Hola :3, como siempre, espero que estén súper bien... Gracias a las personas que comentan como siempre, un agrado poder compartir con ustedes C:
Realmente lamento la demora, pero los estudios me consumen, además, últimamente he estado teniendo unos problemas personales, nada grave. Aun así volveré xD
Aquí les dejo el capítulo, como siempre, gracias a las personas que comentan, siempre digo que es un verdadero agrado y un apoyo para mí y el fic.
Ly:
Muchas gracias c:
Princesa Kurai:
En respuesta a tu respuesta :v ok, creo que sí habrán más especiales con escenas inéditas nunca antes vistas xD
Con respecto a tu profesor jaja no me hubiese encantado conocerlo, gracias, pero sí, creo que me identifico con él cuando lanzo un capítulo que yo sé que les traerá drama jaja… y para que veas que soy un alma benevolente y carismática como la de los fenghuangs :v te diré que para el próximo capítulo me voy a divegtigh jaja
Y yo pensando que Juan de las Nieves era sudamericano… :c esa noticia me ha llegado en lo más profundo del corazón. –iora. –Ok ya dejo de dramatizar todo jaja (son las 3:30 de la mañana, entiendemee parfavar… -sigue dramatizando)
Lo importante fue que el Verdheléon la pasó bien, descubrió nuevos pasadizos secretos hasta el cansancio… sí, una noche productiva. La palabra "sexual" no sale censurada, sin embargo, viagra sí jaja dioh mio.
Bien, aquí me despido, por ahora… muahahaha volveréeee. –sigue dramatizando.
X-Claire-X:
Le sirve una taza de clorox con sabor a naranja, -es una nueva receta… es muy rico la verdad… creo que haré helados de clorox y los venderé para superar el calor de los últimos días… Princesa Kurai… para ti será un tesito caliente porque allá es invierno, Guntherlina conoce a las chicas que comentan C:
Aprovecha el bug con esa empresa telefónica jaja. En respuesta a tu respuesta de mi pregunta… O-o… respondiendo a tu respuesta… O-o … ok con respecto al tercer párrafo, gracias por responder, todo me sirve para lo que se viene después.
Te envío un poco de mi suer… ¿suerte?... ¿suerte?, ¿dónde estás? ¡Suerteeeeeeeeeeee! –grita exageradamente. –Creo que ya lo dije… son las 3:40 de la mañana y yo aquí haciendo drama.
Gracias por tus palabras de aliento (con respecto al lemon), creo que lo haré… o no sé, tendré que consultarlo con la almohada que me llama igual que el anillo del señor de los anillos.
Haré la última temporada en un Word nuevo xD, estará "te recuerdo" por un lado, y por otro lado estará "…" la nueva temporada, tendrá un nuevo título y una nueva portada, estará en las mismas plataformas… xD ah y quedan más o menos 5 capítulos de la temporada.
Yo creo que lo que Nevra quería que le ofrecieran lo tiró como chiste camuflado jaja… quizás, quien sabe, él se imaginaba eso realmente jaja y quería eso realmente, con Nevra nunca se sabe.
Como aún no sé bien el final de esta historia, puede que considere hacer un Ova… si, sería una buena idea después de todo… en el ova habrá más sufrimiento jaja
Bueno, me despido, antes de que se me olvide, antes de entrar a la uni, yo había tomado clases de italiano y Ciao era hola, eso me explicaron… bueno, lo importante es que tú sabes lo que me quieres decir, y yo entiendo lo que me quieres decir, todo el mundo lo entiende jaja ok no… ya me voy XD Chau cuídate :3
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Cómplices…
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Eweleïn lo observaba con cautela, él lo notó por el rabillo de su ojo. Al sentir su mirada se sintió preocupado, por alguna razón sabía que había algo que no andaba bien, este exceso de preocupación se acrecentó al sentir una corriente gélida recorrer su medula espinal.
La enfermera lo observaba en completo silencio hasta que él decidió encararla. Sus ojos chocaron y fue en ese momento en el cual, el vampiro, se dio cuenta de que aquellas cautelosas orbes celestes, de la elfa, demostraban decepción, tristeza y rabia; sentimientos mezclados que a él lo hacían retorcerse de miedo.
-¿Ocurre algo? –preguntó, el azabache. -¿Por qué me miras así?
Ella negó, luego alzó la cara de manera altiva.
-¿Por qué lo hiciste?
-Yo… -susurró sin saber que responder. Cerró los ojos, deseaba asimilar aquellas palabras cargadas de información no explícita que él trató de descifrar y comprender a medida que pasaron los segundos. -¿Qué fue lo que hice, Eweleïn? –habló con los ojos cerrados y para cuando los abrió, ya no había nadie frente a él… estaba solo en aquella fría sala.
Se miró las manos que temblaban mientras el miedo se sumergía por su cuerpo. Salió de la enfermería, y mientras su cabeza llevaba miles de interrogantes que se amontonaban una encima de otra, su espalda y brazos se congelaban debido a las palabras de su vieja amiga.
