Capitulo 50:
Ron permaneció en silencio durante unos largos minutos sumamente aturdido por lo que acababa de suceder. Al cabo de ese tiempo comenzó a escuchar como unas solitarias gotas de lluvia caían sobre el techo de pizarra de la derruida casucha en la que habían vivido los Gaunt décadas atras. Lentamente el golpeteo fue aumentando hasta formar un murmullo constante que lleno el incomodo silencio que se había formado.
Ron se puso lentamente de pie aun algo aturdido. A su lado la ente lo observaba tranquilamente. El pelirrojo observó nuevamente su colmillo de basilisco cubierto del liquido proveniente del Horcrux y volvió su mirada a donde se encontraba el anillo. El objeto parecía quemado y estaba cubierto por el mismo liquido negrusco que el colmillo. Finalmente observó a la ente esperando una respuesta sobre lo que acababa de ocurrir.
La ente que tomaba la imagen de Alice Longbottom se cruzó de brazos y lanzó un suspiro antes de dirigir sus ojos azules al aturdido pelirrojo.
-Te dije que debías practicar más con tu oclumancia.- dijo finalmente la chica.
-Sí, lo sé.- dijo Ron con poca paciencia. -Pero, ahora, explícame que demonios fue lo que ocurrió.-
Ron camino un par de pasos por la fría y sucia estancia antes de volver su mirada nuevamente al ente.
-Éramos muggles…- dijo Ron. -Todos nosotros, hace como cincuenta años atrás en los tiempos que Grindelwald era una amenaza. Y estaban Harry, Hermione, Susan, John, Pansy, Violet… incluso Robert y Patrick Granger.-
-Creo que puede decirse que ahora aprecias un poco más la tecnología muggle.- dijo el ente.
-Claro que si.- dijo Ron recordando el daño que las armas de fuego habían hecho a sus adversarios mágicos. -Pero cuando destruí la diadema de Ravenclaw fue distinto… Riddle tenía control de todo en esa ilusión. Está en cambio era tan… ¿Real?-
Ron bajo su mirada y observó la piedra de la resurrección. Sentía un gran alivio de haber podido deshacerse de ese Horrcrux de una buena vez.
-Me parece que necesitas descansar un poco.- dijo la ente después de unos segundos. -Has tenido un día terrible. Toma el anillo y guárdalo en lugar seguro. Yo te devolveré a Hogwarts. Cuando llegues relájate un poco y esta noche hablare contigo. Lo prometo. Y me encargare de dejar todo ordenado para que Voldemort no se de cuenta que alguien estuvo aquí. Creo que ordenar desastres no altera demasiado las reglas que me han dado para que cumpla.-
La chica tomó el hombro de Ron con su mano y antes de que se diera cuenta de lo que sucedía estaba parado sobre los nevados terrenos del castillo a pocos pasos de la entrada principal. Como era de esperarse con ese clima, no había nadie más por las cercanías.
Ron comenzó a caminar hacía el castillo, bajo el plomizo cielo de invierno. El corredor principal se encontraba desierto. Cuando se dirigió al gran comedor vio que había unos pocos estudiantes en las mesas. Aprovechando la tranquilidad del lugar para terminar sus tareas antes de que terminaran las vacaciones. En la mesa de Hufflepuff vio una chica de cabellera pelirroja que parecía haberse quedado dormida con la cabeza sobre la mesa de su casa. Delante de ella había un tablero de ajedrez y una caja de piezas. Seguramente lo había estado buscando para jugar durante la tarde.
Ron se acercó a Susan, la observó por unos segundos y finalmente agito ligeramente el hombro de la chica. La pelirroja abrió lentamente sus ojos azules pareciendo algo desorientada.
-¿Me quede dormida?- dijo lentamente mientras se acomodaba un poco el cabello con una mano. -Creo que estuve babeando sobre la mesa. Por cierto, te estaba buscando, Ron.-
El pelirrojo abrió desmesuradamente los ojos y observó a la chica sin poder creer lo que había escuchado. Las palabras no eran importantes, sino el idioma que había utilizado. Susan había hablado en Alemán.
-¿Qué fue lo que dijiste?- preguntó Ron lentamente mientras observaba seriamente a la pelirroja.
Sería posible que Susan supiera hablar ese idioma y nunca lo hubiera dicho. Ron no creía en las coincidencias especialmente en las de ese tipo.
-Que te estaba buscando.- repitió Susan, esta vez, en Inglés después de bostezar.
Ron la había escuchado hablar en Alemán. No había sido una ilusión ni nada parecido. La pelirroja había dicho una larga frase en ese idioma. Lentamente, se sentó junto a la chica en la larga mesa de roble.
-¿Acaso hablas alemán Susie?- preguntó Ron sin darle vueltas al asunto.
La pelirroja lo observó algo extrañada.
-No. No hablo alemán. Ronnie. Viví toda mi vida en Birmingham y solo visite Irlanda en vacaciones.- respondió la chica sin creer de donde su amigo había sacado esa loca idea. -Puede ser que tenga la voz un poco más pastosa cuando despierto… pero- la pelirroja se detuvo pareciendo haber recordado algo súbitamente -Pero es extraño que lo mencionaras…-
El pelirrojo observó a Susie sin tratar de delatar su sorpresa.
-Tuve este sueño tan extraño.- dijo la chica observando a Ron con sus ojos azules mientras parecía hacer un gran esfuerzo para recordar. -Y ahí hablaba alemán… y todos ustedes estaban ahí, pero no lo hablaban. Y recuerdo que mi familia también estaba ahí…-
Era casi imposible que Susie soñara algo que terminaba siendo tan parecido a lo que Ron había visto en la ilusión del Horcrux.
-¿Qué es lo que recuerdas?- preguntó Ron intrigado y tratando de entender las ramificaciones que tendría lo que supiera la chica.
-Solo eso…- dijo Susan después de un par de segundos de intentar traer más recuerdos. -Es extraño como los sueños se van desvaneciendo…- y agregó sonriendo. -Pero recuerdo que mis padres estaban vivos ahí, viviendo en algún otra parte… era real. No se como explicarlo.-
Ron esbozó una sonrisa y despeino cariñosamente a la chica. Sabía lo importante que eran sus padres para Susie. No podía recordarlos. En esa fantasía recordaba a que Susan tenía a toda su familia con ella. Incluso un par de hermanos que aquí no existían. Si algo bueno había salido de todo ese desastre era que al menos Susan había podido sentir lo que era tener a sus padres con ella. Afortunadamente no parecía perturbada por esto, si no más bien todo lo contrario.
-Y además hablabas alemán.- dijo Ron.
-Sí.- dijo Susan riendo. -A veces los sueños no tienen mucho sentido. ¿nunca te ha pasado?-
-Para eso tengo a este mundo.- respondió Ron riendo aunque, aun, algo preocupado por lo sucedido.
Si Susie de alguna manera estaba con él cuando había destruido al Horcrux en esa ilusión. Entonces la pregunta era: ¿Quién más recordaba algo de lo sucedido? Mucha gente había aparecido en la ilusión. En ese momento vio que entraba al gran comedor su compañera de casa Pansy Parkinson. La chica bostezó un par de veces y se acercó al pelirrojo.
-Hola Ron.- dijo la chica del cabello oscuro sonriendo, y agregó sonando algo intrigada. -Sé que sonara extraño. Por casualidad… ¿sabes si somos familiares o algo así?-
Ron palideció ligeramente. Pansy en la ilusión había desempeñado el papel de su prima segunda. Evidentemente recordaba algo de lo sucedido.
-¿Como primos segundos?- dijo Ron tratando de mantener la calma.
-Exactamente.- respondió Pansy observando al pelirrojo con sus ojos azules.
