Disclaimer: Twilight y sus personajes le pertenecen a Stephenie Meyer, yo solo juego con ellos.
Confesiones de un universitario
Disfruten y no se olviden de comentar(: ya falta poquito para el final (,:
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CAPÍTULO 48
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BPOV
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-¿Eres idiota o sólo aparentas serlo?-la perra de Rosalie me gritaba en el oído.
-Tal vez un poco de ambas-le respondí mientras abría la puerta de mi habitación e intentaba cerrarla. La rubia logró colarse y la cerró de un portazo.
-¡No puedo creerlo, Bella!-alzó las manos al cielo, escandalizada. Rodé los ojos.
-No tiene nada de malo, a mi parecer.
Comenté mientras buscaba en los cajones de mi buró. Estaba segura que lo había dejado por ahí.
-Pues a mí parecer sí…está mal.
-Ugh, Rose vive un poco-dije. Saqué el equivalente a lo que ella había pagado para la infracción-toma tu dinero
Puso buena cara.
-Bueno-me despeinó el cabello y se fue hacia la puerta.
-Eres una interesada.
-Algo así-me guiñó antes de salir de la habitación.
Arrojé mi monedero de vuelta al cajón y me tiré en la cama. Agarré mi celular y comencé a tomarme fotografías. Un momento después, Alice interrumpió.
-Bella…escuché sin querer que le diste de vuelta el dinero a Rosalie y pues yo también necesito dinero. No te estoy cobrando ni nada pero…-su voz se interrumpió y me senté en el borde de la cama con un gruñido.
-Ugh, Alice-tomé un poco más de dinero-toma y toma lo de Vaquerito…ahora si te robas lo de tu novio te voy a robar yo a ti lo triple.
Jadeó.
-Bueno-luego se fue con una sonrisa en los labios.
Me tiré de panza y seguí con mi sesión fotográfica. La puerta se abrió de nuevo y vi, con la ayuda de mi cámara frontal, cómo Edward entraba a la habitación.
Me miró y se tiró sobre mí.
-Ugh, maldito-gruñí sofocada. Se rió contra mi mejilla y dejó un beso baboso ahí-me llenaste de tus babas-me quejé y sonreí lista para otra foto. Disparé.
-Siempre te estoy llenando de mis babas-murmuró y movió mi cabello hacía un lado para besar mi cuello. Tomé otra foto. Edward y yo teníamos un montón de fotografías de ese tipo y me encantaban. Había comenzado a imprimirlas y las estaba almacenando. Las fotos que estaban en un lugar privilegiado en mi pared eran las Polaroids que nos tomamos en la playa.
-Eso es cierto-contesté.
Edward siguió besando mi cuello.
-Mhm-murmuró.
-Hazme un favor y dale a Emmett sus cinco dólares. No confío en Rosalie como para que ella se los dé. A Alice fácilmente puedo amenazarla pero Rubia es como agresiva o algo así.
Se rió.
-De acuerdo.
Tomé otra foto y miró hacia la cámara.
-Sonríe-pedí. Disparé.
-Deberías tomarte más fotografías con mi teléfono.
-Voy a llenar tu memoria
-¿Y?
-Además…-lo ignoré-ya tienes bastantes.
-Nunca son suficientes, amor. Así puedo cambiar mi fondo de pantalla más seguido.
-Aww, eso es tan lindo. Tú también estás en mi protector de pantalla.
-Sí, lo sé-zambutió una mano entre el colchón y mi cuerpo. Me sostuvo cerca de él.
Bloqueé mi teléfono y lo encendí de nuevo. Le mostré la fotografía.
-Tan hermoso-picoteé y rodó los ojos.
-Tú eres la hermosa aquí-irguió su cabeza y atrapó mis labios en los suyos.
Mhhmm. Edward. Edward. Edward. Edward.
Edward.
Mi mente se llenó de su nombre. Se llenó de él.
Y no sólo mi mente. Esa misma noche pero un par de horas después mi cuerpo también se llenó de él.
Me hizo el amor y me hizo sentir maravillosa. Y es que con Edward siempre era así. Nunca poco, nunca demasiado. Nunca suficiente. Todo, no simplemente la parte física. Sentía que nunca podía estar lo suficientemente cerca de él y el tiempo me parecía que iba y venía y se iba para siempre y se iba volando.
Era como si hubiera llegado justo a tiempo, cuando más lo necesitaba.
Y era como si en un mar de gente mis ojos siempre buscarían por él. Quería escribir poemas en su piel con mis labios, su piel era para mí como un lienzo era para un artista. Siempre maravillosa y nunca era suficientemente explorada.
Entonces él dijo algo que me hizo reír un montón. No era lo más gracioso del mundo pero todo lo que venía de él me parecía asombroso.
-Besa mi cuello y deja pequeñas galaxias ahí.
-Qué romántico, Sr. Cullen. Creo que sus habilidades han mejorado.
-Ñee, lo vi en Google. No te emociones.
Me reí y mis ojos se entornaron, él se rió junto conmigo y apoyé mi frente en la suya. Sentí sus dientes desnudos contra mi nariz mientras seguía riéndose.
Después de reír, lo besé en el cuello y dejé pequeñas galaxias ahí.
Por la mañana desperté y busqué la mano de Edward. Tomó la mía y le dio un apretón. Abrí los ojos y lo vi. Estaba sentado y apoyaba su espalda en la cabecera. Su pecho subía y bajaba lentamente.
-¿Qué hora es?
-Es temprano
-¿Por qué no estás dormido?-pregunté contra la almohada.
-Se me fue el sueño-contestó-además te estaba viendo.
-¿Qué estabas viendo exactamente?-me dio una sonrisa de tiburón.
-Tu espalda desnuda y el contorno de tus pechos-llevó su mano libre y me acarició la espalda, luego bajó y acarició el borde de mi pecho que se apretujaba contra el colchón-nada malo-murmuró.
Dejé escapar una risita y me desperecé.
-Gírate. Quiero verte-pidió y me dio un empujoncito en el hombro.
-Eres tan sucio tan temprano. Compórtate-lo regañé pero aun así me giré. Sonrió y suspiró satisfecho.
-Que cosita tan más linda que eres-dijo y se inclinó. Me besó en la frente.
-¿Qué tan temprano es?-miró el reloj.
-De hecho ya es hora de que vaya a tomar un baño-me palmeó el pecho derecho y se giró para salir de la cama, pero luego volvió a su posición-¿sabes qué? Creo que deberías ir tú primero
-¿Por qué?
