Capítulo 43
Aquel lugar estaba en completo silencio, era una vieja cabaña abandonada en el bosque, pero su fachada no me engañaba, podía sentir la presencia de un demonio adentro y también podía percibir a mi pareja. Aún estaba sorprendida de descubrir que él me podía contactar de la forma en que lo hizo, pero lo más interesante es que yo podía rastrearlo, era como viajar por las sombras, seguía un camino aunque en este caso era distinto porque no cruzaba dimensiones sino que tenía que permanecer en la misma, era como seguir un rastro.
Ingresé por una de las viejas ventanas al lugar, por dentro era más grande de lo que parecía y estaba completamente acondicionada, me parecía que aquel lugar era uno de los lugares donde se ocultaban, había un gran mapa de la región sobre una mesa de madera en el comedor, y podía detectar rastros de jaguares y demonios, no debían tener muchas horas desde que se fueron, eran reciente.
Me dirigí con rapidez a lo que parecía un sótano, la puerta estaba bloqueada con un cerrojo pero nada que un empujón no solucionara, sabía que esto debía ser una trampa, no podía localizar al demonio en la casa pero sentía su presencia, lo único que podía detectar era el olor de la sangre de mi pareja, y aunque sabía que tenía el juicio nublando solo me interesaba llegar a él y asegurarme que estuviera bien.
La puerta cedió y yo ingresé, el lugar estaba en completa oscuridad pero pronto mis ojos se adaptaron a ella y pude distinguir lo que en ese lugar había, un tintineo de cadenas me erizó la piel y corrí hasta donde mi pareja. Estaba encadenado e inconsciente en el piso, había demasiada sangre, revisé cada una con temor, había entre lo que parecía heridas de batalla y heridas hechas por los mismos grilletes que lo apresaban, podía morir desangrado si no eran cerradas pronto.
Tomé las cadenas con intenciones de arrancarlas pero no pude hacerlo, eran de platas pero también parecía tener algo que no me permitía romperla, tenía que contener sangre de algún demonio con alguna habilidad vinculada a la fuerza. Maldición. Alcé el rostro de Renji para verlo, su cabello pelirrojo estaba completamente suelto, su rostro algo moreteado, mi ira crecía cada vez más.
—Nos divertimos esperándote. Tranquila, no está muerto —Una voz burlona, hizo que me incorporada y colocara delante de mi pareja, reconocí de inmediato al demonio frente a mí.
—Maldito
Era el demonio rebelde que más me había dado problemas en mis primeros años como guerrero demonio, lo había sido exiliado a la prisión, logrando cumplir una de mis primeras pruebas como guerrero demonio. Maldición. Aquel tipo tenía la habilidad de poseer una inmunidad, era como que tuviera puesta una coraza imposible de romper.
—Veo que me recuerdas, pequeña demonio. Eso me halaga
—¿Así que estas aliado con Aizen? —comenté tratando de calmar mi ira y parecer indiferente mientras comenzaba a rodearlo, quería alejarlo de Renji.
Él soltó una carcajada, antes de responderme:
—Se podría decir eso, Aizen tenía un plan interesante y consiguió un peón para lograrlo, Kariya. Con sinceridad, solo me interesaba escapar de aquella maldita prisión, tenía grandes deseos de verte…—Su voz se volvió lasciva y una sonrisa sádica se formó en sus labios—, para hacerte pagar…Ya no está contigo tu querido tutor, Tsukishima. Espero que mejoraras en tus habilidades y ya no lo necesites.
Sin decir más me embistió con una rapidez increíble, golpeé la pared contraria con violencia, me incorporé algo mareada pero él volvió a estrellarme contra la pared esta vez empujándome con él, acercó su asqueroso rostro a mí y mi ira se disparó. ¿Quién coño se creía que era? No era una simple humana que podía intimidar por abusar de mi espacio físico, ni tratarme a su maldito gusto, yo no necesitaba ayuda de nadie para vencerlo.