-Bueno… sabes que todas las familias de sangre pura están relacionadas.- dijo Ron. -Así que seguramente estamos relacionados, aunque no sé que tanto…-
-Me parecía. No sé porque me vino esa idea a la cabeza.- dijo Pansy como si estuviera intentando recordar algo que escapaba a su mente. Finalmente pareció resignarse y agregó a modo de despedida. -Nos vemos después Ron.-
Después de Pansy siguieron entrando más personas y Ron se dio cuenta que la hora de la cena se estaba acercando. Sin embargo su mente no estaba puesta en la próxima comida sino en que era lo que había ocurrido. Sin duda había destruido un Horrcrux pero, de alguna forma que no podía comprender, sus amigos habían estado con él en esa fantasía. La respuesta a todo esto seguramente debería ser la más simple: El ente había intervenido para que se integraran a la ilusión y estuvieran ahí con él y lo ayudaran.
Ron se despidió de Susie y se dirigió a la mesa de su casa. Sin embargo algunas cosas eran muy extrañas, todavía podía recordar esa vida como muggle. Recordaba a él y a todos sus hermanos subiendo a la destartalada camioneta de su padre para ir al pueblo. Recordaba como el desierto resecaba sus labios y como temblaba el suelo de Benghazi cuando una formación de Panzers se acercaba. ¿Qué demonios había ocurrido?
Después de un par de minutos las mesas se llenaron de alumnos y la comida apareció en los platos. Algo más tarde vio aparecer a Ginny. Su hermana parecía haberse despertado hacía poco. La pelirroja se sentó junto a él.
-¿Cómo ha estado tu día?- preguntó Ginny pareciendo demasiado interesada en lo que su hermano había estado haciendo.
Ron palideció ligeramente. Esa mirada que le estaba echando la conocía de sobra. Su hermana no quería saber si había estado jugando al ajedrez toda la tarde. Sabía que algo había ocurrido. ¿Por qué no podía esperar a que estuvieran solos para hablar? ¡Merlín!
-Bien…- dijo observando los ojos castaños de su hermana. -Y tu… Tu pareces haberte quedado dormida.-
-Sí. Quizás estaba un poco cansada.- dijo Ginny y agregó alegremente. -Fui a jugar a volar con Harry y cuando regrese me quede dormida… es extraño nunca me pasa.-
Ron observó a su hermana intrigado no era la respuesta que esperaba. No había ningún doble sentido en la respuesta.
-¿Soñaste algo interesante?- preguntó Ron presionando un poco la situación.
-Si…- dijo Ginny sonriendo. -Pero no lo recuerdo muy bien…- y agregó sonrojándose. -Y eso no es asunto tuyo.-
Ron se daba una idea de que podía ser lo que recordaba su hermana. Y estaba seguro que involucraba ser besada por un cierto chico de cabello azabache amigo suyo.
-Como digas enana.- respondió Ron mientras masticaba un pedazo de cordero asado.
Pocas horas antes, Lily Potter subía las escaleras de su casa en Godric Hollow. Habían pasado un par de horas desde el almuerzo y Violet se encontraba inusualmente silenciosa. La madre de la niña se acercó a la habitación de su hija y abrió lentamente la puerta. Su hija yacía en su cama durmiendo placidamente sobre su edredón blanco con dibujos de brujas en escoba. Su oscuro cabello se encontraba desparramado sobre la almohada. Lily no pudo evitar sonreír al notar que se había quedado dormida utilizando sus anteojos. Lentamente se acercó y se sentó en la cama con sumo cuidado.
-Violet.- susurró Lily suavemente mientras quitaba algunos mechones de cabello de la frente de su hija.
La niña se desperezó lentamente y abrió sus ojos verdes.
-¿Me quede dormida?- preguntó la menor de los Potter mientras se incorporaba.
-Así es cariño.- dijo Lily maternalmente mientras acariciaba el cabello de su hija.
Violet observó a su madre con los ojos entrecerrados por el sueño y parpadeó un par de veces.
-Estaba soñando…- dijo todavía algo atontada.
-¿De verdad?- dijo Lily sonriendo. -¿Qué estabas soñando?-
Violet tuvo un destello. Se veía mucho más mayor. Un chico muy guapo de cabello castaño y uniforme que la besaba, y se sentía muy bien. La niña no pudo evitar sonrojarse visiblemente. Su madre, por su parte, esbozó una sonrisa.
-No lo recuerdo muy bien.- dijo Violet nerviosamente.
Lily levanto una ceja. Y la menor de los Potter supo que no podría engañar a su madre.
-Está bien… soñé que un chico me besaba.- dijo Violet sonrojándose más aún y agregó soñadoramente. -Pero era tan romántico.-
-¿No sería ese el chico que querías que te lleve al baile?- preguntó Lily.
-No.- respondió Violet y agregó algo extrañada. -¿Como supiste que quería que alguien me invitara al baile?-
-Soy tu mamá.- dijo Lily maternalmente. -Me doy cuenta de esas cosas.-
Violet no pudo evitar sonrojarse nuevamente.
-Fue algo tonto en realidad…- dijo la niña. -No lo tomé muy bien al principio… que no me invitara… pero Susie, Ginny y Pansy hablaron conmigo y me di cuenta que solo estaba un poco deslumbrada.-
-Me alegra ver que lo has superado.- dijo Lily lanzando un suspiro contenido. -Me tenías un poco preocupada. Te veía un poco decaída cuando llegaste de Hogwarts.-
-Ya quedó atrás.- dijo Violet sonriendo y agregó algo intrigada. -¿Todos los enamoramientos son así de tontos y pasajeros?-
-Lo son.- respondió Lily y agregó después de unos segundos sin aguantarse la curiosidad. -Entonces… como era este chico de tu sueño.-
-¡Mamá!- dijo Violet muriéndose de vergüenza y agregó después de unos segundos. -En realidad no recuerdo casi ningún detalle. Así que no podré decirte nada.-
Sus recuerdos del sueño eran demasiado vagos. Pero, recordaba otro detalle. En ese sueño tenía su cicatriz, pero no le molestaba tenerla. Y era agradable pensar que había podido superar lo sucedido el año anterior. Sabía que no podía olvidarse de lo que Pettigrew le había hecho pero al menos podía intentar superarlo.
Lentamente la niña tomó el pañuelo que tenía atado al cuello y se lo quitó dejando al descubierto una línea blanca en la parte inferior de su cuello. Lily observaba la escena en silencio.
-Quizás podría dejar de usarlo un poco…- dijo la menor de los Potter. -Al menos en casa y con mis amigos…-
-Por supuesto que puedes.- dijo Lily atrapando a su hija en un abrazo.
Lily había estado tan preocupada por su hija desde que Pettigrew la había atacado. Temía por las secuelas que pudieran quedarle. Pero estaba progresando muy bien. El pañuelo tenía su función pero Lily no quería que su hija se ocultara para siempre detrás de la prenda.
En ese momento escucharon un par de golpes suaves en el marco de la puerta. Madre e hija levantaron la mirada y encontraron a James Potter.
-¿Cómo están mis dos chicas favoritas?- preguntó James sonriendo.
-Muy bien.- respondió Lily. -Violet me estaba contando que piensa dejar de usar el pañuelo en casa y con sus amigos.-
James pareció relajarse un poco, se acercó a su hija y le dio un beso en la frente.
A cientos de kilómetros de distancia, en una solitaria oficina, un hombre de uniforme militar y cabello castaño, que se encanecía hacia las sienes, yacía dormido sentado frente a un escritorio. El ir y venir del péndulo de un viejo reloj llenaba el silencio del despacho. Súbitamente el hombre despertó jadeando agitado.
Patrick Granger tomo unos instantes para calmarse. Sentía su corazón golpeando en su pecho y el frío sudor en su frente. Lentamente paso una mano temblorosa por su rostro. A continuación se puso de pie y se dirigió a la ventana que tenía detrás de su escritorio. Los terrenos estaban cubiertos de hojas secas que, seguramente, dentro de poco se mezclarían con algo de nieve. Observó su rostro en el cristal, mostraba una calma que no sentía.
No entendía como era posible que se hubiera quedado dormido en su trabajo. Nunca le había pasado. Sin embargo había ocurrido. Sin embargo esa no era la razón de su actual estado emocional. Había tenido una pesadilla.
Muchas veces había soñado con cosas que preferiría olvidar, cosas que habían sucedido en sus años de servicio. Pero este sueño había sido diferente. No recordaba bien, pero sabía que sus hijos, Hermione y Robert, estaban en el. No recordaba bien los detalles, pero había una guerra y los dos terminaban gravemente heridos. De alguna manera sabía que todo había concluido bien. Pero eso no lo tranquilizaba.
