Capítulo 51: Ian
(Nayru)
A la luz de la luna una copa de vino era servida lentamente; un hombre la tomaba con delicadeza, moviéndola en forma circular. La miró detenidamente absorto en sus pensamientos, sentado en su escritorio, mostrando una molestia tenue en su rostro.
Sorpresivamente alguien entró a su despacho; no tuvo problemas en girar la perilla de la puerta. Su desplante era increíble, imponía respeto, incluso a aquel sujeto; éste le miró desde su silla.
- Buenas noches, Millen- saludó una mujer de unos sesenta años, nariz respingada y anteojos cuadrados, que brillaban ante el reflejo de los vidrios
- Buenas noches, Elena- El hombre observó la silueta de la mujer para luego volver su mirada a la copa de vino- ¿Puedo saber para qué me llamaste tan tarde?
- El Círculo te está llamando; saben lo que hiciste
- ¿Y qué hay con eso?- la voz de Renhart se había tornado seca
- Tú lo sabes bien. Van a enjuiciarte por haber entregado información valiosa- La mujer hizo una pausa, esperando ver alguna sorpresa en el rostro del hechicero; pero al no hacerlo, prosiguió-... y haberla puesto en peligro- Renhart apretó la copa un poco, obligándose a beber; miró a Elena bastante molesto
- Bien sabes las circunstancias que rodearon aquel evento. Yo no le haría daño
- Eso no lo sabemos- Elena ponía una voz dulzona, como si en realidad disfrutara sembrar la duda-; lo ocurrido hace nueve años fue tan sospechoso, Renhart. Cualquiera pudo haber pensado que mandaste a matar a Mark Luminen. Luego tienes a su hija a tu tutela... Bien podrías querer matarla
- ¿Por qué no matarla antes, entonces?- preguntó el hombre poniéndose de pie- Sería bastante estúpido si de verdad quisiera hacerlo, no haberlo hecho cuando tuve la oportunidad- Elena se veía un tanto pequeña al lado de Renhart, que medía cerca de 1.80 cm- ¿Sabes cuál es tu problema, Elena? Es que no soportas que la gente no sea tan… corrupta como tú. Debemos todos pensar de la misma manera sucia que tú lo haces, con eso te contentas, ¿No es así?- Elena hizo una mueca extraña en sus labios, Renhart comenzó a caminar hacia ella- Yo que tú, no andaría buscándole la quinta pata al gato, porque no existe, ¿Entendiste?- Estaba frente a ella, a unos diez centímetros de su cara- Y ahora… quiero que te retires de mi despacho
- Está bien, Millen- dijo finalmente la mujer, retrocediendo sobre sus pasos- Pero te advierto, si no vas, vendremos por ti- Dio media vuelta y cerró la puerta tras de sí
- Eso es lo que tú piensas, Elena. A ellos podrás engañarlos… pero a mí no
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Era de mañana y el grupo de siete muchachos caminaban en la planicie a un ritmo un tanto apresurado. Querían llegar lo más pronto posible a Gren, donde Elia les había prometido al menos un colchón decente donde descansar; y era entendible, porque estaban demasiado agotados. Las heridas de cada uno habían amanecido mejor esa madrugada, lo que era un buen augurio.
- ¿Cuánto falta para llegar?- preguntó Sikoth desde atrás del grupo
- No debe faltar mucho- le respondió Jason, desde el otro extremo
- En efecto- Elia sonó contenta. Detuvo la marcha e indicó hacia una muralla bastante alta en la lejanía- Ahí está, no puedo equivocarme; ése es Gren
- Vamos entonces- Torom se adelantó al grupo caminando, el resto de los muchachos lo siguió
No tardaron mucho en llegar al portón principal, cruzarlo y verse inmersos en "La Ciudad de la Magia", como solía conocerse a Gren. La arquitectura de la cuidad los sorprendió bastante, era una mezcla entre ciudadela y villa: edificios de tres pisos y avenidas de adoquines grisáceos, para luego dejar espacios donde se encontraban casas pequeñas con jardines incluidos. Les llamaba la atención plazoletas con árboles a cada lado de la avenida principal, y una gran plaza de armas en el centro de la ciudad.
La hechicera dobló en una de las calles de la plaza, hasta llegar a una callecita de adoquines y casas pequeñas, la gran mayoría parecidas entre sí.
- Ya casi llegamos- les dijo mirándoles- Adivinen cuál es la casa y podrán dormir en una cama cómoda. Eso sí, sólo tienen una oportunidad; si se equivocan, pierden inmediatamente
Aquello motivó a los muchachos a pensar un poco, a poner a funcionar las neuronas. Guardaron silencio pensando cuál podría ser, pero al final la única que habló fue Lidda; caminando a paso decidido se acercó a una pequeña casa de madera, con rejas bajas negras.
- Es ésta- declaró con decisión
- ¿Por qué dices que es esta?- preguntó la hechicera
- Es obvio. Se ve que no han abierto la puerta desde hace tiempo, el pasto no está regado y el polvo se comienza a acumular en las ventanas- respondió la halfing, dejando con la boca abierta al resto- Deberías tener más cuidado si vas a dejar la casa sola. Cualquier ladrón experto se da cuenta que está deshabitada
- Si, tienes razón. Pero de todas formas no pueden entrar
- Barrera mágica, ¿verdad?- Lidda miró de reojo a la muchacha
- Exactamente- Ésta también lo hizo con algo de simpatía. Comenzaba a disculparla por lo ocurrido con Anark
La maga puso sus manos frente a la reja, a la altura de sus hombros, y susurró
- Finite
Ante los ojos del grupo apareció una campana rodeando la morada, que desapareció en cuestión de segundos. La muchacha abrió la reja y dio un suspiro; hace tanto tiempo que había salido de su hogar y hoy estaba de vuelta, de pasadita, pero de vuelta al fin y al cabo. Su corazón latía con fuerza, estaba emocionada.
Elia empujó la puerta de la casa y se quedó ahí, parada en el umbral del hogar que le pertenecía por derecho, como solía hacerlo tiempo atrás. Los últimos años de su vida, desde que tenía catorce, comenzó a vivir sola en ese lugar; y no lo hizo antes porque no había tenido el valor de vivir completamente sola y… además… por aquello que había ocurrido hace tanto tiempo.
Podía recordarlo como si fuera ayer. Nueve años... nueve años habían pasado desde aquel día, que parecía tal cual los otros... hasta ese instante...
…Era una agradable noche de verano. Mark, su padre, había servido la cena y una pequeña Elia hacía las tareas de la escuela básica. El hombre, mientras comía, le rogaba a su hija que lo imitara. - Elia, deja un rato los libros y come, ¿quieres? Fue así como Elia terminó de comer y el hombre se llevó los platos a la cocina. Al volver, se quedó mirando a la niña cómo continuaba realizando sus deberes escolares, admirándola fascinado. Cunado lo hacía, solía recordar a Isabel, su difunta esposa, a la cual Elia había salido casi igual, de no ser por sus ojos y el color de cabello. De pronto se quedó perplejo mirando hacia la puerta de la casa... una presencia para nada amigable se aproximaba a la casa. Aguzó el oído, mientras hacía un ademán con la mano a Elia para que guardara silencio. La niña no entendía nada. - ¿Que pasa papá?- preguntó ella Aquella presencia era, por lo bajo, intimidadora; lo peor: Mark no tardó en reconocerla, dándose cuenta de que el dueño de aquella venía en dirección a la casa en no muy buenos términos. - Elia, toma tus cosas y escóndete en tu pieza. Y no salgas de ahí- Mark todavía miraba hacia la puerta, esta vez fruncía el ceño- Rápido El hombre sabía a qué venía aquel ser extraño; dejar a Elia a la vista sería sinónimo de llevarla a la muerte... y no estaba dispuesto a hacer eso. Por ella, era capaz de dar hasta la vida. - Hazlo- Mark se volvió a mirar a la pequeña; sus ojos color ámbar, intensos, se encontraron con sus recíprocos en su hija. La pequeña sabía que cuando su padre la miraba de esa manera, era por algo serio, y era mejor no discutir Cerró la puerta tras de sí y guardó los libros en el clóset. Entonces comenzó a pensar dónde esconderse; no debían encontrarla, aunque en realidad no sabía por qué. No tardaría en darse cuenta; lo que ocurrió segundos después pasó tan rápido como lo que demora un rayo partir un árbol: un ruido de explosión en el living, una voz extraña y su padre discutiendo y nuevamente una explosión, para luego escuchar a una persona revolviendo la casa entera, y los pasos de alguien aproximándose a su puerta...