Mi piel se calentó lo suficiente como para quemarlo y hacer que él me soltara, en mis manos formé bolas de fuego que lancé contra Yylfordt, agradecí que Renji no estuviera cerca. El demonio no fue capaz de evitar una de ellas lo golpeara directamente en el pecho haciendo un enorme agujero en su ropa pero sin hacer un rasguño a su piel. El bastardo volvió a sonreír, esa sonrisa se la tenía que borrar como sea, él iba a pagar el burlarse de mí.
—Esto será muy divertido
—Oh, claro que sí —respondí con el mismo tono burlón.
Él se lazó contra mí y yo saqué la pequeña daga que siempre llevaba entre mis ropas. Luego de los primeros ataques sufridos por él, Tsukishima me sugirió que llevara una daga bañada en la misma sangre que Yylfordt. Aquella sugerencia sin evitarlo se había vuelto parte de mi aun luego de haberlo capturado y enviado a esa prisión. Después de todo yo seguía siendo una mestiza, no tenía mis habilidades completamente desarrolladas y él sin saberlo me había proporcionado una gran arma.
Agradecí que el mismo Tsukishima la enviara a hacer con un forjador demonio por lo que aprendí a transmitir mi poder a ella sin que esta se viera afectado. La daga se prendió en fuego y yo sonreí cuando Yylfordt retrocedió para evitar ser golpeado por ella. Su sonrisa se borró por un momento pero luego volvió a su rostro.
—Había olvidado esa pequeña arma tuya —comentó al esquivarme.
—Creo que estas menospreciando mis habilidades.
—Puede ser, pero no hay nada que disfrute más que verte tratando de ganar, eres condenadamente ardiente y no solo por tu habilidad —Otra vez aquella maldita mirada lasciva, mi ira volvió a dispararse, el maldito me veía como si yo fuera alguien que pronto lo complacería—. Disfrutaré mucho de tenerte y amaré ver como tu pareja se lastima así mismo para tratar de evitarlo…
—Ni en tus malditos y asquerosos sueños
Me lancé contra él, pero él desvió el ataque golpeándome en la boca del estómago y dejándome en el proceso sin aire y unos metros más lejos, me incorporé como pude. Él quiso volver a golpearme pero yo me deslicé por abajo tomándolo desprevenido y hundí la daga con fuerza en una de sus piernas. Él soltó un alarido y sangre negra empezó a manchar su ropa. Retiré la daga y me alejé lo suficientemente rápido para evitar en golpe que me iba a dar.
—Maldita
—Hablas mucho, haces poco
Esta vez pude ver que había logrado molestar, para mi sorpresa se movió tan rápido que no lo pude evitar hasta que me lanzó contra el suelo, se colocó sobre mí. Su peso era imposible de mover y me tenía presa contra él, su rostro parecía haberse deformado por la ira, tomó mi rostro y me golpeó varias veces la cabeza contra el suelo.
—Eres. Una. Niña. Muy. Mala —por cada palabra un golpe, mi vista por un momento se desenfocó y pude sentir sangre correr en la parte posterior de mi cabeza.
Se detuvo y acercó su rostro al mío, su sonrisa lasciva volvió y deslizó su lengua por mi mejilla produciéndome demasiado asco. Un gruñido hizo que ambos desviáramos la mirada. Maldición. Renji había despertado y luchaba contra los grilletes tratando de liberarse para llegar a nosotros, parecía no importarle lo mucho que se lastimaba.
—Oh, pero si el bello durmiente despertó. —Soltó un poco su agarre para ver a Renji en forma burlona—. Qué bueno que lo hiciste, Rojo. Así puedes ver lo que le voy a hacer a tu preciosa pare…
—Ni mierda, maldito. —bufé y aprovechando ese breve momento, pateé justo la herida que le había provocado con mi daga al mismo tiempo que golpeé mi frente con la suya aturdiéndome un poco pero logrando sorprenderlo, solté mis manos de su agarré poniéndome de pie rápidamente—. Olvidaste que yo soy una condenada guerrero demonio, tú no debes bajar la guardia conmigo, a menos que quieras quedarte sin bolas
—Maldita —Él se puso de pie molestó, mis golpes no le habían hecho daño pero si lo había sorprendió lo suficiente para librarme. Podía ver como sus ojos rojos se encendían aún más por la ira.
