—. Kanon se llevó a Teseo, uno de los Ángeles de Apolo, en dirección a esa dimensión. Desde entonces no han salido —prosiguió Isaac, y Sargas asintió—. Es una dimensión en extremo peligrosa. He escuchado de Kanon que una vez abierto el portal a esta estrella, Geminga deberá reclamar a un caballero de cosmos dorado para poder liberar a los combatientes de su dominio gravitacional. Pero me temo que está vez puede que Kanon se enfrente a un ser muy superior a él —y por la grieta dimensional, Sargas fue capaz de ver llamaradas infernales estallando por los alrededores de Geminga—. Pero si Kanon no puede vencerlo… entonces… Geminga se lo tragará. Esa es la brutal realidad de jugar con la estrella de la constelación de Géminis —terminó Isaac.
—¿Hay alguna forma de entrar en la dimensión? —preguntó Sargas, e Isaac lo miró, horrorizado—. Fallé en hacerles frente a Odiseo y a mi padre. Pero puedo redimirme. Ayudaré al señor Kanon —prosiguió Sargas.
—Seguramente permitiste a tu padre pasar sin ofrecer batalla alguna, discípulo tonto —se quejó Isaac, y Sargas bajó la mirada—. De cualquier forma. Nadie puede ayudar a Kanon. Teseo es demasiado para nosotros. Solo podemos esperar y tener esperanza en que Kanon vencerá. O esperar a Teseo de este lado —y Sargas lo negó, y se colocó debajo de la grieta dimensional—. ¿Qué haces? —preguntó Isaac—. ¿Acaso pretendes…? —y Sargas asintió.
—Debo intentarlo, maestro —explicó Sargas—. Los que han portado la Armadura del Cisne se han caracterizado por portarla con orgullo. Se ha formado un legado, de discípulos que escalan hasta vestir las armaduras de sus maestros, y maestros que han alcanzado la gloria —e Isaac intentó detenerlo, pero Sargas saltó dentro de la dimensión de Kanon.
—¡Sargas! —gritó Isaac, preocupado por su discípulo—. No… Hyoga me dejó a cargo de tu entrenamiento… no puedo dejarte morir… pero si voy a esa dimensión… Sargas… ¿qué Espectros estabas pensando? —e Isaac intentó tranquilizarse—. No es mi problema… es suyo por ignorar las ordenes de su maestro. No me involucraré. ¡No lo haré! —e Isaac cayó sobre sus rodillas, iracundo—. ¡Maldición! —gritó, y su grito pareció traspasar las dimensiones.
Geminga.
—¡La Corona del Sol! —gritó Teseo, moviéndose con gracia alrededor de Geminga gracias a sus alas, y bombardeando a Kanon, cuyo cuerpo ya estaba sumamente quemado por los constantes ataques del Ángel que poseía la fuerza del sol respaldándolo—. Si tu estrella necesita de un sacrificio, se lo daré, Kanon. Terminaré contigo y te fulminarás al ser tragado por tu propia estrella —y Teseo pateó el rostro de Kanon, y le golpeó el mentón con ambas manos entrelazadas, lanzándolo por el espacio alrededor de Geminga.
—No te permitiré ridiculizar el poder de la constelación de Géminis, Teseo. ¡Explosión de Galaxias! —gritó Kanon, lanzando planetoides dorados por el espacio, mismos que Teseo fulminaba con su ataque—. Encontraré la forma de derrotarte —prosiguió Kanon, y Teseo pateó su rostro, y lo clavó a uno de sus propios planetoides.
—Mírate, caballero —se burló Teseo—. Eres todo un anciano. Los mejores años de tu vida de guerrero terminaron hace tiempo. 20 años de tu vida los ofreciste al servicio de Athena, y tras tu medio siglo de existencia has logrado grandes hazañas. Pero ahora eres un viejo. Tu cosmos será igual de alto, pero tu cuerpo es una vergüenza. Las batallas han deteriorado tu cuerpo, mientras el mío ha permanecido joven y fuerte desde la era del mito —se burló Teseo.
—Llegar a los 50 años y seguir portando mi armadura, Teseo, es un gran honor —se burló Kanon—. No como tú que fuiste asesinado joven, e inepto —y Teseo se fastidió, tomó a Kanon del cuello, y lo lanzó en dirección a Geminga.
—¡Que te trague tu propia estrella! ¡La Corona del Sol! —y Kanon fue golpeado, y comenzó a flotar en dirección a su propia estrella—. Así termina, el glorioso reinado dimensional de Kanon de Géminis. Debiste permanecer leal a Poseidón. Incluso en muerte el señor de los mares te hubiera recompensado —insistió Teseo.
—¡No importa la vida eterna si pierdes tu alma al servicio ciego de tiranos! —mencionó Sargas, llegando ante Teseo, y golpeándolo con su fuerza congelante—. ¡Relámpago de la Aurora! —bombardeó Sargas a Teseo, y para su sorpresa, el ataque lo impactó—. ¡Señor Kanon! —se lanzó Sargas en dirección a Kanon, y atrapó a Kanon con su mano, pero la fuerza gravitatoria de Geminga los atrapó a ambos—. ¡Señor Kanon! —volvió a gritar.
—¿Sargas? ¿Qué has hecho? —se quejó Kanon—. Yo he vivido lo que he debido vivir. No había razón para que te arriesgaras de esta forma —le explicó, pero Sargas intentó elevar su cosmos para escapar de Geminga.
—¡Tenía que intentarlo, señor Kanon! ¡Soy un Caballero de Athena! —elevó su cosmos Sargas, intentando con su poder el separarlos a ambos del poder gravitatorio de Geminga. Pero mientras ambos eran arrastrados, Teseo se posó, imponente frente a ambos, y sin ser atrapado por el dominio de Geminga.
—Son patéticos —mencionó Teseo—. Puede que con tu intervención hayas logrado retrasar la muerte del Caballero de Géminis. Pero solo le has brindado unos segundos de vida, dando la tuya en sacrificio —prosiguió Teseo, reuniendo su cosmos, y preparándose a ejecutar a ambos—. Podría dejar que Geminga se ocupe de ustedes. De cualquier forma ya cayeron en su campo gravitacional. Pero sería más placentero asesinarlos con mis propias manos —y Teseo reunió flamas en sus manos, y se preparó para la ejecución.
—¡Relámpago de la Aurora! —resonó la voz de Isaac, y su ataque golpeó a Teseo, pero solo consiguió distraerlo—. No te acerques a mí discípulo —prosiguió, preparando su cosmos para el siguiente ataque, pero Teseo lanzó una esfera de fuego en su dirección, e Isaac fue fácilmente sobrepasado, y Teseo voló en su dirección, colocó su mano sobre el rostro de Isaac, y sonrió maliciosamente.
—Soy un héroe que ha derrotado a criaturas endemoniadas. ¿Qué posibilidades tenías, Caballero de Plata? —y Teseo posó la mano gentilmente sobre la el ojo de Isaac, antes de oprimir, y con su mano aplastar el ojo de Isaac, cegándolo por completo, causándole un dolor indescriptible al Caballero de Plata, que gritó de dolor.
—¡Maestroooooooooo! —se horrorizó Sargas, mientras Isaac quedó suspendido en el espacio, y Teseo lanzaba la sangre y los restos ensangrentados del ojo de Isaac por la nada—. Maestro… —y Sargas enfureció—. No eres un héroe. ¡Eres un maldito asesino! —lloró Sargas, y Kanon también enfureció, pero la edad y las heridas le impedían hacer más que negar el campo gravitacional de su propia estrella. Ambos estaban inmovilizados en su totalidad.