- Pero papá…- rezongaba Elia- El libro está interesante
- Anda, prueba estos fideos que me quedaron sabrosos, ¿si?- La niña miró el plato de comida con recelo. Generalmente las comidas que hacía su padre no tenían buen aspecto; por el contrario, el sabor que tenían era comparable al de los manjares de palacio: eran deliciosos
- Está bien, papá- dijo finalmente la niña, dejando los libros a un lado de la mesa y tomando los cubiertos para comer. Pinchó uno de los espirales y se lo llevó a la boca- Mmm… está exquisito
- ¿Ves? Ahora cómetelos, ¿si?- le pidió amablemente Mark. La niña le sonrió contenta
- Pero papá...- La niña no entendía nada de lo que estaba pasando
- Si...- Elia tomó sus cosas y estaba a punto de subir la escalera, cuando de pronto no pudo evitar preguntarle a su padre- ¿Estarás bien?
- Claro que sí, mi niña- le respondió guiñándole un ojo. Elia entonces le lanzó un beso y se fue corriendo hacia su pieza
- ¿Estás bien?- preguntó Jason, que había notado a Elia turbada al entrar a la casa; había revivido paso por paso los sucesos de esa noche. La hechicera salió de su trance al sentir la mano del muchacho en su hombro
- Ehh... sí- Elia se volvió hacia el grupo- Es sólo que... cada vez que entro a la casa... se me pasan cosas en la cabeza- Ninguno se atrevió a decir palabra alguna; habían entendido que probablemente la muchacha de ojos ámbar había recordado algo en relación a su padre- Pero pasen, pasen. Bienvenidos- exclamó finalmente
Uno por uno fueron entrando al recibidor; ya adentro, la hechicera les pidió que se sintieran como en su propia casa, lo que provocó que la mayoría se tirara encima de los sillones y la mesa de centro; estaban demasiado cansados por el viaje. De pronto el estómago de todos comenzó a sonar: habían olvidado el hambre que tenían; no habían comido nada bueno desde su estancia en Ypsilón.
- Iré a comprar algunas cosas para la cena ¿Alguien me quiere acompañar?- preguntó Elia. Ninguno tenía muchos ánimos de moverse, entonces Tyra, al notar la negativa del resto, se ofreció a acompañarla
- Yo voy contigo- dijo ésta poniéndose de pie
- Bien. Supongo que nadie más irá conmigo- Dijo Elia- Tyra, acompáñame arriba
Las muchachas subieron al segundo piso, mientras el resto de los muchachos hacían comentarios acerca de la morada.
- Casa pequeña, ¿eh?- se dijo Sikoth
- Para mí está bien- opinó Koru-, yo pensé que sería aún más pequeña. Además es cómoda
- Bueno, mientras no parezca casa de halfing...- decía Sikoth a modo de broma. En eso Lidda había sacado la mataconejos para limpiarla, intimidando "casualmente" al muchacho, que se calló de inmediato
Mientras tanto, en el segundo piso, Elia buscaba algo en el clóset de una habitación bastante cómoda, dedicada al estudio (o al menos eso era lo que sospechaba Tyra, pues veía varios libros apilados en dos estantes que llegaban hasta el techo); de pronto paró de mover cosas y extrajo una cajita de metal macizo, sin cerradura y sellada por completo, con unas extrañas inscripciones en la superficie. Tyra la miraba extrañada, en su vida había visto una caja así.
- ¿Qué vas a hacer con esa caja?- preguntó
- Voy a abrirla- respondió Elia, sentándose en una silla, frente la un escritorio
- ¿Y cómo piensas abrirla?- le preguntó la shinobi un tanto confundida- ¿Vas a romperla?
- No- respondió la hechicera naturalmente, como si fuera cualquier cosa- Esta caja no puede romperse
- Entonces… - La muchacha de cabellos escarlata no se lo imaginaba- ¿Cómo vas a abrirla?
- Así- Elia miró la caja y pasó su mano por encima de ella, a centímetros de tocarla, y mientras pasaba la mano por segunda vez, susurró- "camarones"
Desde la cara posterior de la caja comenzó a salir un tenue fulgor verdoso que se dividió en dos haces de luz, los que comenzaron a recorrer las caras laterales y frontal de la caja, seccionándola en dos partes, para después reunirse en el centro y formar un círculo. Dio un último destello y, de repente, se levantó la parte superior; en segundos, la caja había sido abierta. Tyra quedó aún más impresionada.
- ¿Cómo lo hiciste?
- Ah… esto…- Elia levantó la caja a modo de señalarla- Es algo así como una "caja fuerte", pero con un sello mágico. Tiene una clave y va cambiando cada vez que la abro- Comenzó a revisar lo que había dentro-; es práctica y sirve para guardar cualquier cosa que quepa en ella. Ya está-, sacó unas cuantas monedas de dentro de la pequeña caja y la cerró; al hacerlo, volvió a salir el destello desde el centro frontal de la caja, recorriendo el lado y llegando hasta atrás, para desaparecer y sellarla completamente, tal como estaba en un principio- Vamos a comprar… ah, espera- La hechicera guardó la caja dentro del clóset y salió de la pieza para entrar a la contigua, una recámara con cama y muebles de madera; era su habitación
- ¿Esta es tu habitación, Elia?- preguntó la shinobi, entrando tímidamente a la alcoba. La muchacha de ojos ámbar asintió con la cabeza
- Voy a cambiarme de ropa… para estar más cómoda- La hechicera se quedó pensativa frente a un mueble y al cabo de unos segundos había sacado lo que iba a usar. Entonces miró a Tyra y entrecerró los ojos- Tyra...
- ¿Que?- preguntó la shinobi, extrañándole la manera en que la muchacha la miraba
- ¿No te gustaría cambiarte también?- le preguntó - O sea, me imagino que debes sentirte un tanto incómoda con todo lo que cargas encima
- Bueno... tan tan incómoda, no- explicaba Tyra-, pero...
- Si estás pensando de que me molestará, te equivocas. Claro que no, Tyra- le respondió Elia- ¿Quieres?
En el living de la casa Torom, Sikoth y Koru hablaban de cualquier cosa, mientras que Lidda se sentó en el borde de la ventana; estaba agotada y, más que eso, preocupada. Quería ir en auxilio de Gilean, no sabía nada de él y la angustia le estaba oprimiendo el pecho; y ahora… justo ahora… el "imbécil" de Ludovico desaparece. No sabía por qué pero… en el último tiempo había estado mirando a Ludovico como alguien más cercano, alguien que no le irritaba en todo momento, sino que disfrutaba que la irritara generalmente.
