54. Los hijos de la oscuridad

Albus caminaba escuchando el resonar de sus pasos contra el muro de piedra. Aquel lugar tenía algo, no sabía que, que le hacía sentirse invulnerable, como si nada le pudiera hacer daño, como si todo el poder mágico del mundo no fuera suficiente para detenerle. En silencio, enfiló el pasillo entre la tranquilidad de la Cámara de los Secretos, hacia la estatua de Salazar Slytherin: No le sorprendió encontrarla vacía, multitud de velas adornaban la habitación, como la primera vez que llegó hasta ella junto a Vega Malfoy. Se situó en el centro de la estancia, observando. Sabía que Dylan estaba allí, en algún lugar, sólo era cuestión de tiempo que apareciese.

-¡Vamos, Drake!- exclamó, al aire.- Sé que estás aquí. No me obligues a buscarte como si fuera un estúpido juego de escolares.

A su espalda, una risa se oyó desde algún punto de la enorme sala.

-Siempre has sido demasiado impaciente, Potter.- susurró la voz de Dylan Drake a su espalda. Albus se volvió. El joven aparecía vestido con una larga túnica negra, parecida al uniforme del colegio, pero sin el emblema de su casa. La palidez de su rostro, sus mejillas hundidas y sus cabellos oscuros, que llevaba en esta ocasión suelto sobre los hombros, le daban un aspecto mucho más siniestro. Dylan sonrió.- Bueno, aquí me tienes. Espero ansiosamente todas esas cosas que tienes que decirme.

-Fuiste tú desde el principio.- susurró Albus, mirándole.- Todo ha sido un plan desde el principio, desde que estuviste con Bere, ofrecerte para investigar la logia, hacer que yo descubriera todas las pistas que tú fuiste dejando… Tu objetivo era que yo estuviera aquí hoy, precisamente, junto a ti.

-Enhorabuena.- acentuó su sonrisa.- La verdad que no esperaba que unieras los cabos tú solito. Pero lo cierto es que te equivocas en una cosa….Esto no comenzó cuando me acerqué a Bere, comenzó mucho antes. ¿Quién crees que convenció a Scorpius para que entrases en el equipo?

-Tú sabías que me cogerían. Soy el que mejor vuela en todo el maldito Slytherin.

-Bueno, sí, eso ayudó bastante, no lo niego.- dijo Dylan , apoyando su dedo índice en su barbilla.- Pero sabes tan bien como yo que Scorpius es, ante todo, una persona orgullosa. Habría preferido coger a un peor buscador antes que aceptarte a ti entre nosotros. Yo te eché un cable con eso.- le guiñó un ojo.- De nada.

-¿Por qué?- preguntó Albus simplemente, tomando su varita sin dejar de apuntarle.- ¿Por qué has hecho todo esto?

-¿Por qué ataca la serpiente?¿Por qué vuela el águila?- se encogió de hombros.- Estaba en mi naturaleza, simplemente.

-¿Estaba en tu naturaleza ser un maníaco que crea un club para atacar a los sangre sucias?- preguntó Albus incrédulo. Luego negó con la cabeza.- Somos las decisiones que tomamos, Drake. No me vendas esta historia como que estaba en ti desde el principio. Todos podemos decidir, y tú decidiste ser oscuro.

-Quizás una parte de mi lo decidió… Pero la verdad es que dentro de mi, late algo, late una fuerza que me dice que nunca habrá dos magos iguales. EL poder, es el poder, Potter. El león se come a la gacela, el gato al ratón, el pez grande al pequeño. Yo no lo inventé: la naturaleza es así.- le miró maliciosamente.- ¿Y sabes lo peor de todo? Una parte de ti, una parte que no quieres escuchar, piensa exactamente de la misma manera. Por mucho que te empeñes en esconderlo, yo lo veo, Potter…Veo en tus ojos que ahora mismo te cuestionas si no hay parte de razón en lo que digo.

Albus le miró unos segundos en silencio. No quería reconocerlo, pero sabía que Dylan tenía razón. No quería compartirlo con nadie, pero lo cierto es que estar en esa sala le hacía sentirse diferente, sentía todas las fuerzas de la naturaleza susurrándole que de él emanaba un poder, quizás oscuro , sí pero, poder, al fin y al cabo. Sentía su piel estremecer cuando hablaba pársel, sentía ira cuando utilizaba el Crucio contra Avery. Dylan volvió a hablar.