-Soy caballeroso-hizo un gesto con la mano invitándome a ir al baño.
-Quieres verme. Eso es lo que es-respondí y salí de la cama.
-Claro que sí-noté la sonrisa en su voz.
Caminé hacia el baño y cerré la puerta detrás de mí.
-¡Linda vista!-gritó y negué divertida con la cabeza.
Cuando Edward ya estaba duchándose me dispuse a buscar un poco de ropa. No encontré nada.
-¡Edwaaarrrddd!-entré al baño canturreando. Él se estaba rasurando.
-¿Qué pasa?
-No tengo ropa
-¿Cómo que no tienes ropa?-dejó de pasarse el rastrillo por el cuello y me miró.
-Es enserio. Ya busqué por todas partes.
-Mhm…-exhaló pensativo-pues usa algo mío.
-¡No te pases!-le di un ligero golpe en el brazo-hasta donde yo sé tú no usas sostén.
-Tengo uno por ahí-lo miré como si le hubiera salido otro ojo.
-¿Qué? Amigo si apuntas para el otro equipo no hay ningún problema. Solo dímelo. Podemos ser amigos
-Ja, ja. Te he robado un par de sostenes.
-¿Entonces si eres gay?
-¡No!-se rió-los uso para dárselos a Gianna cuando viene aquí y destrozo su sujetador
Jadeé. Buena esa. No me la esperaba.
-¡Maldito!-lo golpeé más fuerte y se rió.
-En mi cajón hay un pantalón tuyo. Olvidé separarlos y puedes usar mis bóxeres y una playera
-¡Aww! Eres tan lindo lavando mi ropa-salí del baño.
-Te soluciono la vida. Así de fácil.
Luego me di cuenta de que había perdido una oportunidad y fui por mi teléfono. Volví con él y le tomé una fotografía.
-¿¡Qué putas, Swan?!-me miró escandalizado.
-Nada, es que te ves tan guapo cuando te rasuras-respondí.
-Eso es muy estúpido-gruñó y le di un golpe en el culo.
-No es estúpido.
Me dispuse a vestirme y busqué la playera más pequeña que Edward tuviera. Encontré una de las Tortugas Ninja. Me reí.
-Así que esto lo tienes desde la comunión, eh
-No hagas que me arrepienta y te quite toda mi ropa
-Eso sería una pena. Apuesto a que no quieres que vaya a la UW con sólo mí sostén.
La sonrisa se le borró del rostro.
-Carajo
Me reí y abrí la puerta de su habitación.
-O no podríamos ir y quedarnos en la cama todo el maldito día.
-En tus sueños-respondí.
Gruñó en mi oído.
-¿Qué sientes al saber que sólo quedan dos semanas de clases?-Alice me preguntó muy contenta cuando entró a la cocina.
-Siento que la felicidad no me cabe en el cuerpo. Una gran dicha-respondí y le di a probar la crema para la tarta.
-Deli, deli-me picoteó las costillas una vez que se chupó los dedos-creo que Jasper me llevará a Texas este verano
La miré y meneó las cejas.
-¿Por qué piensas eso?-arrastré la charola del pastel hacia mí y comencé a ponerle crema.
-Porque creo que ha estado tirándome indirectas y estoy muy nerviosa-Rosalie entró en ese momento y Alice saltó al taburete. Recostó su mejilla en la palma de su mano y tamborileó los dedos en su muslo-eso significa que Mamá Brandon estará recibiendo visitas también.
-¿Vas a Forks?-Rosalie preguntó. Abrió el refrigerador y se dispuso a buscar algo ahí.
-Creo que sí. Creo que Jasper me llevará a Texas, entonces…
Rosalie se irguió de manera repentina y Edward, que venía entrando, colocó rápidamente una mano entre la cabeza de Rosalie y el borde de la puerta del congelador evitando que Rose se golpeara la cabezota.
Rubia lo miró.
-Gracias, Miss Bellum
Edward tomó una limonada y comenzó a agitar la botella.
-De nada. Te salve de que la única neurona que tienes se muriera, Rubia.
Rose rodó los ojos y Alice comenzó a reírse. Edward se fue.
-¡Ahora lo entiendo! ¡Rubia! Ya saben, esos chistes que dicen que las rubias no tienen cerebro-Alice decía con voz entrecortada. Una lágrima se escurrió por el rabillo del ojo y la limpió. Luego me miró-Bella…-se apoyó en mi brazo, seguía riéndose-tu novio es tan gracioso
-Cállate, Hobbit-Rose la golpeó en la nuca-Así que vas con Jasper...-la instó con un gesto de mano.
-No es nada seguro. Él sólo lo ha sugerido indirectamente y estoy emocionada y nerviosa
Rosalie arrancó un trozo de pastel con sus dedos y se lo llevó a la boca. Lo probó y luego dejó el restante de vuelta en su lugar. La miré feo.
-Es MI pastel-espeté.
-¿Y? Alice asegúrate de traerme unas botas, creo que me convertiré en cantante de country. Esto de la universidad no me gusta tanto. Y le falta sabor-volvió a hablarme a mí mientras miraba con desdén a mi pastel.
-Entonces no te lo comas-rodé los ojos y seguí llenando mi pastelito bonito de crema.
-¿Por qué quieres ser cantante? Sólo falta un año para terminar.
-Alice en un año pueden pasar un montón de cosas. Quiero tener una segunda opción.
-Intenta con ser modelo. La cantada no se te da muy bien-comenté. Rubia me lanzó una mirada de perra venenosa.
-A ti tampoco
-Basta de insultarme. Estás en mi cocina, mi espacio. Lárguense. Ambas.
Ellas se fueron dejándome sola y después de un momento llegó Edward.
-Unas chicas me dijeron que estabas gruñona y que tal vez necesitas un poco de sexo así que vine a ver en que podía ayudar
Le sonreí.
-Que lindas-dije sarcásticamente. El pastel estaba listo-puedes comenzar a ayudar si pones el pastel en el refrigerador
Gruñó e hizo lo que le pedí.
Cuando Jasper entró a la cocina para cerciorarse de que el pollo al horno estaba listo, gruñó y se fue gritando escandalizado. Nos había encontrado manoseándonos y claramente vio cómo Edward acariciaba mi pecho por debajo de la blusa y el sujetador.