Le costaba de sobremanera reconocerlo pero… le había comenzado a tomar cariño, y más encima tenía la desfachatez de irse; aquello le hacía pensar en lo rápido que pueden cambiar las cosas, y una vieja lección de tu mentor:
"Nunca hagas planes para el mañana, porque tal vez ese mañana no exista"
De cierta forma aquello le dolía, y el único en notarlo fue Jason que se acercó a ella, con la esperanza de hablar.
- ¿Te pasa algo?- le preguntó sin tapujos, apoyándose en el marco de la ventana. Lidda movió la cabeza hacia el otro lado- Es por Ludovico, ¿verdad?
- Cállate- dijo ésta. De pronto una lágrima brotó de su ojo, que la retiró rápidamente- Tu no has visto nada, ¿entendiste?
- Está bien- le respondió el aspirante a caballero-; si eso te hace sentir mejor, no hay problemas-, y estaba a punto de irse cuando Lidda agachó la cabeza y, casi susurrando, le expresó
- No entiendo por qué me dio esto ¿y todavía tiene el coraje de darme esta pieza?- se preguntó tomando el collar de Sibel- ¿Es que tan estúpido resultó ser el "imbécil"?
- Debió habértelo dado por gratitud- se atrevió a declarar, pero aquello provocó una reacción extraña en Lidda, quien se enojó de sobremanera
- Nadie tiene gratitud con "Aguijón de Araña", ¡Cómo se atreve!...
- Te aseguro que aunque le encantaba sacarte de quicio, no lo hizo con la intención de ofenderte- Jason comenzaba a sonar como un verdadero caballero, lo que Lidda notó inmediatamente
- Y aparte de aprender a mover tu pedazo de metal, ¡¡Encima aprendiste a hablar como él!! ¡¡Argg!!
Le dedicó una mirada furiosa y se fue hacia el jardín. Jason quedó perplejo, no entendía nada de lo que había ocurrido.
- Bien, volvemos al rato
El grupo volteó la cabeza para ver a Tyra y Elia, pero el rostro de sorpresa fue principalmente de Torom, Sikoth y Jason: ambas ya no estaban con los atuendos que normalmente llevaban. Elia tenía el pelo recogido en una cola (el pelo le había crecido lo suficiente como para tomárselo) y llevaba un vestido hasta por debajo de las rodillas de un color celeste (que le favorecía bastante: si nadie antes había notado la cintura de la hechicera, lo podía hacer perfectamente ahora), además de un chaleco corto color café.
Tyra llevaba un vestido igual al de Elia, pero color verde claro (que hacía juego con sus ojos, según Elia) y también se había recogido el cabello en un tomate. Si hace un día atrás les había parecido una mujer de temer, esta Tyra que se les presentaba ante sus ojos se veía casi inofensiva, incluso… hogareña.
- Nos vemos- les dijo la maga antes de abrir la puerta
- Guau, Elia. Te ves bien guapa- le piropeó Koru- Tu también, Tyra. ¡Qué cambio!
- Oye, respeta- le dijo Torom, aunque en realidad pensaba exactamente lo mismo. Tyra se sonrojó un poco, mirando hacia el piso
- Gracias Koru- le respondió Elia- Bien, nos vamos
Y salieron en dirección al mercado. En el trayecto, las muchachas aprovecharon para conversar acerca de lo ocurrido en el día anterior; no sabía por qué, pero Tyra había visto en Elia algo así como su confidente, algo a lo que antes no estaba acostumbrada.
- ¿Te sientes mejor?- le preguntó Elia a la shinobi
- Sí, gracias por preguntar- le contestó ella- La verdad es que no pensaba que iban a reaccionar así…
- En realidad no es tu culpa, es tu naturaleza- le dijo tratando de explicarle las razones de la reacción del grupo, pero… no pudo evitar recordar a Zul
"Todos los humanos son iguales"
- ¿Qué pasa?- preguntó esta vez Tyra, al notar la cara de pena de la hechicera
- Recordé a Zul- le respondió mirando hacia el suelo- Me comporté como una idiota con él…
- Tienes que pensar que en ese tiempo, era un poco lógica tu reacción hacia cualquier híbrido- Tyra apoyó su mano en el hombro de la muchacha- Todos cometemos errores, todos a veces juzgamos sin conocer cosas y personas; es una reacción humana que al fin y al cabo sirve para protegerse
- Pero…
- Además, enmendaste tu error. Terminaste dándote cuenta que Zul no era la persona que pensabas y… pues… antes de que se fuera… ustedes estaban en muy buenos términos- Aquello tranquilizó un poco a la greniana, quien miró con un poco menos de aflicción a su amiga
- Gracias
- No me agradezcas nada, sólo te estoy diciendo la verdad
Pararon en una tienda, hicieron unas compras y volvieron a caminar, esta vez en dirección contraria.
- ¿Y cómo han ido las cosas con el mercenario?- preguntó la hechicera; Tyra no pudo evitar sonrojarse- Qué, no me vengas a decir que no pasa nada con él, mira que le he visto varias veces cuando se te acerca alguien mirando "celosito"
- No… no pasa nada- Tyra desvió la mirada hacia un lado
- Hay algo en tus ojos que me dice lo contrario- le declaró Elia
- Este…
Tyra no se atrevía a decirle a la hechicera lo que había pasado con Torom en el barco, no porque no le tuviera confianza, Elia le había demostrado que era una persona de fiar, sino porque pensaba que estaba desnudando demasiado su corazón. Sin embargo, Elia se dio cuenta a tiempo, antes de poner en aprietos a la shinobi.
- No te preocupes. Si no quieres decir nada, no lo digas
- Lo siento- La pelirroja se sintió un poco mal, pero la maga trató de alentarla
- De verdad, no te preocupes. Entiendo que hay cosas que no quieren decirse, no porque no se confíe, sino porque sería exponerse mucho- Esta vez era Tyra quien miraba con menos aflicción a la muchacha
- Gracias
- No me agradezcas nada, sólo te estoy diciendo la verdad- contestó ella, imitándola
Las chicas habían vuelto con un montón de bolsas a la casa; al entrar a la sala, Jason y Sikoth se pararon a ayudarles con ellas, dejándolas en la cocina. Los cuatro volvieron con el resto del grupo, y Elia les preguntó si se sentían a gusto, recibiendo una respuesta afirmativa por todos.
- ¿Qué harás para comer, Elia?- le preguntó Koru a la hechicera, que se disponía a entrar en la cocina
- Haré estofado, ¿les parece?- dijo
Jason se sorprendió al escuchar la palabra "estofado"; era su plato favorito, el plato que hacía su madre todos los domingos... ¿Sería mera coincidencia que Elia fuese a hacer esa comida? ¿Justo esa? ¿O era acaso alguna señal de su madre?
- Haz lo que quieras- le declaró Koru-, con tal de que quede delicioso, ningún problema...
- Claro que va a quedar delicioso- interrumpió Jason- Elia es buena cocinera- Aquel comentario hizo que la muchacha se sonrojara, obligándola a meterse en la cocina y decir, desde adentro
- Gracias, Jason
- De nada, sólo digo la verdad
- Oigan, hagamos algo para pasar el rato- ofreció Sikoth
- Antes de eso- interrumpió Torom; aquello molestó un poco al muchacho-, debemos hablar sobre cuándo iremos a ver a Renhart
- Yo recomiendo que vayamos mañana por la mañana- se escuchó decir a la hechicera desde adentro- En estos momentos debe estar en su casa, mañana iríamos a la escuela de magia
- Yo también pensaba lo mismo; además, estamos agotados- añadió Torom- Esto nos dará tiempo para descansar...