—Viví con gloria, caballeros. Hice grandes cosas —comenzó Teseo—. Asesiné al Toro de Maratón, viajé a la Isla de Creta, y me enfrenté al poderoso Minotauro dándole muerte con solo mis manos, incluso combatí a las poderosas amazonas en 2 ocasiones, una en su isla, la otra frente a las puertas de Atenas. Pero al final, como todos los héroes, recibí una muerte trágica e inesperada que me llenó de vergüenza. Los celos de un humano lo obligaron a lanzarme de un risco. Morí en la caída, tras años de gloria. El celo de los hombres debe ser exterminado, solo los dioses confiaron en mí, gracias a ellos logré grandes cosas, y por ello tienen mi lealtad. Los humanos somos incompletos, inútiles. Si todos sirviéramos a los dioses incondicionalmente, no habría guerras ni penurias. Por eso hago la voluntad de los dioses, porque los humanos… somos basura… —terminó.
Inicia Tema: Cygnus, Warrior of Ice.
—¿Basura dices? —habló Isaac, elevando su cosmos tenuemente, sorprendiendo a todos al hacerles ver que seguía con vida—. Por mucho tiempo… en verdad pensé como tú, Teseo. Pensé que los dioses debían ser venerados incondicionalmente, y que debía permitirse a los humanos ser sacrificados —prosiguió Isaac, con su ojos sangrándole, pero brillando con una fuerza de cosmos que emanada de su interior —pero fue un humano el que confió en mí incluso cuando yo lo despreciaba con una intensidad asesina, mientras mi propio dios me daba la espalda —e Isaac colocó sus manos en la pose del cántaro—. Me devolvió la esperanza en la humanidad… y ha llegado el momento de pagarle a la humanidad con la misma moneda —y las estrellas de las constelaciones del Cisne, la Corona Boreal, y de Acuario, brillaron intensamente. Teseo intentó volar en dirección a Isaac y darle muerte, pero el cosmos de Isaac logró congelarlo en su intento, impidiendo que siguiera volando—. Es inútil… Teseo… hay una fuerza congelante superior incluso a las llamas del sol, y estoy por desencadenarla sobre ti… Sargas… cuando haya dejado mi armadura atrás… sería mi mayor orgullo que la vistieras también, y siguieras con ese legado del cual estás tan orgulloso —y Sargas se percató de lo que estaba por ocurrir, y aunque sus ojos se llenaron de lágrimas, estas se congelaron en el espacio, este era el poder de un caballero que sacrificaría su vida por la humanidad misma—. ¡El cero absoluto! ¡La técnica máxima de los caballeros de los hielos! ¡Teseo! ¡Entregaré mi vida por llegar a ese nivel! ¡Desaparece! ¡Ejecución Aurora! —gritó Isaac, y Teseo fue golpeado por la fuerza congelante, y desplazado a la fuerza en dirección a Geminga—. ¡Acepta este sacrificio! ¡Geminga! ¡Te entrego no solo a uno, pero a 2 caballeros de cosmos dorado! ¡En cambio libera a Kanon y a mi discípulo de tu poder! —y una luz blanquecina rodeó al grupo, y todos perdieron el conocimiento—. Hyoga… gracias por devolverme la fe en la humanidad… Sargas… gracias por convertirte en mi discípulo, y recordarme que en ocasiones es mejor morir, que vivir engañado y asustado… Saori… Athena… gracias… por ser una diosa de bondad… —e Isaac se despedazó, transformado en fragmentos de hielo por su propia fuerza, dejando la Tierra en manos de la nueva generación de Caballeros de los hielos.
Termina Tema: Cygnus, Warrior of Ice.
El Anillo Medio.
—¡Maestro! —gritó Sargas, solo para notar que Geminga había desaparecido del cielo, y que el cosmos de su maestro había desaparecido por completo—. No es verdad… —comenzó Sargas—. No es verdad… es un error… —continuó, abatido por lo que acababa de suceder. Kanon se puso de pie entonces, estaba muy malherido, pero vivo. A él también le había afectado la muerte de Isaac, pero sabía que no era él quien debía reconfortar a Sargas, sino otro Caballero Dorado, que posaba su mano sobre la cabeza de Sargas—. ¿Maestro Hyoga? —lloró Sargas.
—Llegué tarde… —susurró Hyoga—. Jamás me había dolido tanto ser llamado maestro nuevamente… Isaac… —y Hyoga lloró—. Al final te convertiste… en un verdadero caballero de justicia —y Sargas asintió, viendo al cielo, y buscando en las constelaciones el cosmos de su maestro caído.
Entrada de Palestra.
—Eso es un mal presagio… —comenzó Cheshire, también en el Anillo Medio, parado sobre las ruinas y mirando al cielo, sabiendo de antemano que Isaac había muerto—. Me hubiera sentido más tranquilo si hubiera sobrevivido. No quiero regresar a Elysium… ya me encariñé con la tierra. Morir nunca es divertido —y Cheshire, ahora vistiendo la Armadura de Plata de Cerberos, saltó en ese momento al sentir una fuerza de cosmos blanco salir disparado en su dirección, mientras un Ángel llegaba ante Cheshire—. Sabía que había sentido tu cosmos. ¿Dónde está Mesarthim? —preguntó Cheshire.
—Se convirtió en una verdadera molestia —respondió Touma, enseñándole su brazo recubierto de cadenas. Cheshire entonces siguió con la mirada las cadenas, hasta encontrar a Mesarthim inconsciente sobre el suelo, en un charco de su propia sangre—. Lo intento… y lo sigo intentando… la derroto una y otra vez pero ella se sigue levantando, no me permite acercarme a las 12 Casas… no me permite ir tras su padre —y Touma movió su brazo, y las cadenas se tensaron, volviendo a jalar al Ángel—. Maldita… —se quejó Touma, mientras Mesarthim volvía a ponerse de pie, con lágrimas ahogándole los ojos del dolor.
—Mesarthim, yo me encargaré —habló Cheshire, sentado en los escombros como un perro esperando a su amo, y Mesarthim miró a Cheshire—. Tranquila… busca a tu madre… ¿no sabes si sobrevivió a la caída de los meteoros, o sí? —preguntó Cheshire.
—Estoy preocupada… —confesó Mesarthim—. Pero… Athena es… mi prioridad… siempre… —y Touma preparó su cosmos, para intentar nuevamente ejecutar a Mesarthim. Cheshire sin embargo, se acercó a Touma, que se molestó, y lo encaró.
—Tranquilo… solo me deshago de las ataduras —y Cheshire rodeó uno de sus dedos con energía oscura, tocó las cadenas de Andrómeda, y estas se repelieron, y Mesarthim se cayó al suelo por la fuerza que estaba colocando en jalonear la cadena—. Mesarthim, anda y busca a tu madre. No me puse mi armadura para modelar. La visto para combatir, y salvar las vidas que no son tan longevas como la mía —y Mesarthim no lo comprendió—. Solo ve, Mesarthim —y Cheshire sonrió con tal naturalidad, que a Mesarthim no le quedó más que sonrojarse un poco, y asentir.
—¿Qué planeas, Espectro? —preguntó Touma, sorprendiendo a Cheshire—. No me engañas. Apestas a muerte. Hace muchos años que no has disfrutado de una vida. Ese cuerpo que disfrutas ahora de seguro no te pertenece, maldito ladrón de vidas —apuntó Touma.
