El tigre por la cola II – Costos del servicio
Capítulo 27 – Epílogo
Avanzaba por uno de los pasillos que conducían al salón principal. Toda la ropa era nueva y los zapatos brillaban. Un poderoso encantamiento había logrado, por una vez, que los rebeldes cabellos negros quedaran peinados hacia atrás. Impecable… excepto por una mancha de rouge en el cuello de la camisa.
—Es la historia de nunca acabar, Potter. Me doy vuelta y estás abrazando a una mujer. —dijo Draco acercándosele. Sacó la varita y le aplicó un encantamiento de limpieza antes de que Harry pudiera agacharse para esquivarlo.
Harry no replicó. Se sentía culpable… para variar. Una bruja que por la edad podría haber sido su madre lo había asaltado y él no se había animado a rechazarla en público. —No pude hacer nada para sacármela de encima. —se disculpó.
—Ya sé, tarado. —dijo Draco acomodándole la camisa— Pero podrías haberle dado un pisotón o algo así.
—No tuve tiempo de pensar en nada. Vos le vaciaste la ponchera encima.
—¿Qué sería un baile de la victoria sin un poco de diversión?
—Pero… —respondió Harry irritado— Vos le dijiste que había sido yo.
—Y bien podría haber sido tu culpa. Admitilo. La vez que probaste un Wingardium leviosa el techo de la casa salió disparado hacia arriba.—Grimmauld Place no había vuelto a ser la misma desde ese día.
—A eso me refiero. —dijo Harry— Sabés muy bien que no tengo control preciso sobre la magia, mal hubiese podido acertarle justo sobre la cabeza.
—Pero fue divertido.
—Ya sé… —dijo Harry sonriendo— …pero quería escaparme un rato por lo menos. Todos encima de mí queriendo saludarme, darme la mano, tocarme…
Draco se inclinó y le lamió una oreja. —Emanás tanta magia que me hacés sentir… extremadamente… —trató de colarle una mano bajo la cintura del pantalón.
—¡Ah…! Acá estaban.
Se separaron maldiciendo por lo bajo. Hermione y Ron se les acercaban.
—A ver, déjenme adivinar. —dijo Draco con sorna— Estaban esperando escondidos hasta que empezáramos a…
—Es mejor que no termines esa oración. —lo interrumpió Ron— En realidad… tenemos noticias de St. Mungo… noticias que seguramente vas a querer oír.
Harry los miró ansioso. —¿Recuperó el conocimiento? —no lo habían dejado ir a visitar a Ginny porque los sanadores habían dicho que su magia instable podía interferir con los encantamientos de curación.
—Y se va a poner bien. —completó Ron— Blaise está con ella acompañándola.
—El muy ladino. —musitó Draco— Sabe que le conviene sentarse abnegadamente junto al lecho de la enferma… quiere sacarla barata.
—Pero Ginny no está enamorada de él. —se apresuró a aclarar Ron.
—Oh vamos, Ron, admitilo. —dijo Hermione— Le gusta y mucho… y no puede pasarse toda la vida como la exnovia de Harry Potter.
—¿Cuando le van a dar el alta? —preguntó Harry para cambiar el tema.
—En dos o tres días. —dijo Ron— ¿Qué les parece si volvemos? Me muero de hambre.
—Ron… —dijo Hermione exasperada— Recién te comiste un plato entero de sándwiches.
—Sí, pero eso fue hace media hora. —protestó Ron— Volvamos antes de que se coman todo.
—Sabés muy bien que hay elfos domésticos que se desloman trabajando y que no permitirían que se acabe la comida. —le dijo ella seria— Los estás insultando si…
—Bueno, creo que igual voy a volver. —la interrumpió Ron— ¿Vos no tenías que hablar algo con Draco? —se alejó antes de que le contestara.
Hermione miró al suelo incómoda. —Necesito hablar con Draco sobre la solución al problema de ustedes. —se refería a la magia incontrolable de Harry, que tenía que cuidarse hasta de estornudar para no causar un desastre. Harry suspiró aliviado, aparentemente no era indispensable que se quedara para escucharla. Le había tocado ya oír varias de esas conversaciones llenas de términos raros como fluctuaciones catenarias y variabilidad de las líneas basales. Ron y él empezaban a dormirse a los pocos minutos. Harry aprovechó la oportunidad y comenzó a alejarse para dejarlos solos. Draco aprovechó para pellizcarle el culo cuando pasó a su lado.
Harry consideró si correspondía que se ofendiera. El pellizco le había arrancado un chillidito muy poco digno. Y Hermione había sido testigo de todo. Decidió que no le iba a dar importancia.
—Ya te la voy a hacer pagar. —le dijo a Draco con una mirada fingidamente amenazadora.
Draco le devolvió la más inocente de las sonrisas y le guiñó un ojo. Luego se volvió hacia Hermione y se dispuso a escucharla, ella empezó de inmediato a parlotear. Harry sabía que ni Draco llegaba a entender todo lo que le decía, lo había visto consultar varios libros después de cada perorata tratando de descifrar lo que Hermione le había dicho.
Harry empezó a alejarse y en ese momento se oyeron dos pop. Hermione y Draco se dieron vuelta un instante y luego volvieron a concentrarse en el diagrama que ella había dibujado en el aire con la varita.
—¿Tenían una fiestita privada? —preguntó Fred. Era reconocible por el brazo en cabestrillo.