Nunca había querido que sus hijos terminaran metidos en situaciones como las que él había vivido. Ningún padre quería eso. Robert era testarudo y quería seguir sus pasos. A regañadientes había aceptado que fuera al colegio militar. Con un poco de suerte para cuando terminara cambiaría de parecer y aceptaría seguir la universidad.
El padre de Hermione abrió un cajón; sacó una pequeña botella de Whisky y un vaso. A continuación sirvió una medida de la bebida y se sentó nuevamente en su sillón. Tomo el vaso y lo observó con sus fríos ojos azules un largo rato sin beberlo.
Patrick conocía a unos cuantos magos. A los Potter, los Weasley, los Longbottom y unos cuantos más. Todos eran buenas personas y podría considerarlos amigos. Pero sabía que habían otros magos que no les agradaba mucho que personas sin antecedentes mágicos ingresaran a su mundo; Lucius Malfoy por citar un ejemplo. Y no era el único: Durante los mundiales de Quidditch. Algunos seguidores de un peligroso mago había aterrorizado a la gente presente en el evento.
Sus hijos habían estado ahí y, si bien nada ocurrió, toda la situación había intranquilizado a Patrick.
Desde que se habían enterado de los poderes de Hermione. El hombre había investigado todo lo referente al mundo mágico en los libros que su hija había comprado. Sabía que muchos despreciaban que llamaban nacidos muggles, tanto como despreciaban a las personas sin magia. Y que tuvieran cuidado si siquiera le tocaban un cabello a su hija; porque les caería encima y correría sangre.
En el hogar de los Granger, en Brighton, al sur de Inglaterra. Robert, el hermano de Hermione. Se despertaba después de una siesta no planificada. Al principio estaba algo desorientado, observó sus alrededores y reconoció su habitación. A un costado yacía su violín, en un rincón su pelota de Rugby. Sin embargo había algo que lo intrigaba y era: ¿Quién era esa chica de sus sueños? No la recordaba bien. Solo que era la chica más hermosa del mundo y tenía un hermoso cabello oscuro. Solo esperaba que existiera en algún lugar.
Justo en ese momento, en el norte de Escocia, en Hogwarts, Hermione escuchaba algunas risas a su alrededor. Estaba dormida. Pero no quería despertarse. Había tenido un sueño maravilloso y sabía que si despertaba lo olvidaría. Sin embargo, sin que pudiera evitarlo abrió sus ojos castaños.
En un primer momento le costó un poco reconocer el lugar en el que se encontraba. Pero al ver los cortinados azules, y los amplios ventanales a través de los cuales podía verse el gris cielo de invierno. Se dio cuenta que estaba en su habitación en la torre de Ravenclaw.
A su alrededor pudo ver los rostros sonrientes de sus compañeras de habitación y amigas. Padma Patil, Lisa Turpin, Mandy Brocklehurts y Sarah Fawcett. Lentamente, se incorporó de su cama y se dio cuenta que se había quedado dormida. Recordaba lo sucedido. Había hablado con Ron, había aceptado mantener su amistad pero algo se había roto entre los dos y no sabía si podía arreglarse. Ron se había ido a los a caminar por los terrenos de Howarts y no había querido que lo acompañara. Había vuelto a su habitación, que afortunadamente estaba desierta y había llorado hasta quedarse dormida. Sin embargo había tenido un sueño muy extraño y no pudo evitar sonrojarse al tener un destello de lo que había soñado: Ron besandola como si no hubiera mañana.
-Buenas tardes bella durmiente.- dijo Lisa riendo.
-Me debo haber quedado dormida.- dijo Hermione acomodándose un poco su enmarañado cabello.
-Nos dimos cuenta que tuviste unos muy dulces sueños.- dijo Padma significativamente.
-No sé que pude haber soñado; no lo recuerdo.- dijo Hermione haciéndose la desentendida.
-Te vimos sonriendo mientras dormías, balbuceando cosas y pareciendo muy feliz.- dijo Padma. -Desearía haber tenido una cámara de fotos.-
Hermione enrojeció y mientras su cerebro trataba de pensar que cosas había dicho.
-Tienes que haber soñado con un chico.- dijo Mandy firmemente.
-N…No, claro que no.- respondió Hermione sintiendo como su rostro enrojecía. -No entiendo de donde sacaron esa idea.-
-¡Fue un chico!- dijo Lisa al notar la incomodidad de su compañera.
-Debes contarnos todo.- dijo Padma observándola con sus ojos castaños. -¿Era lindo?-
Las chicas de Ravenclaw se sentaron junto a ella y parecían no estar dispuesta a dejarla ir hasta que no les contara todo. Obviamente Hermione no quería contar nada.
-Por supuesto que era lindo, los chicos de los sueños siempre lo son.- dijo Sarah. -Y seguramente le arranco la ropa con pasión, por eso está tan feliz.-
-¡No fue así como sucedió!- dijo Hermione escandalizada. -No fue esa clase de sueño.-
Por un momento deseo que la tierra se la tragara ahí mismo. O que al menos Susan hubiera estado con ella ahí para salvarla de semejante interrogatorio.
-¡Así que si había un chico!- dijo Sarah. -¡Lo sabía!-
Hermione enrojeció al darse cuenta que se había delatado.
-Esta bien.- reconoció finalmente. -Había un chico y… me beso.-
La castaña sintió como sonreía bobamente sin poder evitarlo. Ron se veía tan guapo en ese sueño y el beso se había sentido tan real que todavía sentía sus labios sobre los suyos.
-No recuerdo muy bien lo que sucedió, pero si lo recuerdo a él. Se veía tan apuesto.- agregó Hermione sin poder evitarlo mientras se tocaba sus labios.
-¿Quién era?- preguntó Padma intrigada.
Hermione lanzó un suspiro contenido. Esa era la parte que más la angustiaba.
-Uno que no puedo tener.- dijo finalmente sintiendo como unas lagrimas intentaban salir de sus ojos. -Como en todos los sueños.-
Todas las chicas se sintieron apenadas por Hermione.
-Seguramente lo tendrás.- dijo Lisa pasando un brazo sobre el hombro de Hermione y estrujándola suavemente. -No debes perder las esperanzas. Ya se dará cuenta de que estás ahí por él.-
-Todavía las mantengo.- dijo la castaña dudando seriamente de que hubieran bases para esas esperanzas.
Era la hora de comer, pero no estaba segura que pudiera ingerir alimentos. El sueño había sido maravilloso pero todavía sentia el sabor amargo que le había dejado el retorno a la realidad.
Horas después, Ron dejaba el gran comedor para dirigirse a la torre de Gryffindor. Había destruido un Horrcrux más. Tenía el anillo en el bolsillo de su chaqueta. Sin embargo la destrucción de este Horrcrux había sido muy particular y no había sido el único involucrado. Afortunadamente los demás involucrados no parecían recordar tanto como él, solo algunas piezas del rompecabezas. El pelirrojo sabía que había que agradecer por eso al ente que asumía la forma de Alice Longbottom.
El pelirrojo comenzó a subir las escaleras que conducían al séptimo piso. Mientras esperaba que unas escaleras se pusieran en posición para que pudiera continuar subiendo escucho unos pasos que se acercaban a él. Cuando se volvió vio a su hermana que se acercaba.
-Te fuiste demasiado rápido Ron.- dijo Ginny observándolo con sus ojos castaños.
-Estoy algo cansado.- respondió Ron.
Y era la verdad. Destruir al Horcrux lo había dejado agotado física y mentalmente. Pero Ginny no parecía estar del todo convencida.
-¿No estarás triste quizás?- preguntó la pequeña pelirroja observándolo seriamente.
-No. No estoy triste.- respondió Ron sin entender muy bien a donde iba todo el cuestionario.
-Lo que quería preguntarte durante la cena.- dijo Ginny. -Es si Hermione habló contigo esta tarde.-
Ron recordó la conversación que había tenido con la castaña antes de partir en busca del Horrcrux.