—Renji, deja de lastimarte, estoy bien —dije en dirección a mi pareja sin aun verlo, podía sentir como él aun luchaba por liberarse.
—Esta es la Tatsuki que yo conozco —dijo el demonio pasándose la lengua por sus labios.
—Y que te falta por conocer
Me lancé contra él haciéndole ver que lo iba a atacar de frente, él esquivó el ataque y me lanzó un golpe, me eché para atrás dejando que casi me rosara el rostro y sin que él lo viera venir, giré el sentido de mi torso y lo ataque por el otro lado, enterrando mi daga justo en su cuello. Él cayó por la sorpresa del golpe, con aun mi daga aun enterrada en él, intentó retirarla pero no podía ni respirar, sangre negra salía de su boca y espasmo empezaron a invadir su cuerpo.
—Como dije, me menospreciaste. Una muy mala elección Yylfordt, debiste disfrutar un poco más de tu libertad y no venir directamente a mí ni mucho menos meterte con mi pareja —susurré muy cerca de su rostro, sus ojos me observaban en una mueca de horror.
Sin contemplación enterré aún más la daga quitándole la vida, este soltó un último gemido antes de desvanecerse en la oscuridad volviendo a ser lo que éramos antes de nacer, polvo.
El sonido de cadenas me hizo volver mi atención a Renji, él había vuelto a caer al piso, sus muñecas completamente abiertas por la fuerza que ejerció al intentar liberarse, me acerqué con rapidez, y esta vez intenté romper las cadenas con la espada, finalmente funcionó y lo liberé, lo único que no pude sacarle fueron las bandas de platas en sus muñecas y tobillos, no podía usar la espada porque lo podía lastimar aún más. Tenía que llevarlo pronto con un elf que eran experto en estas cosas, pero debía ser rápido porque estaba desangrándose y no podría curarse ni cambiar a lobo si no era completamente libre de la plata.
Él se apoyó en mí mientras salíamos de la condenada cabaña, y por poco fuimos a parar al suelo cuando llegamos afuera sino fuera porque a pesar de estar débil Renji aún tenía fuerza. Una sensación sacudió mi cuerpo, algo había cambiado, algo estaba pasando en la dimensión de los demonios. Mucho antes de ser capaz de entender lo que ocurría, Tsukishima apareció frente a mí por las sombras de la noche.
—Mierda —soltó Tsukishima ayudándome con el peso de Renji que estaba casi al borde de la inconciencia por la pérdida de sangre, había gastado sus últimas energías al salir y al sostenerme.
—¿Qué…—intenté decir pero él no me permitió seguir con mi pregunta.
—Primero, llevémoslo a un lugar seguro
—Los elf —dije con rapidez.
Tsukishima hizo una mueca pero asintió, él no tenía muy buena relación con ellos pero era la única manera que se me ocurría para liberar a Renji de la plata sin lastimarlo más de lo que estaba.
—Espero que Yoruichi siga sin guardarme rencor
—Dúdalo —susurré con sarcasmo, ambos nos sumergimos en la sombras con Renji.
Llegar a la dimensión Elf no era tan fácil sin ser llevado por ellos, y tener acceso era lo más difícil, automáticamente eras arrojado con violencia a un sitio determinado de su dimensión donde estabas en confinamiento hasta que ellos evaluaban si debías vivir o morir. Algo drástico pero era su manera de protegerse y era eficiente.
—Estamos en guerra, demonios. ¿Qué razón hay para no matarlos ahora? —preguntó un elf armado cuando Tsukishima y yo nos pusimos de pie, y estábamos ayudando a Renji a hacer lo mismo.
—Él… —dije con rapidez indicando a Renji—. Necesitamos su ayuda, se está desangrando y no puedo liberarlo de estos grilletes de plata. Es aliado de la reina
—¿Cómo podemos estar seguros de lo que dices? —preguntó el otro.