- A propósito de descansar...- habló Lidda por primera vez-... ¿Dónde dormiremos?
- Pues...- decía la dueña de casa- Hay un par de colchas de paja viejas en la bodega de la casa. Si desean, pueden sacarlas ustedes
- Yo voy- se ofreció Sikoth- ¿Dónde es?
- Atrás de la casa; pasa por fuera
- Bien
- Yo también voy- dijo Torom, poniéndose se pie y dirigiéndose a la puerta- ¿Vienes, Sikoth?
El muchacho asintió con la cabeza y salió con el mercenario, mientras la maga echaba a cocer las papas, que estarían listas en media hora.
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Las estrellas adornaban el oscuro cielo de Gren, y los siete muchachos dormían plácidamente en un techo acogedor; los hombres en el living, Tyra y Lidda en la cama matrimonial que, en algún momento, perteneció al matrimonio Luminen, y Elia en su cama- echaba de menos dormir en su colchón-; no obstante, la calma que esperaba obtener del descanso se hizo nada cuando los volvió a ver, ante sus ojos…
- Contigo quería hablar Una voz profunda se hacía escuchar entre la oscuridad. Elia no podía ver nada en un principio, pero luego sus ojos se fueron acostumbrando a las tinieblas hasta divisar, a unos metros de ella, el cuerpo de Chrysos dirigiéndose hacia un sujeto de gran estatura y contextura mediana, cuyo rostro cubría con una máscara. El segundo sujeto, por el contrario de muchos, no pareció intimidado con la llamada del híbrido. - ¿Qué quieres, Chrysos?- preguntó amablemente el aludido, con una voz masculina bastante apacible, en contraste con el rostro que mostraba el aventis "Esa voz" pensó Elia, "Esa voz se me hace familiar… ¿Dónde la he escuchado?" Aquella frase sacó de quicio al híbrido, quien levantó su mano con claras intenciones de golpear el rostro del hombre con el puño. Pero una barrera mágica se lo había impedido, haciendo retroceder a Chrysos unos metros. Esto no evitó que tratara de seguir intentando golpear al sujeto, no obstante no obtenía resultado alguno. - Eres… un… estúpido…- decía repetidas veces mientras trataba de romper la barrera que el hombre de máscara había creado "¿Estén de su lado?" se preguntó la hechicera. ¿A qué se habrá referido el enmascarado con eso? ¿Quiénes estaban de su lado?, eran preguntas que comenzaron a dar vueltas en la cabeza de Elia a velocidad luz. - CALLATE!!!!!!- gritó furioso Chrysos, mandando un derechazo potente y que de no ser por la barrera extraña, hubiera mandado a volar al sujeto Pero antes de siquiera alcanzar a tocar nuevamente el muro, algo lo detuvo, alguien lo detuvo. A un par de metros de él, detrás, con una mano en su espalda, Ares lo había detenido. Debilitó al híbrido y lo mandó al suelo inmediatamente. - ¿Qué estás haciendo, idiota?- le espetó desde las alturas, Chrysos sólo se limitaba a mirarlo desde el suelo- Te he dicho miles de veces que no te metas con Ian Por primera vez Elia veía a Chrysos respetuoso… más que eso, temeroso del poder de Ares. Éste calló, no dijo palabra alguna; luego el maestro llamó al hombre de la máscara y se fue con él a un lugar imposible de divisar, por más que tratara de agudizar la vista. Podía sentir la ira de Chrysos en su mirada, su rabia, su impotencia. - Hagas lo que hagas, un día de estos te mataré bastardo… ¡¡¡Lo juro!!!
- Tu sabes a qué he venido- dijo aproximándose aún más a él. El sujeto no mostraba señal alguna
- No, Chrysos. En realidad no te entiendo
- No lo entiendes, ¿verdad? No podrás golpearme… no mientras estén de mi lado
- Pero…
- Pero nada- le interrumpió- Él no tiene la culpa de tu incompetencia, Chrysos. Si insistes en atacarlo, tendré que eliminarte ¿Entendido?
Elia se despertó sorpresivamente, empapada en sudor y con los miembros fríos. Temblaba, pero no sabía bien la razón… si era por el frío de su cuerpo… o por la escena que acababa de presenciar. Era una clara señal… en algo podía ayudarla aquello que vio en su sueño; necesitaba saber más.
- Ian… quién es Ian
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Después de reponer fuerzas y haber dormido a su antojo, el grupo se puso en marcha hacia la Escuela de Magia de Gren. En el trayecto, Elia hacía de "guía turística", mostrando los atributos de la ciudad cuna de la magia. En un momento pasaron por una construcción altísima, de color café, que llamó la atención de todos.
- ¿Qué es ese edificio?- preguntó Sikoth, que lo miraba embelesado
- ¿Ese?- decía Elia apuntándolo- Esa es la catedral de Gren. Tiene algo en especial, si pasamos por aquí a cierta hora se darán cuenta
- Ah, cuando se pone el sol…- comenzaba a decir Lidda cunado de pronto la hechicera interrumpió el discurso de la halfing
- Ehh… sigamos caminando- Lidda miró despectivamente a Elia, respondiendo por lo bajo
- De todas formas no pensaba decirlo, muchacha- y adelantó al grupo, colocándose a la cabeza
Tardaron unos minutos en encontrarse con un murallón de ladrillos, y leer en grande "Escuela de Magia de Gren" frente a ellos. La escuela era sin duda majestuosa, más aún su entrada. Elia caminó hasta allí, el resto se limitó a seguirla, se sentían extraños.
- Vaya, aumentaron la seguridad
A Torom le cayó como balde de agua fría el comentario; se sintió culpable… si hubiera matado a Omino antes… tal vez nada de aquello hubiera pasado.
"Es mi culpa… todo es mi culpa"
Tyra notó la reacción del mercenario y, sin dudarlo, se acercó a él. Apoyó su mano en su hombro y le susurró:
- No sigas culpándote por las cosas del pasado- El muchacho miró a la shinobi con ojos un tanto tristes- Si las cosas ocurrieron así, es porque el destino quiso que ocurrieran así
- Pero…
- Mira. Te aseguro que las cosas se pondrán mejor- Entonces la muchacha le dedicó una sonrisa a Torom- Torom, nunca dudes de las decisiones que tomes
- Gracias- Aquello hizo sentirse al mercenario un poco mejor, después de todo, de cierta forma la pelirroja tenía razón
Mientras, Elia conversaba con el guardia del recinto, hasta que finalmente dejó pasar al grupo un tanto escéptico (grupo tan peculiar era difícil de encontrar). Entraron al edificio, caminaron siguiendo a la hechicera quien subió varias escaleras hasta llegar a un piso con alfombra, y esperaron fuera de una puerta color rojiza. Al abrirse, se vieron dentro de la oficina de Renhart Millen, el maestro de Elia.
Esperaron sentados hasta que finalmente la puerta se abrió, dejando paso a un hombre de barba corta canosa, alto, y que imponía respeto donde fuese. La hechicera quedó mirándolo, y el maestro hechicero también quedó mirando a su discípula, entonces tendieron ambos a darse un abrazo.
- Elia, dios mío- fue lo primero que dijo Renhart al ver a la muchacha- Gracias a los dioses que estás bien
- Usted también, maestro- dijo ella apoyada en el hombro del hombre- Estaba tan preocupada por usted
- Hierba mala nunca muere, señorita- le dijo haciéndose para atrás, para poder contemplarla- Debe recordar eso
- Jajaja- se rió ella- No se haga el chistoso, usted es un humano después de todo… y me enteré que estuvo peligrando
- La verdad es que sí, muchacha- respondió sinceramente él- La batalla con aquél híbrido fue peligrosa
El comentario le hizo recordar lo ocurrido con Omino, y lo reprochable que encontraba ahora la actitud que habían tomado algunas personas… Renhart le debía una explicación.