Sus pies lo llevaron por el largo y extenso pasillo de la guardia. Caminó por fuera de varias puertas hasta que de pronto alcanzó a esquivar el ataque de su propio familiar. Shaitán, era aquel animal que hace años, el azabache, había encontrado en el bosque; sus ojos tornados de ira y su hocico no hacía más que botar aquella espuma que reflejaba cuan preparado estaba para atacar nuevamente.
-¡Nevra! –gritaron de fondo, era Miiko. –Controla a tu familiar.
Para cuando volvió a volcar la atención en su familiar, este estaba brincando encima de él. Ambos tumbados en el suelo, él tratando de defenderse y el can tratando de morderlo.
-Shaitán… -murmuró. –Contrólate. –susurró cansado mientras tratada de repeler con las manos al gran Gallytrot.
De pronto, el familiar se detuvo y lentamente se dio la vuelta para irse por los pasillos hasta meterse en una habitación, habitación que el oji gris reconoció de inmediato. Se levantó para correr tras el perro, y rápidamente se acercó al cuarto para abrir la puerta…
Ante sus ojos la vio a ella sentada en el suelo mientras se apoyaba encima de la cama. Sus brazos temblaban a la vez que su espalda sufría de pequeños espasmos… desde ahí se notaba que estaba llorando.
Ante sus ojos se vio a él mismo frente a Erika, era como una escena de teatro en donde él era el espectador y a la vez el actor. Aquel actor sostenía la daga que siempre llevaba en su cinturón, y frente a él, en el suelo, estaba Erika inclinada mientras que con sus manos se cubría el rostro.
-Me asustas… -murmuró entre lágrimas, la castaña. –Ya no sé quién eres…
Aquel Nevra actor no contestó, por lo que Erika volvió a hablar.
-¿Por qué lo hiciste? Yo confiaba en ti… ya no sé quién eres…
Nevra siguió mirando la escena mientras observaba como los dos actores, él mismo y Erika, interactuaban en ese clima melancólico y agonizante. Se detuvo en las manos de la chica y en la mirada indiferente de aquel que estaba frente a ella.
-Erika, ¿qué fue lo que hice? ... –murmuró.
Despertó con el pecho transpirado mientras que en su mente no podía dejar de escuchar las palabras dichas por Erika. Con pesar se levantó desnudo para recorrer incesantemente la habitación ignorando el frío que se calaba por su piel. La adrenalina corría por sus venas y el miedo se apoderaba completamente de su mente y su corazón. En busca de una buena distracción, resolvió en salir a los exteriores del cuartel para tomar aire, de ese modo podría tranquilizarse, hacerse entender a sí mismo, que todo había sido un mal sueño.
A pesar la hora, no se molestó en ser silente, pues sabía de antemano que después de morder a Erika, esta estaría tan cansada como para no escucharlo.
Una vez vestido se refregó varias veces la cara mientras asimilaba que ya no estaba en el mundo distópico de su sueño, aquel mundo en el que él estaba frente a los lamentos de ella. Se acercó hasta el cuerpo dormido de su amada para acariciar la espalda fría que el edredón no alcanzaba a cubrir, de ahí evidenció aquel sueño pesado de la chica. Sin pudor, decidió tomar la ropa interior de ella y ponérsela, luego optó por ponerle una de aquellas camisas que él utilizaba para los entrenamientos y que justo se abrochaba por los lados. Luego le puso los pantalones para finalmente, tratando a duras penas de sostener aquel cuerpo lacio, le puso un kimono rojo que tenía y que él nunca usaba. La tapó con las frazadas de la cama, depositó un beso en su frente y salió del cuarto.
Caminó intranquilo hacia la sala de las puertas en donde se topó con los guardias obsidiana que esa noche patrullaban el lugar.
-¿Nevra? –preguntó uno.
-Buenas noches, chicos, saldré a despejarme por unos momentos.
-Si. –dijeron al unísono. –Posiblemente se encuentre con la señorita Eweleïn.
-¿A qué hora salió? –preguntó un poco preocupado, a decir verdad, al vampiro no le gustaba en lo absoluto que su amiga saliera tan tarde a buscar flores o insectos medicinales.
-Salió hace rato.
-Bien. –se despidió rápidamente. –Que tengan buena noche.
A pesar de que quería estar solo, decidió buscar a Eweleïn, pensaba que quizás la compañía de la chica le sentaría bien.
Se dirigió hasta la entrada del bosque, mismo bosque por él que ella recorría en la noche en busca de lo que ella consideraba como "tesoros de la medicina", y vaya que a veces encontraba cosas interesantes.
Caminando por el frío de madrugada oscura que se ceñía en la piel expuesta del crepuscular, este siguió con su trayectoria fija hacia el bosque de Eel, a su espalda y muy pegado a él lo venía siguiendo la melomantha que tiempo atrás le había regalado a Erika. Al girar levemente su cabeza, la miró con una sonrisa.