—¿Te molesta, Ángel? —se burló Cheshire—. Este es el cuerpo humano que el señor Hades me obsequió. Los 108 Espectros renacen en cuerpos de mortales actuales, generación tras generación. He muerto tantas veces que le he perdido miedo a morir. A lo que realmente le temo, es a la oscuridad sombría de la soledad que conlleva la muerte, esperando desesperadamente el tiempo de la reencarnación. Sufriendo incontables penurias, deseoso de volver a ver la luz de la vida —y Touma se repugnó por las descripciones de Cheshire—. Aunque sabes, siempre regreso a la muerte. Soy un Espectro después de todo. Pero… en todas mis reencarnaciones… siempre he sido un bufón. Disfrutando del sufrimiento ajeno, pisoteando a los más débiles. Pandora tuvo un cambio de corazón y yo por cobarde me refugié en su protección, le tenía miedo a la soledad, sin saber que siempre estuve solo. Solo un Espectro, sin amigos, sin familia, sin una identidad… sin un lugar al que pertenecer… —y Touma no comprendió la razón por la que Cheshire le explicaba todo esto—. ¿Te has sentido así? ¿Perdido? ¿Sin familia o amigos? Yo me siento así… todo el tiempo… Hades le da a sus Espectros reencarnaciones eternas… pero de nada sirven si no tienes un propósito. Desde la muerte de la Suplice de Caith Sith, esta se convirtió en la última vida de Cheshire. Si muero ahora, no volveré a reencarnar… eso me hizo preguntarme si en verdad era importante el sacrificio que rodea a Athena… todos esos inútiles muriendo… entrando en las tortures de la muerte, son unos locos… —y Touma se fastidió, y comenzó a retirarse, pero Cheshire lo detuvo—. Creo que me contagiaron su locura… incluso si pudiera seguir viviendo para siempre… no sería divertido si eso significa ver a todos mis amigos morir… a los estudiantes que vi nacer… que vi crecer… que ahora son sus propios héroes… Crateis no es el único niño al que he cuidado —y Cheshire recordó a un pequeño Algedi, a quien reprendió muchas veces, con quien hizo muchas travesuras, a quien vio crecer, convertirse en el Caballero de Bronce del Reno, y escalar al Centauro al vencer a Shaula por el derecho a la Armadura de Plata—. Yo ya he vivido lo suficiente… pero todos esos niños… aún tienen una vida por delante —y Touma admiró a Cheshire—. Sé que no duraré mucho, pero hay un viejo dicho entre los de Bronce, y que al parecer ha contagiado a algunos de Plata… si gano al menos un segundo… para que otros encuentren la victoria… bien habrá valido la pena —y un par de cadenas rodearon las manos de Touma—. Por cierto, Cerberos viene con cadenas y discos integrados. ¡Cadenas Infernales de Cerbero! —gritó Cheshire, lanzando a Touma por las ruinas, quien no se esperaba un ataque así.
—¡Ese ha sido un ataque traicionero, maldito Espectro! —gritó Touma, poniéndose de pie, y lanzándose en contra de Cheshire, que lo evadió, no gracias a su velocidad, pero a su flexibilidad—. ¿Cómo has esquivado mi golpe? —y Cheshire sonrió.
—¡Sombra Escurridiza! —se transformó Cheshire en sombra, y con sus uñas afiladas, arañó a Touma, sorprendiendo al Ángel, que fue cegado por los cortes de las garras de Cheshire en su rostro—. El perro del infierno, Cerbero, fue lo más cercano que encontré a una Suplice. Pero realmente me siento más como un gato, aunque si conocí bien a Cerbero —y el perro de 3 cabezas del infierno, Cerbero, gruñó a espaldas de Cheshire—. ¡Bolas de Fuego del Infierno! —y Cerbero abrió las fauces, lanzando 3 llamaradas infernales, que Touma evadió, acercándose a Cheshire, e intentando golpearlo—. ¡Sombra Escurridiza! —volvió a oscurecerse Cheshire, desmaterializando su cuerpo, permitiendo que Touma lo traspasara, y después materializando su cuerpo, tomando sus cadenas, y lanzándolas al unísono—. ¡Discos de Hierro del Infierno! —y Touma fue lanzado por los poderosos discos, y enterrado en el suelo—. Uff… pelear es tan agotador… —y Cheshire se sentó en el suelo—. Ya estuvo… agoté todo mi cosmos, tsk… soy un inútil en verdad —y Touma se puso de pie, más insultado que lastimado.
—Malnacido Espectro. ¿Te estás burlando de mí? —sentenció Touma con ira, y Cheshire se puso de pie, preparando sus cadenas nuevamente—. No tienes el cosmos para poder derrotarme. Tus inútiles trucos solo han logrado enfurecerme. ¿Qué esperabas ganar? —preguntó Touma.
—Tiempo —prosiguió Cheshire, y un pétalo de rosa cayó frente a él—. Aunque nunca me preocupé por asegurarme de que fuera suficiente. ¡De todas formas yo he vivido mucho tiempo! ¡JA JA JA! —se rio Cheshire, y Touma se mostró sorprendido—. Crateis… crece y vuélvete fuerte… dale muchos problemas a Hécate y a Pandora de mi parte —y Touma se lanzó en dirección a Cheshire, con el puño en alto—. ¿Oh? ¿No te lo estás tomando muy enserio? ¡De todas formas ya estoy muerto! ¡JA JA JA! —se burló Cheshire—. ¡Bolas de Fuego del Infierno! —gritó Cheshire.
—¡Meteoros de Icarus! —gritó Touma, y pese a que el ataque de Cheshire lo golpeó, el Ángel logró atravesar el cuerpo de Cheshire, momentos antes de que una Caballero Dorado llegara, pateará a Touma fuera del cuerpo de Cheshire, y atrapara al Espectro en sus brazos.
—¡No! ¡Cheshire! —gritó Marín, sosteniendo al Espectro en sus brazos—. ¿Por qué? ¡Te informé de mi llegada con mi pétalo! —lloró Marín, y Cheshire simplemente sonrió, viendo a Marín, y a una Mesarthim que llegaba en ese momento cargando a su madre, y con su cadena tensa, como si hubiese estado a punto de atacar.
—Bueno es que… —comenzó Cheshire—. Si me hacía a un lado, Touma hubiera golpeado a Mesarthim —y Mesarthim abrió sus ojos de par en par, y notó que a su alrededor y alrededor de su madre, varios cometas de cosmos se habían clavado, poniendo en peligro las vidas de ambas. Cheshire había usado su cuerpo de escudo—. La Sombra Escurridiza… me sirve para evitar cualquier daño… pero pasan a través de mí… y todo lo que haya atrás es golpeado en su lugar… de todas formas fue divertido, hace mucho que no sentía como era morir, ¡JA JA JA! —y Touma no lo comprendió, y Marín simplemente lloró, mientras acomodaba a Cheshire en el suelo—. Dile a Pandora… que fui muy feliz siendo su querido sirviente… aunque ella me tratara como basura… yo era… la basura más feliz del mundo… —y el cuerpo de Cheshire se convirtió en polvo.
Palestra.
—Cheshi-Cheshire… —se humedecieron los ojos de Pandora, y esta vez su hijo Alguedi sintió el cosmos de Cheshire desaparecer, y sus ojos también se llenaron de lágrimas—. No… —lloró Pandora, se sentó en su silla, y se lamentó—. Cheshire… no me dejaré vencer… aprendí… que la vida a pesar de las penas, del dolor, y del sufrimiento… vale la pena vivirla… —y Pandora se puso de pie con una nueva determinación—. ¡No llores, Alguedi! ¡Hay algo que solo tú puedes hacer ahora! ¡Voy a convertirte en un Caballero Dorado, tan fuerte como lo fue tu padre! ¡No! ¡Tan fuerte como lo es tu padre! —gritó Pandora, mirando en dirección a las 12 Casas.
