CAP 51:
Una de las rutinas más arraigadas en el ser humano, es la de ir al baño al levantarse y cumplir con un ritual de inicio de día, que, si bien es diferente para cada uno, pocas variaciones se llevan a cabo en él.
Esa rutina que tenemos todos, es incluso necesaria. Empezar el día haciendo algo que ya sabemos hacer sin siquiera pensar, siempre en el mismo y sitio y con las mismas técnicas y cuyos resultados conocemos y dominamos; anima al cuerpo a deshacerse de los últimos rastros de sueño para empezar un nuevo día que sí puede traer situaciones "no conocidas".
Esa sutil y bendita rutina, llena de tanta repetitividad y sin cambios, es normalmente desapercibida para las personas hasta que sucede algo.
Una variación.
Encuentran algo que no solía estar.
La mayoría de las personas recuerdan el día que encontraron su primera cana. Y seis de cada diez personas la encuentran en un día normal… esos días que suelen ser igual a los anteriores y quizá igual a los que vendrán… en medio de la inspección matutina frente al espejo.
En un pelo castaño como el de Hermione, siempre hay por ahí algún que otro cabello más claro… que solo le falta un poco más para ser llamado "cana".
Pero esa... ESA que Hermione sostenía frente al espejo con dos dedos en pinza, como si de un insecto se tratara… alejándola del resto, separándola de los demás cabellos como si creyera que ESE PELO sufría una especie de "enfermedad contagiosa" que había que aislar del resto de cabellos sanos… ese pelo… ESE… era indefectible, indiscutible e irrefutablemente una cana.
Hermione Granger encontró aquella hebra plateada y rebelde, en medio de su ya indomable laberinto de cabellos castaños, erigiéndose como una estatua orgullosa en un jardín de flores comunes: más rígida que las demás, más rizada que todas y lo peor de las canas… lo que las hace ser despreciables… más visible que ninguna.
El impulso de arrancarla, lo tenemos todas y lo resisten pocas. (SI…en femenino! porque los hombres suelen pasar). Hermione no lo resistió.
Con ese pelo en la mano, grueso y tortuoso, Hermione sintió algo parecido al orgullo… contrario al sentimiento de envejecimiento que podría causar en la cercanía de los treinta… a los 23 años Hermione, con su primera cana en la mano pensó el universal: ¿Ya?, tan pronto? Y dedicó un buen momento a buscar más… y encontró un par adicional.
Aun no había escrito un libro, ni plantado un árbol al cual ver crecer, ni tenía algún premio por un logro científico… esas eran las cosas que Hermione soñaba hacer viéndose a sí misma con canas en el cabello.
Ni siquiera había terminado el colegio. Tampoco tenía hijos, ni se iba a casar, ni estaba comprometida y tampoco pretendía estarlo en el futuro inmediato ni lejano… es decir, tampoco no había hecho las cosas que otras chicas soñaban haber hecho cuando tuvieran canas en su cabello.
No obstante pensó en algunas de las cosas que SÍ había pasado. Y no podía más que sentirse orgullosa. Orgullosa por seguir de pie y llena de entereza a pesar de todo. Algo que no muchas personas podrían presumir de haber logrado.
Se tranquilizó. Aquel cabello que había perdido su melanina, no significaba que fuera a despertarse al día siguiente llena de arrugas y pecas y manchas.
Observó durante un buen rato la imagen que le devolvía el espejo.
Terminó por concluir que definitivamente de Hogwarts había que salir a los 17 ó 18 años.
El aspecto del uniforme de Hogwarts en ella, era un tanto chocante. Los zapatos Mary Jane ya no eran adecuados a su estatura; su corbata a medio anudar en colores rojo y oro, que antes hacía pareja perfecta con su rostro ovalado de adolescente, ahora chocaba contra sus ángulos mandibulares definidos y su mirada profunda. La falda de tablones que tan elegante queda en el enclenque cuerpo de una niña, tendía a levantarse por algunas partes sobre sus ahora redondeadas caderas y, definitivamente, no encuadraban adecuadamente el par de largas piernas torneadas que tenía.
Mientras desayunaba en el Gran Comedor, hizo un muy agradable descubrimiento.
Al dirigir una mirada lo suficientemente furibunda a Lavender y Parvatti podía evitar que se le acercaran. Sonrió satisfecha de sí misma cuando se vio rodeada de estudiantes de primero. Al menos así, oía conversaciones infantiles provenientes de infantes.