-Vete con Erika, preciosa. –susurró para luego seguir caminando hasta sentir como la familiar se apegaba totalmente a la espalda del nocturno, casi como si le estuviera regalando un abrazo.
Adentrados a la espesura nocturna del bosque sintió un cantico que venía entre la maleza; por la hermosa voz que se escuchaba, se acercó en silencio para observar a la elfa, quien recogía algo de un arbusto bajo.
El jarrón se quebró y las semillas dejó,
El jarrón se quebró y un camino dejó,
Atrás de mi casa vi como un paraíso llegó,
Y la nieve cayó y todo estático quedó.
Es aquel árbol que cargué,
de la semilla que cayó de aquel jarro.
Y ese árbol creció y se enraizó…
-Pero que canción más élfica estás cantando, ¿acaso tu amado te la enseño? –habló se pronto, el vampiro.
-¡Mierda! – se sobresaltó, la enfermera. –¡Nevra, estúpido!, me asustaste. –se topó el pecho.
-Lo siento. –se acercó más. –Perdón, no pretendía asustarte.
-Y, sin embargo, lo hiciste. –levantó una ceja mientras lo miraba con un deje de diversión. -¿Qué haces por aquí?
-Vine a tomar aire. –suspiró resignado. –Tuve una pesadilla…
-Bien, -se volvió a agachar. –ahora sabes que solo fue una pesadilla. Las pesadillas son solo eso. –murmuró.
Él la miró mientras ella seguía sacando flores del piso.
-Te he dicho varias veces que no te quiero ver recorrer el bosque de noche. –habló serio mientras estiraba la mano para recoger una fruta luminiscente que luego pondría en una de las canastas que llevaba la peli celeste.
-Y yo te he dicho varias veces que no vengo a recorrerlo, vengo a recoger cosas. –susurró, la enfermera. –No pasa nada, no hago daño a nadie. –apostilló restándole importancia.
-Tu quizás no haces daño, pero ¿y si te hacen daño a ti?
-¿Viniste a despejar tu mente o a sermonearme?
-Las dos cosas. –sonrió y se acercó para ayudarla con las flores.
Hablaron de cosas triviales mientras caminaban de vuelta hacia el cuartel. Recordaron viejos tiempos, incluso ella se atrevió a molestarlo con respecto a sus ex conductas casanovas. Al llegar al pasillo, la acompañó hasta su cuarto.
-Ewe, hay muchas probabilidades de que Erika no vaya a trabajar el día de hoy.
-Sabes que no me gustan las personas irrespon…
-Anoche la mordí. –la interrumpió.
-Ahhh… entiendo. –la peli celeste se detuvo para pensar seriamente, de pronto su mirada y su sonrisa se volvieron traviesas. -¿Por qué la mordiste, pillín?
-Ella me lo pidió. –se sonrojó.
-Nev… me alegro que las cosas vayan bien. –puso una mano en el hombro del nocturno. –Y espero que las cosas vayan aún mejor cuando estemos en el Reino de Jade… ¿Le hiciste la propuesta? –se miraron.
-Si… -se rascó nervioso la cabeza. –Pues… me dijo que lo iba a pensar, que le diera tiempo…
-¿Tiempo? ¿No es exactamente lo que tú le dijiste una vez?
-Si… -arrastró las palabras.
-Cuando ella te pidió que fueran novios y tú le dijiste que querías tiempo…
-Lo recuerdo, Ewe. –entrecerró los ojos.
Ella comenzó a reír dulcemente.
-Nev… enserio me siento muy feliz por ti, ahora solo te queda cuidarla.
-¡Lo haré!
-Más te vale. –lo apuntó con un dedo. –Buenas noches. –se despidió y entró a su cuarto.
Quedó parado frente a una puerta que no era suya, y por unos momentos pensó en aquello que había mencionado Eweleïn. Si bien, en una ocasión fue él quien la rechazó, en aquellos momentos era ella quien, de alguna manera, lo estaba rechazando. Se perdió en ese efímero pensamiento hasta que negó bruscamente con la cabeza, si ella había conseguido que él se doblegara, él también lo haría pues ya estaba todo decidido, él sería la familia para Erika.
Volvió a dirigir sus pasos hasta la habitación en donde la encontró recostada dentro de las sabanas. Era una imagen hermosa sin duda, al menos para él lo era, el hecho de verla ahí para él era un cuadro magnífico.
Se desvistió y se recostó al lado de Erika para abrazarla y apegarla a él. Respiró hondo para quitar la adrenalina que aún seguía tocándolo…
-Vamos, Nevra… solo fue un sueño. –murmuró para sí mismo y cerró los ojos.
…
-Erika está enferma. –respondió seco.
-¡Siii, enferma! –ironizó, Karuto, mientras sostenía un gran cucharón de loza. –Lleva un día y medio sin venir a comer.