-Sí.- dijo Ron aun sintiéndose algo herido por lo sucedido en el baile. -Hablo conmigo. Me pidió disculpas y las acepte.-
Ginny podía darse cuenta que su hermano aun estaba dolido. Pasaría mucho tiempo antes de que ella perdonara a Hermione por lo que le había hecho y dicho a su hermano. Pero al menos parecía haber tomado el camino correcto y estaba intentando remediar la situación tal y como había dicho.
-Perfecto.- dijo Ginny sin poder evitar sonar un poco dura. Si veía a la chica jugando con su hermano otra vez lo pagaría caro.
-Ginny…- dijo Ron sabiendo que era lo que pensaba su hermana.
-No Ron.- lo interrumpió Ginny firmemente. -Acepto que pueda darte un desplante, pero no el resto de lo que hizo.-
El pelirrojo lanzó un suspiro resignado y se pasó una mano por su cabello. Nunca en su mundo había visto a su hermana comportarse de esa manera. Era bueno ver que la relación con su hermana era más cercana aquí de lo que había sido en su mundo.
-Eres una hermana feroz. ¿Te lo he dicho?- dijo Ron sonriendo.
-Alguien tiene que tenerles un ojo echado a ustedes.- dijo Ginny como si fuera un asunto de importancia.
Los dos hermanos continuaron caminando por los fríos y oscuros corredores del castillo hasta llegar, finalmente, a la sala común de Gryffindor. Ron se despidió de su hermana y se dirigió rápidamente a su habitación para esconder el anillo en el fondo falso de su baúl aprovechando que sus compañeros aun no llegaban. Entro a su habitación y tal como esperaba la encontró desierta. Tomó su baúl quito el fondo falso y guando el anillo juntó al colmillo de basilisco. Seguramente pasaría algún tiempo antes de que volviera a utilizarlo.
En ese momento escuchó una voz a sus espaldas.
-Hola de nuevo Ron.-
El pelirrojo se volteó y encontró a una chica rubia vistiendo uniforme de Slytherin que conocía bastante bien.
Era el ente. Como ya era usual utilizaba la imagen de Alice Longbottom, la hija nonata de Neville y Hannah.
-Estoy de vuelta tal y como prometí.- dijo la chica.
-Me doy cuenta de eso.- respondió Ron lanzando un suspiro mientras se sentaba pesadamente en su cama.
-Me imagino que tienes muchas preguntas sobre lo que sucedió hoy.- dijo la chica sentándose junto a él.
-¿Por qué las tendría?- dijo Ron con sorna -Fantasía de Horrcrux, llevaste a mis amigos y les borraste la memoria para que no recordaran nada excepto un par de cosas.- y agregó después de unos segundos. -Gracias por dejarle esos recuerdos a Susie. Sé que es importante para ella.-
-De nada.- dijo la ente mientras se sentaba junto a él y agregó después de unos segundos. -Tengo algo que mostrarte. Estoy seguro que te interesara verlo.-
Y antes de que Ron pudiera decir algo la chica tomo su hombro y medio segundo después aterrizaba de pie en un iluminado corredor con paredes cubiertas de blancos azulejos y brillantes baldosas, todo el lugar esta impregnado de olor a desinfectante. Ron conocía bastante bien este lugar era San Mungo. Pero algo le decía que no era el San Mungo que él conocía.
-¿En que universo estamos?- preguntó Ron no estando seguro de querer saber la respuesta.
Junto a ellos pasaron un par de brujas y magos, sin prestarles la menor atención. Lo extraño era que vestían ropas bastante pasadas de moda, que le recordaban mucho a esas fotografías antiguas que había en la madriguera años atrás.
-Ya lo verás.- dijo la ente.
En ese momento Ron vio que unos magos observaban bastante extrañados algo que estaba detrás del pelirrojo mientras murmuraban entre si. Ron sintió un taconeo decidido a sus espaldas y se volvió para ver quien era la que lo producía.
A unos metros de ellos vio acercarse decidida a una mujer de cabello rubio, que llevaba en un prolijo rodete, anteojos y uniforme castaño. Ron reconoció a su profesora de Runas, pero la diferencia es que vestía de la misma manera que lo hacía en la fantasía en la que destruyo el Horcrux.
La mujer pasó junto a él pareciendo bastante molesta y continuó su camino.
-Vamos sigámosla.- dijo la ente tomando el brazo del pelirrojo y arrastrándolo detrás de su profesora. Una cosa particularmente extraña era que aquí se la veía bastante más joven. No debería tener más de veintiséis años.
La profesora continuó caminando por el corredor al final podía ver un par de hombres parados frente a una puerta custodiándola. Los dos vestían uniforme de Auror y conversaban entre ellos pero al ver a la mujer que se acercaba se volvieron hacia ella. Ron los reconoció perfectamente uno era Kingsley Shacklebolt y el otro era nada más ni nada menos que Sirius Black. El último de los Black se veía igual de joven que su profesora de Runas.
-Hay días que este trabajo si vale la pena.- dijo Sirius con una encantadora sonrisa mientras observaba de arriba a bajo a la mujer. -Lo lamento pero el acceso es restringido.-
-No me detenga.- dijo Alex observándolo molesta con sus ojos azules. -Vengo a ver a Susan Bones y a Hermione Granger. Estoy autorizada, como le explique a esa horrible mujer de la recepción.-
-Superaste a la mujer de la recepción eso habla bastante bien de ti.- dijo Sirius pareciendo sorprendido y agregó después de observar apreciativamente a la mujer -Pero no podemos dejarte pasar primor.-
La mujer entrecerró los ojos al escuchar como la había llamado el auror. Kingsley por su parte parecía bastante entretenido.
-¡Estoy autorizada maldito desgraciado!- dijo Alexandra enrojeciendo de ira. -¡Dos de mis chicas están ahí dentro heridas! ¡Y voy a verlas!-
-Escúcheme señorita… va a despertar a los pacientes.- dijo Sirius levantando las manos.
Algunas personas que pasaban observaban la escena muy intrigados. No era común ver a una mujer claramente muggle ahí dentro y menos discutiendo con un auror.
-Entonces debería dejarme pasar a verlas, idiota.- dijo una Alex susurrando muy molesta. -¡Es la segunda vez que me rechazan; pero esta vez no! Tengo autorización.- y agregó fríamente -¿Cual es su nombre y su cargo? No sabe con quien se está metiendo.-
Sirius no parecía muy impresionado por la amenaza de la mujer.
-Mi nombre es Black, Sirius Black… cariño.- dijo el hombre sonriendo seductoramente. -Auror encargado de no dejar pasar a nadie que quiera ver a estos chicos. Y se quien eres. Alexandra Rydberg, veintiséis años, profesora de Matemáticas antes de la guerra y ahora eres comandante en la rama de mujeres del ejercito muggle… Además tienes la misma edad que yo ¿sabías? Qué me dices de ir a tomar un café y discutir esto civilizadamente.-
La mujer se adelanto levanto su pequeña mano, la cerro y descargó un golpe sobre el rostro del auror que se tambaleo hacia atrás y tropezó con una silla cayendo al piso.
-Ahora al menos su ojo va a tener algo en común con su apellido.- dijo la mujer tratando de mantener la compostura mientras abría la puerta de la habitación.
Sirius se puso de pie rápidamente pareciendo algo avergonzado. A su lado, Kingley reía a carcajadas.
Rápidamente el ente y Ron siguieron a la mujer dentro de la habitación. El pelirrojo estaba muy confundido por lo que estaba viendo. No era posible que esto estuviera sucediendo realmente esa ilusión había terminado una vez que él y sus amigos habían desaparecido.
Al entrar en la habitación Alex se detuvo. Ron observó su rostro angustiado y volvió la vista hacia donde observaba la mujer. Frente a ella se encontraban nueve camas. En ellas pudo reconocer perfectamente a los que las ocupaban. Eran ellos. Harry, John, Bobby, el mismo, Hermione, Susan, Pansy, Ginny y Violet. Todas las camas estaban separadas por mamparas y una más grande separaba a las chicas de los muchachos. Eran las versiones de ellos que habían estado en la fantasía del Horcrux.
