NT: ¡Fin de exámenes! ¡Yujuuu! Como no me gusta faltar a mi palabra, aquí está la actualización de Mugglefied (y la de A Marriage Most Convenient), tal y como avisé en el calendario de actualizaciones de Febrero en mi página de Facebook. Si todavía no me sigues ahí, ¿a qué esperas? Encontrarás fechas de próximas actualizaciones, vídeos promocionales (y con spoilers) de mis historias, recomendaciones de fics que he leído y me han gustado... También puedes ponerte en contacto conmigo y presionarme para que actualice más seguido. No sé, ese tipo de cosas que hacen las lectoras locas. Creo que ya lo he dicho anteriormente, pero podéis encontrarme como "Cristy1994".
Por último, pero no menos importante, un agradecimiento super especial a "lightfeatherxa" por la hermosa portada que ha hecho para esta historia. Os animo a pasaros por su cuenta, tiene fics dramione muy hermosos *-*
Y nada. Os deseo un estupendo inicio de mes :D
Capítulo 52: Escandalosos.
Burke tenía razón, Draco no tardó en empacar las cosas de su apartamento. Todo era más rápido con magia. Se sorprendió al sentir emociones encontradas mientras miraba lo que se llevaba y lo que dejaba atrás. La cama era suya. El sofá, tan lleno de bultos como estaba, se quedaba allí… aunque él ya se había acostumbrado. Los platos venían con el apartamento, pero toda la comida iría derecha al de Hermione. No, en realidad no era el piso de Hermione. Era el lugar de ambos.
En poco tiempo todo estuvo empacado y llevado al apartamento del otro lado del pasillo, aunque la cama fue miniaturizada con un hechizo de contracción. Burke tomó las llaves de Draco y le ofreció un sombrío adiós, pero no pudo resistirse a un último disparo de despedida.
—¿No regresarás a tu mansión después de todo este tiempo?
—Creo que no. Adiós, auror Burke.
Finalmente, Draco pudo tirarse en el sofá del apartamento que compartía con Hermione. Sacó su varita de la manga y convocó una bebida. Hermione se acurrucó junto a él en el sofá.
—¿Cuánto tiempo crees que va a pasar hasta que tu madre se dé cuenta de que no vas a regresar?
—Es difícil de decir. Es bastante buena en ignorar todas esas cosas de las que no quiere saber nada —en algún momento le gustaría volver a por su escoba, sus mejores ropas... algunas de las comodidades de su hogar. Pero no tenía prisa. Volvía a ser libre de hacer lo que quisiera. Y lo que él quería en ese momento era sentarse ahí con Hermione. Al menos por un rato.
Ella le besó la mejilla.
—Podemos comenzar a hacer planes. ¿Has decidido qué hacer con la biblioteca?
—He recuperado mi magia durante toda una hora... planearemos algo pronto. Bueno, ahora tenemos todo el tiempo del mundo —tendrían que encontrar un lugar para vivir. Tendría que decidir qué hacer con la biblioteca. Todas sus túnicas estarían pasadas de moda. Salazar, extrañaba volar. Y había miles de lugares a los que quería llevar a Hermione.
—Skeeter ha perdido su exclusiva. ¿Qué crees que va a hacer? Tenemos que estar preparados.
Se sentaron en silencio por un tiempo. Excepto buscar a otro periodista y hacer que escribiera algo para el periódico de mañana sobre Hermione y el romance con Draco, poco podían hacer más que prepararse. Aunque cualquier pequeña esperanza que pudieran haber tenido de que Skeeter no tomara represalias contra ellos se esfumó cuando se escuchó un ruido en la ventana.
Draco se levantó para abrirla, sin pensar siquiera en el hecho de que ahora podía haber hecho lo mismo con un movimiento rápido de su varita. Una lechuza con garras rosadas entró volando. Dejó caer un sobre en la cabeza de Draco y se fue sin esperar respuesta. El chico hizo una mueca cuando la abrió y leyó el contenido.
—¿Y bien? —dijo Hermione, levantándose para echar un vistazo.