-Pregúntale a Eweleïn. –el crepuscular, tomó su bandeja de comida.
-Claro que le preguntaré, y si me entero de que me estás mintiendo te daré con este cucharón por la cabeza. –lo amenazó.
Nevra, ignoró al chef y se fue a sentar a la mesa en donde lo atacaron Katriel, Andwin y Chrome; todos haciendo la misma pregunta, ¿cómo está Erika? A lo que él respondió: está un poco enferma, pero pronto la volverán a ver.
Cuando los tres se alejaron y a su vez, Valkyon y Ezarel se acercaron a la mesa para sentarse, estos miraron atentamente a los ojos del crepuscular.
-¿Cómo está? –se atrevió a preguntar Ezarel.
-Bien, creo… se levanta solo para ir al baño, de resto se queda acostada. No es capaz de abrir bien los ojos.
-¿Y eso es normal? –preguntó, Valkyon.
-No… no tanto.
-Quizás es porque es humana… -comentó, el elfo.
-A todas las chicas que he mordido por primera vez les ocurre algo parecido… todas quedan cansadas y duermen, pero Erika lleva más de un día, y cuando despierta, arrastra las palabras como si estuviera borracha… no debí morderla. –comenzó a lamentarse.
-Ese efecto pasa solo las primeras veces, después se acostumbrará.
-¿Tú crees que después de esto volveré a morderla? –Nevra, miró molesto al oji verde.
-Claro que sí, no te hagas el remilgado ahora… sabes perfectamente que ella te volverá a ofrecer su cuello, así como también sabes que tendrás que aceptar ese ofrecimiento.
-Me alimentaré de otras, no quiero que ella pase por esta condición otra vez.
-¿Hablas enserio? –Valkyon, habló sorprendido. -¿Morderás a otras a pesar de que Erika se ofrecerá a darte sangre?
-Sí, hablo enserio.
El alquimista y el guerrero se miraron sin creer en las palabras de su amigo.
-Nevra… -Ezarel, habló molesto. –Enserio eres un imbécil... ¿cómo se te ocurre…?
De pronto, el pelinegro, comenzó a reír.
-Jajaja, relájate… no haré eso. La sangre de Erika me basta, para la próxima que me ofrezca sangre, me limitaré a beber menos… -miró a sus amigos. –No volveré a andar de cuello en cuello, no quiero perderla por nada del mundo.
-Ya nos estabas asustando. –se relajó, el grisáceo.
-Sí… te pasarías de imbécil si vuelves a la putería. –murmuró enfadado, el peliazul.
El trío terminó de comer para finalmente separarse. Nevra por su parte fue para la habitación a ver a Erika, quien aún no despertaba de su letargo.
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Sin lugar a dudas, la humana, gozaba de una belleza innata, algo infrahumano. Esa belleza no solo se limitaba al color y textura del pelo, ni a sus manos ni a su rostro, sino que también, su hermosura iba en las actitudes que ella demostraba en todo momento. No era solo el pelo, si no que era el movimiento de las hebras castañas que bailaban a juego con el viento cada vez que ella daba un paso hacia adelante; no eran solo sus manos, era también el movimiento que estas hacían cuando tocaban su cabello ébano; no era solo su rostro, era también cada emoción que ella lograba reflejar. Sí, la humana tenía buenos atributos que a él lo enloquecían, sin embargo, ella seguía siendo una humana… una débil humana, debilidad que se dejaba ver gracias a los 2 días y medio que llevaba la muchacha durmiendo producto a una mordida, una sola mordida.
-Diablos, Erika… despierta. –la movió con brusquedad mientras ella se encontraba estática en el mundo de los sueños. –Erika… -la volvió a zamarrear.
Llevaba media hora tratando de despertarla, pero en respuesta ella no se inmutaba, ni siquiera dio muestras de vida cuando en desesperación, el vampiro le lanzó un vaso de agua que estaba encima del velador.
Salió corriendo hasta la enfermería en busca de Eweleïn, llegó al escritorio de la muchacha hasta que la vio trabajando en documentos. Al percatarse de la presencia de su amigo, la doctora supo de inmediato a qué se debía la visita de este, por lo que, rápidamente siguió al oji gris por los pasillos hasta llegar a la puerta del cuarto de Nevra.
Al entrar, la vieron con los ojos abiertos mientras sonreía cansinamente. Una imagen en donde estaba ella en una cama desordenada, con ropas sueltas, con el cabello chascón, con cara de sueño y con las mejillas coloradas.
-Mierda, Erika. –el vampiro, corrió hacia la castaña. –Me asustaste tanto. –Se sentó en la cama y la abrazó.
-Sustos que dan gusto… -bostezó, de pronto, la joven se sorprendió al ver a Eweleïn en el cuarto.
