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LIII

La idea de trabajar con el abuelo de Armin no había sido suya, había sido de Armin, un par de días antes de marcharse cuando ambos habían ido ayudar al abuelo a descargar algunas cajas. Él había mencionado, sin parecer algún tipo de reclamo o rencor, que el lugar se sentiría muy solo sin Armin cerca. Armin había dicho algo sobre extrañarle también y que quizá su abuelo debería buscar a alguien que le ayudase con el lugar, "te hará compañía de ese modo también"; su abuelo se había reído un poco y dicho que no estaba seguro de si debía contratar a alguien cualquiera, incluso si era bueno juzgando a la gente, no quería comprometerse con un desconocido hasta ese punto.

Armin, quien había escuchado con paciencia a su abuelo, se había inclinado en algún momento hacia Eren –quien limpiaba inclinada en cuclillas algunas macetas– para retirarle algunas hojas secas que habían quedado pegadas en sus cabellos, y había sonreído y dicho "¿por qué no dejas que Eren te ayude? Ella aún no tiene seguro qué va a estudiar y estar aquí podría ayudarle a pasar el tiempo". Después de eso, todo había sucedido muy deprisa. Eren había inquirido con estupor "¿yo? ¿aquí? ¿Trabajando?", no que la idea fuera mala o descabellada, era solo que Armin jamás había mencionado algo como eso. Cuando al ponerse de pie él le había apretado los hombros y peinado sus cabellos tras sus orejas, Eren entendió que era un favor mudo de su mejor amigo para cuidar a su abuelo.

No había sido tan mala idea.

Estar con el abuelo de Armin resultó mucho mejor de lo que Eren pudo imaginar al principio. Le ayudó a encontrar su camino en las bellas artes cuando una tarde le había hablado sobre todos esos libros que él guardaba en el desván y que no le eran muy útiles, pero que creía que a Eren le podían servir porque era muy hábil retratando cosas. Incluso cuando conoció a Levi, y todos a su alrededor parecían a la defensiva con él, fue la única persona que se mostró comprensivo y amable, tomándole con confianza de la mano y arrastrándole al interior de la tienda para que tomara un té junto a él y charlaran sobre algún tema de historia antigua (Eren cree, agregando, que siempre ha existido algún tipo de secreto entre ambos).

Asimismo había ayudado a convencer a los padres de Eren cuando ella decidió mudarse junto a Levi en el verano de sus veinte años. Y había estado en los momentos difíciles, como cuando algunos hijos de puta en la universidad no eran capaces de entender que amar a alguien no tenía que ver con la edad o incluso el sexo; había recibido en mas de una ocasión algún comentario ácido y mal intencionado sobre ella haciendo favores a hombres mayores para costear sus estudios, algo que no era cierto y por lo cual se había metido en problemas una vez al haberse lanzado contra la chica que lo había dicho, no que a ella le importase lo que dijeran, pero aún dolía, aún más si consideraban que Levi podía ser esa clase de hombre e iban a por él. El señor Arlert había estado ahí para escucharla y aconsejarla, había aliviado sus penas y había sido un valioso consejero, con todo eso sobre jamás ir a dormirse pelados o decirse mentiras.

De modo que enterarse sobre su muerte –a pesar de que él era ya un hombre demasiado viejo– le dolió tanto como a Armin, quien se deshace en lágrimas tras la llamada.