Templo de Capricornio.
—Malnacido Espectro… —resonó la voz de Shura, que caminaba débilmente con medio rostro destrozado por el ataque de Saori. Pero que levantaba su casco, se lo colocaba, y con el único ojo que le quedaba, miraba escaleras abajo—. No puedo siquiera morir en paz al parecer… Cheshire inútil… juro que te vengaré… —lloró Shura—. ¡Apolo! ¡No hemos terminado nuestra batalla! —y Shura comenzó a bajar con debilidad.
Entrada de Palestra.
—Cheshire… —lloró Marín, y entonces se lanzó sobre Touma, le pateó el pecho, y lo clavó en contra de las ruinas de una edificación. Mesarthim simplemente dejó a su madre en el suelo, y preparó sus cadenas—. ¿Cómo has podido, Touma? —y el Ángel estaba sumamente impresionado—. ¿Cómo has podido caer tan bajo, como para jurarle lealtad a Apolo? Sé que debería estar alegre por descubrir que mi hermano sigue con vida después de tantos años, pero después de esto. No veo cómo poder perdonarte —prosiguió Marín, sacando su rosa.
—¿Estás viva? —comenzó Touma—. ¿Estás viva? ¿En verdad? ¿Eres mi hermana Marín? —y la Caballero Dorado, cerró sus ojos, y comenzó a elevar su cosmos—. No puedo enfrentarte —retrocedió Touma—. No puedo… la razón de mi servidumbre a Apolo siempre fue por encontrarte —y Marín enfureció.
Inicia Tema: Saint Seiya Senki – Piscis.
—¿Solo por encontrarme? ¡Déjate de tonterías! —y Marín se lanzó en dirección a Touma, pateando su estómago con fuerza, y forzándolo a escupir sangre, mientras veía a Marín, y su furia, lanzarlo lejos y estamparlo contra las ruinas—. ¡No necesito a un hermano que le da mayor importancia a sus deseos egoístas que al bienestar de la humanidad! ¡Yo lo he sacrificado todo por Athena! ¡El poder acercarme a mi marido! ¡El poder acercarme a mi hijo! ¡Lo he sacrificado todo por asegurarme de que la humanidad y Athena sigan existiendo! ¡Por mí podrías haber muerto en la Gran Marejada si ibas a unirte a Apolo a traer tanta muerte! ¡Rosas Piraña! —prosiguió Marín, bombardeando a Touma con una lluvia de rosas que comenzaron a cuartearle su Glorie—. Escúchame bien… Touma… a partir de este momento… estás muerto para mí —y Marín rodeó su cosmos de torbellinos rosados, y lanzó su ataque de forma elegante y precisa—. ¡Rosas Diabólicas Reales! —gritó Marín nuevamente, y los torbellinos lanzaron a Touma, y comenzaron a envenenarlo.
—¡Marín! —se quejó Touma, intentando respirar, mientras la furiosa Caballera de Piscis se acercaba, con su cosmos inmenso sobresaltando a Touma—. ¿Quién eres? ¿Tú no eres mi hermana Marín? —y Touma elevó su cosmos—. ¡Si es así como va a ser! ¡Entonces no me interesa encontrarte tampoco! —lloró Touma—. ¿Qué importa si dediqué mi lealtad a Apolo solo por encontrarte? ¡Apolo cumplió! ¡Estás frente a mí! Pero el dios del sol me ha demostrado con su milagro que fui un tonto por dedicar mi vida únicamente a encontrarte, cuando debí ayudarle a crear un mundo donde Athena no contaminara tu mente con sus mentiras. ¡Te derrotaré! ¡Y serás mi prisionera hasta que sea capaz de entregarte ese mundo! ¡Meteoros de Icarus! —y Touma se lanzó con sus meteoros en dirección a Marín, que preparó sus rosas negras, y las lanzó en contra de los meteoros de Touma—. ¿Cómo? ¡Mi poder supera a los Héroes de Mythrilo! —y algunos meteoros impactaron a Marín, que aun así seguía lanzando rosas negras, ignorando el dolor, hasta que sus rosas sobrepasaron los cometas de Touma y lo lanzaron al cielo—. ¡Aaaaaaaaaah! ¿Por qué? —lloró Touma.
—¡Porque diferente de ti! ¡Mi vida tiene un significado! —gritó Marín—. Me dolió perderte, mi vida se desmoronó. ¡Pero seguí adelante! ¡No me di por vencida! ¡Viví por mis seres queridos! ¡Por mis compañeras Caballeros de Plata! ¡Por mi maestro Afrodita! ¡Por Seiya a quien vi como un hermano! ¡Por Ohko y Nachi que se convirtieron en mis hermanos de cosmos! ¡Por Aioria a quien tomé de esposo! ¡Por mi hijo Retsu a quien no puedo tocar sin que caiga enfermo por mi sangre venenosa! ¡Por mi diosa Athena! ¡Por Saori! ¡Por la humanidad! —y el cosmos de Marín se intensificó tanto, que Touma no fue capaz de evitar ser arrasado por torbellinos de pétalos de rosa, que lo impactaron por toda Atenas, con la furia casi divina de Marín—. ¡Porque aprendí a vivir desinteresadamente! ¡Sacrificando mi propia felicidad por el bien de la humanidad! —lloró Marín, y sus manos se llenaron de espinas—. ¡Porque fui capaz de convertir mi sangre en veneno! ¡Por proteger a las personas que amo! ¡Lluvia Carecí! —y las espinas bañaron a Touma en una dolorosa lluvia que le penetró los poros, y lo derribó.
—¿Convertir tu sangre en veneno? —intentó incorporarse Touma, pero se sintió en extremo débil por los ataques y el veneno que comenzaban a mancharle las venas de morado—. ¿Cómo? ¿Has vivido con este inmenso dolor en tu cuerpo? ¿Cómo has podido soportar estas tragedias? —y Marín sacó una rosa blanca, y la apuntó en dirección a Touma—. La gente es egoísta. Separa a 2 huérfanos sin razón alguna. ¡Es el egoísmo de la humanidad lo que nos ha separado y ha creado este horrible mundo de guerra y dolor! ¿Cómo puedes mirar a este mundo, a la gente que lo habita, y pensar que la humanidad tiene derecho al sacrificio que has sufrido? —preguntó Touma, lanzándose contra Marín, que dio un giro, y pateó el rostro de Touma, obligándolo a retroceder, mientras Marín reunía todo su cosmos en la rosa blanca.
—¡Comprendiendo que no vivo por mí misma! ¡Si me dejo contaminar por el egoísmo entonces mi vida no ha sido más que un destello en el tiempo! —le gritó Marín—. ¡Prefiero sufrir por la gente que he amado! ¡Sufrir por la gente que jamás se preocuparía por mí! ¡Sufrir en lugar de solo lamentarme! ¡En lugar de ser solo un destello de cosmos pasajero que perderá su significado tras la muerte! ¡Soy una Caballero Dorado! ¡La esperanza de Athena en la tierra! ¡Y tú! ¡No eres más que un maldito egoísta! ¡Rosa Sangrienta! —y la rosa de Marín voló a una tremenda velocidad en dirección a Touma, que por el veneno fue incapaz de evadirla, y esta se acercó peligrosamente, hasta estrellarse en su objetivo, pero perforando el corazón equivocado—. ¿Mesarthim? —se horrorizó Marín, mientras la Caballero de Bronce de Andrómeda caía al suelo de rodillas, terminando con el inútil conflicto entre 2 hermanos que no se percataban de lo egoísta que era el enfrentamiento—. ¡Mesarthim! —corrió Marín hasta la Caballero de Andrómeda, y la sostuvo en sus brazos.