La elfa, se acercó para auscultar a la faérica que estaba en la cama, algo bastante rápido que no tomó más allá de diez minutos. Una vez determinado que el sueño ya había pasado y que la chica volvería progresivamente a su vida normal, la doctora se dio la vuelta para salir hasta que algo llamó enormemente su atención. Con lentitud y con una sonrisa traviesa, incluso perturbadora, en los labios, se agachó para tomar un sujetador que estaba tras la puerta.
-¿Y esto? –levantó el sostén y miró a la pareja.
-Mío… -respondió la faérica a la vez que bostezaba; estaba demasiado cansada como para sentir vergüenza en aquellos momentos.
-Nevra, deberías tener más ordenada tu habitación. –la enfermera, siguió sonriendo.
-Es normal que quede ropa tirada después de una noche de pasión. –Nevra, le guiñó un ojo a su amiga.
-¿Estás guiñando o pestañando? –preguntó, Eweleïn.
-Ja Ja Ja. –rio con ironía, el azabache.
Al escucharlo, la peli celeste caminó hasta dejar el sostén encima del velador y se dio la vuelta para irse. Iba llegando a la puerta cuando volvió a girarse, sin embargo, esta vez su cara ya no reflejaba diversión.
-Nevra… -lo llamó seria.
-Dime.
-¿Acabas de decir que tú y ella tuvieron una noche "movida"?
-Sí… ¿por…?
-Estás cagado… Mientras dormía, ¿tú crees que ella se tomó las pastillas que le di?
-¿Las pastillas?... –entrecerró sus ojos para pensar en lo último que había dicho su amiga. –las pastillas… -miró a la castaña para corroborar cómo su chica volvía a tener sus ojos cerrados. -… ¡Mierda, las pastillas! – se levantó de la cama de un salto. –Mierda, mierda, mierda… -comenzó a dar vuelta por la habitación.
-Así como te veo, al parecer pronto vas a ser papá… -lo molestó la enfermera.
Al escuchar la palabra "papá", una sonrisa apareció por la boca del crepuscular, sonrisa que se borró al ver a la joven castaña.
-No me molestaría, pero ella… la mala suerte… la primera vez que estuvimos juntos y justo queda embarazada… -se pasó una mano por el pelo. –No creo que ella quiera tener un hijo mío.
-¿Por qué no?
-No quiere vivir conmigo, por lo que menos va a querer tener un bebé… somos muy jóvenes. –siguió dando vueltas por la sala. –Bueno… -de pronto se detuvo. –Lo hecho, hecho está. Arg maldita sea, hay muchas cosas que debo hacer… -se acercó hasta el escritorio, se sentó, sacó una hoja, una pluma y comenzó a anotar a la vez que movía desesperadamente su pie.
-¿Qué estás escribiendo? –se acercó la enfermera.
-Escribo las cosas que debo hacer por mi futuro hijo… -murmuró mientras seguía anotando.
-Creo que estás exagerando…
-¡¿Exagerando?! Noo… al contrario. Estoy siendo organizado.
-No creo que la hayas dejado embarazada la primera vez…
-Mi amor… -miró a su amiga. –Estás frente a un semental.
Ella rodó los ojos.
-Debo elegir un nombre… mmm… se llamará Caleb, me gusta ese nombre. –murmuró a la vez que la mujer rodaba los ojos.
-Eres imposible…
-Debo ser un buen padre. –siguió escribiendo.
-Nevra… no exageres…
-Lo siento, si me disculpas debo ir a cotizar algunas cosas... –se levantó.
-¿Para donde mierda vas? –lo miró su amiga.
-Voy a hacer lo que todo futuro padre haría por su hijo… iré a cotizar ropa de bebe…
-¡Nev, ni siquiera sabes si ella...! -no alcanzó a terminar su frase cuando vio que el vampiro había salido del cuarto, suspiró profundamente y miró hacia un lado. -¿Erika, te has tomado las pastillas? –se acercó a la faelienne.
-Si… -murmuró dormida.
-¿Segura? –insistió.
-Claro que sí. –Abrió los ojos y bostezó. –Me las tomaba cuando me daban ganas de ir al baño.
-Tienes que levantarte, recuerda que pronto irás al Reino de Jade.
-Lo sé. –se acomodó y siguió durmiendo…
Cuando la faelienne logró salir del sueño, miró a su alrededor hasta darse cuenta de que todo estaba oscuro, luego se enfocó en su novio, quien, al sentirla moverse, se giró para mirarla a los ojos. Ambos se acercaron lentamente para besarse suave y despacio; era una caricia que él extrañaba excesivamente, pues ella llevaba durmiendo desde después que habían hecho el amor. Cuando decidieron separarse, la faérica dejó su cabeza encima del pecho de él para luego dejar una mano por el abdomen esculpido de su amado.
-Cuidado… susurró el vampiro. –Ahora pesas por dos…
-¿Por dos? –se irguió para levantar una ceja.