-¡No puedo creerlo!-Jasper manoteó en el aire y se cubrió la cara para no ver pero dejó espacios entre sus dedos a la altura de sus ojos. Edward quitó sus manos de encima de mí y se alejó-¡¿Qué significa esto?!
-Significa que nos estábamos enrollando, Jasper-le contestó-ahora, vete.
Edward volvió a jalarme hacia él y volvió a posar su boca sobre la mía. Jasper bufó.
-¡No, no, no!-se fue gritando por el pasillo.
Un momento después, me alejé de Edward y él me miró desconcertado.
-Si no te detienes ahora tendremos que ir a la habitación y en verdad tengo hambre-me sobé la panza e hizo una mueca.
-¿Esta noche?-trazó círculos con su pulgar en el dorso de la mano y me dio una media sonrisa. Llevé mi mano a su boca y acaricié sus amasados labios. Me mordió los dedos.
-Sí-suspiré. Luego entró otra vez Jasper, usaba lentes oscuros.
-Ay, gracias a Dios-se los quitó y Edward rodó los ojos. Me llevó hacia la encimera y se sentó en un taburete, me jaló a su regazo.
Jasper estaba ocupado sacando la comida del horno y la colocó en la encimera.
Emmett entró a la cocina.
-¡Eso huele delicioso!-su intención era pellizcar el pollo pero Jasper alejó su mano de un golpe.
-Las manos donde pueda verlas-murmuró y miró a Edward después-ustedes también. Comiencen a llevarse esto
Emmett tomó el pollo entre sus manazas y salió rumbo al comedor. Jasper nos hizo una seña condescendiente para que tomáramos el puré y la pasta. Pero se detuvo y nos señaló acusadoramente con su índice.
-Primero lávense las manos. No quiero sus…jugos…en mi comida.
Al parecer, Jasper no iba a superarlo fácilmente porque nos dio miradas feas y nos vio con asco durante toda la comida. Edward se burlaba y se chupaba los dedos como si en realidad tuviera…jugos ahí.
Jasper se estremeció.
Pues yo todavía no olvidaba cuando también lo vi sosteniendo la bubi de Alice en MI cocina. Además ahora estábamos en mi casa y él no tenía derecho a quejarse…bueno, tal vez un poco. Pero sólo un poco.
Estaba en Facebook y vi una publicación de Charlotte. Ahí estaba ella y al parecer era su nuevo novio. Mhhm…nada mal. Esperaba que esta vez Gianna no se lo quitara.
-¿Desde cuándo Charlotte y yo somos amigas en Facebook?-le pregunté a Edward. Él estaba apoltronado en mi cama junto a mí leyendo un par de porquerías que le habían dejado de tarea
-Desde que Facebook no tiene un apartado de "enemigos"
Me reí y deslice el puntero para darle "me gusta" a su publicación.
-Esa estuvo buena, Chump.
Bufó.
Luego de unos momentos, mi celular comenzó a vibrar en mi buró.
-¿Puedes dármelo?-Edward estiró la mano y dejó caer mi teléfono en mi regazo. Lo miré feo y fingió concentrarse en las hojas en sus manos. Miré la pantalla del teléfono. Número bloqueado.
-¿Quién eres y por qué está tu numero bloqueado?-contesté. Muy amable.
-Bella…-gruñó una voz que conocía muy bien.
-¿Charlotte? ¿Por qué tienes mi número? ¿Por qué tengo YO tu número?
-No lo sé-estaba segura de haber escuchado cómo rodaba los ojos-¿Por qué ves mis publicaciones?
No. Mames.
-No sé porque somos amigas
-Ugh, pues no las veas
-No puedo controlarlo. No soy Zuckerberg.
-Otsh, Bella. Siempre tan graciosa
-Gracias
-Escucha…en realidad no hablaba para reclamarte, pequeña stalker-rodé los ojos-sólo quería hacer las paces…quiero hacer las paces-se corrigió.
¿QUÉ? ¿Mis jodidos oídos estaban escuchando bien? Alejé el teléfono de mi oído y lo agité para ver si funcionaba. Sí, todo perfectamente.
-¿Qué? ¿Me estás jodiendo, cierto?
-No. Bella eres jodidamente grosera, esto es muy difícil para mí y tú ahí burlándote
-No me estoy burlando. Simplemente no me lo esperaba…no de ti.
-Pues hablo en serio. Soy tan estúpida y lo fui más cuando estaba con ellas pero ahora que las he alejado de mí…bueno, quiero disculparme. Y puedes quedarte con Cullen yo ya tengo a mi Joshy-hice una mueca.
-Sí, sí. Todas quieren a mi chico-Edward me miró rápidamente y frunció el ceño. Le lancé un beso. Negó con la cabeza y tomó los audífonos que pendían de su cuello. Subió el volumen de la música, hizo lucirse perturbado-no necesitaba el permiso de ninguna de ustedes
-¿Entonces qué? Sobre las disculpas.
-Lo pensaré
-¡Isabella!-me gritó. La perra me había gritado.
-Deja de joder mis tímpanos
-¡Isabella!-chilló de vuelta, angustiada.
-¡Está bien! Como sea
-No, como sea no. Dime en serio
-Es en serio. Está bien.
-Oh…bueno-su voz fue apenas un susurro.
-Bueno entonces adiós.
-Sí, adiós. Gracias
Colgué y me giré hacia Edward, le arranqué los audífonos.
-Felicítame. Estoy haciendo las cosas bien. Una enemiga menos.
-¿Qué pasó?-dejó las hojas a un lado y se estiró. La espalda le crujió.
-Charlotte me llamó para disculparse por ser tan estúpida, entonces dijo que podía…-me interrumpí mientras me acomodaba en la cama y colocaba mi cabeza en su regazo. Edward me acarició el cabello-dijo que podía quedarme contigo que porque ella ya tiene a su chico nuevo. Por supuesto que no necesito un jodido permiso pero fue bueno escucharlo de sus labios.
Edward sonrió.
-Ustedes las chicas son tan raras-se inclinó y me besó la frente.
-Claro que no-tomé su mano y le mordí los dedos. Hizo una mueca de dolor.
-Voy a comprarte algo…dime que-me informó.
-¿En serio?-asintió-eres tan lindo…pero si te pido una mansión no me la comprarías.
-No-contestó-yo te voy a hacer esa pinche mansión-me apretó el rostro entre sus manos y las mejillas se me pegaron a la dentadura. Luego me plantó un beso en los labios-así que pídeme algo que yo no pueda hacer
Rodé los ojos.