—Es de ella. Es el artículo que dice que no publicará mañana.
No más muggle.
Cuando el mago principal anunció la decisión del consejo, el joven Draco Malfoy tenía lágrimas en los ojos. No solo se le consideraba digno de regresar al mundo mágico como una mejor persona, sino que finalmente era libre de entregar su corazón a la bruja que había llamado su atención.
¿Quién hubiera imaginado que lo que comenzó como una rivalidad en el patio de la escuela algún día se mezclaría con amor y comprensión?
Draco no se molestó en leer el resto. ¿Cuál era el punto? Era un artículo que no decía casi nada malo acerca de Draco o Hermione. Lo que fuera que viniera en su lugar... sería malo. Y sabía quién iba a cargar con la peor parte. Definitivamente no iba a ser él.
Hermione notó la mirada afectada en la cara de Draco.
—Sabíamos que estábamos lidiando con una espada de doble filo. No puede decir nada peor que lo que dijo antes.
Él gruñó.
—Recupero mi magia y la primera vez que alguien te amenaza no puedo hacer nada.
—La chantajeé y la mantuve en un frasco, Draco. Está ansiosa por volver a perseguirme. Lo único que no puedes hacer es ir a su oficina, amenazarla y arriesgarte a que te arresten. No van a ser benévolos contigo otra vez. Probablemente esa sea la razón por la que ha enviado esto hoy en lugar de esperar a que el artículo se publique mañana. Está tratando de provocarte —cogió el pergamino y lo partió por la mitad. No necesitaba leer nada más de lo que decía—. Es posible que no cumpla su parte del trato. Todo lo que podemos hacer ahora es seguir adelante.
A Draco le molestaba sentarse en el sofá y no hacer nada mientras la mujer que amaba estaba siendo amenazada. Pero todo lo que podía hacer era esperar.
Deseó que los Malfoy todavía tuvieran un periodista en el bolsillo -había sido algo simple una vez- pero ahora no tenía esa ayuda. Su apellido ya no tenía el peso que solía tener, y tampoco el bolsillo.
—Vamos a ese London Eye del que me hablaste. Luego podemos ir a cenar.
Hermione se mordió el labio.
—Si la exclusiva de Skeeter se ha arruinado... tal vez deberíamos celebrar tu libertad en el mundo mágico, donde todos puedan vernos. Eso podría quitarle algo de dramatismo a lo que sea que publique mañana. Si estás preparado, claro.
Aquello no era algo que estuviera precisamente en los primeros puestos de la lista de deseos de Draco. Se había dicho de volver al mundo mágico a su propio ritmo. Parecía que iba a ser un poco tarde para eso.
—Tendremos que ir a la tienda de Weasley, pasar un rato en el Caldero Chorreante… ¿Han reabierto la heladería de Fortescue? Gringotts. Tal vez hacerle una visita a Madame Malkins —Draco comenzó a diseñar estrategias donde deberían ser vistos. No es que él quisiera que todos se quedaran mirándolos, pero demonios, haría lo que pudiera.
Poco tiempo después estuvieron vestidos con buena ropa muggle y dirigiéndose al Callejón Diagon. Hermione se sentía un poco extraña embutida en ese vestido amarillo (transfigurado para la ocasión), pero al fin y al cabo la idea era llamar la atención. Los pantalones y la camisa abotonada hicieron que Draco resaltara mucho más que con las túnicas. Ellos no pasarían desapercibidos.
Una vez allí hicieron todo lo posible por ignorar a los transeúntes mientras iban del Caldero Chorreante hasta Sortilegios Weasley. Los dedos de Hermione estaban entrelazados con los de Draco.
George estaba atendiendo en la tienda cuando llegaron, engatusando a los clientes y entreteniéndolos.
—No esperaba veros a vosotros dos aquí hoy.
—Después de todo el revuelo creado por los Espejos mágicos, pensé que hoy sería el día perfecto para mostrarle a Draco la tienda y dejarle ver cómo ha contribuido a revolucionar el mundo mágico.