—Quería respirar un poco de aire fresco. —dijo Harry encogiéndose de hombros.
—¿Y se supone que un pasillo es el mejor lugar para salir a tomar aire fresco? —preguntó George con una sonrisa pícara.
—Parece que esos dos se enfrascaron en otra de esas tediosas charlas. —gruñó Fred.
—Queremos que pruebes nuestra última creación, Harry. —dijo George.
—¿Ahora?
—Ahora es tan buen momento como cualquier otro. —dijo Fred encogiéndose de hombros. Y no se trata de nada cuestionable.
—Humm… creo que la señora Weasley quizá no comparta esa opinión. —señaló Harry.
—Probablemente no. —dijo George y sacó algo del bolsillo— Es la nueva versión de las orejas extensibles. Muy mejorada. —era algo semejante a un cable muy fino y transparente… con una orejita muy pequeña en uno de los extremos.
—No veo que represente tanta ventaja. —comentó Harry— Es un poco más sutil pero no es invisible.
—Es que un campo de invisibilidad funciona si es estático. —explicó Fred— Pero esta versión tiene mayor alcance y puede proporcionar imágenes.
Los mellizos lo arrastraron a la vuelta de la primera esquina. Y desde allí deslizaron el artefacto. Harry se puso el auricular en la oreja y de inmediato se formó ante él una imagen de poca definición del pasillo que acababan de abandonar. La oreja se aproximó disimuladamente a Draco y Hermione que seguían conversando.
—…pero Harry no es así… y esto no es algo temporario…
—Mirá, Granger, madurá un poco…
Fred empezó a retraer la oreja.
—Esperá. —pidió Harry— quiero escuchar lo que dicen.
—Granger, ya soy un adulto. Vos no sos quién para decirme lo que puedo o no hacer.
—Sí, ya sos un adulto y podés tomar alcohol. Pero te limitaste toda la noche al jugo de calabaza.
—¿Qué querés insinuar?
—Que estás esperando algo… o a alguien…
—Yo no… sólo…
—…tomás precauciones hasta estar totalmente seguro de que no estás embarazado. Draco, sé perfectamente que te haces una prueba de embarazo todos los días.
—No sé de qué estás hablando…
—Conozco formas de detectar los residuos mágicos del encantamiento.
—Sabrás también entonces que ha dado negativo todos los días. —replicó con tono agresivo.
—Creo que la conversación se está caldeando. —dijo Fred— Quizá deberíamos intervenir.
—Buena idea. —dijo Harry, replegaron la oreja y enfilaron hacia Draco y Hermione.
Draco abrazó a Harry por la cintura apenas lo tuvo a su alcance.
—Mis condolencias. —le dijo George a Harry palmeándole un hombro.
—Andá a cagar, Fre…George. —bramó Draco.
—Me preguntaba… —comentó Fred— ¿Qué habrá sido de Lucius Malfoy?
—Probablemente esté aplastado debajo de los escombros. —sugirió George.
—Humm…no lo creo. —dijo Hermione— Es posible que haya muerto pero… yerba mala…
—Yo tampoco lo creo. —dijo Fred— Y Moody tampoco… debe de estar buscándolo y por eso no vino al baile de la victoria.
Lucius se había escapado llevándose con él a Umbridge. Su cuerpo había aparecido varios días después, había sido asesinada. Nadie había derramado una lágrima por la despreciable mujer, pero en el Ministerio seguía habiendo muchos que habían sido sus amigos o cómplices. Para gran disgusto de todos se le otorgó la Orden de Merlín póstuma y fue sepultada con honras de héroe.
—¿Tenés idea de adónde puede haber ido? —le preguntó Draco cuando volvían al salón.
Harry no quería pensar en Lucius en ese momento. Quería borrarlo para siempre de su vida. —Venecia. —aventuró.
—No lo creo. —dijo Draco— Tenemos propiedades allí. Sería uno de los primeros lugares adónde irían a buscarlo.
—No sé, entonces. —dijo Harry— Pero no tengo dudas que dondequiera que esté, seguro que la está pasando muy bien.
—Sí, creo que tenés razón. —dijo Draco y lo tomó de la mano— ¿Listo para reunirte una vez más con la multitud?
Harry sonrió.
Había tanto por hacer. Tenía que volver a la escuela y prepararse para los exámenes. Tenía que decidir qué iba a hacer cuando completara los estudios. Tenía que aprender a controlar su magia. Tenía que ocuparse de proveer para Cybele. Y tantos otros planes.
A la larga… tomaría todas las decisiones que fueran necesarias, pero al menos ya no tendría una profecía fatídica pendiéndole sobre la cabeza. Haría las cosas a su propio aire y sin presiones. Se presentarían obstáculos, naturalmente… prejuicios que iba a tener que enfrentar, sobre todo… por sus preferencias sexuales y por la pareja que había elegido.
Sonrió y tomó la mano de Draco, el mundo mágico iba a tener que acostumbrarse a verlo con su amante e iban a tener que hacerse a la idea de que muchos de los futuros Potter terminarían siendo rubios.
—¿Bailamos? —propuso.
FIN
Nota del traductor:
La historia no tiene una tercera parte, éste es el final, final.
Muchas gracias a todos los que llegaron hasta acá. Agradezco en particular los comentarios que han dejado.
Si Dios quiere nos reencontraremos con otra historia el año que viene. Felices fiestas.
Chau.