-Pues… hay algo serio que debo decirte. –se levantó para tomar una hoja y luego la volvió a mirar serio. –Creo que pronto la familia va a crecer…
-No entiendo… -la chica levantó una ceja.
-No me interrumpas, primor, esto es serio. –levantó una mano. –La ropa de niño es cara, aparte de eso deberemos agrandar la casa… ¡ah!, y no tienes excusa para no ir a vivir conmigo, un hijo es una gran responsabilidad…
-¿De qué hablas?
-Que no me interrumpas. –volvió a alzar la mano. –Ya tengo el nombre… ¡ah!, pero te estaba hablando del presupuesto, mi amor, no te preocupes por eso, Caleb es también mi responsabilidad, tú solo encárgate de darle amor y pecho…
Ella comenzó a reír, sin duda ya no lo interrumpiría, quería terminar de escuchar lo que el vampiro tenía que decir.
-Creo que tendré que aumentar mi carga horaria para así tener más dinero. –Siguió leyendo la hoja. –¡Ah!… dicen que las embarazadas tienen mucha libido, pero no te preocupes, amorcito, aquí estoy yo para satisfacerte... –sonrió galán. –considérame tu muñeco sexual… -estiró el papel para seguir leyendo. –Con respecto a tu alimentación, tomarás mucha leche para que el bebé crezca sano, mañana debes decirle a Ewe que te haga una dieta… ¡Ah!… y nos casaremos… no te preocupes, si tengo un hijo, no debe ser un hijo de mi novia, debe ser un hijo de mi mujer… ¡ah! –hablaba rápido. –los entrenamientos para ti quedan suspendidos, te encargarás de hacer cualquier otra cosa… no quiero que haya problemas y que Caleb no nazca bien… ¡ah! y ni creas que dejaré que Karuto sea el padrino, no se te pase por la mente eso, mira que cuando sepa que te dejé embarazada me va a matar… mmm… -volvió a mirar la hoja para luego mirarla a ella. -ahora sí puedes hablar.
-No entiendo de lo que hablas…
-De nuestro futuro hijo, ¿no es obvio?
-Yo no estoy embarazada…
-Las pastillas se te olvidaron por lo que automáticamente estás emba…
-No se me han olvidado… me las he estado tomando. –La cara del pelinegro se desfiguró.
-¿Enserio? –hizo un mohín.
-Sí, le acarició la mejilla.
-¿Segura?, ¿Quizás se te olvidó una?
-No, no se me olvidó nada… -sonrió. -¿Quién te entiende? –la chica lo acercó hasta ella para pegarlo a su pecho. –Primero no querías una vida estable y ahora quieres un hijo.
-Caleb… se iba a llamar Caleb. –la corrigió.
-Bueno… Caleb.
-Le había comprado hasta un trajecito.
-¿Enserio? –la oji violeta se sorprendió.
-Claro que sí. –se levantó para acercarse al closet hasta que sacó un traje entero de color marrón y verde, mismo traje que luego le pasó a Erika.
El conjunto tenía orejas de oso, y guantes y calcetines de color dorado. La ropita claramente era la representación exacta de un mini beriflor.
-Nevra… -tomó el traje. –eres un impulsivo. –se acercó la ropa a la nariz para olerla. –Sin embargo, admito que es muy lindo todo esto. –lo miró mientras él se acostaba resignado. -Oh, vamos, algún día tendrás a Caleb. –con el traje en mano se recostó para abrazarlo a él.
-¿Contigo?
-Si tú quieres, sí.
-Bueno… -tomó el traje y lo dobló con delicadeza. –Por ahora me conformaré con ser tu muñeco sexual…
-Jajaja, Imbécil… -de pronto fue interrumpida por el azabache.
-Como ya no estás embarazada, podríamos practicar un rato… -se relamió para luego acercarse a ella.
-Olvídalo… estoy cansada. –la chica se dio la vuelta.
-Solo porque estás despertando no te insistiré. –la acarició. –Sin embargo, mañana te exigiré que me consientas en compensación por los días que me dejaste solo por culpa de tu sueño.
-Te amo, Nev… -murmuró entre risas, la oji violeta.
-También te amo.
…
El calor seguía siendo abrazador en aquellos guardianes Obsidiana que entrenaban en los campos exteriores al C.G. Erika, por supuesto, entrenaba con sus compañeros y a pesar de lo fuerte que se había vuelto en el último tiempo, dicha fuerza no era suficiente para ganarle a Andwin, tampoco ayudaba que su cabeza estuviera en las nubes debido al viaje que realizaría al siguiente día.
Los movimientos del rubio eran certeros y rápidos, agiles y repentinos, tanto así que, en más de una ocasión, la castaña cayó al suelo.
-¿Está rica la tierra, Erika? Jajaja -reía Buckie mientras miraba a sus dos alumnos.
-¡Vamos, Erika! ¡Por culpa tuya perderé mi apuesta! -grito, Katriel.
-¿Qué apues...?