- Pero bueno- decía el hechicero mirando al grupo entero- Supongo que ellos son tus amigos, ¿verdad?
- Sí- contesto ella- Son mis amigos- Comenzó a apuntarlos a todos- Son Torom Derdim, Jason Pies de Fuego, Tyra de Celes, Koru, Sikoth y Lidda Fastfeet- Cada uno fue haciendo un ademán con la mano, una reverencia o un simple "hola". El hombre respondió de la misma forma- Bueno, como deben haberse dado cuenta… él es Renhart Millen, mi maestro
- Bueno… supongo que ustedes no están aquí para que los conozca- dijo Renhart colocándose serio- Vinieron por algo importante
- Bueno, varias cosas importantes- dijo Torom- Queremos saber si usted sabe algo de la Pluma de Oth
Renhart cambió la expresión de su rostro, se acercó a la puerta y la cerró inmediatamente. Levantó su mano y dibujó en el aire un círculo, alargando la línea hacia el lado, mientras decía
- Silentia- Miró a los muchachos y, sentándose en el escritorio les dijo- Ahora podemos hablar tranquilos; nadie excepto nosotros mismos escucharemos lo que estemos hablando dentro de esta sala
El primero en partir el interrogatorio fue Torom, quien tenía la esperanza de que Renhart les dijera algún dato importante, o algún detalle sobre la dichosa pluma.
- Queremos saber si sabe algún dato importante sobre la pluma de Oth
- Pues bien…- el hechicero se tocó el mentón, gesto que Elia reconocía inmediatamente cuando su maestro pensaba- De las cosas que puedo decirles de la pluma… están por ejemplo que son siete partes, fragmentadas al menos cada una en cuatro partes más…
- ¿Cada una?- preguntaron todos al unísono
- Sí- respondió éste con suma tranquilidad- Verán, piensen que tienen un elemento capaz de cumplir cualquier deseo que le pidan… no van a permitir que cualquier pelagato lo obtenga fácilmente, ¿verdad?- A todos les parecía bastante lógico- Por esa razón, los dioses separaron las piezas en partes diferentes y, además, dejaron encargada a una persona como el ensamblador de las piezas
- Eso lo sabemos- habló Jason, recordando a Ludovico
- Bien… qué mas puedo decirles…- Dijo fingiendo un tanto de ignorancia- Ah, ya lo recordé. Hay algunas piezas que no son detectables; algunas fueron selladas por los propios dioses, y otras por grandes magos que evitaron grandes catástrofes- Calló un momento para ver la reacción del grupo- Esas piezas son casi indetectables… casi
- ¿Cómo pueden detectarse?- preguntó Elia
- Ésa es información que, lamentablemente, no les puedo dar- respondió el hombre
- ¿Porque no la conoce?- preguntó Elia
- No
- Entonces…
- No se las puedo dar porque no lo tengo permitido- respondió seriamente. Los muchachos no entendían lo que Renhart trataba de decirles, ¿Realmente no pensaba decirles nada? ¿Por qué?
- ¿Alguien se lo impide?- preguntaba Elia- Porque el hechizo que colocó antes es para que nadie lo escuche…
- No- respondió con voz fuerte- Es sólo que es demasiada información como para que la manejen todos ustedes
- ¿Acaso no confía en nosotros?- preguntó Elia
- En ti sí, porque te conozco; pero en tus nuevos amigos no- Renhart miraba con recelo a cada uno de los integrantes del grupo, desde Tyra hasta Lidda- No es que no puedo tenerla, es sólo por seguridad
- Entiendo- dijo la hechicera, para sorpresa de todos, ¿Acaso le estaba dando el favor? ¿A ocultar las cosas?- Pero supongo que no tendrá problemas si queremos preguntarle también acerca de Omino- Jaque. Renhart se crispó al escuchar el nombre del híbrido y los muchachos también lo notaron
- Queremos saber qué paso con él... por qué lo transformó en un humano- añadió Tyra
El hechicero guardó silencio un momento, mientras todos esperaban expectantes la respuesta. No obstante, aquello que mencionara el hombre sorprendió a todos.
- No entiendo cuál es el problema con eso- Aquel comentario hizo reaccionar a Torom inmediatamente
- ¿Qué? Cómo puede decir eso...
- A ver muchacho- le interrumpió- Primero cálmate, o de lo contrario no podremos entendernos
- Pero cómo me pide...- decía enojado el mercenario, que era sujetado por Jason y Koru- ¡Por culpa de usted casi nos matan, y se llevaron a...!- No pudo completar la frase, su voz se quebró un poco y prefirió guardar silencio
- Por culpa de Omino perdimos a un amigo- completó Jason- Zul, un híbrido también. Cuando supimos que él también lo era, y que usted lo había transformado en un humano, pensamos que tal vez alguien más tuvo que ver en aquello…
- No, muchacho- le interrumpió Renhart- Yo tuve que ver en aquello, yo lo transformé, sin nadie que me amenazara y, ¿sabes? Creo que no me arrepiento de aquello
Todos quedaron con la boca abierta, no podían creer que Renhart, una persona a la que se habían imaginado de forme tan benevolente, hubiese sido capaz de hacer semejante atrocidad, y mucho peor, no se arrepentía en absoluto de aquello.
Sin embargo la que no reaccionaba de ninguna manera era Elia; aquella imagen que tenía de su maestro, a quien consideraba como un segundo padre, se estaba cayendo a pedazos. No lo entendía, cómo pudo haber hecho eso… Tenía que haber alguna explicación lógica, algo que le evitara verlo de la manera en que comenzaba a verlo…
…De la manera que le pintaba la realidad…
- Dígame que no es cierto- Decía por lo bajo, casi como un lamento silencioso, la muchacha de ojos color ámbar. Cabizbaja, sentada en un sillón, trataba de gesticular las palabras- Dígame que hay alguna explicación
- ¿Explicación de qué?- preguntó Renhart- ¿De lo que hice? Lo siento, Elia, pero creo que no puedo explicártelo
- ¿Por qué?- preguntó Jason mientras se acercaba a la hechicera para ver cómo estaba, su voz no sonaba bien
- Porque no hay explicación- respondió él- Tienen que entender que no hay explicación a millones de cosas en el mundo. Yo hice lo que tenía que hacer, el gobernador me lo pidió y yo cumplí
- ¡Eso no es cierto!- gritó Elia desesperada- ¡Usted nos está ocultando algo, lo se!- Renhart pensó varias veces antes de decir algo, no quería que se malinterpretara
… Mucho menos, quería dañarla
- Elia…- el hombre se acercó un poco a la muchacha de cabellos castaños
- Aléjese de mí
- Escúchame al menos- le pidió- Las cosas que he hecho, si bien no son todas dignas de un moralista, son para el bien del resto. Y hablo en todo sentido- Se agachó, tratando de encontrar su mirada- No voy a pedirte que pienses que son un santo, porque eso sería imposible; peor al menos haz el esfuerzo de entenderme
- No le entiendo, señor- Elia sonaba fría, distante, molesta. El maestro lo notó inmediatamente- No sé de qué me habla usted
- Un grave error que cometes, muchacha, es ser absolutista- Renhart también sonaba distante, pero mas bien… hiriente- Para ti todo es negro o es blanco, y hasta que todos ustedes no vean los matices de la vida, no podrán entender muchas cosas… incluyendo el objetivo de la pluma de Oth- El benevolente maestro Millen que alguna vez habían visto al principio de la conversación había desaparecido completamente. Ahora estaba molesto y serio- Y ahora, voy a pedirles que se retiren de esta sala, y no vuelvan a hablar conmigo hasta que hayan madurado un poco. Y eso va para ti también, muchacha de cabello corto- dijo mirando a Elia, ésta no era capaz de mirarle a la cara-. Puedes saber la magia de un hechicero de treinta, pero sigues teniendo la edad mental de catorce
Aquello enfureció a la greniana, simplemente la habían sacado de quicio. Se incorporó y pasó por el lado del hombre maduro sin dar vuelta la cabeza. Éste había logrado lo que quiso: hacer enfurecer a la muchacha y, con eso, lograr que le desafiara.