-Ni creas que voy a olvidar ese asunto…pero puedes comprarme ehh…no lo sé. Lo que quieras
-¿Un gato?
-No vuelves a verme, Cullen.
Se rió.
-Entonces un libro
-Eso está muy bien
Asintió en silencio y me acarició el rostro.
-¿Oye, te sientes con ganas de adelantar la noche?-pregunté.
Me dio una sonrisa del gato Cheshire.
-OoOoOo-
Las clases están a punto de terminar=proyectos, exámenes, mierda, mierda y más mierda.
Esto tenía que terminarse. Cuando arroje mi birrete voy a intentar darle al decano, a los profesores y al director y hasta al fundador muerto de la UW. Todos en un tiro.
Me conformaba con darle a un profesor. Eso sí sería digno de recordarse.
También significaba no más Edward. Él sólo decía "voy a estudiar" o "tengo que hacer tarea" y se sentaba ahí en su escritorio y yo hacía mi tarea y después sólo me despedía y me iba. Así que decidí ir a visitar a Renée y hacer mi tarea ahí y todas esas cosas.
Edward se había enojado porque no le avisé que iba a la biblioteca de la UW. Pero no llevaba mi celular conmigo, estaba debajo de mi cama. Ahí cayó cuando Edward se me abalanzó la noche anterior cuando le dije: "¿Oye, te sientes con ganas de adelantar la noche?".
Así que cuando iba hacia el estacionamiento para tomar mi auto (decir eso aún se sentía extraño) él llegó rápidamente y casi me tira al suelo.
-Ay Bella ¿dónde estabas?-se pasó una mano por el cabello.
-¿Por qué sigues aquí? Creí que estabas ya en casa. Estaba en la biblioteca-meneé los libros en mis manos.
-Estaba preocupado por ti. Te dije que me avisarás sobre a dónde ibas y te llamé y no contestabas. Estaba analizando a cada chico que pasaba a mi lado para descubrir quien parecía haber violado recientemente.
Abrió la puerta de mi auto y me ayudó a entrar.
-Olvidé mi teléfono. Lo siento
Eso me recordó que tenía que llamar a Ángela.
-No vuelvas a olvidarlo-me instó. Le hice una seña de teniente-ahora ve a casa y ten cuidado-se inclinó a besarme en los labios.
-No voy a casa. Iré con Renée-sonrió contra mis labios.
-De acuerdo. Avísame cuando llegues con ella y cuando vuelvas a casa.
-Eres tan dramático.
-Sólo cuido a mi niña-me sonrió y me revolvió el cabello-te amo.
-Te amo, Chump. Nos vemos luego.
-¿Tengo permitido ir por la noche?
-¿Qué? Mi habitación es tu habitación. Puedes venir a la hora que quieras.
-De acuerdo-cerró la puerta y me regaló una sonrisa.
Suspiré.
Renée me recibió con una gran sonrisa y cuando le dije que iba a pasar ahí la tarde, dio un saltito. Me pregunté cómo es que Alice la había pasado sus comportamientos si ni siquiera se veían.
Ella dijo que iba a cocinar y me puse cómoda en el comedor para empezar con mi tarea. Tomé su teléfono y le hice una llamada rápida a Edward. Desplegué los libros y las hojas y me puse a leer y a escribir.
-Aquí está-Renée colocó un plato de pasta a mi lado junto con una cesta con pan.
-Gracias, mamá-me sonrió y me dispuse a recoger un poco del tiradero. Ella se sentó a mi lado.
-¿Y Edward?-preguntó tan rápido me senté y enrollé los espaguetis en mi tenedor.
-Está bien. Tenemos mucho trabajo así que casi no hemos hablado muy bien pero siempre estamos juntos.
-Bueno… ¿y Alice, Rose?-mastiqué la comida y me la tragué antes de responder.
-Ellas están que se mueren por terminar las clases pero tienen también un montón de trabajo, creo que Rose ya se arrancó las extensiones.
Renée se rió y tomó un trozo de pan.
-Y tú, ¿cómo estás?
-Yo estoy bien. Muy bien ahora…antes…unos días antes de que las vacaciones de pascua iniciarán y en las vacaciones estaba del asco. Estaba hecha mierda… por suerte ahí estaban Alice y Rose y Edward se la pasó conmigo.
Apretó los labios y medio sonrió.
-Creo que ese chico te quiere demasiado.
-No sé, Renée… no me preguntes por eso porque estoy confundida. Todo es como un borrón, nuestra relación. No sé ni siquiera lo que sentimos él uno por el otro pero si estoy segura que dentro de toda esa enredadera él me quiere y yo lo quiero a él.
-Entonces en todo eso te refieres a qué no sabes qué está pasando… ¿cómo es eso?
Iuck. Hablar con Renée de mis sentimientos y de mis pensamientos seguía siendo jodidamente incómodo y no sabía cómo hacerlo así que estaba segura que aunque lo intentará un montón de veces, definitivamente no iba a entenderme o yo no me iba a dar a entender.
-Sí, creo que sí. Simplemente sé que me quiere y que me cuida. Yo también lo quiero un montón pero no lo sé. Sería agradable quedarse con un "te quiero" o un "te amo", en lugar de eso sólo los turnamos. Lo primero que diga el otro lo repetimos pero realmente lo sentimos. Creo que en estos momentos sería raro que uno de los dos dijera "te amo" y el otro respondiera con un "te quiero"-meneé la cabeza. En realidad esto estaba muy jodido-no lo sé-mis palabras se perdieron en el silencio.
-Nunca había escuchado a alguien describirlo así pero creo…creo…-recalcó-entenderte. Algunas relaciones sólo logran entenderse cuando lo expresas y algunas otras sólo con el pensamiento… no sé. Como si ambos supieran lo que el otro está pensando en ese momento. El amor es extraño.
Asentí.
-Simplemente me preguntó porque nos obsesionamos con el amor si nunca dura.
Renée volvió a apretar los labios pero esta vez no sonrió.
-Si dura. El amor es… no se puede describir. El amor no es egoísta, es lo único que sé hasta ahora. Siempre te hace caer en dilemas.
-Estás en lo correcto-afirmé y enrollé otro par de espaguetis en mi tenedor-ahora mismo estoy en un dilema.
Ella medio sonrió y comenzó a comer otra vez.
¿Un dilema? Esa era mi voz interior ¿Bella Swan en un dilema amoroso? Esto tiene que ser documentado.