—Sí, lo siento, he traído conmigo la maldición de los teléfonos móviles para todos vosotros —dijo Draco, sin sonar como disculpa.
George estudió a su amiga por un momento. Era consciente de que ella sabía que un sábado de agosto la tienda iba a estar hasta los topes. Imaginó la situación y asintió antes de soltar una sonrisa y volverse hacia la multitud, que se arremolinaba.
—Señoras y señores, hoy tenemos un regalo para ustedes. Tan brillantes y guapos como yo, no podría haberos traído los Espejos sin su ayuda, bueno, podría haberlo hecho, pero me habría tomado un poco más de tiempo. Así que quiero presentarles a mis compañeros en la creación de dicho producto, la incomparable Hermione Granger y Draco Malfoy.
—Hermione Granger... ¿como la Hermione Granger? —preguntó un chico que no podía tener más de doce años. Él mantenía los ojos muy abiertos, expectante.
—Soy la única Hermione Granger que conozco —respondió Hermione con una media sonrisa.
Se quedaron un rato en la tienda de broma antes de salir y comenzar a caminar por la calle. Tenían pensado varios lugares donde podrían ir. Necesitaban ser "noticia pasada" por la mañana.
Draco apretó los dientes e hizo todo lo posible por ser amable. La peor parte fue que su madre había tenido razón. Tratar de no organizar su propio resurgimiento en el mundo mágico le había dado la oportunidad a alguien más de hacerlo. Esas cosas eran mejor hacerlas uno mismo, aunque nunca lo admitiría en voz alta.
Hermione se despertó con dolor de piernas. El día anterior habían caminado por Londres durante horas. Primero habían ido al Callejón Diagon y luego habían paseado un poco por la Londres muggle; al final también habían ido al London Eye después de todo. Había algunas bolsas de compras en un rincón. Después de un viaje a Gringotts Draco tuvo la posibilidad de ir a buscar un nuevo conjunto de túnicas y detenerse en una tienda para comprar algunas de sus pociones favoritas para el cuidado del cabello.
Aunque ni Draco ni Hermione estaban suscritos al Daily Prophet, el domingo por la mañana apareció una copia en el suelo de su salón. Consideraron no leerlo en el tiempo que dura un respiro, pero era mejor saber contra qué se enfrentaban. La buena noticia (en términos relativos) era que el artículo de Rita no había aparecido en la primera página.
La portada estaba dividida entre un artículo sobre un brote de viruela de dragón que había afectado a la región, un importante accidente en un partido de Quidditch y un artículo que cubría los procedimientos del Ministerio en torno a la audiencia de Draco.
La mala noticia era que encontraron el artículo de Rita en la página tres, junto con otro más. Los titulares eran prometedores.
Rehabilitación versus encarcelamiento, ¿historia de éxito?
Por P. Clearwater
El Ministerio celebró el sábado una sesión especial para evaluar el éxito de un castigo que no se había impuesto en mucho tiempo y cuyo principal objetivo es la rehabilitación del condenado. Algunos estudios ya habían demostrado que el encarcelamiento, en lugar de generar cambios positivos en los sujetos, solo reforzaba los comportamientos y actitudes negativas una vez que las personas eran liberadas.
Debido a circunstancias peculiares, mientras que muchos otros Mortífagos todavía estaban sentados en sus celdas de Azkaban, sin duda alimentando su ira después de la guerra de hace apenas unas pocas décadas, a un joven se le daba la oportunidad de rehabilitarse en lugar de condenarlo a un sombrío confinamiento en una celda.
Es innegable que el joven en cuestión cometió algunos crímenes atroces, aunque también cabe mencionar que aún era menor de edad y actuaba bajo coacción. Además, llegó un momento decisivo en la batalla en el que las cosas pintaban muy mal para quienes defendían la igualdad, y aun así el chico decidió desertar de los Mortífagos. Si sus antiguos aliados se hubieran dado cuenta de esto, le hubiera costado la vida.