La peli marrón no alcanzó a terminar la frase cuando cayó al sueño producto de una patada por parte del rubio.
-Ups... lo siento... ¿te dolió? -se acercó, el chico.
-Sí, un poco... -tosió y con ayuda de Andwin se levantó.
-Muy bien hecho, fideo... -comentó Buckie. -me has hecho ganar una buena cantidad de maná con tu pelea. -estiró la mano a la vez que, Katriel, a regaña dientes, dejaba maná en su mano.
De pronto el grupo y los demás grupos quedaron en silencio cuando vieron llegar a la guardia Sombra, frente a los guardianes iba su líder.
-¿Qué hacen ellos aquí? -preguntó, Katriel.
-Seguramente vienen a entrenar con nosotros. -respondió, Andwin.
-Efectivamente vienen a eso. Se armarán parejas entre Sombra y Obsidiana, y entrenarán mutuamente. -Suspiró profundamente, Buckie. -Andwin y Katriel, yo no estaré, entrenen cerca de Erika. Los quiero a todos juntos, y que se apoyen, como siempre. –Lo último lo dijo como un código, ninguno quería que los errores de un grupo de chicas se volvieran a repetir.
-Sí. -contestaron todos al ver que el jefe se iba donde el líder de la guardia.
Todos se acercaron al rededor de Nevra y Valkyon, quienes conversaban mientras tenían una lista en la mano.
-¡Bien, -gritó de repente, el líder de la guardia Sombra. –como seguramente muchos sabrán, hoy hay entrenamiento entre nuestras dos guardias! –Todos escuchaban en completo silencio. -¡El objetivo de este entrenamiento es que podamos enseñarnos y aprender a defendernos en base a tácticas de otros compañeros que tienen distinto entrenamiento! ¡Odio admitirlo, pero esta instancia no es de competencia, es un momento meramente de aprendizaje!... si fuera lo contrario, mi guardia les volaría el culo… -susurró lo último.
-¡Sí… nos volarán el culo como lo están haciendo en las clasificaciones mensuales! –ironizó un joven guerrero que estaba escondido entre la multitud. Al escucharlo todos callaron, pues sabían que la Obsidiana últimamente iba a la cabeza, así como también sabían lo mucho que debía carcomerle ese hecho al famoso y competitivo líder Sombra.
-¡Este entrenamiento es en parejas, tríos o en grupos de cuatro personas! –habló con una voz estridente, Valkyon, ignorando lo dicho por su recluta. –¡Los llamaremos por lista y se ubicarán en este sector!, ¡Los grupos ya están armados!
Ambos líderes comenzaron a llamar a cada integrante por sus nombres para luego ubicarlos en los grupos correspondientes.
-¡Katriel y Charlotte –ustedes son la primera dupla.-¡Cameria y León!, ¡Andwin, Ivania y Kayvin!
Los líderes comenzaron a armar en voz alta los grupos y a la vez, estos se fueron formando. Poco a poco los integrantes fueron disminuyendo hasta que quedaron solo dos personas.
-Erika y Moyra. –habló, Nevra.
-¿Qué? –dijeron ambas chicas.
-El trabajo en equipo es importante. –se excusó.
-¡Pero sabes que no nos llevamos bien! –exclamó, Moyra.
-Mayor razón para que entrenen juntas.
-Pero…
-Es mi última palabra, Moyra. –puso una mano en lo alto. –Vayan a entrenar, no quiero que estén aquí descansando.
-Maldita sea mi suerte. –refunfuñó por lo bajo, la pelirroja. –Vamos. –tomó a la faelienne del brazo y la arrastró por el campo hasta que llegaron cerca de un árbol.
-¿No crees que esto es muy lejos? –preguntó la faérica.
-No, ni creas que estaré entrenando bajo el sol como los demás… maldito vampiro. –siguió refunfuñando. –Nos manda a entrenar juntas si sabe que nos odiamos… trata de soportarme y yo haré lo mismo ¿sí?…
-Yo no te odio, Moyra. –interrumpió, la castaña. -Ambas quedaron observándose en silencio en medio de la sombra que le brindaba aquel árbol erguido en la planicie. –No sé de donde sacaste eso… yo no puedo odiarte porque no te conozco…
La pelirroja siguió mirando a la oji violeta, su rostro dejaba traslucir asombro debido a las palabras de su compañera. El silencio siguió presente hasta que Erika decidió romperlo.
-Nuestro problema comenzó debido a malos entendidos… quizás si dejáramos de lado lo que una vez pasó, podríamos llevarnos un poco mejor… Además, Nevra dijo que el trabajo en equipo es importante… -inquieta comenzó a mover un pie.
Moyra bajó la vista y luego bajó los hombros que había mantenido rígidos. De alguna manera, esas palabras comenzaron a quebrar la coraza defensiva que llevaba puesta la guardiana.
-¿Llevas mucho en la guardia? –la castaña, cambió el tema.