Ehh, creo que no es sólo uno.
¿Qué?
Renée. Edward, Edward, Edward, Edward, Edward, Edward… Renée.
Pude terminar mi tarea en casa de Renée y cuando le eché una hojeada al reloj me percaté de que ya eran las 8:15 así que recogí mis cosas y fui a despedirme de Renée, que estaba sentada en el sofá y tejía algo. ¿Y ella de qué vivía? Le preguntaría después.
-Mamá es hora de irme-anuncié tan pronto como comencé a recoger mis libros.
-Oh, de acuerdo-hizo un puchero-tengo un regalo para ti.
-¿Qué…-no me dejó terminar y se fue a la cocina.
¿Comida? Bueno, podría lidiar con eso muy bien. Me palmeé el estómago mentalmente.
Ella volvió después de un momento y me tendió un recipiente circular de metal que tenía galletas.
-No hagas caso a las etiquetas. Yo las hice-sonrió y le eché una hojeada.
-Bastante bien. Gracias, Renée.
-Oh, no agradezcas.
Me acompañó a la puerta y me despidió con un beso y un abrazo. El contacto físico con ella aún se sentía incómodo y ni que decir de estar en su casa pero estaba tratando de superarlo.
Me fui a mi auto y encendí el estéreo, le subí el volumen y me dirigí a casa.
Cuando llegué, Rosalie estaba en el estacionamiento del edificio y caminaba de un lado para otro.
-¡Hey!-le palmeé el brazo y me miró.
-¡Bella!-se me echó encima y me besó las mejillas. Luego empezó a llorar.
-¡Hey! ¿Qué putas pasa?-la alejé de mí y la tomé por los brazos.
-Estaba esperándote…o a Alice. ¡Ustedes, perras, me han dejado sola!-me golpeó en la frente.
-¿Pero por qué estás llorando?
-Emmett-murmuró y se sorbió la nariz.
-¿Algo le pasó a Emmett o discutieron?-la tomé de la mano y la jalé para comenzar a caminar.
Soltó un chillido y siguió llorando.
-Discutimos
Me golpeé en la frente y meneé la cabeza. Fuimos en silencio, bueno el mayor silencio que se podía obtener de Rosalie gimiendo de dolor y sorbiéndose los mocos.
La llevé hacia su habitación.
-¿Qué pasó?-pregunté y se dejó caer en la cama como si se hubiera desmayado. Dramática.
Además era muy extraño que ella llorara. Siempre lloraba cuando discutía con él. No entendía el por qué y de alguna manera me dio ternura que lo quisiera y que mostrará sus sentimientos más profundos cuando lloraba por que peleaban.
Rosalie era dura como el puto hierro.
-Él me dijo y…-se largó a llorar.
Suspiré.
-¿Quieres un poco de agua o algo parecido?
-Una cerveza-rodé los ojos y fui a la cocina por su querida cerveza, antes de volver a entrar a su cueva fui a la mía y coloqué las rodillas en el suelo para alcanzar mi teléfono.
Le dejé un mensaje a Edward para avisarle que ya estaba en casa y ya podía venir. Era seguro que Rose superara su crisis rápidamente.
Ella estaba un poco más tranquila cuando llegué y antes de hablar le dio un largo trago a su cerveza. Pensé que se la acabaría de golpe. Me miró con sus ojos azules ribeteados de rojo.
-Él me dijo que yo era jodidamente fría y petulante-escondí una sonrisa. Eso era cierto y juro por Dios que si Rosalie estaba llorando por eso la iba a golpear-y que era frívola y plástica ¡¿puedes creerlo?!
No. Jodas.
-Sí-murmuré-de hecho es la verdad.
-¡Bella!
-¿¡Qué?! No estoy mintiendo pero porque él te diría algo así.
-Porque estaba enojado porque lo dejé plantado
Abrí los ojos desmesuradamente.
-¡Rosalie Hale! ¿¡Por qué putas lo hiciste!?
-¡Lo olvidé! Juro que olvidé que teníamos una cita y me quedé aquí haciendo mi tarea, entonces hoy vino en la tarde y me reclamó.
-¿Y la cita era…
-Ayer en la noche. Dios, Bella. Apesto como novia. No puedo manejar esta situación.
-¿Por qué no?-me senté sobre mi pierna derecha y la miré a la cara.
-Porque no sé… en realidad soy fría y petulante y frívola y plástica-gimió.
-¿Es por eso que estás llorando?-le pregunté curiosa. Si la respuesta era afirmativa podía patearle su pequeño culo. Bueno, en realidad Rosalie Frívola Hale tenía un culo grande así que…
-En parte… entonces comenzó a reclamarme y me dijo: "¿Sabes una cosa? Siempre he creído que tu ni siquiera me quieres" y yo la cagué…en grande. Le respondí: "Bueno, tal vez lo crees porque es cierto"
-¡Rosalie!-la interrumpí-eres una perra. Te mereces el infierno
-¡Bella, por favor!-se sorbió la nariz.
-De todas formas ¿Por qué lo dijiste?
-Estaba encabronada, estaba enojada porque él me estaba diciendo todas esas mierdas y a mí no me gusta que me digan esas porquerías, lo sabes. Entonces él me miró y sólo se fue sin decir nada así que ahora no sé si hemos roto o algo parecido.
-¿No lo detuviste?
-Sí, lo intenté. Le grité de vuelta y hasta bloqueé la entrada pero sólo se quedó ahí un momento y me quitó de en medio. ¡Bella estoy jodida…en grande! Le rompí el corazón y no sé cómo solucionarlo.
-Rosalie ve y habla con él. Debiste haberlo hecho en ese momento. Explícale todo y por favor, por favor ya dile la verdad.
-¿Cuál verdad?-cuestionó con voz pastosa.
-Sabes bien cuál. Dile de una vez que lo amas.
Me miró asustada.
-No lo amo. Simplemente lo quiero.
-No me vengas con esa basura. Yo te conozco bien.
-Estás jodida-se puso de pie y se dirigió a su cajonera.
-Realmente tú eres la que está jodida. Así que sólo ve y habla con él y dile lo que sientes y cojan un poco ¡por Dios! Ahora si me disculpas, voy a esperar a mi novio.
Tomé mis cosas que estaban sobre su cama y abrí la puerta de la habitación.
-Eh, Bella…-me llamó.
-¿Qué?
