Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.

DETRÁS DEL OBJETIVO

CAPITULO 50

Sentada en su asiento del avión que la devolvía a Nueva York, no lograba alejar la mirada del hermoso anillo que Edward le había entregado.

Había sido el anillo que su padre le había entregado a su madre, y que Esme le había dado años atrás para que se lo entregara a la mujer con la que quisiera compartir su vida.

En algún momento él había pensado que Maggie sería la receptora, pero no lo había sido, así que Edward conservaba ese anillo desde años atrás.

Se trataba de una pieza exquisita, aunque no especialmente ostentosa. Una fina banda de oro blanco, coronada por un delicado diamante.

Evidentemente no era el tipo de anillo millonario que Edward se podía permitir en ese momento de su vida, pero el hecho de que ambos prefiriesen aquel sencillo anillo, con todo su valor sentimental, en lugar de uno de millones de dólares, hablaba de la profundidad y honestidad de sus sentimientos.

La proposición de Edward la había tomado por sorpresa, pero de sus labios trémulos solo había podido salir un tímido y emocionado "Sí".

Después de eso habían vuelto a hacer el amor sobre la arena, junto a la hoguera, antes de volver a la casa de Edward, la que pronto se convertiría en su propia casa.

Cuando entró a su departamento esa noche, se recostó en la puerta de entrada y observó todo con una mirada diferente.

Ese fin de semana, su traslado a Los Angeles se había vuelto más real e inminente.

Había firmado el contrato de alquiler del que sería su estudio de fotografía y se había prometido al hombre con el que quería compartir el resto de su vida.

Edward quería que la boda fuese tan pronto como pudieran organizarla, y Bella continuaba demasiado aturdida como para decidir qué tipo de boda deseaba.

Después de una ducha rápida, se sentó frente al ordenador para intentar confeccionar una lista de todo lo que debería resolver antes de su traslado.

Entre sus tareas pendientes estaba la de hablar con sus padres para contarles la noticia de su compromiso.

Llamó a Renée para decirle que pasaría a verles al día siguiente, pero los Swan estaban en Los Hamptons y no volverían hasta el siguiente fin de semana.

Los primeros días se sumergió en el trabajo, organizando también los cambios de locación para los trabajos que tenía agendados para más allá de un par de meses.

Al fin a mitad de semana se pudo relajar. Cuando esa tarde salió del estudio para volver a casa, pasó por la tienda de revistas para comprar el último número de Vogue.

Como solía sucederle, ya en la tienda decidió llevar también la National Geographic, ya que contenía un artículo sobre la última entrega de los Pulitzer, que le interesaba leer.

Dando un vistazo al mostrador con los distintos ejemplares, se estremeció al encontrar una portada con una de las fotos de Edward y ella en la alfombra roja de los Gotham Awards.

Una foto más pequeña, la mostraba a ella en la Terminal del aeropuerto de Los Angeles, con un zoom sobre el anillo que llevaba en su mano.

¿COMPROMETIDOS? Rezaba el titular de People esa semana.

Cuando Bella levantó la vista, el dueño de la tienda la observaba con atención, haciéndole ver que la había reconocido.

Una vez más, sus padres conocerían sus decisiones, por un artículo de revista, y eso no la hacía especialmente feliz.

Completamente ruborizada pagó sus compras y salió de la tienda con rapidez escondiéndose tras sus gafas oscuras.

Con decisión y sin dar tiempo a que flaqueara su resolución, nada más llegar a su departamento llamó a su madre, para decirle que al día siguiente se reuniría con ellos en Los Hamptons.

Cuatro días en la casa familiar con sus padres, tendrían que alcanzar para limar las asperezas que últimamente reinaban en su relación con su padre.

Renée estaba en el salón de la casa hojeando una revista de decoración, mientras intentaba elegir colores de un muestrario de telas que tenía junto a ella en el sofá. Charlie, sentado en la butaca frente a ella, leía el periódico y respondía sin prestar mucha atención a las preguntas de su mujer sobre los colores que preferiría en esa estancia.

—Hola —saludó desde la entrada dejando su pequeña maleta en el suelo.