Termina Tema: Saint Seiya Senki – Piscis.
—Ya basta… Marín… —comenzó Mesarthim, que sostenía el casco de Cerbero en sus brazos—. Ya han sido… suficientes muertes… —explicó Mesarthim, mostrándole el casco de Cheshire a Marín—. No comprendiste el sacrificio de Cheshire como yo… Cheshire… murió por salvar vidas… no por inspirarte a darle muerte a tu propio hermano… —explicó Mesarthim, abrazando el casco, mientras Marín le arrancaba la rosa blanca—. Cheshire también intentaba explicarle el significado de vida y sacrificio a Touma —y el Ángel lo comprendió, y se puso de pie con debilidad—. Cheshire… era bueno al final… ¿verdad? —y Marín lloró, y esta vez las lágrimas derrotaron a Touma también, que perdió la voluntad de pelear, y simplemente se rindió, comprendiendo muy tarde, la razón del sacrificio de un Espectro.
Observatorio del Santuario.
—Aquí están —mencionó Ohko, mientras miraba las armaduras de los héroes caídos, Argonean Pantheria, Aquean Tigris, y Heraclian Leonis, selladas por varios pergaminos con el sello de Athena escritos en sangre—. Abrir 3 portales para devolvernos al mundo de los vivos debió costarle mucho cosmos a Nachi. Fui el último en salir del portal —mencionó Ohko—. Por Athena espero estar haciendo lo correcto. Es hora de despertar, gatos torpes —y Ohko comenzó a retirar los sellos de las armaduras de los Héroes.
Templo de Virgo.
—Aquí está… por fin la encontré… —habló Shaula, agotada por correr por las 12 Casas, hasta llegar al Templo de Virgo, donde encontró a Saori y a Artemisa, y la de Lince enfureció—. ¡Sal del cuerpo de mi madre! —gritó Shaula—. ¡Domador de las Bestias! —se lanzó Shaula, y Saori, aún con el casco de Tauro en la cabeza, colocó su dedo frente a Shaula, deteniendo el ataque como Zeus lo hiciera, con una facilidad tremenda—. ¡Maldito! —gritó Shaula.
—¿Eh? ¡Que grosera! ¡Niña malcriada! —apuntó Saori, y con un pequeño golpe de sus dedos sobre la nariz de Shaula, envió a la de Bronce a estrellarse contra las puertas del jardín de la Casa de Virgo, abriéndolas de par en par, y obligando a Shaula a rodar débilmente por los campos de árboles de cerezo—. Debería reprenderte. Ve a tu cuarto, niña maleducada —continuó Saori.
—Apolo, deja de burlarte. No eres su madre —reprendió Artemisa, y Shaula intentó ponerse de pie—. Es una semidiosa. Mátala ahora que tienes la oportunidad —explicó Artemisa, y Shaula elevó su cosmos, y volvió a lanzarse en contra de su propia madre.
—¡Huracán de Garras Cortantes! —insistió, pero Saori nuevamente la detuvo con uno de sus dedos, la alzó, y la clavó en el suelo, y después posó su pie descalzo sobre la cabeza de Shaula, que intentó incorporarse, sin llegar a lograrlo—. Pagaras por esto… Apolo… voy a sacarte del cuerpo de mi madre así dé la vida por lograrlo… —lloró Shaula, sin poder quitarse el pie de Saori de la cabeza.
—Tonta, conoces la profecía de Delfos. Sabes que no puedes —se burló Apolo, fingiendo que acariciaba la cabeza de Shaula con su pie—. De cualquier forma, digamos que en verdad te liberas y destruyes el cuerpo de tu querida madre. Solo romperás mi contenedor, yo saldría con mi cuerpo original, es inútil, si levantas tu puño contra mí en verdad estás hiriendo a tu madre —y Shaula clavó los dedos en el pasto, intentando encontrar la fuerza para ponerse de pie—. Además, sería una pena perder este bello cuerpo, aún aparenta los 18 años de edad y eso que tiene treinta… aunque mis pechos no crecieron mucho —se burló Apolo.
—¡Solo termina con la asesina de dioses de una buena vez! —recriminó Artemisa, y Shaula se sorprendió por el apodo—. Sabes que ella está destinada a convertirse en la asesina de un dios. Pero no sabemos qué dios aún. Podría ser Athena por la profecía como podrías ser tú, Apolo —especificó Artemisa, pero Apolo simplemente se burló.
Inicia Tema: Remember Sadness.
—¿Asesinada por una simple semidiosa? Tienes un excelente sentido del humor, Artemisa —y Saori levantó a Shaula del suelo, y con su Dunamis, lanzó a Shaula por los campos de cerezo, mientras volvía a entrar en el Templo de Virgo—. Ya que poseo el cuerpo de Athena, todos los Caballeros Dorados son tan inútiles como Shura de Capricornio en los templos superiores. Ya no me queda más que demoler este estúpido Santuario, y devolver la gloria de los dioses a la tierra —y Shaula se horrorizó por lo que acababa de escuchar.
—¿Destruir las 12 Casas? —recordó Shaula esa parte de la profecía—. Si creyera que es posible, no habría venido hasta aquí con el fin de detenerte, Apolo —se levantó Shaula, elevando su cosmos, hasta que su armadura adquirió un brillo dorado—. ¡Conozco la profecía! ¡No significa que no pueda hacer algo al respecto! —gritó Shaula, y se lanzó en contra de Saori—. ¡Domador de las Bestias! —pero su puño fue simplemente detenido nuevamente.
—¿Hacer algo al respecto? Pequeña tontita, las armaduras de Athena no pueden lastimar a la misma diosa que las creó —mencionó Saori—. ¿No ves que el plan es perfecto? Al ser la misma diosa Athena, nada que haya sido creado por ella misma puede lastimarme —y Saori elevó su dedo, y la Armadura de Lince se hizo cenizas en un instante—. ¿Lo comprendes ya? —y Shaula observó las cenizas de la Armadura de Lince, y las sostuvo en sus manos, incrédula de la facilidad con que su armadura, que había sido alimentada por la sangre de su esposo, había sido transformada en cenizas.
—Mi… mi armadura… —lloró Shaula—. No es verdad… la armadura con la sangre de Kiki… debería ser tan fuerte como el oro si mi cosmos llegaba a alcanzar ese nivel —y Saori continuó caminando hasta el centro del Templo de Virgo—. Vas a ser derrotado… Apolo… —lloró Shaula—. Si no es por mi mano será por la de alguien más… la profecía tenía un destello de esperanza… —insistió Shaula.
—¿Viste a Saori al final del Oráculo de Delfos? —preguntó Saori, y Shaula no supo qué decir—. No necesito que lo reveles y pierdas tu memoria para saber que esa expresión tuya significa que no la viste —y Saori alzó el dedo, y un destello lanzado de este perforó el techo, y reveló al sol perfectamente alineado sobre la Casa de Virgo—. Es el momento de destruir todo aquello que alguna vez significó esperanza para Athena. ¡La luz del sol se estrellará en el Santuario! ¡Todo será vaporizado! —y el sol perdió su brillo, y bajó del cielo, para entrar dentro del cuerpo de Saori, que aceptó las flamas, que brillaron de un intenso tono morado y destructivo—. ¡Apollon Arukeim! —sentenció Saori, y la poderosa luz del sol estalló, y en un instante, las 12 Casas del Santuario estallaron al unísono, tragadas por llamaradas infernales que destruyeron en su totalidad el Santuario, convirtiéndolo todo en cenizas, destruyendo la esperanza de Athena, el símbolo de su reinado de sabiduría y esperanza, el sol, había caído sobre la tierra. Las 12 Casas habían dejado de existir, destruidas por la misma diosa que las levantó.