-¿Podrías por favor no decirle a nadie la verdad? Aún no estoy lista para lidiar con la atención de todo el mundo.
Sonreí abiertamente.
-No te preocupes. Tu lindo secreto está a salvo-salí de ahí.
-Vale, gracias.
-Como sea-respondí.
Me dispuse a ordenar un poco mi habitación y cuando terminé fui por un vaso de leche para comerme las galletas que Renée había hecho para mí.
Edward llegó cuando me estaba cepillando los dientes.
-¿Quién te dejó entrar a mi casa?-le pregunté cuando me enjuagué la boca.
-Rubia iba de salida.
Alcé las cejas asintiendo y Edward me siguió fuera del baño.
-¿Te sientes con ganas de ver una película?-preguntó
-Me hace falta un poco de eso… ¿cuál?
-Oh no lo sé. Esperaba que tú me lo dijeras.
-Mhhm…-lo pensé un poco y me saqué la blusa. Edward me tocó los pechos y alejé su mano de un golpe-tal vez podamos ver esa de los extraterrestres.
-¿De qué estás hablando?-se rió y llevó su mano de vuelta a mis pechos. Me alejé y em cubrí de nuevo con mi pijama. Hizo una mueca.
-Esa donde todo es apocalíptico…se me fue el nombre, Edward.
-Son zombis, no extraterrestres.
-Es lo mismo-rodó los ojos y se acercó a la televisión para comenzar a poner el DVD.
Cuando mi pijama estuvo listo, él se sacó la ropa y se quedó en bóxeres.
Se subió a la cama junto a mí y pasó un brazo por mis hombros.
-Tengo tu regalo-se estiró y tomó un libro que estaba debajo de su chaqueta-toma
Me tendió el libro y grité un poquito.
-¡Gracias, gracias, gracias!-lo besé en la mejilla y en los labios-voy a comenzar a leerlo mañana.
Siempre había soñado con El Gran Gatsby.
-Sabía que te gustaría pero es lindo verte emocionada.
Le sonreí de vuelta.
Creo que al final no terminé de ver la película y me quedé dormida. Desperté y ya todo estaba en penumbras, aunque la luz de la ciudad entraba por la ventana.
-¿Edward?-lo llamé en un murmullo y palmeé la cama junto a mí. No había nadie.
-Aquí estoy-apretó mi mano después de un momento.
-¿Qué estabas haciendo?-volví a cerrar los ojos.
-Sólo me preparaba para dormir-contestó y se tiró a mi lado-vuelve tú a dormir.
-De acuerdo-suspiré y sentí su brazo envuelto en mi cintura. Todo parecía en orden pero recordé mi dilema.
Edward. Edward. Edward. Edward. Edward.
-OoOo-
A la mañana siguiente, estaba tomando una ducha y recordé lo que Alice había dicho anteriormente. Ella había dicho que intentaría hacerlo con Jasper sin un plástico de por medio y me entró curiosidad. Obviamente, el comenzar a tomar las pastillas era sinónimo de no más condón pero fue extraño. Era como si fuera una decisión de vida o muerte cuando en realidad no era tan grave. Lo grave era cuando decidías hacerlo por primera vez.
De todas formas, ya podía hacerlo con Edward sin un condón desde hace un par de días pero no me lo había planteado. Si era algo en lo que pensaba pero era más como: "Hey, Bella. Recuerda que ya puedes dejar de usar condón" y no como "Hazlo sin condón. ¡Ya! ¿¡Qué carajos estás esperando?!"
Y estaba nerviosa, como el jodido infierno. Era la primera vez que iba a coger sin un condón y no sabía cómo iba a reaccionar y estaba asustada. No es como si fuera ser una cosa completamente diferente, todo sería igual. Creo que simplemente estaba asustada por la sensación. ¿Era igual? ¿Era diferente? ¿Quién notaría la diferencia?
Además, tanto Edward y yo estábamos limpios y podíamos hacerlo pero seguía asustada.
Me quedé un rato bajo la regadera pensando en el asunto pero no pude ordenar mis ideas porque fui consciente del tiempo así que salí del baño.
Edward seguía dormido y rodé los ojos. Comencé a vestirme en silencio mientras seguía pensando en el asunto.
¿Cuándo sería un buen momento para hacerlo? ¿Hoy? ¿Mañana? ¿En un mes?
Realmente estaba asustada y emocionada. Una parte de mí no quería hacerlo pero la mayor parte quería hacerlo y a ésta parte no parecía importarle el miedo.
Cuando estaba casi lista, miré el reloj y me acerqué a la cama para despertar a Edward.
Le acaricié la espalda y luego le jalé el cabello. Gruñó despierto.
-Ya es hora, flojo-le jalé las orejas y alejó mis manos de un manotazo-¡vamos, Chump. Hoy es un grandioso día!
Él salió de la cama un momento después y me dio una nalgada.
-Que linda-comentó y le sonreí. Él entró al baño y después de escuchar la cadena del retrete escuché la regadera.
Ordené mi mochila y entré al baño.
-Chump tengo que irme-él asomó su cabeza por la cortina.
-De acuerdo, Hamlet. Ten cuidado-me acerqué y le planté un beso en los labios. Sacudió la cabeza cuando me alejé y me mojó el rostro.
-Mugre mocoso-lo golpeé en la frente y se rió-nos vemos en la tarde. Te quiero.
-Yo te quiero más-volvió a besarme en los labios levemente.
Esa misma tarde volví temprano de con Renée y Edward vino a mi apartamento.
-Oye novia ¿quieres ir a cenar?-preguntó cuando dejó su teléfono a un lado.
-Claro, novio ¿a dónde?
-No lo sé. ¿Italiana o Tailandesa?
-Echemos un volado.
-De acuerdo-rebuscó en sus bolsillos y sacó un centavo.
-Maldito pobre-me burlé y me golpeó en la frente.
Ganó la tailandesa.
Así que me dirigí al baño para tomar otra ducha y él me imitó. Volví a usar otra falda pero esta vez era de mezclilla deslavada y tenía botones en todo el frente, la acompañé con un crop top negro ajustado y unos tacones parecidos a los que usé en Chicago, los cuáles Jane amó con locura.
Arreglé mi cabello en una trenza. Use rímel y un poco de brillo de labios. No me sentía con ganas de maquillarme y todas esas cosas.
Finalmente partimos hacia el restaurante y Edward me dejó apoderarme de su estéreo.