Ron observó con los ojos desmesuradamente abiertos la habitación y volvió su mirada al ente.
-¿Qué demonios es esto?- susurró Ron.
-Increíble… ¿no es así?- respondió la ente.
-Pero la fantasía terminó cuando destruí al Horcrux.- dijo Ron.
-No es así.- dijo la ente tranquilamente. -Continuó unos instantes más. Yo te devolví a ti y a tus amigos.-
La chica hizo una pausa antes de continuar.
-Existen infinitos mundos.- dijo el ser que utilizaba la imagen de Alice Longbottom. -Muchas veces las personas se encuentran frente a decisiones. En esas decisiones pueden tomar un camino u otro. Tu podrías haber seguido de largo y buscar otro compartimento en el Expreso de Hogwarts y nunca haber conocido a Harry o podrías haberlo conocido más tarde. O Hermione podría haber nacido sin ningún tipo de magia en ella. Una naranja puede tener diez semillas en lugar de ocho. Todas esas posibilidades terminan generando universos alternos. En el mundo en el que estás ahora hay muchas diferencias con el que conocías. Y ahora tenemos uno nuevo que se creo simplemente con la posibilidad de que podía existir. Tom no podía controlar nada en ese mundo, la ilusión era que el pensaba que era una ilusión.-
-¿Tu hiciste esto?- preguntó Ron sorprendido.
-¿Crear un universo? Claro que no.- respondió la ente. -No puedo hacer eso… pero se puede decir que ayude un poquito. Tu y tus amigos también. Incluso Tom sin quererlo. Y todo dentro de él es real, incluso los dinosaurios que vivieron y murieron hace millones de años. El tiempo no tiene mucho significado en esto de los universos. Debes pensarlo como una célula que se separa en dos. Siempre retiene partes de la original. La única diferencia en este mundo es cuando vivieron algunas personas.-
Ron había entendido la mitad de las cosas que había dicho la ente, la biología muggle no era uno de sus puntos fuertes; pero había captado la idea general.
-Y aquí somos muggles.- dijo Ron cruzándose de brazos.
-¡Si! ¿No es extraño?- dijo la ente pareciendo fascinada. -Pero ahora cállate veamos que es lo que ocurre.-
Ron lanzó un suspiro negó con su cabeza y volvió la mirada al frente.
Alexandra se había acercado a las camas donde yacían Hermione y Susan, pálidas e inmóviles. Primero observó a la pelirroja corrió con su mano unos mechones de cabello de su frente y después se volvió a Hermione y tomó su mano.
-Chicas…- dijo la mujer pareciendo muy apenada.
Sirius, que había permanecido algo atrás frotándose su ojo, se acercó cautelosamente y apoyó su mano sobre el hombro de la mujer.
-Estarán bien.- dijo el auror. -Pudieron atenderlas a tiempo.-
-Pero las heridas que tenían…- dijo la mujer olvidando su enojo con el hombre. -Eran demasiado extensas.-
-Para eso tenemos magia.- dijo Sirius. -Podemos arreglarlos a todos. Siempre y cuando no hayan utilizado magia oscura. Estarán incluso mejor que antes.- y agregó después de unos segundos. -Oye lamento haberme comportado así hace unos instantes… que me dices si te tomas una taza de té y después conseguimos unas flores para alegrar esta habitación. Estoy seguro que les gustara saber que te has preocupado por ellas.-
Alex no parecía muy decidida, pero el hombre no parecía tener segundas intenciones. En ese momento escucharon que la puerta se abría nuevamente. Ron volteó y vio entrar a alguien que reconoció inmediatamente. Era Albus Dumbledore, con cinco décadas menos.
-Profesor…- dijo Sirius respetuosamente.
-Buenos días Sirius.- respondió el hombre amablemente mientras se adelantaba y observando a la mujer que estaba junto al auror con algo de nostalgia.
-Permítale presentarle a…- comenzó a decir Sirius pero fue interrumpido el profesor Dumbledore.
-Alexandra Rydberg.- dijo el hombre.
Un extraño silencio se formo. Ron sin embargo se daba una idea de que era lo que estaba sucediendo.
-¿Usted sabe quien soy?- preguntó Alex intrigada.
-Por supuesto.- dijo el hombre enigmáticamente. -Eres igual a tu abuela.-
La mujer lo observó más confundida aun.
-¿Quién es usted?- preguntó finalmente.
-Es el profesor Dumbledore.- le susurró Sirius. -Es el mago más hábil del mundo. Y esta luchando contra Grindelwald.-
-Dumbledore…- dijo la mujer palideciendo. -El apellido de soltera de mi abuela era Dumbledore.-
-Ariana era mi hermana menor…- dijo el hombre pareciendo algo triste mientras pasaba una mano por su larga barba. -Nació sin magia y prefirió dejar el mundo mágico. Una decisión acertada sin duda. Pero nunca le perdimos la pista. -
Sirius observó a la muchacha que estaba a su lado sorprendido. Alex no parecía poder creer lo que estaba escuchando.
-Ya hablaremos más adelante.- dijo Albus mientras se acercaba al lugar donde yacía Ron.
El profesor sacó de su bolsillo el cuchillo que el pelirrojo utilizaba en ese mundo y lo sostuvo un par de segundos frente a sus ojos.
-Es increíble…- dijo el profesor. -Sin duda jamás hubiera pensado que este objeto hubiera terminado en las manos de un muggle pero en cierta forma fue mejor que así fuera. Fue lo único que detuvo a Tom… por ahora.-
Los dos aurores intercambiaron una mirada sombría. Alex por su parte no entendía nada de lo que se estaba diciendo.
-¿Por ahora?- dijo Sirius intrigado. -¿Qué es lo que quiere decir? Creía que Weasley lo mato. Tiene que estar muerto. Su cuerpo se disolvió.-
-No puede decirse que ha muerto… aunque tampoco esta vivo.- respondió el profesor Dumbledore mientras se volvía a hacia la ventana de la habitación y observaba el paisaje de la ciudad. -Sin duda aun no hemos visto el fin de Tom M. Riddle.-
Dumbledore permaneció unos instantes en silencio y, finalmente, se volvió a los dos aurores y la mujer.
-Agradecería si me hacen saber cuando estos muchachos y chicas despierten.- continuó el hombre. -Creo que, después de todo lo sucedido, les debemos una explicación.- y agregó volviéndose a Alex. -Y me gustaría poder hablar contigo más adelante. Estoy seguro que debes tener muchas preguntas. Siempre y cuando eso te parece bien…-
-Si…- dijo Alex que, evidentemente, aun no salía de su sorpresa. -No tengo ningún problema.-
Sin decir nada más el profesor Dumbledore se despidió y se retiró de la habitación.
-Creo que necesito ese té, Señor Black…- dijo Alex después de unos segundos pareciendo aun bastante confundida. -Y con mucha azúcar.-
-Como usted ordene, Señorita Rydberg.- dijo Sirius esbozando una sonrisa y acompañando a la mujer a la salida.
Ron había observado toda la escena con intriga. Sin duda era un universo extraño.
-¡Son tan tiernos los dos!- dijo la ente sonriendo.
Ron no respondió al comentario. Estaba bastante confundido. Lentamente, se acercó a donde yacía el otro Ron. Por un momento había sido él. Y no le gustaría estar en sus zapatos cuando regresara, o quizás si. Había besado a Hermione. La verdad es que todo este asunto de los viajes entre mundos y tiempos diferentes era sumamente agotador. El saber que las cosas podían suceder de una manera y no tener ninguna certeza de poder recuperar lo perdido era desolador.
-¿Algún otro Ron paso por algo similar a mi?- pregunto el pelirrojo después de un par de segundos. -Tener a Hermione tan cerca y a la vez tan lejos.-
La ente pareció meditar un poco antes de responder.
-Conozco un universo donde otro Ron paso por algo similar… pero Harry estaba con él.- dijo finalmente Alice.
Ron se volteó sumamente interesado. No pudo evitar sentir envidia por este otro Ron. Su mejor amigo y casi hermano estaba con el en un universo retorcido. Eso hacia las cosas más fáciles. Aunque sea tenía alguien con quien hablar y lamentarse sobre lo miserable que era.