—Su nombre es Renji, es el tercer al mando de la manada Oeste
—No le hagan daño
Una voz elegante y femenina hizo que todos viéramos a el lugar donde venía, como si de una cortina de agua se tratará, una mujer hermosa cruzó a el lugar donde nos tenían aislado, los dos soldados Elf se postraron con rapidez en el suelo y supe de quien se trataba.
—Mi reina —saludaron solemnemente los dos soldados.
—Cuanto tiempo, Yoruichi —comentó Tsukishima, aun resistiendo el peso de Renji.
—Demasiado, no espere verte en mis tierras —Los ojos dorados de la reina no dejaban de observarlo, ellos hacia unos años habían tenido una extraña relación que aun con el tiempo yo seguía sin entender.
—Necesitamos ayuda, él…—interrumpí preocupada por Renji, estaba cada vez más pálido, la reina me interrumpió antes de seguir con mis palabras.
—Es tu pareja por lo que veo, que interesante, un lobo con un demonio, definitivamente esta nueva generación en la manada del oeste está rompiendo tabúes…—comentó sonriendo, se acercó a Reji y deslizó sus manos por cada abrazadera de plata, pronto se desintegraron como si se trata de arena llevada por el viento—. Listo, puedes llevarlo a descansar— añadió, yo me acerqué ayudándolo con su peso pero antes de que diéramos un paso para volver, Yoruichi volvió a hablar viendo a Tsukishima— Tú en cambio, debes permanecer, necesito hablar contigo.
—Ve a Karakura, pueden necesitarlos
Antes de poder decir algo fui arrojada lejos de la dimensión y caí en un bosque que no reconocí, me abracé a Renji. Maldición, odiaba cuando era tratada de esta manera. Me incorporé con él y volví a internarme en la sombras esta vez con intenciones de llegar a Karakura. Aparecí justo en la habitación que me daban cuando permanecía en Las Noches y dejé caer a Renji en el lugar, necesitaba respuestas.
—Espera…—Su mano me detuvo, aún estaba pálido pero sus heridas por lo menos ya no sangraban. Debía cambiar para recuperarse completamente.
—¿Que sucede?
—Gracias por lo que hiciste, —Eso me sorprendió, era mi pareja, era obvio que iba a ayudarlo—, pero no quiero que seas tan impulsiva por mi culpa, no vuelvas a exponerte de esa manera —Lo vi molesta por aquello.
—Puedo defenderme sola, Renji
—Lo sé, pero sigues siendo mi pareja, como tú sentiste ira cuando me lastimaron, yo también la sentí cuando lo vi hacerlo. Solo…—pareció dudar por lo que iba a decir, pero finalmente lo hizo—… trata de permanecer cerca de mí, no vuelvas a irte por favor —entonces en ese momento entendí el porqué de todas estas palabras.
—No voy a dejarte si eso es lo que temes. Necesito ir por más información. Si Tsukishima está aquí y volvieron abrir la brecha, estamos en un peligro inminente —comenté, para mi sorpresa él se incorporó.
—Voy contigo
—Eres demasiado necio, debes cambiar y descansar… —pero pude ver en los ojos de Renji que no iba a obedecer, suspiré, no iba a convencerlo.
Ambos salimos al pasillo, me sorprendí por el silencio en ese lugar, y no pude evitar sentirme en peligro, pude notar como Renji también lo sentía. Nos deslizamos lo más silencioso posible hasta las escaleras, al empezar a descender ambos escuchamos gruñidos, cosas golpear y vimos como un jaguar destrozó la puerta de servicio y se estrelló contra la pared del callejón.
Un lynx salió por la puerta, se acercó y olió al jaguar, parecía comprobar que estuviera muerto, al alzar la mirada, se encontró con la mía. Reconocí esos ojos azules gélidos, él era Yukio, el hermano de Riruka. No hizo ningún gesto por nuestra presencia, simplemente volvió a entrar.
—Nunca había visto uno de cerca —dijo sorprendido Renji, yo sonreí.
—Bienvenido a Las Noches
Ambos terminamos de descender, todo era un caos de destrozos pero parecía que habían suprimido a los jaguares, distinguí a Muramasa entre los que estaban en ese lugar. Me acerqué a él con intenciones de hablar pero alguien me ganó de antemano, una mujer captó su atención desde el piso donde estaba la oficina de Grimmjow. Era pelirroja, pude percibir que era humana que tenía una esencia realmente era pura, debía ser un imán para los demonios rebelde que buscaban pervertir ese tipo de almas.