Esa era una de las razones por las cuales lo amaba. Algún día haría una lista.
Ese restaurante era la onda porque no tenías que hacer filas ni reservaciones y la comida estaba deliciosa.
Edward distendió una silla para mí y él se sentó frente a mí. El mesero colocó las cartas y se fue.
Ordené un Popiah* y Edward ordenó la Thai Salad**.
Edward se puso todo romántico y creí que el chef le había puesto algo a su plato.
-Un brindis…-dijo antes de darle un trago a su bebida. Rodé los ojos y le seguí el juego-deja de rodar los ojos-me dio una ligera patada en la pantorrilla.
-De acuerdo. ¿Un brindis para qué?
-Para agradecer, Bella-ahora él fue quien rodó los ojos-para agradecerle a Dios o a quién sea. Quiero agradecer por…-se quedó callado un momento-por ti-alcé las cejas fingiendo sorpresa, me miró feo-eres una malagradecida. Quiero agradecer a quién sea que te haya puesto en mi camino porque eres jodidamente bonita y sexy y genial y toda mía y a pesar de que tengas el temperamento de un poodle rabioso, te quiero-se rió ante mi cara.
-¡Pinche grosero, Edward!-le pellizqué la mano. Se rió.
-Es enserio… pero agradezco que tu temperamento no sea como el de Rosalie porque si no ya me hubiera suicidado. Todo lo que dije es verdad, amen.
Le dio un trago a su bebida.
-¡No estás rezando!-soltó otra risita.
Cuando salimos del restaurante, decidimos caminar por el parque un rato. Tomé su mano y él besó la mía antes de comenzar a caminar.
-Oye acabo de recordar que este es el mismo parque en dónde te me echaste encima ¿lo recuerdas?-molestó.
-Tú fuiste él que me tiró
-Y tú me besaste
-¡Mentiroso!-él iba a objetar algo pero se interrumpió.
-¡Oh! ¿Qué es eso?-miró el cielo y seguí su mirada.
-¿Qué?-el cielo estaba como siempre, yo esperaba una nave espacial o algo así. Lo miré otra vez y mis ojos se centraron en la flor que me tendía.
Me sonrió.
-¿Ves? Puedo ser romántico. Siéntete importante, la arranqué de ahí-señaló con su mano.
Ahí había un letrero que decía: "No arranque las flores" Todo un chico malo.
-Bueno, te has arriesgado. Gracias. Supongo que eso necesita otro tipo de agradecimiento-me acerqué y deposité un besito en sus labios.
-¡Oh! ¿Tan poco agradecimiento?-estampó sus labios en los míos rápidamente y me devoró la boca.
Volvimos al auto cuando las chispas de lluvia comenzaron a caer y otra vez estuve a cargo del estéreo pero de pronto la realidad me golpeó fuertemente.
Nuestra cita ya había terminado y quién garantizaba que esta noche no íbamos a tener sexo. Estaba casi segura que iba a haber de eso y luego ¿qué? ¿Era un buen momento?
Me puse nerviosa al instante y oculté mis manos debajo de mis piernas para que Edward no se diera cuenta que me sudaban o que apretaba los puños repetidamente. En lugar de eso, enterré las uñas en las palmas de mis manos y traté de actuar relajada y cool.
Las palabras luchaban por salir o no de mi boca, podía decirle justo ahora o podía decirle cuando estuviéramos en mi habitación. No lo sabía. Sentía que las letras se me apelotonaban en la garganta y no me dejaban respirar. Me mordí repetidamente la lengua porque siempre pensaba que aún no era el momento.
Además, no quería parecer nerviosa porque quedaría como estúpida, tal vez estaba haciendo una tormenta en un vaso de agua y ni siquiera había tanta diferencia pero sabía que tampoco podía decirle justamente cuando él estuviera preparando el condón.
DE NINGUNA MANERA. Entonces tendríamos que alargar el momento y hablarlo y eso no iba con el sexo. Era antes.
Ya demasiado sufrimiento acarreaba el tener que detenerse para usar el preservativo.
Decidí decírselo cuando estuviéramos en mi habitación.
Entré al baño y él se quedó ahí deshaciendo la cama. Me lave la cara y traté de tranquilizarme. Sentía que mi rostro estaba ardiendo y temía que estuviera completamente sonrojada. Afortunadamente no fue así y me dediqué a cepillarme los dientes, luego usé el retrete.
Edward entró después y me saqué los zapatos. Me deshice el peinado y me senté en la cama mientras esperaba que él saliera del baño. No tuve que esperar demasiado.
-¡Eh, Edward!-lo llamé.
-¿Qué pasa, Hamlet?
-Hay algo que está haciendo que la cabeza me dé vueltas-caminó hacia mí y se sentó a mi lado.
-¿Y eso es…
-Apenas comencé a pensarlo seriamente y no sé qué…no sé qué hacer.
-Bueno, dime lo que quieras.
-Bueno, ves que comencé con la píldora y todo eso…-hice un gesto condescendiente con la mano y asintió-y…-Demonios. Esto era difícil-y estaba pensando en…ya sabes…podemos comenzar a hacerlo sin condón. Claro si tú quieres-me apresuré a decir.
-Deeee acuerdo…-dijo lentamente mientras procesaba la información-entonces… ¿¡podemos comenzar ahora?!-me miró emocionado. ¡Santo Dios! Eso había sido sencillo.
-Sí quieres-me encogí de hombros.
-Oh ¿sólo si yo quiero?-me miró divertido y batió las pestañas. Solté una risita.
-¡Carajo, yo también me muero por hacerlo!
Soltó una risa burbujeante.
-¡Ahí está mi chica!-me picó las costillas-aprovechemos ahora que la cama está deshecha.
Se abalanzó sobre mí y caí con un quejido en la cama. Edward llevó sus manos a la parte delantera de mi falda y sus hábiles dedos comenzaron a desabotonarla. La falda cayó abierta a mis costados. Luego recorrió mi cintura y me sacó la blusa.
Este chico estaba impaciente así que tuve que apurarme para desabotonar su camisa y sus jeans.
Cuando acaricié sus hombros me llevé la camisa en mis manos y me apresuré a tocar su musculosa espalda. Me deleité con la manera en que sus músculos se movían cuando él molía sus caderas contra las mías. Luego apreté su trasero y soltó un gemido. ¿Quién iba a decir que al dulce Edward Cullen le gustaba que le tocaran el culo? Me reiría de él después.