-¿Y Hermione?- preguntó Ron sin poder evitarlo.
-Se puede decir que este Ron tiene las cosas peores que tu…- dijo la chica después de un par de segundos. -Y ninguno de los dos está muy contento.-
Antes de que Ron pudiera decir algo más había puesto su mano sobre su hombro y habían desaparecido. Ron reconoció inmediatamente el lugar donde se encontraba eran los terrenos de Hogwarts. Evidentemente era verano aun y podía verse el césped verde y podía sentirse el calor del sol llenando todo de vida.
-Aquí estamos.- dijo la ente. -Universo donde Harry y Ron volvieron al pasado y encontraron todo cambiado. Y nosotros no tenemos nada que ver con que estén aquí. Solo fue un accidente.- y agregó señalando a un costado -¡Mira ahí vienen!-
Ron volteó en la dirección que señalaba la ente. Vio que a pocos metros de ellos se acercaban dos versiones alternativas de Harry y de él. Deberían tener diecisiete años y vestían uniformes de Gryffindor. Su amigo se veía mejor alimentado que en su mundo de origen. Los dos venían caminando lentamente mientras conversaban en voz baja. Las expresiones de sus rostros no eran muy alentadoras.
-Debemos hacer algo…- escucho decir a Harry una vez que estuvieron cerca.
-Es verdad.- respondió el otro Ron. -Somos los únicos que saben que todo se ira al demonio en cualquier momento.- y agregó pareciendo apenado -Desearía que Hermione hubiera venido con nosotros aquí… que pudiera recordar.-
-Y Ginny.- dijo Harry de igual humor que su amigo.
La ente y Ron comenzaron a caminar junto a los dos muchachos.
-Pensé en decírselo…- dijo Ron. -Pensé en mostrarle los recuerdos en un pensadero…-
-Yo también lo pensé.- agregó Harry. -Pero no creo que nos crea. Y Ginny tampoco… pensaran que estamos locos o que tenemos daño mágico en nuestras mentes.-
Ron lanzó un suspiro.
-Estamos solos para cargarnos a Riddle.- dijo el pelirrojo finalmente.
-Y lo haremos.- dijo Harry decidido. -Si algo bueno tiene estar aquí es que pasamos bastante desapercibidos.-
Los dos muchachos, finalmente, llegaron al atrio de entrada. Ron observó el lugar parecía bastante concurrido y muchos de los rostros que veía no le resultaban conocidos. De ninguno de los dos mundos en los que había estado viviendo. Después de caminar un par de metros escucharon una voz que los llamaba.
-¡Ron! ¡Harry!-
Ron, instintivamente, se dio la vuelta al escuchar su nombre. La voz no le resultaba familiar. El muchacho vio que una chica relativamente alta para su edad, pelirroja y de ojos azules se acercaba a donde estaban Harry y su contraparte. Junto a la chica se encontraba otra de cabello oscuro algo ensortijado, ojos verdes y anteojos. Pero lo más sorprendente era que conocía a esas dos chicas. Eran las contrapartes de él y de Harry que estaban en ese otro mundo; Mina Wesley y Harriet Potter. Ron no entendía que demonios estaba ocurriendo.
-Aquí son las hermanas de ustedes dos. Mejor dicho las hermanas gemelas de ustedes dos- susurró la ente. -¿No es increíble?-
Ron observó al ente sin poder creer lo que escuchaba. Siete Weasley eran más que suficiente, ocho sin dudas era una locura. Pero antes de que pudiera comentar algo la hermana de su contraparte comenzó a hablar.
-¿Van hacia el Gran Comedor?- preguntó la pelirroja sonriendo ampliamente.
-Si estábamos yendo hacía allá.- dijo Ron a desgano. -¿Han visto a Hermione?-
La pelirroja levantó una ceja pareciendo intrigada.
-De dónde salio ese súbito interés por Hermione.- preguntó Harriet sonriendo de manera cómplice mientras observaba al pelirrojo con sus ojos verdes.
-La amo, ¿estás feliz?- respondió Ron sonriendo cínicamente. -Al menos déjame decírselo por mi mismo.-
Harriet enrojeció ligeramente y observó a su hermano esperando alguna reacción de parte de Harry, ante las palabras algo bruscas de Ron, sin embargo que no llegó. Mina por su parte parecía sorprendida.
-Seguramente está en la biblioteca con Hermes.- dijo Mina sonrojándose ligeramente al decir el nombre del chico y agregó rápidamente. -Por si quieres ir a declarártele.-
Evidentemente la pelirroja no creía en al súbita declaración de su hermano.
-Con que me explique la tarea de pociones alcanza.- respondió Ron lanzando un suspiro.
Las dos chicas se observaron sin entender demasiado que era lo que estaba ocurriendo. Y volvieron sus miradas hacia sus respectivos hermanos. La pelirroja parecía preocupada.
-Será mejor que vayamos a comer.- dijo Harry finalmente antes de que cualquiera de las dos pudiera agregar algo.
Inmediatamente, los dos dieron media vuelta y continuaron caminando. La ente y Ron reanudaron su marcha, detrás de los dos muchachos, y entraron al Gran Comedor. Tanto Ron como Harry se sentaron algo alejados del resto de sus compañeros de casa. Los dos parecían algo perdidos y permanecieron en silencio hasta que la comida apareció.
-No están muy contentos con el lugar donde han caído.- explicó el ente. -Les tomara un tiempo acostumbrarse a todo esto.-
-Te digo por experiencia que no es fácil.- dijo Ron. -Hasta a mi me parece raro… y no estoy en su lugar.-
Justo en ese momento un chico y una chica de cabello azabache se sentaron frente a ellos. Ron los reconoció al instante a pesar de tener unos cuantos años más. Eran John y Violet Potter. Evidentemente el primero debería tener unos diecisiete años y la menor de los Potter quince.
-Entonces… ¿Cuántos son los Potter?- preguntó Ron.
-Cuatro hermanos.- respondió el ente. -Harry, John, Harriet y Violet. Igual lo más sorprendente es cuantos son los Weasley.-
El pelirrojo abrió desmesuradamente sus ojos y observó a la chica.
-Nueve.- respondió la ente.
-¡Merlín!- dijo Ron sin poder creerlo.
-Aquí debes agregar a Mina y a Gilbert.- continuó el ente.
Ron no agregó nada más simplemente volvió a observar la escena.
-¿Cómo has estado Harry?- dijo Violet sonriendo ampliamente.
-Bien.- fue la corta respuesta del muchacho.
-Te dije que estaba bien.- dijo John.
Harry levanto la mirada un poco intrigado.
-Tu hermana menor preferida esta algo preocupada por ti.- explicó John mientras que con una mano despeinaba a la chica cariñosamente. -Dice que has estado actuando raro.-
-Primero John soy su única hermana menor.- dijo Violet pareciendo algo molesta. -Y segundo ha estado actuando raro. Es verdad.-
Tanto Ron como Harry cruzaron una rápida mirada.
-Raro… ¿yo?- dijo Harry nerviosamente. -No estoy actuando raro. Solo estoy algo preocupado por los exámenes. Ustedes saben las notas que se necesitan para ser auror.-
Tanto John como Violet cruzaron una mirada algo intrigados.
-¿Auror?- dijo John sorprendido. -¿Desde cuando…?-
-Lo vengo pensando desde hace un tiempo.- dijo Harry. -Ya saben… seguir con el negocio familiar.-
-Papá estará orgulloso.- dijo Violet mientras se acomodaba sus anteojos. -Y mamá se pondrá como loca… aunque no hay magos oscuros desde hace décadas así que no debería ser tan difícil.-
Ron y Harry volvieron a cruzar una mirada. Esta vez algo sombría. Aparentemente si habían magos oscuros. Además antes habían mencionado a Riddle, lo que significaba que este mundo tampoco se había salvado del azote de Voldemort. Lo extraño era que parecían ser los únicos concientes de este peligro.