Termina Tema: Remember Sadness.
—¿Todo el Santuario… aniquilado de un solo movimiento? —se sorprendió Artemisa, flotando en una esfera de luz blanca, y mientras Saori flotaba a su lado, envuelta en una esfera violeta también—. ¿Cómo puede ser que hagas parecer tan sencilla la conquista de todo el Santuario, y la destrucción de la humanidad? —preguntó Artemisa, viendo la oscuridad a su alrededor, resultante de la extinción del sol.
—No es tan sencillo como lo he hecho ver —respondió Saori—. De hecho, sin el Reloj de Cronos, y sin el escudo de Athena, es la única forma de lograrlo. La paciencia ha apremiado, hermana. Años de planeación nos han llevado a este momento. Ahora erguiré el palacio del Sol, como el Nuevo Olimpo en la Tierra —y Saori alzó su dedo tras tocar suelo, y su luz se extendió sobre un desierto de cenizas grisáceas—. ¿Eh? —se sorprendió Saori—. ¡No es posible! —recriminó Saori—. ¡Maldición! ¡Sabía que eran tercos! ¡Pero no imaginé este nivel de terquedad! —y Artemisa se sobresaltó de igual manera—. Pequeñas velas de cosmos. ¿Cómo? ¿Por qué? —preguntó Saori, y 3 constelaciones brillaron en el cielo nocturno—. ¡No es posible! —se horrorizó Saori, viendo a los 3 felinos en el cielo oscuro—. ¡Esas malditas armaduras! ¿Cómo es que no noté su presencia? —y una ligera sonrisa se dibujó en los labios de Saori, antes de desaparecer en su totalidad, tragada por odio—. ¿Sellos de Athena? —se quejó Saori—. ¡Maldita! ¡Athena selló las Armaduras de los Héroes con su cosmos! ¡Pensé que serían destruidas con la Apollon Arukeim! ¡Pero esas armaduras poseen un poder superior al sol! ¡Poseen la fuerza de Zeus! —y 3 relámpagos bajaron del cielo, uno escarlata, uno dorado, otro blanco—. ¡Yalemo! ¡Orfeo! ¡Lino! ¡Bajen del cielo y destruyan esas armaduras! —ordenó Saori, y 3 destellos rojizos cayeron como estrellas fugaces persiguiendo a los relámpagos—. No pensé que tendría que arriesgar a mis hijos. Pero ya derrotaron a esos 3 antes. Este pequeño destello de esperanza, se extinguirá con la misma facilidad que llegó —sonrió Saori, y comenzó a elevar su Dunamis, elevando un templo mientras extinguía la esperanza de Athena.
Ruinas del Anillo Medio.
—¿Sigues retrayendo tu cosmos? ¿Por cuánto tiempo más vas a seguirme odiando? —una voz levantó a Mu de su estado inconsciente, que comenzó a despertar, saliendo de las cenizas que lo habían noqueado—. La Apollon Arukeim es sin duda alguna una fuerza muy superior a la Exclamación de Athena. Diría que no tienes posibilidades. Pero igual. Yo estoy muerto, y tú sigues viviendo —y Mu se sorprendió, miró al dueño de la voz, y encontró a Jasón frente a él, vistiendo a Argonian Pantheria—. Ha pasado tiempo… Mu… pero tu cosmos sigue tan intenso como siempre —y Mu no comprendió lo que estaba ocurriendo, miró a su alrededor, pero solo veía la luz escarlata que emanaba del cosmos de Jasón—. El Carnero Dorado, originalmente tenía unas alas doradas y extensas. Estas alas las perdió con su muerte, pero su lana continuó brillando, con una intensidad inigualable. Ese Carnero, habrá perdido sus alas pero aún brilla en el firmamento. Levántate… no olvides tu lugar en las estrellas… no olvides las estrellas que te llevaron a sobrevivir incluso cuando la esperanza parecía perdida —y Jasón desapareció, y Mu vio una figura en la oscuridad lanzarse e intentar golpearlo, pero instintivamente movió sus manos, y un muro tornasolado apareció frente a él, iluminando la oscuridad, y revelando a Yalemo al otro lado, que se quejó de dolor.
—¿El Muro de Cristal? ¡Pero perdiste la fuerza de esa constelación! —recriminó Yalemo, y Mu se mostró igualmente impresionado—. No importa… lo importante es que has sobrevivido, y que he venido a terminar lo que empecé —y Yalemó pateó el Muro de Cristal, rompiéndolo, y una luz dorada cegó al Egleteo, mientras Mu elevaba su cosmos.
—Jasón… ¿cómo podría odiarte… cuando has sacrificado tanto por redimirte? —y Mu reunió esferas doradas en sus manos—. Las estrellas de mi constelación vuelven a brillar. ¡Revolución de Polvo de Estrellas! —lanzó su ataque Mu, y Yalemo fue lanzado por las flechas tornasoladas, de regreso al cielo por la poderosa fuerza de Mu, que entonces vio en dirección a donde una luz morada e intensa comenzaba a elevar una torre—. ¡Apolo! —y Mu corrió en dirección a la torre.
Ruinas de las Puertas del Santuario.
—Gato torpe. Nunca te das por vencido sin importar la superioridad de tu rival —habló Heracles, y al escuchar esa voz, los ojos de Aioria se ahogaron en lágrimas, mientras el gigante de Mythrilo se agachaba y miraba a Aioria, que se levantaba, y encaraba a su viejo rival—. Los Leones son en verdad unos verdaderos tontos. Siempre golpeando y preguntando después. Pero bueno, te ha funcionado, y me funcionó a mí. Un Leo no deja de serlo solo por cambiar de melena, Aioria. Busca al León que tú mismo creaste. Sea tu melena dorada, o sea de Mythrilo, el León nacido de tu corazón sigue siendo el mismo —apuntó Heracles al inconsciente de Ikki—. No es el mismo León el que habita en tu corazón, que el León que ruge con llamas infernales en él quien es tu reemplazo —y Heracles desapareció, y Aioria se secó las lágrimas, y encaró a Lino, que mantenía tenues flamas rodeándole el cuerpo.
—¿Qué pasa? Parece que hubieras visto un fantasma —habló el Egleteo tranquilamente—. Yo sin duda alguna he visto a uno, lo tengo frente a mí. Un fantasma que en 2 ocasiones ha sobrevivido a la Apollon Arukeim. Casi me dan ganas de creer en la misión de los mortales, ha sido muy conmovedor —sonrió Lino.
—Será más conmovedor cuando termine contigo, y le entregue mis respetos a Heracles por nuevamente confiar la vida de Athena en mis manos —y Aioria elevó su cosmos, y Lino se impresionó—. ¡Piérdete! ¡No tengo tiempo de medir mis fuerzas contigo! ¡Plasma Relámpago! —y Lino fue tomado por sorpresa, e impactado por el poder del Plasma Relámpago, tras el cual Aioria comenzó a correr en dirección a la torre oscura que ya casi terminaba de completarse.
Ruinas de la Casa de Aries.