—Bella, cielo —le saludó su madre nada más verla —Qué bueno que hayas llegado —dijo levantándose de su asiento y acercándose a ella para abrazarla. —Ven. Alice dijo que me ayudaría a elegir los colores para redecorar el salón pero a último momento decidieron quedarse en la ciudad. Ayúdame tú —ordenó tirando de su mano para acercarla al sofá.

—Buenas tardes, papá —saludó inclinándose junto a él para besar su mejilla

—Hola, hija. ¿Qué tal el viaje?

—Bien, no he encontrado mucho tráfico. —explicó sentándose en el sofá junto a su madre.

—En estas fechas y a mitad de semana, no es extraño.

Estuvo la siguiente hora debatiendo con su madre si sería mejor el borgoña o el añil para redecorar el salón, sin lograr llegar a un acuerdo.

Finalmente Renée aceptó esperar la opinión experta del decorador de interiores con el que siempre habían trabajado.

—Y bien ¿qué tal te fue por Los Angeles? ¿Viste a los padres de Edward? —indagó su madre interesada.

—Sí, comimos con ellos el viernes.

—Su madre es encantadora.

—Sí, lo es. Carlisle también lo es. Y es guapísimo —agregó risueña

—No me extraña viendo a su hijo. Supongo que lo heredaría de él.

—Sí. Edward es una perfecta mezcla entre ambos. —inspiró profundamente antes de continuar —Hay algo que tengo que contarles sobre Edward y yo —explicó ruborizándose.

Su padre bajó el periódico que le cubría la cara, para mirarla con atención, haciéndola sonrojarse aún más.

—¿Sucedió algo malo, cariño? —preguntó su madre con interés

—No, no, en absoluto.

—¿Sigues con la idea de trasladarte a Los Angeles? —indagó su padre con seriedad

—Sí. Edward ha conseguido un edificio donde podré montar mi estudio, y ya he firmado el contrato de alquiler.

—¿Estás segura de esta decisión?

—Sí. —aseguró hundiendo la mirada en su regazo

Su padre no dijo nada más. Levantó el periódico y continuó con su lectura.

—¿No tienes nada que decir?

Charlie cerró el periódico y lo dejó a un lado.

—Siempre has sido una chica inteligente y supongo que has analizado los pros y contras de tu decisión. Si tú estás segura de que es la mejor opción, yo no seré quien te diga que no lo hagas.

La respuesta de su padre la sorprendió.

—¿De verdad eso es lo que piensas?

—Siempre has tomado tus propias decisiones, Bella. Y debo reconocer que, salvo los incidentes de los últimos tiempos, los que preferiría olvidar, desde luego, lo has hecho bastante bien y has tenido bastante más éxito del que yo hubiera imaginado. Yo no estoy tan seguro de que sea la opción más inteligente dejar Nueva York, pero si tú crees que no afectará tu trabajo, entonces supongo que sabes de lo que hablas.

Bella miró sorprendida de Charlie a Renée buscando una explicación para el cambio que había experimentado su padre, pero no la encontró, así que simplemente la aceptó.

—Bueno, me alegra que pienses así.

—¿Estás segura de ese chico, Bella?

—¿Segura?

—Sí, segura de que sus sentimientos son serios y sus planes honestos.

—Sí, lo estoy.

—¿Realmente? ¿O sólo lo ves a través de tu opinión de enamorada?

—Realmente lo creo.

—Bien. Mejor así.

—De hecho… —agregó con timidez obligando a sus padres a observarla con atención —Edward me ha pedido matrimonio —soltó de una vez esperando ver sus reacciones

—¿Lo ha hecho? —exclamó Renée con entusiasmo antes de lanzar sus manos sobre las de su hija que descansaban en su regazo —¡Oh, por Dios, Bella! ¡Es bellísimo! —agregó la mujer mirando extasiada el anillo de compromiso —Es tan delicado…

—Sí, lo es —reconoció sintiéndose a rebosar de orgullo —Es el anillo que Carlisle le entregó a Esme cuando se casaron.

—Oh, es precioso, Bella. Mira, Charlie —dijo Renée estirando la mano de su hija hacia su marido —¿No es maravilloso?

—Sí, lo es —aceptó el hombre con seriedad —Entiendo que eso significa que le has dicho que sí.

—Lo he hecho

—Pues te felicito, cariño —dijo dedicándole una sonrisa que le calentó el alma.