-Creo que me preocupa un poco pociones.- agregó Harry después de unos segundos. -No creo que Snape quiera que termine el año.-
-Ni siquiera lo sabes.- dijo Violet. -Parece ser un buen sujeto, está bien que es su primer año aquí… Puede ser que tenga algo de carácter pero trabajo años en el ministerio en investigación de pociones. Es un privilegio tenerlo aquí aunque solo sea por un año.-
Harry levanto una ceja y lanzó un suspiro.
-Eres igual a nuestra madre Violet.- dijo Harry simplemente. Ron se dio cuenta del doble sentido encubierto. -No puede ser estricto contigo.-
Violet no entendió demasiado el comentario de su hermano. Ron notó que tanto su versión de este mundo como Harry no parecían tener demasiados sentimientos por sus nuevos hermanos.
-Eres genial en pociones hermanita…- dijo John y agregó a continuación -Creo que nunca diría esto pero me gustaría que vuelva Henderson.-
-Henderson abrió su propio negocio de pociones en el callejón Diagon. No va a volver.- agregó Violet. -Esa siempre fue su idea por lo que mamá me ha dicho.-
En ese momento Ron vio dos personas más que se acercaban por el corredor que separaba la mesa de Hufflepuff de la de Gryffindor. Una chica Rubia de ojos grises, muy bonita, y un muchacho de cabello oscuro y ojos azules. Ron los encontraba sumamente familiares a los dos. El chico le dedicó algunas sonrisas a las chicas que encontraba a su paso, algunas le respondieron con expresiones sonrojadas. Pero no se unieron al resto de sus compañeros sino que continuaron hasta donde se encontraban los tres Potter y Ron.
-¿Qué están haciendo por acá chicos?- pregunto el recién llegado mientras se sentaba.
-Yo estaba observando a esa hermosa pelirroja que está en la mesa de Huffelpuff, Sean.- respondí John y agregó volviéndose a la chica. -Tu la conoces Annabeth debes hablarle bien de mi.-
-John… que te le estuvieras tirando a cualquier cosa que tuviera falda no ayuda a tu causa.- respondió la chica del cabello rubio. -Además la ignoraste durante años. Es lógico que no quiera saber nada de ti.-
La chica terminó sus sentencia y se sentó juntó al chico que llegó con ella.
-Bueno cualquiera puede equivocarse Annabeth…- respondió el hermano de Harry pareciendo algo desesperanzado.
En ese momento la ente tironeó de la manga de Ron.
-Por si te estás preguntando quienes son estos dos.- dijo la ente. -Son los hijos de Sirius y Alex, Sean y Annabeth Black. Sean tiene la edad de ustedes y Annabeth la edad de Ginny.-
El pelirrojo los observó nuevamente a los dos chicos, pero la verdad es que se lo imaginaba desde que los vio por primera vez. Y la verdad es que se sentía feliz por Sirius, había conseguido tener una familia finalmente. Aunque fuera en un mundo torcido como este.
-Es la maldición de los Potter.- dijo el hijo de Sirius riendo. -O al menos eso dice papá. Dime ¿Violet has visto a algún pelirrojo que te interese?-
-Cuidado con lo que dices Black.- dijo John seriamente. -Mi hermana es muy pequeña para tener novio.-
-No. Soy. Pequeña.- respondió Violet molesta. -Estoy cansada de que se estén metiendo en vida.-
-Harry, dame una mano.- dijo John.
-Violet no salgas con ningún pelirrojo.- dijo Harry sin mucho interés mientras se servía un poco de jugo de calabaza.
El Harry del mundo de adopción de Harry nunca reaccionaría así. Siemrpe le estaba teniendo un ojo echado a su hermana menor.
-¡Harry!- dijo John sorprendido. -Debemos proteger a nuestra hermanita de los jóvenes aprovechadores del mundo.-
Ron debía reconocer que Violet, con quince años, era bastante bonita y seguramente debía tener más de un interesado en salir con ella.
-No sé si puedan hacer algo chicos. Además no me parece que le interesen los pelirrojos- dijo Sean. -Vi a su hermana conversando muy amigablemente con el hermano de Hermione en King Cross.-
Violet enrojeció, esta vez pareciendo algo avergonzada.
-¡Sean!- dijo Annabeth pareciendo indignada con su hermano.
-Esa pequeña rata de Hermes.- mascullo John. -La vieja jugada de enganchar a la hermana de tu amigo.-
-Esa jugada es un clásico.- dijo la contraparte de Ron mirando significativamente a Harry. -Es como una puñalada por la espalda de las personas que más quieres. Y no hay nada que puedas hacer al respecto. Pero puedes decirle "Bienvenido a la familia Hermes"-
Harry observó a su amigo, levanto una ceja y parecía a punto de tener un ataque de risa. A John no le gusto para nada la idea del pelirrojo.
-No era Hermes… era el otro hermano de Hermione.- dijo el hija de Sirius y agregó algo extrañada. -Es muggle y nunca lo había visto en King Cross antes.-
-Su nombre es Bobby… quiero decir… Robert. Y solo estábamos conversando.- dijo Violet sonrojándose y agregó decidida. -No puedes decirme con quien puedo o no puedo conversar, John.-
-La has perdido, John.- dijo Sean Black riendo.
-Déjenla tranquila.- dijo Annabeth observándolos a todos los chicos presentes seriamente con sus ojos grises. -Se has comportado todos como una banda de trolls descerebrados desde que llegamos a Hogwarts. No sé de donde sacaron la idea de que no podemos hacernos cargo de nuestras vidas. Sabemos defendernos perfectamente bien.-
Ron observó la chica. Evidentemente, el parecido de la chica con Alexandra Rydberg no se reducía solo al físico sino que también tenía bastante de la personalidad de su madre que era bastante decidida.
-Parece que tu la perdiste también Sean.- agregó el hermano de Harry riendo.
-Muy gracioso.- masculló el hijo de Sirius.
El grupo parecía bastante unido. Seguramente se conocían de toda la vida. Era extraño ver está versión alternativa de las realidades que conocía. Era una especie de fusión entre su universo de origen, el de adopción y el que había visitado meses atrás con el ente donde Harriet, Hermes y Mina ocupaban los lugares del trio. Y de alguna manera todos esos extraños elementos no parecían desentonar demasiado. Sin embargo ni el Ron ni el Harry de este mundo parecían sentirse muy cómodos con todo lo que sucedía, especialmente si Hermione y Ginny parecían no estar saliendo con ellos. Ron podía entender perfectamente su frustración.
-Muy interesante todo esto.- dijo Ron al ente. -Pero no creo que sea muy útil… ¿me puedes devolver a mi habitación? Me vendría bien dormir un poco.-
-Eres aburrido Ron.- respondió el ente. -¿Acaso no quieres saber con que deben pelear en este mundo?-
-Voldemort… como siempre. Además ya tengo suficientes problemas yo mismo para interesarme en los otros Ron que andan dando vueltas por ahí.- respondió el pelirrojo. -Además creo que ya he cubierto mi cuota de visitas a universos alternos para el resto de mi vida.-
-Esta bien.- respondió la ente a desgano. -Pero debes reconocer que es entretenido.-
-No sabes lo que están pasando esos dos. O lo que estoy pasando yo.- respondió Ron duramente. -Si lo supieras no lo encontrarías tan entretenido.-
En ese momento Ron y Harry terminaron de comer y se levantaron de la mesa. Se despidieron de los demás chicos y comenzaron a dirigirse a la salida. La ente tomó a Ron de la manga y lo arrastró detrás.
-Te lo repito…- dijo Harry. -No me acostumbro.-
-Yo tampoco.- respondió Ron.
-Estoy feliz por todos sabes.- continuó Harry. -Sirius es feliz, mis padres son felices, Remus y Tonks lo son también. Pero no conozco a nadie… y Ginny…-
Harry lanzó un suspiro y no continuó hablando.
-Las recuperaremos amigo.- dijo Ron y agregó sonriendo. -Si no lo intentamos nos matarían… puedo imaginarme a Hermione diciéndome "Mejor que me recuperes Ronald Weasley o volveré del futuro y te hechizare de la peor manera que se me ocurra." O seguramente me ponga a hacer tarea hasta que enloquezca.-
Harry sonrío ante el comentario.