En un pedido de misericordia de Harry Potter, el Wizengammot acordó suspender el encarcelamiento de este joven a favor de un año supervisado de libertad condicional sin magia. Teniendo en cuenta los antecedentes del joven mago sangre pura, aquello era un choque cultural en toda regla y de una intensidad tal que solo aquellos de los lectores que nacieron en el mundo muggle realmente entenderán.
Algunas personas elogiaron la decisión, presumiblemente aquellos que hayan vivido y trabajado junto a muggles y tuvieran una mayor comprensión de ellos. Sólo así se consigue ser menos propenso a creer que sus vidas no tienen ningún valor, que son desechables. La cantidad de muertes de muggles registradas durante la Guerra es solo una estimación. Se cree que muchos más fueron torturados y probablemente asesinados de lo que tenemos conocimiento.
Otros pensaron que obligar a miembros no deseados de la sociedad mágica a vivir en la comunidad no mágica era injusto para los muggles. Después de todo, ¿no deberíamos poder manejar nuestros propios problemas?
Y sin embargo, otros creyeron que solo había dos opciones adecuadas para quienes violaban nuestras leyes: ir a Azkaban o la muerte.
Si bien la eliminación de la magia puede no ser un castigo adecuado para todos los delincuentes, o incluso para todos los que hayan cometido el mismo delito, ¿acaso caminar con los zapatos de otro no es la mejor manera de favorecer la comprensión y el respeto? ¿Existe la posibilidad de cambiar las mentes de algunos de aquellos con prejuicios profundamente arraigados que han llevado a nuestro mundo a la guerra? Y si esta es una herramienta de rehabilitación útil, ¿se debería sacar a otros de sus celdas y llevarlos a las calles?
Solo el tiempo dirá si este primer caso ha tenido éxito, pero parece que sabremos en breve si el aparente cambio de mentalidad y corazón es duradero en Draco Malfoy, quien parece haber empezado a construir puentes en lugar de muros.
Había una pequeña foto en la parte inferior del artículo, pero era suficiente para distinguir a Draco y Hermione caminando tomados de la mano. Curiosamente no era una foto de ayer, era de hacía semanas. Por lo visto Rita Skeeter no había sido la única que les había prestado atención.
—Bueno, parece que él tardó mucho tiempo en escribir todo esto para decir tan poco —dijo Draco. Escaneó el artículo de nuevo. Daba la sensación de que el reportero estaba de su lado, aunque sin comprometerse demasiado.
—Ella —le corrigió Hermione—. Estoy bastante segura de que ha sido escrito por Penélope Clearwater. Ella era una Ravenclaw algunos años mayor que nosotros. Esto realmente podría haber sido mucho peor. Es casi primera página y propone la idea de que la forma en que llevaste tu castigo fue la correcta. Basándome en la fotografía yo diría que ha estado siguiendo tu pista desde antes de que hiciéramos cualquier trato con Skeeter.
Draco apretó los labios, preguntándose cómo habría podido encontrarlo y qué pudo haber llamado su atención para querer informar sobre él. Al menos ella no era una chismosa sensacionalista. Eso era algo.
—¿Listo para leer el otro?
—Vamos a sentarnos primero —habían estado de pie junto a la ventana todo ese tiempo, pero ambos tomaron asiento en la mesa. Draco tomó el periódico y volvió a la página tres.
—Oh, por Salazar.
—¿Qué?
—Esto horrible —y comenzó a leer.
La despiadada de Hermione ataca de nuevo.
Por Rita Skeeter
¿Hay algo que esta bruja no haga para besar a algún famoso? Entre las notables conquistas anteriores de Hermione Granger se incluyen el famoso jugador de Quidditch Viktor Krum y "El niño que vivió", Harry Potter. No contenta con un héroe mágico, después de la guerra Granger tuvo un romance torbellino con su viejo amigo, Ronald Weasley. Cuando se le preguntó acerca de la relación, la familia Weasley se negó a hablar al respecto.
Su relación llegó a un abrupto final el verano pasado, cuando Weasley murió en circunstancias desconocidas.