Se dispuso a iniciar el pesado día que tenía por delante: Estudios Muggles-giratiempos-Encantamientos, luego Herbología, Almuerzo y entonces teoría y prácticas de Defensa Contra Las Artes Oscuras- giratiempos – teoría y prácticas de Pociones.
Aun le quedaba hablar con Snape. Agradecerle por el juicio y por sus cartas y la poción para el insomnio.
No sabía cómo iba a abordar el tema. Tampoco creía que el profesor de pociones se lo fuera a dejar fácil. Ni siquiera tras la guerra aceptó palabras de agradecimiento ni asistió a las innumerables ceremonias de héroes organizadas por el Ministerio. Recordó que ella misma quiso acercársele y decirle cuánto admiraba y agradecía su labor durante todos esos años, pero que luego de ver cómo despachó a Harry perdió el coraje… por muy Gryffindor que fuera.
Pero esta vez… por lo menos lo intentaría.
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En la hora del almuerzo, Hermione estaba sentada al inicio de la mesa de su casa, en el que pensaba convertir su "puesto fijo"… rodeada de inofensivos estudiantes de primer año, cuando Neville Longbottom se acercó a ella.
- Hermione, que bueno que has vuelto!, no sabes lo que te he extrañado… sobre todo en pociones… estoy perdido sin ti a mi lado!
Hermione sonrió. Neville era un buen chico. Un poco torpe… sí… pero bueno y transparente. Sus palabras amistosas realmente podías tomarlas de un modo literal.
- Hola Neville, yo también estoy contenta de estar aquí – dijo casualmente sin expresar el enorme alivio que para ella era volver a Hogwarts – aunque estoy segura que puedes ir a todas tus clases, incluyendo pociones – lo miró con los ojos entornados – y hacer las cosas solo. Deberías relajarte más… quizá así te saldrían mejor las cosas
- Quién puede relajarse con un murciélago en clase esperando un mínimo error para saltar a morderte la yugular? – dijo Neville
Hermione notó la vehemencia con que habló Neville. Levantó la vista y vio al profesor de pociones sentado en la mesa principal. Estaba al lado del profesor Binns y de Trelawney, que mantenían una conversación como si Snape no estuviera en medio de ambos.
"Puede haber algo más aburrido que eso?" – pensó, permitiéndose sentir un poco de pena por él… aunque tampoco creía que Snape tuviera mucho interés en unirse a una conversación donde participara la "Adivina" de Hogwarts. Su vista fija en su plato y en su comida eran prueba de ello.
Hermione recordó las cartas que recibió de él y pensó que, sin duda, Snape podría entablar una buena conversación con cualquiera, que era capaz de tener palabras amables para otras personas… pero con tal cortejo a su lado: un fantasma parlanchín obsesionado con las guerras de duendes... y Trelawney…
Ni el jovial Albus Dumbledore podría mejorar el panorama.
- Sabes Neville… no creo que sea tan malo – dijo Hermione distraída.
- Es porque no estuviste aquí la semana pasada. Créeme Hermione… Snape está hecho un auténtico ogro.
- Neville… tú créeme a mí… me hubiera encantado poder estar aquí la semana pasada – dijo desviando su mirada del chico y volviendo a ver a la mesa principal. Esta vez encontró los ojos del profesor de pociones justo sobre ella.
Le miraba fijamente, con interrogación, con duda. El cansancio visible en sus ojeras.
- Luce cansado – dijo Hermione sin dejar de mirarle
- Pues le haría un favor a todo Hogwarts si bebiera un Filtro de Paz.
- Neville – le reprendió Hermione, ahora mirándole con ojos entrecerrados – no deberías hablar sin saber – en un tono más áspero de lo que había planeado.
- Ser víctima de su mal humor me da derecho a hablar así Hermione. Desde primer año, no ha dejado de ir tras mí en clase. En ese entonces no lo veía más que como un trago malo en clases… pero ahora, lo que hace significa que no podré dedicarme luego a lo que quiero porque no conseguiré un Aceptable en Pociones.
- Si te ha perseguido desde primer año, quizá sea porque le dabas motivos – replicó un poco irritada.
- Claro que le di un motivo… ser de Gryffindor! Igual que tú, Harry y Ron… siempre ha ido tras nosotros.