—No ha terminado aún… tu gloria debe brillar más que la mía antes de que caigas en las garras de la muerte. Sigue brillando, ponte de pie. Escupe en el rostro de los dioses. Yo aún te estoy esperando en la otra vida, dispuesto a compartir la gloria de la reencarnación a tu lado —habló Aquiles, y Milo se impresionó—. Levántate, maldito Escorpión. Ya me has superado en esta vida. Te he aceptado como mi superior. Eres un Aqueo de corazón. Pero tu cosmos, pertenece a 15 estrellas brillantes en el firmamento. ¡No permitiré que olvides la grandeza de la constelación a la que representas! ¡No permitiré que tú quien vives mientras yo me pudro en una fría tumba esperándote a que mueras y reencarnes, se deje derrotar por los dioses a los que ha abofeteado tantas veces en el pasado! ¡Levántate! ¡No has terminado de sufrir! ¡Mientras haya vida hay esperanza! ¡Mientras seas humano puedes crear milagros! ¿O acaso no es milagro, el que yo me rebaje a este nivel a suplicarte que termines con tu misión en esta tierra? —prosiguió Aquiles.
—Maldición —lloró Milo—. En la lista de quienes pensé que me proporcionarían palabras de aliento… tú ni siquiera estabas entre las opciones… —sonrió Milo, poniéndose de pie, y encarando al espíritu de Aquiles—. Terminaré mi afrenta a los dioses… Aquiles… nos volveremos a ver en la otra vida. Como el Caballero de Escorpio, y su malnacido rival de Libra. Pero jamás te llamaré hermano —sentenció Milo.
—No me agradaría de ninguna otra forma —sonrió Aquiles—. Mi desprecio y mi admiración por ti están a la par. Y deseo superar la gloria que has adquirido en esta era. Tendrás que esforzarte más por no quedarte atrás. Escorpio, prepara tu aguijón… y recuerda que tu constelación brilla con mayor intensidad cuando eres tú quien la guía. La armadura… es solo una condecoración… el Escorpión Celestial es el que vive en tu cosmos —y Aquiles desapareció, y Milo encaró a Orfeo.
—¿Por qué no puedes quedarte muerto por una maldita vez en tu vida? —mencionó Orfeo, posándose frente a Milo, con una mirada de poca emoción—. Apolo es el único dios que cumple todas sus promesas. Me ha regresado a Euridice, y ha destruido todo el Santuario. ¿No puedes ver que es superior incluso a Zeus? Yo soy la prueba, incluso tras la destrucción de mi cuerpo a manos de Zeus me poso frente a ti mucho más poderoso que antes, y con un cuerpo joven, bello, y fuerte —sentenció Orfeo.
—No me interesa cuantas veces resucites, imbécil —y la uña de Milo creció, y el arrogante apuntó a un preocupado Orfeo con la misma—. ¡Me agrada más el placer de por fin ser yo quien te mande a la tumba! ¡Aguja Escarlata! —gritó Milo, y de un movimiento rápido atravesó a Orfeo con 14 agujas—. ¡Ya extrañaba esta sensación de superioridad que solo las Agujas Escarlata me pueden brindar! ¡Es tú fin, alimaña rastrera! ¡Entraste en la guarida del Escorpión Celestial y ya solo te queda luchar o morir! ¡Pero no pretendo darte a elegir! ¡Aguja Escarlata! ¡Antares! —gritó Milo, y a pesar de que Orfeo intentó atrapar la aguja, esta lo atravesó, y Orfeo gritó de dolor mientras Milo comenzaba a correr en dirección a la edificación ya terminada.
El Templo del Sol.
—¡Milo! —gritó Aioria, alcanzando a Milo, Mu venía tras de él—. Milo, lo vi, era Heracles —y Milo asintió—. ¿Vieron a Jasón y a Aquiles también? —y Mu sonrió, y asintió—. Esos 3 de verdad saben cómo levantar los ánimos.
—¡Habla por ti! —mencionaron Mu y Milo al unísono—. Pesé a que Jasón volvió a ayudarme. Tengo sentimientos encontrados de desprecio y admiración por él. No lo he perdonado del todo aún —explicó Mu.
—Mi reunión con Aquiles tampoco fue muy placentera —recriminó Milo—. Nuestros egos chocaron, y nos juramos ser rivales en la otra vida. Lo detesto tanto —se quejó el orgulloso de Milo, que sonrió en ese momento—. Vamos, ya casi llegamos —sonrió, y el trio llegó ante Saori y Artemisa, y miraron a las 2 diosas con desprecio—. ¡Saori! —y Saori entristeció, y Artemisa notó aquel gesto proveniente de su hermano, o mejor dicho, de la Saori encerrada en su interior—. ¡Artemisa! ¡Aléjate de mi esposa! —corrió Milo en dirección a Saori.
—¡Je! ¡En verdad lo creyó! —y Saori alzó su mano—. ¡Iluminación Divina! —y el trio se sobresaltó, y los 3 fueron abatidos por la fuerza dorada del cosmos de Saori—. ¡JA JA JA JA! —se burló Saori—. ¡Debiste haber visto tu cara, cariño! ¡Esa cara de incredulidad al ser atacado por tu propia amante! ¿Creíste que no iba a estar enojada porque me abandonaras por 5 años? ¡Es broma! ¡JA JA JA JA JA! —se volvió a burlar Saori—. Tu amada Saori no existe. Su cuerpo es totalmente mío —y Milo intentó incorporarse, pero el ataque de Saori lo había dejado muy malherido, Saori simplemente continuó burlándose.
—Milo… ese collar… —apuntó Mu con debilidad al Collarín en el cuello de Saori—. Es el Collar de Harmonía. Un collar que se caracteriza por haber sido creado por el caos, y que enloquece a su portador —y Milo enfureció—. Lo peor es que la única forma de removerlo, es asesinando a la persona que lo lleve puesto —terminó Mu.
—No nos quites la esperanza, Mu —se quejó Aioria—. No hay forma de que Saori pueda sucumbir al poder de un simple Collar. Pero por si acaso, ¡Se lo arrancaré del cuello! —y Aioria se lanzó contra Saori, y la diosa elevó un muro frente a Aioria, que fue repelido por el poder de los Caballeros de Aries, antes de ver a Saori preparar su mano, y lanzar a Excalibur, arrasando con Aioria, y lanzándolo por las ruinas.
—¡Aioria! —se horrorizó Mu, y miró en dirección a Saori, pero fue paralizado por la mirada sombría de la Restricción—. ¿Qué está pasando? ¡Mi cuerpo está totalmente paralizado! —y Milo notó lo que estaba ocurriendo, mientras Saori alzaba las manos, y lanzaba el Gran Cuerno, derribando a Mu de un impacto certero.
—¡Mu! —gritó Milo, y se encontró rodeado de relámpagos dorados del Plasma Relámpago, que le cortaron el camino, mientras Saori colocaba las manos en la pose del Cántaro—. ¡Maldición! —se quejó Milo, y fue arrasado por la fuerza congelante de la Ejecución Aurora.