Se sacó los zapatos con la ayuda de sus propios pies y terminó de desnudarme. Él me ayudó con sus pantalones, sus calzoncillos y sus calcetines que se quedaron hechos un charco a sus pies.
Luego me tomó de la cintura y me levantó para depositarme en el medio de la cama, mi cabeza cayó suavemente en la almohada mientras Edward me mordía la boca.
Sentí su dureza contra mi abdomen y llevé una mano hacía allá. Volvió a gemir cuando pasé mi mano por toda la longitud, entonces él se apresuró y cubrió mis pechos con sus ardientes manazas. Apretó y acarició. Mi centro estaba palpitante de placer y ya podía sentir la humedad salir.
Edward llevó su boca hacia mis pechos, mamó y lamió alternándose, tanto como quiso. Apuñé las sábanas en mis manos y lo atraje de vuelta a mí. Lamí y besé su cuello. Dejó escapar un gemido cuando lo mordí. Me dirigí hacia su oreja y chupé el lóbulo. Edward enredó sus manos en mi cintura y nos dio la vuelta.
La sábana se enredó entre nosotros y él la sacó de un tirón cuando no me dejaba moverme. Volví a unir nuestros labios y nuestras lenguas se encontraron.
Él acarició mi espalda y llevó sus manos a mi culo, el cual apretó y acarició. Se sujetó y se impulsó para sentarnos. Enredé mis piernas en su cintura y él ocultó su rostro entre mis pechos. Comenzó a dejar besitos y lamidas. Alcé el rostro y gemí, él apresó mi cabello en su puño y guió mi rostro de vuelta al de él. Después de besarme brevemente, dejó besos por toda mi cara y me sujetó de las caderas para alzarme y poder enterrarme en él.
Estaba comenzando a ponerme nerviosa y esperaba que él no lo notará porque si no todo se arruinaría.
Me apoyé en sus hombros y sentí su ceño fruncido contra mi frente. Sentí su aliento contra mis labios y sentí los mechones de cabello pegoteados a nuestras frentes por el sudor.
Edward me depositó lentamente sobre él. Siseó y yo gemí mientras entraba en mí. Dejó una mano en mi cintura y la otra la llevó a mi cabeza, acarició mi rostro y su mano se llenó del sudor que escurría por mi sien. Abandonó su mano en mi nuca y me besó. Sentía que algo estaba explotando por toda mi piel. Estrellas, galaxias, estelas…lo que fuera. Era como si la piel en donde él me había acariciado me ardiera placenteramente.
Comencé a moverme lentamente y él soltó un sonoro gemido contra mi boca entreabierta. Llevé mis manos hacia su cabello, lo despeiné y lo jalé mientras molía mis caderas contra las de él. Acerqué mi boca más a la de él, quería estar tan cerca que los huesos y los músculos me parecían molestos, además no me parecía tener suficiente de él y quería que sus gemidos fueran sólo para mí, quería que gimiera en mi boca, como si de esa manera tuviera una parte de él cuando estuviera lejos.
La sensación era diferente para mí. Era más suave y más abrasadora pero Edward estaba muy concentrado y se estaba volviendo loco. Gemía contra mi boca, me jalaba el cabello y me rasguñaba la espalda.
Ahogué uno de sus gemidos cuando cubrí su boca con la mía. Necesitaba besarlo.
Me apresuró a moverme y le seguí el ritmo. Él se alejó y enterró su rostro en mi cuello. Su respiración y sus jadeos estaba dejando un camino abrasador en mi piel sudada y yo tallé mi mejilla contra su cabello suave y revuelto. Me mordí el labio y bajé el rostro.
En el momento en que gemí en su oído al sentir mi liberación, él se retorció y un espasmo le recorrió el cuerpo. Miré su rostro rápidamente entre las rendijas en las que se habían convertido mis ojos. Ceño fruncido, labios entreabiertos y la vena palpitante de su frente. Sus piernas se hicieron firmes y su abrazo se hizo demoledor al mismo tiempo en que sentí contracciones en mi abdomen bajo. Gimió en mi oído audiblemente y me mordí los labios, pero no pude sofocar algunos sonidos. Sus extremidades se convirtieron en gelatina al igual que las mías y se dejó caer lentamente en la cama.
Enterré mi rostro en su pecho y, jadeante, deposité un besito ahí antes de mirarlo.
La vena de su frente estaba saltada, el sudor escurría por sus sienes, su cabello estaba revuelto y pegoteado a su frente. Sus mejillas estaban sonrojadas, sus labios rojos e hinchados, sus pestañas estaban apelotonadas de sudor y las aletas de su nariz aún estaban dilatadas. Era la vista más hermosa que jamás pudiera imaginarme.
Me miró después de un momento.
-Estuviste asombroso-murmuré con voz ronca
-Tú fuiste la maravillosa-me dio una sonrisa torcida y me jaló hacia arriba. Todavía estábamos un poco débiles, así que no avancé mucho y me dejé caer sobre él otra vez. Envolvió mi cintura con sus brazos y me sonrió.
-Tenemos que repetirlo. Eso fue asombroso-ordenó.
-Definitivamente.
No había habido mucho cambio para mí, aunque no iba a negar que fue asombroso.
Pero teníamos que repetirlo porque por nada del mundo cambiaría a Edward mientras hacíamos el amor.
Ni mientras dormíamos.
Ni mientras despertábamos.
Ni mientras me sujetaba fuertemente entre sus brazos.
Ni cuando me besaba y hacía que mi cabeza diera vueltas.
Ni cuando me decía "te quiero"
Nunca. Nunca lo cambiaría por nada.
Estaba segura de eso.
-OoOo-
*El Popiah es una especie de rollito-pancake elaborado con harina de trigo y recubierto con una salsa dulce o picante. El relleno es un picado al vapor combinando varios ingredientes que pueden variar: brotes de soja, judías, lechuga, zanahorias picadas, huevo, y hasta tiras fritas de cerdo.
**A menudo se utiliza como ingrediente principal la carne picada, marisco o fideos. Suelen llevar extracto de limón, hierbas frescas, y otras verduras. A menudo se sirven combinadas con otros platos y con arroz, o hasta fideos de arroz tailandés.
Hey friends(; ¿cómo están? Espero que les haya gustado. Si lo ven, los capítulos ya van siendo un poco más cortos a comparación de otros eso es un signo de que el final está cerca.
¡No olvides tu review, yo sé que quieres dejarlo!