- Y ya ves cómo terminó la guerra… Snape siempre estuvo de nuestro lado y velando por todos, mientras nosotros solo nos ocupábamos de sospechar de él.
- No teníamos manera de saberlo – dijo Neville defendiéndose
- Sí – respiró hondo – no lo sabíamos. Pero eso no borra el que actuáramos mal hacia un profesor. Llamándole murciélago, solo logras parecerte a… - Hermione se detuvo. No quería compararle con Ron. No después de lo que había hecho. – solo logras parecerte a los chicos cuando aún estaban aquí. Si Snape es de ese modo… tendrá su razón! – dijo Hermione tratando de dar por finalizado el juicio que Neville estaba montando contra Snape.
- No sé por qué te empeñas en defenderle… y no le estoy insultando como hacía Ron – Hermione cerró los ojos lenta y fuertemente al oír su nombre – solo estoy exponiendo lo obvio…. Que el único motivo que tiene para ensañarse conmigo es bajar puntos a Gryffindor y que Slytherin esté más cerca de Ganar la Copa de las Casas.
Hermione creyó que estaba alucinando.
"La Copa de las Casas? Es eso en lo único que puede pensar?, Es que no ve sus constantes errores en clase? Incluso tras haber pasado una guerra y matar a Naguini, Neville sigue dando tal valor a esas nimiedades?... ES QUE SOLO TIENE SERRÍN EN LA CABEZA?" – pensó Hermione ya bastante molesta con la conversación.
- De verdad no crees cometer errores en clase Neville? – no podía ser tan cínico de negar eso.
- Hermione, practico todos los días en el club de pociones. Intento hacer las pociones ahí, ANTES de que las veamos en clase… me estoy esforzando al máximo… y aun así… me saca del salón incluso antes de empezar a hacer cualquier cosa, bajo cualquier excusa!
- Neville – dijo Hermione en tono bajo y amenazante, haciendo una pausa mientras se sujetaba el puente nasal con dos dedos, ya bastante exasperada. No podía permitir esos comentarios absurdos de Neville, que estaba emitiendo juicios a cada segundo – hemos comprobado que ser descuidados puede causar accidentes graves – dejó en el aire aquello, refiriéndose a su accidente en el club de pociones donde casi perdió un dedo.
Neville lo captó. Se sentía culpable por lo que sucedió a todos, en especial a Hermione. Pero la tendencia humana es a la autoprotección…
- Eso es un golpe bajo Hermione… sabes que no fue mi intención causarte daño ni a ti ni a todos los demás que acabaron en la enfermería.
- Sabes lo que creo Neville – le miró a los ojos con determinación y rabia transferida –que las intenciones son la excusa de moda en el mundo mágico… y que se hacen a un lado las consecuencias de las acciones, solo por decir "No era mi intención" –dijo soltando todo el aire que tenía en los pulmones - A la mierda con las intenciones!... estoy harta de las buenas intenciones de los demás…Solo acaban por joderle la vida a otros!
- Hermione – dijo Neville herido y en tono un poco suplicante – No pretendía…
- NEVILLE NO! – gritó Hermione – no quiero escuchar ni un solo "No pretendía"… o "Nunca imaginé" – dijo pensando en que esas serían justamente las palabras que utilizarían Ron o Ginny – porque sabes qué?... no cambia nada, no borra nada y no arregla nada!... y si Snape… adelantándose a los hechos… evita accidentes y consecuencias… entonces soy y seré su admiradora! – y agregó – gane quien gane la maldita mierda de Copa de las Casas!
- Pero te estás escuchando? – dijo Neville anonadado por oír a Hermione diciendo esas palabras – prefieres que siga beneficiando a Slytherin?
- Si la precaución de Snape es la causa de que gane Slytherin… me verás montada en esta mesa – dijo dando un golpe seco sobre la madera – aplaudiendo a las serpientes cuando ganen!
Aquel golpe llamó la atención de varios estudiantes en la mesa, que voltearon a ver qué sucedía. Neville tenía los ojos abiertos de par en par. No podía entender cómo Hermione… la eterna defensora, leona orgullosa de Gryffindor decía tales cosas
– Y no te parece injusto eso? – dijo Neville, sin terminar de dar crédito a lo que oía.
Hermione pensó unos segundos
- Injusto? – dijo mientras pensó un poco al respecto – yo ya no sé lo que es la justicia Neville.
Dicho eso, se levantó de su silla, dejando a un Neville Longbottom más confundido aun.