—¿Estás de acuerdo con esto?

—No creo que necesites mi acuerdo, pero sí, lo estoy. Eso me demuestra que vuestra relación va en serio, y que ese chico te toma en serio y te respeta. Es todo lo que deseo para ti, Bella. Un hombre que te quiera y te respete.

—Oh, gracias, papá —dijo levantándose de su asiento para abrazar a su padre —No sabes lo importante que es esto para mí.

—Desde luego espero que venga a pedirme tu mano —replicó con seriedad

—No esperas eso.

—Claro que lo espero. Y más vale que lo haga —agregó amenazante haciéndola sonreír.

Esa noche, cuando Edward la llamó, le contó toda la charla con su padre sintiéndose dichosa.

Edward, sin dudarlo un instante, le dijo que estaría allí el fin de semana.

Por esa razón, el sábado a la mañana, Bella le esperaba en Los Hamptons, mirando ansiosa la entrada de la casa.

Cuando el coche de Edward aparcó frente a la casa, Bella corrió hacia él.

—Hola —saludó cuando saltó a sus brazos

—Hola, nena —sonrió seductor estrechándola contra su cuerpo —Sí que me echabas de menos…

—Sí, y estaba ansiosa por verte.

—Y ansiosa por verme enfrentarme a tu padre.

—Estoy segura de que esta vez no correrá sangre.

—Bueno, mejor así —sonrió mientras recogía su petate y su mochila del asiento trasero del coche.

Bella instaló a Edward en su habitación antes de llevarlo al salón donde se reunieron con sus padres.

—Buenos días —saludó él con cierto reparo

—Buenos días, Edward —dijo Renée acercándose a él para abrazarle cariñosa —¿Has llegado bien?

—Sí, gracias.

—Ven, pasa, siéntate. ¿Cómo están tus padres?

—Oh, bien, muy bien, gracias, .

—Oh, llámame Renée, por favor. Ya somos de la familia.

—Todavía no —acotó Charlie haciendo que Edward le mirara temeroso

—Papá…

—Es la verdad, ¿no, Edward?

—Sí, supongo —musitó nervioso —Sé que está enterado que le he pedido a Bella que sea mi esposa, y ella me ha dicho que sí.

—Algo he oído, sí.

—Me gustaría contar con su aprobación.

—No necesitas su aprobación —le cortó Bella, pero hizo silencio al sentir la mirada que su padre le dirigió

—Yo creo que es noble de su parte que la solicite —le cortó Charlie antes de dirigirse a Edward —No voy a preguntarte cómo piensas mantenerla, porque creo que tanto tú como ella tenéis los medios necesarios para ello.

—Desde luego que sí.

—Pero espero que te asegures de respetarla tal como se merece.

—Desde luego, señor.

—Me gustaría que te asegures de que todas esas cosas que se dice en la prensa sobre ti relacionándote con otras mujeres no sean ciertas.

—No lo son, señor. Y puede estar seguro de que no lo serán.

—Y por último, y esto es más por mi salud mental que por la de Bella, me gustaría que me aseguraras que ya no habrá más portadas de sexo en lugares públicos —agregó finalmente haciendo sonrojar tanto a su hija como a su prometido.

—No lo habrá, señor —musitó Edward avergonzado

—Entonces —dijo Charlie poniéndose en pie y levantándose para estrechar la mano de su futuro yerno —bienvenido a la familia, Edward.

—Gracias, señor.

—Y espero que no tengáis un hijo antes de que pasen nueve meses desde la boda, ya que no quisiera que nadie dijera que mi hija se vio obligada a casarse —sentenció por fin avergonzándolos y divirtiéndoles a la vez.


Gracias por los reviews, alertas, favoritos y por recomendar este fic y gracias por leer.

Como todos saben, ya no queda nada de este fic. Así que se acabaron los adelantos.

En el grupo de Facebook, Las Sex Tensas de Kiki, hay adelantos, imágenes, encuestas, etc, sobre mis historias.

Besitos y a leer!

Recuerdo los días de actualización: LUNES - RANCHO MASEN; MIÉRCOLES - DETRÁS DEL OBJETIVO; VIERNES - PERVERSAMENTE PROHIBIDO