Sin ser alguien capaz de resistirse al atractivo masculino, Granger puso los ojos en un nuevo premio. ¿Quizás estaba buscando la emoción de morder la fruta prohibida? O tal vez se acababa de quedar sin compañeros de Gryffindor con los que enredarse, pero sea cual sea el motivo, puso sus garras en el Príncipe de Slytherin, Draco Malfoy. Granger nunca se ha contentado con solo un poco: por regla general elige magos famosos, guapos, con riqueza y poder. Mientras que la familia Malfoy actualmente puede no tener la influencia que una vez tuvo, la tentación era demasiado fuerte para ella, y se abalanzó.
¿Cuánto tiempo jugará con él antes de aburrirse? Quién sabe.
Tuve la oportunidad de hablar con la madre del joven Malfoy y sus ojos se llenaron de lágrimas por su hijo, anticipando el corazón roto que sabe que vendrá. Los intentos de obtener comentarios del padre de Malfoy se encontraron por desgracia con una resistencia de hierro, ya que el Ministerio no apoya la libertad de prensa y se negó a permitirme la entrada a la residencia actual en Azkaban de Lucius Malfoy. Si me hubieran permitido entrar, es posible que las noticias que llevara acerca de su hijo me pusieran en peligro. No quisiera ser Narcissa Malfoy y tener que darle la noticia a Lucius si las campanas de boda estuvieran en el horizonte.
El aire podría haber crepitado.
—Se ha pasado —el periódico estaba arrugado en el puño de Draco. Aquella basura se había alargado un par de párrafos más en los que la bruja se preguntaba si Hermione podría tratar de cortejar a Harry de nuevo cuando perdiera el interés en Draco—. La vi hablando con mi madre en el Ministerio. Debería haber...
—No parece que haya obtenido algo de ella. Si tu madre hubiera dicho algo que pudiera haber sido interpretado como un ataque contra ti o contra mí, Rita lo hubiera usado. Parece que ni ella ni los Weasley hicieron ningún comentario. No entiendo cómo el editor le permite salirse con la suya escribiendo este artículo, o por qué decidió que era buena idea publicarlo. No estoy segura de quién es el editor hoy en día pero esto es basura —cogió el periódico de la mano de Draco e inmediatamente lo colocó donde sería más útil, cubriendo la jaula de Athena. Ella tomó aliento—. ¿Deberíamos ir a verla?
—¿A Skeeter? No quiero ver a esa mujer hasta que pueda permitirme comprar su periódico y despedirla —el pensamiento que empezó a flotar en su mente en ese momento era el de que no ganaría ese dinero en la biblioteca. Volver al mundo mágico podría ser inevitable. Pero tal vez había otras formas de destruirla. Si había una sola cosa con la que chantajearla, estaba seguro de que habría muchas otras. Las personas como Skeeter no tenían un secreto… tenían docenas.
La voz de Hermione fue más amable de lo que hubiera esperado.
—No, a Skeeter no. A tu madre. Es mejor que lo hagas de una vez.
—Necesito un plan antes de ir allí. Necesitamos un plan.
—Ella es tu madre.
—Lo sé —suspiró.
—¿Qué hay de decirle la verdad? Queremos estar juntos, ella puede ser parte de nuestras vidas o no.
Draco se frotó las sienes. Solo la idea de ir a ver a su madre le daba dolor de cabeza. No podía verla hasta que hubiera tomado algunas decisiones. Sabía la forma en la que ella podía ejercer presión fácilmente sobre sus puntos débiles.
—Vamos, recogemos el resto de tus cosas, si es que las quieres, y le damos la opción de aceptarnos o no. A menos que creas que darle más tiempo para que acepte lo nuestro sería útil —ella lo miró, y lo supo con una sola mirada. Ahora no. No después de todo. Pero vendrían cambios. Encontrarían un lugar que fuera de ellos, donde no hubiera fantasmas metafóricos en las esquinas. Tenían una vida para construir juntos.
El rubio suspiró. Tenía cartas que debía enviar ahora que su lechuza podía volver a hacerlo.
—Iremos esta tarde.
¿Me dejas un review? :) ¿Y un like en mi página de Facebook? ¿No? Vale D:
Cristy.