- Luminen…- le llamó mientras Elia estaba a punto de cruzar el umbral de la puerta, e iba a tocar su hombro para detenerla pero una barrera de fuego rodeó a la hechicera, impidiendo todo acercamiento
- Usted… no se me acerque, señor- Las lenguas de fuego rozaban su cuerpo sin quemarla, pero estaba comenzando a incinerar la alfombra del despacho. Elia dio media vuelta y siguió caminando a paso firme hacia la salida
Tyra, Torom, Sikoth y Koru la siguieron inmediatamente y Lidda lo hizo lentamente, pero Jason se quedó en el despacho con Renhart; pretendía dejarle las cosas bien en claro, sabía que le había hecho daño a la muchacha y no estaba dispuesto a quedarse de brazos cruzados. Desenfundó la espada y se acercó al viejo, quien estaba esperando paciente a que se retirara.
- Por qué le dijo todo eso- le habló a modo de pregunta el aspirante a caballero, levantando la espada contra el hechicero. Pero éste hizo una mueca con el rostro
- Mira muchacho, es preferible que bajes ese sable
- ¡Primero respóndame!- le exigió. No obstante, al cabo de unos segundos sintió que una gran fuerza le hacía bajar la mano
- ¡Escucha, aspirante a caballero!- Renhart comenzó a hablar con la misma voz con que le habló a Elia antes de retirarse- Primero, un caballero nunca levanta su sable para amenazar, sino para proteger; así que guarda tu espada si quieres hablar conmigo
No lo pensó dos veces. Guardó la espada y se quedó mirándolo con cautela
- Si quieres saber por qué le dije aquello te lo diré: Elia suele pensar en los hombres como personas buenas e inocentes, y en realidad no es así- El hechicero había vuelto a habla con la voz amable de costumbre- Lo que les dije hace un rato acerca de Omino es verdad: yo acepto toda la responsabilidad de lo ocurrido, y no pienso liberarme de ella, aunque varias veces deseé no haberlo hecho. Sin embargo, el arrepentimiento no altera lo sucedido, y el estar arrepentido o no estarlo no te hace mejor persona. Quiero que Elia entienda eso perfectamente antes de enfrentarse con Chrysos… porque ella salió de Gren con esa idea: enfrentarse a Chrysos
- Entiendo- le respondió Jason. No sabía por qué, pero había entendido perfectamente lo dicho por el hombre- Con permiso
- Espera- le habló Renhart antes de que Jason saliera corriendo detrás de Elia- Antes de que te vayas… ¿Sabes que eres bastante especial para Elia?
- ¿Qué?- Jason se volteó hacia el hechicero
- Eso, que eres muy especial para ella. Por eso me gustaría que la cuidaras y que fueras claro con ella… o se puede caer en un mar de confusiones
- No entiendo- le dijo
- Ya lo entenderás. Ahora vete y quédate con tu amiga
Jason bajó la cabeza en señal de aprobación y salió corriendo por la puerta. Sin embargo, por alguna extraña razón el ambiente se sentía diferente.
Al llegar a la planta baja no encontró a nadie. De hecho, no vio a nadie más allí. "Esto es extraño" se dijo para sí, pero cuando trató de volver a subir las escaleras, éstas habían desaparecido. "Esto es... un laberinto mágico. Estoy seguro" se dijo, descubriendo también que había aprendido bastante de magia el último tiempo.
Caminó un poco para ver si encontraba a alguien conocido, pero sus resultados fueron nulos. "Qué debo hacer...". De pronto recordó lo que había pasado en Axia, y lo que había dicho Elia.
"Los laberintos tienen una salida, bien escondida, pero salida al fin y al cabo; y si sabes encontrarla esos laberintos no funcionan"
Pero cómo encontrar la salida. Jason se sentó en el piso y comenzó a pensar... ¿Cuál podía ser la salida para el laberinto? Cuando Elia y Zul lo despertaron de su ilusión, ella le había dicho que se había dado cuenta de que era una ilusión, y que se había probado de que era una ilusión. Entonces... tenía que probarse a sí mismo que era todo una mentira.
Miró para todos lados, buscando algo diferente. Estaba oscureciendo, la puesta de sol se veía en el horizonte... entonces miró por una ventana el edificio que tanto le había llamado la atención a Sikoth. Y de pronto, lo recordó:
"Esa es la catedral de Gren. Tiene algo en especial, si pasamos por aquí a cierta hora se darán cuenta"
Eso había dicho Elia cuando pasaron por allí. Y luego, lo que había dicho Lidda.
Ah, cuando se pone el sol…
Se estaba poniendo el sol, entonces se quedó mirándolo un rato, mientras el sol se ocultaba. Pero grande fue su sorpresa cunado no había visto nada nuevo, "¿No habré estado tan atento?" se preguntó. De pronto lo había notado: no hubo ningún cambio, ¡No hubo ningún cambio! Eso quería decir que...
Cuando volvió a abrir los ojos todavía era de día. Habían algunos niños por los pasillos. "Estoy en la realidad" pensó Jason al ver la normalidad de la escuela. Pero dónde se habían metido los otros...
- ¿Por qué pusieron esta ilusión? Alguien corre peligro- se dijo inmediatamente. No había notado aquel pequeñisimo detalle. Salió corriendo por el pasillo hasta salir al jardín central. Entonces encontró al grupo, todos de pie, absortos en sus pensamientos. "Todavía están en el laberinto".
Sin dudarlo despertó a todos, uno por uno. Ni siquiera se habían dado cuenta de que estaban metidos en un laberinto, todos estaban conversando con Elia.. o al menos eso creían, porque la única que faltaba del grupo era ella.
- ¿Dónde está?- preguntó Jason inmediatamente
- No lo sabemos. Pensábamos que estaba aquí- respondió Koru
- Elia corre peligro- les dijo el aspirante a caballero- Tyra, ¿puedes sentir su presencia?
- Espera- le respondía la shinobi, concentrándose, hasta terminar dando una respuesta- Está subiendo las escaleras de la oficina de Renhart
- Tenemos que alcanzarla, rápido- Jason corrió hacia donde había salido minutos antes, seguido por el resto
Al llegar al piso donde estaba la oficina de Renhart escucharon al menos unas cinco explosiones, pero no había rastro ni de Renhart, ni de Elia. Dónde estaban. Se acercaron a la oficina y abrieron la puerta de un golpe; dentro la escena no era muy grata: Renhart defendiéndose de decenas de golpes de una mujer a la que sólo podían verle la silueta, debido a que la luz que emitían sus golpes no permitían ver más allá.
- ¡Elia!- gritaron todos al unísono
- ¡Cálmense, no es Elia!- respondió como pudo Renhart, quien se protegía con un "Escuda" bastante poderoso
Entonces se dispuso a atacar él. Sacó su báculo y contratacó con un rayo poderoso, que golpeó de lleno el estómago de la contrincante.