-Ginny me diría algo parecido.- dijo Harry.
Los dos salieron del gran comedor y comenzaron a dirigirse hacia la sala común de Gryffindor. Pero ni bien hicieron unos pocos pasos se detuvieron. Delante de ellos estaba parada nada más y nada menos que Susan Bones. Ron observó a la chica que tenía frente a él. Vestía su uniforme de Hufflepuff tal como debía ser, pero su expresión era algo triste. Los tres permanecieron en silencio observándose. Eso era extraño, ni Ron ni Harry casi habían cruzado palabra con la chica en su mundo de origen. No tenían motivo para hablarle aquí.
-Susan.- dijo Harry a modo de saludo.
-Harry… Ron.- respondió la chica observándolos seriamente con sus ojos azules.
-¿Cómo lo has estado llevando?- preguntó Harry después de unos segundos.
-Como es de esperarse…- dijo la pelirroja como si fuera algo obvio. -Todo esto es una locura… Tengo a una hermana que nunca tuve queriendo saber si estoy bien. Me dan ganas de gritarle que no la conozco, que me deje en paz y se largue. Pero creo si le digo eso me consigo un pasaje directo al ala de enfermedades mentales de San Mungo. ¿Cómo lo están llevando ustedes?-
-Como tu…- respondió Ron observando a la chica. -Algunos sospechan que algo esta sucediendo con nosotros.-
Ron no podía creer lo que escuchaba. Susan estaba metida en lo mismo que sus contrapartes.
-¿Quiénes?- preguntó la pelirroja intrigada.
-Mi hermano y mi hermana pequeña…- respondió Harry pasándose una mano por la nuca. -Más que nada la pequeña…-
-Mi nueva hermana.- agregó Ron. -Wilhelmina.-
-¿Y Ginny y Hermione?- preguntó la pelirroja.
Los dos muchachos lanzaron un suspiro lleno de frustración.
-¿Mejor no preguntar?- dijo la pelirroja.
-No.- respondió Ron amargamente. -Siguen siendo ellas, pero no creemos que nos crean. Al menos no hasta que cambien un par de cosas.-
Susan los observó durante unos instantes pareciendo entender perfectamente que era lo que sentían.
-No puedo sentirme feliz.- dijo la pelirroja. -A pesar de que mi tía Amelia y todos los que murieron en la primera guerra y en la segunda estén vivos. Puedo recuperar todo… pero por alguna razón todo se siente tan mal.-
Era algo extraño ver a Susie actuando tan fría con ellos. No había amistad ni cariño entre ellos. Eran solo un par de conocidos.
-Parece que solo nos queda callarnos y tratar de recuperar a quienes queremos.- dijo la chica lanzando un suspiro mientras se cruzaba de brazos. -Al menos no hay mortifagos, ni quien tu sabes para…-
Ninguno de los dos muchachos respondió. Ellos sabían que algo malo iba a ocurrir pero sabía que no confiarían en Susie. No la conocían nunca habían sido amigos. Y Ron reconocía que no eran un grupo demasiado comunicativo. Le había costado mucho aceptarla en el grupo, pero ahora era una más de ellos y era lo mejor que había ocurrido en este mundo.
-Se siente extraño hablar con ustedes.- dijo la pelirroja finalmente pareciendo algo triste. -Normalmente hablaría con Hannah y Megan… pero, ¿qué podría decirles? No son las amigas que recuerdo… nadie lo es.-
Sin decir nada más la pelirroja dio media vuelta y continuó su camino. Sus pasos resonaron en el corredor a medida que se alejaba.
Los dos chicos la observaron retirarse. A Ron le hubiera gustado decirles a su contraparte y a Harry que confiaran en la chica, que no la alejaran. Pero, qué sentido tenía; no podían escucharlo… y si pudieran no le creerían una sola palabra. Aunque conociendo a Susan, sabía que terminaría metida tarde o temprano. Él tenía fe en ella.
-No le diremos nada.- dijo el otro Ron. -¿No es así?-
-Es lo mejor.- respondió Harry seriamente. -Nos encargaremos de todo esto nosotros mismos.-
Los dos chicos continuaron su camino por los desiertos pasillos de Hogwarts. Solo de vez en cuando cruzaban algún estudiante que se dirigía a alguna otra parte del castillo.
-¿Crees que intente participar si se da cuenta que planeamos algo?- pregunto la contraparte de Ron seriamente.
-No lo sé.- dijo Harry. -A decir la verdad es la única que sabe que tan peligroso puede ser Riddle, si no intentamos detenerlo. Y parece ser una chica dura.-
-Sobrevivió a la batalla de Hogwarts.- dijo Ron. -Estuvo ahí desde el primer momento. No muchos pueden decir eso. Además recuerda que estamos cortos de aliados.-
-No tenemos aliados.- sentenció Harry duramente. -Y Riddle tiene muchos…-
Los dos muchachos llegaron finalmente a la sala común. Abrieron la puerta y pasaron junto a Pansy Parkinson. La chica al igual que en su mundo de adopción lucía su uniforme Gryffindor con bastante orgullo.
-¡Hola Harry! ¡Hola Ron!- dijo la chica alegremente mientras se dirigía a las habitaciones de las chicas.
Los dos chicos observaron a la Pansy pasar junto a ellos sin decir una sola palabra.
-Creo que eso es lo más extraño de este mundo.- susurró Ron observando a la chica. -No entiendo como esa perra pudo terminar en Gryffindor.-
Ron entendía perfectamente sus reservas con Pansy. El las había tenido y aun las tenía. Si bien su compañera no había mostrado nada que le pudiera inspirar desconfianza.
-No me preguntes a mi.- dijo Harry pareciendo superado. -¿No la mandamos a la cárcel, Ron?-
-Solo para que delatara un par de antiguos mortifagos.- respondió el pelirrojo. -No había terminado de cerrar la reja que ya estaba soltando nombres.-
Ron en su mundo de origen había hecho exactamente lo mismo. Esbozó una sonrisa al recordar la cara de su compañera de Slytherin cuando la arrojó en la celda más mugrosa del departamento de aurores.
Los dos muchachos subieron las escaleras que conducían a las habitaciones de los chicos.
Finalmente, Ron observó a la ente pareciendo sorprendido por todo lo que había visto. Este sin duda era un mundo muy peculiar.
-Y no has visto nada.- dijo el ser que tomaba la imagen de Alice Longobottom. -Pero ahora te devolveré para que puedas descansar.-
La chica tomo el hombro de Ron y, nuevamente, se encontró en su habitación. Era de noche y podía verse la nieve cayendo otra vez. Afuera en el corredor podía escucharse a los demos chicos de Gryffindor dirigirse a sus habitaciones. Seguramente, en busca de cartas o revistas para entretenerse mientras esperaban que llegara la hora de dormir.
-Entonces…- dijo la ente. -Cuales son tus planes para los meses que quedan.-
Ron espero unos instantes antes de responder.
-Deshacerme de otro Horcrux antes de que termine el año y que nadie muera.- dijo el pelirrojo.
-Te refieres a John.- respondió la ente. -Sin duda ese es el mal difícil.-
-Sí.- dijo Ron. -Pero si queremos tener una oportunidad de ganar aquí, John Potter debe morir.-
ooOooOoo
Hola a todos!
Si volví, después de un capitulo de Spinning Off, dos parciales (aprobados por suerte) y una pila de trabajo que todavía me cuesta terminar. Finalmente pude actualizar el capitulo. Se que debo respuestas de reviews. Y prometo responder a todos lo antes posible. La verdad es que me gusta responder a sus comentarios como corresponde pero se me hizo un poco difícil.
Bueno en este capitulo cierro este arco paralelo que abrí en el anterior. La verdad que me gustó escribir toda la parte de 1943, fue como un recreo. El otro universo es una idea que tengo en proyecto para algún momento. Pero tengo que analizar bien si publicarla o no. Por ahora quiero terminar con Spinning Off y Ejército de Descarte. Que ya de por si es bastante.
Bueno espero que les haya gustado.
Saluditos
Salva