-Sí… desde hace años estoy en la guardia. –habló. -¿Y tú?, ¿cuantos meses llevas acá? –preguntó, era la primera vez que Moyra se interesaba en conocer algo de ella.
-Pues… estoy aquí desde finales de invierno.
-No llevas nada. –comentó despacio.
El silencio volvió a quedar entre las dos por lo que, Erika, nuevamente decidió volver a hablar.
-¿Te gusta la guardia?
-Sí…
-Emmm… esto… y ¿Has visto a tus amigas?
-Me odian… -la morena, desvió completamente la mirada.
-¿Por qué? –la faérica, se sorprendió ante lo dicho.
-La chica que está entrenando con tu amiga, le contó a mis amigas que yo había sido quien las delató.
-¿Tú las delataste? –esa declaración volvió a sorprender aún más a la oji violeta.
-Sí… y no me arrepiento.
-Lo siento entonces… por mi culpa tus amigas se irán del C.G.
-No es tu culpa, entendí que ellas son adultas… lo importante es que estarán bien.
-Sí…
-¿Entrenemos mejor? –preguntó, la guardiana Sombra.
-Sí.
-Te enseñaré a usar la agilidad –habló tranquilamente, tal como si de una profesora se tratase, no había molestia en su voz, solo armonía. -…eres nueva y sabes menos que yo. –murmuró, Moyra. A diferencia de un comienzo, sus actitudes habían cambiado drásticamente ante la mínima conversación con la castaña.
-Claro que sí. –sonrió, la faelienne, a la vez que se acomodaba las vendas en las manos.
-Erika… -susurró para luego desviar la mirada.
-Dime.
-Lo siento y… gracias… -cerró los ojos.
...
Esa misma tarde llegó cansada a las duchas, y como si de una promesa se hubiese tratado, tras ella entró Nevra a bañarse. Ambos compartiendo el mismo cubículo, entrando en la armonía de sus propias voces y del roce incansable de sus cuerpos.
El agua mojaba las pieles desnudas mientras las caricias florecían entre las dos almas que se deseaban. Porque si bien al principio el toque de sus cuerpos solo se había limitado al acto de la limpieza, luego estas se habían transformado en algo más, en la necesidad unir sus corazones y almas.
Con su espalda apegada a la pared mientras él la sostenía de las piernas para mantenerla en el aire, el azabache se adentraba en ella en una danza que pasaba desde un estado a otro, era el roce de sus caderas que se entremezclaban mientras el agua seguía tocándolos.
Todo se había nublado para ellos dos, solo se necesitaban el uno al otro, donde al final, ambos decidieron ceder, ambos decidieron terminar aquello que habían empezado.
Al salir, miraron hacia ambos lados para al fin caminar hasta la habitación de ella, lugar en donde volvieron a desvestirse para volver a caer en la intimidad de los dos cuerpos.
Enterrado besando su cuello, se encontraba el vampiro, mientras su oreja captaba los gemidos que involuntariamente hacían eco en el cuarto en el que ambos convivían como pareja.
Las cálidas caricias se volvieron insaciables, mientras el infierno estaba ahí con ellos, infierno que se apagó al momento en el que ambos llegaron al limbo del placer.
Apegaron sus frentes y se miraron a los ojos para sonreírse, habían comenzado como cómplices, y, sin embargo, seguían siéndolo en la intimidad de sus vidas...
Esa tarde se vistieron y bajaron a comer para luego separarse en el comedor, si bien eran pareja, ambos tenían sus propios amigos, Nevra se fue con Valkyon y Ezarel, mientras que, Erika se fue con Katriel y Andwin. Pasaron un momento agradable hasta que la castaña se percató de un detalle, en medio de la sala, había una joven de cabello rojo quien buscaba insistentemente un asiento. Al verla sola, la faelienne se levantó y se dirigió hasta la chica.
-Hola, Moyra, ¿quieres sentarte con nosotros? –habló, Erika, mientras apuntaba una mesa en donde estaba Katriel y Andwin quienes miraban expectantes a su compañera obsidiana.
-Bueno… -asintió la guardiana sombra.
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-Me siento orgulloso de ti. –murmuró, Nevra, mientras cabalgaban en el Shau'kobow hacia el reino de Jade.
-¿Debido a qué?
-Fuiste muy amable con Moyra ayer por la noche… eres una caja llena de sorpresas, amor… me alegro ser tu compañero de momentos.
Ambos se detuvieron para darse un beso en los labios.
-¡Hey, par de lovigis! –Ezarel les llamó la atención. –¡Dejen las cursilerías para después y sigamos! –hizo un gesto con la mano para seguir con la marcha.
La pareja se miró con una sonrisa en los labios.
Él era de ella,
Ella era de él.
Ella le había entregado su sangre y él la había recibido.
Eran cómplices otra vez, era un nuevo nivel de complicidad… una que ambos disfrutaban poseer…
