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Irene vio a Sirius en la lejanía y se sonrieron. Andó hacia el y se abrazaron.
-Hola-le saludó Irene.
-¿Cómo está mi asesina favorita?- preguntó él e Irene se sorprendió.
-¿Qué?
Sirius sonrió.
-Me refería a lo que le hiciste a Ginny-aclaró el.
-Pero no la asesiné, ni mucho menos-dijo ella, un poco asustada.
-Ya, pero no encontraba ningún otro adjetivo que viniera bien con la frase- Y sonrió. Irene intentó no darle importancia y pensó que era una broma un poco pesada. Suspiró.- Bueno, ¿Qué tal este mes?
-Mmmm sin contar lo de Ginny… no ha estado mal-respondio y el hombre se puso un poco serio.
-Creia que dirias que me habías echado de menos-dijo. Irene se puso colorada y rectificó al momento.
-¡No! Claro que si te he echado de menos, pero bueno, suponía que lo sabrias de antemano…
-No pasa nada mujer, ya lo se.-se acercó a Irene y se besaron- ¿Podrias venir mañana a Hosmeade?- Irene se acordó de la carta. Sentía curiosidad, pero eso ahora mismo le importaba un rabano- ¿Eh?
-Oh, si. Claro.- aceptó ella intentando no parecer desconcertada.
-Yo iré antes, asi que, cuando tu salgas, ve directamente a las Tres Escobas, ya te estaré esperando allí.- Irene volvió a asentir.
Al dia siguiente Irene se levantó tarde. Se vistió y corriendo bajó a desayunar. Solo había tres profesores en la mesa y una docena de chicos terminando de comer. Luna también estaba.
-¿Por qué has tardado tanto? Habia pensado esperarte pero si lo hubiera hecho todo se me hubiera enfriado-dijo un poco enfadada.
-Lo siento, me quedé dormida- se disculpó.
-¿Dónde está Sirius? Se fue nada mas yo llegar.
-Tenia que ir a Hosmeade antes que nosotros. Supongo que estos son los únicos profesores que se quedaran en la escuela- dijo Irene mirándolos. Eran Dumbledore, Trelawley y la señora Pince.
-¿Has quedado con el?- preguntó Luna terminándose la tostada.
-¿Con quien?- inquirió Irene rápidamente.
-Pues con Sirius… ¿O es que piensas ir a…?- Irene la hizo callar.
-Mira, he pensado que podría echar un vistazo, ver quien es e irme, ¿no?- Luna puso cara de indiferencia.
-Vale… pero la curiosidad es mala, ¿eh?- Luna serió y se levantó. Irene cogió un bollo.
-Ni una palabra a…
-Sirius, ya- dijo Luna cansinamente y se fueron de allí.
Eran las doce en punto e Irene todavía seguía en la sala común. Todos se habían ido ya al vestíbulo. Si se daba prisa podría llegar a tiempo a la cola. Bajo corriendo las interminables escaleras y, evitando a Peeves que estaba en la planta baja, fue a las mazmorras.
No había absolutamente nadie y hacia mucho frio. Se fijo en que la puerta de Defensa Contra las Artes Oscuras estaba entreabierta, y supuso que "esa persona" estaría allí. Se acercó sigilosamente y miró. No vio nada, pero entonces alguien la empujó por detrás y la hizo entrar de un golpe. La chica se dio la vuelta y vió a James, sereno.
-Hola Irene- le dijo con total tranquilidad. La chica se asustó un poco y no dijo nada- Gracias por venir. Supongo que intuiste que era yo, ¿no?- Irene titubeó un poco.
-Pero…. La letra…
-Ya, la letra es de Ana. Hombre, no iba a poner la mia, ¿no?- lo dijo como si ese hubiera sido el mejor plan del mundo.
-¿Qué se supone que quieres? ¿Decirme que me amas? Pues dimelo, pero siento no poder corresponderte-dijo Irene con seguridad. El chico no cambió la expresión.
-Si te quiero. Te quiero tanto… -se acercó un poco a ella, pero esta le echó una mirada asesina- Pero esto no solo lo hago por mi. También lo hago por Ana- Irene no entendía nada- ¿Qué ocurre? ¿Es que tu novio y tu no os contais las cosas? ¿Le has dicho que un admirador secreto te manda cartas? ¿O te ha dicho él que una admiradora secreta le manda cartas?
Irene abrió mucho los ojos.
-¿Cómo?- exclamó. El chico sonrió.
-Veo que no. Este plan lo ideamos ella y yo.
-James, yo…- el chico la miró fijamente- Tu eres un tio genial, y eres guapo… Pero yo AMO a Sirius.- el chico dejó de sonreir.
- Pero, si no estuvieras con el, ¿saldrias conmigo?- Irene no sabia que decir. Pensó que era mejor no enfadarle.
-Si, claro- mintió. El chico, sin cambiar la expresión, sacó una botellita del bolsillo.
-Supongo que sabes lo que es, ¿no?- Irene no dijo nada pero se lo imaginó- Es un filtro de amor. Dara fin a todos nuestros problemas y seremos felices.
-Eso es amor artificial. El amor artificial no es bueno, no es real.
-Me da igual con tal de estar contigo, con tenerte..- dijo acercándose a ella y destapando la botellita. Irene metió la mano en el bolsillo en busca de su varita, pero el chico, con agilidad, sacó la suya y, sin pronunciar nada hizo que la de Irene volara por los aires.
-No tienes porque asustarte, ni menos hacerme daño. El amor es algo tan bonito… alegrate, porque Sirius no quedará descuidado…- con otro movimiento de varita, el chico inmovilizó a Irene, que cayó al suelo- Hubiera preferido no tener que hacer esto pero…- se agachó ante ella y le abrió la boca- Seremos felices para siempre- dijo y virtió el contenido de la botellita en su garganta. Luego se separó de ella y desactivó el hechizo inmovilizador. Esta se puso de pie de un brinco y se quedó mirando al chico a los ojos.