—¿Lo ves? No son nada —apuntó Saori, sorprendiendo a Artemisa—. Cariño, ¿crees que sea un buen momento para pedirte el divorcio? —se burló Saori, y Milo se puso de pie, incrédulo de lo que estaba ocurriendo, y Saori lo tomó del rostro, y lo encaró fijamente—. Mírame, cariño. Mira al amor de tu vida convertida en una tirana —y Saori besó a Milo, y se separó de él con una esfera dorada en su mano—. ¡Explosión de Galaxias! —gritó Saori, y el confundido de Milo fue abatido. Mu y Aioria intentaron ir en su auxilio, pero los 2 terminaron siendo golpeados por el tremendo ataque, y lanzados por las ruinas—. Eso fue bastante satisfactorio. Ahora, terminaré con todos ustedes antes de que siquiera piensen en —y una lágrima cayó del rostro de Saori—. ¿Qué? ¿Estoy llorando? —preguntó Saori—. ¿Qué pasa aquí? ¡No! ¡Estás totalmente bajo mi control! ¡Maldita Athena! —gritó Saori, que entonces comenzó a llorar—. ¡No! ¡No llores! ¡No llores! ¡Nooooo! —se quejó Saori de forma infantil, y Artemisa comenzó a preocuparse—. ¡Maldición! ¡No puedo… no puedo levantar mi mano en contra de ellos 3…! —continuó quejándose Saori—. ¡Mátalos! —pero el cuerpo de Saori no reaccionaba—. ¡Maldición! ¡Mi plan es perfecto! ¡No tienes el poder de negarme, Athena! —y el Dunamis de Saori creció, de un rojo intenso—. ¡Deja de interferir, maldita harpía! —se liberó del sentimentalismo de Athena Apolo, y elevó su cosmos—. ¡Mueran Ahora! ¡Iluminación…! —gritó Saori, pero un destello escarlata se clavó en el hombro de la diosa—. ¡Aght! ¡Malnacido! ¿Cómo te has atrevido a levantar tu puño contra tu propia esposa? —se quejó Saori.
Inicia Tema: Challenge the Gods.
—Así que era eso —mencionó Milo, y tanto Mu como Aioria se pusieron de pie junto a él—. Has tomado posesión del cuerpo de mi esposa, forzándola a convertirse en una tirana, ¿no es así, Apolo? —y Saori se tomó del hombro con dolor—. Parece que hay una falla en tu plan… yo… ya asesiné a mi esposa antes… y estoy destinado a hacerlo de nuevo… —lloró Milo, apuntando su aguja en dirección a Saori—. Sé que ella lo entiende. Era nuestro destino desde que me convertí en el asesino de Ares. Y te juro… Apolo, que no tengo miedo de cumplir con mi destino. Ya que mandaré a Saori a su tumba, y yo mismo voy a acompañarla —terminó Milo, y tanto Mu como Aioria asintieron ante esas palabras, mientras Milo preparaba su cosmos, y las lágrimas le ahogaban el rostro—. Salvaré a Saori de convertirse en una tirana, al cumplir la promesa que le hice a Cronos… me convertiré en la Brutalidad en la Guerra, le arrancaré el corazón a mi esposa, y seré castigado por mi pecado en el Tártaros. ¡No intentaré siquiera sacar a Saori de tu dominio, Apolo! ¡Me será más fácil darle muerte mientras sé que se ha vuelto una tirana solo bajo tu maldita mano! —y Milo apuntó su aguja en dirección a Saori, asustando a la diosa, que comenzó a ocultarse tras su hermana, la diosa de la Luna.
Termina Tema: Challenge the Gods.
Inicia Tema: Gather Under the Supervisión de Athena.
Una luz dorada entonces iluminó la oscuridad perpetua en que había caído el mundo, y las 3 constelaciones en el cielo liberaron de su interior la fuerza de 3 armaduras heroicas, que comenzaron a rodear con sus cosmos a los 3 quienes habían tomado la decisión nuevamente, de asesinar a Saori antes de permitir que la diosa a la que habían jurado proteger se convirtiera en una tirana.
—¡Las Armaduras de los Héroes! —se horrorizó Saori, mientras las 3 armaduras elevaban al trio a los cielos, se partían en sus partes, y comenzaban a vestir a los 3 con la fuerza de los héroes que sacrificaron sus vidas en el nombre de Athena en contra de Zeus.
—Por el bien de Saori… y por evitar una tiranía que le rompa el corazón, acepto nuevamente la responsabilidad de vestir a Argonian Pantheria —aceptó Mu, y fue envestido por la poderosa Panthera, y su cosmos se iluminó de un rojo intenso—. No permitiremos que tu tiranía contamine a nuestra amada diosa, Apolo. Nos convertiremos primero en traidores que permitirte este insulto —terminó Mu, vistiendo la Armadura de Jasón.
—Nosotros somos los Caballeros de los milagros que siempre se levantarán en contra de la tiranía de los dioses, pero no te confundas, Apolo. Nuestra lealtad a Athena no ha cambiado en absoluto, es nuestro amor por ella lo que nos permite despertar estas armaduras, con Heraclian Leonis de mi lado, mis colmillos estarán bien afilados —sentenció Aioria, aceptando nuevamente su melena, sintiendo el cómo el cosmos de Heracles volvía a iluminar el suyo con su fuerza heroica.
—Cometiste un error al pensar que me intimidaría por verte poseer el cuerpo de mi amada… Apolo —prosiguió Milo, mientras Aquean Tigris, y la fuerza de Aquiles, el más grande de los Aqueos, iluminaba su cosmos, y vestía al caballero nuevamente de dorado—. He aceptado mi destino. Aquean Tigris volverá incinerar mi cosmos hasta el nivel de desafiar a los dioses, pero mi afrenta no es por gloria, es por amor. Saori… nos volveremos a reunir en la otra vida… —y el cosmos de los 3 brilló intensamente, dejando a Saori anonadada, mientras la legendaria fuerza de los héroes, le devolvía la luz a la tierra, la luz de la esperanza de Athena, y Apolo, el dios del Sol, lloraba por el corazón puro de Saori, que resurgía únicamente para sonreír ante la lealtad de sus amados caballeros, que nuevamente iluminaban su cosmos con esperanza.
Termina Tema: Gather Under the Supervisión de Athena.
Elysium.
—La materia prima ha regresado. Solo el cosmos de esos 3 podrá brillar con la intensidad necesaria para resucitar a la Armadura Divina del dios de la Brutalidad en la Guerra —sonrió Cronos, y el hilo rojo en su mano materializó la lanza y el escudo que habían ayudado a Milo en varias ocasiones ya.
—¿Estás seguro, Cronos? ¿Es esta la armadura que planeas resucitar? —preguntó Hefestos—. Después de tanto esfuerzo, de tanta muerte. ¿Le darás la victoria a la Brutalidad en la Guerra al sacrificar a la Sabiduría en la Guerra? —y Cronos miró el escudo y la lanza, y sonrió.
—¿Sacrificar a la Sabiduría en la Guerra? —pensó Cronos, y tomó de su taza de té—. Un dios de la guerra debe sobrevivir de todas formas… pienso que estoy eligiendo al correcto. ¿No lo crees, Milo? —susurró Cronos—. El dios de la Brutalidad en la Guerra que sobreviva debe ser fuerte, capaz de mantener el equilibrio. Te devolveré tu armadura, pero el qué harás con ella, ese… es el verdadero misterio —sonrió Cronos, y continuó bebiendo de su taza de té. La guerra contra Apolo estaba lejos de ser definida.
NOTAS DE LA EDICIÓN DEL 2018 (Que une a Guerras Doradas con su precuela, Guerras de Troya):
1 – Cuando Hestia dialoga con Artemisa sobre las muertes de los dioses Olímpicos, menciona que Afrodita tuvo la culpa de su propia muerte al entregarle todo su cosmos divino a Paris.
2 – La batalla entre Jabu y Retsu contra Odiseo, enfatiza aún más la nobleza de Odiseo, y su amistad con Diomedes de Escorpio que existió en Guerras de Troya.
3 – Algunos diálogos de Odiseo se cambiaron, además de que a su muerte se le permite redención a con Diomedes.