-Sé que esta noche has utilizado una maldición imperdonable.- susurró Dylan, como si pudiera leerle el pensamiento.- ¿Quieres que te cuente algo , Potter?¿Sabes que tu padre intentó hacer un Crucio en la Batalla de los Mortífagos? – Albus seguía mirándole en silencio., pero no pudo evitar un gesto de sorpresa. Dylan se dio cuenta.- Vaya, ¿Papá no te lo ha dicho? Ya ves, la historia cambia según quien sea el que la cuente. Pues si: Harry Potter intentó hacerle un Crucio a Bellatrix Lestrange, pero era tan cobarde, que ni pensando en la muerte de su propio padrino fue capaz de utilizarlo.- soltó una carcajada amarga.- Lamentable.

Albus le apuntó con la varita, acercándose más a él.

-No te atrevas a mencionar a mi padre. Gracias a él, estás donde estás. Gracias a él, este colegio sigue en pie, gracias a él no estás hundido en la mierda que es donde te mereces estar.

-¿Y tú que sabes?- escupió Drake.- No tienes ni idea de mi vida ni de mi historia , Potter. A ti te han contado un fabuloso cuento en el que Harry Potter era una especie de mesías destinado a salvar a todo el puñetero mundo mágico. Pero las cosas no son así.

-Cuéntamelo tú.- susurró Albus, intentando hacer tiempo para que sus amigos fueran a buscar a McGonagall. Dylan miró a su alrededor unos segundos, en silencio. Finalmente, volvió a hablar.

-¿Qué sabes de la Cámara de los Secretos?

-Sé que era un antro que mandó construir Salazar Slytherin cuando el resto de fundadores lo echaó de Hogwarts. Sé que era el escondite de esa rata escurridiza que era Voldemort. Sé que este lugar debería arder por los cuatro costados antes de que otro despojo como ellos, o como tú, lo utilice de manera indebida.

-Vaya, parece que el mismo Dumbledore te ha metido una mano por el culo y te ha movido los labios para hablar con su voz como si fueras una marioneta.-comentó arqueando las cejas.- Salazar Slytherin era un mago poderoso, igual que el Señor Tenebroso. Lo que ocurre es que la gente no está preparada para aceptar la realidad.- paseó lentamente entre las velas encendidas, situadas en el suelo.- Vamos a hacer un ejercicio de imaginación, Potter. Imagínate por un momento que no somos magos, somos elfos que construyen piedra a piedra este Castillo. Hay elfos que poseen más fuerza, y pueden cargar con 5 piedras. Hay otros que solo pueden cargar una, con mucho esfuerzo. Pensando egoístamente, y no en todas esas mierdas de la misericordia, ¿A quién cogerías para construir tu castillo?

-A los elfos fuertes.- tuvo que reconocer Albus. Dylan le sonrió.

-Exacto. Eso es lo mismo que pensaba Salazar Slytherin: si los sangres pura tenemos más poder, podemos hacer el doble con una varita que esos sangre sucia¿Por qué debemos tratarlos como iguales?

-Son personas también. Y muchos sangre sucias, como tú les llamas, son grandes magos.

-Si, lo sé, lo sé, me vas a poner de ejemplo como siempre, a tu tia, Hermione Granger ¿No?.- asintió Dylan, como si lo esperara.- Dime ahora tú, Potter: ¿Cuántas Hermione Granger conoces? Haz memoria, vamos: El Ejército de Dumbledore: Los Weasley: sangres puras. Neville Longbotton: sangre pura, Luna Lovegood; sangre pura. McGonagall: sangre pura. Sirius Black, James Potter, Dumbledore, Lucius Malfoy, Bellatrix Lestrange…. Todos los que han tenido una presencia fuerte en el mundo mágico, han sido sangres puras. Excepto, Granger claro. Pero sólo es la excepción que confirma la regla.

Albus le miró en silencio, sopesando sus palabras. Tenia que reconocer, que una parte de él, le daba la razón a Dylan: Si todos en Hogwarts fueran sangres limpias, harían cosas mucho más poderosas, estarían entre iguales….Agitó la cabeza, desembarazándose de esos pensamientos¿Se había vuelto loco? Algunas de las personas más importantes de su vida eran mestizas.