- Muchachos, les presento a Elena Rimm. Tramposa por excelencia y, desgraciadamente, tía abuela de Elia Luminen
"¿Qué?" se preguntaron todos; hasta lo que sabían, Elia no tenía nadie más de familia. ¿Qué hacía entonces esta mujer, que era su tía abuela, en el mapa de Mimir?
- ¿Qué?- se escuchó decir detrás del grupo. Elia había llegado recién al lugar, con báculo de la ciencia en mano y sumamente cansada- ¿Qué pasó aquí?
La atacada se incorporó sin mayores problemas y se dirigió a la muchacha. Pero Renhart se interpuso a ella, impidiéndo que se acercara más allá de cinco metros.
- No te le acerques, Elena- le espetó decidido
- Vaya, veo que no me has presentado como corresponde- dijo con aquella voz dulzona, al punto de molestar- Buenas tardes, muchacha. Yo soy Elena, hermana de tu abuela. Mucho gusto
- Lástima que no pueda decir lo mismo- respondió Elia asomando el báculo, todavía sin extenderse- ¿Puede decirme a qué ha venido?
- Oh, vaya. Al parecer no te han hablado cosas muy buenas de mi familia- le dijo la mujer, todavía por detrás de Renhart- Supongo que te habrán dicho que soy la "oveja negra" de la familia
- No señora- respondió la muchacha- Toda su familia, excepto mi madre, son ovejas negras. No me he olvidado el trato que me dio la madre de mi madre cuando me quedé sin padre
- Ella es tu abuela
- No, señora- le interrumpió-, ella no es mi abuela. Yo ya no tengo familia
- Te equivocas, todavía me tienes a mí- Elena sonaba angelical cuando se lo proponía, y precisamente ra como sonaba en ese momento
- Yo no tengo familia. Mi única familia murió cuando tenía ocho años... y desde entonces he estado sola. Así que no me venga con sermones de buena tía, porque ésos me los sé de memoria- Elia sonaba molesta, muy molesta, al punto de querer golpearla para no verla más
- Cómo quieras, mocosa insolente- Elena cambió su tono de voz por el que generalmente utilizaba, aquel en que cualquier otra persona se hubiese sentido una escoria a su lado- ¿Sabes qué hacía aquí? Te lo diré: Vine a recordarle a tu "maestro" lo que ocurrió hace nueve años en tu casa, aquello que tuvo que ver con..
- ¡Cállate, Elena!- le gritó Renhart
- ¡Qué!- le dijo Elena con una sonrisa malvada en su rostro- La mocosa ya es grande, ¿No es así? Tiene que saber de una vez por todas la verdad sobre Ian...
- ¿Ian?- Elia quedó petrificada al escuchar el nombre del sujeto que había visto reiteradas veces en sus sueños. ¿Cómo sabía Elena sobre él?- ¿Qué tuvo que ver Ian con la muerte de mi padre?
- Nada, Elia- le respondió de forma seca su maestro
- No quiero su respuesta, señor- le dijo molesta la hechicera a Renhart, con quien todavía seguía molesta- Quiero la respuesta de ella- Elena sonreía de sobremanera; había logrado lo que quería conseguir, sembrar la duda
- Pues... pregúntale a tu maestro, muchachita. Él podrá contestarte- Dio unos pasos hacia atrás- Nos vemos- Y desapareció bajo una explosión de luz
Nadie entendía lo que había pasado; batalla, discusión, dudas... todo había pasado demasiado rápido que era difícil de procesar. Ninguno se movió de su puesto, no hasta que escucharon la voz de Renhart decir:
- Muchachos, necesito hablar con Elia a solas. Sólo si ella acepta
Miraron a Elia, quien tenía la mirada perdida, tratando de absorver lo que había pasado momentos atrás. Miró a Renhart, luego a sus amigos, y les respondió.
- Vayan a casa, preparen algo para cenar. Yo iré en un rato
- ¿Estarás bien?- preguntaron al unísono Tyra y Jason
- Sí, no se preocupen
Y entró al despacho de Renhart, cerrando la puerta tras de sí. Todos entendieron el mensaje, se fueron hacia la casa de la hechicera, con la esperanza de que todo saliera bien.. si es que podía salir bien.
Y mientras caminaban, el sol comenzó a ponerse. Entonces Sikoth recordó lo que había dicho la greniana cuando pasaron por allí. Se quedaron mirando la catedral de Gren un momento, y en ese momento lo notaron: el sol se ponía justo en el centro de la construcción, haciendo brillar un millón de espejos en la cúpula. El resultado: la combinación más hermosa de haces de luz que hubieran visto jamás. No sólo eso, sino que la luz que reflectaban también formaba dibujos de varios colores en el piso del edificio.
- A esta catedral se le conoce como la "catedral luz" por esto- dijo Lidda mientras salía del trance de las luces- Nunca pensé que sería tan hermoso
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Elia llegó silenciosa a la casa. Entró y se dirigía a la cocina, sin embargo la cena ya había sido hecha por Tyra.
- Siéntate- le dijo- Estábamos esperando a que llegaras para sevir la cena
- Gracias
Elia se sentó en una silla, tímidamente, y guardó silencio en todo el rato. Sólo habló durante la comida, una vez que había terminado su plato.
- Voy a irme- les dijo. Sikoth tragó demasiado arroz y se atoró, Tyra quedó mirándola sorprendida, y Jason no se atrevió a mirarla- Lo decidí, así que mañana por la mañana salimos todos de la casa y seguimos caminos separados
- ¿Hablas en serio?- preguntó Koru
- Sí, hablo muy en serio- respondió ella
- ¿Podemos saber por qué?- preguntó Torom- Lo más conveniente era buscar las piezas de la pluma todos juntos
- Lamentablemente no puedo decirles nada. Lo siento
- Pero...
- Si Elia no nos quiere decir, hay que entenderla. No debe ser porque no nos tenga confianza, sino porque decirlo sería revelar mucho su corazón- dijo Tyra, recordando las palabras que Elia le había dicho antes; le entendía perfectamente
Aquella noche fue silenciosa. Nadie habló más de la cuenta y todos se fueron a dormir temprano; nadie quería decir nada. ¿Es que iban a terminar todos dispersos por Mimir? Uno por uno se iban yendo... ¿Acaso habría algñu próximo en irse? La verdad es que nadie quería averiguarlo.
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A la madrugada siguiente ya todos estaban listos para partir; empacaron sus cosas y salieron fuera de la casa. Ya afuera, Elia colocó nuevamente la barrera mágica en la casa y todo el grupo se despidió de ella.
- ¿Es definitivo?- preguntó Tyra, esperando que la hechicera rectificara en su actuar
- Me temo que si- le respondió- Aunque quien sabe, tal vez nos volvamos a encontrar pronto
- Cuídate mucho- le dijo Torom mientras la abrazaba
- Tu también. Todos ustedes cuídense mucho
De pronto la hechicera quedó frente a Jason, el único que le quedaba por despedirse. Todos esperaban que le abrazara y, por ende, se sonrojara; en vez de eso se paró a un par de pasos de él, se colocó derecha y se cuadró, tal como si estuviese despidiendo a un soldado.
- Caballero Wade- le dijo-, no me defraude ¿Entendido?
Y para sorpresa de todos, el aspirante keeliano hizo exactamente lo mismo que su amiga.
- Entendido, mi lady. Le respondió éste. Entonces la muchacha le obsequió un saquito diciéndole
- No lo abras hasta que estén bien lejos de Gren, ¿Bueno?- Jason asintió con la cabeza- Bueno chicos, nos vemos- Elia les esbozó una sonrisa, luego dio media vuelta y marchó en dirección este
El grupo se quedó mirándola alejarse un momento, hasta que ellos comenzaron a marchar en dirección contraria. En ese instante a Jason se le ocurrió abrir el saquito que le había regalado la hechicera, encontrándose con una sorpresa: la medalla que ella siempre portaba en su cuello estaba allí. ¿Por qué se la había dejado?