—¿Estas bien? ¿Y Ulquiorra? —Me sorprendió la ligereza con la que hablaba con Muramasa y que se refería al príncipe por su nombre, pero lo entendí en cuanto vi aquella marca en su cuello.
Curioso, la pareja de Ulquiorra, era una humana. Eso si debía ser fin de mundo.
—Orihime — La voz de Renji me sorprendió al igual que a la pelirroja, giró a verlo, sonriéndole cuando lo reconoció.
—¿Renji? ¡Qué bueno ver que estas bien! — se acercó a nosotros y lo abrazó con emoción.
—¡Renji! —Una segunda voz femenina llamó mi atención.
Una mujer de cabellos negros venía bajando las escaleras que llevaban a la oficina, al verlo prácticamente se lanzó sobre él, había tanta familiaridad y pude notar la emoción en Renji de verla, que aquello me hizo sentir tanta ira que no pude evitar que mi piel se calentara un poco. Enarqué una ceja en dirección a Renji, que parecía concentrado en corresponder el abrazo de la loba.
—Rukia, no esperaba verte aquí. ¿Cómo estás? ¿Cómo está el —La mujer lo cortó antes de que terminara, pero no hubo necesidad de hacerlo.
Al tenerla tan cerca pude descubrir dos cosas, la primera, ella ya estaba enlazada con alguien, llevaba una marca. Lo segundo, esa mujer estaba en estado, podía sentir la pequeña esencia de un alma con ella. Eso hizo que me ira se calmara, lo admitía, siempre había sido celosa y no me gustaba compartir, aun así no se aplacó por completo, podía notar que en Renji esa mujer provocaba muchas emociones, y eso no me gustaba nada.
—Estoy bien, Ichigo me envió aquí, fuimos atacado y creyó que lo mejor es que estuviera en un lugar seguro— Así que ella era la pareja del alfa del Este, por su tono supe que ella no estaba de acuerdo con lo que su pareja pensaba—. ¿Cómo está el Oeste? ¿Vienes de ahí?
—Realmente no —Rukia alzó una ceja y Renji solo alborotó su cabello, no me gustaba nada la confianza con la que la trataba, me hacía hervir la sangre—.Esa es una larga historia…
—Para otro momento. —Lo interrumpí con sequedad rompiendo la burbuja de aquellos dos, le dirigí una mirada molesta a Renji antes de volver la atención al vampiro que me observaba divertido—. Muramasa, las dimensiones están abiertas y Tsu…
—Tsukishima pasó por aquí, Aizen escapó y logró romper el confinamiento del Dangai —informó, Renji y Rukia se acercaron para escucharlo mejor, Orihime se mantenía a una distancia pero prestaba atención a sus palabras, podía sentir su miedo—. Los guerreros demonios lograron acabar con la mayoría de sus hombres, pero él escapó.
—Él solo ya es un peligro —dije pero antes que alguien más añadiera algo, un hombre salió de entre las sombras.
Alto de porte arrogante y mirada letal, destilaba una esencia vieja y el olor característico de nosotros los demonios. En una fracción de segundo tomó a Orihme y volvió a sumergirse en las sombras sin que nos diera tiempo de reacción, yo intenté ir detrás de él internándome en las sombras pero fui arrojada de regreso. Maldito Aizen y sus poderes.
—Ese era Aizen —dije incorporándome con la ayuda de Renji, todos parecían aun en shock hasta que dije esas palabras, el caos reinó.
—Maldición, Ulquiorra me va a matar —Muramasa desapareció antes de que yo estuviera de pie.
—Ahora si va arder el infierno en Karakura —comenté, fije mi atención en Rukia—, será mejor que no te alejes de nosotros, tu podrías ser la próxima a la que ataquen. Llevas al hijo de uno de los alfas más poderoso de la región, no me extrañaría que vengan por ti.
¡Gracias por leer!