-¿Por qué diablos estás intentando convencerme?- le preguntó Albus, exasperado, como si temiera que acabara por conseguirlo- ¿Qué te importa lo que haga yo o no?

Dylan puso los ojos en blanco.

-Merlín, Potter, porque es tu destino. No se puede luchar contra el destino.- le miró.- Ignorar las profecías puede tener unas consecuencias nefastas…

-¿Profecías?¿Qué profecías?- preguntó Albus con recelo. Dylan le miró con sorpresa.

-¿No lo sabes?

-¿Qué tengo que saber?- susurró Albus. Dylan le miró en silencio, con una extraña expresión en su rostro.- ¡Habla, maldita sea!- gritó Albus perdiendo los nervios.

El otro sonrió.

-Pregúntale a papi.- contestó maliciosamente.- Si tan honesto y gran mago es, eterno salvador del mundo mágico ¿Por qué no te lo ha contado?- le tendió una mano.- Acepta que yo he sido más sincero de lo que tu padre ha sido jamás contigo, Potter. Juntos, podríamos hacer cosas increíbles.

Albus miró su mano con odio y alzó su varita, sintiendo crecer la ira en su interior, como horas antes le había sucedido con Avery.

-¡Maldita sea! ¡No quiero nada de ti ni de esos asquerosos mortifagos!¡Preferiría morir a unirme a esa basura!- gritó apuntándole con la varita. No esperó a que Dylan se preparase.- ¡Crucio!

La maldición le dio de lleno a su contrincante, que cayó frente a él en el suelo, sujetándose las costillas con ambos brazos. Cuando Albus alzó la varita, asustado de su propio atrevimiento, Dylan alzó ligeramente el rostro.

-Cada vez que utilizas una maldición imperdonable estás más cerca de convertirte en alguien como yo, Potter. Vamos, ¡lánzame otra!- gritó, y luego se echó a reir con una risa demencial.- ¡Vamos, a qué esperas!¡Vamos, Señor Oscuro, demuestra que el hijo de Harry Potter será también su destrucción!- vociferó. Abrió los brazos en cruz y echó la cabeza ligeramente hacia atrás.- ¡ Utiliza todo ese poder para hacerme sufrir!¡Estoy deseándolo!¡ Eres tan hijo de la oscuridad como yo mismo!

-No voy a convertirme en alguien como tú.- dijo Albus, temblando, mientras agarraba con fuerza su varita, aterrorizado de si mismo. No sabía que pensar, no sabía que creer ¿De qué profecía hablaba Dylan?¿Qué es lo que le estaba ocultando su padre?¿Serían solo invenciones de Dylan para hacer inclinar su balanza?

-Potter: Ya eres alguien como yo.- susurró esta vez Drake, mirándolo desde el suelo.- Sólo que no lo sabes, o no lo quieres saber. Ojalá hubieras conocido a mi madre.- añadió.- Ella te habría contado como fueron realmente las cosas aquí cuando existía El Señor Tenebroso.

-¿Qué tiene que ver tu madre?- preguntó Albus con desdén.- Ni si quieras sabías quién era, me dijiste que te habías criado en un orfanato muggle.

-Y asi es.- dijo Dylan.- Es cierto que me crié en un orfanato muggle, pero la verdad es que siempre supe quién era mi madre. Cuando me abandonaron en aquel lugar, llevaba una foto conmigo.- con un movimiento de varita, hizo aparecer la fotografía que Jeremy había encontrado en el baño: Era Bellatrix Lesytrange. Dylan miró la foto.- Hermosa ¿Verdad? Mataría por hablar una sola vez con ella.

-Eres… eres el hijo de Bellatrix Lestrange.- susurró Albus.

-Ajá.- dijo él mirándolo. Luego, sin previo aviso alzó su varita.- Y voy a vengarla de todos aquellos que hicieron que muriese. He intentado hacerte ver la realidad, Potter, pero ya que te niegas a abrir los ojos, no me queda otra opción.¡ Crucio!

De repente, Albus sintió un dolor invadiendo cada parte de su piel, cada hueso, cada músculo, cada célula, cada centímetro de piel. Cayó hacia delante, con la varita en la mano, pero esta se soltó de sus dedos, rodando contra el suelo. Cuando parecía que el dolor estaba desapareciendo, volvió a oir la voz de Drake, alta y clara:

-¡Crucio!