Se sentía estúpido. Aquel último tiempo habían pasado tantas cosas que ni siquiera había notado lo importante que se había vuelto Elia para él. Y la había dejado irse tan fácilmente… ¿Qué clase de persona la hubiera dejado ir sin antes haber siquiera intentado detenerla? Tenía que hacer algo, y pronto.
- Chicos, ustedes adelántense. Yo debo hacer algo- les dijo
- ¿Qué? ¿Adonde vas?- le dijo Torom
- Voy a convencer a Elia de que vuelva con nosotros- fue lo último que habló antes de hacerle honor a su apodo y echar a correr por la callecita
- Pero…
- Será mejor que le hagamos caso- Lidda quedó mirando hacia donde corrió Pies de Fuego, mientras respondía al mercenario- Después de todo, éste va a hacer lo que le plazca
"Algo que, al parecer, también aprendió del Imbécil"
No le costó mucho alcanzarla, iba bastante lento considerando que la greniana no era buena para correr. Le gritó para llamar su atención pero parecía no escuchar; entonces gritó lo más fuerte que pudo, y por suerte ya estaban el los límites de Gren, porque de lo contrario más de algún vecino se hubiese despertado molesto.
- ¡¡Elia!!
La muchacha reconoció la voz enseguida y volteó para mirar. Allí estaba, el muchacho del que se había enamorado, llamándola. Esperó que Jason se acercara un poco más y, jadeando, éste le habló.
- Espera…
- ¿Qué pasa?- le preguntó ella, Jason tragó saliva y se enderezó
- Quiero saber por qué me diste esto- dijo mientras levantaba el saquito- Esta medalla es tuya
- Bueno… Esa medalla es la pieza de la pluma que Omino andaba buscando- contestó Elia- Renhart me lo dijo cuando hablamos en el despacho anoche; no quería que nadie más supiera- Miró al muchacho con determinación- pero yo confío en ti y eso me basta
- Entonces… ¿Por qué me lo das? Es una pieza de la pluma- volvió a preguntar él
- Porque yo no quiero la pluma de Oth- respondió de forma seca
- ¿Ni siquiera para revivir a tu padre?
Por un momento Jason pensó que había metido la pata, "Yo y mi gran bocota, no sé comportarme" se dijo para sí. Sin embargo le tranquilizó cuando escuchó a Elia responderle.
- No, no quiero revivirlo. ¿Sabes? Una vez, cuando mi padre todavía vivía, me contó la historia de un hombre que quería revivir a su amada como fuera, pero se enteró de una ley de la naturaleza: no puedes revivir a alguien sin sacrificar a alguien a cambio. Ni siquiera la pluma de Oth puede revertir eso... Y, además- La hechicera bajó la cabeza-, si trajera a mi papá a la vida... dejaría a mi madre sola; ya ha pasado mucho tiempo sin mi padre, nueve años, no es justo que vuelva a dejarla sola, ¿no crees?
Cuando subió nuevamente la mirada hacia el muchacho, tenía los ojos brillantes, a punto de derramar una lágrima. Jason no pudo contenerse y abrazó con fuerza a la hechicera.
- Por favor, no te vayas
Su corazón comenzó a latir con fuerza y de forma acelerada, los pelos de la piel se le erizaron y se sentía desfallecer. Quería quedarse con él, se lo estaba pidiendo... pero sabía que aquello por lo que un día salió de su casa era más fuerte.
- No puedo
- ¿Por qué?- le preguntó
Tenía una enormes ganas de decirle todo lo que estaba sintiendo por él, de gritárselo... Pero otra vez, lo que debía hacer era más fuerte.
- Porque hace unos meses salí de mi casa con un objetivo: hacer pagar a Chrysos por todo el daño que ha hecho. Y para lograrlo debo hacerme más fuerte- Una lágrima comenzó a rodar por su mejilla- Me he enfrentado dos veces contra él... y ni le he llegado a los talones. Finalmente sé dónde encontraré la fuerza para lograrlo... no puedo dejar pasar esta oportunidad
Por alguna extraña razón el corazón de Jason le había dado un vuelco; su respiración se entrecortaba y sentía el perfume de Elia pegado a su nariz. ¿Qué le estaba pasando?
- Te acompañamos a ese lugar...
- Claro que no- interrumpió inmediatamente Elia
- Entonces te acompaño yo
La hechicera no podía creer lo que había escuchado. Le estaba ofreciendo acompañarla... ¿Sería acaso una señal? ¿O acaso Jason se ofrecería a acompañar a cualquier muchacha... a donde fuera? La tristeza la inundó, lo más probable era que, en realidad, no tuviera una oportunidad con él, "Siempre me mirará como su amiga" pensó.
- No- dijo con decisión, bajando la cabeza hacia el hombro del aspirante caballero- Tú tienes una misión, y debes cumplirla... Y yo no puedo interferir en ella... no sería capaz
Los rayos del sol comenzaban a golpear el césped de la pradera, la luz empezó a inundar a Gren, mientras la oscuridad bañaba al corazón de la muchacha en tristeza, angustia y dolor. El momento del adiós se acercaba... el adiós a quien había comenzado a amar... y a la esperanza de que aquel amor fuese correspondido.
De pronto fue como si todo alrededor de ambos se hubiese detenido; Elia lo miró a los ojos y se dio valor. Acercó su cabeza a la del muchacho, cerró sus ojos y juntó sus labios con los suyos por un par de segundos. Jason no reaccionó; por alguna extraña razón no cerró sus ojos, ni apartó a la hechicera de su lado, estaba demasiado perplejo.
- Tal vez nos volvamos a ver, caballero Wade
Y se marchó. Para cuando Jason pudo volver a la realidad, Elia se estaba perdiendo en el horizonte. No podía creer lo que había ocurrido segundos antes, no había podido moverse... ¿O en realidad no quiso moverse? ¿O en realidad sí quiso recibir aquel beso? Millones de cosas pasaron por su cabeza otra vez; ella... ¡Ella siempre estuvo a su lado! ¿Y no había notado lo que sentía por él? ¿O sí lo notó y quiso recibir el amor de la muchacha?
¿Qué le estaba pasando? Se sentía extraño, confundido. Su corazón seguía latiendo fuerte, pero ya habían pasado unos cuantos minutos desde que... Elia lo besó, y por primera vez... no sabía cómo reaccionar.
**************
- Allí viene- dijo Koru al ver a Jason acercarse por el este hacia el grupo. Éstos ya estaban a las afueras de Gren
- Viene solo- declaró decepcionada Tyra
- Todos sabemos que Elia es terca en ese sentido- decía Torom-, así que era probable que no pudiera convencerla
El aspirante a caballero ya estaba a unos metros de los muchachos, absorto en un punto ciego del suelo, con sus dedos en los labios.
- Jason, ¿Qué pasó?- fue el primero en preguntar Koru, pero el muchacho no parecía tener intenciones de escuchar. Se detuvo frente al grupo, todavía mirando hacia el césped
- Jason, ¿Estás bien?- preguntó Sikoth, mirando al joven a los ojos. Entonces se afirmó de su hombro y bajó un poco la cabeza, buscando la mirada perdida de éste- Jason… ¿Qué pasó?- Sólo entonces el muchacho salió de su trance para decirle al resto
- Se fue… pero me prometió que volvería… tiene que volver