Una nueva sacudida de dolor volvió a invadir su cuerpo, por más que se esforzaba en intentar alejar su mente de ese dolor, no podía, en el mundo ahora sólo existía ese dolor que se clavaba en su cuerpo como puñales invisibles, y supo que en cuanto el crucio perdiese efecto, Drake se apresuraría a lanzarle otro. Abrió ligeramente los ojos y vio que Dylan Drake se había acercado hasta llegar a su lado. Las puntas de sus zapatos estaban a escasos centímetros de su cara.

-Vaya, Potter.- susurró Dylan Drake, negando con la cabeza.- Esperaba mucho más de ti ¿Ya te has rendido? Puedo perdonarte la vida, si quieres. Sólo tienes que suplicar un poco.

-No.- dijo Albus con voz débil.

-¿Qué?- preguntó Dylan rodeando su oreja con la mano, en un teatral gesto.- Me parece que no te he entendido ¿No quieres suplicar?- se encogió de hombros.- También me lo esperaba. Eres alguien muy predecible, Potter.

Albus lo miró con aprensión, y con odio. Desearía levantarse, tomar su varita y reventar a Drake a maldiciones, pero las fuerzas no le acompañaban. El dolor le había dejado agotado y apenas podía mantener los ojos abiertos. Sabía que si Dylan seguía lanzándole maldiciones, no aguantaría mucho más dolor, y acabaría desmayándose. Sin fuerzas, alargó un poco la mano con la idea de tomar su varita que había rodado entre sus dedos momentos antes, pero Dylan le puso un pie en la muñeca.

-Lo siento, no puedo permitir que cojas tu varita, Albus ¿Puedo llamarte Albus?- preguntó suavemente. Se encogió de hombros.- Tampoco es que me importe mucho tu opinión, te llamaré como yo quiera.- Volvió a apuntar a Albus con su varita, situando la punta a pocos centímetros de su nariz.- ¿Sabes qué? He estado practicando mucho este año, ya sabes hechizos de verdad, no esa basura que nos enseñan en el colegio. ¿Recuerdas aquel episodio con las mascotas de los sangre sucia? Bueno, fui yo practicando maldiciones. Y la verdad, el Avada Kedavra no acababa de salirme siempre…Pero vamos a ver si este es uno de esos días en los que me salen bien los hechizos.- levantó la varita, dispuesto a lanzarle una maldición, y Albus decidió mirarle a los ojos, si tenía que morir, que fuera mirando la expresión de ese asesino, sus ojos le perseguirían toda su vida. Se preparó mentalmente, clavó sus ojos verdes en los pozos oscuros que eran los de Dylan y…

Desmaius!- exclamó una voz tras la espalda de Drake. Este cayó desplomado hacia delante y Albus abrió aún más los ojos sorprendido. Tras la espalda de Dylan Drake, se encontraba Scorpius, apuntando con su varita.

-¿Scorpius?- preguntó tontamente Albus, todavía sorprendido. El rubio se acercó a él y le tendió una mano para ayudarle a levantarse.

-Potter serás muy bueno en Pociones, pero todos sabemos que la rapidez con la varita no es tu fuerte.

Albus le miró agradecido. De entre todas las personas que pudieran aparecer, Scorpoius era la última que hubiera esperado.

-Gracias.- susurró el joven.- Scorpius…Siento todo lo que ha sucedido con tu hermana. Ha estado en peligro posiblemente por mi culpa…

-No, soy yo el que tiene que pedirte perdón.- dijo Scorpius.- Esto no significa que seamos amigos de nuevo. Aún me duele tu traición.- añadió Scorpius. Luego se encogió de hombros.- Pero muy pocos habrían hecho por mi hermana lo que tú has hecho por ella hoy. Tengo que agradecértelo, Potter, aunque no vuelva a confiar en ti.

Albus alargó una mano para estrechar la de Scorpius.

-¿Tregua hasta que salgamos de aquí y hablemos con McGonagall?

-Hecho.- contestó Scorpius estrechándosela.- Y ahora, salgamos de aquí. Esta humedad está echando a perder mi túnica de marca.

Albus negó con la cabeza, Scorpius seguiría siendo Scorpius aunque estuvieran en la peor situación de sus agrdeció internamente la aparición de su amigo. Era como era, y por ser precisamente un Malfoy, estaba allí, salvándole la vida y no escondido en un Castillo. Supo que estaría en deuda con el para siempre.